Buenas noches. Me paso rápidamente por aquí para dejar un nuevo capítulo de esta pequeña historia.
Espero que os guste, de verdad!

"Yo… no sé cómo empezar todo esto, pero la realidad es que… bueno, que estoy muy confusa con respecto a mis sentimientos…". Hizo un parón para coger aire y poder continuar su pequeño monólogo.

Justo en el momento en que ella volvía a empezar a hablar apareció Espósito en la sala forense con una inmensa sonrisa, bien vestido y perfumado.

"¡Hola belleza! ¿Te apetece una copita cuando acabes de trabajar? Yo invito". Se acercó a Lanie con una sonrisa sexy agarrándola de las caderas sin percatarse de la presencia de Kate, quien se calló de inmediato cuando el detective entró.

"Ejem…". Carraspeó Lanie intentando hacer que su compañero se diese cuenta de que Beckett estaba justo a unos metros de ellos.

Pero Espo siguió agarrado a sus caderas mirándola con una sonrisa seductora y una pose un tanto chulesca. "¿Qué pasa? ¿No te apetece venir a tomar algo? ¿O te da miedo lo que pueda pasar?". Se lanzó a besar sus labios pero ella se lo impidió apartándose y alejándolo de ella.

"¡Hola detective!". Alzó la voz Beckett empezando a divertirse un poco con aquella escena. "¿No querrás que la doctora Parish te ponga una orden de alejamiento por acoso laboral no?". Soltó una pequeña carcajada al ver el bote que pegó él a escucharla y darse cuenta de su presencia.

"¡Beckett! ¿Qué haces aquí? Qui…quiero decir, ¿no te habías ido a casa?. No llevas de muy buen humor estos días..". Se atrevió a añadir con tal de desviar la conversación hacia otro tema.

Lanie le dio un codazo a Javier por su pregunta y le insinuó con la mirada que aquella pregunta no había sido para nada acertada.

"Es que, aunque tu jefa se cree muy dura, lleva unos días un poco enferma y no ha querido ni contarlo". Trató Lanie de mentir lo mejor que pudo para no descubrir a su amiga.

"Sí, así es. Llevo unos días con dolores de… de cabeza y eso". Añadió Kate para intentar corroborar la versión de la forense. "Pero vamos, que ya me encuentro mejor". Se bajó de la camilla en la que se había sentado con intención de irse.

"¡Perfecto!" Continuó Espósito. "Así os venís las dos conmigo a "La Guarida" a tomar algo, que hoy invita el dueño del bar". Pasó sus musculosos brazos por encima de los hombros de ambas.

"¿Acaso conoces tú al dueño de ese bar o qué? Anda Javier, no quieras parecer más interesante, porque no lo vas a conseguir en tu vida". Rió Lanie.

Javi miró a Lanie soltando los hombros de las dos y ladeó ligeramente la cabeza. "No sólo lo conozco yo, sino que lo conocéis vosotras también. ¡Es Castle! Lo compró hace un mes y nos llamó a Ryan y a mí para la inauguración". Contó Espo sonriente mirándolas a ambas.

Kate se quedó sin habla y totalmente pálida nada más escuchar aquel nombre. El nombre del hombre que le sacaba de quicio y a la vez la traía loca, aunque le costase asumirlo.

Sin mirar a sus compañeros, cogió su bolso y salió del depósito lo más rápido que pudo.

"Pero… ¿qué he dicho?". Preguntó Espo atónito ante la huída de Beckett.

Lanie suspiró mirando por dónde se había ido su amiga. "No has dicho nada Javi, no te preocupes". Cubrió el cuerpo en el que había estado trabajando ese día y se quitó la bata. "Ve tú al bar si quieres, yo tengo planes". Se puso la chaqueta y se marchó de allí dejándole a él con la palabra en la boca.

"Cojonudo…". Gruñó Espo yéndose también de allí dispuesto a tomarse unas cervezas con Castle.

Beckett corrió todo lo que pudo, dejando salir sus lágrimas sin cesar, hasta llegar a un parque y una vez allí, se sentó en uno de los columpios. Se sentía furiosa, nerviosa y triste a la vez. Comenzó a balancearse suavemente agarrada a las cadenas del columpio. De repente, su móvil empezó a sonar. Lo sacó del bolso y al ver que se trataba de Lanie, lo silenció y volvió a guardar.
En el depósito pensaba que estaba preparada para hablar de ella, de sus sentimientos, de él, de ellos… Pero al escuchar su nombre se había bloqueado.

Ahora comprendía por qué aquella noche con Lanie, cuando ella fue al baño le vio en el bar, coqueteando con una rubia despampanante. Fue ese el motivo por el que salió huyendo de "La Guarida" y acabó con una buena borrachera.

No lo veía desde hacía un par de meses, cuando en el hospital, tras haber sido operada del balazo que le metieron en el pecho, le había dicho a él que necesitaba tiempo, que no quería que de momento volviese a trabajar con ella a la comisaría cuando se reincorporase.

No sabía muy bien por qué había hecho aquello… ¿Acaso tenía miedo de aceptar sus sentimientos? Cuando la dispararon y aún estaba tendida en el suelo, él le había dicho por primera vez que la quería. Él no sabía que ella recordaba todo perfectamente, incluso aquella pequeña y grande confesión. De hecho, la inspectora había hecho todo lo posible por olvidarse de sus palabras, por tratar de borrar aquel momento para no tener que hacer frente a lo que sentía.

Todos sus intentos fueron en vano. No había día que no pensase en él, en qué estaría haciendo, en ella que se sentía tan sola sin él a su lado… Pero aún así, no era capaz de poner su cabeza y su corazón en orden. La paralizaba el miedo al fracaso. Sabía que estaba perdidamente enamorada de él, pero, ¿y si para él ella simplemente era otro de sus ligues y a la primera de cambio la dejaba tirada? Ella no podría soportarlo…

Metida en sus pensamientos no se dio ni cuenta de que anochecía, ni si quiera de que comenzaba a llover. No le importaba estar mojándose. Ella sólo sentía el dolor que tenía en el corazón, en lo más hondo de su ser. Permaneció en aquel mismo lugar durante un buen rato, con una mano metida en su bolso, tocando el lomo del último libro de Castle. Lo había comprado hacía una semana, el día que salía a la venta, al igual que había hecho con el resto de ejemplares que el escritor había ido publicando.

Lanie había ido a todos los sitios que se lo ocurrieron en su busca, pero no había conseguido dar con ella. Cuando la lluvia se hizo más intensa, decidió irse a casa. Ya hablaría con ella al día siguiente.

Espósito, por su parte, había ido directo a la taberna y se encontraba charlando y tomando unas cervezas con Castle. A él le extrañaba que el escritor jamás hubiese preguntado por Kate, pero no le dio mucha importancia y decidió no comentarle nada.

"Bueno, a ver Castle, entonces, ¿quien es la rubia pechugona con la que has salido en las revistas?". Rió Espo mientras recordaba la fotografía. "Se rumorea que es tu novia". Inquirió sin dejar de mirar a Castle.

"No pienso decir nada Espo, que luego, todo se sabe". Bebió un trago largo mientras de su mente no podía sacar se la imagen de Beckett huyendo de aquel bar al verlo con Mariah. Ella simplemente era un juego para él así que se veían cada vez que tenían un hueco libre.

"¡Venga ya! Que soy tu amigo y hemos sido compañeros. ¡A mí no me engañas!. ¿Es tu novia o sólo una amiga con derechos?". Preguntó el detective levantando las cejas.

"¡Espo, no pienso contestarte!". Levantó el tono de voz sin darse cuenta y todo el bar se giró para mirarlos. "Perdón, creo que he bebido más de la cuenta. Lo mejor será que me vaya a casa". Pagó aquella ronda y dejando su cerveza por la mitad se levantó del taburete irse. "Nos vemos otro día".

Javier intentó detenerlo sin éxito. No entendía su reacción. Hasta aquel día habían hablado abiertamente de los ligues del escritor. ¿Por qué aquel día había sido diferente? Suspiró fuertemente y se fue a su casa.

Beckett, completamente empapada empezó a caminar en dirección a su casa, pero de pronto, vio salir corriendo a alguien de aquel bar del que ella también había huido, tan sólo unos días atrás. Se paró en seco contemplando al hombre que corría sin rumbo. Su cuerpo y su forma de moverse le resultaban demasiado familiares. El hombre, sintiéndose observado, giró la cabeza para ver quién le miraba y cuando reconoció a la mujer que no dejaba de mirarle, sus piernas fallaron y calló al suelo golpeándose fuertemente la cabeza.

Kate seguía observándole sin poder moverse. No se apreciaba, y él no se había dado cuenta, pero estaba llorando sin parar. Sus lágrimas se mezclaban con las gotas de agua que caían por su cara.

"¡Auuu…! Joder…". Gritó aquel corpulento hombre tras el impacto. Se tocó donde se había golpeado y notó que tenía una brecha muy fea en la cabeza. Se había dado tal golpe que se encontraba mareado y tenía todo el cuerpo entumecido.
La mujer lo miraba paralizada, temblando, por el frío de la lluvia y por estar a tan sólo unos metros de él.

¿Qué pasará entre estos dos?