A medida que el Sol descendía por el horizonte, Kagome empezaba a arreglarse. Se miró en el espejo, normalmente no le gustaba arreglarse demasiado, pero la ocasión lo requería. Se embutió en unos pantalones negros y se puso una camisa suelta de color rosa pálido, que resaltaba la claridad de su piel. Se recogió el pelo en una cola alta, mientras que revisó la hora. Como de costumbre, llegaba tarde. Cogió lo necesario para pasar la noche, se despidió de su familia y salió corriendo por la puerta, tan rápido como le permitía aquel vestuario, y se sorprendió echando de menos la cómoda ropa con la que solía ir a ver a Inuyasha. Reprimió un suspiro, Inuyasha, no sabía de él desde que se fue, y de eso hacía tres días ya...Pero no iba a dejar que él le estropeara la fantástica noche que le quedaba por delante. Perdida como estaba en sus pensamientos, se chocó contra una persona. Esta masculló una serie de maldiciones, mientras agarró a la chica por los hombros. Kagome levantó la mirada, levemente avergonzada, pero no se esperaba ver como la expresión de rudeza que el chico tenía, cambiaba hacia una de sorpresa. Sorpresa que también se reflejaba en la cara de la chica. Esos ojos dorados...Pero no era él, no podía ser. El chico la miró y abrió la boca levemente. Pero antes de que pudiera oír lo que el chico tenía que decirle, ella salió corriendo porque la culpa y el dolor la estaban destrozando a partes iguales.
~o~
La noche marchaba según lo previsto pero todavía faltaban un par de personas más. Kagome sonreía abiertamente, incluso se atrevía a bromear como si no pasara nada, cuando en su interior bullían toda clase de sentimientos contradictorios. ¿Quién era ese chico? Pero sobre todo...¿Por qué tenía los mismos ojos que Inuyasha? De pronto, una de sus amigas saludó a alguien que estaba más allá de donde ellos se encontraban. Kagome, quien hablaba con uno de los chicos de su clase, apenas prestó atención a ese hecho. Pero volvió la cara para la persona que se iba a incorporar al grupo y se encontró de bruces con el chico con el que se había chocado. Se reprimió para soltar un grito, mientras que él ni siquiera disimuló su sorpresa al verla allí. La chica que lo traía se quedó sorprendida.
-¿Os conocéis?- Pregunto extrañada. Antes de que Kagome dijera una palabra, el chico contestó por ella.
-Hemos tenido un pequeño encontronazo antes de llegar aquí.- Dijo él, guiñándole el ojo. Kagome se sonrojó levemente y asintió. Ai, su amiga, sonrió.
-En ese caso, os presentaré. Kagome este es mi primo Haruki. Haruki esta es mi amiga Kagome.- Dijo señalándoles respectivamente. El chico asintió y sonrió perezosamente.
-Un placer.- Dijo con voz suave, casi ronroneando. Esto hizo que el corazón de Kagome se parara por un segundo, esa voz sonaba dolorosamente parecida a la de Inuyasha...Trató de que esto no se reflejara en su rostro y sonrió abiertamente.
-El placer es mío.- Dijo simplemente, mirándole a esos ojos brillantes.
Al cabo de un par de horas más tarde, el chico se acercó a donde Kagome estaba, ofreciéndole una gran sonrisa. Kagome se mordió el labio levemente, no terminaba de confiar en ese chico. Quizás eran sus ojos que eran sorprendentemente familiares, o el hecho de que no había vuelto a dirigirle una sola palabra.
-¿Te importaría salir un rato afuera conmigo?- Dijo, señalando la puerta del patio, donde había unas cuantas mesas colocadas. Kagome tragó saliva, el chico la intimidaba si, pero una parte de ella quería saber más de él. Decidió seguir a esta última y asintió con una gran sonrisa. Ambos se dirigieron hacia fuera y ella se sentó en una silla. Él optó por imitarla y la miró.
-Lo siento por lo de antes, debería mirar más cuando voy andando por la calle.- Dijo él, esbozando una sonrisa avergonzada. Por un momento, Kagome se reprendió por haber pensado mal del chico cuando parecía que era por lo menos educado.
-No te preocupes.- Dijo esta.- Fue culpa mía.-
-Quería disculparme pero te fuiste con tanta rapidez que apenas pude decirte nada.- Le dijo él, ladeando la cabeza. Kagome se tomó un segundo para observarle mejor. Tenía el pelo negro, como cuando Inuyasha se volvía por unas horas completamente humano, pero lo llevaba relativamente corto comparado con el otro chico. Los mechones de pelo le acariciaban la frente, mientras que apenas sobresalían por la parte baja de su cuello. Tenía las facciones duras y afiladas, no obstante, no parecía cruel. Y sus ojos...Eran del color del oro líquido, pero también tenían un brillo especial que Kagome identificó con el brillo que poseían los ojos de Inuyasha. Pero eso era imposible. Inuyasha era un demonio, y ese chico era normal. Soltó un suspiro.
-Hey, ¿Pasa algo? Te veo muy tensa.- Dijo el chico, poniéndole una mano en el hombro. Kagome se estremeció levemente y le miró a los ojos.
-Es sólo que me recuerdas a alguien que conozco.- Admitió, bajando el tono y desviando la mirada.
-¿Y eso es malo?- Dijo él, frunciendo el ceño.
-No lo sé.- Dijo ella, tras un segundo de silencio.
¡Buenas! Sé que he tardado mucho en actualizar pero es que entre que he empezado una historia, que no me acordaba y que me inspiración se esfumó... uvu
Espero volver pronto para subir la siguiente parte, dadme ideas porque la verdad que ando escasa :c
Espero que os haya gustado, dejadme review para ver lo que pensáis y un saludo~
