Disclaimer: Todo los personajes pertenecen a la maravillosa J.K, cosa que todos ya saben. Esta historia comenzó cuando vi St. Trinian's, por cierto habrá similitudes, pero la trama no será igual. La mayoría de los capítulos comienzan con canciones, la mayoría son bastante conocidas, por tanto no me pertenecen a mí, así que gracias a sus autores.
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II. What Doesn't Kill You
Think you left me broken down (Crees que me dejaste rota)
Think that I'd come running back (Crees que correré detrás de ti)
Baby, you don't know me, 'cause you're dead wrong (Cariño no me conoces, porque eres el demonio)
What doesn't kill you makes you stronger (Lo que no te mata te hace más fuerte)
(What Doesn't Kill You, Kelly Clarkson)
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La castaña no podía creerse que aquel fuera un colegio para "señoritas", pues ella si había estado en uno, y no tenían nada que ver. Para su sorpresa, bueno, no fue tanto sorpresa, el único lugar a prueba de los monstruos que habitaban en el internado era la biblioteca. Ninguna de esas cabezas huecas se atreverían a pisar tan magnífico lugar, porque sí, Hermione consideraba que este era el único lugar que merecía la pena. A la chica se le iluminaban los ojos, en el colegio contaban con primeras ediciones de muchos de sus libros favoritos, y eso, para ella era mucho.
— Podría quedarme a vivir aquí— suspiró—. Tampoco creo que noten mi ausencia.
Pero eso no era del todo cierto, cada vez que Hermione caminaba por los pasillos de la escuela era la comidilla de todas sus compañeras, nadie se olvidaba de la cruel broma que le habían gastado. Tal vez lo que más le dolió fue enterarse de que esa jugada no fue planeado por Pansy, como había pensado en un primer momento, fue el colegio en su mayoría. Ella no conocía a nadie, no había hecho nada y ya la odiaban.
No alcanza a entender porque su padre había insistido en que asistiese a ese horrible lugar, estaba claro que no pertenecía allí.
— Siento lo que lo gnomos le han hecho a tu pelo— le habló una voz dulce por detrás—, también destrozan el mio todos los días.
A pesar de que la voz no parecía amenazante, Hermione se sorprendió, pero se mostró tensa y distante, pues no olvidaba que todas habían participado en una broma. ¿Gnomos? Estaba claro que se trataba de otra broma, pero no, esta vez no iba a ser el blanco, no lo iba a permitir.
— Mi pelo, esta perfectamente— comentó mordaz—. No voy a tragarme tu amabilidad, ¿gnomos? No soy tan tonta.
La rubia se encogió de hombros, pues no entendía porque la chica se ponía a la defensiva, solo intentaba advertirle de lo maleducados que eran los gnomos.
— Lunática, déjala— le ordenó una voz—. La Ratita se cree demasiado buena para ti.
— Oh— la rubia sonrió—. Solo intentaba decirle que tuviese cuidado con los gnomos— dijo con inocencia.
Hermione se sorprendió cuando vio a Pansy en la puerta de la biblioteca, rodó los ojos, había llamado a la chica lunática, sin duda sus sospechas sobre la morena eran ciertas. Pansy Parkinson era una matona, la encargada de que nada en el colegio se saliese de su sitio.
— ¿Qué?— preguntó Hermione altiva, ella no iba a temerle—. ¿Te molesta que esta vez no haya caído en tu broma?
Pansy rió, lo que hizo que la castaña dudase.
— No te creía tan estúpida Granger— aseguró cruzándose de brazos—, pero acabas de rechazar a la única persona que no tiene maldad en este colegio. Así que enhorabuena, ahora si estarás sola.
Hermione abrió la boca sorprendida, seguro que lo decía para hacerla sentir mal, así era la morena, pero su voz había sonado demasiado sincera. La castaña no quería creérselo, pero algo le decía que era verdad. Contempló como Pansy se daba la vuelta y desaparecía del lugar. La odiaba, la odiaba mucho, pues que ella se sintiese tan pequeña en aquel lugar era su culpa.
[…]
Londres era una de las ciudades más conocidas del mundo, y por ello, una de las más ajetreadas. El centro de la ciudad siempre estaba llena de coches en todas direcciones, en su mayoría todos llevaban prisa, teniendo en cuenta que era primera hora de la mañana. Llovía, además en grandes cantidades, y la humedad se quedaba en los huesos de cualquier persona, haciendo que la sensación de frío fuese mayor.
Albus Dumbeldore había sido llamado por el ministro de educación, porque alguien quería tratar algunos asuntos importantes. El anciano, de apariencia inocente y vulnerable esperaba en la recepción, divertido, porque aparentaba que no sería capaz de dañar ni a una mosca, pero las apariencias engañan.
— Profesor Dumbeldore, el señor Malfoy le espera— avisó una chica joven, mientras le señalaba por donde debía pasar.
Sí, el profesor Dumbeldore era alguien peculiar, y la secretaria se había dado cuenta de ello. El anciano era un hombre prestigioso, conocido como uno de los hombres más cultos de Inglaterra, y se apostaba a decir que también de todo el mundo, pero también conocía las habladurías, sobre todo de su jefe, en las que se representaba al anciano como un viejo loco.
Llegaron al despacho, la chica dio tres suaves golpes en la puerta, de manera acertada, pues le indicaron que ya podía pasar.
— Oh profesor, le estaba esperando— saludó de manera falsa el ministro—. Tome asiento, tengo varias cosas que comentarle.
Así lo hizo Dumbeldore, se sentó enfrente del hombre.
— Primero quería darle la enhorabuena por el fantástico trabajo que Severus esta realizando, sin duda alguna los resultado académicos hablan por si solos— comentó el rubio de larga melena—. Digamos que el sector masculino de su escuela solo consigue alabanzas, incluso el propio ministro quería agradecerle su labor.
— Pero no es de mis chicos de quien hemos venido a hablar— dijo el joven anciano mirando por encima de sus gafas de media luna.
— Exacto profesor, tan directo como siempre. Lo que le trae por aquí son sus "chicas"— esa última palabra le costó decirla—. Sí es que pueden llamarse así, ya que la señorita Carrow definió a sus jovencitas como: "Salvajes mujeres llenas de hormonas sin ningún tipo de respeto a los adultos, así como crueles y sin intenciones de integrarse en la sociedad. Me atrevería a decir que son indomables, y no pertenecen a este planta."— leyó Malfoy del informe que tenía entre sus manos—. Como ves Albus esto no podría permitirse, la señorita Carrow esta viendo a un psicólogo desde que salió de su escuela.
— ¿Qué sugiere, señor Malfoy?— preguntó un divertido profesor, pues sin duda semejantes palabras eran dignas de novela—. No es culpa mía que las profesoras que usted manda no sean capaces de aguantar en Hogwarts.
Malfoy gruño, era difícil tratar con aquel hombre, y él mejor que nadie lo sabía, pero no dejaría que se saliese con la suya, pues no era su estilo. Ningún Malfoy se rendía, y mucho menos perdía.
— Ya veo profesor, aunque creo que esta vez será diferente— comentó muy seguro de sus palabras—. Habíamos pensado que ya es hora de que Minerva se tome un descanso.
— No destituiré a la subdirectora señor Malfoy— comentó tranquilo.
— En ese caso le presento a Dolores Umbridge, será la nueva profesora de Literatura.
La puerta del despacho se abrió dejando paso a una mujer bajita, de aspecto caprichoso, y totalmente vestida de rosa, esto último solo pudo hacer reír al profesor Dumbeldore. Lo peor para el anciano fue tener que escucharle, pues la mujer poseía una voz característica, chillona y que producía dolor de cabeza.
— Un placer conocerla Dolores, espero que su estancia en Hogwarts sea...— el anciano profesor buscaba la mayor delicadeza— lo más agradable posible.
— No se preocupe director, lo será— comentó con cierta malicia en sus ojos—. Sus chicas serás unas completas señoritas.
[…]
Hermione amaba los días húmedos, pues eran días en los que no echaba de menos estar sola, ya que la mayoría prefería estar en soledad los días de lluvia. Sin duda la castaña pensaba que eso era lo único normal en ella, pues a su corta edad no le gustaba ser como el resto de chicas, no le agradaba salir de fiesta hasta la madrugada, ni despertarse con dolores de cabeza por haber ingerido una cantidad indebida de alcohol, tampoco le agradaba la idea de arreglarse, maquillarse solo para gustar a un chico— aunque esto es más posible que se debiese a la baja autoestima de la castaña, pues nunca había pensado que ella pudiese gustar a nadie.
— A todas las alumnas, a todas las alumnas— se oía hablar desde el megáfono de la escuela—. Se suspende las actividades al aire libre, por ello en media hora se pondrá una película en el salón de actos. Repito: en media hora película.
La muchacha apoyó la cabeza en la pared, no tenía muchas ganas de ver una película, la verdad que no tenía ganas de nada, pues no tenía ganas de ver como seguían burlándose de ella, pero tampoco podía estar escondida toda la vida. Suspiró cuando recordó a su madre. Ella tenía razón, en el fondo lo que no te mata, te hace más fuerte. Aunque estuviese sola, aunque se riesen de ella, Hermione Granger nunca había sido cobarde, y no iba a empezar ahora.
