:) Hooola :)
Seguramente para cuando lean esto, ya será el 2016, les deseo muchas cosas buenas a todos y cada uno de ustedes.
Aquí está el 2do capítulo.
-tienes tres segundos para explicar por qué tu trasero no está en casa.
Demonios, antes eran cinco ¿ahora son tres? El beta casi desperdició sus tres preciados segundos de explicar un delito que ni siquiera había cometido al casi caérsele el teléfono de las manos cuando el autobús giró repentinamente.
-¡e… el auto, Jefe! –gritó y llamó la atención de todos -¡se me ha dañado el auto! Te lo dije esta mañana, ¿Verdad? estaba haciendo sonidos raros.
Mientras tanto, al otro lado de la línea, Mookyul le hacía señas al repartidor de hanjeonsik[1] para que saliera sin hacer ruido después de haber acomodado la mesa. -¿y por qué no me has llamado para que te recoja?
Ewon se balanceó una vez más pero esta vez estaba agarrado del tubo para pasajeros como un mono, aún no estaban ni a la mitad del recorrido y el autobús ya estaba lleno. Tal vez llamar a Mookyul para que fuese a recogerlo habría sido una buena idea pero ni Jiho ni Dohoon estaban preparados para ver a Mookyul todavía. –oh, no jefe… las cosas en la casa de Jiho son un poco… diferentes ahora y sería mejor dejarlos solos durante un tiempo.
-¡y por qué te llamaron solo a ti! –gritó como un niño con una rabieta.
-te lo contaré todo cuando llegue a casa, ¿está bien? –trató de tranquilizar al alfa, prácticamente viéndolo cómo se paseaba por la sala de un lado al otro.
Y Mookyul lo estaba haciendo pero paró para servirse una copa de vino y aunque su acidez le tranquilizó un poco, ahora más que en otro momento de todo aquel día notó que el zorro no lo había recordado. -¿realmente era necesario que vayas ahora?
-¿eh?… ahh… ¿sí? ¡Vamos, Jefe! Ya estoy en camino.
-date prisa.
Y con ello la línea quedó en silencio. ¿Ahora qué rayos le pasaba a Mookyul? Ewon hizo una pirueta para lograr meter el celular en el bolsillo y miró su reloj. Eran apenas las 10 de la noche. Y le había avisado a Mookyul que estaría con Jiho y Dohoon esa noche. ¿por qué tenía que hacer tanto alboroto?
Trató de pensar mientras veía por las ventanas del autobús que las luces se hacían más intensas a medida que viajaban desde Hannam, la relativamente tranquila zona residencial donde vivían Dohoon y Jiho y Cheongdam, el ruidoso y glamoroso barrio de Gangnam donde vivían él y Mookyul. ¿qué bicho le habría picado al alfa?
Ewon solo estaba tratando de ayudar a sus amigos, y, aunque fue un poco incómodo ver cómo Jiho y Dohoon probaban una relación juntos después de ambos haber tenido una historia con Ewon, el beta aprobaba su unión, las familias Shin y Moon también estaban contentas ya que ambas eran conservadoras y ahora, después de un año, Jiho había dejado de tomar supresores y su celo había llegado con naturalidad, y también lo que se esperaba después de un celo.
Ewon lo había sabido desde que entró a la residencia de sus amigos, él conocía muy bien sus esencias (mejor de lo que hubiese deseado) y supo inmediatamente que ya no eran dos sino tres. Detrás del dulce olor de naranjas enconfitadas de Jiho había ese peculiar aroma de leche. Su amigo y ex novio ahora estaba embarazado... de su mejor amigo y… ¿ex amante? Ah. Daba igual.
Sin embargo cuando Jiho le preguntó formalmente si estaba embarazado, él fingió dudar un poco y decir dubitativamente "creo que sí".
Pero allí no había dudas. Ewon estaba seguro que Jiho tenía un pan en el horno y eso era algo rarísimo.
Oh Ewon… realmente fuiste un puto…
Aún avergonzado mientras pensaba que había tenido sexo tanto con Jiho como con Dohoon y ahora ambos eran una pareja convenientemente enlazada pero tratando de ser felices que esperaban un bebé, el conductor del bus anunció que la próxima parada era Cheongdam y disculpándose por empujar, Ewon salió por fin y se alivió al sentir un poco de aire fresco en sus pulmones.
Comenzó a caminar por las calles atestadas de jóvenes buscando distracción y turistas deslumbrados que no prestaban atención por donde andaban pero una pregunta le detuvo en seco.
¿Cómo se lo diría a Mookyul?
Rayos, no es tan difícil, Ewon, no es como si fueses tú el embarazado, ¿verdad?
Y tal vez aquel era el problema y por ello se sentía nervioso de anunciarle a Mookyul que Jiho, el ex novio de ambos, el pequeño omega con cabello artificialmente ondulado y cara de princesa en peligro, ahora estaba embarazado.
-Ugh… maldita sea –masculló para sí mismo mientras sentía que pensar tanto le estaba cocinando el cerebro y siguió caminando mientras miraba la torre donde vivían que parecía crecer a medida que se acercaba.
Una vez allí saludó a la atractiva recepcionista que se sonrojaba cada vez que Ewon o Mookyul transitaban por el lobby y entró al ascensor para que lo llevara al último piso. Ewon trató de no respirar demasiado, absurdamente creyendo que se acabaría el oxígeno dentro del cubículo de un solo suspiro mientras sentía que con cada segundo que pasaba, se le cerraban las paredes alrededor de él.
No quería llegar a casa.
O más bien su cerebro no quería llegar a casa. Sonaba absurdo pero quería despegar la cabeza de su cuerpo y abandonarla en algún lugar, enterrarla o quemarla y dejar que solo el corazón le guiara.
Y con Mookyul siempre había sido así, desde que lo conoció de niño, cuando volvió a verlo hace unos años y ahora que tenían una vida más o menos estable. Lo que pensaba y lo que sentía siempre estaban en conflicto. Mientras todo su cuerpo y corazón se regocijaban en lo que Mookyul hacía, decía y sentía, su cabeza siempre estaba negándolo todo. Restringiéndolo. Controlándolo.
Finalmente llegó y lamentó que sus extrañas fantasías no se hayan hecho reales y su cabeza siguiera sobre sus hombros. Ewon abrió la puerta que generalmente siempre estaba sin llave ya que eran los únicos que ocupaban el piso y solo pudo mascullar una nueva maldición.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la baja iluminación con únicamente velas, Ewon pudo ver que había pétalos de rosas por todo el piso sobre todo en el recibidor donde estaba descalzándose así que la aterciopelada textura acarició suavemente las plantas de sus pies, después notó que un jazz perezoso y ligero sonaba al fondo, generalmente le gritaría a Mookyul que apagara aquellas canciones de funeral que a él tanto le gustaban pero extrañamente, el sonido del saxo y sus notas disonantes le dieron un poco de tranquilidad a sus nervios después de un largo día. También había un sabroso olor de la comida que humeaba en la mesa del comedor, una variedad enorme de guarniciones, postres y bebidas que hicieron a su estómago rugir del hambre a pesar de que había cenado en la casa de Jiho y Dohoon.
Ya no necesitaba comprobar un calendario para saber el motivo del romántico ambiente.
Eres un idiota, Ewon… ¿cómo pudiste olvidarlo? ¿qué tan mal novio puedes llegar a ser?
Mookyul era un jodido romántico que fingía ser un malvado y frío gángster pero él era algo así como un malvavisco dulce y blando envuelto en una esfera de concreto y se tomaba muy a pecho toda fecha que consideraba importante.
¿Qué más muestra de ese "pequeño" rasgo de la personalidad de su amante que lo que tenía frente a sus ojos en ese momento?
-deja de darle vueltas al asunto y sobrecalentar aquel pequeño cerebro –oyó la voz exuberante y gruesa de Mookyul, lo buscó con la mirada pero no lo encontró.
-lo lamento… -se disculpó Ewon sin todavía poder ver al autor de aquella escena digna de un drama trillado.
-he dicho que dejes de darle vueltas al asunto –repitió Mookyul y el beta trató de encontrar algún aroma de enfado en el departamento pero solo encontró una breve nota de resignación –sé que mi zorro es un cabeza hueca.
Ewon se rió, sorprendido de que el Jefe esté tomándose tan bien su descuido pero también porque únicamente oler y oír al alfa le ponía nervioso así que por fin comenzó a dar pasitos hacia la sala de donde creía que venía su voz y lo encontró en el sofá.
Si Ewon creyese en criaturas sobrenaturales, no habría nada mejor que encaje con Mookyul que un íncubo. Sus ojos verdes resplandecían mágicamente en la oscuridad que dejaba entrever su perfecto perfil. Podía distinguir también la forma de sus anchos hombros y después tan solo le faltaba imaginar lo demás. Él encantaba, hipnotizaba. Y a Ewon pocas cosas le causaban más placer, pero a la vez más miedo, que los ardientes efectos de su demonio personal.
-oye… ¿seguirás escondiéndote allí como un monstruo de las tinieblas? -Ewon regañó cuando consiguió salir de su embrujo durante un breve segundo pero al oírle reírse… ohh su corazón tembló como si un terremoto le sacudiera desde los pies…
Mookyul se levantó e hizo brillar a esos ojos esmeraldas con el fuego de una lujuria tan intensa que no se podía esconder, y tampoco es que el alfa se molestara en hacerlo. Como un depredador en medio de la noche, Mookyul se deslizó lentamente en medio del manto de la oscuridad hasta que logró alcanzar lo que deseaba. De lo que dependía.
Ewon aspiró la ola de esa fragancia cálida y varonil que provenía de Mookyul. Eran en momentos como esos en los que perdía la fe en sus vitaminas porque ese olor le hacía temblar las rodillas, le hacía gemir y presentar el cuello en una indecorosa invitación. Casi podía sentir a su propio aroma hacerse más acaramelado y rico. Como si el omega que escondía dentro de él luchara por presentarse.
-J…jefe… la comida… -tartamudeó aunque sabía que era muy tarde, entregándose con agrado ante el alfa, ante su alfa y ofreciendo sus labios, su aliento, su ser para él.
¿Acaso aquel calor, aquella magia nunca se iría? ¿Cuántos besos tenían que darse antes de extinguir el incendio que la pasión provocaba? Ewon no lo sabía… cuando estaban así incluso temía maullar y comenzar a sentir que su trasero se humedecía porque si existía un alfa que desafiara cualquier ley de la química o de la biología y arrastrara a la superficie el secreto que había guardado durante tantos años, ese era Mookyul.
Temeroso de que eso realmente suceda, Ewon se separó del alfa sintiendo los músculos de su pecho como dos planchas ardiendo.
-haz preparado todo esto –le susurró al Jefe mientras se acercaba a la mesa y destapaba los contenedores de comida haciendo que los aromas sexuales se disimularan un poco –no lo desperdiciemos, ¿sí? Ven, Jefe, siéntate.
Mookyul lo hizo, como un cachorro bien entrenado. ¿A quién engañaba ya? Ese jodido Zorro era su perdición. A veces se sentía como si solo necesitara que le rasquen tras las orejas y todo enojo, decepción o enfado se evaporaban de su sistema… estaba tan a la merced de Ewon que daba miedo.
-hey, Jefe… ¿por qué no salimos a dar una vuelta? –le propuso Ewon mientras se rellenaba la boca.
-¿ahora a qué barrio barato me quieres llevar? –respondió aunque sabía que diría que sí al final de todas formas.
Ewon se tardó un poco en contestar ya que estaba a punto de atorarse con el cerdo agridulce que se estaba embutiendo en la boca. Si Ewon no fuese un beta, Mookyul pensaría que la vida entera de Ewon había estado atorada en la etapa del engorde antes de un celo.
Por último, cuando el rubio dejó de tener las mejillas infladas como una ardilla con castañas, sorbió un poco de agua y respondió: -a donde sea está bien, tal vez solo caminar, hizo un buen día de primavera, Jefe, y la noche está templada, no es saludable quedarse en casa solo comiendo, durmiendo y follando, ¿eh?
-pues a mí, follarte, me llena de vitalidad – Mookyul declaró con total naturalidad, ahora sí haciendo que Ewon se atorara con una judía.
Claro, a él… para mí es un infierno, mi trasero va a abrirse como el Gran Cañón para cuando tenga treinta.
Pero su omega interior tan solo pudo gemir placenteramente al oír que a su alfa le gustaba tener intimidad con él. Aquel omega siempre lo hacía. Mientras que el analítico beta decía en todo momento que someterse a Mookyul y presentar el cuello era algo indiscutible, el omega tan solo quería arquear la espalda y menearse ante su pareja poderosa y dominante y, como si de un diablillo se tratase, se burlaba de aquellas estrechas y poco creíbles quejas que daba de lo "duro" e "infernal" que era el sexo con Mookyul.
Admítelo, Ewon. Tenerlo enterrado en tu trasero es, probablemente, lo mejor que te ha pasado.
Y así, su beta y su omega se pasaron peleando dentro de su cerebro mientras él prefería llenarse la boca y prácticamente arrasar con el banquete que Mookyul había comprado, ambos compartiendo un familiar silencio a la vez que comían y disfrutaban de la languidez del jazz, la exuberancia del olor de las flores y la expectación de lo que vendría después.
-me adelantaré para sacar el auto, Zorro –informó Mookyul mientras se limpiaba sus labios perfectos del kimchi que se los había manchado.
-oh, de eso nada –negó Ewon –quiero caminar, jefe.
Mookyul simplemente apoyó su mandíbula en su puño, mirando a Ewon limpiar el plato de helado con una crepa y trató de disimular su sonrisa. ¿Por qué tenía que ser tan adorable?
Ambos se levantaron finalmente, Ewon todavía llevándose unas cuantas galletas de mantequilla en los bolsillos y Mookyul con sus brazos rodeando a su amante desde atrás haciéndose más pesado de lo que realmente era y oliendo los cabellos de trigo del beta. Podía oler el familiar aroma del desinfectante que usaban en la oficina de Ewon, también sus tabacos; pero además había, y tenía que decirlo con orgullo, la fragancia de él mismo en el beta, algo que hizo que por poco parara el ascensor y los enviara de vuelta a su piso, a su casa y a su cama pero logró frenarse y dejar que los números en rojo siguieran su cuenta regresiva. Después también percibió que el aroma de Ewon llevaba algo que le molestó, una nota de naranjas dulces de Jiho y también el olor ofensivo de otro alfa, todo porque Ewon había ido a visitar a esos raros idiotas.
Pero después de todo eso, quitando todo paño y toda vestimenta que nublaba el olor de Ewon, allí siempre había algo extraño.
El olor de Ewon era de almendras pero cuando Mookyul pensaba que lo había detectado, inmediatamente aquella fragancia se iba. Sin embargo, cuando Ewon estaba debajo de él, con esa cara angelical contorsionada por el placer y un tipo de remordimiento que no entendía, el olor de almendras se incrementaba y permanecía a la deriva todo el momento. Después lo único que quedaba era una fragancia un poco química, como el dentífrico.
No era que no le agradara, todo lo contrario. Le encantaba zambullirse en la almohada de Ewon y respirarlo cuando le extrañaba, o abrir sus gabinetes y después de sentirse como un pervertido ladrón de bragas, buscaba uno de sus bóxeres y les daba una fuerte inhalación, como si se tratara de crack. Le gustaba… solo no había olido nada igual.
Al salir del edificio, parecía que los transeúntes en las calles habían encontrado algo que hacer a media noche ya que, aunque no estaban precisamente vacías, ahora se podía transitar por las aceras sin chocarse con nadie.
Pero todavía habían más ojos que con los que se sentía cómodo, aun así, a Mookyul no le importó. Le dio un cachete en el trasero.
-¡Qué mierda! –exclamó Ewon y oyó unas cuantas risas de los que pasaban. -¿En qué rayos estás pensando? – le dijo indignado, fingiendo más ira de la que tenía.
-en tu trasero –dijo Mookyul como si estuviese señalando algo supremamente obvio y continuó, tan solo para ver la tierna reacción de su zorro molesto –aunque es un trasero insignificante pero… dicen que peor es nada, ¿verdad? –no iba a acariciarle allí, en medio de la calle, pero hizo ademán de intentarlo y Ewon abofeteó su mano.
-¡para ya con eso!
-Pequeño Zorro Jung… -susurró tan solo porque quería sentir algo de Ewon y solo pudiendo conformarse con su nombre en los labios a la vez que le alcanzaba el paso y deslizaba una mano por su cintura, haciendo que caminaran con las caderas juntas. -… ¿puedes creerlo?
-¿el qué?
-esto… -susurró Mookyul mientras veía las luces de las tiendas –tres años, ¿eh?
Se lo preguntaba porque él no lo creía. ¿Tres años de tener una sola relación? Eso, para Mookyul era algo imposible ya que ni cuando era niño le gustaba el mismo juguete durante tres días seguidos, no podía comer dos veces el mismo almuerzo en una semana y los omegas dejaban de ser interesantes en la tercera cita (en las pocas terceras citas que había tenido, claro está)… ¿Qué había hecho El Zorro para tenerle así durante tanto tiempo?
Ewon, mientras tanto, se abrazó a sí mismo, un gesto egoísta y ambicioso cuando ya tenía los brazos del alfa a su alrededor, como si sintiera que no había un escudo suficiente para el aguijonazo de culpa que lo amenazaba, culpa que por ahora fingiría que era provocada porque olvidó su aniversario. ¿Realmente habían pasado tres años ya? La respuesta a la pregunta de Mookyul era no, no lo podía creer.
Y nadie lo creería, y si lo creían, lo reprobaban. No era bien visto que dos personas permanecieran tanto tiempo juntas y no se enlazaran pero lo más extraño era que un alfa se quedara al lado de un beta que no podía darle hijos.
Oh-oh… allí está la culpa de nuevo.
-Zorro… -le susurró Mookyul nuevamente, asegurándose que su aliento rozara con su pabellón y le diera una pálida caricia. -¿Qué sucede contigo últimamente?
«-Ewon… ¿podríamos vernos?
El beta frunció el ceño cuando el siempre juguetón Jiho sonó tan serio, ni siquiera saludándole y yendo directo al punto. -¿Jiho? ¿Sucedió algo?
-… No –contestó sin creérselo mucho –pero necesito hablar contigo.
Habían quedado en un café cerca de las oficinas de la firma contable donde Jiho trabajaba y Ewon supo desde que vio su rostro preocupado pero decidido que si bien no había pasado nada, algo grande estaba a punto de pasar.
Después de ordenar unos lattes y pasteles, Jiho se le quedó mirando con sus ojos dorados, lo observó prácticamente de pies a cabeza. Solo cuando la orden llegó y comenzaron a dar sorbitos a la caliente bebida, Jiho soltó su noticia como una bomba.
-Dejé de tomar Betadin hoy en la mañana.
Su cerebro aún no podía procesarlo pero Jiho continuó. –el abuelo de Dohoon está enfermo y… creemos que sería una buena idea si… ¡Ewon, deja de mirarme como si te estuviese diciendo que invadiré Pyongyang!
-¡no estoy haciendo nada! –exclamó Ewon, indignado.
-¡lo haces! Ewon… ¡necesito un poco de apoyo aquí! –Le reprendió Jiho –es difícil hablar de esto con un tipo que se la pasó en mi culo durante cuatro meses pero eres lo único parecido a un omega cercano que tengo, realmente necesito que me apoyes.
Jiho tenía razón. Él era el único omega en una familia de betas y alfas y nadie entendería la magnitud de lo que implicaba dejar de tomar betadin.
Betadin es el nombre comercial de un supresor permitido, el cual únicamente elimina el celo y la concepción, sin embargo el betadín nada hacía para cubrir el provocativo aroma de un omega. El hecho de que Jiho le dijera que estaba planeando dejarlos significaba que él y Dohoon… un bebé…
No lo quería ni pensar, pero ¿qué había empujado a Jiho a tal decisión?
Era casi tan sorprendente como si él estuviera dispuesto a develar su secreto porque de la misma forma que él, Jiho se había aferrado a su libertad con todos los medios que había podido encontrar, incluso llegando tan lejos como él, graduándose y trabajando para sí mismo.
-¿Por qué lo haces? –le preguntó Ewon, todavía consternado por la noticia.
-Ya te lo dije, el abuelo de Dohoon-
-a la mierda con el viejo, Jiho –exclamó Ewon y varios comensales le regresaron a ver reprobando su conducta maleducada, dándose cuenta de ello susurró: –sé que no tomarías una decisión así de buenas a primeras… ¿Qué ha cambiado?
Jiho pretendió no oír al beta pero él tenía razón. Algo grande había cambiado en él pero le apenaba decirlo. ¡Era tan vergonzoso! ¡Tan hilarante!
Siguieron comiendo, ahora con un tenso silencio donde lo único que se oía era el tintineo de los cubiertos de todo el café.
-¿Me lo dirás o no? –insistió Ewon.
-¡Es vergonzoso! –dijo Jiho esta vez en voz alta, notó que Ewon comenzaba a perder la paciencia.
-Jiho –respondió Ewon, tratando de ser comprensivo y dijo la cosa más estúpida que se podía decir: -lo dijiste tú mismo, hasta nos hemos acostado juntos…
-y también te has acostado con mi marido –le recordó Jiho.
-¡exacto! –contestó como si aquel hecho no le afectara -¿cuál es el punto de tener vergüenza ahora?
-es que… Ewon, ¿Cómo no me di cuenta?
-¡¿de qué?! –gritó y esta vez nuevamente le miraron mal.
Jiho, pareciendo más calmado al ver las graciosas reacciones de Ewon, se decidió a hablar:-él siempre estuvo ahí, tanto Dohoon y yo babeando por ti… pero ahora, Ewon… realmente te he olvidado… ahora lo amo, Ewon, amo a Dohoon.
¿Acaso ese era el día de las declaraciones inesperadas o qué? ¿qué sería lo siguiente? ¿animales parlantes? ¿Un apocalipsis zombie? Sin embargo, Jiho siguió hablando como si no notara que el suelo se abría debajo de los pies de Ewon.
-no pensé que llegaría a amarlo cuando lo nuestro simplemente comenzó por un acuerdo pero ahora esta relación ya no es así…
Rayos.
Recordó que cuando Dohoon le comentó que su familia había logrado un acuerdo matrimonial con la familia de Jiho, él se sintió, por primera vez, avergonzado de la considerablemente grande lista de amantes que llevaba a cuestas, después, estúpidamente, Ewon se había disculpado con Dohoon por haber tenido sexo tanto con él como con su omega… también recordó la respuesta de Dohoon. "Jiho es mi prometido ahora… pero no sé si algún día será mi omega"
Ese recuerdo le llevó a una pregunta:
-Jiho… me alegro por ti –le susurró cubriendo los pequeños dedos del omega con sus manos -¿sabes que amo a Mookyul, verdad? Lo que pasó con Dohoon… fue un error y no quiero que pienses que lo que diré es por ese motivo, solo lo digo porque no quiero que te hagas daño.
-para con eso, maldito Ewon, ¡solo dilo! –exigió Jiho, estando a punto de tirar de sus cabellos.
-¿la relación también ha cambiado para él?
Y esa fue la pregunta que, hasta la fecha, no fue respondida.»
-Jiho está esperando –anunció Ewon bruscamente, las palabras casi sin salir de sus labios y sintiendo que todo lo que estaba alrededor comenzaba a engullirle, la culpa demasiado grande para soportarla.
¿Qué había mal con él? ¿Tres años de vivir con el hombre al que ciertamente amaba y aún no podía decirle la verdad? ¡Jiho llevaba casado con Dohoon algo más de un año y ya estaba listo para abandonar lo último que tenía de su anterior vida y dedicarse enteramente a Dohoon y a un bebé!
¿Qué más quería? Su vida ahora era estable, tenía un trabajo que jamás se habría imaginado como el subgerente financiero de toda la cadena de hoteles Shilla, su cuenta de ahorros crecía a ritmo constante porque el Jefe no le dejaba gastar en nada. Pero, más que nada, ahora tenía a un hombre a su lado, alguien de quien estaba seguro de sus sentimientos. ¿Qué demonios esperaba para dejar de tomar los supresores, dejar que Mookyul le marcase y le llenara el vientre de hijos?
Y, en medio del huracán triste y enfadado de sus pensamientos, uno se formó claramente: Mookyul debió haberse quedado con Jiho.
-Jiho no tiene ningún omega con quien hacer el yeoseong danche[2] -continuó Ewon mientras seguían caminando, casi llegando al Cheongdam Park -quisimos probar conmigo.
La noticia de un omega que había estado en su cama en algún momento y que ahora vivía una vida feliz con hijos y una pareja no era tan extraña para él, Mookyul incluso se había topado con un par y nunca le afectó en lo más mínimo pero ¿Por qué le afectaba al Zorro?
-Enviaré un regalo –dijo Mookyul, haciendo evidente su desinterés en su voz.
Ewon se paró y giró la cabeza para mirar la cara de su apuesto amante y no descubrir absolutamente ningún sentimiento allí. -¿Eso es todo lo que dirás?
Así que eso le está afectando.
Pensaba Mookyul y presionó un poco más. -¿qué se supone que diga?
Ewon se separó del alfa dándole un empujón y caminando apresuradamente por el camino de adoquín rojo bordeado por arbustos y árboles majestuosos que eran visibles por la iluminación del parque, no había casi nadie allí, tan solo unas cuantas parejas buscando algo de privacidad para besos robados, había una en especial a la que incluso se podía oler. Una alfa y un omega se susurraban y hacían cariños, ambos preparándose emocionalmente para el celo inminente del omega que ya estaba empezando a ser evidente y eso le enfureció más.
Quería culpar a la pareja del parque, a Jiho, a la directora y hasta a su propia madre por su malestar pero no había a nadie a quien culpar por su estupidez más que él mismo. Frunció aún más el ceño y se rascó la cabeza irritadamente hasta que sintió la mano de Mookyul atenazarle el brazo.
-¿qué te hace estar tan enfadado, Ewon? ¿Acaso te arrepientes de haber dejado ir a Jiho y que ahora él esté embarazado de otro hombre?
-¿Q-qué-?
-¿O tal vez se trata de que ese maldito remedo de alfa va a tener un hijo con alguien que no eres tú? –acusó Mookyul, comenzando a sentir su cabeza caliente y recibió una mirada aún más enfadada y un "tsk" de Ewon.
-¿qué mierdas estás diciendo? ¡Dohoon es solo mi amigo!
-un amigo al que-
-¡sí, maldita sea, me acosté con él! ¿Cuántas veces debemos tener esta conversación para que entiendas que si tú no te hubieses puesto difícil con el problema con aquel viejo, eso jamás habría pasado?
-ok, está bien, Zorro –cedió Mookyul, olfateando la esencia molesta de Ewon -pero si no es eso, ¿podrías decirme qué te tiene tan consternado?
Ewon se le quedó mirando fijamente, sus ojos celestes, sus enormes zafiros tendría que decir, clavados con desesperación en él. ¿Qué le ocurría? Mookyul comenzaba a preocuparse.
-Eres un idiota, Jefe –susurró Ewon, aún mirándolo fijamente –pero eres un buen alfa… ¿por qué sigues conmigo, eh?
A nadie le dolía decir eso más que a él… Ewon todavía no estaba reconciliado con la idea de amar al jefe de esa manera tan loca y tórrida pero pensar que algún día Mookyul le dejaría… le abandonaría por alguien que le daría algo que él se negaba a dar de una manera tan estúpida y egoísta…
Pero ahí estaba él, su esencia de azafrán y café le rodeó con un tinte indiscutible de deseo pero un olor dulce que solo él provocaba en el alfa. Después de su fragancia, Ewon se dejó envolver por los brazos de Mookyul otra vez y se llenó de él, bebió de su fortaleza, de su pasión.
-te robo tus palabras, Zorro… -murmuró el alfa contra los cabellos dorados que tanto le gustaban -¿cuántas veces debemos tener esta conversación para que entiendas que no me hace falta nada más que tú?
El beta abrazó a Mookyul y se recargó en él, sintiéndose de repente demasiado cansado por haber cargado con su secreto durante la mitad de su vida, aquella molestia haciéndose más y más grande con cada día que pasaba… -¿No quieres tener hijos, Jefe?
Aquella era una de las preguntas cuyas respuestas temía pero no pudo evitar formularla.
-El mundo es una mierda, Zorro… tú y yo, como huérfanos, lo sabemos –respondió Mookyul, tratando de evadir el tema pero se topó con una gélida mirada del beta y tuvo que continuar –no quiero nada ni nadie que no tenga algo tuyo, Zorrito… no quiero hijos si no vienen de ti.
Eso era lo máximo que podía ofrecer como una respuesta pero la verdad era que Mookyul, aquel frío e inmaduro gángster comenzaba a sentir cierta alarma dentro de sí, un sentimiento extraño cuando veía anuncios de bebés o cuando el Oso Asesino le llamaba para alardear de su esposa y su hija pero no se lo diría al Zorro, no quería que comience a pensar estupideces.
-¿estás seguro que ni siquiera eres un omega recesivo, Zorro? –preguntó Mookyul con la ligera esperanza de que Ewon pueda someterse a un tratamiento de fertilidad y por fin consumar su unión.
-¿ahora que rayos estás diciendo? ¡por supuesto que no! –respondió a la defensiva. La sola palabra "omega" relacionada a él le crispaba los nervios –soy beta y nada más que eso.
Notando que había reaccionado exageradamente, Ewon analizó a Mookyul pero parecía que el alfa no lo había notado. El beta abrazó nuevamente a su apuesto amante, dejando que la tranquilidad del parque y los sonidos de la noche los envolvieran hasta que el alfa devolvió la pregunta.
-¿tú los quieres? –susurró y Ewon oyó su voz directamente en su oído. ¿qué podía responder a eso?
Ewon permaneció un momento así, con la oreja pegada al pecho del Jefe y no dejando que le mirara, sabiendo que su esencia ya estaba revelando más sentimientos de los que planeaba. –el mundo es una mierda, Mookyul Eun… pero tú no eres una razón para que lo sea.
Inmediatamente, oyó el corazón debajo de su oído acelerar el paso como un tambor de guerra con lo que acababa de decir. Quizá era lo más estúpidamente cursi que había dicho en su vida pero no podía resistir lo que sentía por Mookyul. El aroma del alfa también cambió, la dulzura en ésta incrementando a niveles tan grandes que incluso la pareja tan concentrada el uno en el otro los miraron.
Un par de hombres abrazados en un parque en el medio de la noche, demasiado enamorados para prestar atención a cualquier cosa.
-vamos a casa, Zorro –dijo Mookyul, demasiado aturdido por aquella pequeña pero rara declaración, deseando sentir la calidez de Ewon envolviéndolo.
Pero el pequeño Zorro tenía que comportarse como una mierdecilla y juguetear. –tendrás que atraparme primero. –dijo en medio de una risa y desenredándose de sus brazos, inmediatamente corriendo hacia Dios sabía dónde.
-¡Qué harás cuando te atrape! –gritó Mookyul, pisándole los talones al Zorro y dándole un poco de ventaja, disfrutando de los juegos de su querido Ewon quien solo regresó la vista hacia él y dio un chillido de diversión cuando sintió que Mookyul agarró su camisa, apenas pudiéndose zafar.
¿Por qué la vida no podía ser así de sencilla y feliz siempre? ¿Por qué no se podía sentir siempre lo que se sentía cuando se correteaba a media noche con la persona que se ama? Ewon necesitaba cristalizar ese sentimiento, esa alegría y embotellarlos para beberlos después y embriagarse cuando estuviese solo y triste.
Te amo tanto, estúpido detestable jodido gángster…
Ewon comenzó a cansarse y notó que Mookyul no estaba persiguiéndole en serio así que decidió jugar más cuando vio una pileta iluminada de colores celestes y rosas. Giró hacia la derecha de la circunferencia de la pileta y Mookyul lo hizo a la izquierda, pero el Zorro es más astuto que la pantera y a Ewon solo le tomó un poquito de esfuerzo para hacer que su alfa terminara en la pileta totalmente empapado.
-¡Tú, pequeño punk! –gritó Mookyul, más sorprendido que enfadado y alcanzó a agarrar a Ewon de la muñeca, arrastrándole al agua también. -¿es divertido ahora?
-¡Está helada! –exclamó sorprendido cuando sintió el agua humedecerle entero y ponerle la piel de gallina, pero no se daría por vencido.
Ewon empujó a Mookyul una vez más para hundirle y utilizó todo su peso para mantenerle debajo del agua pero un par de manos emergieron para picarle las costillas y saltó dando una carcajada. -¡Eres un tramposo!
Mookyul ni siquiera le hizo caso queriendo oír esa risa infantil que Ewon rara vez le regalaba. Siguió haciéndole cosquillas hasta que notó que la camisa blanca del Zorro se le pegaba de una manera escandalosa y sensual, su piel apareciendo en húmedos acertijos a través de la tela, sus largas pestañas con gotitas de agua en las puntas y su cabello, ahora de un dorado oscuro, hecho para atrás.
¿Había alguien más delicioso que el Zorro Jung?
-Te atrapé –dijo Mookyul, señalando lo evidente -¿qué harás ahora?
Ewon, ahora también sintiéndose afectado por el romance y la pasión que olía desprenderse de la piel del alfa, se acercó atrevidamente a él sabiendo que el agua mostraba más de lo moralmente aceptado, provocó al Jefe con sus ojos y dijo sin rodeos: -llévame a casa y te lo mostraré.
Mookyul no perdió el tiempo y lo hizo mientras todo Cheongdam miraba a un alfa y un beta empapados, corriendo cogidos de la mano. Las mujeres jóvenes daban risillas tontas porque un espectáculo así solo podía ser obra de criaturas traviesas e impuras de la noche, los adultos en cambio fruncían los ceños y susurraban escandalizados lo inapropiado que aquello era.
¿Pero a quién le importaba? Estarían haciendo cosas mucho más inapropiadas en unos minutos y el alfa se aseguró de que los toqueteos comenzaran desde el preciso instante en el que llegaron al ascensor.
-no… no aquí –susurraba Ewon mientras luchaba contra su propio deseo de dejar que el Jefe le bajase los pantalones, le hiciera rodear su cintura con las piernas y de pie, aquí y ahora, permitir que se hundiera dentro de él pero eso dejaría la inconfundible esencia del casi frenesí del alfa.
Pero la lucha fue difícil y ahora estaban totalmente excitados después de haber juntado sus pelvis y moverlas en lo que era una breve pista de lo que deseaban tan pronto como el número 50 apareciera en el marcador de pisos.
Cuando finalmente llegaron después de una agónica eternidad, Mookyul forzó al Zorro a prácticamente cumplir sus fantasías de ser levantado y admitir que la estrecha cintura del alfa se colase entre sus piernas mientras él lo cargaba y lo llevaba directamente a la habitación. No lo admitiría nunca pero sentirse ligero, suave y dócil en comparación con Mookyul era uno de los mayores afrodisíacos para Ewon, haciendo que una capa de sudor brotara de sus poros y con él, el aroma de alguien que no puede esperar por ser penetrado.
-no huirás esta noche ¿verdad? –quiso confirmar el Jefe que ya se encontraba en la difícil tarea de despojarles a ambos de ropas caladas con agua.
Ewon tembló y prefirió pensar que ello era porque el aire acondicionado del departamento había enfriado a las ropas húmedas. ¿Huir? Él no podía huir de Mookyul y tampoco lo quería… lo que deseaba era huir de sí mismo y no encontró ninguna otra respuesta para lograrlo que dejar que Mookyul le entumeciera los sentidos con tanto placer hasta hacer de él un guiñapo de nervios a flor de piel.
Así que negó con la cabeza y Mookyul estaba sobre él un segundo después, ya ni siquiera preocupándose por desnudarse y desnudarle enteramente, demasiado excitado para coordinar que sus dedos bajen cierres y desabotonen camisas. A pesar de que llevaban haciendo esto con más regularidad de lo que se espera de una pareja que cumplía su tercer aniversario, rara era la noche en la que Ewon respondía con un "no" a esa pregunta y Mookyul sacaría el mejor provecho.
El rubio beta terminó prácticamente cayendo de bruces contra la almohada cuando Mookyul le giró, sintió su corazón repiquetear contra su pecho, se oyó a sí mismo dar un sorprendido jadeo y también el tintinear del cinturón del alfa abriéndose. -¿Qué haces? –le preguntó al sentir que Mookyul le llevaba los brazos hacia atrás haciendo que tan solo su cabeza y sus rodillas soportaran todo el peso de su cuerpo.
-me aseguro de que no huyas, Zorro astuto Jung –hizo que las manos de Ewon tocaran los codos de sus brazos opuestos y les dio dos, tres y cuatro vueltas con su cinturón, finalmente asegurándolos. Por un momento pensó que tal vez eso iba más allá de los límites al ver que sus hombros ahora tenían una exquisita pero extraña contorsión, esperó la queja de Ewon pero tan solo obtuvo un imperceptible gemido que estaba muy lejos de ser por incomodidad. –te gusta esto ¿eh? –le provocó Mookyul, pasando un dedo por un poco de piel que había quedado descubierta entre las vueltas del cinturón. Ewon vibró.
Y eso hizo que algo dentro del Jefe se rompiera. Tal vez fue su cordura o su autocontrol.
-¡oh…! –escapó el gemido de Ewon entre sus dientes al sentir que tan solo su trasero era desnudado, el aire frío tocó su calentada piel y de la nada, algo comenzó a restregarse entre sus nalgas.
No estará planeando entrar… así nada más. ¿¡Verdad?!
Ya tenía un duro momento cuando era penetrado por primera vez usando casi la mitad de la botella de lubricante, era imposible que Mookyul entrara sin ningún tipo de preparación.
El alfa percibió inmediatamente la esencia angustiada de Ewon y le dio un suave beso en la nuca. –no te haré daño, Zorrito…
Pero Mookyul no podía resistirlo más, si realmente no quería hacerle daño a Ewon, tendría que buscar alivio así que torpemente, y le costaba un mundo reconocerlo, alargó la mano al cajón de la mesa de noche y rápidamente encontró el lubricante, lo regó hasta que el canal entre las nalgas de Ewon esté inundado en viscosidad y se frotó a sí mismo mientras apretaba el par de músculos.
-Je…fe… ¡ah! –Ewon no sabía si eso era mejor o peor que dejar que Mookyul lo penetrase sin ninguna preparación ya que sentir la longitud del Jefe frotándose una y otra vez contra su pulsante esfínter solo le hacía retorcerse y desear suplicar pero sabía que aunque lo hiciera, Mookyul seguiría jugando con él hasta que realmente solo le quedaría una cosa en la cabeza.
Tómame… Tómame… ¡Tómame!
Mookyul siguió frotándose mientras el Zorro hacía todo lo posible por satisfacerse también. Movía las caderas como un verdadero zorro (tomando el más vulgar significado de la palabra) y sentía su abertura temblar erráticamente contra el cuerpo de su pene. Lo adoraba. Amaba esa necesidad, ese aroma de selva húmeda y azúcar morena, la fragancia de las almendras inundándole, presionando cada instinto alfa que tenía.
-eso es, Zorro pervertido… muévete para tu alfa –le susurró contra la nuca y Ewon respondió con un gimoteo de un placer sincero y abrumador. Ewon se olió a sí mismo tan caliente y deseoso que se mareó y le gotearon los ojos. Pero sus sentidos estaban más concentrados en olfatear y gozar del dominio, el poder y la seguridad del aroma de granos de café recién tostados del Jefe y no pudo hacer nada para que el beta pero sobre todo el omega, presentaran el cuello.
Oh rayos… va a suceder…
No se habían enlazado porque ya tenían suficiente con la dependencia emocional que tenía el uno del otro y, aunque suprimir los instintos era algo duro de hacer, sabían que todavía no había llegado el momento pero ahora algo sucedía, sus cuerpos se acoplaban, sus mentes se sintonizaban… ¿Se enlazarían ahora?
-¡Mookyul, no lo hagas! –suplicó el beta y como si un balde de agua fría les cayese, el alfa se detuvo totalmente.
-¡Llevamos tres jodidos años juntos, Zorro! ¿Cuánto más esperaremos?
Esa era la verdad. Ewon no lo quería porque sabía que si se enlazaban, Mookyul descubriría quién realmente era el que había dormido en su cama por más de mil noches a su lado y le había mentido descaradamente.
Ewon, difícilmente articulando palabras ya que su mandíbula seguía contra la almohada, le dijo al Jefe: -sé lo que realmente deseas, alfa… y yo no te lo puedo dar.
Una mentira más a la biblioteca llena de ellas que cargaba el rubio beta y el peso parecía que tenía un ritmo exponencial para crecer. Una bola de nieve… no sabía cómo parar.
-pero tú puedes darme algo que necesito… -jadeó para distraer al cerebro racional de Mookyul y prender su animal interior. Para motivarlo aún más, se meneó contra el alfa y dejó que su excitada esencia flotara con más intensidad –fóllame –pidió.
Y, como un encanto, la distracción funcionó. Mookyul volvió a poner su boca contra su glándula izquierda pero no la mordió duramente, tan solo le dio breves apretones con los dientes y lánguidas lamidas siguiendo el ritmo de los dedos que se colaban en su trasero.
-ah… sí, Jefe…
Ahora, si le mentía a Mookyul en todo, por lo menos quería ser sincero esa noche con su deseo y admitir que lo deseaba, que ansiaba tenerle así que no reprimió ningún jadeo, ningún gemido, ningún suspiro. Y eso parecía que para el alfa era una droga ya que incluso su nudo se hinchó unos milímetros.
Y sus dedos… oh sus largos y delgados dedos obraban maravillas en su canal, hacían espirales y vórtices y dibujaban hoyos negros de placer en los que creía que se perdería y no saldría jamás pero sus ambiciosas paredes internas se contraían y temblaban deseando estar más abiertas, ser estiradas hasta que sea doloroso y que Mookyul le hiciera gritar su nombre una y otra vez.
Cuando sintió su hinchado glande contra él, Ewon paró al alfa otra vez.
-C… condón… -pidió casi inteligiblemente entre tantos gemidos que le eran imposibles suprimir. No podía correr ningún riesgo, pensaba Ewon, sabía que su abertura vaginal estaba cerrada, que ningún óvulo estaba esperando ser fecundado pero… era mejor prevenir que lamentar.
Mookyul estaba en un estado en el que cualquier cosa que su pareja le pidiese, él lo haría y una vez más fue a aquel cajón sacando un trozo metálico. Lo desgarró con los dientes y se colocó el preservativo y gruñó al sentir el látex comprimirle una pequeña hinchazón del nudo, algo que no debería ocurrir.
No se supone que un alfa usara condones cuando anudaba ya que eso solo ocurría en el celo de un omega y, cuando el objetivo era impregnar, era estúpido usar un condón pero algunas noches él estaba tan sensible a Ewon que parecía que su biología era engañada y su excitación se encontraba cerca de convertirse en un frenesí.
Pero lo haría por el Zorro. Si le pedía que le susurrara colores en su oído o le pintara olores en su espalda, si deseaba comprar toda Corea, si quería que se abra el pecho y le entregara el corazón. Lo haría todo y no pensaría en negarse jamás.
Y, aunque el deseo de penetrar y dominar era fuerte, Mookyul trató de hacerlo fácil para Ewon. Le susurró que respire y se prepare, esperó a que se tranquilizara y puso más lubricante y, en un suave movimiento, comenzó a entrar.
Y perdió la cabeza. Cerró los ojos y miró estrellas explotar tras sus párpados mientras sus oídos eran estimulados por los gemidos más dulces del Zorro pero su miembro… ohh la sedosidad, el calor… pareja… estaba dentro de su otra mitad y solo eso era suficiente para que cualquier hilo de cordura se rompiese dentro de sí.
-J… ¡Jefe! –gritó Ewon, totalmente a merced del placer que tanto deseaba, aquella droga que venía en pulsaciones y le embotaba la cabeza pero ponía cada nervio de su piel a trabajar. -¡Mnn!
Era… sublime.
Mookyul le hizo enderezarse al tomar el cinturón que estaba enredado en los brazos de Ewon, parecía un movimiento brusco y tal vez lo era pero quería que Ewon se viera a sí mismo así, tan dulce y necesitado, tan suplicante y hambriento de sexo.
-Mira ahí –instruyó el alfa, señalando el espejo de cuerpo entero que tenían al lado derecho de la cama, en el reflejo se veía dos hombres medio desnudos, lo poco de trasero que Ewon tenía se movía con cada estocada que recibía del alfa y con cada movimiento su propio pene se movía de arriba abajo indecentemente, dejando caer gotas de placer. También se podía ver cómo un hombre se perdía dentro del otro, la longitud de Mookyul se hundía hasta que quedaban totalmente pegados. Todo era erótico. Pero cuando el verde se chocó contra el azul como las olas del mar lamen los manglares de la playa, no pudieron ver nada más. Sus miradas se encontraron, el dominante penetrando al beta incluso con sus ojos, Ewon suplicando que Mookyul le haga el amor tan apasionadamente que no le quedara otra opción que decirle la verdad. -¿Te gusta eso? –preguntó Mookyul a través del espejo y Ewon solo asintió.
-desátame –pidió Ewon queriendo tocar también, deseando sentir su ligeramente bronceada piel contra sus manos. Mookyul lo hizo y pasó una mano por su torso desde su cuello, viajando hasta su pezón derecho, rosado y erecto, desembocando en el ombligo y en los vellos rubios que acunaban su necesidad. -¡Ah!
Al fin teniendo estimulación en su pene, Ewon solo atinó a seguir moviendo sus caderas, utilizar tanto el miembro de Mookyul como su mano para obtener lo que quería y lo tuvo. Ramalazos de fuego le recorrieron, ataron y desataron cada nervio que tenía, le tensaron como la cuerda de un violín y explotó.
Eso era… esa blanca tormenta que se volvía roja y luego negra. Esa bomba dentro de su vientre, el temblor de su cuerpo. Ya era todo lo que quería ser por el momento. Alguien amado a pesar de todo.
Y Mookyul también lo sintió. Su cuerpo acompañaba la canción de Ewon con su propia melodía y creaban sinfonías que solo podían ser entendidas por ambos. Se derramó como un río y, aunque sabía que no habría fruto después, no le importó. Solo quería que el beta sea suyo por ese breve momento, que todo esté bien entre ambos. Que nada importara.
Y Ewon lloró silenciosamente aun sabiendo que Mookyul no entendería sus lágrimas.
Suplicaba por su perdón.
[1]Comida para fechas especiales que comienza con un aperitivo frío y gachas, y los platos principales incluyen tanto platos de carne como de vegetales adobados, a la parrilla, cocidos, al vapor fritos o salados. También se sirven estofados y, tras la comida, pueden servirse bebidas tradicionales, como el sikhye (bebida dulce de arroz), o el sujeonggwa (bebida de canela y caqui) y otros postres.
[2] Significa hermandad, es el nombre que le doy al pequeño ritual en el que un omega que tiene la sospecha de estar embarazado solicita a otro omega que lo olfatee y determine si su esencia ha cambiado, como este cambio es muy sutil, solo puede ser percibido por un omega que haya conocido al otro durante mucho tiempo.
Muchas gracias a LyannaFrost por el primer review que tiene esta historia :) gracias y que tengas un lindo año, aquí está el capítulo y espero que lo disfrtures.
