Febrero, 2002

En sólo tres días Giorno Giovanna se había hecho con el liderato de la organización criminal más poderosa y temida de Italia, para ese momento tenía 15 años de edad, ahora con 16 años extendía el poder de Passione incluso a zonas como Milán y Sicilia, ha cumplido su sueño y todo parece indicar que su reinado en Italia será inamovible.

Giorno es un joven del que no se puede leer su cara ni sus ojos.

Él es un espejo donde todos se reflejan.

Nacido en Japón y posteriormente criado en Italia, debería haber crecido libre de las virtudes japonesas que se abstienen de expresar eminencia y emociones, pero circunstancias complicadas de su familia y una niñez negligente sólo lo intensificó.

Don Giorno aun asiste a clases en el internado, no de forma continua, a menudo puede ser confundido como un joven inocente, y a menudo los ancianos de los clanes caerán en errores al tomarlo a la ligera. En esos momentos, a pesar de que el entorno sudaría frío y lo reverenciarían para enmendar su falta, había un lugar en su mente donde Giorno se estaría riendo.

Su fortaleza emocional vino a hacer sentir a quienes trataban con él como si vieran un carisma infinito, unido a la belleza nacida de un nacimiento casi imposible. Al igual que su Stand puede reflejar ataques y lo protege de las amenazas, las personas se reflejan en él como un espejo.

Desde la infancia Giorno se vio atraído por el poder, y le gusta porque el poder otorga protección, lo descubrió cuando salvó a un gángster y como recompensa, todos aquellos que atormentaban su vida dejaron de hacerlo. Desde ese momento, él quiso ser un gangstar. Giorno que fue un niño solitario tenía una vena egoísta, ambiciosa, aunque también un buen corazón. Él sólo vivía por su sueño hasta conocer a Bruno Buccellati, su primer amigo.

Sólo dos miembros de la pandilla de Buccellati sobrevivieron a su llegada.

Uno de ellos era Guido Mista, su amigo más cercano, su voz y manos como underboss de Passione, la persona que por su valor ganó el privilegio de caminar a su lado hasta el final de sus días. Su mejor amigo.

El otro era Pannacotta Fugo, el estratega de Buccellati, la mente brillante de la pandilla, y por lo tanto, el único que no estuvo de acuerdo con Buccellati. Giorno recordó la mañana de otoño cuando Fugo se arrodilló ante él. Han pasado cuatro meses desde ese momento. Mista aún no perdona a Fugo, y Pericolo alguna vez cuestionó a Giorno sobre su decisiones sobre el desvergonzado.

Pero Giorno comprendía a Fugo.

Giorno no lo presionó hacia aquella misión con malas intenciones, él confió en que Fugo vencería y que esta misión lo ayudaría a crecer. Era la oportunidad para que Fugo se enfrentara sus demonios. Con la muerte del equipo de narcóticos y el regreso de Fugo, no sólo se limpió su nombre, sino que también fue la advertencia tácita de Giorno para aquellos que intentaran ir en su contra. Nadie querría la muerte brutal por un virus come carne.

Era por su bien se dijo Giorno, Fugo estaría a salvo en Passione, pero él sabía que existía parte de egoísmo propio allí. Giorno necesitaba gente de confianza a su lado, para continuar su sueño, y para concretar sus planes futuros que eran a su vez una promesa para Buccellati.

Y Fugo era el único que pensó en la supervivencia de la pandilla, bajó hasta el último escalón, pero no continuó.

Prefirió guardar silencio y ocultarse en vez de revelar los planes de la pandilla a Diavolo.

Y cerrada esa etapa…

Giorno ojeó la fotografía en su mano, en ella estaba un niño de cabellos ébano y a su lado una joven mujer.

El punto débil del invencible Don Giorno era su madre. Sin embargo, no era debido al amor. Giorno alguna vez quiso ser amado por su madre, pero nunca obtuvo afecto materno, y después desechó cualquier expectativa al considerarla inútil.

"Nunca he conocido el afecto, mi madre tampoco me amó".

Su madre lo dejaba solo cuando él aun no era capaz de levantar la cabeza de su cuna, y como resultado Giorno aprendió desde muy joven que si deseas algo en esta vida debes tomarlo por ti mismo. No conocía a su padre, Dio Brando, salvo la fotografía que atesoraba de él y aún la guardaba a pesar de aquella charla con Polnareff durante los eventos de la máscara de piedra.

Giorno Giovanna tenía muy pocos recuerdos gratos de su infancia o de su madre, era una mujer aun joven, hermosa, independiente y determinada. Él comprendió desde la niñez que cuidar de su hijo no estaba en las prioridades de ella.

Pero él tenía que cerrar esta etapa de su vida.


La sede central de Passione figuraría entre los edificios privados más elegantes y reservados de Nápoles. El disfraz del edificio ante la sociedad era la de un club de jardinería. En los salones del tercer piso, aislados acústicamente, los capos, empresarios y gente de poder podían reunirse en absoluto secreto, la mayoría de las veces con Mista, otras veces con el mismo Giorno, para acordar negocios exorbitantes, recibir o dar sobornos con entera confianza, realizar reuniones entre clanes etc.

La oficina de Giorno Giovanna se encuentra en otro nivel, es un lugar al que sólo pocos miembros de Passione tienen el privilegio de acceder.

Meses atrás cuando Pannacotta Fugo regresó a Passione, había asumido que la oficina de Giorno era ordenada, fría, impersonal, como en esas películas de la mafia que Mista y Narancia solían ver. Pero la oficina de Giorno Giovanna era todo lo contrario. Tenía mucha luz de los ventanales, la mesa llena de libros, algunos de la secundaria, muebles de roble y plantas en la terraza, varias de ellas de origen oriental. La mesa de té donde ambos estaban, tenía una vista perfecta de los jardines exteriores y más allá del mar. A pesar del invierno, los napolitanos podían darse el lujo de disfrutar un día templado mientras bebían su café favorito.

—En Japón la presencia de una rana simboliza la buena suerte,

Una pequeña rana verde había brincado hacia las rodillas de Fugo, quien la sostuvo entre sus manos sólo para ver cómo el anfibio se transformaba en una fotografía. La imagen era la de una familia, la mirada de Fugo se centró en un niño de cabellos negros con expresión apagada,

Entre tanto Giorno disfrutaba su copa de bicerin, una mezcla deliciosa de café expreso, crema de leche y chocolate que se suele beber al norte de Italia durante el invierno.

— ¿No se te parece a alguien?, —preguntó Giorno, sumergiendo la cucharilla en las capas de crema hasta el café y el chocolate caliente,

Fugo entrecerró los ojos mientras miraba con atención al niño en la fotografía.

—La mujer de vestido azul es mi madre. El que está a su lado es mi padrastro,

Fugo lo miró sorprendido.

—Mi verdadero nombre no es Giorno Giovanna,

Lo próximo que Giorno le entregó era un sobre dorado con el símbolo de una mariquita, en su interior estaban los datos de Giorno Giovanna, documentos estudiantiles y una foto a su lado con la figura actual de trenza dorada. El otro era un pasaporte japonés.

—Haruno Shiobana…,

Lo que Giorno entregaba a Fugo era una serie de documentos para eclipsar la existencia de Haruno y su familia, había estado movilizando el procedimiento con Murolo. Fugo además de ser un elemento en las operaciones financieras de Passione, también se encargaba de lavado de dinero y cuentas personales de Giorno. Bajo la identidad de Haruno, Fugo crearía algunas cuentas monetarias, y en otra cuenta anónima transferiría gastos de manutención y una propiedad para la madre de Giorno... una gran cantidad de dinero invertido.

—Puedo hacerlo, GioGio,

Giorno mostró una sonrisa complacida, mientras Fugo miraba la fotografía y a él una y otra vez.

—Pero cómo, ¿Te has teñido el cabello?

Giorno negó con la cabeza, saboreó su café poco antes de hablar.

—Mi cabello cambió de color cuando desperté por primera vez a G.E, —Giorno recordó aquel extraño día en el que padeció una fiebre muy intensa, después recordó despertar y no sólo había descubierto la existencia de Gold Experience por vez primera, sino que notó los cambios en sí mismo al mirarse ante el espejo. Su cabello era dorado y para él fue como nacer de nuevo.

—¿Despertaste?..., —La mente de Fugo tardó un momento en comprender—, ¡¿No realizaste la prueba de Polpo?!

Giorno negó con la cabeza.

—Nací con esta capacidad, despertó, hace dos años pero siempre estuvo latente en mí.

—Como el señor Polnareff, —susurró Fugo, recordando una charla de días atrás con el habitante de la tortuga. Un ligero atisbo de interés brilló en los ojos de Giorno, y dio otro sorbo a su copa.

—Parece que te llevas bien con él.

—Sí..., —Fugo se había convertido en una de las pocas personas con las que Polnareff charlaba constantemente, fue idea de Giorno y... de Mista, aunque esto último Fugo nunca lo sabría. Giorno creía que Polnareff sería un buen guía para Fugo.

Entre tanto, Fugo aun estaba tan concentrado en la fotografía que se aproximaba quizá demasiado a la cara de Giorno mientras continuaba con el escrutinio.

—Nunca supe de un Stand que causara ese tipo de cambios biológicos en sus usuarios, creí que tu Stand estaba enfocado hacia la curación o convertir objetos inorgánicos en organismos vivos,

—No exactamente, Gold Experience puede manipular la vida, pero no es un Stand curativo, Fugo, aprendí a usarlo así primero en mí mismo,

— ¿En ti mismo?

—Sí, aprendí a curar mis propias heridas… No me gusta ser tocado por otros,

—...,

Giorno continuó bebiendo su café, sin siquiera percatarse del silencio de Fugo.

—GioGio…

Ese era el tono de voz que Fugo empleaba cuando decidía algo, Giorno ya lo conocía, elevó la mirada hacia sus ojos.

— ¿Te importaría si yo lo hago?,

— ¿Qué cosa? ,

—Eso... tocarte...,

—Esa es una pregunta inútil ahora, ¿No te parece?

—...,

Aún con la expresión seria habitual, Giorno continuó mirando a Fugo.

—Tú no eres, otros, eres mi amigo,

Con esa respuesta, Fugo al fin elevó su diestra temblante pero no sentía el valor suficiente para tocar la cabellera dorada, finalmente Giorno tomó la mano de Fugo y la terminó de acercar a sus cabellos. Un medio paso.

—Gracias, GioGio,

Fugo examinó los cabellos de Giorno con curiosidad científica genuina, el nunca había visto algo así provocado por un Stand, el cabello de Giorno era como hilos de oro, brillaba esplendoroso ante el sol, e incluso algunos mechones entre sus dedos se balanceaban en ondas ligeras, a diferencia del cabello del niño en la fotografía que era liso y oscuro como el ébano. No sólo era su cabellera, las pestañas, sus cejas... su expresión. El niño en la fotografía tenía una expresión casi apática, en cambio Giorno..., él había cambiado con la manifestación de su Stand. Eso asombró a Fugo.

Y Giorno toleró el toque curioso de Fugo, a veces le resultaba aún incómodo este tipo de cercanía con otros debido a recuerdos de la infancia, pero gracias a la personalidad cálida de Mista o la familiaridad de Polnareff, se había acostumbrado poco a poco a ser no quizá menos distante pero sí más tolerante. Había aprendido a tolerar el acostumbrado beso en la mano por parte de los capos, los apretones de mano y besos en la mejilla durante los festejos y reuniones a las que era invitado.

Giorno sabia que Fugo era reservado como él y que compartieron infancias muy duras, por lo que requerían mucha confianza para dejar a otros acercarse, en pocas palabras eran similares y opuestos a la vez.

La secuela de la infancia de Giorno creó un Stand cuya habilidad primaria estuvo centrada en su protección y la vida como si ello reflejara sus esperanzas y sueños, el stand de Fugo en cambio fue destructivo como los impulsos auto-destructivos de su dueño, la ira acumulada que él a veces desataba y lastimaba sin importar quien, era un reflejo del virus de Purple Haze enfocado en la muerte.

—Fugo… ¿Eres consciente de lo que estás haciendo ahora mismo?,

—¿Qué estoy haciendo?

Giorno elevó la mirada hacia Fugo, y no necesitó más de una milésima de segundo para percatarse. Estaba sentado en el borde de su sillón, y tenía la mano en los cabellos de Giorno, el cuerpo inclinado hacia él. Casi con un exceso de confianza. Fugo volvió a encogerse, avergonzado, como una ostra que se esconde en su concha.

—Esto es lo que realmente eres,

—...,

—Cuando nos volvimos a ver el otoño anterior, no podías acercarte a mí. Y ahora tu cuerpo estaba diciendo todo lo contrario. Estás cómodo de estar aquí conmigo,

—Yo... Claro que me gusta estar aquí, —repuso tensándose—, Trabajar para Passione,

—¿Trabajar hasta altas horas de la noche te hace feliz?,

—Sí...,

—No le cuentes mentiras a tus amigos, Fugo, —lo reprendió como a un niño—, Estar de vuelta te hacen feliz, escribir en tu escritorio te hace feliz, y no voy a decir que hacer toda esa contabilidad y tareas administrativas no te hace feliz, si tú me aseguras que es así. ¿Pero trabajar tan duro tantas horas seguidas? Me preocupa que te presiones demasiado.

—Me permite despejar mi cabeza, así que no voy a quejarme por algunas horas de más, —Replicó excusándose—, Puede que no acabe de creer que merezco estar aquí, pero no voy a tirar por la borda la oportunidad de apoyarte sólo porque tenga efectos secundarios, GioGio,

—¿Realmente aún piensas que no mereces estar aquí?,

Ante esa pregunta Fugo bajó la mirada hacia su copa de café que aun no había tocado.

—Nunca supongas lo que sé sobre ti, Fugo. Lo que necesito es saber lo que tú crees que sabes de ti mismo,

—Eso ni siquiera tiene sentido, GioGio,

—Sólo no te presiones de más. Hazlo por mí, —dio un sorbo a su copa—, Y explícame el porqué te sientes tan inseguro ante la espontaneidad, desde tu percepción.

—No lo sé. No puedo explicarlo, —lo miró—, Desde niño me educaron para ser servil.

—Lo acabas de decir. Todo está en tu infancia,

Fugo tragó saliva, a él le sorprendía la forma que Giorno tenía para leerlo siempre, sin embargo para leer a Giorno era casi imposible. Fugo había mostrado sus heridas y dolor ante Giorno meses atrás, pero en los meses que llevaba conociendo a Giorno rara vez vio algo así, quizá eran sólo los ojos cansados que veía a veces, o una vez que se quedó dormido en el escritorio.

Miró la fotografía que aun sostenía en una de sus manos, la madre de Giorno era una mujer japonesa de rasgos muy bellos. Giorno le dijo a Fugo alguna vez que odiaba comer pollo debido al yakitori que ella le daba de comer. El yakitori consistía en brochetas de carne pollo ensartadas en pinchos, era una comida barata japonesa, algo que suele comer la clase más baja con cerveza.

Giorno era cuidadoso de su vida privada, pero desde su reencuentro había dejado escapar detalles a Fugo y de algún modo mostraba cercanía, el primer detalle fue la negligencia de su madre, el otro era que de todo Passione Fugo era el único que lo llamaba "GioGio" en vez de Giorno, jefe o Don, algo con lo que Fugo aun luchaba para acostumbrarse cuando estaba frente a terceros. No sabia el porqué Giorno lo quiso así, pero no se atrevía a preguntárselo directamente.

Miró de nuevo los documentos.


La residencia de los Giovanna estaba ubicada en una zona moderadamente tranquila de Nápoles. No era un sitio grande, pero era amplio y de clase media, con la cocina abierta hacia el salón y una escalera que guía hacia el siguiente piso, donde hay varias puertas cerradas que supone que son las habitaciones. El minimalismo reflejaban las raíces japonesas de la mujer de la casa.

Era una casa increíblemente normal y en apariencia llena de vida. Nada de objetos sucios, nada de platos en la cocina, ni desorden. Quizá eso era lo que le hacía falta, porque había algo frío en el ambiente, algo estéril. Y tal vez era porque sólo vivían dos personas allí, o porque una de esas dos personas no solía dormir allí o porque ninguno de los dos solía cocinar allí o comer juntos o ver la Tv juntos, pero era extraño y desapacible.

En la entrada de la residencia, una mujer pequeña de rasgos exóticos y larga cabellera oscura miraba con detenimiento un sobre en papel dorado con el símbolo de una mariquita. Bajó las bolsas coloridas de compras, aún con el corazón latiendo mientras fruncía el ceño.

Sólo una persona tenía esa obsesión con las mariquitas.

"Haruno"

Era una carta de su hijo, con el que no había estado en contacto desde hacía mucho tiempo, eso incluía el último Natale (navidad) la última vez que ella recordó verlo fue cuando Giorno se mudó al internado.

Cerró la puerta y caminó dentro mientras leía el escrito en el papel.

—Porque según él hay algo de que hablar, y quiere que vaya a este lugar, —Susurró mientras pensaba en el porqué simplemente su hijo no llamaba por teléfono si anhelaba tanto hablar con ella. Sin embargo, no podía evitar mirar de nuevo el sobre dorado que contenía la carta.

Después examinó la carta, la tinta empleada era densa pero no era visible en la parte posterior de la hoja, eso significaba que el papel era grueso, una prueba de calidad.

Liberó un suspiro profundo y tiró la carta en la mesa.

Si algo había aprendido ella a lo largo de su vida, era que las cosas bellas escondían un lado oscuro… eso incluía a las personas, lo aprendió con sus propios padres, lo reafirmó con el padre biológico de ese niño y estaba segura de que con Giorno no era diferente. ¿Por qué su hijo, un alumno de secundaria, la había citado a Villa Serbelloni , uno de los hoteles más costosos de toda Italia para una reunión? Ella frunció el ceño mientras consideraba si se trataba de una travesura o un timador que fingía ser su hijo.

Sin embargo, la letra de la carta ella la reconocía, le pertenecía a su hijo.

Aunque en pocas oportunidades lo vio escribir, ella recordaba la letra de Giorno.

— ¿Él? ¿Hablas de tu hijo?

Giró para mirar de donde provenía la voz, a pocos metros de distancia estaba de pie su esposo con una escoba.

—Si deseara escucharte te habría llamado.

El pequeño hombre guardó silencio por un momento mientras sufría por el constante maltrato de su esposa, finalmente miró el sobre en la mesa y se atrevió a continuar.

—Supongo… que no es posible que un niño pueda costear este tipo de hoteles, pero ese niño no es bueno, hace tiempo está en malos pasos..., —su voz comenzó a temblar—, Como en esa ocasión...,

Las palabras del hombre se obstruyeron con algo de nervios. Estaba terriblemente pálido. La madre de Giorno lo miró con desprecio. Ella odiaba la debilidad, el miedo.

Su esposo tenía miedo de Giorno, mejor dicho, temía de aquello que protegía a Giorno y lo amenazó alguna vez. Para la madre de Giorno, su hijo era como un zorro que tomaba o usurpaba el poder de ese algo llamado mafia, con lo que comenzó a involucrarse cuando aún estaba en primaria.

—Pareces un idiota tartamudeando,

En ese momento, repudió el miedo que su esposo sentía desde el fondo de su corazón.

La madre de Giorno pensó en el protector de su hijo, el héroe de Giorno, ese hombre que había estado merodeándolos durante un tiempo. No lo habían vuelto a ver desde hacía muchos años. Ella supuso que quizá se fue a otro lugar, o lo mataron en algún callejón de Nápoles. Sin embargo, el esposo le temía a la sombra de la mafia que todavía no se desvanecía de su conciencia.

—No sé lo que planea hacer, pero soy la madre de ese niño y siempre está metido en cosas turbias,

—Estuviste alejada de él durante demasiado tiempo,

—Era aún muy joven y estaba disfrutando de mi vida, a diferencia de ti, que a escondidas lo golpeaste y agrediste, —tomó de nuevo la carta de la mesa—, De cualquier modo me llevarán con él decida ir o no ir, aquí está escrito que un coche vendrá a buscarme.

En cuanto lo dijo su esposo se llevó las manos a la cabeza, caminó dando tumbos alrededor de la sala de estar. Ella suspiró profundo mientras lo miraba, detestaba a la gente cobarde, al igual que a las cosas inútiles. Su esposo estaba cayendo en ambas categorías. Aunque la realidad era que estaba enojada por el modo en que Giorno se atrevió a contactarla.

—Eres realmente miserable,