2. De los amigos
Estoy lejos de la perfección, está claro. Pero Rin... él es todo lo contrario. Al menos para mí. Sé que debo sonar como uno de los tan mencionados acosadores y es que no puedo evitarlo. Pensar en él ha ocupado la mayor parte de mis días.
Muchos dicen que pienso de forma muy profunda, que eso no es común en las personas que tienen mi edad, que los niños deben expresarse con libertad y que parece como si me estuvieran obligando a calcularlo todo. No calculo nada, en realidad. Quizá sea el hecho de que a mis padres, mis abuelos los educaron a la antigua y, antes de que se dieran cuenta de que querían que fuese libre, yo ya había callado.
Soportar a las personas dejó de ser mi fuerte desde el momento en que me catalogaron como una persona extraña. Supongo que fue entonces en que mi mente comenzó, como dicen, a profundizarse. Las personas a las que soporto, puedo contarlas con una sola mano. Papá, mamá, abuela, Makoto y Rin.
Aunque a veces la forma que Makoto tiene de ser me crispa y me hace querer darle un buen puñetazo. Claro, él no lo nota.
Si tuviera que contarle a Rin el cómo soy realmente, tendría que decirle que la soledad es mi mejor acompañante en los recreos, pues Makoto se marcha con otro de sus amigos y no me apetece seguirlo. Debería decirle que soy antisocial, que prefiero sentarme y ver cómo se mueve un insecto a ir y hablar con los compañeros de mi clase. Quizá deba mencionar que mis gustos son específicos y que es un milagro que me haya enamorado tan rápido de él.
Definitivamente, esas son cosas que jamás escribiré en una carta.
Y al parecer, a él no le interesa esa parte de mi vida. Incluso creo que no me conoce del todo bien, aunque hayan pasado ya un mes de la primera carta.
Me alegra hablar seguido con él, aunque hemos ampliado el tiempo de envío. Quedamos en charlar solo dos veces a la semana, así no gastamos mucho en el correo. Por lo mismo, las cartas se han hecho más extensas.
Así que comienzo a disfrutar pasar el tiempo a solas en los recreos, así puedo pensar sobre la carta que recibí ayer y escribir la carta que enviaré en dos días. Él envía los martes, yo los viernes. Él tiene tres días para responder y por ende tres días para contar. Por ello, sus cartas suelen ser de más de tres hojas.
— ¿Qué haces... Mika? —pregunta Makoto apareciendo de la nada. No puedo disimular mi sobresalto, así que solo finjo que lo que hago no es importante y cierro mi libreta.
— ¿Y tu amigo? —pregunto. Makoto sonríe y se sienta frente a mí.
— ¿No me dirás que deje de burlarme, Mika-san? —me encojo de hombros y aprieto la libreta.
—Deja el -san. Mika ya está bien.
— ¿Prefieres Mikaela?
—Ya déjame. Pensé que me apoyabas.
—Lo sé, lo sé. Pero, Mika, hasta que él lo sepa... —sus ojos verdes observaron mi libreta. La apreté un poco más y desvié la mirada.
—No hay necesidad de que eso pase. Así estamos bien —solté un suspiro—. Aun así... ¿Será conveniente que me deje crecer el cabello?
—Oye... Deja de pensar tanto en el amor, ¿sí? —Makoto pasó un brazo por mis hombros y me apretó— Además, si él te amara en un futuro cercano o lejano, tu apariencia no debería de importar
—No lo sabemos.
—Y no hay necesidad de saberlo —dijo con seriedad. Luego sonrió ampliamente— ¿No? —lo golpeé con el libro.
—Anda con tu amigo el raro —escupí. Él asintió.
—Bien, nos vemos en clase... Mika-san —Estuve por lanzarle el libro, pero se alejó rápidamente.
El segundo periodo de clases había terminado, por fin. Me sentía feliz por ello. Es decir... No es como si las clases no me gustaran, pues a cierta parte de mí le gusta estudiar. Pero hay que admitir que la mejor parte de la escuela, es el recreo. Ese corto tiempo en que descansas de la interminable lectura y estudio de tantas cosas que quizá nunca usaremos en la vida diaria.
—Oye, Rin, ¿y tu novia de tinta?
— ¡Cállate, Sousuke! —grité lanzándole la goma de borrar. Él rió quedamente mientras me regresaba el borrador y quitaba la libreta de mis manos.
— ¡Oh, Mika, querida mía! ¡Por favor, cásate conmigo! —se burló antes de abrir la libreta por la parte trasera.
—No es que quiera casarme con ella... Dame eso, Sousuke...
— ¿Ya empezaste a escribir su nombre y el tuyo junto a un corazón? —Eso me tomó por sorpresa. Desvié la mirada directamente a la libreta y me sonrojé.
—Eh... ¿No?
—Eres tan... Romántico, cursi... Y no es un cumplido —declaró arrancando la hoja y tirándola a un lado—. Yo digo que, si esa bola de papel llega a ella, entonces sí, están hechos el uno para el otro.
—Es estúpido.
—Tú eres estúpido —Sousuke volvió a tomar la bola de papel y la lanzó lo más lejos que pudo—. Y Mika también.
—No la insultes.
—Oh, eso no es un insulto, comparado con lo que tengo en mente —su sonrisa me puso los nervios de punta, ¿por qué le hacía feliz insultar a mi amiga por correspondencia?—. Ambos son... —se acercó a mí y susurró: — imbéciles —terminó. Se recargó en la pared y observó el patio—. Mamá dice que las personas que conoces por internet o por otros medios que no sean cara a cara, pueden ser pedófilos, violadores, secuestradores, psicópatas...
— ¿Qué es un pedófilo? —Sousuke se encogió de hombros.
—Ni idea, pero, ¿a qué es algo malo, eh?
—Mika no es nada así. Ella es tierna, seria, alegre... Es como si no pudiese expresarse en la vida real, con los demás, pero todo cambia cuando habla conmigo. Así lo siento, como si yo fuera el único digno para escuchar... Más bien, leer... Lo que ella tiene que decir.
—Escuché estupideces, salían de tu boca.
— ¡Sousuke!
—Anda, Rin. Sabes que se te está pasando la mano en lo romanticón. Quizá un partido de futbol te baje de la nube. Aún quedan quince minutos, ¿te animas? —suspiré y guardé la libreta en mi mochila.
—Uno a cero. Si ganas, te compro una soda. Si pierdes, me compras una soda y no maldices a Mika nunca más —la sonrisa ladina de Sousuke me hizo sentir escalofríos.
—Dos, cero. Si pierdes, me compras la soda y le dices a Mika que vayan por un helado —roté los ojos y asentí.
—No perderé contra ti. Ni siquiera tienes cerebro.
—Es extraño, porque aun así soy más listo que tú.
Estuve a punto de golpearlo, pero el salió corriendo hacia las canchas. No tardé mucho en seguirle. Definitivamente iba a ganarle, no dejaría que siguiera burlándose de mí y de Mika. Además, mamá decía que Mika era una niña muy linda, que ella se había pasado por su casa, para asegurarse de que no era nada raro, y que se le hacía muy lindo que nos hablásemos por correspondencia.
A pesar de lo que dije antes, perdí el partido de futbol, dos a cero. Sousuke me lo restregó en la cara mientras caminábamos hacia las clases de la tarde, aunque casi se atraganta con la soda que tuve que comprarle.
Así que estaba decidido, en tres semanas, si Mika quería, tendría mi primera reunión con ella.
26/10
"Hola, Rin.
La verdad, no tengo mucho que contar de los últimos días. Makoto sigue burlándose de mis cartas, aunque es extraño, porque él siempre ha sido tan amable que esta faceta suya comienza a preocuparme, aunque no voy a decírselo, se emocionaría.
Encontré un nuevo lugar donde comprar trajes de baño mientras caminaba en el centro con mi madre, pero ella no quiso ir. Dijo que buscara algún amigo que quisiese pasarse el día probándose trajes de baño, pero la madre de Makoto está enferma y él no puede ir aún, está atendiendo la tienda de "snack" que pusieron recientemente, así que esperaré hasta que esté libre. El día es monocromo, ¿sabes? Mis días siempre han sido así, hasta que aceptaste ser mi amigo de correspondencia.
Quizá no lo notas, pero estoy muy feliz. Quiero hacer mis cartas como las tuyas, lo intento cada día, pero creo que no podré hacerlo. Así que te pido perdón de antemano si mis cartas carecen de emociones, de verdad.
Eres un chico muy alegre y créeme, me contagiaste tu felicidad. Yo quisiera contagiarte algo mío, también. Eres tan divertido e irritante, por completo, alguien distinto a mí. Debo admitir que aún me se me quita la impresión de que llevemos hablando tanto, dieciocho cartas, ¿no? Y ¡Apenas un mes! Ojalá mi emoción se trasmita.
Quiero decirte tantas cosas, pero no puedo escribir ninguna. Lo siento, Rin."
¡Claro que me trasmites todo, Mika! Quizá un idiota, como Sousuke, podría leer la carta y decir que lo escribió alguien insensible, pero a cualquiera con una pizca de inteligencia como la mía podría darse cuenta. Quisiera decirte que no estarás sola por más tiempo, pero no me atrevo a hacerlo. Esa tienda de natación va a ser mi excusa. Por fin podré verte. Pero, antes, hay cosas que debo aclarar.
—Sousuke, ¿qué significa "faceta"? —mi amigo volteó a verme con irritación.
—Que eres idiota.
—Oye...
—En verdad... Dile que no use palabras complicadas. Que tome el vocabulario de un bebé para hablarte porque no le entiendes nada.
— ¡Lo entiendo por el contexto! —Elevó una ceja— ¡Solo dime que significa!
—Pues... como una actitud oculta o que no se suele demostrar. Algo así.
—Ah, gracias —volví la vista a la carta— ¿Monocromo?
—Blanco y negro... Sin color.
—Gracias... ¿Antemano?
— ¡Dile que no use palabras complicadas!
— ¡Es su forma de ser! ¡Me gusta que sea así!
Sousuke me observó unos instantes antes de romper en carcajadas. Con las mejillas rojas, tomé mis cosas y salí de nuestra habitación, ignorando su risa burlona y las disculpas que dijo, pues sé de sobra que no lo siente. Dejando eso de lado...
Ojalá Mika aceptara salir conmigo más adelante.
