Nombres.


Estaba cansado…

Las nueve criaturas, acurrucadas en el suelo del templo, dormían profundamente, juntos, en cambio yo los observaba en silencio.

Lograron aprender a mantener sus piernas firmes, para poder estar de pie. Quien tuvo la mayor dificultad fue el octavo, el cual solo contaba con sus ocho tentáculos como soporte, pero ya se estaba acostumbrando a sus extremidades.

Los miré, rememorando sus primeras horas de vida, asimilando el lazo que había establecido con cada uno de ellos…

Cada uno de ellos… Era una entidad diferente, a pesar de que en conjunto componían un solo ser…

Ya lo habían mostrado con sus diferencias físicas… ¿Significaría que sus actitudes también serían opuestas…?

Medité el tema, hasta notar que el noveno, acurrucado junto al octavo, bostezó, mostrando sus pequeños dientes, y se estiró, se acurrucándose un poco más.

Sonreí.

Comprendiendo que ya era hora de retirarme, me levanté, apoyándome en mi bastón, y, sin hacer el menor ruido posible, me acerqué al pasillo del salón, pero me detuvo un leve ronquido.

Me voltee, extrañado, para ver al primero ponerse boca arriba, roncando inconscientemente, demostrando su cansancio…

No pude evitar volver a sonreír…

Tal vez… En ciertos aspectos, si tendrían similitudes.

Con ese último pensamiento, sacudí mi bastón, apagando suavemente las antorchas, permitiendo que solo la luz nocturna que entraba por la ventana fuera lo único que iluminara el salón.

Vi una última vez a los cachorros, y me dirigí a la salida del templo.

Al estar afuera, no pude evitar sentirme cómodo ante la tranquilidad que despedían las enormes ramas de aquellos árboles, movidas suavemente por el viento.

Observé la noche oscura, iluminada solo por las estrellas que la componían. Cerré los ojos, y respiré hondo, sintiendo como el frío de la noche aliviaba el cansancio y dolor en mi débil cuerpo.

Miré de reojo el templo, y, sabiendo que los cachorros en su interior estarían a salvo durante mi ausencia, me retiré, bajo la luz de las estrellas…


Debo admitir, que tuve suerte, por decirlo de esa forma, en que ni mis hijos ni mi hermano, o alguna otra persona en el templo, me vieran al llegar. Al parecer, me habían estado buscando, al estar todo el día ausente.

-En un lugar-fue la respuesta que le di a Asura, cuando me preguntó dónde había estado.

Como era de esperarse, mis palabras causaron una gran frustración en mi hijo menor, quien no vio otra forma de desahogarse dándose cabezazos contra la pared, ya que sabía que mi respuesta no había sido correcta ni incorrecta…

Siempre me he preguntado si esa forma violenta de desquitar la frustración con objetos es un medio útil de disiparla o no…

Indra, ignorando a su hermano, solo me preguntó el objetivo o razón de por qué estuve fuera, indicándome indirectamente que no caería en mi usual juego de palabras, en el cual siempre caía Asura.

-Decidí dar un paso más en mi camino para encontrar la paz- le expliqué a mi hijo- Aun es muy pronto para mi decidir si fue lo correcto o no… Pero eso lo sabré cuando sea el tiempo-

-Padre… ¿por qué siempre el juego de palabras…?- me quedó mirando Asura, con la frente algo roja.

-Lo entiendo, padre- asintió Indra, serio, haciendo que su hermano lo quedara mirando- Si necesita ayuda con el paso que ha dado, no dude en pedírmela. Con gusto haré lo que esté a mi alcance para apoyarlo- me aseguró.

-Cuento contigo, Indra- le sonreí a mi hijo mayor- Contigo también, Asura- miré al menor, quien asintió, aunque algo confundido, sin saber que el motivo del paso que di era su propio ideal.

Con una última despedida, tomamos caminos diferentes para ir a nuestras respectivas habitaciones para descansar.

En lo personal… Deseaba pronto poder reposar mi viejo cuerpo...

El haber separado tan abruptamente el chakra del Jubi de mi interior me causó más daño del que suponía, e incluso parecía que a cada hora estaba aumentando…

-… Entonces… ¿Qué fue lo que hiciste?-

Me detuve en el pasillo de madera en el que caminaba, sin extrañarme que mi hermano menor, apoyado frente a mi habitación, me mirara cruzado de brazos, con su Dojutsu activado.

-Tú mismo sabes la respuesta, Hamura-le aseguro, serio.

-La sé, Hagoromo… Pero no la razón- me asegura mi hermano, acercándose a mí-… ¿Qué fue lo que hiciste?- me volvió a preguntar- Tu chakra… está demasiado débil… Y falta algo muy importante- frunció el ceño, serio.

A diferencia de a mis hijos, a quienes, por ahora, ocultaría la existencia de aquellas nueve criaturas que dormían en lo profundo de nuestro bosque sagrado, sabía que a Hamura no le podía dar el mismo trato.

Fue él quien me dio su apoyo antes, durante, y después del combate contra el Jubi. Sin su presencia, no estaría frente a él en estos momentos… Ninguno estaría presente…

Él fue una de las personas que me demostró lo que pensaba mi hijo menor…

El poder de los lazos, del amor, podría traer la paz…

-… Hablemos- le sonreí, a lo que Hamura asintió, serio.


Sentados en el balcón de mi habitación, bajo la luz de las estrellas, tomando cada uno una taza de té de jazmín, mi hermano escuchó en silencio mis palabras.

Le expliqué mi decisión de incluir al Jubi en los lazos que podrían traer la paz para nosotros y las próximas generaciones, la creación, no, el nacimiento de aquellas nueve criaturas, y el hecho de que fueran cachorros y tuvieran sus propias emociones y sentimientos…

Cuando terminé mi relato, Hamura, mirando el cielo oscuro, respiró hondo.

-… ¿Eres… feliz con tu decisión?- me preguntó, serio.

-… Estaré satisfecho si da buenos resultados, para todos- le aseguré, mirando el té que sostenían mis arrugadas manos.

-… Nos costó mucho derrotar al Jubi, y mucho más el tener que sellarlo en tu interior…- me recordó Hamura, y noté como apretaba levemente su té-… Aun así… ¿por qué tomaste semejante decisión tu solo, hermano?-

No pude evitar sorprenderme ante su pregunta, y la tristeza me invadió al notar la preocupación reflejada en el rostro de mi hermano menor.

-… Lo lamento, Hamura- me disculpé sinceramente, haciendo que me mirara, triste-… No es que decidiera que debía excluirte de esta decisión… Es que habría sido más difícil tomarla contigo a mi lado-le aseguré, sorprendiéndolo levemente.

-¿Lo dices porque sabrías que estaría en contra?- me preguntó Hamura-Disculpa, Hagoromo… Pero no veo que valga la pena el arriesgarse al crear estas criaturas- me aseguró, serio.

-… Es verdad- admití, sonriendo levemente- Pero… el día en que yo muera… ¿Qué será del Jubi y su caótico poder?- le pregunto, dejándolo sorprendido- Él es parte de la naturaleza de esta tierra… De su ecosistema… Cuando muera, él regresaría en algún punto, y tal vez nadie sea capaz de detener su feroz sed de venganza y destrucción-

-… Es verdad…- admitió Hamura-… Entonces… El nacimiento de esas criaturas es también una prevención de que aquello ocurra-

-En realidad… Quiero demostrar que, el crear lazos con ellas, es la clave para la paz… - le expliqué, extrañándolo un poco- Si los nueve son capaces de entender el significado del amor, no serán como la entidad de la que se originaron… Marcarán una diferencia-le aseguré, sonriendo.

-…- Hamura me miró, serio, al parecer no muy convencido de mis palabras, o sin ser capaz de refutarlas-… ¿Al coste de tu vida?-

Debo admitir… que esa pregunta me la esperaba… Pero, viniendo de mi hermano menor, que me miraba con preocupación, causó que aquella interrogante tuviera más peso en mí de lo que suponía…

-… Si no corremos riesgos, Hamura… Nunca avanzaremos- le sonreí tristemente, sorprendiéndolo, ya que, esas mismas palabras fueron las que él mismo ocupó para animarme.

Mi hermano no pudo evitar sonreír levemente, y miró el cielo oscuro lleno de estrellas.

-… Sigues vivo por el cascarón del Jubi, ¿verdad?- me preguntó.

-… Sí… Mi cuerpo reacciona normalmente gracias a que lo mantengo en mi interior- admití, tocando mi pecho- Pero, en algún momento, tendré que sellarlo en otro contenedor-

-¿Por qué?- me miró Hamura.

-Debemos impedir que, después mi muerte, alguien con malas intenciones se apodere del cuerpo del Jubi. Si muero normalmente, me enterraran, siendo más fácil que profanen mi tumba…- le expliqué, serio-… Cuando me separe del cascarón, deduzco que tendré solo unas semanas de vida, o tal vez menos, así que debo pensar con claridad cuándo y dónde sellaré lo que queda del Jubi-

-…- Hamura me miró, meditativo-… Entonces, permíteme a mí, y a mis hombres, resguardar el cascarrón del Jubi-me pidió, sorprendiéndome- Cuando decidas el momento, mi gente y yo viviremos en el lugar en el que selles el cuerpo de la bestia-

-… ¿Estás seguro, hermano? Si tomas esta decisión, te excluirás a ti mismo del mundo entero, y a los que vayan tras de ti-le señalé, serio.

Ante eso, Hamura sonrió levemente.

-Si no corremos riesgos, nunca avanzaremos-

Sus palabras me hicieron sonreír, comprendiendo que ambos éramos tercos en muchos sentidos…

Después de todo, éramos hermanos.

-Está decidido- sonreí- Este será nuestro paso para alcanzar la paz….- sentencié, pero mis ojos quedaron absortos al ver el cielo nocturno, extrañando a mi hermano…

No pude evitar comparar nuestro mundo con el manto nocturno que lo cubría… Un mundo lleno de oscuridad, pero con pequeños puntos de esperanza que demostraban que había gente, como nosotros, que buscaban una luz para poder lograr opacar toda esa oscuridad…

… Entonces… ¿Y si creáramos una luz nocturna, que no solo representará la voluntad del hombre opacando la oscuridad, sino que nos iluminará en estas horas tan oscuras?

-… Ahí- murmuré, sumiso en mis pensamientos, extrañando más a mi hermano.

Al no recibir una respuesta o explicación de mi parte, Hamura miró el cielo oscuro que yo observaba, comprendiendo un poco el significado de la única palabra que pronuncié.

-… ¿Quieres sellar el cascarón del Jubi… en el cielo?- me preguntó, sorprendido.

-… Sería posible con el Chibaku Tensei- le expliqué, tomando un sorbo de té- Pero, para eso, necesitaré de tu chakra, ya que parte del tuyo está en el sello- le recordé.

-Me parece bien- sonrió mi hermano, también tomando un poco de té-… ¿Les dirás a tus hijos?-

-… Deseo presentarlos a los cachorros cuando les enseñe a hablar- admití- Debo enseñarle a los nueve los conceptos básicos del chakra, los combates, y del hombre… También quiero que sean capaces de subsistir por su cuenta, ya que en algún momento se verán en ese predicamento-

-¿Comen?- preguntó mi hermano, algo curioso al hablar del tema de las criaturas nacidas del chakra del Jubi.

-Intenté que comieran una fruta, pero terminaron olfateándola, ensuciándola- respondí, a lo que Hamura sonrió, algo divertido- Al parecer, por estas compuestos por chakra, no necesitan comer ni beber, pero estoy seguro que pueden hacerlo- le aseguré- Tal vez, lo que consuman se vuelva chakra en el interior de sus estómagos-

-¿Incluye a humanos?-

-… Debería ser un proceso más largo-

-Entonces debes enseñarles a no comer humanos…- sentenció mi hermano, suspirando algo incómodo-… ¿No te trataron de comer?- me quedó mirando.

-… Lo único que trataron fue ahogarme en saliva- sonreí incomodo- Sus gestos de cariño son proporcionales al tamaño de sus cuerpos-

-Jeje. Eso suena como si fueran perritos- admitió Hamura.

-Son cachorros- sonreí, tomando un sorbo de té.

-… ¿Y cómo se llaman?-

Me quedé quieto, y miré a mi hermano, quien me miraba curioso.

-… ¿Un nombre?- pregunté, algo sorprendido.

-¿No dijiste que serían como tus hijos?- sonrió Hamura, mirando el cielo oscuro- El nombrar algo crea, de por sí, un lazo y significado. Como el jazmín- miró el contenido de su té- Con solo escuchar su nombre, podemos saber que nos referimos a una hermosa flor blanca de finos y suaves pétalos… Los nombres nos dan significados-

-… Es cierto…- admití, pensativo, mirando mi taza-… Entonces, si he de ponerles un nombre individuales, lo mejor será ponerles uno en conjunto-

-¿En conjunto?-

-Como el jazmín es parte del conjunto de las flores, que mis hijos sean parte de un conjunto, para darle mayor significado a sus existencias- sonreí, haciendo mover levemente el contenido de mi taza.

Ante eso, mi hermano sonrió, y tomó un sorbo de té.

-… Biju- murmuré, tomando su atención, y haciéndolo sonreír.

-"Bestia con cola"… Eso puede rimar con Jubi- me mencionó, haciéndome sonreír.

-Me pareció lo más apropiado para llamarlos en su conjunto- admití- Quiero que estén orgullosos de lo que son, y lo que más lo caracteriza son sus colas… No quiero que el termino Biju haga que sean vistos como "Monstruos con cola", sino como "Seres con cola"… Seres magníficos con poderosas colas, que viven en son de la paz- sentencié.

Hamura sonrió, indicando que el nombre "Biju" era el correcto.

-¿Necesitarás ayuda para los nueve nombres?- me preguntó, a lo que negué.

-No sé por qué… Pero, con la facilidad con que visualicé como serían los Biju, han llegado a mi mente los seis nombres para los machos, y los tres para las hembras- sonreí, y me sobresalté cuando mi hermano escupió su té de la sorpresa, dejándome sumamente extrañado.

Hamura tosió, limpiándose la boca, sorprendido y avergonzado.

-¿D-Dijiste… hembras?-

-Sí-

-… Hermano… ¿Los Biju están dividido por género?-

-Sí-

-… ¿Significa que pueden reproducirse o algo así…?

Ante esas palabras, me quedé mirando a mi hermano con una expresión neutra, haciéndolo parpadear.

... No pude evitar agarrar mi bastón y comenzar a golpear la nuca de mi hermano menor consecutivamente, ignorando sus gemidos de dolor.

-Les di género porque quiero que se identifiquen entre ellos, Hamura. El ser hombre y mujer da a la sociedad una base para nuestro comportamiento y pensamiento, y quiero que ellos también sean parte de eso- le señalé, sin detener el movimiento de mí brazo- No pueden reproducirse, no entre ellos-aseguré, aumentando inconscientemente las sacudidas de mi bastón.

No sé cuánto tiempo estuve dándole a mi hermano menor el correctivo, pero, cuando terminé, no sentía mi brazo, y Hamura no sentía su cabeza.

-S-Solo tenía… la duda…- me aseguró Hamura, sobándose la nuca- P-Pero si lo vemos con lógica… El darles género los hace seres vivos-

-Ese puede ser un punto de vista- admití, sobando mi hombro- Nuestro padre dio vida a los Yokai en base a la misma idea- le recordé.

-Tienes razón…- murmuró Hamura-… Me preocupan los Yokai- admitió, serio.

-… Sí…-fruncí el ceño, de acuerdo con mi hermano.

… Después de nuestro combate contra el Jubi, ambos habíamos intentado hacer razonar a los Yokai que resguardaban a mi padre sellado, para que nos dejaran liberarlo… Pero no nos dejaron entrar a la isla…

Estaba aterrorizados por la amenaza de Kaguya, sintiendo su poder sellado en mi interior, por lo que juraron que cumplirían la orden de mi madre, ya que Jashin también se volvió un peligro momentos antes de que ella lo sellara…

… Nuestros padres… habían caído en la misma locura… y en el mismo destino…

Nos quedamos en silencio. No lo dijimos, pero pensábamos y meditábamos la ausencia de nuestros padres, sin poder evitar recordar nuestra infancia, donde ellos nos hacían sonreír…

… ¿Cómo terminamos así…?

-… Hermano- me llamó Hamura, tomando mi atención-… Sí los Biju a los que diste vida se basan en el chakra del Jubi, y en tu propio pensamiento… ¿No significa que tendrán características similares a las tuyas?-

-… Puede ser posible- admití- Pueden heredar algo de mi…- tomé un sorbo de té.

-…- Hamura me miró, serio-… ¿Cómo tu poca tolerancia al sake?- me miró divertido.

… No pude evitarlo… La sola mención de aquella bebida alcohólica preparada por una infusión preparada de arroz hizo que mi mente recordara su sabor, e, inconscientemente, escupiera el té que acababa de tomar, para sonrisa de Hamura.

-Aun es inconcebible que la debilidad del Sabio de los Seis Caminos sea una gota de sake- mencionó divertido mi hermano, ignorando como yo tosía fuertemente, intentando recuperarme- Y todo porque, de pequeño, fue muy travieso- suspiró.

-Ha-Hamura…- lo miré algo molesto, ignorando que en mi barba goteaba un poco del exquisito té de jazmín que escupí lamentablemente- Si probé sake a los siete años, fue por culpa tuya-le recordé, no queriendo rememorar ese suceso.

-Eras muy entusiasta en ese entonces- sonrió Hamura, tomando un poco de té, mientras yo me limpiaba el mentón- Es verdad que apostamos que quien perdiera en Piedra, papel o tijera se tomaría el sake que nuestro padre ocuparía en su ceremonia, pero no es culpa mía que diste papel-mencionó, haciéndome suspirar.

-… Desde entonces no soporto ningún tipo de bebida alcohólica…- admití, negando con la cabeza.

-Tanto así, que en las ceremonias sueles cambiar tu vaso de sake por agua-

-¿Por la culpa de quién?-

-Del papel-

Ambos nos miramos, y no pudimos evitar sonreír al recordar un suceso de nuestra niñez.

Volvimos a posar nuestra mirada en el cielo nocturno, disfrutando en silencio aquel tiempo entre hermanos que nos ayudaba a cambiar opiniones, compartir nuestras ideas, y rememorar los mejores y peores momentos del pasado…

Ese era el lazo que tenía con mi hermano… El lazo de la hermandad…

Junto con el lazo del amor, dado por mi amada Nozomu y mis hijos, este era uno de mis lazos más preciado…

Ser hermanos nos daba la oportunidad de conversar, discutir, y bromear entre nosotros sin lastimarnos…

Esta sensación… Esta tranquilidad y conformidad… Era la misma que quería enseñarle a los Biju y que ellos la conservaran y compartieran mutuamente.


Al día siguiente, a primera hora de la mañana, volví al bosque sagrado donde residían los Biju.

Debo admitir, que la usual tranquilidad que se vivía entre los enormes árboles me desconcertó un poco, ya que esperaba ver a los Biju entre ellos.

Me dirigí al templo, aun preocupado por tanto silencio, hasta llegar a mi destino.

Caminé por los pasillos de piedra de la antigua estructura, meditando, hasta que escuché…

… Gemidos…

Al escuchar a los Biju llorar, mi cuerpo se movió solo, llevándome al enorme salón en el que los dejé la noche anterior, para encontrar a los nueve cachorros caminando asustados por el lugar, temerosos de estar… solos…

El primero, el cuarto yla quinta caminaban mirando el techo, gimiendo asustados, mientras los otros seis estaban acurrucados en una esquina, sin atreverse a moverse.

Mis ojos se posaron en el noveno, quien, acurrucado en el piso, gemía, con sus orejas gachas, y unas lágrimas cursando sus mejillas…

… Claro… El haber despertado en aquella enorme habitación de piedra fría, y no encontrarme, causó temor en sus pequeños corazones, junto con el sentimiento de abandono…

… Ellos lloraban… A pesar de que me había comprometido en evitar que sufrieran… Por mi culpa… ellos lloraban…

El comprender el daño que les había causado… hizo que mi bastón resbalara de mis manos, cayendo con un seco sonido a la roca, resonando de tal forma que asusté a los Biju, quienes no se habían dado cuenta de mí presencia.

Los nueve Biju me miraron, sorprendidos, con sus ojos humedecidos…

El noveno, al verme, se levantó torpemente, moviendo su nariz, gimiendo.

… Al ver la tristeza plasmada en cada uno de sus rostros… No pude evitar que la misma tristeza embargara mi corazón… Y, sin darme cuenta… unas lágrimas cursaron mi rostro…

Torpemente, el noveno se acercó a mí, ya que los demás Biju aún no salían de la sorpresa y miedo causado por el abandono.

El zorro de nueve colas, al llegar frente a mí, gimiendo tristemente, me olfateó, queriendo verificar que era el hombre que habían conocido el día anterior.

Al ver las marcas de lágrimas en su pelaje, oprimió más mi corazón.

Levanté mi mano, acariciando su mejilla, sobresaltándolo levemente, causando que su esponjoso pelaje se erizara por unos momentos.

-Tranquilo… Tranquilo…- murmuré tristemente.

Las orejas del noveno se sacudieron al escuchar mi voz, y, al reconocerme por completo, ladró, contento, moviendo sus colas, pero se quedó curioso cuando abracé su hocico, quedando sus ojos rojos al nivel de mis ojos morados.

-… Nunca más… Los dejaré así…- les prometí a los cachorros- Trataré… de no volver a causarles este daño…-

Como si entendiera el significado de mis palabras, el zorro agachó sus orejas, y acurrucó su hocico en mí, pidiéndome cariño, el cual se lo concedí.

Noté como, lentamente, la segunda y el octavo se me acercaron, por lo que suavemente solté al noveno y acaricié la nariz de la gata de fuego, quien, gimiendo, recibió mi gesto con dulzura.

Después de ellos, los demás Biju volvieron a reconocerme, y a cada uno de ellos les di el cariño que necesitaban, para poder pasar el temor que habían vivido al despertar… solos…

Los nueve cachorros terminaron recostados a mi alrededor, dormitando.

Yo, sentado en medio de ellos, acariciando la frente del noveno, sonreí, feliz de que ya no lloraran ni sufrieran…

-… Haré una salida que este a vuestra altura- les dije a los cachorros, tomando la atención de cada uno- Quiero que conozcan el exterior. Así, tendrán un lugar mucho más amplio y saludable para aprender a hablar y a escribir. También quiero enseñarles sobre el chakra y el hombre… Sobre ustedes y el mundo… Por eso, les pido que confíen en mí…- les pedí.

Me miraron, curiosos, especialmente el menor de los nueve.

El zorro parpadeó, curioso, y me lamió la mano con la que lo acariciaba, haciéndome sonreír.

-Pronto comprenderán- aseguré, y miré al mapache de una cola- Shukaku- llamé, haciendo mover sus orejitas azules- Matatabi- miré a la gata, quien maulló, curiosa- Isobu- miré a la tortuga a mi lado, acariciando su caparazón, haciéndolo sonreír- Son Goku- miré al mono de pelaje rojizo, haciéndolo parpadear- Kokuo- miré al joven corcel, quien ladeó la cabeza- Saiken-miré a la babosa, quien parpadeó sus pequeños ojos- Chomei- miré a la larva, que sacudió suavemente sus pequeñas siete colas, curioso- Gyuki- miré al pulpo, quien también me miró con curiosidad.

Por último, miré al zorro de nueve colas, que me miraba con sus ojos rojos llenos de curiosidad e inocencia.

-…- le sonreí, y le acaricié la mejilla, haciéndolo sonreír-… Kurama-lo nombré.

Sus orejitas se movieron inconscientemente, mirándome más curioso.

-Quiero que se identifiquen entre sí… Quiero que, aunque provengan de la misma entidad, sean únicos…- le sonreí-… Quiero que vivan… Vivan, como seres vivos… Vivan… como mis hijos-

Las nueve criaturas… No, los nueve hermanos intercambiaron miradas, muy curiosos.

El zorrito me miró, moviendo sus colas.

-… Gu… la… ga…- intentó decir, sorprendiéndome por completo.

-… Ju… la…gu…- el joven mapache también intentó pronunciar su nombre, sin éxito.

-… Ala… ari…- la gatita movió tiernamente sus bigotes en su intento.

-…I… sho… gu…- la tortuga se sonrojó al intentarlo.

-… Of… co…zun…- el mono movió exageradamente su boca, en un intento de decirlo correctamente, quedando amurado al fallar.

-… Go… suo…- la corcel también lo intentó, con el mismo resultado.

-…Za… yen…-murmuró sonrojada la babosa.

-…O… mesh…- se sonrojó la oruga por su intento fallido.

-…Gi…gui- el pulpo se enredó con su nombre, apenándose un poco, haciéndolo ver tierno.

-¡Gulaga….!- ladró Kurama, en un nuevo intento de decir su nombre- Shu… ra… ga… ¡Shugara…!- al fallar nuevamente, bajó sus orejas, apenado, pero las levantó cuando le acaricié la mejilla, tomando su atención.

El cachorrito se sonrojó al verme sonreír, sumamente contento.

-Van bien, mis pequeños- le aseguré a los nueve hermanos- Pronto les enseñaré a hablar, y dirán con orgullo sus nombres…-prometí.

Kurama parpadeó, y ladró, contento.


¡No saben la alegría que me dan al tener todo este apoyo^^!

Queridos lectores, pensé que no les entusiasmaría esta idea, pero veo que a varios de ustedes les gusta XD.

¡Me alegro tanto, tanto…!

En fin, saludos:

-Le enviamos un saludo a oristrong- sonrió Asura, sobándose la frente, al lado de Hagoromo, quien sonrió.

-También agradecemos los saludos dados por Bridget y Sara- sonrió el anciano- Pero, como verán, los Biju recién comienzan a aprender a hablar, así que no podrán corresponderles- mencionó, señalando al joven Kurama a su lado, quien se mordía una cola, disfrutando de lo esponjosa que era- Kurama- lo llamó, tomando su atención- Di: Saludo-

El cachorro lo miró, parpadeando.

-… Ja… lu… zo…- trató de decir, para terminar estornudando, haciendo sonreír a Hagoromo.

-Es un buen comienzo- sonrió el anciano, acariciando su mejilla, a lo que el cachorro cerró los ojos, disfrutando de esa caricia.

¡Gracias por el apoyo, mis veteranos lectores, y a los nuevo, espero les guste como va la historia^^!

¡Nos vemos en el próximo capítulo, y no olviden comentar XD!

-A…- escucho, y miró para atrás, para ver a Kurama haciendo unas muecas tiernas- A… shos…-

-Bien, lectores, recibieron un "Adiós" de este peludo^^. Creo que eso es tener suerte- sonrío, ignorando como el cachorro comenzaba a perseguir sus nueve colas, en un intento de agarrarlas

¡Nos leemos ;)!