Desclaimer: Los personajes de la siguiente trama pertenecen a sus correspondientes autores. Para hacerlo correctamente, hablo de Tite Kubo (Bleach) y J. (Harry Potter)
Advertencia: Semi AU. Cambio de género en los protagonistas de ambas historias para que concuerden con los fines sin lucro de la autora.
La obsesión es algo insano.
Si no se controla meticulosamente,
Puede generar tragedia y dolor a su alrededor.
Capítulo 2: Conflictos de ayer
Habían pasado unas semanas (un día antes del dichoso baile), y la hija de Isshin había tenido más encuentros con el Kuchiki de ojos azules. Normalmente era en solitario, practicando con su guitarra o con un violín que había en la sala de música.
Una vez quedaron debatiendo sobre distintas ramas de la música que, por extraño que parezca, les gustaban a ambos. Sobre todo con música de género Rock-Punk en inglés y de su nacionalidad.
Algo difícil de creer dado el carácter y porte que tenía el hermano de Rukia.
Si se juzgaba a primera vista, bien podría ser alguien de música melódica o clásica. Pero una vez más, Ichigo notó que la frase de "Las apariencias engañan", también se aplicaba a este hombre.
Eran las seis y media de la mañana cuando Ichigo se hartó del repiqueteo en su ventana.
-¡Bueno, ya basta! ¡Ya basta! – protestó la mayor de los Kurosaki, notando que el picoteo se volvía más incesante y fuerte.
La chica abrió la ventana y dejó que un ave marrón se posara sobre su muñeca. Adormilada, y tirando de su remera hacia abajo, dejó al animal en la baranda de los pies de su cama.
Cinco minutos después, salía del baño con su cabello atado a una coleta alta y el rostro despierto. Tomó el sobre del pico del ave, se puso sus gafas, lo abrió y leyó el contenido:
A Shiba Kurosaki Ichigo Jude, solicitándola como Maestra en Defensa Contra las Artes Oscuras.
El Departamento de Educación Mágica solicita su sabiduría como Profesora en la materia dicha, para la hija menor del Tercer Gran Clan Noble, Kuchiki Rukia, quien realizó los EXTASIS en siete materias, fallando en solo una.
El heredero a la Jefatura del Clan, su hermano mayor, solicitó que Nakamura Sakata no sea el profesor asignado a darle clases particulares, para tener otro punto de vista. Por lo cual nos vimos obligados a elegir a uno de todos los que consiguieron una Maestría en Defensa Contra las Artes Oscuras en los últimos treinta años.
Fue una sorpresa muy grata el encontrar un nombre de nacionalidad japonesa entre todos ellos. De buena gana podríamos haber elegido a Remus Lupin, el famoso hombre-lobo de Gran Bretaña, pero creemos que entre sí se van a entender al tener la misma edad.
Si acepta, nos tendrá que devolver la respuesta con la misma lechuza, y se procederá a mandarle el informe de la alumna junto con las notas de los dos exámenes: el escrito y el teórico.
Esperando que su regreso al país haya sido de su agrado,
Hyôsube Ichibe,
Jefe del Departamento de Educación Mágica,
Representante de Japón en la Confederación Internacional de Magos,
Capitán-Comandante de la División Cero.
Al terminar de leerla, se sentó en la silla frente a su escritorio y redactó de forma rápida una respuesta elaborada. Luego de que la tinta se secara, la puso en un sobre y se la dio a la expectante lechuza, que salió volando rápidamente por la ventana de su balcón.
Luego quedó pensando por una hora mientras miraba a la ventana que daba al cuarto de Rukia.
Cuando se dio cuenta de que iban a ser las siete, salió como un rayo al baño para cambiarse el pijama por el uniforme y bajó la escalera, deslizándose por el barandal.
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A la tarde, ese mismo día, Ichigo recibió lo que le habían prometido.
Bajo la cara curiosa de sus tres hermanas y su padre, analizó detalladamente el examen teórico de Defensa Contra las Artes Oscuras de Kuchiki Rukia. Había recibido un Extraordinario con pluses. ¿Y Nakamura Sakata la desaprobó? Luego miró la nota del práctico.
Ichigo se masajeó las sienes.
-Harley – llamó ella, pasando el examen. -¿Qué nota le pondrías a este examen, si fueses tú? – preguntó con el entrecejo fruncido.
La aludida frunció el ceño.
-La nota "Extraordinaria" está bien, ¿Por qué lo preguntas? – se confundió a los cinco minutos.
-En el práctico sacó un "Pobre", y no me cabe en la cabeza del porqué el tal Nakamura Sakata le puso la misma que práctico en vez de ponerle un "Supera las Expectativas". – todos en la mesa abrieron los ojos, incrédulos. - Iré a casa de Rukia. – bufó después.
Isshin saltó.
-¿Por qué?
-Es de ella ese examen, y quiero hablar con su hermano. Hay algo que no me cuadra. – rápidamente, Ichigo terminó su café, recogió el examen, la ficha técnica de la Kuchiki, las notas de los profesores que tuvo en las dos escuelas en las que estudió (Beauxbatons y Mahoutokoro) y lo guardó todo en una carpeta de oficina.
Su padre siguió todos sus movimientos con el ceño fruncido.
-¿Por qué no le dices tu opinión en carta? No hay necesidad de que vayas a la casa de los Kuchiki. – tanto las mellizas como la mayor, observaron sorprendidas la expresión de disgusto y enojo de su padre al decir ello.
-Oh, bueno, no se… - ironizó la pelinaranja. - ¿Será porque viven al lado? – luego enarcó una ceja. – No sé qué te ocurre con la familia de Rukia, pero espero que tengas una buena excusa. – lo dejó con la palabra en la boca y salió de la casa.
Bufando, trato de entender la expresión fría que adoptó su padre cuando la vió hablando por primera vez con el Professor Kuchiki sobre un trabajo práctico que había entregado hace tres días.
Se había acercado con rapidez, y le pidió que dejara lo que estaba haciendo para otro día. La reacción de ella se hizo esperar hasta que había entrado al auto de su padre.
Volviendo al presente, Ichigo se paró en la puerta de su casa unos segundos para serenarse. Luego revisó que tuviese las llaves de su casa en el bolsillo, y se encaminó a la casa de al lado. Se había cambiado el uniforme por unos jeans negros, una remera manga larga color marrón y zapatillas azules.
Después de que tocara la puerta, el abuelo de Rukia le recibió con sorpresa.
-Ichigo. – saludó él. – Rukia no ha llegado de buscar su nuevo documento. – le anunció de forma suave.
-No será necesario, Kuchiki-san. – le contesto ella, negando con la cabeza. - ¿Está el Professor? Es sobre ella de lo que tengo que hablarles. – luego lo miró a los ojos sin expresión alguna.
Ginrei la miró largamente por unos segundos, hasta que se hizo a un lado y la dejó pasar.
En silencio, los dos se encaminaron al living de la casa donde, justamente, el profesor de Leyes estaba sentado al lado de la ventana que daba a la calla revisando unos trabajos.
Cuando se dio cuenta de que no estaba solo. La sorpresa cruzó su rostro cuando vió a una de sus alumnas en el living de su casa.
-Buenas tardes, Professor. – Ichigo trató de no mostrar ningún gesto de nerviosismo.
-¿Qué te trae por aquí, Kurosaki? – preguntó luego de saludarla como corresponde.
-El examen de Defensa Contra las Artes Oscuras de Rukia. – detrás suyo, el hombre mayor se sorprendió y miró a su nieto, quien cabeceó en comprensión.
-Recibí tu aceptación para que ella pueda hacerlo una segunda vez bajo tu tutoría. – contestó el oji azul, dejando el trabajo de lado y mirándola a los ojos.
Ichigo trató de volver hablar, pero no sabía cómo. Luego apretó los puños y suspiró con cansancio e irritación.
-Estoy indignada. – soltó luego del silencio. Con un gesto de su mano, un intrigado Byakuya le indicó que se sentara en el sillón, mientras que el mayor la imitaba.
-¿Hay algo malo en el examen? – preguntó el más joven.
-No, no me malinterprete. – se corrigió ella. – Rukia tiene una mente brillante y su forma de redactar es sobresaliente, también contando con que llega a conclusiones muy sorprendentes. – explicó mientras sacaba el examen escrito. – El caso es que la nota que le dieron no se la merece. – balbuceó mientras que le pasaba al oji azul los pergaminos con la elegante caligrafía de la chica. – en lo único que tuvo problemas fue en el examen práctico. – siguiente a sus palabras, le dio los resultados de los dos exámenes a Ginrei, quien se sorprendió. - Pero aunque este último se le dé más importancia, en mi opinión no fue justa la nota final.
-¿En qué justificas el que no aceptes la nota de alguien como Nakamura Sakata, quien lleva casi de veinte años dando clases, esté equivocado en la nota? – preguntó el Kuchiki mayor, devolviéndole el pergamino.
-Por los informes de los Profesores Kyôraku y Delacure. – dijo con voz más suave. Los dos hombres compartieron una mirada. – Sus TIMO's fueron todos Supera las Expectativas. Y ambos profesores de las demás materias aseguran que Defensa Contra las Artes Oscuras no es su fuerte, pero puede defenderse.
La chica tomó un poco de aire, tratando de calmarse.
-También debo agregar, - continuó después, sin percatarse de que su profesor de Leyes iba a empezar a hablar. – que quien me preparó para que yo saque la maestría en esta materia fue un hombre-lobo que tiene más años de experiencia que el señor Nakamura. Es más, le enseñé el examen a Harley Potter, que también tiene maestría, y coincide conmigo: Ella tendría que tener, como máximo, un Supera las Expectativas. – luego guardó silencio, esperando.
-Eso es más que suficiente, Kurosaki, te lo agradezco. – habló Byakuya, sonriendo ligeramente. – Pero el ministerio no permitirá que se cambie la nota sin que Rukia haga el examen otra vez. – explicó mientras le devolvía el examen de su hermana. - ¿Estarás dispuesta a prepararla en la práctica de un segundo examen? - Ella negó con la cabeza.
-Por mí no tengo problema alguno. – respondió mientras jugueteaba con sus pulgares. – Siempre podemos practicar un poco en el receso en el colegio. Hasta podría decírselo yo misma, mañana antes del… - frunció levemente la nariz y el ceño. – Baile de Bienvenida. - Los dos hombres levantaron una ceja ante eso último, pero asintieron con conformidad.
-Tengo una pregunta. – dijo Ginrei, haciendo que tanto su nieto como Ichigo lo miraran. - ¿Quién haría el examen?
Ella lo pensó unos segundos.
-Creo que Sirius es el ideal para que lo haga. – musitó en voz alta, frunciendo ligeramente el entrecejo.
-¿Quién? – preguntaron los dos Kuchikis, confundidos.
-Sirius Black. – aclaró con cierto nerviosismo.
-No sabía que lo conocías. – el oji azul se sorprendió. - Es perfecto, entonces. – coincidió después. - Haciendo un lado a la injusticia de Barty Crouch Senior e ignorando lo dicho por el Ministerio de Magia Británico, Sirius Black es otro mago con maestría en Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque la consiguiese luego de haber conseguido su libertad. – luego miró nuevamente a su alumna, quien se preguntaba cómo es que conocía a Canuto. - ¿Armarás un programa para las clases? – ella lo pensó, un tanto incómoda.
-Teoría no le voy a dar. – descartó ella, guardando los pergaminos con el ceño fruncido. – Yo le hubiese dado un plus por la explicación de los Youkais de los Cuatro Puntos Cardinales. Solo serán unas clases de observación y corrección, y si puedo, veré si logra ejecutar un Encantamiento Patronus a un nivel en el que pueda defenderse.
La sorpresa cruzó el rostro de ambos.
-Nunca lo entendí, ¿Por qué se la da en esta materia? – preguntó Byakuya, curioso.
Ichigo tuvo un escalofrío. Estúpidas criaturas. Masculló mentalmente.
-Porque es para parar, repeler y alejar a los Dementores. – explicó de forma rápida, junto con otro escalofrío.
-Escuché que es muy difícil de hacer y que muy pocos magos lo pueden hacer. – opinó Ginrei, pensativo. - ¿Es así? – le preguntó a la chica.
-Para algunos no es problema alguno. – Ichigo se encogió de hombros. – pero otros lo tienen muy difíciles si su vida no ha sido buena. Yo misma tuve muchos problemas para poder realizarlo la primera vez. – admitió ella, apretando sus manos. – por alguna razón, los Dementores han esquivado esta parte del mundo. – eso parecía intrigar mucho a los tres. – Es muy curioso…
Quizá debería de hablarlo con Harley… pensó ella.
El sonido de la puerta principal la sobresaltó.
-Ya regresé. – dijo la voz de Rukia, asomándose a donde ellos estaban. - ¿Ichigo? – ella sonrió. Luego, la recién llegada miró a su hermano y a su abuelo. - ¿Qué…?
-¿Por qué no lo hablamos mañana, Rukes? – le paró la pelinaranja. Esta miró el reloj de su muñeca derecha. - falta muy poco para las siete, y si no estoy a esa hora en mi casa, mi padre va a empezar a llorar y sacar conclusiones estúpidas. – se excusó después.
-Está bien. – se conformó la chica, un tanto extrañada. – Te acompaño. – la chica asintió con un cabeceo seco, luego se despidió de Ginrei y Byakuya, para luego seguir su camino a fuera de la casa.
-De todas formas, voy a preguntarles que es lo que pasó. – le avisó la pelinegra a la pelinaranja, una vez que estaban a fuera.
-No sé si te van a responder… - dudó la chica. – yo ya dije que te lo diría mañana. – suspiró, y se despidió de la chica para volver a su casa.
Justo después de la cena, Ichigo tuvo una fuerte discusión con su padre.
-¿Cómo puedes…? – tartamudeó ella, cuando Isshin le advirtió que se cuidara de los vecinos.
-¡Trata de entender que yo…!
-¡Claro que no! ¡No lo hago! – exclamó ella, furiosa. - ¡Verdaderamente no te entiendo, papá! ¡No entiendo tus razones para que yo no entable una amistad con Rukia! ¡Y no lo noté solo hoy! – ella apuntó con su dedo índice de su mano derecha a la cara seria de su padre. – Todas las veces que la veías a ella o a mi profesor de Leyes, tratabas de evadirla o simplemente me alejabas con una estúpida excusa. Si hay algo que tienes que decirme, este es el momento. – le dijo ella como si fuese un ultimátum. – ¡Y no entiendo cómo quieres que evite estar diez metros lejos de cada Kuchiki, cuando tengo a uno como profesor!
-¡Entonces puedo conseguirte un privado! – su padre intentó convencerla.
-¡NO! – exclamó con más fuerza de la que pretendía. - ¡Eso es estúpido de tu parte! ¿Acaso conoces al Professor Kuchiki? ¿Conoces a Rukia? ¿O a Ginrei-san?
Su padre se agarró de los cabellos con fuerza.
-Conocí tanto a Byakuya como a su padre, Sôjun. – ella abrió los ojos y quedó en silencio. – fue mi mejor amigo, y quien me hizo padrino de su primogénito - le explicó con cierto dolor en el rostro. Ichigo se sorprendió más por el hecho de que su padre fuese padrino de su profesor de Leyes que de lo demás. – donde trabajábamos, hace más de veinte años, había muchos problemas. – el hombre trató de seguir hablando sin revelar su papel en ese equipo. – La familia Kuchiki y la familia Shiba eran dos de las cuatro más importantes del Mundo Mágico, y no solo de Japón… - ante la sorpresa, Ichigo se enderezó y dejó que su padre hablara. - teníamos prohibido mezclar nuestra sangre con personas sin magia. Pero tanto a mí como al padre de Rukia no nos importaba eso. – hizo una expresión de desagrado. – cuando conocía tu madre, mis problemas empezaron ocultando una relación clandestina. Al casarme con ella, el detonante de mi huida y cambio de apellido fue cuando surgió lo del supuesto traidor. – Isshin hizo una pausa para respirar un par de veces, mientras se rascaba la nuca. – Mi amistad con Sôjun se iba deteriorando poco a poco: lo veía muy nervioso, me esquivaba… ponía excusas de que sus hijos estaban enfermos y que su mujer tenía problemas con su tercer embarazo… pasé una semana y media sin verlo, hasta que me acusaron de compartir secretos con alguien fuera del equipo y del ministerio. – Miró por unos segundos a su hija antes de culminar. – venía acompañado de un grupo de Ronins y el Jefe del Departamento de la Aplicación de la ley Mágica.
Luego de un suspiro, hubo un silencio en el living de la casa Kurosaki.
-Sôjun fue el que me acusó de alta Traición. – dijo al final, en tono cansado. – hasta peleamos como dos muggles. – admitió ante la ceja alzada de su hija. – quienes lo acompañaban estaban tan sorprendidos que aproveché y escapé de mi arresto. – Isshin cerró los ojos, mientras se refregaba la cara. – luego le di el Título de Cabeza de la Familia a mi hermano menor. Cuando volví con tu madre, un año después por temor a que le hicieran algo, me encontré con que tú ya habías nacido. – sus ojos brillaron ante el recuerdo. – mi hermano murió cuando Kaien cumplió dieciocho, y el título pasó directamente a tu primo. Luego de ello, no supe más nada de los Kuchiki e hice mi vida tratando de olvidar el odio a quien una vez fue mi mejor amigo, casi un hermano. – su rostro resignado, apático, adolorido y con un expresión de desagrado ante la mención del padre de Rukia (varias veces), hizo que Ichigo entendiera que había terminado de relatar parte de su pasado.
La chica soltó un largo suspiro y se puso a recorrer el living con estupefacción.
-No puedo creer que estés adoptando la misma actitud que Severus Snape tomó con Harley solo por el hecho de que se parezca a su padre… ¡Eso-es-estúpido! – terminó gritando.
-¿Puedes, por lo menos, ponerte en mi lugar? – le preguntó él, un tanto dolido.
-¿Cómo quieres que lo haga? – le respondió ella, incrédula. - ¡Te conté lo que pasó con Akira y de porqué lo hizo! ¡Es muy distinto a lo que me has contado!
-No es distinto. – aseveró él.
-¡Claro que sí! – rugió ella. - ¡Su padre se lo pidió! ¡Su padre me alejó de ustedes por más de siete años! ¡Tengo motivos para odiarlo a los dos, pero no a su descendencia! – se exasperó ella.
-Ichigo… - suspiró su padre.
-¡Ichigo nada! – exclamó ella, todavía furiosa por el comportamiento de su padre. De la mesita ratona del living, agarró su juego de llaves y se dirigió hacia la salida.
-¿A dónde vas a esta hora? – exclamó su padre, siguiéndola.
-Lejos de ti. – espetó ella.
Al abrir la puerta, vió que había empezado a llover. Su padre la agarró de un hombro.
-¡Déjame, Isshin! – exclamó la chica. Su padre la soltó como si quemara. - ¡Esto es estúpido! – balbuceó con la voz temblorosa. - ¿Qué diría mamá? – le dijo con el rostro en una expresión ofendida.
El patriarca Kurosaki quedó helado.
-¡No metas a tu madre en algo que ella no tiene nada que ver! – gritó él.
-¡Contéstame! – le detuvo ella. – Tú, que tanto la conocías, ¿Qué es lo que diría ella? ¡¿Qué estaría bien que odies a tu ahijado solo por algo que causó su padre?! ¡¿Qué estás en lo correcto en despreciar a su hija menor, quien no conoció a sus padres porque murieron antes de que ella pudiese recordarlos?! - Los gritos llegaban hasta la casa del frente, seguramente. Por suerte, tanto las gemelas y Harley se habían ido a dormir muy temprano y las tres tenían el sueño pesado.
Ichigo se dio la vuelta y se encaminó bajo la noche, pero fue detenida otra vez.
-¡Todavía estás bajo mi tutela, Ichigo! – le advirtió su padre.
-Tengo dieciocho años, Isshin. – le dijo con la voz tomada, y mirándolo con el ceño profundamente fruncido. – No me importa nada. – Se soltó de su padre de un tirón, y corrió bajo la lluvia, siendo seguida por el hombre. - ¡Más vale que no me sigas!
-¿A dónde vas? ¡Vas a enfermarte! ¡Ven aquí! – le siguió insistiendo él, preocupado.
-¡Me voy! – exclamó ella, sin disminuir su ritmo y pisando con furia los charcos que se iban formando.
Se dispuso a correr, y mientras más lo hacía, menos escuchaba la voz de su padre por culpa de la pesada lluvia.
Cuando llevaba unas cuadras corriendo, se dio cuenta de que estaba completamente empapada, cansada y con sueño.
Podría ir a casa de su primo, pero él se había casado recientemente con la chica perfecta (según ella) para que pueda frenarlo con sus locuras, por lo que no quería estorbar. Luego pensó en ir a casa de Renji, pero quedaba a las afueras de la ciudad.
Resignada, se dio cuenta de que había llegado a la plaza frente al colegio.
-Estúpido viejo… -masculló mientras se sentaba en uno de los bancos de piedra.
La lluvia había parado.
Ichigo suspiró y bajó el rostro. A los quince minutos en esa posición, se sobresaltó al escuchar tres risas detrás de ella.
-Miren a quién tenemos aquí… - canturreó una voz muy conocida para ella. –Si no es a la nena a quien juega ser un hombre. – se burló después.
Un chico rubio albino y de ojos celestes se acercaba a ella. Al ver sus facciones toscas pero suaves, Ichigo gruñó.
-Akira… - masculló ella, fulminándolo con la mirada.
-Pensé que te habías quedado en Londres, I-chi-go… - luego, se rio estúpidamente mientras se balanceaba de forma torpe. Los otros dos estaban igual que él.
-Vete, estás borracho, estúpido. – le dijo ella mientras se levantaba de su asiento.
-¿Por qué? – preguntó inocentemente. - Yo me quería divertir un poco ahora que decidiste ser toda una mujer zorrita. – luego la miró de pies a cabeza y le hizo un gesto a los otros dos que estaban detrás de él.
A penas esos dos la tocaron, fueron despedidos hacia atrás de una patada a cada uno.
Con lo que no contaba ella, era que al hacerlo, ellos hubiesen fingido una caída y que Akira la agarrara por detrás y colocara algo filoso y frío en su garganta: una navaja.
Ichigo se tensó cuando los otros dos se pararon y le agarraran un brazo y una pierna cada uno.
-Veamos… - el albino deslizó el arma blanca por la columna vertebral de la chica, rompiendo su remera marrón y, de paso, la parte de atrás de su sostén. – Un tatuaje precioso… - comentó al ver las ramas de cerezo que se dibujaban en toda su espalda, parte de sus brazos y rodeaba su vientre bajo. - ¿Sigue más abajo? – se "asombró" el chico, viendo que faltaba la terminación justo cuando empezaba sus jeans. - ¿Serías muy amble de mostrarnos toda la obra de arte, Ichigo-kun? – preguntó después de forma maliciosa.
Con sus otros dos "amigos" riéndose como bobos, el ex alumno de Hogwarts cortó los jeans de la chica, de modo que pareciera un short lo suficientemente corto como para que pase más como ropa interior, que como un pantalón corto. Ignoraban todo los forcejeos de la chica por soltarse.
-Dime, Nakamura, - dijo uno de los otros. – Vas a compartir, ¿No? La chica esconde más de lo que muestra en esta parte de adelante, eh… - comentó mientras trataba de subirle la remera.
Ichigo se movió bruscamente, tratando de zafarse. Pero lo que consiguió fue que cayera de rodillas.
Se estaba poniendo nerviosa, y no tenía la fuerza suficiente como para empezar a gritar luego de haberlo hecho con su padre.
-¿Qué ganas con esto, Akira? – exigió ella, tratando de hacer tiempo para pensar.
El aludido la miró, mientras ladeaba la cabeza.
-¿Qué gano? – repitió él, muy cerca de ella como para oler la peste a sake que estaba soltando. – Un poco de diversión, querido. – luego rio desquiciadamente. – Pero, yo te quería de verdad, pero parece ser que no te ha gustado mi forma de ser. – él frunció el ceño y apretó sus labios. - ¡Yo te quería y tú me despreciaste! Y todavía lo sigo haciendo. – susurró después, con la mandíbula temblándole.
Sí, claro. La chica bufó, fastidiada.
-¡Y bien que lo demostrabas! ¡Cuando tenía que guardar apariencias y te decía que se vería raro ti no me hacías caso! Y luego surgió lo de la tarada de Chang. – se defendió ella, enojada. - ¡Se lo contaste y aun así te acostaste con ella, diciendo que me amabas! – rugió después, temblando de frío.
-Ow… - dijo el albino. - ¿Estabas celosa? – preguntó mientras intentaba besarla a la fuerza.
Ella desvió el rostro para esquivar su intención. Casi vomita toda la cena cuando olió su putrefacto aliento a alcohol.
-No, - negó ella. – yo no soy de ese tipo de mujer, lo que a mí me molestó es que yo supiera tu supuesta infidelidad y aun así le sacaste importancia solo porque me usabas y que desperdigaras secretos que no son tuyos. – dijo con desprecio.
-No entendiste nada. – suspiró él, "triste"…
Y le abofeteó con fuerza en la cara, para risas de sus dos amigos.
-No me gusta pegarte. – se entristeció el chico. Luego, desgarró la parte frontal de su remera y le agarró del flequillo con brusquedad con su palma izquierda. – Ni tampoco obligarte a esto, pero tú serás solo mía… - susurró mientras miraba el cuerpo de la chica.
Unos segundos después, se acercó a su rostro y con su mano izquierda la agarró del cuello. Con la otra, tomó parte de su cabello e inhalo el aroma que desprendía con mucho ahínco, como si fuese una droga.
Cuando se alejó un par de centímetros, la chica le escupió en la cara con todo el asco y odio que sentía.
-¿Crees que lo lograrás? – preguntó ella, con los dientes apretados y temblando por el frío de la noche. - ¿Piensa que lograrás romperme…que lograrás que llore, suplique, grite y pida que pares?
-No. – fue la única respuesta del albino, limpiándose el rostro para luego volver a abofetearle la cara en el mismo lugar. Eso arrancó más risas de los otros dos – Simplemente quiero lo que me pertenece. Si es necesario encerrarte y obligarte a corresponderme, lo haré. – él explicó como un niño inocente y de cuatro años de edad. – Y si tengo que borrar tu memoria al más estilo Gilderoy Lockhart, lo haré también. – cuando volvió a mirarla, ella verdaderamente quedó helada por la mirada delirante, obsesiva y oscura que reflejaban sus ojos celestes.
Cuando volvió a acercar su rostro al de ella, al mismo tiempo posaba una de sus manos en el pecho de ella.
Sin saber cómo, y un segundo después de esa acción, Nakamura salió disparado ocho metros de distancia de la chica, dejando los restantes tres, estupefactos.
Cuando miraron a la dirección contraria a la que fue Akira, una imponente figura estaba apuntando hacia ellos con una varita de madera rojiza.
-Esa no es la forma correcta de tratar a una mujer. – fue lo único que dijo la figura. De lejos, ella observó el brillo de ira e indignación que destilaban los orbes azules.
Ichigo se desmayó antes de saber qué tipo de movimientos había hecho el hombre contra los tres idiotas.
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A la mañana siguiente, Ichigo amaneció más confundida que cuando salía de la Red Flú. Y cuando se irguió y miró a su alrededor, comprendió que, donde quiera que estaba, no era su habitación.
Al lado de donde estaba acostada, sus varitas estaban apoyadas en una mesita de luz blanca guardadas en sus fundas. Se las colocó en sus lugares en un segundo.
Los colores de las paredes eran suaves y había una variedad de blanco, violeta, celeste, azul, verde, rosa y negro por todas partes. Parecía la representación de un pequeño bosque en pleno invierno con mariposas negras colocadas de forma aleatoria.
La puerta de la habitación se abrió, y una ráfaga de aire le hizo escocer la mejilla derecha.
-Buenos días, Kurosaki.
La ludida se sobresaltó y giró hacia dónde provenía la voz.
-Professor… - se sorprendió ella. - ¿Dónde estoy?
Antes de que le contestara, Byakuya tomó asiento en una silla de escritorio. Después miró a la chica a los ojos durante un tiempo.
-¿Qué es lo que recuerdas de la noche pasada? – preguntó con cierto cuidado.
La pelinaranja pestañeó repetidas veces mientras miraba sus manos en el regazo.
-Yo… - Ichigo cerró los ojos. - Discutí con mi padre, me fui de la casa… - respiró mientras que los flashback iban pasando por su mente. – Y me quedé en la plaza frente a la escuela… - la chica miró al oji azul con el ceño levemente fruncido. – Me encontré con Akira y dos de sus amigos… - empezó a balbucear de forma torpe. - e intentaron… - ella hizo una pausa y luego se calmó. - Pero usted llegó, los detuvo y… mi cabeza…
-Suficiente. – le paró el Kuchiki, alzando una mano. – Estás en la habitación de mi hermana. Ayer te trajimos aquí y Rukia veló por ti y esperaba a la sanadora particular de la familia, mientras que yo me encargaba de los tres que quedaron en la plaza.
-No tenía que… - suspiró ella.
-Actué bajo las consecuencias que pudiesen surgir después. – fue lo único que dijo, cortando su monólogo.
Tanto los ojos color chocolate como los azules se enfrentaron durante un largo minuto, hasta que Ichigo apartó la vista, roja de vergüenza.
-¿Volverás a tu casa? – habló luego de un silencio, con voz suave.
-No por un tiempo. – se resignó ella. – creo que mi padre insistirá a que vuelva a hablar con él sobre el asunto.
-¿Dónde te quedará, entonces? – se sorprendió el hombre, entrelazando sus manos en su regazo. – Te ofrecería una de las habitaciones de mi casa, pero…
-Desencadenaría otra discusión con mi padre por el simple hecho de que estuviese conviviendo con ustedes. – la chica habló con resignación. – además, si lo hiciese también le traería problemas a usted. – Ichigo desvió la mirada hacia la ventana que daba al balcón. No se veía su casa. – Iré a casa de mis padrinos, - pensó en voz alta. – hace más de tres años que no los veo, y este sería el momento perfecto para pasar un tiempo con ellos.
-En ese caso, - le llamó su profesor de Leyes. – le invito a desayunar. Enviaré a Rukia para que le dé un cambio de su ropa.
-¡N-no es necesario! – tartamudeó ella, completamente sorprendida. – Puedo convocar mi ropa desde la ventana, no es necesario. – el brillo de sus ojos le indicaba al Kuchiki que ella seguía siendo la misma, por lo que asintió y se levantó de su asiento.
-Tomate tu tiempo. – le dijo Byakuya. Luego se fue e Ichigo suspiró, quedando en un estado de análisis de quince minutos.
Cuando salió de la cama, observó con confusión que traía uno de sus pijamas. Seguramente Rukia los convocó. Lugo se encogió de hombros y sacó una de sus varitas. Con una fluorita, abrió tanto la ventana del cuarto de la Kuchiki, como la suya.
-Accio baúl. – recitó después, haciendo que su baúl de Hogwarts salga disparado sin accidente alguno. Luego, volvió a cerrar las dos ventanas.
Al abrir el baúl, rebuscó rápidamente entre libros, pergaminos y calderos hasta encontrar su compartimiento de ropa.
Un minuto después, encontró un jean negro olvidado entre túnicas, un sujetador deportivo (había usado muchísimos de esos en sus años en el colegio) y una blusa violeta manga corta que le quedaba muy ajustada. Como era de esperarse, usaría las zapatillas de ayer. Rebuscó de nuevo en el baúl, en busca de un par de medias, que encontró justo al fondo del todo. Pero como no encontró su calzado, se resignó a ir sin él. Por último, guardó el pijama que había usado.
Con un movimiento de varita, redujo su baúl al tamaño de una caja de fósforos y tendió la cama de Rukia de la forma en la que su madre le había enseñado. Una vez hecho ello, salió de ella con andar inseguro, tratando de ver por dónde estaban los tres integrantes de la familia.
-¡Te estaba buscando! – exclamó Rukia, subiendo las escaleras. Curiosa, Ichigo ladeó la cabeza.
-¿Para? – se confundió ella.
Sonriente, dejó sobre sus manos lo que había estado buscando.
-Están recién secas. – le informó con rapidez. Con demasiada.
-¿Has desayunado café fuerte? ¿O te tomaste dos litros? – le preguntó ella viéndola tan hiperactiva.
-Ninguno de esos, - dijo ella, haciendo un gesto con la mano. – Me quedé preocupada anoche cuando te vi correr bajo la lluvia. – puso una expresión de nerviosismo y vergüenza.
Ichigo suspiró con renuencia.
-Estoy bien. – abrió la boca como un pez un par de veces. - ¿Crees que puedas prestarme tu teléfono? Necesito hacer una llamada importante. – la Kuchiki asintió de forma compulsiva y la guio hacia la sala, donde se oía la voz de Ginrei hablar con Byakuya en la cocina. Inmediatamente, las dos se sentaron en un sofá para tres, y le alcanzó el inalámbrico que estaba en la mesita del lado derecho del mueble. – Gracias, Rukes. – sonrió ella, mientras que la aludida se volvía a levantar para dejarla hablar a solas.
Cuando ella desapareció de su vista, la pelinaranja marcó rápidamente uno de los números selectos que sabía de memoria. Se llevó el aparato a la oreja, y esperó.
Alguien descolgó el teléfono a la cuarta tonada.
-¿Moshi, moshi? Habla a casa Urahara. – contestó la voz de una mujer.
-¿Madrina? Soy Ichigo. – informo en un tono de voz tranquilo y suave.
-¿Dónde estás? – exclamó ella, preocupada. - ¡Tu padre llamó a la madrugada porque no te encontró por ningún lado!
-¿Y te dijo el por qué? – replicó la joven, ceñuda.
Del otro lado todo quedó en silencio.
-Me lo imaginé. – bufó ella. - ¿Puedo ir a tu casa dentro de una hora, más o menos? – preguntó con cierta desgana.
-Siempre eres bienvenida cuando se te antoje, tontita. – se rio ella. - ¿Vas a contarme del por qué tanto secretismo con tu padre?
-Discutí con él, - fue lo único que dijo, con voz seca. – fue muy fuerte… yo necesito mantener las distancias. – miró la hora. – en estos momentos, estoy en casa de una compañera del colegio. Cuando esté lista, iré para allá luego de asegurarme de que mi padre se fue a trabajar y buscar ropa, mi mochila y otras cosas más. – farfulló rascándose la nuca.
-Está bien… - parecía que quería decirle algo más. - ¿No has sacado tu carnet de aparición? – preguntó después.
-No todavía. – suspiró ella. – en cuanto pueda, lo haré. Te veré luego, ¿Sí, madrina?
-Te estaré esperando. – fue lo único que escuchó, luego de que cortaran al mismo tiempo.
Dejó el teléfono donde estaba y se dispuso a ponerse las zapatillas. Una vez hecho, se dirigió hacia la puerta donde Rukia se había ido.
Cuando entró, se sorprendió de la parecida decoración de la cocina con la de su casa: paredes beige, mesa de madera clara, muebles, baldosas y mesadas de mármol liso. Los electrodomésticos eran de color gris plata.
En la mesa, los Kuchikis se encontraban desayunando de forma tranquila mientras charlaban amenamente.
Fue Ginrei quien se percató de su entrada y le sonrió levemente.
-Buenos días, Ichigo. – le habló el hombre, haciendo que los hermanos voltearan su mirada a ella.
Nerviosa, la chica le devolvió la sonrisa con el mismo saludo, mientras que se acomodaba parte de su cabello detrás de su oreja derecha.
El Kuchiki mayor frunció el ceño, al igual que su nieto. En cambio, Rukia compuso una expresión ultrajada y apretó la cuchara con tanta fuerza que se dobló.
-Uh… ¿Sucede algo? – preguntó la chica, extrañada.
Rukia susurró algo en francés que sonó algo parecido a "Ese maldito…", que sorprendió a la chica.
-Será mejor que te aplique un des inflamatorio en la mejilla derecha, Kurosaki. – habló Byakuya con voz suave. – Ha quedado una marca.
Ceñuda, la chica se tocó el lugar que el oji azul indicó. Como una descarga eléctrica, la zona se tensó y la pelinaranja hizo una mueca.
Esto solo me pasa a mí. Se quejó en su mente, imaginándose un enorme moretón violeta en su mejilla.
-Ven a sentarte y desayuna, querida, no te quedes ahí parada. – le indicó Ginrei, indicando que se sentara entre él y su nieta.
La chica aceptó y agarró el vaso de jugo de naranja que Rukia le daba.
-Solo tomaré esto. – le paró ella, al ver que le daba unas tostadas con mermelada. – tengo el estómago completamente cerrado.
-Pero… - la Kurosaki negó con la cabeza unas tres veces y centró su mirada en la mesa. – Muy bien… - la pelinegra agarró su propio vaso de jugo y tomo unos sorbos, sin borrar su ceño fruncido ante la negativa de su compañera.
Al terminar el desayuno, Ichigo se dirigió al living junto a Rukia.
-¿Qué harás? – preguntó la última, una vez sentadas frente a la ventana que daba a la calle. La oji marrón la miró y suspiró.
-¿Por ahora? No lo sé. – después miró a la ventana. – creo que le enviaré un patronus a Harley. – dijo luego de pensarlo.
-¿Qué es eso? – preguntó la chica de cabello corto, confundida. La otra la miró con sorpresa.
-Oh… bien… bueno… - Ichigo sonrió de forma ligera. – eso lo aprenderás durante el pequeño curso que te tengo preparado para tu segundo examen de Defensa Contra las Artes Oscuras. – expectante, la chica esperó la reacción de su compañera.
-Ah… - Rukia asintió, luego se le envaró el rostro y miró a la pelinaranja con sorpresa. – Espera, ¿Qué?
La ex Ravenclaw rio ligeramente.
-El Ministerio de Magia me pidió que me encargue de tu solicitud. – luego, como si quisiera dar fe a su palabra, sacó su varita más larga, e hizo un elegante movimiento a la vez que el rostro sonriente de su madre invadía su mente. - ¡Expecto Patronum! – un segundo después, un pequeño zorro plateado de siete colas corría en la sala Kuchiki.
-¡Ohhh! – los ojos violetas de la chica empezaron a brillar con deleite mientras se paraba y perseguía al extraños ser. - ¿Qué es? – preguntó cuándo lo alcanzó y empezó a tocarlo. – ¡Es tan cálido! – susurró ella.
-Un Kitsune. – le dijo sonriéndole. Luego, movió su varita y dirigió su Patronus hacia la ventana, mientras pensaba. Has mis maletas otra vez, Prongslette, y mándamelas reducidas por lechuza. Te lo explicaré cuando nos veamos en la noche. El animal plateado desapareció tras cruzar el cristal, y la pequeña Kuchiki se quedó quieta, mirando el lugar donde había desaparecido.
-¿Cómo se hace? – preguntó la chica, saltando hacia ella y pidiendo el conocimiento con los ojos.
-Te lo diré después. – decidió Ichigo, poniendo una mano sobre uno de sus hombros y obligándola a sentarse. – primero quiero ver cómo eres con los hechizos que te pidieron que hagas. – la más alta cruzó sus tobillos y cerró los ojos.
Rukia hizo un puchero decaído. Luego lo deshizo y empezó a charlar con la pelinaranja de los tres trabajos que había que entregar el lunes de Matemáticas, Literatura y Arte.
-¿Qué elegiste para Literatura? – le preguntó la más baja, curiosa y un poco frustrada.
-La Dama y el León, de Claudia Casanova. – la Kurosaki frunció el ceño. - ¿Qué elegiste que pones esa cara?
-Romeo y Julieta. – Ichigo se sorprendió.
-¿Tienes problemas con eso? – Rukia se cruzó de brazos.
-No lo empecé a leer porque se agotaron las copias en la biblioteca. – infló sus mejillas y apretó los labios. La pelinaranja se rio.
-¿Y por qué no me avisaste? – le dijo a ella. – Tengo una copia.
-¡Tienes una copia! – se maravilló ella. - ¿Me la prestarías? – preguntó al ver que ella asentía.
-Tengo la bibliografía entera de Shakespeare, no me sería ningún problema. – acto seguido, sacó nuevamente su baúl y lo agrandó. Al abrirlo, se puso a buscar. – cuando me enteré que tenía que ir a Hogwarts, inmediatamente los puse en mi baúl. – luego se rio dentro del objeto. - ¡Uh...! Me había olvidado que tenía esto. – comentó mientras sacaba un collar dorado y con un dije del tamaño de la base de un vaso pequeño. - ¿Me lo tienes, Rukia? Si no lo giras, mejor para ti. – advirtió con severidad.
La pelinegra le hizo caso y se quedó mirando el objeto.
-¡Aquí! – celebró en un bajo susurro. Se irguió y sacó una caja de madera un poco más pequeña que su baúl. Cerrando y reduciendo el más grande, posó la caja en el sofá de tres en el que estaban sentadas, y metió el del colegio en su bolsillo. – Muy bien. – analizó la tapa, y luego posó su mano en la parte de arriba.
El objeto hizo un "click", y se abrió lentamente.
-Vaya, - comentó Rukia, segundos después de apreciar la cantidad de libros que había dentro. – Aquí no está solo la bibliografía de Shakespeare. – señaló con su dedo índice.
Ichigo asintió, y se dispuso a buscar el que ella necesitaba. Y cuando lo encontró, se lo tendió a la Kuchiki.
-Procura usar un señalador, - pidió ella. – Este era uno de los tantos regalos que mi madre me daba por mes, fue el primero que me dio cuando aprendí a leer. – luego hizo que lo abriera en la última página. – Lee.
Ceñuda, le hizo caso, y al terminar, sus ojos se suavizaron y aguaron ligeramente.
Porque no importa qué edad tengas, los problemas que te sucedan y las dudas que te surjan, el amor es universal y no hay quien lo pare. Ni siquiera la muerte.
Te servirá de ejemplo en tu futuro, mi pequeña Guardiana.
-¿Guardiana? – se extrañó la pelinegra, sin notar el idioma.
-Mi nombre. – musitó ella. – es la traducción de mi nombre al español. – luego sonrió torcidamente.
Las dos se sobresaltaron al oír que la puerta que daba a la cocina se abría y el profesor de Leyes entraba a la habitación.
-¿Hedwig? – se sorprendió Ichigo, viendo la inmaculada lechuza nívea de Harley posada en el brazo alzado del hermano de Rukia.
Como si la hubiese reconocido, el ave ululó y voló hacia ella y dejó caer un pequeño paquete con una nota en manos de la chica.
Está todo lo que me pediste, más tu teléfono móvil. Yuzu y Karin quieren saber el por qué no dormiste en casa.
Yo también quiero saberlo.
Cuídate,
Prongslette.
P.D.: El vestido, tus zapatos y la máscara están allí con tus guitarras. Nos reunimos todas en donde tú dispongas.
Ichigo suspiró con mal sabor en su boca, y negó con la cabeza.
-Creo que vaya siendo hora de irme. – miró a los dos hermanos.
-¿Irás por Aparición? – Rukia frunció el ceño ante la pregunta de su hermano.
-No tengo la licencia todavía. – contestó mientras cerraba la caja de sus libros y la agarraba. – Por lo que caminaré y…
-No. – le interrumpió el oji azul, haciéndola pestañear. – Te llevaré luego de que tapes ese moretón. – señaló levemente su mejilla con una de sus manos y no aceptó otra respuesta.
Extrañada, Rukia observó a su hermano agarrar las llaves de su auto (un Jaguar negro del año, no recordaba el modelo) y luego dirigiéndose al garaje.
-Ven, - le dijo la anfitriona a la Kurosaki. – vamos.
Diez minutos después, las dos se encontraban viendo por las ventanillas del auto de Byakuya: Rukia en el asiento del co-piloto, e Ichigo detrás de ella. Tan pronto como las dos habían entrado al vehículo, su profesor le había pedido la dirección, por lo que ella se la dijo de inmediato.
Mientras más avanzaban a su destino, más familiarizados se sentían los Kuchiki con el destino. Los dos estaban intrigados.
-Aquí es. – anunció la pelinaranja, veinte minutos luego de que ella se subiese a ese coche.
Una gran casa de dos pisos y del tamaño de dos cuadras se erguía frente a ellos. Jardines con basta vegetación, flores de distintos tamaños estaban detrás de las rejas que aseguraban la casa, y un gran portón negro estaba abierto con dos personas a la espera.
Si. Definitivamente conocían (sobretodo Byakuya) al matrimonio que esperaba a la chica.
-Eres ahijada de Shihoin Yoruichi y Urahara Kisuke. – habló Rukia, abriendo la boca como un pez.
-¿Los conoces? – preguntó Ichigo. Al asentir, Ichigo notó los labios apretados del hermano mayor.
-Shihoin Yoruichi es instructora de artes marciales, y nos ha enseñado a los dos todo lo que sabe. – contestó el oji azul con tranquilidad.
-Oh… bueno… no me extraña. – admitió con cierta timidez. – mi primo dijo que los Shiba, junto con los Urahara, Shihoin y Kuchiki son las cuatro familias más poderosas del mundo. – luego bajó el rostro cuando el hombre se volteó a verla.
Sin hacerlos esperar más, Byakuya se bajó del auto seguido Ichigo y Rukia.
-¡Byakuya-Bo~! – canturreó con su característica alegría. - ¿Qué haces con mi pequeña Fresa? – ante la pregunta, la voluptuosa mujer puso una expresión de "enfado".
Al instante, Ichigo se sonrojó y se palmeó la frente.
-¡Madrina! – se avergonzó la aludida, mientras Yoruichi la abrazaba, haciendo que su rostro quede enterrado entre sus senos.
La mujer de cabellos violetas, ojos dorados y tez morena la ignoró y luego se percató de la presencia de Rukia.
-¡Usagi-chan~! – saludó ella, imitando el abrazo a su ahijada.
-¡Madrinaaaaa! – siguió diciendo la pelinaranja, roja de vergüenza.
Detrás de ella, Urahara Kisuke observaba a su ahijada con cierta seriedad.
-Tenemos una charla pendiente tú y yo, Jude. – aseveró ante la sorpresa de todos. Muy pocas veces se ponía en ese plan y ha habido personas que no han querido volver a verlo así. – hace media hora recibimos la llamada de Soi-fon sobre lo sucedido ayer cuando te fuiste de tu… de la casa de tu padre. – Ichigo fruncía mucho más el ceño.
Ahijada y padrino tuvieron un duelo de miradas que sorprendió a Rukia.
-¿Qué sucedió? – preguntó, al fin, el hombre rubio. - ¿Por qué discutieron?
-Discutí con él porque tiene un rencor que no le veo ni pies ni cabeza. – la chica bufó. - ¿Sabes exactamente lo que pasó hace veinte años? – el matrimonió se sobresaltó y luego compartió una mirada entre sí. – Exacto. ¿Qué clase de persona guarda un rencor que ni siquiera soporta la mera presencia de los hijos de quien fue su mejor amigo, casi hermano? Es más, - añadió ella, con enojo y empezando a tirarse los cabellos. – no es rencor, sino que es odio. ¡Esa no es la persona que dejó su cargo por el bien de su familia y la misma persona que mi madre amó!
Yoruichi vaciló levemente, mientras que Kisuke intentaba hablar.
-Si te refieres a Sô…
-No me importa lo que haya sucedido. – le interrumpió la chica a su padrino. – Yo no voy a hablar con él, ni a verlo hasta que recapacite y hable con su ahijado y con el padre de su supuesto amigo. – luego, despidiéndose de Byakuya y Rukia, entró corriendo a la casa.
Kisuke, por otro lado, suspiró con cansancio y se dispuso a seguir a la chica luego de dirigirle al Kuchiki una mirada de disculpa.
El silencio hizo sentir incómodo al heredero de la jefatura del Clan Kuchiki. Luego vio a Yoruichi mirando de hito en hito a él y a la pelinaranja.
-¿Sucede algo, Yoruichi? – preguntó el oji azul. – Tengo la sensación de que…
-No, está bien. – le tranquilizó ella. – Supongo que están viviendo al lado de la casa Kurosaki, ¿Verdad? – inquirió como si no quiere otra cosa.
-Así es, - afirmó él. Detrás de él, Rukia volvía con la caja de madera que su compañera había olvidado.
-Eso lo explica todo. – suspiró ella, masajeándose las sienes.
-No te entiendo. – admitió el hombre sin que su expresión serena cediera.
-Kurosaki Isshin… - dijo ella de forma lenta. – adoptó el apellido de su esposa para dejar la jefatura del Clan Shiba a su hermano menor.
Byakuya abrió los ojos como una lechuza al unir los hilos.
-¿El padre de Ichigo es el padrino de Nii-sama? – se sorprendió Rukia, quedando con los ojos tan grandes como los de su hermano.
Yoruichi se rascó la cabeza mientras hacía una mueca y asentía.
-Es difícil de explicar… - miró al mayor de los hermanos. Su máscara de serenidad se había caído totalmente. – Es mejor que lo hables con tu abuelo… -cortó la mujer.
-Madrina… - musitó el joven profesor, también cansado.
La mujer le dio una sonrisa triste y se despidió de ellos luego de que la menor de los Kuchiki le diera la caja de libros de la pelinegra.
Rukia frunció el ceño.
-Entonces la discusión que tuvo con su padre fue por eso… - dijo la chica, ya otra vez dentro del auto. – El delatar así a su mejor amigo no es algo que padre hubiese hecho sin ninguna explicación o así sin más, ¿Verdad, Nii-sama? Él por lo menos hubiese tratado de ayudarlo.
-Si. – admitió él, encendiendo el motor. – y más si conoce bien a mi padrino, sabiendo que él nunca traicionaría a nadie.
-¿Y entonces porqué padre lo delato si Isshin-san no lo hizo?
Su hermano no contestó, puesto que él tampoco lo sabía.
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A eso de las dos de la tarde, luego de almorzar, Ichigo mandó la dirección de la casa de sus padrinos a Orihime, Tatsuki, Kiyoko y Harley, de modo que empezara la "tortura".
-Bien, - anunció la pelinaranja, al escuchar el timbre tres horas después. – es hora de que todas se diviertan jugando a la "muñeca fresa". – su tono de voz destilaba disgusto y sarcasmo.
-Anímate, - le dijo su padrino, quien pasaba del lado contaron a ella. – por lo menos te dejarán más hermosa de lo que eres.
-¡Calla! – gimoteó ella, haciéndole reír e irse hacia la puerta y dejar que sus amigas entraran.
Rukia ya había venido un par de veces antes, por lo que no necesitaba un guía.
Las restantes estaban maravilladas con la casa, por lo que, haciéndoles un rápido tour, terminaron en la habitación personal de Yoruichi, quien ya estaba preparada para ayudarlas en lo que sea.
-Es una lástima que no hayas querido aceptar a algunos de los chicos que te han preguntado para que vaya contigo. – comentó su madrina rato después, ayudándola a ponerse el vestido que su padre le había regalado. Le quedaba como un guante.
-No lo hubiese hecho ni con amenazas. – replicó ella, alisando la tela de su estómago. – todos eran unos malditos babosos que solo estaban viendo mi busto en vez de hacerlo a la cara. "¡Mis ojos están arriba!" faltaba que les dijera. – masculló ella, para risa de sus amigas. – Y luego me miran mal por meterme en peleas. – terminó bufando.
Todas estaban maquilladas de forma leve. Así lo decidieron. Aunque Ichigo se molestó con tantas capas de maquillaje para cubrir su moretón.
Rukia había elegido un vestido de tirantes finos y largo hasta las rodillas de color hielo con pequeños puntos blancos, que daban la impresión de que estaba salpicado de copos de nieve, y un pequeño obi violeta en su cintura. Llevaba unos zapatos abiertos en la punta y de un color verde agua muy claro. Su máscara consistía en un antifaz con plumas negras y violetas, y el cabello lo había dejado suelto, ya que no había mucho que hacer con él.
Tatsuki era la más simple de todas: vestido negro y corto a medio muslo, sus zapatos eran del mismo color que su vestido, y su antifaz de plumas también. Su cabello lo tenía atado en una trenza espiga que colgaba detrás de su espalda.
Kiyoko, al igual que Tatsuki, usaba el mismo vestido en rojo con una franja negra en su cintura. Su antifaz era en combinación con él al igual que sus zapatos. Su cabello rojo estaba atado a una media coleta.
Por otro lado, Orihime había optado por un vestido ochentero en color celeste a juego con las horquillas que Sora le había regalado. En su cintura, un obi rosa pastel hacía la diferencia. Sus zapatos blancos hacían juego con su antifaz de plumas blancas y grises, y su cabello lo tenía enroscado en un rodete bajo, dejando lo que antes era su flequillo a cada lado de su rostro.
Harley llevaba un vestido de coctel verde botella con un velo negro sobre su falda. A diferencia de las demás, llevaba unos botines de taco aguja en negro. Su antifaz era totalmente negro con incrustaciones de pedrería falsa de color verde esmeralda. Ella pidió que la peinaran en un semi-rodete detrás de su cabeza, de modo que el resto de su cabello cayera como cascada.
Ichigo, ya vestida completamente con su vestido y zapatos azules, dejó a su cabello totalmente suelto. Su antifaz era azul con plumas en color bronce.
Ni que decir que todas se encantaron con el tatuaje de la chica: desde la nuca, hasta mitad de sus brazos y sus muslos (las partes externas) estaba dibujada con esas flores que, si veías bien, parecían como si una brisa las meciera.
Con los ojos brillándole como solo ella sabe hacerlo, Orihime pasó las yemas de sus dedos por la espalda descubierta de la chica de un modo embelesado. Las demás rieron ante esa típica reacción en la pelinaranja de ojos grises.
Cuando todas estuvieron lista, ellas agarraron sus máscaras e Ichigo sumó a su guitarra nueva, para luego bajar al living, donde se ganaron un chiflido de Kisuke. Al mismo tiempo hubo un flash que dejaba a las seis un poco desorientadas.
-Estoy rodeado de hermosas señoritas. – se emocionó, mirando a cada una sonriendo de forma "galante", mientras sostenía una cámara digital. – Aunque… - miró de mala manera que Ichigo mostrara casi la mayor parte de sus piernas. - ¿No podría haber elegido un vestido más entero? – preguntó con cierto disgusto.
Su ahijada giró los ojos.
-Baka. – le dijo la chica, con desdén. - ¿Entraremos todas en tu camioneta, padrino?
-No, no, no… - le reprendió él. - Se irán en la Limusina de la casa. – contestó con severidad. – Tessai ya está afuera con ella encendida.
-¡Pero…!
-¡Zip! – le calló su madrina, apareciendo por detrás de ella. – Vayan subiendo, ahora. – apuró después, empujando a la del vestido azul.
Esta será una noche muy larga. Se dijo la del vestido azul, subiendo a la limusina blanca y negra del matrimonio Urahara-Shihoin, mientras se oía a su madrina gritar "A ver si consigues un chico guapo, Ichi.", haciendo que la chica se avergonzara y Kisuke comencé a protestar por lo dicho de su esposa.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
9:30 P.M. – Gimnasio de la Preparatoria de la Ciudad de Karakura.
Estaba lleno.
Totalmente lleno.
Ichigo se rascó la nuca mientras veía como Harley saltaba de los nervios alrededor de su prometido. Este se reía levemente de la ojiverde.
Al contrario que ella, la Kurosaki estaba muy incómoda por como algunos la veían: parecía que estuviesen viendo un espejismo en medio de un desierto cuando la miraban a ella.
-¿Por qué no van unos minutos afuera así la tranquilizas? – le susurró la Kurosaki al ex Huffelpuff. – Unos besitos previos no harán nada. – se burló después, acomodándose la máscara, haciendo reír a la Kuchiki de ojos violetas.
Enojada y terriblemente sonrojada, Harley le pegó un manotazo en el trasero.
-¡Cierra la boca! – le gritó sobre la música.
Divertido, Oliver se la llevó arrastras fuera del gimnasio, dejando una Ichigo riendo de forma desquiciada junto con Rukia.
-Bueno, - la pelinaranja se obligó a dejar de reír, tratando de no golpear su guitarra. – Será mejor que empiece a acomodar los cables, antes de que Ishida venga a regañarme. – luego giró los ojos. - ¿Tú que harás? – le preguntó a Rukia.
Ella solo se encogió de hombros.
-Creo que pasearé por todos lados… y creo que buscaré a Nii-sama para hacerle compañía. – luego sonrió y empezó a mirar a su alrededor. – te veré después. – se despidió ella.
Ichigo asintió y Rukia se perdió en la multitud para dirigirse hacia debajo del escenario, donde la mayoría estaban sentados en las pequeñas escaleras que llevaban a la plataforma.
Diez minutos después, ella casi estaba en lo cierto. Su primo en segundo grado estaba irritado porque Renji se estaba retrasando.
-¿Puedes calmarte? – le pidió la chica del vestido azul, en un tono de voz aburrido, ya cansada de escuchar cómo iba a matar de mil formas al pelirrojo.
-Se supone que tienen que empezar a las diez en punto. – se molestó el peli azul. – Faltan cinco minutos, y si no llega en tres, lo reemplazarás y Sendo tomará tu lugar. – decidió mientras se agarraba el puente de la nariz.
-Lo que sea. – masculló ella. – iré a avisar a Harley que entre. – avisó después, harta del mal humor de Ishida y yéndose hacia afuera tan rápido como los zapatos le permitían.
Al cruzar la puerta, chocó de cabezos con Rukia.
Si se preguntan cómo fue que chocarlo las cabezas, Ichigo iba agachada, esquivando muchos brazos para que evitaran pegarle en la cabeza. Irónico que se diera con todo con el cráneo de su nueva amiga.
-¡Tienes la cabeza muy dura, Ichigo! – se quejó la chica bajita, agarrándose la cabeza.
-Si bueno, - replicó ella, ceñuda y frotándose la frente. – la tuya tampoco es una almohada de plumas de fénix, eh. – comentó con su voz sarcástica. – Dime, ¿No has visto a Harley o a Renji? – preguntó con irritación. – Ishida dice empezamos en menos de cinco minutos, y el babuino pelirrojo no ha llegado todavía.
Rukia lo pensó por un momento. Detrás de ella, un hombre con un simple antifaz gris, vigilaba de lejos el gimnasio. Vestía una camisa negro, sin corbata, un pantalón gris y un saco a juego. Llevaba unos zapatos negros bien lustrados.
-Creo que Harley estaba con Oliver en la entrada, y a Abarai no lo he visto. – contestó mientras ladeaba la cabeza. - ¿En serio empiezan en unos minutos? – se sorprendió ella.
-No sé si creerle a ese lío de nervios. – desestimó ella, bufando. – Ishida no va a tocar ni a cantar (lo cual es un alivio), en todo caso, quienes tendríamos que estar nerviosos somos Sendo y yo, pero la única que lo está es Prongslette. Ya ves. – luego giró los ojos.
Cuando miró hacia afuera del gimnasio, se le hinchó una vena en la sien.
Quien faltaba, estaba caminando como si nada y llevando un pantalón negro de vestir un poco arrugado, una camisa roja y un saco negro en uno de sus brazos. Calzaba zapatos negros.
-¡Yo te mato, Abarai! – exclamó Ichigo, dirigiéndose al aludido, quien caminaba con toda la tranquilidad del mundo. - ¿Cómo se te ocurre venir a esta hora? ¡Has hecho que Ishida se ponga histérico como una niña de quince años cuando no puede conseguir su vestido! – le retó ella.
Le tiró fuertemente de la oreja, mientras el pelirrojo le dijera que parara con una mueca de dolor en su rostro. Rukia se reía en silencio agarrándose de sus costillas y el hombre que la acompañaba sonreía de forma divertida.
Alguien carraspeó cerca de ellos.
-Si podemos pasar, llegaremos antes de enorme regaño que Ishida nos dará si no vamos en menos de un minuto. – la voz de Harley sonaba divertida mientras observaba la escena.
-Muchas gracias por recordármelo, Potter. – masculló Ichigo con mala cara, aunque no se le viera.
-De nada, Kurosaki. – dijo ella, de forma inocente.
-Lo siento, Rukes, pero hay que correr. – se despidió la pelinaranja, empujando a Renji con fuerza, mientras se agarraba parte del vestido y daba una indicación a Harley y su prometido.
Una vez que se perdieron en la multitud, la Kuchiki miró a la multitud.
-Rukia. – llamó su acompañante.
-¿Sí, Nii-sama? – preguntó ella, girándose a verlo.
-No tienes que acompañarme. – le dijo sin dejar de mirar a la multitud. – Si quieres ve con ellos.
-Hay demasiados cables allí donde están. – explicó ella, negando con la cabeza. – sin duda tropezaré muchas veces, y no lo quiero hacer. – luego sonrió y se sentó en una silla cerca de la entrada al gimnasio. – además, se ve mejor el escenario desde aquí. – añadió se entusiasmó después.
El Kuchiki sonrió un poco más por ello.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Los estudiantes de último año de la secundaria de Karakura hicieron una mueca cuando un parlante hizo acople al enchufarse un micrófono.
-Siento eso. – se disculpó la voz de Furuhata Sendo, llamando la atención de los extrañados alumnos de la escuela. – Creo que no hace falta decir del porqué estamos aquí, ¿No? – se vió a Renji y a Ichigo colocarse sus guitarras, seguido de Sado con su bajo y Harley ya en el teclado. Ganju, por otro lado, ya se encontraba sentado detrás de su batería. – Bueno… bien… este… - miró a la pelinaranja, sin saber qué hacer.
Esta se auto aplicó un face palm, que hizo reír a todos los adolescentes, para luego indicarle que deje de hablar.
-¡Que empiece la noche! – fue lo único que pudo decir Sendo avergonzado luego del regaño.
Cabe decir, que la gente estaba sorprendida por la profesionalidad de ese conjunto de alumnos que se había animado a presentarse en esa noche. Ni que decir de la voz masculina. La mayoría de las mujeres obligaron a sus parejas a bailar al ritmo de las canciones más conocidas de Gackt, (cantadas por Renji), Aqua Timez (por parte de Sendo) y diversas canciones de artistas femeninos (Faylan, Do As Infinity, Shoko Nagakawa, Avril Lavigne, Evanescence, alguna que otra de Taylor Swift Katy Perry, etc… cantadas por la pelinaranja), dúo mixto (Sendo e Ichigo o Renji e Ichigo), dúo femenino (Potter y Kurosaki) o simplemente en instrumental. Green Day, Queen, Aerosmith, The Beatles, Nirvana, y más bandas británicas y estadounidenses se sumaron a la lista.
Con la mente en blanco, Ichigo tocaba como si estuviese en casa y con solo sus amigos. La única vez que era consciente de que la veían, fue cuando se había acomodado el vestido luego de la sexta canción: había compuesto una expresión de incomodidad, por lo que se obligó a mirar las cuerdas de su guitarra.
Cuando tocaron la canción número veinte, los chicos decidieron que habían terminado con el trato que tenían con el colegio, por lo que bajaron los escalones, con Ichigo quejándose a cada paso que daba.
-Au… - gimoteó al llegar al piso de madera del gimnasio, para luego sentarse en el escalón y dedicarse a sacarse los zapatos. - ¡Como duele! – se agarró el pie derecho y lo cruzó sobre su rodilla izquierda.
Luego, notando que todos no se quejaban, miró a todos lados. Solo Chad se había quedado, sentado en el lugar más escondido del escenario.
-¡Me han dejado sola los muy…! ¡Arggg! – gruñó ella, levantándose de un salto y se encaminó hacia fuera del gimnasio, directo a los jardines. – Todos mal agradecidos, tontos de pacotilla. – masculló ella, sosteniendo sus zapatos y caminando, totalmente descalza, sobre el frío suelo de cemento.
Cuando llegó al pequeño jardín del instituto, sonrió ligeramente. Se sentó en el pasto, justo en el centro, y contempló el cielo plagado de estrellas.
La música puesta a todo volumen volvió a sonar desde el gimnasio, y la canción no era otra que una de las favoritas de Yuzu. Ichigo cerró los ojos mientras tarareaba Senbonzakura, de Hatsune Miku, sin detenerse.
Le gustaba más la versión de WagakkiBand de esa canción.
Moviendo ligeramente la cabeza al ritmo de la melodía, y sin abrir los ojos, se quitó el antifaz y se recostó en el césped colocando sus manos detrás de su nuca.
No supo cómo, pero a los cinco minutos de haberse quedado mirando el cielo de forma fija, se durmió profundamente.
-¿Has visto a Kurosaki, Rukia? – le preguntó a su hermana. Eran más de las tres treinta de la madrugada y Yoruichi había llamado, preguntando del porqué su ahijada no había vuelto con sus amigas en la limusina.
-No la he visto desde que bajó del escenario. – la aludida hizo una mueca y los dos hermanos fruncieron el ceño.
Los dos Kuchikis estaban en la entrada del colegio, a punto de irse a su casa.
Rukia sabía que Harley se iba a pasar la noche en el departamento del chico Wood, su prometido. Lo mismo con Sendo y Kiyoko. Ishida y Ganju se iban caminando hasta sus casas, dado que vivían en la misma cuadra que la clínica Kurosaki, salvo el segundo, que vivía en la casa de la clínica. Renji se había quedado con Chad para recoger los cables que habían usado para tocar música, y Rukia había decidido irse con su hermano.
-A lo mejor está en la azotea… - comentó después, mirando a su alrededor. – ella adora mirar el cielo despejado, de día o de noche, no importa cómo. – luego negó con la cabeza. – Una vez me dijo que suele pasar horas mirando las estrellas y ella no se daría cuenta hasta que alguien le llamase la atención o hasta que se duerme.
Byakuya suspiró mientras relajaba el cuerpo.
-Ve entrando al auto, yo la buscaré. – le indicó después, pensando en utilizar un poco su don.
Cuando Rukia obedeció, el heredero de la Jefatura del Clan Kuchiki se movió por la zona detrás del colegio, donde las canchas de vóley y soccer para jugar al aire libre estaban.
Su mente estaba a cien por hora.
Rukia dijo que le gusta mirar el cielo… se dijo mentalmente, dudando en si ir o no a la azotea. Pero si no está ahí…
Como si fuese un flash-back, recordó una conversación con su alumna, donde le contaba su hobbies favoritos. Aparte de la música, él había averiguado que hacía un montón de actividades: La caligrafía le relajaba; la escritura despejaba su mente, la lectura la entretenía y le daba conocimientos y cosas en qué pensar; el dibujar hacía que su tiempo e imaginación volaran; los deportes la mantenían en forma y saludable; el Kyûdô mejoraba su vista de Halcón (A pesar de llevar gafas); y la jardinería le recordaba a su madre.
-Vera, Professor,- mientras hablaba, sus mejillas se teñían de un rosa leve y su ceño se relajaba un poco. Luego, había llevado una de sus manos a su nuca, sobándola. - a mi madre le encantaban las plantas, y cuando era niña me la pasaba con ella ayudándole a veces en el jardín y otras en la cocina. Gracias a ella, me siento en casa cuando estoy rodeada de plantas, sean cual sean.- Esas fueron sus palabras textuales, cuando la encontró un día, en el receso de un martes, sentada entre los arbustos de jazmines del jardín del colegio. Él le había preguntado por qué ese apego a las plantas.
En un segundo, dio media vuelta y se dirigió hacia ese lugar.
A veces se cuestionaba del porqué estaba al pendiente de esa chica, pero la incógnita seguía en su cabeza.
Cuando la vió por primera vez, verdaderamente parecía un ángel. Sus ojos chocolates brillaban con cierta inocencia y pureza, que le recordó a alguien de cuando era niño. Pero diferente a la vez.
Él cree que empezó a preocuparse por ella cuando impidió que la ultrajaran la noche pasada. Había faltado muy poco para que haya asesinado a ese trío de idiotas, pero el que Ichigo se desmayara había desviado su atención y su decisión.
Cuando llegó a su destino, quedó frente a los dos arbustos de jazmines en donde la había visto una vez. Luego, el Kuchiki buscó una cabellera naranja entre tanto verde.
Frunció el ceño al no ver el cabello de la chica por ningún lado, por lo que trató de rastrear su ubicación utilizando su Reiatsu.
-¡…!
Byakuya volteó su rostro hacia atrás: alguien había soltado un suspiro.
Con cautela, se acercó al jardín central bordeado de tulipanes blancos y fucsias. En el centro, donde era césped y solo se entraba por un espacio, la persona que andaba buscado dormía boca arriba, con el cabello desparramado y con pasto en algunos lados. Su vestido azul tapaba sus piernas y una de sus manos sujetaba el collar que se encontraba debajo de su pecho, mientras que la otra se encontraba sobre su estómago.
Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que se había quedado mirándola más tiempo de lo que debía.
¿Cómo tendría que despertarla? Se preguntó él, acercándose a ella. Se sobresaltó cuando ella empezó a balbucear entre sueños.
-El chocolate es malo para ti, Kaien… mh… dame que lo comeré… digo… lo guardaré yo… - Sorprendiéndose a sí mismo, Byakuya rio.
La chica había logrado que riera luego de la muerte de Hisana. Silenciosamente, pero lo había hecho.
Suspirando, posó de forma vacilante una pálida mano derecha en uno de los hombros blanco plata de la chica, y lo sacudió con suavidad.
En respuesta, ella hizo un mohín y ladeó el cuello en dirección a él.
-Kurosaki… - intentó llamarla con un tono de voz alto. – Kurosaki… - intentó nuevamente, volviendo a sacudirle el hombro como hizo anteriormente.
Ichigo se despertó de forma brusca, mirando para todos lados y buscando su varita.
-¿Qué…? – tan pronto como miró el rostro del Kuchiki, se alteró. – No me he caído otra vez de un árbol y lo he usado como colchoneta otra vez, ¿Verdad, Professor? – fue lo que dijo ella, de forma esperanzada.
Esta vez Byakuya rio en voz baja, e Ichigo se estremeció y luego se sonrojó.
-No lo has hecho, puedes estar tranquila. – le contestó el pelinegro.
La chica se avergonzó todavía más y frunció el ceño en dirección al pasto. Segundo después, levantó la cabeza, y miró en dirección al gimnasio.
-¿Qué hora es? Está muy silencioso. – se percató ella, mientras pasaba los dedos entre su cabello.
-Van a ser las cuatro de la mañana. – le informó mientras revisaba el reloj.
¡¿Qué?! Gritó mentalmente ella. ¿He dormido tres horas en el jardín? La pelinaranja frunció la nariz y se rascó la nuca.
Suprimiendo una sonrisa, el oji azul se puso de pie, y le ofreció su mano derecha. Ella la aceptó, sonrojándose más que antes (cosa que sí se dio cuenta él), y, luego de que la chica agarrara los zapatos, ambos caminaron en silencio y con tranquilidad.
El joven profesor la había visto sonrojada muchas veces. Y debía admitir que era divertido verla así, cuando la mayor parte de las veces era enérgica, bruta y muy flagrante. Muchas veces se preguntaba cómo es que sus amigos soportaban tanto tiempo en compañía de alguien tan… abrasadora como ella. Contrastaba con cualquier persona que se le cruce.
Lo siguiente, salió de su boca sin pensarlo:
-Me gusta tu voz. – lo que dijo el profesor de Leyes, justo cuando estaban pasando por la entrada al segundo edificio de la escuela, sobresaltó a la chica.
-Gracias. – suspiró ella, medio sonrojada (sacando media sonrisa en él) y medio melancólica.
Él la miró de forma interrogante ante eso último.
-Creo que si Yoruichi no hubiese llamado para avisar que no habías vuelto a su casa junto con Arisawa e Inoue creo que amanecías aquí. – comentó después, mirando al frente.
-Suelo hacerlo muy seguido. – suspiró ella. – Que mi madrina no esté acostumbrada, es otra cosa. – luego sonrió después.
-Ella es una de las cosas que tenemos en común. – asintió él, recordando que algo parecido le pasaba en su niñez con la mujer gato. Ichigo bajó la cabeza otra vez, mirándolo de reojo. – Y ya que eso está a mi favor, te llevaré a su casa. – la Kurosaki se sobresaltó ante lo último.
¿Qué es lo que dije? Se preguntó Byakuya, sorprendido ante lo raro que él se estaba comportando hoy.
Cuando entraron una vez más al gimnasio, Chad y Renji estaban en plan de irse a sus casas.
-Estaba preguntándome dónde estabas. – habló el pelirrojo, sosteniendo un manojo de cables, con su guitarra enfundada colgada en su espalda, y sus dos amplificadores en la otra. – Tu Les Paul está en el escenario y ya guardada, cabeza de zanahoria. – avisó mientras señalaba detrás de él con su pulgar.
-Gracias, cabeza de piña. – le contesto la chica de forma escueta y con el ceño fruncido. Luego le dio un codazo leve cuando pasó por su lado y saludó a Chad con una mano y una sonrisa.
Ladeando la cabeza mientras caminaba hacia su destino (seguida de su profesor), Ichigo se dio cuenta de que el gimnasio no había quedado tan… "despelotado". Solo tenían que desarmar el escenario y sacar los globos y serpentinas que estaban en el suelo y ya.
La chica se paró en seco cuando notó que el piano de cola de la sala de música había estado allí toda la noche. Vacilante, se acercó, y pasó sus yemas de la mano derecha con suavidad.
-¿Tocas? – preguntó Byakuya, asustándola.
-Tocaba. – corrigió ella, apretando los labios. El hombre se puso a su lado.
-¿Puedo saber por qué? – preguntó con suavidad.
La chica bajó la cabeza.
-Era el instrumento favorito de mi madre. – susurró con tristeza. – ella me enseñó a tocar muchos instrumentos, los cuales la mayoría los ignoré a la primera o segunda clase. – explicó sin saber el por qué. – A mí también me encantaba… me sigue encantando. – corrigió después. – Pero cuando murió, me recordaba tanto a ella que lo toqué una última vez en su funeral. – se apartó del instrumento con brusquedad. – desde entonces, no lo he utilizado nada más que para sentarme en el banquillo.
El hermano de Rukia frunció el ceño desaprobatoriamente, y en unos pasos, se acercó a ella y la tomó de la muñeca para guiarla hasta el piano, donde se sentaron los dos.
Ella lo miró, roja y desconcertada.
-¿Crees que puedas hacer una excepción por hoy y hacer que yo escuche una pequeña melodía? – pidió el pelinegro con voz casi audible, haciendo que la chica abriera labios ligeramente, sorprendida por la petición.
Byakuya suspiró al ver que no reaccionaba, por lo que guio las manos de la chica a las teclas del piano.
De la misma forma en que había estado muchas veces en su infancia frente a un piano, sus dedos comenzaron a moverse de forma automática, haciendo que una lenta y dulce melodía se reprodujera en ese, ahora, solitario lugar.
Era lenta, relajante, melancólica y muy, muy hermosa.
Byakuya supo enseguida que era improvisada.
-Es hermosa. – comentó el hombre, completamente deleitado. -¿Cómo la llamarás? – preguntó después, muy cerca de ella, luego de la canción terminara.
Con las manos y los labios temblándoles, miró el rostro del oji azul.
-Creo que… - tragó en seco mientras le ardían las mejillas. – "Love me" sería el título adecuado. – su voz sonó extraña al decirlo.
Ella lo observó sonreír ampliamente y acercarse a ella sin que pudiese reaccionar.
Y entonces, los labios de Byakuya tocaron los de Ichigo en una danza lenta, tan tranquila que les robó el aliento.
Hubo una chispa entre ellos e Ichigo se sobresaltó cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y se separó inmediatamente de él con el cuerpo temblando.
-¿Por qué lo hizo? – susurró ella, cubriéndose los labios con su mano derecha. Le ardían como si los hubiese posado en hielo seco. - ¿Por qué me besó?
-¿Por qué correspondiste? – le preguntó él, acercándose otra vez a ella.
-Yo… no… - la chica balbuceaba mientras intentaba apartarse de él.
-Más bien, ¿Qué has hecho conmigo, Kurosaki Ichigo? – le preguntó en un tono voz desconcertado.
Sorprendida, ella levantó la cabeza y lo miró con sus cejas alzadas y sus ojos abiertos de par en par. Sus labios estaban rojos a la par que sus mejillas. Se agarraba el pecho con su palma izquierda con fuerza.
-No… sé. – la respuesta de ella fue entrecortada y levemente balbuceante. Luego tragó en seco. – Será mejor que me vaya a casa… - decidió mientras se paraba de un salto del banquillo.
Ichigo se precipitó a agarrar la funda de su guitarra, pero la misma mano que había sostenido su mejilla amoratada de forma delicada, detuvo el andar de su huida posándola en uno de sus hombros desnudos.
-No… no te vayas. – le dijo el joven profesor en un susurro. – Tú no eres de las que huye, ¿Por qué hacerlo ahora?
¿Qué quiere que le responda? Se dijo mentalmente ella. ¿Qué tengo miedo? ¿Qué en mi historial de relaciones he salido mal parada una tras otra?
Solo le tomó los cinco segundos que se tomó ella para que el oji azul se volviese a acercar y la obligase a mirarlo a los ojos.
-¿Qué es lo que te atormenta, Ichigo? – le preguntó con el ceño levemente fruncido.
Estaba perdida. Ella no podía hacer nada, ni mover un solo músculo con esos orbes azules mirándola de una forma que aceleraba su pulso. Y más, después de que la llamara por su nombre.
-No hay que temerle a nada. – siguió hablando él, acercándose aún más a su rostro.
¿Por qué?
¿Qué es lo que le hacía comportarse de esa manera a su alrededor? ¿Qué es lo que tiene ella a diferencia de su ex prometida? ¿Cómo llegó a volver a posar sus labios sobre los de ella de una forma tan distinta pero parecida a la primera vez?
Con ese segundo contacto entre sus bocas, los dos sintieron el pulso del otro acelerarse a mil por hora cuando pelinegro tomó suavemente la nuca de la chica y ella se aferró a su camisa, rindiéndose solo por esa vez.
Sintieron algo extraño entre ellos, pero era tan débil que no le dieron importancia, pero hubiesen seguido si Ichigo no se hubiera sobresaltado cuando una potente bocina resonó en toda la calle, haciendo que se separara de él.
Él sentía la angustia, la emoción y el miedo en ella como si fuese suyo. Pero… ¿Cómo?
-Lo… lo siento… no puedo… - se disculpó ella con voz tomada, para luego echarse a correr como si fuese el viento, con dirección hacia fuera del gimnasio.
Kuchiki Byakuya intentó seguirla, pero se percató de que se había olvidado de algo, y pensó mejor en sus acciones.
Esto fue incorrecto. Se dijo. Por más que ella tenga la mayoría de edad, sigo siendo mucho mayor que ella y un miembro del profesorado del colegio donde estudia.
Agarró el zapato plateado que la chica había dejado caer en la carrera, justo al pie de la pequeña escalera de madera, y lo observó con cuidado. Parece que nadie se había fijado en las líneas que tenía la base del tacón: una camelia, un girasol y una sakura.
Mirando a su alrededor sin saber qué hacer, Byakuya suspiró y se resignó a volver al auto con paso lento.
Se cruzó con el guardia de seguridad del colegio en las puertas de la entrada de éste. Lo despidió y se encaminó a su vehículo.
Sonriendo, observó que Rukia se había dormido esperándolo.
Cuando subió al auto, antes de encenderlo, guardó el zapato debajo de su asiento.
A la mañana siguiente, ella no quiso levantarse de su cama ni aunque fuese las tres y media de la tarde.
Lo sucedido a la madrugada la había dejado toda la noche en vela, pensando en cómo había llegado tan lejos con esos sentimientos.
Alguien golpeó la puerta de su habitación en la casa de sus padrinos. Pero Ichigo no respondió ni hizo caso a ello. Tenía los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo. Eso le hacía pensar con más claridad, y hacer pretender a quien quiera que haya entrado en su habitación creyera que estaba en el sueño.
-Déjala dormir, Kisuke. – escuchó el susurro de su madrina. – Está cansada, de seguro volvió a dormirse en los jardines del colegio y por eso no volvió con Harley y as demás. – luego se escuchó un golpe seco, señal que Yoruichi le había pegado en la cabeza a su marido.
-Ya lo sé. – suspiró en tono preocupado. – Creo que algo ha cambiado. Y no sé muy bien que es… ¿No crees que fue raro el cómo nos esquivó cuando llegó?
-Será mejor irnos. – replicó su esposa. – Mañana podemos preguntarle lo que queramos.
Se formó un silencio, y luego los pasos de sus padrinos alejándose de ella. La puerta se abrió y cerró, seguramente porque el matrimonio Urahara se había ido.
Ichigo se tocó los labios, como si todavía si hubiese sido besada por su profesor hace solo unos segundos.
¿Por qué persistía el cosquilleo?
Gimiendo en protesta, se tapó hasta la cabeza, y decidida a no levantarse hasta mañana, trató de dormirse de una vez por todas.
Nota: La melodía que se relata al final, se llama "Love me" y pertenece a Yiruma.
