Gui: Aquí viene el segundo capítulo.

Disclaimer: Agradezco a Suzanne Collins la creación de estos personajes que me fascinan. Espero que los míos no desentonen.


Nació y murió una estrella


Denh Donner

Era un lunes lluvioso. La señora Wood mandó a Harra junto a su hija Fancy a hacer el paseo de los retales.

La señora Wood comía bien pero no tenía dinero para mucho más. Pese a todo, tenía un talento natural para coser cosas bonitas. Había instaurado un sistema bastante eficaz con todos los habitantes del Distrito que quisieran participar: todos los lunes pedía retales, trapos que la gente no quisiera, ropa rota... telas. Y cada lunes mandaba a dos de sus costureras a buscar los trocitos de malla que serían sus nuevas creaciones.

A Fancy Wood le encantaba hacer aquello e iba charlando con la que fuese que la acompañase. A Harra le gustaba escuchar las chorradas que contaba. Sin embargo, aquella vez decidió hablar de Denh Donner.

–¿Has besado a alguien alguna vez, Harra? Estoy segura de que a mi hermano Bris le encantaría besarte.

Bris tenía doce años y era muy feo. Harra no contestó.

–La primera vez que me besaron fue en mi primera cosecha. Siempre se lo digo a Polly, porque aún no la han besado y tiene quince años. Si sigue así se morirá en los Juegos sin haber besado a nadie. ¿Y alguna vez te has acostado con alguien?

Esa pregunta cogió desprevenida a Harra. Se acordó de un momento incómodo en compañía de Wax Hellin, detrás del Quemador, una noche de verano. Nadie sabía eso, y Wax Hellin había acabado en los Juegos.

–Yo me acosté con Denh hace tres días, –le susurró.

Harra habría preferido no saberlo, pero Fancy no era consciente así que entró en detalles. Por suerte, pronto llegaron a la Veta, final del recorrido. Allí solían darles poca cosa, pero las casas estaban muy pegadas y no había tiempo para charlas.

Esa tarde, cuando Harra vio al tío Donner entrar en la mercería se puso muy tensa.

–¿Qué te pasa, Harra?

Garan Donner era muy observador. Tras él, Denh Donner le echó una ojeada, pero no debió ver nada interesante, porque siguió hasta donde estaba Fancy que la miró de reojo.

–Nada, nada, me he asustado pensando que... –con un poco de suerte, aquel silencio sería convincente–, pero me he equivocado.

Garan Donner no pareció darle importancia y tuvieron su charla habitual.

Volvieron hacia casa de Harra caminando despacio.

–Pronto es la Gira de la Victoria, –comentó Denh.

–Habrá que ponerse guapos. Igual Harra quiere un vestido nuevo.

–Ya tengo.

No era capaz de comportarse con normalidad delante de Denh Donner. Se lo imaginaba con Fancy Wood y no dejaba de echarle miraditas. Denh Donner notaba alguna y le devolvía irritación a esa niñita que se sonrojaba continuamente. En la cena, fue tan simpático como siempre. ¿Cómo funcionaba ese chico? En el transcurso del día, Harra lo había visto en su mente al despertarse, y después en los labios de Fancy. Se lo había imaginado desnudo, restregándose contra ésa. Había caminado junto a él, con los ojos pegados al suelo. Y ahora… Ahora quería verle el alma. Quería observarle con atención.

¿Qué hacía cuando no estaba en las minas? Y en las minas, ¿qué hacía? Harra ni siquiera sabía qué puesto ostentaba. ¿Cuáles eran los problemas que tenía allí? ¿En qué momento le había dado tiempo a acostarse con Fancy Wood? ¿Dónde, cómo lo había hecho? ¿Lo sabría su tío? ¿Qué más hacía que su tío no supiera? ¿Con cuantas chicas había estado? ¿Le consolaba estar con chicas? ¿Pensaba alguna vez en su hermano pequeño asesinado, en su madre suicidándose, en su padre ejecutado?

Hacía más de un mes que se veían a diario y en realidad Harra no sabía nada de él.


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