- ¿Isabelle estás despierta? - preguntó Maryse entrando a la habitación de la chica.

Se oyó un gruñido de parte de la chica, quien se encontraba envuelta entre las sábanas.

- Ahora lo estoy - murmuró ella, sacando su cabeza a la vista, miró con los ojos entrecerrados a su madre, mientras ella recogía la ropa sucia del cesto de la muchacha. - ¿Acaso tienes que despertarme para poder sacar mi ropa?

- Soy tu madre cariño, para eso estamos - respondió ella, sin mirar a su hija. - Además ya deberías alistarte, el bus te va a dejar.

La muchacha volvió a esconderse bajo las sábanas, soltando bufidos de amargura.

Maryse la miró un poco triste y se acercó a la cama.

- Sé que aún estás un poco mal. - murmuró su madre, intentando destapar a la chica.

- ¿Solo un poco?

Maryse sonrió con un deje de tristeza.

- Sé qué es duro el haber terminado una relación cariño.

Isabelle no dijo nada.

- Vamos, levántate, tengo tu desayuno favorito.

- No tengo hambre. - masculló ella.

- Pues tendrás que levantarte algún día. - sentenció Maryse, yendo hacia la puerta. - Además no era tan guapo.

Isabelle lanzó su almohada hacia su madre, pero para el momento ya la puerta se había cerrado.


- Buenos días. - saludó el maestro al entrar al salón de clases, miró a su alrededor para luego sentarse en su silla frente a su escritorio, sacó un par de libros que traía en su maletín, los observó un segundo y volvió la mirada a los adolescentes, captó una figura que le llamó la atención un momento y de nuevo hizo que su vista viajara por todos los rostros presentes. - Bien, espero que tras este largo fin de semana, todos hayan leído los capítulos propuestos de la Ilíada ¿cierto?

Algunos asintieron, otros desviaron la mirada mientras que unos cuantos se hacían los sordos.

- Pues ya me lo han dicho todo ¿no? - volvió su atención al libro en su mano y lo abrió. - Díganme ¿qué parte de lo que leyeron, si es que leyeron, les llamó más la atención?

Mientras que algunos de los estudiantes levantaban la mano para responder las preguntas del profesor. Isabelle observaba ensimismada a través de la ventana, el cielo estaba despejado y los rayos del sol se posaban contra las copas de los arboles, haciendo que estos dibujaran formas abstractas en el césped, las voces se escuchaban muy lejos para ella, apenas eran un suave murmullo en su mente, pensaba en todo lo que ocurrió, en lo largo que le resultó ese fin de semana pasado, aún parecía que fuese una clase de sueño, un muy mal sueño.

- Lightwood hablo contigo. - le llamó la atención el profesor. Isabelle dio un respingo y volteó, para poder ver al profesor frente a su asiento, tendiendo la Ilíada en su mano, alzándola como esperando una respuesta de la chica.

- Ah... - fue lo único que salió de los labios de Isabelle, miró de reojo a los demás, todos le miraban divertidos y burlones, ella frunció el ceño. - Disculpe, no escuché la pregunta.

- Imagino que no ¿eh? - dijo él, alzando una ceja un poco molesto. - ¿Qué parte del libro te gustó más?

- Uhm...

El profesor suspiró.

- Imagino que tú tampoco leíste ¿no? - preguntó, negando con la cabeza, mientras comenzaba a volver hacia su escritorio.

Se escucharon unas risas al fondo.

- La pelea de Paris con Menelao. - respondió raudamente la chica.

El maestro volvió a centrar su atención en la morena.

- ¿Y por qué?

- Me pareció un chiste como concluyó, Paris es un suertudo , estuvo así de poco de morir. - respondió la chica haciendo un gesto con sus dedos. El profesor rió, mientras asentía. - Y pues, la pelea la ganó Menelao, eso es lo que yo creo.

- Bueno ¿qué creen ustedes? - preguntó él al resto del salón.


La campana había sonado, el comedor estaba lleno y se escuchaba el ruido de todas las voces juntas es ese espacio. Isabelle se sentó en una mesa aislada, siempre tenía la suerte de encontrarse una vacía y extrañamente para ella, nunca nadie se sentaba para hacerle compañía. Tampoco la necesitaba.

- ¿Qué haces? - preguntó una voz, mientras ese alguien se sentaba frente suyo.

Isabelle ni se molestó en alzar su mirada para saber de quién se trataba.

- ¿Qué crees que hago? - dijo ella.

- Pues revolver tu comida, si no la quieres, simplemente no te tomes la molestia de venir hasta acá.

- Vaya, que gran consejo, gracias, lo llevaré a cabo para la próxima. - ironizó la muchacha, poniendo los ojos en blanco.

Jace rió.

- Aún de mal humor. - señaló el muchacho.

- Y tú aún igual de idiota. - rebatió la muchacha.

- Vaya calma querida, tampoco es para tanto, ese imbécil no fue tu primer novio, ni siquiera creo que te hayas puesto así por el primero. - intentó recordar el rubio.

- Porque a mí nadie me había terminado, yo terminaba con ellos.

- Ves, ahí está el error.

La muchacha giró los ojos.

Volvió su atención hacia su hermano, el chico miraba sereno hacia otro lugar, la muchacha siguió la mirada de este hacia el punto que estaba viendo.

- No puede ser ¿sigues con eso?

- ¿Con qué? - preguntó el rubio, sin apartar sus ojos.

- La chica, la has estado observando por todo el año y ni te has atrevido a hablarle. - le regañó la morena. Volviendo a ver a la muchacha pelirroja sentada a unas cuantas mesas lejos de ellos, ella hablaba con otro chico.

Jace rió.

- No te importa si le hablo o no.

- Eres un cobarde.

Jace volvió su atención hacia su hermana, alzó una ceja, sereno.

- ¿No estabas muy ocupada lamentándote? - cuestionó este, acto seguido se puso de pie y salió del lugar.

Isabelle frunció el ceño y le dio un bocado a su almuerzo, mientras refunfuñaba a lo bajo.


La campana de salida sonó, una oleada de adolescentes salió disparada por la puerta, entre el bullicio se encontraba la morena mientras revisaba su celular.

La pantalla tenía el último mensaje que había recibido desde ese fin de semana.

" Esto no está funcionando como yo esperaba, eres muy linda y nos divertimos, tal vez nos veamos por ahí después. xoxo Meliorn."

Sin importar cuántos mensajes le envió, cuántas llamadas hizo, Meliorn nunca le respondió y eso fue todo para ellos.

- Idiota. - gruñó la muchacha mientras apretaba con fuerza su teléfono. Un brusco empujón llegó a la joven, logrando que soltara su móvil, impactando este en el suelo y siendo pisoteado por quienes pasaban. Isabelle soltó un grito y se volvió contra el responsable de todo. - ¡Hey tú, mira lo que hiciste!

La chica fue en busca de su teléfono y se lo enseñó, con la pantalla echa trizas.

- Vaya lo siento, no te vi. - se excusó el muchacho, nervioso. - Yo ahm te pagaré para arreglarlo.

- ¿Arreglarlo? ¡Ya esto no tiene arreglo!

- Oye cálmate - intervino la muchacha pelirroja, se puso delante de su amigo y miró el artefacto. - Bueno, tal vez tengas razón.

- ¿Tal vez? ¡Es obvio que la tengo! Me vas a tener que pagar un teléfono nuevo. - ordenó la morena, mirando con odio al chico.

- Vale, pero es mejor que nos relajemos. - sugirió la otra chica, mientras veía temblar a su compañero. Se volvió hacia Isabelle y le sonrió amablemente. - Así no solucionamos nada ¿no te parece? Ven, soy Clary - dijo, alzando su mano hacia la chica.

- Isabelle Lightwood - respondió este, teniendo los brazos cruzados.

- Ok... - dijo Clary, mientras bajaba su mano, se volvió hacia su amigo. - Y él es Simon, en serio lo sentimos, si quieres vamos a un centro comercial para ver los modelos ¿te parece?

Isabelle los escrutó con la mirada a ambos, la chica era pequeña y tenía cara de tonta según su parece y el otro muchacho se veía como un completo perdedor, claro, lo que más que gustaría sería perder el tiempo con dos ineptos toda la tarde, pero ¿qué más da? Era eso o estar todo el resto del día en su cuarto deprimiéndose mientras consumía muchas calorías.

- Está bien. - dijo ella al fin.


Nota de la autora: ¡HOOOOOOOOOOOOOLA CHICOS! Volví del más allá, desde que hice el one-shot me pareció que tendría potencial y que tal vez sería buena idea continuarlo, y pues aquí está, es cortito, lo sé, pero quiero saber cuál es su reacción con la historia ¿qué rumbo les gustaría que tome todo esto? ¿Qué parejas deberían salir a la luz? Etc, etc... estoy emocionada por saber qué les pareció este comienzo, espero que les guste y nos leemos pronto.