Capítulo 2
Kari pasó la tarde ayudando a Davis en su casa con los dichosos deberes de verano que debería haber hecho pero que no había ni siquiera empezado.
─Yagami, ¿puedo hacerte una pregunta?
─Sí – dijo ella sin gran entusiasmo abstraída en sus pensamientos.
─ ¿Tú ya conocías de antes a ese tal Takaishi?
─ ¿A T.K.? – Davis frunció el ceño al oír que Kari también llamaba al rubio por su nombre de pila.
─Sí, a ése.
─No le llames así.
─Bueno, contéstame.
─Sí ya lo conocía.
─ ¿De qué?
─Bueno, acaba los deberes, tengo que irme.
─ ¿Te vas ya?
─Emm... sí, disculpa. He recordado que tenía que pasar por el supermercado para comprarle unsa cosas a mi madre.
─Oh, qué pena. Nos vemos, Kari.
─Yagami – rectificó Kari, no le gustaba que la llamasen por su nombre excepto aquellos que realmente la conocían.
─Nos vemos, Yagami – dijo Davis mientras la acompañaba a la puerta. Kari salió del apartamento de los Motomiya y echó a correr. Davis la vio marcharse a toda prisa por la ventana.
Kari cruzó las calles y casi sin aliento llegó a casa de T.K.
Llamó al timbre. Una mujer le abrió la puerta.
─Señora Takaishi, ¿está T.K.?
─ ¡Kari! Vaya, qué sorpresa. No, T.K. no está se ha ido a entrenar ya a baloncesto, se ha apuntado esta mañana y ya le han cogido para el equipo.
─Entonces, ¿está en el colegio?
─Sí, si quieres puedes esperar a que venga.
─No, tranquila iré a buscarle. De paso, veré a mi hermano.
─Vale, pequeña. Me alegro de verte.
─Y yo a usted – la mujer cerró la puerta sin hacer ruido y Kari marchó hacia el colegio.
Davis que había intuido la intención de Kari al irse así de su casa se dispuso a seguirla. Después de un buen rato persiguiéndola, la vio llegar a la que supuso sería la casa de T.K. Permaneció escondido y cuando la vio salir otra vez corriendo adivinó que el chico rubio no debía de estar en casa. Siguiéndola como si de un espía se tratase llegaron al colegio.
Kari se dirigió hacia los campos de fútbol, observó a todos aquellos que estaban jugando y gritó:
─¡Hermano!
Tai se giró enseguida y corrió hacia la verja donde Kari se había apoyado.
─Dime, Kari...– dijo resoplando.
─ ¿Sabes dónde está T.K.?
─Pues... – el castaño se quedó pensando pero desvió la mirada por encima del hombro de su hermana. Kari se volteó a ver a su espalda y descubrió que se dirigían hacia ellos Matt y Sora cogidos de la mano.
─ ¿Qué hacéis aquí? – dijo Tai un poco sorprendido.
─Venía a buscar a mi hermano que desde que llegó aún no le he visto.
─Mi hermana también le buscaba, bueno, creo que estaba en la cancha de baloncesto o al menos estaba allí cuando yo llegué hace unas dos horas. Creo que al equipo de baloncesto le ha faltado tiempo para aceptarlo.
─Gracias, Tai – dijo Matt, cogió a Sora de la mano y tiró de ella hacia el gimnasio. Ésta antes de marcharse se volvió hacia el que había sido su mejor amigo lanzándole una mirada entre triste y enfadada.
Kari no entendía nada y se quedó mirando a Sora y a su hermano a partes iguales. Desde hacía una semana Sora había dejado de venir por casa. Tai estaba mucho más apagado y su habitual optimismo y alegría se habían ido marchitando.
Finalmente, cuando Sora se perdió de vista con Matt tras el edificio del gimnasio el mayor de los Yagami suspiró.
─Hermano, ¿seguro que no tienes nada que contarme?
─De momento no, gracias Kari. Ahora ve con ellos, tengo que volver a entrenar. -su hermano se marchó sin decirle nada más y la chica se marchó a buscar a T.K. sabiendo que no iba a poder sacarle ningún tipo de información a su hermano sobre Sora, por lo menos, no en ese momento.
La castaña se volvió a encontrar con Matt y Sora dentro del gimnasio. Sora le lanzó una sonrisa a Kari y le indicó con la cabeza que mirara a la cancha de baloncesto donde un joven rubio se estaba luciendo de lo lindo jugando al baloncesto.
Kari miró allí donde le indicaban y vio a su mejor amigo. Jugaba con el balón en las manos como si fuese una parte más de su cuerpo, parte de ese maravilloso cuerpo que estaba empezando a aflorar a sus casi catorce años. Su pelo rubio brillaba con fuerza bajo los focos del gimnasio empapado en sudor, sus fuertes brazos se movían con el balón, su pecho subía y bajaba en una agitada respiración.
El entrenador puso punto y final al juego y todos se detuvieron.
─Bien chicos, muy bien. Hemos hecho un buen entrenamiento, dentro de dos semanas empezará la competición de baloncesto, así que os quiero ver en todos los entrenamientos.
─ ¡Si, entrenador! - contestaron los jugadores al unísono.
─Takaishi – dijo el entrenador al chico mientras este cogía una toalla para secarse el sudor que le perlaba la frente –. Lo has hecho muy bien, eres un gran jugador y puedes llegar muy lejos. Espero que todo vaya bien en la competición.
─Gracias, señor. Lo haré lo mejor que pueda.
─Mira, veo que tu hermano y tu novia te espera.
─ ¿Mi novia? – T.K. levantó la cabeza y vio a Kari.
─Kari no es mi novia.
─Pues que pena, la chica es un buen partido – Davis que estaba escuchando todo esto desde los vestuarios estaba rojo de ira. Hacía apenas un día que conocía a ese Takaishi y ya le tenía mucha manía. Además, había decidido dos cosas: se iba a apuntar al equipo de baloncesto y conseguiría que Kari fuese su novia como sea. No le iba a dejar ni respirar, ese T.K tendría que aprender que Davis siempre ganaba.
Davis a través de la ventanilla de los vestuarios vio como T.K. se acercaba al pequeño grupo que había ido a verle. En primer lugar, abrazó a su hermano y le dio dos besos a Sora y después saludó a Kari con una sonrisa.
La castaña le sujetó la bolsa de deporte mientras él se ataba los zapatillas. Los cuatro salieron charlando de allí.
Era casi de noche.
─Bueno, hermano, el fin de semana vendré con papá e iremos a cenar o algo para celebrar que has vuelto al fin.
─Está bien, os estaré esperando.
─Pues lo dicho, nos vemos.
─Adiós chicos. -dijo Sora. - Kari, ¿tienes quién te lleve a casa?
─No, mi hermano ya se ha ido.
─Yo la acompañaré – contestó T.K., resuelto –. No os preocupéis.
─Está bien. Buenas noches. Confiamos en ti, T.K.
Cuando se quedaron a solas, los dos empezaron a caminar despacio en dirección al apartamento de los Yagami. No tardaron más de unos quince minutos en llegar allí. Todo el trayecto lo pasaron hablando de cualquier cosa, sin más ni más, tal y como hacían cuando eran niños. Al llegar a la esquina en la que se tenían que despedir la castaña se detuvo frente a su amigo y lo miró a los ojos.
─Me alegro de que hayas vuelto - le dio un beso en la mejilla y se alejó corriendo cruzando la calle hasta su casa.
T.K. se quedó parado, sin casi poder respirar. Aquella chica lo volvía loco, cada día más pero ella era solo una amiga, ¿no? No obstante, T.K. se quedó mirando a Kari asustado. ¿Por qué?
Una sombra le había pasado por encima, rozándole la cabeza, una sombra oscura, totalmente maligna. Al mismo, su digivice se había puesto a brillar de una manera extraña.
¿Acaso el mundo Digimon le estaba llamando? ¿Estaba llamando a Kari? ¿Y aquella sombra? Tenía una forma peculiar, le recordaba a algo pero no supo decir a qué. Finalmente, cuando vio a Kari llegar sana y salva a su casa emprendió el camino hacia la suya.
─Hola, Takaishi – T.K. se volvió sobre sus pasos, sobresaltado.
─Ah, Motomiya. ¡Qué susto me has dado!
─ ¿Todo bien? ¿Ya ibas hacia casa?
─Emm... sí, es que estaba haciéndole un recado a mi madre.
─Sí, ya veo.
─Bueno me voy...
─Hasta mañana.
T.K. se alejó deprisa, aquel chico con el pelo de punta lo ponía más que nervioso, se volvió a girar y el castaño seguía allí mirándose las manos, pasmado.
─ ¿Estás bien?
─Me ha aparecido en la mano un aparato muy raro... – dijo Davis en un susurro – una luz azul apareció y...
El rubio corrió hacia él. Miró lo que había entre sus manos. Un digivice o al menos lo parecía. Dudó un segundo pero vio a Davis tan asustado que decidió que debía averiguar qué demonios estaba pasando, cogió el móvil y llamó:
─¿Izzy? Soy T.K. necesito tu ayuda...
