Brillaba el sol con fuerza cuando la mujer se asomó a la terraza del restaurante al día siguiente. Gene estaba dentro acabando su desayuno. Se volvió para mirarle a través de la puerta de cristal. Estaba acompañado de alguno de sus antiguos compañeros y, como siempre, guardaba silencio pero en su rostro lucía una amplia sonrisa. Suspiró. Cada día daba gracias a Dios porque de nuevo la hubiese escuchado. Cuando rezaba durante los años de guerra no sabía de qué manera podría ser ayudado el más joven de los Roe. Se suponía que ella oraba para que la enfermedad se alejase, para aliviar el dolor pero y cuando era el alma lo que dolía... ¿las plegarias serían suficiente? Fue la primera vez que aún sabiendo que eran necesarios, sus ruegos, no estaba completamente convencida de que protegiesen a ese pequeño ángel que la vida les regaló hacía 21 años. Los años que tenía Gene cuando se fue a la guerra.
El peor escenario al que podía enfrentarse un traiteur... al que habían nombrado sanitario de la compañía en la que servía. Eugene había rechazado toda su vida esa herencia pero ahora ya no podría seguir haciéndolo. Por experiencia Belle supo que su niño -por muchos años que fuese cumpliendo, nunca dejaría de ser eso, su niño-, bueno por experiencia propia supo que sufriría más que cualquiera... porque cuando un traiteur no conseguía aliviar el dolor, cuando no lograba alejar la muerte, cuando el objeto de sus desvelos iniciaba su tránsito a la otra vida se llevaba con él una pequeña parte del alma del curandero... Un precio a pagar a la muerte... un precio que era resarcido cuando sí obtenían algún éxito...
Pero ¿cuántas vidas no lograría salvar Eugene en una guerra? ¿Cuantas partes de su alma perdería en el proceso?
Suspiró con tristeza. Recordaba el día que él vino a la capilla del East Baton Rouge a decirle que se unía al ejército. No intentó convencerlo de que no lo hiciera. Leía en sus ojos la firme determinación que sentía. Sabía que Gene pensaba que debía hacer algo por ayudar a su país y también sabía que le había llegado la hora de afrontar horas muy oscuras y que creía estar preparado para ello. Belle sabía que nunca se estaba preparado para el dolor y el sufrimiento...
Pero ahora le veía y sentía que aquel grupo de hombres con los que sirvió habían sido la respuesta a sus plegarias. Ellos habían, unos más que otros, aprendido a ver al buen hombre que se ocultaba tras esos silencios. Al muchacho valiente y cariñoso que siempre anteponía el bienestar de los demás al suyo propio. Algunos incluso había desarrollado por su nieto un amor que rivalizaba con el que ella misma sentía por él. Eran ese respeto y ese amor los que habían protegido al niño de ojos tristes. A su niño...
Oyó pasos tras ella y se fijó que por las escalinatas de la terraza subían cinco hombres hablando amigablemente entre ellos. Irremediablemente reconoció a uno de ellos por lo que su nieto le había contado. Richard Winters, uno de los oficiales de mayor graduación con los que el sirvió. Frunció el ceño dudando si acercarse a él. Finalmente el arrojo que siempre la había caracterizado se impuso. Se habían detenido a pocos pasos de ella apoyados en la barandilla. Se aproximó y carraspeó una vez se detuvo tras ellos. Todos se volvieron a mirarla.
- ¿Es usted Richard Winters? - una de las pelirrojas cejas se elevó en un ligero gesto de sorpresa.
- Sí, ¿con quién tengo el placer de hablar? - su voz era suave y sosegada. Sus ojos azules brillaban amigablemente
- Soy Belle Roe, la abuela de...
- ¿De Eugene? - preguntó otro de los hombres, interviniendo. Ella le sonrió.
- Efectivamente... ¿son todos ustedes...
- Los oficiales bajo los que sirvió Doc... bueno, su nieto. - volvió a hablar el anterior hombre. - Un placer, soy Carwood Lipton... - Belle estrechó la mano que le tendía mientras volvía a hablar.
- Sí, Gene me ha hablado de usted... bueno de todos ustedes... Sr. Winters quería decirle algo y ya que está acompañado del resto de los oficiales aprovecho el momento antes de que mi nieto vuelva y se muera de vergüenza...
- Dígame lo que quiera pero llámeme Dick...
- Bueno tampoco para mi es fácil poner en palabras lo que quiero decirles pero no tengo mucho tiempo así que iré al grano... Simplemente quería expresarles mi agradecimiento...
- ¿Por? - inquirió otra de las personas.
- Señor...
- Welsh, Harry Welsh...
- Bien, Sr. Welsh, porque... bueno aún a riesgo de parecer una vieja sensiblera, le protegieron y hoy está aquí. Porque consiguieron que saliera con vida de allí... Sé que probablemente para ustedes mi nieto no deje de ser uno más de los hombres que tuvieron bajo sus órdenes pero...
- Sra. Roe... - la interrumpió Winters. - Hace mucho tiempo que los aquí presentes, todos los hombres que se encuentran ahí dentro y los que no han podido venir, dejamos de considerar a Gene uno más de la compañía... Era difícil seguir haciéndolo cuando continuamente le veíamos arriesgar su vida para salvar las nuestras... Cierto que era sanitario pero bueno...
- No era un sanitario al uso. Su nieto siempre tuvo algo especial... Lewis Nixon, encantado. - El hombre le estrechó también la mano. - Nunca le olvidaré inclinado sobre alguno de los hombres que estaba atendiendo y como su sola presencia les calmaba... - Belle sonrió suavemente.
- Sí... Gene siempre ha tenido esa capacidad...
- Le oí hablar una noche con Ralph Spina de usted... creo que también posee ese mismo ¿poder? si se le puede llamar así... Por cierto, soy Buck Compton...
- Un placer... bueno no sé si son poderes, es algo que ha ido pasando generación tras generación en la familia Roe... a veces se salta unas cuantas generaciones. De hecho mi hijo, el padre de Gene, es una especie de tarugo sin la más mínima capacidad de empatía, aunque por supuesto tienes otras maravillosas cualidades como el amor profundo que siente por sus hijos. Sin embargo mi nieto es todo lo contrario... si a eso le añadimos que por parte de su madre también se dan ciertas manifestaciones, digamos que "extrañas", es hasta normal que sea especial... aunque odie ser así.
- Siempre supe que había algo fuera de lo normal en Doc... - sonrió Lipton. - Siempre supe que la compañía era tremendamente afortunada por tenerle entre nosotros.
- Lo que dice Carwood es cierto, Sra. Roe. No debería darnos las gracias por haberle protegido... quizá debamos ser nosotros los que le demos las gracias por haber tenido el privilegio de conocerle, de servir con él y de que nos considere sus amigos. - volvió a hablar Dick.
- Bueno, desde ayer me ha empezado a quedar clara una cosa... y es que afortunadamente mi nieto sobrevivió gracias a ustedes y al resto de la compañía, gracias a que sirvió al lado de unos hombres tan o más especiales que él... Doy las gracias al cielo por ello. Recé tanto por él y por ustedes...
- Más afortunados aún, ¿no? Quiero decir que las oraciones de una "rezadora" deben tener más peso que las de una persona normal...
- No lo sé... supongo que sí, Sr. Welsh. - Belle notó que una mano se posaba en su cuello. Sonrió más ampliamente. - ¿Cuando has aprendido a acercarte a mi sin que lo note?
- Cuando tenía dos años y medio, abuela... - Le contestó Gene sarcásticamente sonriendo a sus antiguos mandos.
- ¿Cuando has aprendido a no tenerme respeto?
- Cuando tenía dos años y medio, abuela... - La mujer se echó a reír. - Señores, veo que han conocido a mi venerable abuelita... - De nuevo como la noche anterior su cogote sufrió el azote de la rápida mano de Belle. - ¡Auch!
- Respeto... y sí, les he conocido... dado que no te has molestado en presentármelos ya lo he hecho por mi misma... - Gene movió la cabeza en un claro gesto de rendimiento.
- Caballeros, si no les molesta me la llevo... la hija de Shiffty me estaba contando no sé que cosa que le prometiste enseñarla hoy y se ha pasado todo el desayuno preguntándome por ti... Por cierto, ¿tu has desayunado?
- Hace dos horas... tú seguías en el séptimo cielo. Pero si me invitas a un café no te lo rechazaré...
- Ya sabes lo que dijo el médico...
- ¡¿Qué sabrá ese hombre de lo que puedo o no puedo tomar?
- Hombre gracias por la parte que me toca...
- Gene... - le llamó Winters antes de que los dos se alejaran. El ex-sanitario le miró. - Si luego tienes un rato nos gustaría mucho que te unieses a nosotros...
- Estaré encantado... luego nos vemos pues. - Y con un gesto se despidió de ellos.
- Espera, cariño... Después de comer tengo pensado contarle una serie de historias a Babe Heffron sobre la infancia de aquí mi querido niño en la sala de audiovisuales... si quieren unirse a nosotros...
- ¿Buscas más público ante el que avergonzarme abuela?
- ¿Lo dudas?
- Ni por un momento...
- ¿Vendrán? - Les preguntó la mujer.
- Será un auténtico placer, Sra. Roe... - Eugene resopló.
- Gene... confía en mi... te dije que debías traerme por una razón... - Belle le guiñó un ojo a su nieto y tirando de su brazo se alejaron del lugar mientras les guiñaba un ojo a los cinco hombres que dejaban tras ellos. Estos les sonreían efusivamente.
