¡Hola!

Como siempre un placer saludarlos de este lado del monitor :D, Primero que nada lamento la demora. Se me borraron los capítulos que llevaba adelantados y fue problemático volver a escribirlos :(. En fin esa es la excusa, lo bueno es que ya estoy aquí.

Antes de comenzar con el capítulo quiero agradecer a Akime Maxwell , :D Gracias por el comentario. Espero este capítulo también sea de tu agrado. Saludos!

Ahora sí. ¡Aquí vamos!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Capítulo II

La mirada me temblaba cual niña de primaria viendo en la vidriera de su tienda preferida, el dulce más caro y delicioso que pudiera conocer.

Era posible que las ganas de babear y retorcerse sobre él como una sirena bailando al compás de las olas fuese una opción a la realidad de esa pequeña glotona, pero lo entendía, porque yo en ese momento me estaba convirtiendo en una, sólo que en mi caso, el dulce representaba el papel de un hermoso vestido color azul marino de Christian Louboutin con detalles en encaje negro -que lucía elegante a la par de sexy -colgado sobre el cuerpo del maniquí.

Nos habíamos detenido abruptamente frente a la tienda de camino al automóvil una vez nuestros ojos se fijaron en la exhibición del establecimiento WalterLing; luego de comprar comida y unos cuantos utensilios del hogar, mirar desde la acera la pared cristalina de la tienda y observar que habían colocado "en plan llamativo" esa preciosa prenda, fue para ambas el energizante esencial y el premio que merecíamos luego de una tarde calurosa y nada placentera para nuestros agotados cuerpos.

El corazón bombardeaba con frenesí en mi pecho.

Lo estaba acechando desde la distancia, mirándolo seducida, parecía gritarme con desesperación: ¡Vamos Hinata! ¡Sácame de este encierro!, ¡Libérame!

La ambición por volverme una excelente ciudadana y defensora de los derechos de los vestidos sensuales y perfectos para mi tono de piel, comenzó a florecer en mi pecho como orgullo patriótico. Me sentí Batman -o en mi caso sería algo así como ¿Batichica?- tras ser contactada para un nuevo trabajo contra el delito. Era mi deber, en ello radicaba mi honor y privilegio.

¿Estaba realmente mal desear salvarlo de un destino inminente y tal vez, pavoroso?

En el interior me reí sin vergüenza de mí misma ante la estupidez de pensamientos que estaba creando. A veces podía ser creativa y tonta con tal de darle sentido a mi desfachatez. Pero no podía evitarlo, era una completa desquiciada a la hora de comprar algo que me gustara.

¡Y más si era un vestido corto de Christian Louboutin!

¡Y más si parecía de mi talla!

¡Y más si tenía ese color y ese corte que…

Solté un suspiro de ensueño.

Moriría antes de llegar a casa si no lo llevaba a él conmigo.

- es hermoso... - solté en un susurro anhelante y pasajero.

Vi por el rabillo del ojo como en total acuerdo una idiotizada Yamanaka asentía con lentitud.

Estaba más ajena a la realidad que yo; sus ojos centelleaban como las retinas de un gato siendo contactadas por el repentino alumbrar de un coche en medio de la oscuridad.

Caminó despacio y acortó la distancia que había entre ella y la parte cristalizada del establecimiento, tanto, que colocando sus manos como sostén, pegó su frente y apretó su nariz contra el vidrio que nos separaba de esa preciosa joya.

Sus ojos aceitunados se abrieron con escandalosa efusión.

- la fiesta Hina, es perfecto para lucirlo en ella.

Sus palabras lograron empañar el vidrio en una lenta exhalación.

Fue una suerte que la tienda todavía estuviese cerrada, de no ser así, el jefe de seguridad nos fuese saltado encima en un pestañeo. Traía bolsas llenas de lechuga, tomate, cebollas y unas cuantas frutas. No estaba en condiciones para dar el escape "perfecto", y menos en una calle que sobrepasaba el límite de tránsito permitido. Antes muerta que exponer mi pésima condición física a una audiencia mayoritaria y que por supuesto, no tenían ningún parentesco conmigo.

Aguantar que mi padre nos observara a Kurenai y a mí rivalizar era una cosa, aguantar a Kurenai con sus múltiples asaltos de ronda competitiva en la casa era otra, pero ser víctima del lado humorístico y los crueles comentarios de la sociedad, significaba una historia totalmente diferente.

Era la peor de las candidatas cuando se hablaba de ejercicios o de cualquier terminología que conllevara a esforzarse físicamente. No sé qué había de malo en mí o en mi cuerpo, pero créanme, apestaba.

La curvilínea figura de mi mejor amiga se separó en unos segundos del cristal para luego voltear a mirarme. Sus espontáneos gestos me causaron cierta gracia.

Y a continuación, no estuve segura del porqué de su inesperada preocupación una vez sus ojos se movieron desde la tienda hacia mí en rápidos movimientos sincronizados.

- por favor, dime que lo comprarás - solicitó saber en un acelerado y repentino impulso de ansiedad.

Ordené mis pensamientos tratando de encontrar una respuesta creativa y llena de humor que quitara el semblante de Ino, pero para mi sorpresa, lo único que llegó a mi mente fue el recuerdo de la pétrea, profunda y seria voz de Shikaku -que además de ser mi gran padrino legítimo, era abogado y gran amigo de papá- golpeando sin contemplación toda idea de palabras que envolvieran un significado afirmativo.

Llamó a la puerta de mis temores e hincó con crueldad mi ya casi devastado orgullo.

Sentí como la palidez teñía mis mejillas sonrosadas.

- te lo advierto Hinata, una compra desorbitante más y las tarjetas se irán al lastre. Tú decides.

Sus ojos resplandecieron con advertencia una vez se dignó a decirme aquellas desgarradoras y funestas palabras aquel domingo en la tarde. Luego de encerrarse con mi papá y Kurenai durante horas en su despacho, había salido con una actitud de perro rabioso y condenador listo para atacar en cualquier momento, y siendo la única presa cerca, fue contra mí y contra mi debilidad en cuestiones de segundos.

Luciendo así de macabro y tenaz, no fue fácil darle pelea, me arrinconé como el perro flacucho y cobarde que siempre huye de la confrontación aun sabiendo que él fue quien la inició.

Simplemente no pude ganarle o restarle importancia al sermón, no aquel día.

Recordar la escena fue lo que me llevó a poner en conflicto la decisión del SI contra el NO.

Miré a Ino en pleno trance traumático.

¿Y ahora qué carajos haría?

No era un secreto íntimo que mi impulso por comprar me había llevado al extremo con las deudas -y para variar había colmado la paciencia de muchos-, pero pese a mi rebelión al principio de los problemas con las tarjetas de crédito y mi desinhibición por la inquietud y los pormenores que podía causar el hecho de gastar más de lo que debía, ahora estaba atascada en un conflicto peor, y desobedecer, traía con ello serias consecuencias.

Por más que la parte osada, egoísta e irresponsable de mi personalidad se moría por mostrar la cara y decir: ¡a la mierda todo!, lo compraré, competía de igual forma con la parte de mí que estaba cuerda y deseaba estar tranquila con mis familiares, deseosa de paz y libre de más deudas; esa parte, esa pequeñísima pero persistente parte, golpeaba con crueldad a la insensatez que yacía dentro de mí.

Pude sentir con claridad cómo durante varios largos e interminables segundos, se debatía una intensa pelea dentro de mi cráneo, donde la irracionalidad y la rebeldía eran vencidas con simpleza -al imaginar más y más las palabras de Shikaku-, por el siempre atento, razonamiento. Y aunque éste último no acostumbraba a mostrar su faceta muy seguido en mi vida, era él el tipo de pensamientos y acciones que le agradaban más a Shikaku, a Kurenai y a papá.

Y más allá de no parecerme correcto de igual forma defraudar a Shikaku o a Kurenai, a Hiashi no podía permitirme decepcionarlo.

Nunca.

Fue por él que decidí dar un paso atrás y "reflexionar".

Cerré los ojos con pesar y me mordí el labio inferior por dentro, una pésima maña que estaba acostumbrada a repetir cada vez que me desagradaba algo o me sentía nerviosa.

¡Y sí!, ambos sentimientos estaban arraigados en ese momento en la boca de mi esófago. Iba a vomitar.

¿¡Cómo Shikaku me hacía esto!?

La niña malcriada en mi interior ondeaba con fuerza una bandera roja para guerrear por sus derechos, y echaba fuego por la boca. Quería incendiar todo, y uno de sus objetivos era el educado y amoroso padrino que siempre que podía me brindaba su apoyo y comprensión. Claramente en ese momento no le importaba nada la distinción de: padrino-abogado-o gran amigo de la familia- la desquiciada y rebelde particular de mini- Hinata Hyuga, sólo quería pelea.

Sólo quería su vestido.

Cuando abrí los ojos lo primero con lo que me encontré fue con la mirada horrorizada de Ino-creo que hasta un tic nervioso maniobraba en su ojo izquierdo con el fin de hacerla ver aún más deshabilitada.

Su gesto lo decía todo. Había leído en mis innumerables y contradictorias expresiones, que no podía llevármelo.

Di un respiro profundo, retuve por varios segundos el aire en mis pulmones y luego lo solté por parte. Esto no me gustaba nada.

Hice un gesto con la boca al tratar de hablar pero Ino –apuntando su dedo índice en mi dirección de una manera recriminatoria-, apretó los labios y proporcionó su opinión antes de que yo pudiera completar la oración de negatividad.

Dio la impresión de que me hubiese interrumpido.

- no, Hyuga, ni siquiera te atrevas a decirlo - se acercó con pasos acelerados y me encaró. Pude notar la determinación en su gran mirada pastosa. No me dejaría ir hasta tratar de convencerme, la conocía lo suficiente como saberlo. Estaba atrapada - ¡Por favor! sólo es un vestido más Hinata, no hará gran diferencia, además, no tienes todavía con que presentarte al evento, ¿en serio lo dejarás pasar? - el lamento y la exagerada tristeza arraigada en su voz hizo que se me retorcieran las tripas con desolación.

¡Vamos Ino, yo también lo quería!, ¿es que acaso no se me notaba la cara de idiota que tenía?, no había razón para ponerse tan dramática e insistir en algo que estaba fuera de mis manos. Ese papel tenía que interpretarlo yo, era a quien no dejaban participar en el hermoso e incentivo mundo de las compras, y sin embargo ahí me encontraba, aguantando las ganas de romper el cristal y llevar el vestido conmigo... por papá... y por ellos... por no defraudarlos de nuevo.

Volví a respirar para calmarme. Era como tener a un diablito disfrazado de mi mejor amiga tentándome, y a un igualado Shikaku con túnica y un halo en la cabeza diciéndome que me alejara de esa tentación. Ambos frente a mí. Haciendo gestos desinhibidos y rápidos para tratar de ganar mi atención. Hablando al mismo tiempo. Me volverían loca.

Volqué los ojos y asentí.

- lo sé, pero es la prenda que hará poner en modo alerta a Shikaku, me quitarán o bloquearán las tarjetas y allí sí que nos olvidaremos de todas las... - me atraganté con las palabras justo cuando al girar la cabeza mi mirada dio de lleno con un par de ojos achinados y una cara pequeña y ovalada que se encontraba posicionada sólo a unos cuantos pasos de nuestras entumecidas figuras.

Apreté los puños temblorosos que sostenían las bolsas de plástico repletas de comida cuando pude identificarlo como el señor Ling, el dueño de la tienda.

Volqué el rostro de forma dramática y abrí la boca con una gran "O" de indignación.

Esto tenía que ser una maldita broma.

¡Vamos!, ¿tanto me odiaban?, ¿Realmente era él y abriría la tienda en mis narices?

El verlo rebuscar un par de segundos en sus bolsillos y sacar de ellos unas plateadas llaves al tiempo que giraba la cerradura, respondieron esa pregunta.

Maldición… si lo haría… ¡Lo haría! ¿Cómo era eso posible?

Todavía estaba tratando de resistirme a la compra. ¿Cómo se supone que lo superaría ahora que veía que la tienda estaba abierta?

¡Menuda estupidez!, y yo que creía haberme convertido por esos minutos en alguien razonable y lo suficientemente fuerte como para decidir algo importante sin flaquear y tomar una decisión seria.

Ahora la lucha se había vuelto cerrada y difícil. Yamanaka y el asiático, contra mi débil figura y el clarividente Shikaku de mi imaginación.

Ellos por supuesto llevaban la ventaja.

Comencé a hiperventilar al verme asediada por la situación.

Corre Hinata - me advirtió el Shikaku en mi interior. Quise mandarlo de paseo, pero no pude. Al contrario, me quedé inmovilizada, como una idiota muñeca que presentaba retraso mental.

El rostro carismático del señor Ling, nos sonrió con cariño cuando se percató que estábamos allí. Alzó una mano en modo de saludo – un saludo que sólo correspondió Ino por mi incapacidad de reaccionar de acuerdo a las circunstancias que se cernían sobre mí-, para luego dar un pequeño y lento hincapié dentro de la tienda, casi como incitándome a seguirlo.

Ino y yo lo miramos anonadadas, bueno, yo más que Ino. La presión en mi pecho y estómago se hizo aún más obvia cuando de mis expresiones salió un gesto casi herido. La rubia a mi lado me miró y sonrió con falsa pleitesía.

Desgraciada. Sabía que esto me estaba costando un riñón y parte del otro. ¿Cómo cacahuates saldría de todo ese asunto ahora?

La risa de Ino llegó a mis oídos antes que sus premeditadas palabras.

- ¿sabes?, es cierto que Dios escucha a quienes claman su nombre en busca de respuestas - me sonrió y achiqué los ojos mirándola con sospecha ¿A qué jugaba? - nunca sabes en qué forma entablará conexión contigo, pero creo que es fácil darse cuenta de ello cuando miras lo que hay frente a ti y prestas suficiente atención.

La comisura de sus labios tembló sin contemplación al tratar de parecer seria.

Di un paso rápido hacia atrás antes de entender a qué se refería. ¿Respuestas?, ¿Conexión?, ¿frente a mí?...

De manera instintiva alcé el rostro y me fije en el letrero grande, llamativo y de aspecto profesional que yacía posicionado justo arriba de la tienda como un cartel resplandeciente.

Las palabras WALTERLING, centelleaban ahora más que nunca con agrado y majestuosidad. ¿Era eso a lo que se refería?, ¿a la tienda?, pero que trataba de... y fue entonces cuando caí en cuenta.

Traté de no volcar los ojos. ¿Realmente creía que me tragaría el cuento de una supuesta intervención divina? ¿Qué era esto? ¿Una dramática y exagerada película cristiana? ¡No!, que el dueño de la tienda hubiese llegado justo cuando yo trataba de dar mi punto de vista y declinar la oferta, no se debía a una señal del cielo o a una manifestación agraciada que me autorizaba comprarlo... ¿verdad?

Volví a la realidad justo cuando Ino abría la boca para agregar algo. Negué con la cabeza antes de que comenzara a hablar.

- lo siento, sea una revelación astronómica o no, no me arriesgaré.

Y dicho eso me aventuré a avanzar con demasiada prisa hacia el otro lado de la calle, huyendo de ella y de la tienda... de la tentación, del rostro amable del señor Ling y del supuesto presagio de iluminación divina.

Me llevé unos cuantos cornetazos de aviso por cruzar habiendo tránsito, pero no me importaron hasta que llegué al coche con la respiración acelerada.

Debía escapar de allí, y sobretodo, debía escapar de Ino y de sus atrayentes comentarios incitativos.

Sé que el desconcierto de mi amiga fue grande. Y sé que hubo un silencio repentino que no duró más de dos segundos antes de estremecerme por el chirrido que tiene Ino por voz.

- ¿¡Qué!?... - la escuché lamentarse desde donde me encontraba. Me dio escalofríos su agudo tono - ¡Hey! ¡Hinata Hyuga!, aguántate ahí - dijo con indignación y énfasis alzando su voz por encima de los estridentes sonidos de la calle.

Esa chica sí que sabía cómo llamar la atención.

Y gritar.

Resoplé y tratando de ser rápida intenté dar con la cerradura del vehículo entre la imposición que hacían las bolsas del mercado.

En mi mente afloraba la idea de que si estaba dentro del coche, no había más nada que hacer y me dejaría en paz con mi no conforme pero correcta decisión. Algo tonto considerando que conocía a fondo la personalidad de esa determinada rubia que solía llamar amiga, y sabía que hincaría como una espinita hasta tratar de persuadirme del todo.

Ya lo había hecho antes. Y aunque la verdad sus exhaustivas insistencias no acreditaban que ella tuviese la culpa de mis recaídas, lo hacía el que mi debilidad se colocara por encima de mi intrepidez gracias a la estima que le tenía y al poder de sus palabras para ablandar la dura coraza de mis decisiones.

Esta vez, tenía que ser fuerte...

Resistencia Hinata, resistencia.

Casi me burlo. Ya me sentía como un ex-alcohólico anónimo- dándome ánimos a mí misma para no recaer. Era una sensación espantosa.

Volqué la vista hacia atrás y vi como una apurada Yamanaka esperaba que los coches la dejaran pasar para perseguirme. Su beligerancia me pareció un tanto exagerada, pero también no dudé en comprender el motivo de tal acto.

Conociéndonos desde que éramos pequeñas, habíamos pasado mucho tiempo imaginando como serían nuestras vidas una vez tocaran la etapa de la adultez, solíamos imaginar la magnitud de sucesos y acciones que desempeñaríamos juntas, y, como ambas cruzamos por el sendero del dolor al perder a familiares cercanos – yo a mamá y ella a su padre-, la unión se fortaleció aún más entre nosotras, lo cual permitió que pese a la tragedia, nos diéramos cuenta de lo preciado que era el período de existencia que nos permitían vivir aquí. Fue por ello que luego de pasar años y años bajo la misma monótona y estricta rutina, juramos cuando cumplimos los dieciocho años-como dos chamacas llevadas por el curdo momento-, que bajo ninguna circunstancias dejaríamos pasar por alto cualquier oportunidad de felicidad.

Nuestro lema: Si quieres, si tienes, si puedes y si no lastimas a nadie más que a ti misma, hazlo, sin retracción, se mantuvo fiel a nosotras como un tierno canino amaestrado y pasible. No fue problema tratar con él en el largo transcurso de cinco años.

Aunque resultaba ofensivo y casi indignante para muchos de los cuales lo conocían, nuestras intenciones nunca residieron en ser niñas malcriadas que gastaban de manera desorbitante lo poco que tenían. Solo deseábamos pasar el tiempo. Y disfrutar de lo que hacíamos, cuando sucedía. Además, no sólo aplicábamos el lema para el beneficio de la compra. Esas palabras se habían convertido en nuestra más preciada esencia personal. Estaba arraigada a nuestro día a día, a nuestra vida, a toda nuestra existencia en general. Vivíamos con ello y para ello, no sólo para aplicarla en una actividad que nos encantaba.

Por años, fue el incentivo que necesitábamos cada vez que se presentaban viajes, cursos, eventos, hombres, fiestas… cualquier cosa que presentara una oportunidad para nosotras; no dejábamos pasar nada.

Era divertido y desestresante.

Bueno, por lo menos así se presentaba cuando no había responsabilidades pos-diversión/aventura.

Y las deudas. Eran una de ellas.

De allí radicaba el problema.

Las compras solo se volvieron una artimaña y un escape de la aburrida realidad en la que vivíamos, y sí, no había decoro al gastar porque sabíamos que tras un simple depósito quincenal, estaríamos bien. Pero el hecho era que se había arraigado de tal manera, que ahora se volvía casi imposible de evitar. Y nos estaba hundiendo – o por lo menos a mí – en un agujero de deudas sin pagar.

Cuando Ino estaba a solo pasos de mí, logré abrir con dificultad la puerta de mi preciado celica 2000 y me subí de un golpe.

Coloqué las compras en la parte trasera tratando de no tirar nada y me volví sólo para ver a mi rubia amiga parada frente al vehículo, con la respiración agitada, con una mano en la cadera, la mirada un tanto fruncida y centrada en mí, y con la otra mano alzada en dirección a WalterLing.

Esta vez, me costaría más denegar su oferta.

Maldito burro persistente.

Bajé la ventanilla de mi lado y dejé que una ráfaga de aire golpeara mi cabello y llenara de frescura el ambiente del vehículo antes de dirigir mi atención hacia ella.

- Ino, ya te lo dije, no puedo comprarlo, ¿sabes lo que me hará Shikaku cuando reciba el mensaje del costo de esa prenda?, hará picadillo de Hinata y lo comerá junto con mi padre, eso pasará - saboreé mis labios y cerré los ojos por segundos antes de volver a mirarla. Su gesto no cambió en ningún momento - Por favor, sube para que pueda arrancar e ir a casa - le rogué sacando la cabeza por la ventanilla.

El sol perdiendo brillo y dando pigmentación naranja al cielo, tocaba cada punta de los altos edificios de la zona y se despedía de su día agotador, yo quería hacer lo mismo. El cabello lacio de Ino brillaba contrastando con él, al igual que sus ojos.

Su rostro se mantuvo impasible, como siempre.

Se acercó hasta que estuvo a mi lado, junto a la puerta del conductor, e inclinó su torso hacia adelante con el fin de poder quedar a la altura de mi cara. Por el momento, le dio la grata panorámica de su redondeado trasero a la acera de WalterLing, y a todos los peatones que pasaban por el lugar.

La miré.

¿Cómo se supone que saldríamos de esto si ella no colaboraba y yo seguía dejándola hablar?

Rogué al Shikaku envuelto en la ridícula túnica y con el halo en la cabeza, que me diera fuerzas para continuar. Lo idealicé, pero más allá de volver a parecerme tonto, no hubo cambio relevante en su expresión, no me ayudó.

Lo sabía, estaba atorada en medio de dos toros rabiosos tirando cada quien a su lado. Yo era el desquiciado pañuelo rojo.

- Hinata- susurró y yo inhalé, viendo llegar el momento de reflexión catedrática que siempre me daba cuando nuestras respuestas no coincidían - ¿crees que soy idiota? - y allí vamos - vi como lo observabas, parecías un pequeño cachorrito pidiendo leche. Te verás preciosa en él, y no pienso dejar que tu culo cobarde salga de la zona sin que ese vestido te acompañe ¿entiendes?- hubo un silencio incómodo en donde trató de detallarme a ver si se me ocurría algo que decir, pero decidí callar.

Metería más la espinita en mi costado si intentaba contradecirla.

Un bullicioso suspiro brotó de su boca en plan: Dame paciencia señor, antes de volver a dirigirme la palabra.

- Vamos Hinata por favor, no te hagas el hueso más sexy y rudo de roer, sé que lo quieres tanto como yo quería aquel perfume Channel que me querían ganar en la subasta aquella navidad, ¿lo recuerdas? - tras un silencio incómodo asentí con una mueca al recuperar la vasta memoria de esa casi cómica escena. Dos rubias en la misma tienda y ofreciendo dinero por el mismo frasco de perfume, es algo que no se ve todos los días - ¿y quién insistió en ese momento para que peleara con esa perra que insistía en quitármelo y pudiera llevarlo a casa conmigo?

Despegué la vista de su cara y la fijé de nuevo frente al parabrisas.

Esto no era justo.

La prueba real había comenzado.

- yo... - contesté distraída mientras notaba como una señora de falda larga y chaqueta ajustada posicionada a unos cuantos metros del vehículo, peleaba por sostener la correa de un gran perro marrón.

- así es, fuiste tú. Y ¿sabes qué pasó? - no contesté a su retórica pregunta - le gané a la desgraciada, me di un magnífico autoregalo de Santa, y desde ese momento, amé el perfume hasta que dio sus últimas gotas de vida...

Su comentario me hizo tirar de las comisuras de mis labios hacia arriba en una clara y precisa sonrisa. Era extraño, pero entendí hacia donde quería llegar.

Le devolví la mirada sintiendo como en mi interior se rompía el vínculo que había creado con mi Yo racional, vi como éste era opacado por la osadía y perdía el puesto del trono ante su impotencia.

Esto era lo que temía.

Adiós a la conducta adulta y responsable, así de fácil.

- y ahora tratarás de que yo haga lo mismo con la tela del vestido ¿no es así? - dije al tratar de adivinar la conjetura del asunto.

Su cabeza se sacudió en acuerdo con mis palabras. Alzó el brazo unos cuantos centímetros e imitó la pose de un militar saludando.

Me dio la razón.

- hasta que el último hilo se salga de la costura amiga - prometió.

- Shikaku me matará - no dudé en advertirle con cierto nerviosismo en la voz pero sin quitar la sonrisa de mi semblante.

La respuesta que obtuve fue el resplandecer de unos dientes rectos, pequeños y blancos, su guiño estuvo lleno de picardía y complicidad.

- pero serás el cadáver más sensual del cementerio, y lo disfrutarás.

Me reí ante su rápida y descabellada respuesta y sacudí la cabeza tratando de ordenar mis revueltas deliberaciones.

- sabes que estás completamente desquiciada ¿verdad?

Volvió a reír al tiempo que se enderezaba y palmeaba su trasero con un sonoro y adusto sonido gracias a la tela gruesa de su jean.

- como una maldita cabra, nena.

Y al concluir con sus palabras, di por perdido mi reconstruido muro de confianza y determinación. Lo vi desplomarse a mis pies sin ningún ápice de intranquilidad o miedo.

Una sonrisa apareció en mis labios como consecuencia a la emoción de la futura compra.

Presionando mute a mis pensamientos cuerdos, salí del coche.

Ino me recibió gustosa con una sonrisa y un brazo levantado. Me enganché a ella apenas lo noté.

- no te arrepentirás, ya verás - y no creyendo del todo en sus palabras pero desplazando el raciocinio hacia un hueco oculto y trágico de mi cerebro, me encaminé colgada de su brazo de nuevo a la cueva del lobo.

A veces… esta caperucita podía ser realmente una completa masoquista estúpida.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

- Por otro lado. Dentro de un lujoso restaurante -

-...la verdad es que me sorprendió mucho tu pronta y apresurada respuesta, abuelo, sueles ser flojo a la hora de salir de la oficina. Dime, ¿por qué te has tomado tanta molestia por mi regreso?

Hiashi se recostó del espaldar de la silla y miró a su acompañante con una sonrisa en el rostro. Aunque sus edades se alejaban por casi tres décadas, la amistad que bullía entre ambos era genuina, divertida y sobretodo acoplada. Y eso, les permitía comportarse como dos compadres en juerga, (la mayor parte del tiempo).

El castaño cabeceó. No le había dado a conocer el verdadero motivo de su cita en el lugar y no lo haría, por ahora. Lo último que quería era espantarlo antes de que Shikaku llegara al restaurante.

- ¡Oh vamos Naruto!, cualquiera que te escuchase pensaría que soy un hijo de perra sin la iniciativa de querer cooperar con los buenos amigos.

- la mayor parte del tiempo es así, pero es lo que me agrada de pasar tiempo contigo.

- si, nada de excentricidades ¿verdad?

Naruto sonrió con suavidad.

- exacto. Entonces sé sincero, ¿qué es lo que está pasando?- colocando los codos en la mesa dirigió esa mirada cargada de brillo en dirección al nervioso y serio hombre de traje puesto frente a él.

Hiashi desvió la mirada hacia la entrada una vez más y soltó un suspiro tratando de relajarse. Para él esta era la parte más difícil, y tenía miedo en pensar en la negativa que el Uzumaki -totalmente justificado- pudiera darle.

No era un plan brillante, pero sí el más factible y hasta ese momento la mejor solución. ¿Cómo juzgarlo cuando sólo pensaba en el bienestar de Hinata?

Tenía que hacer todo bien. De allí radicaba su nerviosismo agudo.

Volvió la mirada hacia el rubio de cabellera larga y rasgos fuertes, no comunes, marcados y atrayentes, que se encontraba recostado en la silla frente a él esperando una respuesta, e hizo una mueca.

- Naruto yo quiero…

El aludido, notando el extraño comportamiento de su querido y más que apreciado amigo, no evitó pensar que la cosa era seria, y por ello quiso ayudar al anciano.

Apenas una sonrisa se percibió de esos bien proporcionados y llamativos labios.

- Vamos Hiashi ¿Qué?, ¿me darás un anillo de compromiso?, porque creo esas canas me obligarán a declinar tu oferta - agregó con fingida frivolidad y toque humorístico haciendo reír de inmediato al castaño.

- había olvidado lo idiota que eras - comentó entre risas.

- un idiota al que aprecias.

- sí, pero un idiota al fin y al cabo ¿no?

Por varios minutos mantuvieron una charla despreocupada y el objetivo de Naruto se dio. No insistió más en el tema y el mayor de los Hyuga pareció relajarse un poco más.

Negocios, negocios, y más negocios. Hiashi se mantuvo alejado del tema por el cual lo citó allí y perseveró en destacar cosas como lo bien que iba en la compañía, cosas de su padre y el negocio, y de las diversas transacciones que había logrado realizar en esos meses precedentes a su ausencia. También se dignó a preguntarle sobre su papel en Europa, a lo cual el Uzumaki con tono pausado le relató encantado.

Ya era alguien reconocido en varios países aun con sus veintiocho años de edad, y su atractivo unido a esa personalidad misteriosa y al mismo tiempo sensual, le había conseguido muchos seguidores. Algo que continuamente le hacía distraerse por completo. Al cabo de un período de casi dos años, lo habían solicitado en casi ya treinta campañas que requerían su imagen, diez comerciales de alguna marca, y cinco revistas reconocidas que pedían a gritos su nombre.

Era un chico serio, amable, centrado y profesional, y por ello tenía una buena imagen labrada tanto en los medios como en su carrera. El atractivo era un toque extra. Por ello era tan especial. Y Hiashi lo sabía. Y aunque no esperaba que Hinata estuviese junto a un famoso modelo, si la idealizaba con un hombre corporativo y empresario como él, que fuese agradable, centrado, gracioso y bueno tanto a la hora de hacer un buen negocio, como a la hora de ser alguien en quien se puede confiar, un amigo invaluable.

Era por esa razón, que lo escogía. Naruto era el hombre ideal para cualquier chica, y él esperaba, que también lo fuese para su querida y a veces malcriada, Hinata.

Decírselo al Uzumaki y convencerlo de aceptar el trato representaba un reto, pero que Hinata lo aceptara, era uno mayor. No podía asegurar nada. Hasta ese momento todo estaba en completa duda. Sólo podía encomendarse a Dios, y esperar que pasara lo mejor para su familia.

- ¿esperas a alguien más? - preguntó Naruto tras haberlo visto voltear hacia la entrada del restaurante por quinta vez consecutiva.

Hiashi lo miró y asintió.

- he invitado a Shikaku, espero no te incomode - se sinceró.

- para nada, pero, ¿por qué?, creí que este era un almuerzo ordinario para hablar de lo ocurrido en mi ausencia y ponernos al día el uno con el otro.

- lo sé, y por eso lo siento, pero era necesario que Shikaku viniera, hay algo que debo consultarle y…

- y aprovechaste el momento, si, lo entiendo viejo, no hay problema.

Luego de algunos minutos, el mesero llegó con su pedido y ambos comenzaron a comer mientras seguían con la conversación. Cuando les faltaba poco para culminar, la figura de Shikaku apareció frente a ellos y Hiashi se levantó de inmediato para recibirlo.

- me alegra que hayas venido - fue lo primero que dijo al tiempo que sostenía su mano en señal de saludo y palmeaba su espalda.

- disculpa el retraso, tuve que encargarme de algo antes. ¿Puedo? - señaló la silla libre y Hiashi no dudó en darle espacio.

- por supuesto. Te esperábamos - esperó que Shikaku se acomodara para luego comenzar con las presentaciones - imagino que debes de recordar a Naruto.

El aludido limpió su boca y pasó una mano por encima de la mesa para saludar al azabache.

- claro que sí, el hijo de Minato y Kushina Uzumaki ¿verdad? - comentó con una sonrisa amigable mientras correspondía su saludo.

- para mi buena fortuna - declaró el rubio con amabilidad.

Todos sonrieron.

- hace mucho tiempo que no te veía. ¿Problemas personales?

Naruto bebió un poco de agua y negó.

- algo más simple que eso, negocios en el exterior - explicó.

Las cejas de Shikaku se alzaron y se mostró interesado.

- ¿Ah sí? ¿y cómo ha ido eso?

- mejor de lo que podía asegurar - Shikaku le solicitó su pedido al camarero y cuando éste partió volvió su atención al rubio.

- es bueno escucharlo, hijo. No es fácil abrir camino en el extranjero. Y dime, ¿cómo está la familia?

- Mis padres están bien, viviendo el día a día, cumpliendo con las exigencias de la empresa y lidiando con mi hermana pequeña.

- no debe de ser fácil ¿eh?

Naruto rio antes de relajarse en el asiento.

- la empresa, un poco. El asunto de Yuki, no tanto. ¿Qué se puede decir?, la adolescencia es una etapa difícil.

El castaño a su lado soltó un soplido lleno de burla.

- ni que lo digas. Tuve que lidiar con muchas cosas cuando Hinata cursaba preparatoria. En éstos días agradezco mucho que ya hayan pasado años. No quisiera tener que volver a ello nunca más - el humor de Hiashi se hizo evidente en su comentario.

Apartó su plato vacío y lo juntó con el de Naruto. El mesero no tardó en retirar ambos.

- ¿Hinata? - Naruto posó los codos sobre la mesa y miró a Hiashi con las manos entrelazadas.

El castaño lo miró y asintió.

- mi hija. Nunca he tenido la oportunidad de presentarlos.

Hubo un pequeño silencio que luego de algunos segundos la voz de Naruto llenó.

- entonces espero poder tener el privilegio de conocerla este año.

Hiashi sonrió y en su cabeza, se mostró divertido.

- Oh, hijo, por supuesto que lo harás.

Pasaron minutos en donde la conversación normal y rutinaria entre tres conocidos siguió su camino. Hiashi esperaba el momento apropiado para soltar la bomba informativa, y decidió que seria apropiado esperar a que Shikaku terminara de comer. Pero cuando éste dejó limpio el plato y el mesero vino a retirarlo, sintió que el tiempo se le había acortado demasiado rápido.

Un nudo inmediato se posicionó a la mitad de su tráquea y delimitó sus palabras. El silencio repentino del castaño, llamó la atención de sus dos acompañantes.

- oye, viejo, ¿te sientes bien? - Naruto se acercó y le colocó una mano en la espalda - estás pálido, ¿quieres que pida un poco más de agua?

Hiashi tenía puesta la vista en el blanco mantel que adornaba la mesa y lo veía como si éste tuviese la respuesta a todas sus interrogantes. Cuando escuchó la voz preocupada del rubio por encima de sus propios pensamientos, fue capaz de levantar la vista con lentitud.

Un par de ojos celestes, lo recibieron en compañía de un fruncido gesto.

- Hiashi, ¿pasa algo? - preguntó Shikaku.

De nuevo silencio. Cuando el azabache se levantó para pedirle ayuda a uno de los camareros que pasaba cerca, el castaño lo tomó por el antebrazo y lo detuvo.

- necesito... necesito decirles algo importante. Por favor.

Shikaku lo miró y la preocupación siguió situada en su pecho.

Por la petición del castaño, tomó asiento a su lado de nuevo.

- es la razón del por qué nos encontramos aquí ¿no es cierto? - Naruto probó suerte. Sospechaba que algo raro estaba pasando desde que llegó al restaurante. No era propio de Hiashi comportarse así.

El anciano soltó el brazo de su compadre y asintió. Respiró un poco y tras soltar el aire, agregó:

- estoy muriendo - soltó en un susurro audible lleno de seriedad mientras veía a la nada que yacía frente a él.

Naruto apretó la mano que estaba sujeta en su espalda y lo miró aún más fruncido.

- ¿pero de que coño estás hablando? - solicitó saber al tiempo que trataba de no alterarse - ¿intentas jodernos?

Hiashi negó y los miró a ambos.

Shikaku estaba totalmente quieto.

- recibí los resultados hace algunos días. Tengo un tumor cerebral. Necesito entrar en tratamiento y operarme en unos meses, pero aún así tengo altas probabilidades de morir. La enfermedad avanza rápido y no tengo muchas opciones. Me quedan pocos meses de vida.

Y con esas palabras todos guardaron silencio.

Ya la primera parte de la crítica situación, les había sido revelada.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Bueno, eso es todo por ahora :)

Espero les haya agradado este segundo capítulo y como siempre les invito a dejar plasmado un review para hacerme llegar cualquier inquietud, crítica (constructiva) y opiniones en general.

Espero sigan disfrutando su día.

Nos leemos pronto.

DLB :)