Disclaimer: Avatar no me pertenece. Todo es de Bryke. Lo único que es de mi autoría son los OC's y la trama.


Avatar: La leyenda de June

Libro 1: Fuego

La chispa en manos


Sus pequeñas manos tomaron el pergamino con cierta emoción. En su rostro se mostraba una gran alegría, eso no se podía negar. Más se hallaba nerviosa y sus dedos estaban sudorosos. Si alguien le pudiese la mano, saldría corriendo para evitar una vergonzosa escena.

El pergamino amarillento no le pertenecía, sino a Uriah, el invitado de su mamá. No era de su agrado y al parecer jamás lo sería. Era molesto, sarcástico y comía mucho más que Gumi. Su pequeña liebre voladora saltaba junta a ella, emitiendo ciertos chirridos.

—Sí, lo sé —masculló la pequeña con su voz aguda—, está mal robar. Pero yo sólo lo tomo prestado.

Sonrió orgullosa de su "robo". El viejo era dormilón y ni siquiera había notado cuando ella, silenciosamente, había tomado su pergamino. Sonaba como una gran hazaña para ella y algún día se lo contaría a alguien orgullosamente.

El pergamino poseía movimientos de fuego control. No debía ser tan difícil, y si quería ser el Avatar debía empezar de esa manera. El problema era que no sabía como podría ser el Avatar.

—¿Tú qué dices, Gumi? —preguntó con una sonrisa de lado—. ¿Funcionará?

La liebre voladora emitió otro chirrido, y June decidió tomarlo como un sí. Sin embargo toda su alegría se desmoronó cuando un cuerpo cayó encima de ella.

—Boo~.

Aquella voz era bastante conocida para ella. Se trataba de Oma.

—Cuando te agarre, idiota, aprenderás...

El niño de doce años y largo cabello púrpura se levantó del suelo con una socarrona sonrisa en labios. Estaba en una zona frondosa de la Isla, por lo que no había tanta iluminación del sol, pero había algo diferente en él.

—Ya, relájate enana —se mofó el niño—. ¿A dónde ibas con ese papel viejo?

Oma señaló el pergamino con su dedo, y June frunció los labios por lo entrometido que era.

—Es un pergamino, no un papel viejo —regañó la niña de cabellos verdes, golpeando a su amigo en la cabeza con el rollo.

El niño bufó, frotándose la cabeza. June siempre hacía eso. Se sentía como una almohada de descargue.

—Ya... No te esponjes. ¿Qué ibas a hacer con tu per-ga-mi-no?

—Practicar.

La pequeña Sato encaminó su paso junto a Gumi de manera altiva y orgullosa, siendo seguida por un curioso Oma. June era cabezota y tenía una tendencia a meterse en problemas, así que se encargaría de cuidarla por si algo sucedía.

Silbó un poco, introduciendo sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones azules.

—¿Practicar qué?

June bufó con molestia, retirando su andar recto por uno a zancadas.

—¿Te han dicho que eres muy metiche? —gruñó la pequeña, pero no resistió por la cara de cachorro que su amigo tenía—. Fuego control, ¿Ya?

Los labios de Oma se fruncieron.

—¿Fuego control? Pero eres maestra tierra, no maestra fuego.

—El Avatar domina los cuatro elementos y yo seré el Avatar, ¿Comprendes? —informó la niña.

June dejó el pergamino sobre una roca meticulosamente, con cuidado de que nada lo hiciese caer. Observó las pinturas en él mientras la risa estruendosa de Oma le perturbaba. Quiso pedirle que se fuera, pero ahora que lo pensaba no quería quedarse sola allí.

—Es imposible que tú seas el Avatar —se mofó, sentándose en una roca continúa—. El Avatar nace así, no se hace.

—Cállate —rugió la pequeña.

Oma se encogió de hombros, y June procedió a hacer los mismos movimientos que los dibujos del pergamino. Primero alzó su brazo, estirando la palma de su mano hacia arriba, y finalmente dando un golpe en el aire. Pero nada, sólo logró que su brazo se acalambrara.

El peli-morado se soltó a reír mientras acariciaba a Gumi.

—Oh, joven Avatar, es usted un as en el fuego control, ¿Sabía?

—¡Cállate!

June, con su tierra control, hizo que una roca volara hacia la cabeza de su compañero. Este profirió un quejido al poder evadirla costosamente. June lo ignoró, y volvió a intentarlo.

Dos intentos después, nada. Comenzaba a impacientarse. Oma se había cansado de ver a su amiga haciendo el ridículo frente a él. Se acercó a ella y tomó su mano, deteniendo que volviera a hacer.

—June, basta —musitó—. En tu sangre hay tierra control, es imposible que controles el fuego. Vayamos a la aldea y prometo regalarte una zanahoria, ¿Quieres?

La niña agitó los brazos, furiosa.

—¿Cómo osas a dudar de mí? ¡Puedo hacer fuego control!

Oma respiró profundo y aguantó los golpes que dieron de lleno en su cabeza. June parloteaba cosas sin cesar y él sólo sentía golpes por todas partes, más tuvo que agachar la cabeza cuando una llama de fuego salió del brazo de su amiga hacia él. Al final cayó al suelo con incredulidad.

—Demonios...


Asami se sentó en su cama con pesadez, casi sin fuerzas. Se sentía agotada mentalmente. Últimamente sus sueños se derivaban a una sola cosa: Su pasado. Y a pasado se incluía a Korra, Mako, Bolin, su padre, Industrias Futuro y la familia de Tenzin.

Sabía que no podía mantener a June alejada de Ciudad República durante toda la vida. Sabía que su pequeña crecería y su nivel de entendimiento también, al igual que su curiosidad, y las respuestas falsas a sus dudas no serían suficiente.

Tomó la foto del Equipo Avatar entre sus manos, y no pudo evitar cubrir su rostro con sus manos para evitar las lágrimas. Korra era su mejor amiga, su otra mitad, su parabatai, su confidente. No sabía que era peor: que había muerto y ella no estaba con ella, o que había sido una vil rata al traicionarla antes de dejar Ciudad República.

Jamás se arrepentiría de tener a June. La amaba y daría la vida por ella. Pero si pudiese remediar sus errores, lo haría.


—N-No lo puedo creer... Oh, Espíritus...

Oma, con su mandíbula en el suelo —literalmente—, observaba desde el rostro anonado de June hasta sus manos temblorosas. La sorpresa era notable. No podía creer lo que había visto.

—Hazlo de nuevo... Inténtalo.

June movió su brazo, como sí golpease una tabla de madera en las clases de Lya, la guerrera Kyoshi que entrenaba a las principiantes. Utilizó la misma respiración y de sus manos, rápidamente, salió una llamarada de fuego.

—Definitivamente, eres el Avatar —rió el niño—. Deberías hablar con los La Orden del Loto Blanco.

June bufó.

—¿Estás loco? Nadie debe saberlo, ¿Vale? Sólo tú, Gumi y yo —advirtió, señalando a su mascota.

—De acuerdo... Pero, ¿Y tu mamá?

—Tampoco —negó la niña.

Lo que ella no sabía, era lo importante que era su descubrimiento.


Este capítulo es demasiado corto, pero quería subirlo pronto para ya poder comenzar con la trama del fic en sí. Ya el siguiente capítulo será sobre June con 16 años (adiós June kawaii). ¿Qué tal les parece Oma? Odiaron al pobre de Uriah, espero que no sea así con Mr. Berenjena.

En cuanto pueda subiré una imagen de él en mi perfil.