Disclamer: Harry Potter y el potterverso pertenecen a J.K. aunque no veréis a nadie conocido por aquí.

Discl amer2: La sorg-espansión o MH pertenece a Sorg y esta historia pertenece a las vertientes sufita y cabalística de la magia hispanii.

Este fic participa en el Desafío Semanal del foro de las Expansiones

Amor y ambición

Farid era un hombre fuerte, poderoso, carismático y muy, muy apuesto. Era unos de los magos de confianza de Al-Muqtadir, el rey taifa, y residía junto a él en Qasr al-Surur (Palacio de la Alegría). Pero Farid también era ambicioso y muy, muy cruel.

Farid quería asesinar al rey taifa y gobernar él a golpe de varita. Pero la Orden no podía dejar que eso pasara. Tras varios intentos poco fructíferos habían mandado a Adhara. Ella era una bruja poderosa pero no en la tradición sufita, que Farid había demostrado tener mucha sensibilidad para sentir a su alrededor, sino de la cabalística.

Su misión a simple vista era sencilla, verter en su té una poción de amor y una vez en su alcoba asesinarlo por medio de la tradición cabalística para que no pudiera anticiparse.

La poción que le daba era muy suave, nada que ver con la poción de afrodita que preparaban los magos de tradición clásica. Nadie podría adivinar lo que ocurría. Un día empezaría a mirarla, otro a pensar en ella mientras no estaba, al siguiente querría acompañarla a pasear y nadie se sorprendería por que Adhara había heredado la belleza mora de su madre y eso hacía que fueran muchos los hombres que se volvieran a mirarla.

Pero las cosas no siempre suceden como uno planea. Y si Farid se enamoró de Adhara ella no se enamoró menos de él. Su amor por él hacía que no pudiera asesinarlo, pero también amaba a su pueblo y farid no sería un buen líder. Así que le convenció de marchar hacia el sur.

Vivían felices pero el día que se supo embarazada le surgió la duda de si podía vivir una vida con un amor salido de un frasquito. Y pese a lo que pudiera suceder dejó de darle la poción.

Pero ese amor no cesó, él la amaba de verdad. Tenían dos hijos y una niña, mágicos todos, que eran el orgullo de su padre. Pero aunque el amor era real la poción también había tenido efectos sobre su ambición y esta despertaba cada día más.

Y llegó el día en que Adhara comprendió que volvería a ser aquel hombre ambicioso y cruel que una vez quiso matar. Así que preparó los ingredientes, hizo los cálculos necesarios y el mismo día en que supo que volvía estar en estado, lo asesinó dándole una poción. En un principio había querido matarse ella también pero no podía hacer lo mismo con su hijo nonato.

E hizo bien porque ese hijo tendría mucho que ver en el devenir de la historia, algún día.