Bien, como el calendario y la cantidad de capítulos apremian, traigo de una vez el primer capítulo… espero les agrade mi nueva propuesta y vuelvo a invitar a quien desee saber las fechas de publicación de este fic, que visite mi perfil en donde pondré un cronograma; digo solamente por si tienen ganas de saber ¡ja, ja!

Continuamos entonces. ¡Gracias por leer!

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Disclaimer

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Los personajes de CC no me pertenecen, si no a sus respectivos autores y a quienes hayan pagado derechos sobre los mismos.

Míos son los demás personajes, así como la historia aquí narrada; basada en el anime de Candy Candy.

No tengo fines de lucro, es sólo para pasar un buen rato, tener otro terryfic; y por ganas de volver a cambiar ese final que nos dejó con el corazón roto a tantas y tantas fans.

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Capítulo I

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Candice, una de las herederas del emporio Andley; rubia, menuda, hermosa y con grandes y expresivos ojos verdes como el jade, era una entusiasta y joven empresaria con una moderna visión para los negocios, así como poseedora de gran inteligencia y dulzura. Ella estaba en las puertas del abandonado lugar, esperando que el representante de la compañía que le había vendido el inmueble terminara de abrir el candado que apresaba las pesadas cadenas que aseguraban la entrada.

Samuel Savage Hathaway, heredero de la compañía Stratford, había estado feliz de deshacerse de ese vejestorio por fin; ese que su bisabuelo Robert Hathaway tanto adoraba y que por razones incomprensibles para él, mantuvo abierto contra viento y marea hasta su muerte. Siendo su entonces joven nieta menor Charlotte, quien intentara después mantenerlo a flote, en honor de su amado abuelo; hasta que aquél desastre provocó que paulatinamente debieran cerrarlo, sin que nadie hiciera nada por arreglar la situación. Claro, hasta que Samuel, el mayor de los hijos de Charlotte, lo heredara y lo vendiera sin remordimiento alguno.

Sam conoció a Candice cuando su hermana Mia se la presentó para organizar la representación de una obra presentada por la todavía vigente y prestigiosa compañía Stratford, para recaudar fondos en beneficio de los niños con cáncer y sin recursos para costearse el tratamiento; por supuesto todo el evento estaba organizado por la misma señorita Andley con el apoyo de sus amigas Mia Savage, Patty O'Brian y Annie Britter. Desde el momento en que empezaron a charlar cuando los presentó, Mia le contó a su hermano que su rubia amiga dedicaba gran parte de su tiempo a la filantropía, y que estaba justamente buscando un lugar en donde establecer las oficinas de su fundación. Obviamente la chica sabía que su hermano estaba interesado en vender aquél viejo teatro, en el cual ambos llegaron a ir a jugar de pequeños, antes del cierre del mismo. Por cierto que fueron testigos de varios de esos sucesos extraños que decían ocurrían en ese lugar, pero para ellos eso contaba como una muy divertida anécdota y no como algo serio.

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** Flashback **

- ¿Por qué quieres venderlo? – preguntaba una interesada Candy, que antes de pensar siquiera en hacer una oferta por el inmueble, que gozaba de excelente ubicación en el centro de Broadway, debía conocer pormenores; no fuera a ser que comprara un cascarón a punto de caerse o que estuviera en litigio o algo similar. Si era así, por supuesto que ofertaría, pero mucho menos de lo que Samuel pretendía obtener.

- Ha estado cerrado ya 25 años Candy, para ser honesto nadie de la industria está interesado en utilizarlo ni para bodega, menos como un teatro como tal. Mi bisabuelo le tenía mucho cariño, vaya uno a saber por qué; pero bueno, ya es tiempo de venderlo y seguir adelante. Con lo que obtenga pienso ampliar el otro e invertir en acciones de Leicester Corp. –

- ¿La cadena de televisión? – Fue el siguiente cuestionamiento de la ojiverde.

- La misma. – Sam aclaraba la duda.

La rubia lo pensó unos minutos, luego le pidió al joven que le mostrara fotografías y los planos del lugar, del cual se enamoró a primera vista, decidiendo que lo quería. Le haría algunas remodelaciones y ajustes para adaptarlo como las oficinas corporativas de su fundación, "El hogar de Pony"; llamada así en honor del orfanato que dirigía su querida nana después de que ella ya hubo sido lo suficientemente mayor para no necesitar una. Los mismos Andley habían apoyado a la amorosa señora a levantar y poner en marcha el lugar, donde recibía con todo el calor de una madre a muchos pequeños huérfanos y los atendía hasta que alguna familia los adoptaba. Candy en su fundación, hacía claro mucho trabajo de ayuda para contactar familias que deseaban un hijo, con su nana Pony fungiendo como un grandioso enlace.

Después de asegurarse a través de su primo y abogado Archibald Cornwell que el teatro no tuviera ningún problema legal, y sin investigar nada más hizo una buena oferta, que Samuel no pudo rechazar; en parte porque la rubia lo había impresionado, y en otra porque su hermana lo atosigó para que ayudara a su gran amiga.

** Fin del flashback **

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Cuando las enormes puertas se abrieron, el aroma a encerrado y humedad invadió el olfato de su nueva dueña y acompañantes… una muy gruesa capa de polvo cubría todo el lugar, sin que ello impidiera admirar la majestuosidad del recinto, tan imponente y de techos altos, colores ocres y marfiles opacados por el desuso y la soledad, pero sin perder nada de su glamour de antaño.

Después del amplio vestíbulo, en donde se adivinaban pisos de mármol también color marfil y café, y que tenía un gran y hermoso candelabro de cristal en el centro; la entrada al área de las butacas y escenario estaba flanqueada por dos grandes columnas del mismo material, marrón brillante en su tiempo, con bordes dorados; tenía gruesas cortinas de terciopelo, algo raídas y con más polvo que un camino rural del norte de México, pero que en su tiempo debieron ser magníficas. El sonido de las pisadas de todos los presentes hacía más evidente el gran tamaño del lugar, y lo abandonado que estaba.

- ¡Es aún más hermoso en persona que en esas viejas fotografías! – exclamó Candy, que desde el inicio se había quedado prendada del teatro, había algo en él que llamaba poderosamente su atención, no sabía definir qué con exactitud; tal vez el aura misteriosa que lo rodeaba, quizá la idea de que antiguamente fuera un lugar que albergó grandes y exitosas producciones, un lugar donde los sueños podrían hacerse realidad y las personas podían dejar de ser quienes eran por unos instantes…

- Es enorme – decía una asombrada Annie, que había acompañado a su amiga a recibir su nueva propiedad.

- Me alegra que les guste – agregó Mia, que también estaba presente, ya que su hermano no había tenido oportunidad de ir con ellas. - ¿Saben que se dice que es un teatro embrujado? – empezó a bromear.

- ¿Embrujado? – repitió la rubia, con cara de sorpresa e incredulidad.

- ¡Estás jugando! ¿Verdad? – Esta fue una temerosa Annie que realmente era una miedosa, mirando con precaución todo a su alrededor.

- No, no estoy bromeando; este teatro tiene su propio fantasma – contestó Mia, achicando los ojos y poniendo un semblante serio. - ¿Por qué crees que Sam estaba tan ansioso de venderlo? –

- ¿Estás diciendo que me estafaron? – Alcanzó a decir Candice, con la voz una octava más chillona. Britter por su parte, ya estaba atrás de su rubia y pecosa amiga, mirando a todos lados, casi con terror.

- ¡Ja, ja, ja! ¡Deberían ver sus caras! – Se burló entonces Miss Savage, en especial de Annie. – Vamos es sólo un cuento que quién sabe quién se inventó, quizá tratando de desprestigiar en su momento a la compañía Stratford. – Guardó silencio un minuto, adentrándose a la gran sala, donde había todavía más polvo acumulado. – En ese entonces mi bisabuelo Robert era el fundador y dueño de la compañía teatral, tenía muchísimo éxito y es muy probable que algún envidioso iniciara esa absurda historia para desprestigiarlo. – Explicó, convencida de ello.

- ¿Estás segura? – preguntaba la miedosa, digo Annie; que caminaba lentamente, en parte porque casi sentía que un horroroso espectro la asaltaría repentinamente por detrás, y en parte porque evitaba tocar nada.

- ¡Vamos Annie no seas cobarde! – espetó Candy, que no creía en esas cosas sobrenaturales y pensaba que había que tener más miedo de los vivos, que de los muertos. - ¡Esto es magnífico! – volvió a apreciar el lugar; con sus largos pasillos y sus butacas en color vino, mismo que descubrió cuando pasó un par de dedos por la superficie de las mismas, quitando algo de la tierra. - ¡Ese candelabro es asombroso! – se asombró de la gigantesca araña que decoraba el amplísimo recinto, hecha de latón y cristales, opacos y añejos.

Siguieron mirando todo el lugar, pero al llegar al proscenio se detuvieron, los reflectores inferiores centrales brillaban por su ausencia, y las primeras filas tenían los asientos dañados, así como el piso de madera fina presentaba rayones importantes en esa parte… Esto le llamó un poco la atención a Candy, pero pensó que se debía a lo antiguo del inmueble y los muchos años que llevaba cerrado, y que era normal.

Y así siguieron charlando las jóvenes, guiadas por el representante de Samuel que les mostraba todo…

Desde arriba, un par de ojos de penetrante y azul mirar observaban la escena, molesto por haber sido sacado de su "siesta" de forma tan abrupta… Se levantó de su cómodo lugar de descanso y se acercó al barandal de metal que separaba el área de plateas superior de la inferior, esa gente escandalosa osaba interrumpir su preciado silencio y no dudó un instante en intentar ahuyentarlos; arqueó la ceja izquierda y sonrió de lado, agitando sus manos en un teatral pero elegante y preciso gesto…

Abajo la charla seguía bastante animada, y cuando Candy y comitiva iban bajando las escaleras que llevaban a la parte de atrás del escenario, se sintió un fuerte viento que sacudió el telón con energía, casi como si alguien lo hiciera a propósito, soltando con ello una gran nube de polvo.

- ¡Aaahhhh! – chillaron las mujeres, y también el tipo que las acompañaba, de hecho él chilló como niñita de seis años.

Cuando se hubo bajado un poco la polvareda, los 4 personajes se mostraban blanqueados hasta las pestañas con la fina arenilla que los cubrió, cual si fueran polvorones.

- ¡Cof, cof, cof! – Tosía la rubia, sacudiéndose como podía el cabello y cara con una mano y con la otra abanicándose.

- ¿Qué fue eso? – gimoteó Annie, al borde del desmayo…

- Se los dije, seguro es el fantasma que quiere que nos vayamos – bromeaba Mia entre risas y toses.

"¿Qué comes que adivinas?" pensaba un hermoso hombre allá arriba, enfadado de ver que su pequeño truco no había resultado como esperaba, pues solamente la chica morena y el sujeto parecían asustados.

- Candy vámonos, ¡este lugar me da miedo! – rogaba Britter, y León (el "caballero" presente) le hacía segunda.

- Por favor Annie, seguramente fue una ventisca que se coló, dejamos la puerta abierta ¿recuerdas? – aseguraba una muy tranquila pecosa terminando de sacarse algo de polvo de encima.

- De hecho Candy – Mia estaba haciendo memoria – La dejamos cerrada… - y Annie abrió los ojos como platos.

- Entonces debió colarse el aire por alguna ventana rota, este lugar es tan viejo y ha estado vacío por tanto tiempo, que no me extrañaría que tenga un montón de vidrios destrozados. - Y sin importarle las quejas de su amiga, que alegaba que un viento colado no podía sacudir de esa forma el enorme telón, pidió al otro atemorizado presente que las guiara a las oficinas y a los camerinos.

"¿Así que no se irán eh? Interesante…" se decía el joven allá arriba, recargado en la baranda con ambas manos. Una sonrisa traviesa se formó en sus perfectos labios y alejándose de ahí, fue caminando con parsimonia rumbo a las escaleras, empezando a descenderlas y desvaneciéndose lentamente.

Quince minutos más tarde León y Annie salían lívidos del lugar; el primero prácticamente desesperado dejó las llaves en las manos de Candy y se alejó de ahí lo más rápido que sus cortas piernas le permitieron; y la segunda, estaba asustada y enojada a la par, jurando que no volvería a poner un pie en ese teatro endemoniado hasta que estuviese terminada la remodelación y de ser posible, bendecido por un sacerdote.

En cambio Mia aunque sorprendida, estaba un poco más tranquila e intentaba calmar a su amiga de cabello azabache, diciéndole que el que se hubiesen caído unos cuadros de la pared (antiguos afiches enmarcados que cayeron uno tras otro en una perfecta secuencia de dos segundos de intervalo entre cada cuadro); se debía a que seguramente los clavos eran demasiado viejos y ya no habían soportado el peso… Candy por su parte terminaba de cerrar, de todos modos de momento no había tanto qué hacer, ya que hasta después de unos días más llevaría al arquitecto para que evaluara la construcción y empezaran a planear el proyecto de remodelación. Suspiró y se quedó mirando fijamente la puerta, sacudió la cabeza pues lo que había creído ver segundos antes del incidente con los cuadros le pareció por demás extraño, pero pensaba que era solamente su imaginación, o alguna ilusión que la vieja iluminación de los pasillos le había jugado…

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** Flashback **

Estaban recorriendo el camino que daba a los camerinos después de ver las oficinas; se detuvieron para entrar en uno de los primeros, cuando un soplo de aire frío rozó la nuca de Candy, que llevaba el cabello recogido en un chongo flojo; esto hizo que se le erizara la espalda pero también la aguijoneó a salir del cuarto para asomarse. Tres segundos antes de que empezara la secuencia de cuadros caídos, creyó distinguir la silueta de un hombre dibujada tenuemente en el fondo del pasillo, parpadeó dos veces para enfocar bien pero ya no logró ver ni escuchar nada, enseguida los afiches empezaron a caer y el desorden se hizo presente, antes de que dos de los cuatro salieran corriendo de ahí…

**Fin del flashback **

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Adentro, un travieso castaño silbaba satisfecho, y se alejaba rumbo a un lugar desconocido…

Días después, una rubia ingresaba nuevamente al lugar con paso decidido, con ella iba su otro primo y arquitecto Alistear Cornwell, hermano de Archibald. Ya le había mostrado los planos del teatro y el atractivo joven de anteojos se entusiasmó. Era un lugar muy grande y tenía muchas opciones para remodelarlo; pero claro, primero tenía que verlo en persona.

En esta ocasión, Annie se había negado terminantemente a acompañar a su mejor amiga, así que los primos fueron solos a inspeccionar y ver por dónde se podría empezar. Ella no había querido mencionar el tema del telón sacudiéndose o los cuadros cayendo sin razón aparente, pero Britter no había podido mantener la boca cerrada al explicar el porqué de su rotunda negativa a volver al edificio; Candy la había regañado y le aseguró a Stear que no eran más que casualidades y que como el recinto era viejo por eso sucedían esas cosas. Su primo, que era un muchacho bastante tranquilo e inteligente (inventor aficionado en sus ratos libres), le había dicho que no había problema por él. Y así se fueron a internarse en las profundidades del que fuera el Winter Garden*

Durante un rato deambularon por todos lados, con Stear haciendo anotaciones en su tablet y Candy emocionada diciéndole más o menos lo que quería lograr con el lugar; en esa ocasión no sucedió nada fuera de lo común, pues cierto castaño de bellos ojos azules se dedicó a observar únicamente… la pecosa caminaba segura y desenfadada, irradiaba tal alegría y energía que era difícil resistirse a mirarla… a pesar de que ya se había acostumbrado al silencio y le había vuelto a tomar cariño, casi tanto como a su casi eterna compañera la soledad, escucharla no le resultó molesto, para su completa sorpresa. Otra cosa era el "cuatro ojos" ese que iba con ella, aunque a decir verdad, no parecía tan mal tipo pues tenía un aura de paz y felicidad rodeándolo.

Se acercó tanto como pudo, pues tenía la impresión de que esa curiosa joven tenía una sensibilidad especial, la otra vez que estuvo ahí casi lo pescaba en su diablura con los cuadros; tenía que ser cuidadoso, y de paso investigar por qué de pronto, luego de… 10, ¿20 años? Bah, los que fueran, por qué de repente irrumpieron otra vez en SU teatro…

Así, de "cerca", pudo darse cuenta de que la chica tenía unos ojos tan verdes como las esmeraldas, y también igual de brillantes y fascinantes; escuchó su dulce voz y las risas alegres que de ser posible, le otorgarían calidez a su corazón… ella caminaba de un lado a otro jalando de la mano al sujeto ese, y le decía "¡Stear querido mira, esto es hermoso!", y "Stear estas son las oficinas principales, ¡mira! Aquí podemos cambiar…" y así; y el de ojos azules ladeaba la cabeza, esperando que el mentado "Stear querido" le revelara el nombre de la joven de rizos dorados… y así sucedió; no, si dicen que la paciencia es una virtud ¿no? Y él había tenido que aprender algo de eso en todos estos años…

- Candy primita, ¡de verdad que adquiriste una verdadera joya arquitectónica! – decía el entusiasta peli-negro - ¿Estás segura que quieres modificar su estructura? Yo lo veo magnífico así como está. – hablaba embobado.

"Este sujeto ruidoso ya me cayó bien" pensó el actor… y continuó su inspección de los intrusos, que no paraban de abrir los ojos enormes con cada cosa que iban descubriendo y planeando.

Stear ya había ingresado con anterioridad los planos en su Mac especializada en diseño y arquitectura, para ir modificando a su gusto paredes, espacios y demás; y presentarle a Candice un ante-proyecto, el cual irían trabajando para llegar al diseño final y posteriormente poner, ahora sí, manos a la obra. Por eso, luego de un buen rato de estar dando vueltas por todos lados y que el arquitecto Cornwell hiciera algunas anotaciones más, los primos se disponían a salir, pues el joven deseaba ir a su despacho a empezar los bosquejos del proyecto de remodelación; pero justo cuando cruzaban por la puerta trasera de acceso sólo al personal… "Candy…" la pecosa escuchó su nombre como en un murmullo lejano, como susurrado por el viento pero con una voz grave y profunda… Y es que "alguien" había repetido el dulce nombre escuchado un rato antes con un atisbo de sonrisa en los labios, solamente para ver qué sucedía si lo hacía…

- ¿Sí Stear? – le preguntó la oji-verde a su primo que salía tras ella. Ante la cara de interrogación que él puso, ella mostró también una sonrisa dudosa – Me hablaste, ¿olvidamos algo o necesitas volver? – ella lo miraba dulcemente.

- Eeehhh… no Candy, yo no he dicho nada… - y entonces terminó de cerrar y asegurar la puerta con llave.

- Oh… debo haberme confundido – dijo ella y sin más se alejaron de ahí.

Y desde la ventana del último piso, para un ojo entrenado no hubiese sido tan difícil advertir el ligero movimiento que la raída cortina hizo cuando una silueta alta y delgada se quitó de ahí después de observarlos partir… Él pensó que no volverían en un buen tiempo y decidió ir a visitar su "otra" casa; ligero error de cálculo, pues una semana después, los primos ya estaban de vuelta, y con un montón de trabajadores para empezar el gran proyecto de remodelación.

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Winter Garden* es un teatro del Broadway de los años 20; al parecer sigue funcionando y no es precisamente un teatro tan bonito ni tan grande x.X, pero me gustó bastante el nombre y decidí usarlo en este fic :-P la descripción que hago del lugar no es más que mi idea a partir de teatros que he tenido la oportunidad de visitar o que he tenido la fortuna de ver a través de la Web.

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Si llegaste hasta aquí aprecio mucho tu tiempo, ¡ojalá te siga gustando esta historia! Nos leemos el próximo sábado n.n