Aquí esta el segundo capítulo de esta... algo extraña historia... :)
Pero igual espero que os esté gustando :3
No me matéis luego de este capítulo...
Si algo tiene que salir mal, saldrá mal.
Te extraño...
Me cuesta olvidarte...
Sin ti mi vida es nada...
R.I.P
Edmund Pevensie
Aquí descansa un buen hijo y un fiel y amado hermano.
- No… No es posible, no… - lágrimas salen con fuerza de sus ojos claros, cayendo por sus mejillas hasta llegar a sus labios y perderse en su barbilla.
Se encontraba deshecha en dolor, su corazón desgarrado de lado a lado, un dolor inmenso que nacía en su estómago llegaba hasta su pecho y se perdía en fuertes sollozos que atravesaban su garganta escapando de su cuerpo en forma de abundantes lágrimas.
- ¿Por qué ha pasado esto? ¿Por qué me has dejado? – golpea la lápida en la que descansa el cuerpo de su amado hermano y se desliza hasta el suelo.
Llueve por la agonía de que no te tengo,
y cada gota representa un beso
los que me dabas en esos momentos
los tengo ahora pero de recuerdo.
Pequeñas y lentas gotas de lluvia empezaron a caer sobre el cementerio, en cuestión de segundos aquella agua leve se convirtió en un fuerte temporal en el que se mezclaron lluvia y viento.
Pero poco le importó, ella seguía sentada de rodillas delante de la tumba de aquel que le había robado todo.
- Te lo has llevado todo, Ed… ¿Qué va a ser ahora de mí? ¿Cómo voy a salir adelante sola? ¿CÓMO? – gritó, pero no recibió respuesta ninguna.
En lo que la lluvia se mezclaba con la prueba de su dolor, los recuerdos se amontonaron nuevamente en su mente.
Flashback
Se encontraban en la habitación que compartían Edmund y Peter, en aquellos días en los que Edmund tenía 18 años y ella tan solo sus inocentes 16.
Tocaron en la puerta, él se separó de ella pues habían estado jugando y dio la voz para que pasasen.
La cabeza del hermano mayor de los Pevensie asomó por la puerta y la miró directamente a ella.
- Lulú, ¿quieres un cortado? Con el frío que hace seguramente te sentará bien, pequeñaja – le dijo Peter con cariño y ojos suaves.
- Vale, muchas gracias – aceptó aún sonriente.
- ¿Y a tu hermano no le ofreces? – dijo Edmund, detrás de ella y soltando un bufido.
- Te recuerdo que a ninguno de los dos nos gusta el cortado – dijo mordazmente, y cerró la puerta, dejando de nuevo la habitación sumida en el silencio.
- Oye, Eddy… - se acercó hasta él con inocente sensualidad, lo que provocó que él tuviera que tragar saliva.
- ¿Hm? – se veía incapaz de pronunciar palabra.
- ¿No te gusta el cortado? – le preguntó extrañada con una sonrisilla.
- No, solo el café con leche – respondió casi mecánicamente, con la mirada desviada hacia la ventana.
Lucy le miró incrédula, luego poco a poco la mirada de incredulidad se convirtió en una sonora carcajada que llenó la habitación, Edmund se le quedó mirando sin entender qué le hacía tanta gracia.
- Es… es lo mismo – le dijo, entre risas.
Nuevamente, el joven de ojos negros soltó un bufido, aunque luego se le escapara una sonrisa.
Fin del Flashback.
Y llueve tanto por mi gran lamento
Acompañando horas de sufrimiento
Aún tus huellas viven en mi cuerpo
Y te llevo dentro.
- ¡Eres injusto! ¡Me prometiste que siempre estarías conmigo! – Golpeó el suelo, y sintió cómo la alianza de plata que Edmund le había regalado se clavaba en su dedo, recordándole que aquella pesadilla era real.- ¿Por qué, Ed…? ¿Por qué?
Flashback.
- Oye… - él llamó la atención de la joven en sus brazos, sentados en los amplios jardines del palacio de Cair Paravel.
- ¿Hmm…? – refunfuñó Lucy, casi dormida en los brazos del Rey Edmund El Justo, con quien había salido ese día para dar un paseo ya que Susan y Peter se encontraban en un país vecino.
- ¿A ti te gustaría casarte, Lu? – ella se extrañó ante sus palabras, y se viró un poco para mirarle.
- Pues… La verdad es que me gustaría encontrar un hombre que me ame de tal forma que algún día quiera casarse conmigo, pero… - se acomodó más en los brazos de Ed, que sentía cosquillas en la nariz debido a los cabellos rubios de Lucy.
- ¿Pero? – le estaba costando horrores escuchar aquellas palabras de los labios de su tan amada hermana, después de todo era cierto.
Él era un Rey, pero no podía mantenerla atada a él por siempre, tal y como le gustaría… Lucy tenía derecho a amar y ser amada, aunque no fuera a él…
- Pero, por el momento, no tengo prisa… Me es suficiente por ser amada por vosotros – le dijo con voz soñadora, cerrando los ojos y sintiendo como Edmund depositaba un suave beso en su cabeza.
Edmund sonrió débilmente, ¡y de qué manera le amaba él!
Fin del Flashback.
Alzó la cabeza al cielo para recibir sobre su rostro las lágrimas que soltaba el cielo sin piedad, su pelo largo y rubio se pegaba a su piel debido a la lluvia, cerró los ojos mientras caían más lágrimas pero esta vez procedentes de sus ojos.
El dolor la estaba matando.
Se sentía vacía, le habían quitado la parte más importante de su vida, la razón de su existencia, el motivo por el que se levantaba cada mañana… ¿Y pretendían que siguiera viviendo? No… Era imposible, ella no era capaz de vivir sin él.
Nunca imaginé que desafortunadamente yo te iba a perder.
Hoy me pesan los momentos malos que pasé,
quisiera echar el tiempo atrás poderlo resolver
pero sé que es imposible y no van a volver.
Flashback.
Habían salido a dar una vuelta en el coche fuera de Inglaterra, y habían parado cerca de una iglesia que estaba rodeada de extensos campos de flores y tréboles.
- Lucy… - cuando entraron a la iglesia, él cogió ambas manos femeninas con completa dulzura.- Si pudiéramos y fuera posible… A ti te gustaría… Por los recuerdos que nos unen, los buenos y los malos momentos, el amor y la amistad… ¿Querrías casarte conmigo?
Edmund se había arrodillado delante de ella, y ahora le enseñaba una cajita de terciopelo roja dentro de la cual había un anillo de plata.
Primero se quedó en blanco, incrédula ante lo que estaba pasando, el siguiente paso fue abalanzarse sobre Edmund y llenarlo de besos.
- ¡Sí, sí, sí! – juntó sus labios con los de él y los besó.
Y aunque aquello era imposible, los dos Pevensie pensaron que soñar por una vez no estaba de más, algún día pensarían en todos sus planes de futuro…
Tenían mucho tiempo por delante, toda una vida… O eso pensaban ellos.
Fin del Flashback.
Los recuerdos, las caricias, los detalles que
hicieron que fuera más grande este gran querer.
Aún me duele el hecho de que no te vuelvo a ver.
Revolvió en su bolso, algo tendría que tener dentro para acabar con toda aquella agonía. No pensaba seguir viviendo, no le parecía justo que solo ella se hubiera salvado, que él hubiera muerto y que ella siguiera viva… No era justo, para ninguno de los dos.
Ella también debería haber estado con él en ese coche si Edmund no hubiera insistido tanto en que se quedara en casa.
Le dio la vuelta al bolso, y todo lo que había dentro se esparció por el suelo: la cartera, el labial, fotos, pastillas, la navaja de él… La navaja.
Flashback.
Era la tercera vez que iba al baño aquel día, y no precisamente para ducharse, sino para vomitar en toda regla.
Además de las náuseas, llevaba días más pálida que un papel y completamente desganada.
Y, para colmo de males…
Se mordió el labio mientras tiraba de la cadena y se sentaba sobre la vasija, completamente segura de que iba a volver a tener ganas de vomitar dentro de poco.
Simplemente aquello no era posible.
Tenía un retraso de más de una semana en su menstruación, lo cual no era nada bueno... Pero nada, nada bueno.
Fin del Flashback.
Se puso la mano sobre el vientre, había pasado lo que tenía que pasar. Por desgracia, eso estaba mucho más que claro.
En parte lo tenían merecido pues no habían tomado ningún tipo de precaución y lo habían hecho una y otra vez sin descanso y sin pararse a pensarlo.
Un hijo de ella y de Edmund…
El dolor dentro de ella creció de una manera inimaginable, sintiendo una gran punzada en su pecho que le quitó por un instante el aliento.
Edmund había muerto sin saber que iban a tener un hijo.
Edmund ya no estaba y ahora ella tenía que cargar con toda la responsabilidad de la criatura que crecía un poco más cada día en su interior.
¡No sabía cómo iba a sobrevivir a aquello! ¿Cómo se lo diría a su familia? ¿Cómo?
Flashback.
- No me parece bien, Edmund, lo siento pero no – la joven se cruzó de brazos mientras él la miraba de forma reprobatoria.
Tenía que decírselo y cuanto antes, Edmund no sabía que estaba embarazada, pero tenía un miedo terrible e irracional.
- Lucy, no te pongas de cabezota, es mejor que esta noche tú te quedes en casa – dijo con firmeza y sin intención de dar su brazo a torcer.
- ¡Me siento perfectamente! – le gritó, nerviosa.
- Oh, sí claro, perfectamente – replicó, también de mal humor y metiendo en sus bolsillos las llaves del coche.- Estás mareada, con vómitos, muy débil y estás perfectamente. Vale, Lu, vale.
- ¡No me trates como una loca, Edmund!
- ¡No lo hago, maldita sea, solo me preocupo por ti!
Y en ese momento salió de la casa familiar, en un día en el que caía una lluvia torrencial y azotaba un mal viento… Se subió al coche y Lucy no pudo detener a su hermano.
Fin del Flashback.
Edmund había tenido un accidente de coche, un camión lo había arrollado en una curva en la que perdió el control debido a la mojada carretera… Su amado hermano recibió de lleno el impacto.
Lucy ahogó un grito ante este recuerdo, y la discusión que habían tenido antes del accidente, ¿cuántas veces se había arrepentido? No tenían número, el dolor que le causaba haber sido la causante del despiste de Edmund la acabaría matando…
No existían medicinas que pudieran acabar con ese dolor… Solo había una solución, acabar ella con el sufrimiento…
Flashback.
La angustia que sintió al verlo acostado, lleno de cables, un yeso en el brazo y varias zonas del cuerpo que habían sido gravemente dañadas… era indescriptible, él estaba consciente, pero Lucy no estaba segura de que completamente.
- ¿Eddy? – le llamó entre sollozos, las lágrimas caían desde hacía bastante rato.
- Lucy… – arrastró las letras, le costaba hablar por el tubo que tenía en la garganta.
- Mi vida, tranquilo, te pondrás bien y podremos volver los dos juntos a casa... – quería creer en sus palabras, pero eran tan pocas las posibilidades de que se cumplieran y él parecía saberlo.
- Te amo…
Fin del Flashback.
Alguien se estaba acercando a ella por su costado, pero no perdió el tiempo en molestarse para averiguar de quién se trataba.
Simple y llanamente le daba vueltas a la navaja en sus manos.
Estaba sola, completamente sola… Ella, con sus apenas casi 23 años, sola contra el mundo.
Al despertar extraño tu aliento...
Y siento que el viento toca mi cuerpo...
Y si pudiera cambiar el tiempo...
No estarías muerto...
Te extraño... como te extraño.
Flashback.
Habían ido corriendo enfermeras, y se oía un pitido muy fuerte. Lucy comenzó a asustarse de verdad.
Peter había vuelto de casa del profesor Kirke y estaba con ella pues Susan no había podido coger el avión para volver.
De manera que los dos Pevensie estaban esperando que el doctor saliera a decir algo sobre el estado del joven de 25 años.
La puerta de la habitación se abrió, el doctor quitándose los guantes, no tenía muy buena cara. Se acercó a los dos familiares… Y lentamente negó con la cabeza.
- No… No es cierto…
- Lo siento, hemos hecho todo lo posible, pero…
- ¡NO! – le fallaron las piernas y si no hubiera sido por Peter que la agarró, hubiera caído al suelo.
- Ha sufrido un paro cardiaco debido a la costilla que le perforó el pulmón… A pesar de tener el otro para respirar no fue suficiente, varios órganos sufrieron un derrame interno… Y no pudimos hacer nada para recuperarlo.
- ¡NO, NO, NO! ¡ME NIEGO A CREELO, NO! – Peter la abrazaba con fuerza, él también lloraba mientras intentaba sujetarla pues le estaba golpeando para que la soltase.
- Lo siento mucho… - el doctor se fue.
Y se deshizo en los brazos de Peter, llorando sin control ninguno, empapando la camisa del mayor… Ya no tenía fuerzas para intentar soltarse.
Fin del Flashback.
Aquella persona se colocó detrás de ella, a su misma altura, y le pasó los brazos por los costados, rodeando el pequeño cuerpo para poder abrazarla.
Lucy, entre la agonía de su confusión, reconoció el olor que expulsaba el cuerpo de aquel hombre.
Peter no pudo más que abrazarla con fuerza, aun sabiendo que aquello no solucionaría nada, algo estaba matando a Lucy por dentro y él sabía que no era tan solo la pena de alguien de su misma sangre.
Miró la lápida en la que estaba grabado aquel majestuoso nombre, lo leía una y otra vez, sin poderse creer aún que estuviera allí escrito… Y sintió como las lágrimas volvieron a sus ojos, él había sido en una era distinta y en un mundo distinto un Rey… El Magnífico, Sumo Monarca y Rey de toda Narnia… Y, sin embargo, no había podido salvar a su propio hermano ni curar el dolor que estaba sintiendo en aquellos momentos su favorita, Lucy, la pequeña que tantas veces había protegido… De igual manera que siempre hacía Edmund.
- Lu, ¿no crees que será mejor irnos a casa? – le preguntó, intentando no pensar en que su propia voz sonaba rota por el dolor.
- ¿A casa? – Siguió acariciando la navaja en sus manos.- ¿A casa sin Ed? – un llanto aún más fuerte escapó de su garganta.
Peter solo pudo quitarle con suavidad la navaja de las manos y ayudarla a ponerse en pie mientras la abrazaba y comenzaban a andar hacia las afueras de aquel lugar donde se concentraba todo el dolor en esos momentos, rumbo a un lugar que les costaría un buen tiempo volver a llamar hogar.
Llueve, ahora estas en otro lugar
Descansando en paz
Pero sabes bien no te voy a olvidar
Voy a conservar tu amor hasta el final
Esa noche, Lucy se encontraba mirando el techo de su habitación mientras su mente se perdía en mil y un recuerdos, cuando de repente sintió la puerta de la estancia abrirse.
Se incorporó sobresaltada para encontrarse con un Peter abrigado con una bata y que tenía los ojos tan hinchados como ella, los surcos de las lágrimas se podían adivinar en sus mejillas a pesar de la penumbra de la habitación.
- ¿Puedo quedarme contigo, Lu? – le preguntó.
Ella se estremeció al verlo de aquella manera.
Su hermano Peter siempre había sido el fuerte, el que se mantenía firme cuando los demás se derrumbaban. Sin embargo, ahora estaba tan roto y hundido como ella. Y verlo a él, el adulto y gran persona que era, derrumbado de aquella manera… Solo le daba puntos a que aquello era la pesadilla más real en la que hubiera dado todo por despertar.
- No puedo dormir en esa habitación, Lu – le dijo, sentándose a los pies de la cama de Susan una vez que Lucy asintió levemente ante su petición.- Llevo toda la noche sentado en mi cama mirando la suya… Mirando una cama vacía que Edmund ya nunca volverá a ocupar…
Aquello provocó que Lucy sintiera su corazón encoger de nuevo, mientras se colocaba al lado de Peter y dejaba que éste reposara su cabeza sobre el pequeño regazo de ella quien acarició sus rubios cabellos con dulzura.
- Él no va a volver… ¿verdad? – dejar escapar aquellas palabras de su garganta le sentaron peor que si le hubieran atravesado con una espada de lado a lado.
Sintió como la cabeza de su hermano se movía en un pequeño gesto negativo, casi tan doloroso como la realidad de su pregunta.
- Pete – lo llamó, para asegurarse de que aún no se había quedado dormido.
Dudaba que alguien, en aquella casa, pudiera dormir esa noche… Sabía de sobra que su madre lloraba sin control unas habitaciones más a la derecha, mientras su padre la abrazaba y de sus ojos tan oscuros como los de Edmund salían silenciosas lágrimas.
- Dime, Lu.
- Estoy embarazada de Edmund – dejó escapar hiriente soltura.
Total, ¿qué más podía pasar?
Continuará...
Sí, lo sé... ¿QUE HE HECHOOO? TT_TT
Espero vuestra opinión sin amenazas de muerte... xD
