Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Amaya Evans, Demasiado Tarde, siendo este el tercer libro de la saga amores Imposibles. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que se robó mi corazón desde que la descubrí.
Advertencia: Sé perfectamente que Mirai es una chica, pero creí que no había nadie para hacer el papel de hijo de Kurenai, por lo que es ella, pero en hombre.
CAPÍTULO 2
Hinata se maravillaba cada vez que iba a Tokio y veía la cantidad de cosas que había que hacer. Era una ciudad de mucho ambiente y en constante movimiento incluso en invierno. Esa mañana había descansado hasta tarde y luego desayunó con su tía donde hablaron mucho más y trataron de ponerse al día.
Luego salieron porque a pesar de que ella no quería su tía insistió en que fueran a su modista para mandar a hacer ropa más adecuada para el invierno en la ciudad, pues la moda era algo distinta cuando se vivía en el campo que cuando se paseaba por las calles de Tokio. Además, también le dijo que si no tenía ropa ideal para las celebraciones de navidad y año nuevo era mejor que las hiciera porque daría una cena para cada uno de esos días. A Hinata le encantó la idea, primero porque hacía mucho tiempo que no se daba esos gustos y segundo porque podría conocer personas que estuvieran interesadas en Konoha Manor. Gracias a Dios todo iba muy bien con el centro de comportamiento y cada día era más y más conocido.
Estuvieron recorriendo calles llenas de gente en Bond Street y al llegar a la modista vio cosas tan hermosas que quiso comprarlas todas, pero trato de medirse.
Después fueron a la tienda de Fortnum & Mason, donde compraron complementos para ambas; tocados, sombreros y algunas peinetas, así como guantes y manguitos para el frío. Caminaban entre un mar de gente que estaba viendo vitrinas o que estaba siendo atendida por alguna de las 200 dependientas que trabajaban allí.
Todas y cada una de las jóvenes, se esmeraba por servir de la mejor manera y hacer que sus clientes les compraran varios productos. Pudo ver en exhibición sedas, pieles y cachemires, así como chales, mantos y encajes bordados que eran una preciosidad. Después de estar un buen rato allí, salieron para sentarse un rato en una pequeña casa de té donde podrían hacer un alto en sus compras y observar las calles llenas de carruajes y familias de aristócratas comprando artículos para damas y caballeros, así como juguetes para sus hijos.
—¿No este un lugar agradable? —preguntó su tía mientras comía un pastelillo.
—Es muy bonito, y la comida es deliciosa.
—Temía un poco entrar porque me han dicho que algunos salones de té tienen un solo espacio para damas y caballeros y ya sabes que ese tipo de cosas se presta para habladurías y malos entendidos. Yo siempre prefiero que las mujeres tengamos nuestro propio salón y los hombres el de ellos.
—Pero aquí es muy agradable, este salón para solo damas es precioso, desde que entré no he dejado de observar cada detalle, las paredes con su papel de flores, la temática de las mesas en color rosa y manteles estampados con diseños primaverales, y ni hablar de la hermosa vajilla. Es muy elegante y delicado. La última vez que entré a una casa de té quedaba en la misma calle que un bar y al final tuvieron que trasladarse porque eran muy pocas damas las que iban a allí debido a la cercanía de ese establecimiento.
—Es una pena que no nos tengan en cuenta muchas veces. Todavía se impone el pensamiento de que las damas no pueden estar en sitios distintos a su casa para tomar el té entre amigas.
Las dos se quedaron allí hablando largo rato hasta que se sintieron con ánimos nuevamente de regresar a las pocas compras que les faltaban. De repente ambas vieron a una figura imponente que seguida de dos muchachos entrando al establecimiento.
—¿No es ese el doctor Namikaze? —le preguntó su tía. —Él es—dijo sonriendo—pero que increíble casualidad, ¿no, Hina?
Ambas miraron al hombre que buscaba algo en especial y le señalaba al tendero un caballete. Hinata estaba tan distraída que no vio el nombre del local hasta que se percató de que era una tienda de pinturas y el muchacho más joven miraba el caballete con ilusión. El doctor pareció pensarlo y lo descartó para tomar uno mucho más fuerte y le preguntó algo al muchacho, que enseguida asintió vehemente con la cabeza mostrando una enorme sonrisa. Ella no pudo dejar de ver la imagen con su tía y fue así como las tomó infraganti el doctor, que en ese momento dirigió la mirada hacia la vitrina y vio a las dos mujeres allí de pie.
Hinata bajó la mirada sintiéndose como una fisgona y al parecer su tía pensaba lo mismo porque la vio sonrojarse cuando pensó que eso no podía pasarle a una mujer de su edad. El doctor en ese momento las saludo con la mano y sonrió.
Enseguida les dijo algo a sus hijos y salió de la tienda para ir a su encuentro.
—Lady Sarutobi, señorita Hyuga, que sorpresa encontrarlas por aquí.
—Para nosotras también lo fue, doctor. No esperábamos encontrarlo haciendo compras. Son esos sus hijos ¿verdad?
—Sí, ellos son—los llamó a través de la ventana, donde ambos miraban detenidamente.
—Estos son mis hijos, Naoto y Naoru—Hinata no se perdió el orgullo en su voz—Jóvenes, les presento a la vizcondesa viuda de Sarutobi y a su hermosa sobrina, la señorita Hinata Hyuga.
Los dos muchachos hicieron una pequeña inclinación y besaron las manos de las damas.
—Que muchachos tan apuestos y educados. Está muy orgulloso, me imagino.
—Lo estoy, lady Sarutobi. Estábamos precisamente comprando algo para Naoru que tiene inclinación por la pintura como le comenté hace unos días—dijo mirando a Hinata, que no pudo evitar sentir satisfacción al ver que le había hecho caso a su consejo.
—¿Y estás feliz por ese caballete, Naoru? —le pregunto al muchacho que sonrió de oreja a oreja—sí, señorita, es lo que quería hace mucho tiempo.
—¿Usted también pinta, señorita?
—Me encanta, aunque no me queda mucho tiempo para hacerlo. Cuando quieras podemos hablar de algunos consejos que puedo darte y tú me podrás dar algunos tuyos ¿te parece?
El chico la miró como si fuera el mesías—me encantaría, muchas gracias.
—Bueno, creo que ya es hora de seguir nuestro camino, todavía nos quedan algunas compras por hacer, y después nos iremos a casa.
—Por supuesto, no deseamos retenerlas más tiempo. Fue un placer encontrarlas por aquí. Sí me lo permiten, iré a visitarlas muy pronto.
—Es más que bienvenido, doctor—dijo Kurenai.
—Muchas gracias. Lady Sarutobi, señorita Hyuga—hizo una inclinación y se despidió de ellas.
. . . . . .
Ya tenían una hora de haber llegado de sus compras y en ese momento, Moegi estaba junto a la doncella de su tía que la atendía ayudando a quitarle la ropa y poniéndola cómoda para una siesta, antes de la cena. Esa noche su tía había preparado una cena tardía con algunos amigos y su hijo también asistiría con su esposa.
Moegi observaba con cuidado todo lo que Haori, la doncella de Lady Sarutobi hacía porque quería aprender a ser la mejor doncella. Casi ni se inmutaba mientras lo hacía y eso causó una sonrisa en el rostro de Hinata.
—Señorita ¿Desea que le retire las horquillas del cabello? —preguntó Haori.
—Sí, Haori, por favor. Sí quiero descansar bien, lo mejor será retirarlas y dentro de un rato volveré a recogerme el cabello. La doncella comenzó a retirar las horquillas y suavemente hacía un pequeño masaje en el lugar donde antes había estado tenso el cabello. Sus dedos trabajaban en pequeñísimos movimientos circulares que ayudaban a que la circulación volviera. Después de eso, se excusó y salió de la recámara.
—Señorita ¿está muy cansada?
—Un poco, Moegi. Hemos recorridos las calles comprando muchas cosas.
—Pero tiene vestidos que incluso no se ha estrenado desde que los mandó hacer.
—Lo sé, pero mi tía me ha dicho que desea presentarme algunas amistades y entre estas tal vez pueda encontrar personas que en un futuro necesiten mis servicios. Es por eso que no puedo estar mal vestida o causar una mala impresión.
—Estoy segura de que se verá preciosa con todos esos vestidos hermosos que ha comprado. ¿Los traerán pronto?
—La modista nos ha dicho que mañana nos traerán dos y el resto, en una semana.
—Eso es rápido.
—Gracias a Dios por los adelantos modernos. Antes demoraba mucho más tener vestidos a tiempo—se levantó de la silla y se fue a la cama—creo que no necesito nada más por ahora, Moegi.
—Volveré en una hora para ayudarla a vestirse.
—Gracias Moegi —Hinata fue cerrando sus ojos y cayó casi inmediatamente en un sueño profundo.
El miércoles en la tarde todo estaba relativamente tranquilo. Hinata estaba leyendo en el estudio cuando le llegó una nota del doctor Namikaze, donde le pedía que se vieran esa tarde y ella por educación tuvo que aceptar, aunque no tenía el más mínimo deseo de hacer que el pensara que podía haber algo entre ellos.
Sabía que esa visita era el comienzo de algo que ella no quería pero egoístamente se imaginó que él podría ayudarla a olvidar. Últimamente solo pensaba en él y como si no fuera suficiente, también tenía sueños recurrentes donde hacían el amor. Sí seguía así se volvería loca.
Una hora después, el doctor Namikaze estaba en casa de su tía, y les hacía una vista.
—Qué bueno verlo de nuevo, doctor. ¿Cómo están sus hijos?
—Están muy bien, lady Sarutobi. ¿Y usted como se encuentra?
—Muy bien, si lo que quiere saber es si no he sentido algún tipo de dolencia, puede estar tranquilo. Me siento como una jovencita.
—Me alegra escucharlo—le dijo mientras miraba a Hinata que estaba muy callada —. Señorita Hyuga hace unos días me presentaron a una joven que la conoce y me habló maravillas de usted.
—¿De quién se trata?
—Es la condesa Tsuki.
—Oh por supuesto—su rostro se iluminó—una joven encantadora.
—Lo es. Y cuando se ha enterado de que la conocía, me ha dicho que por favor le diera sus saludos y me pidió que le dijera el lugar donde se estaba hospedando para enviarle una nota. Quiere verse con usted aprovechando su estadía en Tokio.
—Me encantaría volver a verla.
—Me tome el atrevimiento de comentar que estaba usted hospedándose en casa de lady Sarutobi.
—Muchas gracias, doctor. Hizo usted bien.
—He visto que dan una obra navideña muy interesante en el teatro y aparece tener muy buenos comentarios.
—Hace mucho que no voy al teatro, no estoy muy enterada de las obras. Creo que ni siquiera sabía que en esta época estrenaban alguna. Le comentaba a mi tía hace unos días que me sorprende ver lo llena de gente que está Tokio en esta época, yo me imagine que estaría desierta.
—Indiscutiblemente, los tiempos cambian y la gente ahora tiene más cosas que hacer aquí, hay más eventos y ahora todos preferimos una navidad más entretenida que una tranquila en el campo. De hecho, si me lo permite, me gustaría invitarla al teatro.
Hinata miró a su tía que casualmente estaba absorta en su taza de té.
—No lo sé...
—Por favor, señorita Hyuga. De verdad sería un honor para mí.
—Doctor, me lo dice de una forma que sería terrible si no aceptara.
—¿Entonces está de acuerdo en que vayamos mañana en la noche?
—Está bien, pero temo no ser la mejor compañía—respondió pensando que esperaba no arrepentirse.
—Créame cuando le digo, que usted es una extraordinaria compañía.
Y así nada más, las visitas y las frecuentes invitaciones a salir comenzaron.
Hinata no podía decir que Menma fuera un hombre aburrido, porque indiscutiblemente no lo era. Y trató en todo momento de sacare el cuerpo a los avances del doctor. Lo atendía amablemente en presencia de su tía, aunque en ningún momento le dio alas para que pensara otra cosa. Sin embargo pasaban momentos agradables y ella se distraía pero en muchas de sus conversaciones, ella sentía que en lugar de hablar abiertamente sobre lo que le gustaba con otra persona que la entendía, estaba todo el tiempo compitiendo y tratando de defender su punto de vista.
. . . . . .
Faltaban ya dos días para Navidad y ese día, Menma le había dicho que debía ir a casa de los abuelos de sus hijos por parte de madre, que los esperaban para cada víspera de navidad. Ella no le vio problema al asunto porque entendía que los padres de la difunta esposa de Menma quisieron tener un poco de su hija en esas fechas y la mejor forma era pasar ese tiempo con sus nietos. Además, ella no se sentía en la obligación de decir nada al respecto pues ellos no tenían una relación formal, hasta el momento solo eran una pareja de amigos que se frecuentaba de vez en cuando, aunque las lenguas de la sociedad ya estaban emparejándolos.
Para ser sincera con ella misma, le pareció algo bueno porque ella deseaba alejarse un poco y en estas fechas no deseaba estar con nadie que no fuera su familia. No obstante, la vida no era como la gente deseaba que fuera y el destino siempre hacía jugadas inesperadas. Y pronto se daría cuenta de ello.
. . . . . .
La noche llegó y Hinata se sentía agotada, ese día habían estado arreglando todo para la cena de navidad que pensaba hacer su tía y entre arreglar vestidos, medirse los nuevos, probar peinados con Moegi que se moría de ganas por enseñarle todo lo que había aprendido, el día se fue y ella quedó exhausta.
—Señorita, este último peinado es el que más me ha gustado. Se ve usted tan elegante y hermosa.
—Moegi, siempre me ves hermosa.
Ella se tapó la boca sonriendo—Ay señorita, se lo digo porque es una mujer hermosa, pero puede que también lo haga porque la quiero mucho.
Hinata también se echó a reír—lo sé. Pero yo a pesar de que también te quiero, te diré mi opinión sincera sobre tus peinados.
La chica perdió la sonrisa—¿No le gustaron? —preguntó temerosa.
Hinata muy sería la miró un largo rato—Debo decirte que...
Moegi estaba a punto de llorar, se veía que no lo había hecho bien y sintió vergüenza de que su señora se diera cuenta de que todavía no era muy experta.
—¡Me han encantado! —dijo riendo.
—Señorita, me ha dado un susto de muerte. Creí que no le habían gustado.
—Por supuesto que me han gustado, son hermosos cada uno de los que me has hecho. Sí sigues así muy pronto serás una de las doncellas para nuestras invitadas en Konoha Manor.
—Gracias, señorita—dijo emocionada.
—Has mejorado mucho, estoy sorprendida de todo lo que has aprendido.
—Gracias. Ahora déjeme quitarle las horquillas y ayudarla a ponerse cómoda para dormir. Mientras comenzaba a desarmar el peinado, no pudo evitar tocar el tema del doctor que siempre iba a visitar a Hinata.
—¿El doctor vendrá mañana a visitarla?
—No lo creo. Partió hoy a casa de sus suegros en Lancastershire.
—Señorita, yo sé que no es de mi incumbencia, pero veo que el doctor la mira de una manera tan bonita y siempre es tan atento con usted, además de apuesto. Creo que si le diera una oportunidad...
—No, Moegi. Yo no puedo interesarme en él, aunque sea un hombre tan apuesto como dices. Mi vida ha sido perfecta hasta ahora sin ningún hombre en mi vida y así quiero seguir.
—Pero señorita... disculpe que insista. Usted es una mujer hermosa y si usted se casara con el hombre correcto seguro que él la haría muy feliz.
Ella se quedó pensativa y la primera imagen que vino a su mente fue la de ella con Sasuke cuando eran felices y ella pensaba que sería el hombre correcto.
—¿Está bien?
Hinata la miró —si, por supuesto que estoy bien.
—Es que su rostro estaba tan triste de repente que pensé que había dicho algo malo.
—No es nada, solo estoy algo preocupada por cómo estará todo en Konoha Manor—cambió el tema ¿Por qué no me ayudas con algunos vestidos que tienen descosido el ruedo?
—Sí señorita—la chica tomó los vestidos y se dirigió a la puerta—no se preocupe, pronto tendrá noticas de Konoha Manor. Que tenga buena noche.
—Gracias, Moegi. Que descanses.
. . . . . .
El olor a café y el ruido de las cortinas siendo corridas de un tirón fue lo que despertó a Hinata de su sueño profundo.
—Buenos días—dijo Moegi con voz cantarina.
—Buenos días—respondió ella todavía con los ojos cerrados.
—Le he traído café bien caliente y cuando quiera la ayudaré a vestirse.
Recuerde que lady Sarutobi la espera para desayunar.
—Hinata se levantó un poco y acomodó las almohadas detrás de su espalda—He dormido tanto y todavía tengo sueño.
—Es por la manzanilla. Eso siempre la relaja.
—¿Que haría sin ti, Moegi? —le preguntó sonriendo.
—Yo creo que mucho. Usted es la mujer más capaz que he conocido. ¿Qué vestido se pondrá para la mañana?
—No lo sé, creo que el azul cielo.
—¡Oh! A propósito, le ha llegado un ramo de flores.
Hinata se incorporó mejor— ¿Para mí? ¿Quién las ha enviado?
—Aquí traigo la nota—se la entregó.
Hinata la leyó, pero solo decía de un viejo amigo, aunque esa letra la conocía muy bien. Era Sasuke y ya sabía dónde estaba.
Kurenai estaba tomando su desayuno tranquilamente cuando escuchó los pasos rápidos de su sobrina. La vio llegar agitada—tía, no sabes lo que ha pasado.
—Buenos días, querida. ¿Cómo dormiste?
—Bien, tía. Disculpa mis modales—le dijo apenada, pero se encontraba realmente desesperada.
—No te disculpes. Sé lo que el ímpetu de la juventud puede hacernos a las mujeres.
—Tía, esto es terrible. Me ha llegado un ramo de flores.
—Sí, lo sé. Lo he visto en la sala.
—La tarjeta que ha venido tiene la letra de él.
—Oh cariño, creo que exageras. No todo lo que llegue a la casa tiene que ser de él.
—Tía conozco bien su letra, y la tarjeta dice que es de un viejo amigo. No tengo ningún viejo amigo que pueda enviarme flores aquí.
—Hinata, escúchame—la tomó de la mano—siéntate primero, come algo que no es bueno tener este tipo de impresiones a esta hora de la mañana y con el estómago vacío.
—Estas impresiones no son buenas a ninguna hora—le dijo ella al borde de un ataque de nervios.
—Hija, no puedes estar todo el tiempo nerviosa porque él se entere de tu paradero. No tienes por qué esconderte de nadie y debes dar la cara. En algún momento tendrás que hablar con él.
—Lo sé, pero no es fácil asimilarlo.
—Come algo ahora—los sirvientes comenzaron a poner en su plato todo tipo de cosas mientras miraba la comida con muy poco apetito. El saber que Sasuke podría llegar en cualquier momento tenía su garganta tan cerrada que se sentía incapaz de pasar cualquier cosa.
Más tarde un poco más calmada, Hinata fue con su tía al jardín y allí comenzaron a hablar de los preparativos para la cena de navidad.
—¿Crees que sea buena idea invitar al conde de Tsuki, y a su esposa?
—Creo que si invitas al barón Michiru, es mejor que a ellos no los invites o tendrás un gran problema. Ya sabes que el conde y el barón no se soportan y sus esposas tampoco se pueden ver.
—Pero soy muy amiga de Amaru y Amayo.
—Lo sé, tía, pero nunca las invitas a tu casa al tiempo. Siempre que las tres se ven, es porque coinciden en la casa de otra persona que las ha invitado y me has dicho que siempre el ambiente se torna tenso y aburrido porque no dejan de mirarse mal y lanzarse indirectas.
—Es verdad, pero si no invito a los condes pensaran que es un desaire y sino invitos a los barones pasarán lo mismo.
El mayordomo llegó en ese momento con una tarjeta que le entregó a Kurenai. Ella la leyó y miró a Hinata—querida, tenemos visita.
Ella en el fondo de su corazón, ya sabía de quien se trataba.
—No puede ser.
—Lo es, y no podemos dejarlo afuera.
—Por favor Ebisu, dile que entre y tráelo hasta aquí.
—Pero tía...
—No vamos a hacerle el desaire de no hacerlo entrar, Hinata. Eres mi sobrina y te quiero, pero no dirán que la vizcondesa viuda de Sarutobi es una mal educada. Eso sí que no—dijo molesta.
—Lo siento tía, sé que esta es tu casa pero yo me rehusó a ver a ese hombre así que subiré a mi habitación y cuando se haya ido bajaré de nuevo—dicho esto se levantó de su silla y se dirigió a la puerta cuando casi choca con Sasuke.
Los dos se quedaron sorprendidos. Ella en brazos de él que la miraba sonriente—buenas tardes, Hinata—se corrigió inmediatamente—señorita Hyuga.
—Buenas tardes—se tensó inmediatamente alejándose de él.
Sasuke se dirigió entonces a la dueña de casa—lady Sarutobi, que alegría volver a verla.
—Lo mismo digo, muchacho. No has cambiado en absoluto, sigues siendo el mismo chico apuesto que alguna vez conocí.
—Usted tampoco ha cambiado un ápice, sigue estando tan hermosa como la recuerdo.
—Adulador—se rio—me da mucho gusto que hayas venido.
—Me he enterado de que la señorita Hyuga estaba aquí y no he querido dejar pasar la ocasión para venir a verla.
—Puedo imaginarlo —dijo con una sonrisa burlona e hizo sonar una pequeña campana que tenía a un lado de la mesa. Enseguida el mayordomo se hizo presente—Ebisu por favor, di que por favor nos traigan un servicio para tres—miró a Sasuke —Te quedarás a tomar el té con nosotras, imagino—fue más una orden que una pregunta.
—Por supuesto, será un placer.
—Siéntate con nosotras, por favor—le pidió señalando la silla cerca de ella.
A Hinata no le hizo mucha gracia y miró a su tía confundida y hasta herida porque se sentía traicionada por su único familiar. ¿Cómo podía ella abrirle las puertas de su casa a un hombre que le había hecho tanto daño en el pasado?
—Y... ¿cómo ha estado señorita Hyuga? Fui a visitarla a su casa y me lleve la sorpresa de que ya no estaba allí. Su mayordomo, que por cierto es un hombre muy amable, me dijo que había salido de viaje pero que no podía decirme a donde se había ido.
Ella alzó la barbilla enfrentándolo—creo que a donde vaya o deje de ir es solo de mi incumbencia, señor Uchiha.
—Una dama no debería salir sola tan lejos de su casa, aventurándose por caminos llenos de nieve, peligrosos, sin un hombre que la escolte.
—No necesito de ningún hombre en mi vida como puede ver.
—Me han dicho que te ha ido muy bien en tu carrera en la marina, Sasuke—dijo Kurenai tratando de hacer que aquellos dos se asesinaran allí delante de ella.
—Bueno, ahora soy solo un contraalmirante, pero afortunadamente me va muy bien.
—¿Solo un contraalmirante? —se echó a reír—no seas modesto, querido. Es un excelente cargo.
—¿Y piensa quedarse mucho tiempo en Tokio? —preguntó Hinata.
—No mucho, solo el suficiente—dijo muy seguro de sí mismo.
Antes de que su sobrina diera una de sus respuestas mordaces, ella habló de nuevo —¿Te ha gustado nuestro árbol de navidad?
—Es hermoso.
Un alto árbol de Navidad cargado de adornos y pequeños cirios de cera se tambaleaba en el centro de la sala, que se divisaba desde el salón.
—Lo hice con Hinata. Nos dio trabajo pero al final logramos lo que queríamos. Siempre me ha gustado armar el árbol aunque tenga un ejército de sirvientes.
—Una obra de arte, si me lo preguntan—dijo observándola.
Kurenai no se perdía la forma en que ambos se retaban con la mirada pero cuando Hinata no estaba pendiente de él, Sasuke la observaba de manera distinta; sus ojos brillaban con anhelo y hasta tristeza. Ella supo en ese momento que esos dos todavía sentían mucho el uno por el otro y que eso no terminaría así nada más. De repente se le ocurrió una maravillosa idea.
—Sasuke, ¿Por qué no nos acompañas en la cena de navidad que haré mañana?
—Tía no creo que...
—Por supuesto, será un honor—dijo él enseguida.
—Entonces no se diga más. Te esperamos mañana.
Cuando Sasuke partió, Hinata no pudo contenerse y le reclamó a su tía.
—Con todo respeto tía, jamás me esperé de usted, eso que hizo hoy.
—¿Que hice cariño? —su rostro era la viva imagen de la ingenuidad.
—Yo esperaba que lo tratara con amabilidad, pero al tiempo con cierta indiferencia, por lo que me hizo. Pero si ese no era el caso, al menos que no lo hubiera invitado a la cena navideña. ¿Cómo cree que voy a sentirme en un día como ese con él allí, todo el tiempo mirándome, lanzándome indirectas y haciéndome la vida imposible? —las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
—No creo que eso pase, Hinata—fue hasta ella y la abrazó— Tienes que enfrentar esto, mi niña. No puedes seguir huyendo de tu pasado. Hice esto porque si hablas con él de una vez, podrás respirar tranquila y empezar a pensar claramente en tu futuro. ¿Es que no te has dado cuenta que estás como en un limbo? Por un lado tienes a un hombre bueno que te está cortejando y con el que puedes tener un futuro, pero no te decides a tener algo con él porque todavía no has dejado un hombre importante de tu pasado con el que tampoco te decides si dejarlo o darle la oportunidad que él desea que le brindes.
—Puede que tengas razón, pero no creo que una cena sea el mejor lugar para eso.
—Por supuesto que no, pero es un inicio para que limen asperezas y otro día pueden hablar—se levantó y se fue sin decir una sola palabra más, esperando que su sobrina pensara mejor las cosas.
. . . . . .
El vestido era hermoso. No podía dejar de mirarse al espejo. Era como si no fuera ella porque la imagen que veía era la de una mujer elegante y muy desinhibida, ya que el escote era bastante pronunciado para su gusto.
—Señorita ¿se siente bien con esa enagua o cambiamos por la de lana tejida?
—Creo que será mejor la de lana tejida, hace mucho frío en estos días.
—La buscaré enseguida—se puso manos a la obra—. Me he tomado la libertad de preparar algunas cosas que podrían hacerla ver todavía mucho mejor—le mostró dos pequeños frascos.
—¿Qué es?
—Es parte de mi aprendizaje—dijo orgullosa. Ahora estamos viendo la preparación del maquillaje.
—Oh no, Moegi. Sabes que no soy amante del maquillaje y si lo combino con este vestido pensaran que soy una cortesana—volvió a mirarse al espejo, evaluando el escote.
Moegi la miró confundida. —¿Quién podría pensar algo así de una dama como usted? Además, esto es solo para mejorar un poco la palidez de su rostro—le mostró lo que contenían los dos frasquitos—uno es para poner en sus labios, es para darle un color rojo tenue, le pondré poco a poco y así usted me dirá cuando vaya quedando a su gusto. Comenzó a aplicárselo suavemente.
—Es extraño ¿A que sabe?
—Tiene un poco de pomada blanca, médula de buey, cera blanca y un poco de tinte de borraja para darle color.
Hinata hizo mala cara—se oye horrible y sabe peor.
—Pero ni se imagina lo bien que se va a ver—comentó mientras terminaba de aplicarle el color en los labios. Después de esto, le pondré solo un poco de esta preparación que también hice y que es a base de jugo de bayas de saúco, un poco de incienso y resina.
—¿Y esa para qué es? —no quería tantas cosas en su cara, ella casi no se colocaba cosas en su rostro pero Moegi estaba tan deseosa de mostrar todo lo que había aprendido para ser una excelente doncella, que Hinata no fue capaz de decirle que se detuviera.
—Esto es solo para ennegrecer un poco más sus cejas y pestañas. Así tendrá una hermosa mirada. Ahora mírese— le señaló el espejo.
Hinata lo hizo con temor, no quería verse mal, pero cuando se observó detenidamente notó que su rostro en verdad se veía mucho mejor. No parecía ella; el color en los labios le gustaba, pues no era vulgar o demasiado intenso y lejos de manchar su cara, el color negro de sus cejas y pestañas resaltaba el color violáceo de sus ojos todavía más.
—Se ve preciosa, y ese tono rosa del vestido, se le ve hermoso.
Hinata tuvo que estar de acuerdo con Moegi, el vestido era en tafetán rosa con botones de color café, cinturón del mismo color de tafetán con extremos largos y un corpiño que tenía mangas muy anchas forradas de blanco y bordeadas por encaje rosa. Ella se sentía como una princesa a excepción del bendito escote.
La falda era una preciosidad; estaba adornada por tres filas del mismo encaje en olas y su peinado tenía un tocado de terciopelo color rosa que hacia juego con el resto del vestido.
—No me veo...vulgar—sentía ganas de ponerse mejor uno de sus vestidos.
Ese ahora que lo observaba mejor, le parecía un tanto escandaloso.
—Su tía se lo ha regalado, no creo que le guste mucho que usted no se lo ponga. Además le recuerdo que esa incomodidad es solo porque siempre se ha vestido de una forma bastante recatada y se acostumbró a esos vestidos sin adornos y sin colores.
—Le dije a la modista que no tan escotado—dijo con fastidio—Casi no puedo respirar.
Moegi contuvo las ganas de reírse—señorita, yo creo que se ve hermosa y usted dijo que tenía que dar una buena impresión a los invitados de su tía.
—No sé si con esto daré una buena impresión o todo lo contrario.
Su tía escogió ese momento para tocar a la puerta—¿puedo pasar?
—Sí tía, por favor.
Kurenai quedó encantada al ver a su sobrina—te ves hermosa, querida. Te juro que si no supiera quien eres, juraría que estoy viendo a tu madre. Ella podría ser muchas cosas, pero su distinción y belleza eran incomparables—la tomó de las manos—tú lo has heredado.
Hinata sintió que sus ojos se humedecían—gracias.
—Bueno, ahora creo que va siendo hora de bajar. ¿Ya estás lista?
—Sí...creo.
—Muy bien, entonces vamos.
. . . . . .
Era una noche perfecta. Los invitados habían llegado a tiempo y ahora departían todos en el salón, donde Kurenai había preparado diferentes actividades mientras llegaba el momento de la cena. Sasuke todo el tiempo no había hecho otra cosa más que mirarla de tal manera que ya la tenía incómoda. Y es que ella conocía bien esa mirada, la había visto hacía tiempo en sus ojos cuando estaban juntos; era puro deseo lo que había allí. Ella trataba de hablar con los diferentes invitados pero por mucho que se alejara de él, siempre terminaba a su lado de una u otra forma. En una de esas ocasiones, ella no pudo evitar encontrarse frente a frente con él y al tratar de apartarse, Sasuke la detuvo.
—Has estado huyendo de mí toda la noche.
—No sé de qué me habla. Yo he estado aquí todo el tiempo hablando con los demás invitados.
—Pero conmigo no has cruzado palabra—su mirada era afectuosa—te ves deslumbrante esta noche. Ese color te sienta bien.
—Gracias—miró para todos lados incómoda por no saber que más decir.
—Hinata, por favor, yo necesito hablar contigo algunas cosas.
—No creo que este sea el momento.
—Por supuesto que no, pero podrás dedicarme solo unos minutos otro día ¿verdad?
Ella lo miró insegura—tal vez, no lo sé.
—¿Qué te parece si en dos días vamos a patinar? He escuchado que hay un lago congelado a las afueras, donde mucha gente va en esa época para divertirse.
Ella sonrió —hace mucho que no patino.
—Pero eso es algo que no se olvida—su mirada se tornó intensa—¿recuerdas cuando íbamos los dos solos al lago cerca de la casa de tus padres?
—Por supuesto, siempre vamos allí en invierno con las jóvenes que en ese momento estén en Konoha Manor.
—¿Y nunca patinas cuando vas?
—No sería bien visto que la directora de un instituto de comportamiento se ponga a patinar a la par de las jóvenes.
—No eres ninguna anciana, Hinata.
Ella lo miró indignada—por supuesto que no lo soy.
—Entonces porque insistes en comportarte como una mujer mayor. Por el amor de Dios, yo soy mayor que tú y soy bastante joven.
—Eso no tiene nada que ver. A veces son los golpes de la vida los que envejecen el alma.
Sasuke no pudo decir nada más. Pero afortunadamente su tía llegó en ese momento— ¿se divierten?
—Por supuesto, lady Sarutobi. Esta es una velada encantadora. Su casa se ve extraordinaria y ni hablar de ese grandioso árbol navideño.
—Me alegra mucho que te guste, querido Sasuke. Veo que aprecias la navidad.
—¿Quien no lo haría? Es una época de paz, de esperanza y de perdón—sus ojos se encontraron con los de Hinata, cosa que no pasó desapercibida para Kurenai.
—Bien, me alegra que ambos disfruten de la navidad porque creo que están debajo del muérdago—empezó a reír y se alejó dejándolos solos y sin saber qué hacer.
Más tarde en la cena, la gran mesa del salón, en la que estaban sentados todos los invitados, estaba cubierta con un finísimo mantel blanco hasta el piso, acompañado de sus respectivas servilletas tan blancas como el mantel. Una vajilla china de cerámica, muy fina estaba dispuesta sobre la mesa junto a copas de cristal que relucían de limpias. Enormes fruteros y cestillas de plata con todo tipo de frutas, adornaban la mesa y se complementaban con arreglos florales en forma de arcos o de pequeños ramos. Por todo el salón colgaban guirnaldas de hiedra y muérdago, candelabros con tintineantes velas le daban mucha más alegría y claridad al entorno.
Los sirvientes fueron llegando con grandes soperas que contenían consomés, espesas cremas y sopas. Después de eso llegaron platos ligeros de pescado. Cuando estaban a punto de traer el siguiente plato, su primo, que estaba a su izquierda comenzó a hablarle.
—Mi querida prima, en verdad es bueno verla de nuevo. Hace mucho tiempo que hablamos por última vez, creo que éramos dos adolescentes.
—Creo que sí, lord Sarutobi, según recuerdo usted estaba muy concentrado en educación en el internado y deseoso de viajar.
—Oh si—sonrió recordando—aquellos fueron buenos tiempos. No había que preocuparse por nada y las obligaciones todavía no llegaban.
—Es una pena que todos tengamos que crecer—comentó su esposa que estaba enfrente de ellos—por eso siempre le digo a los niños que disfruten su niñez, que no se afanen tanto en querer ser adultos.
—Prima, tengo entendido que tienes un excelente sitio y que ayudas a muchas jovencitas.
—Es cierto, yo también lo he escuchado—dijo Sakura Haruno, la hija de una buena amiga de su tía, pero la más chismosa y envidiosa de las mujeres—¿le gusta estar todo el tiempo en ese sitio tan alejado, tratando todo el tiempo con muchachas problemáticas y sintiéndose presa sin alternar con la sociedad?
—No, no me gusta, pero afortunadamente eso no es lo que hago señorita Haruno. Tal vez para la gente que no conoce el concepto, un centro de rehabilitación de comportamiento es un lugar donde las jóvenes que por uno u otro motivo han perdido el camino, llegan a tratar de reencontrarse. Allí disfrutan de todo tipo de actividades para distraerse, porque no están en una cárcel y de hecho ni siquiera son alumnas porque tampoco es una escuela, las llamo huéspedes o invitadas porque eso es lo que son en mi casa. En cuanto a mí, soy una mujer adulta que sabe que alternar todo el tiempo con la sociedad no lo es todo en la vida y cada vez que siento deseos de hacerlo vengo a visitar a mi tía.
—Pero no lo hace muy a menudo—comentó con una sonrisa burlona—creo que no siente mucho esos deseos.
—Se equivoca, visito muy a menudo a mi tía, lo que pasa es que no le informamos a usted—comentó con un gesto de total ingenuidad pero esperando que la mujer captara la indirecta de que cuando venía a Tokio lo que menos quería hacer con su tía, era verla a ella y escuchar su eterno chismorreo.
—Honestamente he escuchado cosas maravillosas de Konoha Manor y no puedo hacer otra cosa que felicitarla, es un gran logro—dijo Sasuke viendo que la mujer intentaba menospreciar lo que hacía.
—Bueno, pero me imagino que aunque ha sido algo muy importante en su vida, también ha tenido que renunciar a otras cosas, como un buen matrimonio, hijos y esas cosas con las que soñamos todas las mujeres.
Hinata sintió el calor en sus mejillas pero no por ruborizarse sino de indignación. Esta mujer no tenía límites, le parecía increíble que tocara un tema tan personal en una mesa llena de gente.
Los sirvientes comenzaron a retirar los platos anteriores y llevaron el pavo relleno que sirvieron con salchichas. Todos aplaudieron ante la llegada del plato principal y ella no puedo decir en el momento lo que quería contestarle a esa indiscreta mujer. Unos cuantos acompañamientos más para el pavo llegaron en un pequeño carrito auxiliar que contenía patatas asadas, puré de patatas, coles de Bruselas, repollo, pasteles salados y distintas clases de salsas.
Todos se dispusieron a deleitarse con el pavo y el tema incómodo pareció quedar olvidado, hasta que al llegar el postre, ella nuevamente habló.
—Señor Uchiha, es usted marinero ¿verdad?
—Sí señora, estoy en la marina—la corrigió.
—¿Y qué rango porta usted?
—Soy Contraalmirante, madame.
—Mi sobrino que en este momento tiene 14 años, desea mucho entrar a la marina pero tengo entendido que no es algo fácil hacer carrera allí.
—No lo es, señorita Haruno, pero no porque no los dejen entrar sino porque es un sitio lleno de retos y hay que ser fuerte para estar allí. Sin embargo los hombres valientes que desean estar al servicio de su país jamás son rechazados en la Marina Real.
—Me encantaría hablar con usted más adelante. Tal vez pueda darme unos consejos para mi sobrino—su boca decía una cosa pero sus ojos decían otra muy distinta. Hinata notó lo que en verdad quería Sakura Haruno con Sasuke, y no podía culparla. Él era un hombre muy apuesto, con un cargo importante en la marina y soltero. ¿Qué mujer no querría algo con él? Y si a eso le sumaba el hecho de que Sakura Haruno era una mujer viuda y muy desesperada por un hombre, tenía la ecuación perfecta.
Pero ella no podía dejar de sentirse mal. No te sientes mal, tonta. Estás celosa, admítelo—le dijo una voz interior.
Una hora más tarde, todos salían del comedor después de haber probado la deliciosa variedad de postres y un exquisito bizcocho especiado de navidad que no podía faltar en esa fecha, y el cual había sido preparado con días de anterioridad para que quedara según los altos estándares de calidad del chef de su tía. Ese día no fue como en las anteriores cenas donde hombres y mujeres se separaban para ir los unos a fumar y las damas a platicar con una pequeña copa de jerez. Esta vez todos unidos fueron al salón y allí todos los que sabían tocar el piano, pasaron por este entonando hermosas canciones de navidad. Al principio Hinata las disfrutó y cantó con todos a la par, pero luego no pudo evitar recordar a su hermano que estaba lejos, y a sus padres que se habían ido. Se levantó tratando de no ser muy obvia y se retiró un momento al pequeño salón contiguo para tranquilizarse un poco ya que si no lo hacía sentía que rompería a llorar. Caminó hacia allí y se sentó en el sillón cerca de la ventana para ver caer la nieve. Allí se sentía algo más el frío pero no le importaba, simplemente quería recordar a los suyos por un momento.
Un rato después escuchó un ruido y miró a la puerta pero no vio a nadie, hasta que en una esquina, con la luz del fuego de la chimenea, pudo ver una silueta en una esquina y se asustó—¿Quién está allí?—su corazón comenzó a latir fuerte cuando la persona comenzó a caminar y pudo ver su rostro.
—Quería saber porque te habías marchado.
—¿Hace tiempo estas allí mirándome?
—Tengo unos diez minutos de estar aquí observándote—le dijo sin vergüenza alguna.—Tu rostro es hermoso Hinata, y esa nostalgia en lugar de quitarte belleza te hace ver encantadora. Mientras Sasuke la miraba antes y ella no lo había percibido, él se odió a si mismo por no haber dado la talla, por no haber actuado como ella esperaba.
—¿Qué es lo que quiere, señor Uchiha? ¿Ni siquiera puede respetar la necesidad de espacio de una dama?
—Puedo, pero no quiero hacerlo. Estoy harto de que no me des la oportunidad de hablarte. Y estoy más harto aún de ver tu rostro cada vez que me miras diciéndome lo mucho que te decepcioné—se acercó a ella en unas pocas zancadas.
—Por favor, señor Uchiha, estamos solos y si alguien nos ve aquí, mi reputación...
—Lo sé, no tienes que decírmelo. Solo dime algo, Hinata ¿Tu ya no sientes absolutamente nada por mí?
Ella bajó la mirada. —¿De que serviría hablar de eso?
Esa era toda la respuesta que él necesitaba para seguir luchando por ella. Sus ojos la delataban y Sasuke en el fondo supo que todavía tenía esperanzas. Se acercó un paso más hasta que ya no había distancia entre ellos y tomo su rostro entre sus manos—has estado llorando.
—Eso no es de su incumbencia—volteó su rostro.
—Lo es, aunque no lo quieras admitir todo lo que tiene que ver contigo, me importa—volvió a tomar su rostro—Perdóname, Hinata—actuando sin premeditación, tomó su rostro de nuevo y esta vez acercó sus labios a los de ella—No soy digno de ti, soy consciente de ello, pero puedo demostrarte el hombre que soy ahora, uno muy distinto de aquel muchacho inmaduro, uno que todo el tiempo estará pendiente de ti, de tus necesidades, uno que te amará hasta el cansancio y te dará aún más placer que en ese entonces—rozó sus labios suavemente con los de ella, pero sin besarla. Solo provocándola.
Hinata lo empujó y se alejó como si quemara—todo lo que pasó no se borra con unas cuantas palabras
—En ese entonces era un muchacho tonto, que se dejaba influenciar por su padre y le creía ciegamente lo que me dijera con tal de ser su orgullo. Sí por lo menos lo hubiera sospechado, jamás te habría dejado. Yo no sabía que estábamos esperando un hijo.
Ella inmediatamente lo detuvo—este no es lugar, ni el momento para hablar de eso.
Sasuke se mostró avergonzado—lo sé, pero necesitamos hablarlo.
—Tal vez otro día—dijo ella.
—Mañana, dame solo media hora de tu tiempo y encontrémonos mañana.
—¿Donde? ¿Es que no ve que si alguien se da cuenta de que estamos juntos, empezaran los rumores?
—Entonces veámonos aquí, mañana. Hablaremos en el lugar que más te parezca y mantendremos todo en total discreción.
Ella lo pensó por lo que pareció ser una eternidad, hasta que asintió—está bien, pero solo media hora y se irá.
—Gracias—su rostro se relajó visiblemente—aquí estaré mañana en la tarde, si te parece.
—Me parece—le dijo mientras limpiaba sus lágrimas y acto seguido, salía de allí mirando para todos lados cerciorándose de que no hubiera alguien que la descubriera saliendo del salón.
