Harry puso todo su empeño en hacer memoria. Recreaba constantemente en su mente el efímero recuerdo que conservaba de Sally-Anne, tanto que al final éste se volvió difuso. ¿De verdad la habría visto? Hermione le hizo repetir una y otra vez lo poco que recordaba: el color de los ojos de la niña, el brillo de su pelo rubio, la expresión de su carita menuda. ¿Había vuelto a ver a Sally-Anne después de la selección, durante la cena? Debía de haber estado sentada en la mesa de Hufflepuff. ¿Quizás, y sólo quizás, la había visto sentada junto a Susan?
No. La verdad era que no le había prestado atención a los de Hufflepuff. Terminada la ceremonia, le había embargado una sensación de euforia ante la nueva vida que se le presentaba; pronto se vio inmerso en la alegría de la mesa de Gryffindor. Se acordaba perfectamente de las bromas de Fred y George, del aire afectado de Percy... Había estudiado con entusiasmo las caras de los niños que habían sido seleccionados junto a él: Hermione, Ron, Neville, Seamus, Dean... Habían reído, hablado y sobre todo comido sin parar, hambrientos como estaban tras aquel día tan agotador. Harry echó un vistazo en una o dos ocasiones a la mesa de Slytherin, aliviado de no haber acabado allí, pero apenas se fijó en los de Hufflepuff.
¿Pero y qué de antes de la ceremonia? ¿La habría visto mientras esperaban ansiosos fuera del Gran Comedor? Recordó la multitud de nuevos estudiantes, que se apiñaban entre sí, y sus voces, que sonaban débiles y fantasmagóricas en aquella imponente estancia de piedra. ¿Estaba Sally-Anne entre ellos? Harry no lo recordaba.
Tenía que haber estado en el andén de King's Cross aguardando a que el magnífico Expresso de color escarlata partiera hacia Hogwarts. Harry se la imaginó plantada allí, rodeada del vapor de la locomotora. ¿Habría ido sola, como él, o la habría acompañado algún familiar, quizás su padre o su madre, o tal vez ambos? ¿Se habría asomado a la ventana del tren, deseando ver a su madre antes de que ésta desapareciera de la vista? Su madre... ¿Derramó alguien una sola lágrima por Sally-Anne cuando se fue a Hogwarts? ¿Lloró alguien cuando desapareció, o simplemente se desvaneció sin que nadie sufriera por su ausencia?
¿Habría llorado en el tren, insegura y asustada por la etapa que estaba a punto de comenzar? ¿O quizás halló consuelo en otros como ella? ¿Le habría sonreído tímidamente a algún niño que le pareciera agradable, habría conocido a alguien de quien le hubiera gustado hacerse amiga? ¿Compró algún dulce del carrito, habría quedado maravillada por las ranas de chocolate o las plumas de azúcar?
Él no podía saberlo.
No, Harry estaba seguro de que no había visto a Sally-Anne en el andén, ni tampoco en el tren. Su mente había estado ocupada, concentrada en el simpático pelirrojo que resultó ser Ron, en la niña mandona de cabello indomable que era Hermione. Harry había estado solo toda su vida, y podía convivir con ello. Pero aquel tren mágico le concedió un deseo que él jamás había pronunciado en voz alta; le había traído amigos. Fue fantástico estar acompañado de Ron, y más emocionante aún percatarse de que el pelirrojo seguía a su lado mientras se encaminaban hacia el lago, y también Hermione. Caminaba con alguien, con sus nuevos amigos. Después se metió en uno de los botes junto a Ron...
¡Los botes! ¡Había visto a Sally-Anne sentada en uno de los botes! Ahora lo recordaba: había buscado a Hermione con la mirada mientras los botes se acercaban al lejano castillo, y justo entonces captó por el rabillo del ojo una cara pálida junto a un muchacho moreno de buen aspecto. Sally-Anne y Anthony Goldstein...
...
Harry y Hermione subieron por la escalinata espiral que conducía a la Sala Común de Ravenclaw. Se encontraron de frente con una pesada puerta de roble que estaba cerrada y no tenía pomo. Tampoco había ningún retrato que les pidiera un santo y seña; sólo una aldaba con forma de pájaro. ¿Era un cuervo o quizás un águila?
Vacilante, Harry golpeó la madera con el pájaro de metal. Para su sorpresa, el ave se dirigió a él:
-¿Dónde van a parar los objetos desaparecidos?
-Oh-susurró Hermione a su lado-No pide una contraseña, sino la respuesta a un acertijo. Es para medir la sabiduría de una persona; sólo puede entrar alguien que sea digno de Ravenclaw.
El pájaro repitió su pregunta con dulzura:
-¿Dónde van a parar los objetos desaparecidos?
"Eso es exactamente lo que estamos intentando averiguar" se dijo Harry. Observó que Hermione se esforzaba en pensar una solución lógica, pero él no esperó a que su amiga diera con ella.
-Si lo supiéramos, los objetos no estarían desaparecidos, ¿no es así? Simplemente habrían sido cambiados de lugar...
El pájaro se mantuvo en silencio por un instante. Entonces la puerta se abrió ante ellos, mientras el ave añadía con voz aflautada:
-No es la contestación que estaba esperando, pero podéis entrar.
La Sala Común de Ravenclaw era una estancia luminosa y aireada, con ventanales arqueados y tapices en bronce y azul. Su llegada fue acogida con sorpresa, pero se encontraron con que Anthony estaba deseoso de hablar con ellos.
Los chicos se apartaron a un rincón aislado, desde el cual se podían apreciar en la distancia tanto el lago como las desdibujadas montañas de más allá.
Anthony les dedicó una gran sonrisa que iluminó su serio rostro.
-¿Así que habeís conseguido entrar en nuestra sala común? Lo cierto es que no me extraña demasiado; siempre he creído que hay algo de Ravenclaw en vosotros dos. Todavía esperamos que el Sombrero se dé cuenta de su error y seleccione a Hermione para nuestra casa.
-Sólo venimos de visita, Anthony-explicó Hermione, sonrojada ante el halago-Hay una pregunta que queremos hacerte.
Harry concentró su mirada en la cara del chico.
-Anthony, ¿recuerdas nuestro primer día en Hogwarts, el viaje en los botes?
-Claro que lo recuerdo. ¿Cómo olvidarlo?-había un brillo distante en sus ojos-Fue el mejor día de mi vida.
-¿Iba alguien contigo en el bote, o estabas sólo?
Una sombra se cernió sobre los rasgos de Anthony al fruncir el ceño. Al principio no dijo nada, pero luego comentó con voz pausada:
-Qué raro que me preguntéis esto...
Harry se inclinó aún más hacia él.
-¿A qué te refieres?
Anthony sacudió la cabeza despacio.
-No sé cómo decirlo... Es difícil de explicar con palabras. Sabéis que éramos dos personas por bote, ¿verdad? Pues el número de alumnos de nuestro curso debió ser impar, porque yo iba solo en el mío. Pero...
-Pero...¿qué?-Harry contuvo la respiración.
Los oscuros ojos del chico se clavaron en los suyos.
-Prometed que no os vais a reír. Sé que suena ridículo... Sé que no había nadie conmigo; el bote estaba vacío, aparte de mí. Pero no tengo el recuerdo de haberme sentido solo...¿Debería, verdad? Cuando acabé solo en un bote, y los demás sí que tenían a alguien que les hiciera compañía, debería de haberme sentido extraño. Pero no. No sé cómo explicarlo... Mi mente me dice que no había nadie más en la barca, pero mi corazón conserva una emoción distinta, un sentimiento de compañerismo, no de soledad. Cuando pienso en ello, me pregunto si habrá algo de magia detrás; quizás la magia de Hogwarts me hacía compañía mientras remábamos hacia él...
Los miró con curiosidad.
-¿Por qué me lo preguntáis?
Harry no sabía qué contestar, pero Hermione ya tenía una respuesta preparada.
-Es que estamos intentando saber más cosas sobre Hogwarts y sobre cómo funciona su magia. Todavía hay tantas cosas por conocer...
Aparentemente, esta contestación satisfizo al Ravenclaw, ya que asintió con gravedad.
-Tienes razón. A veces pienso que Hogwarts albera más secretos de los que podemos imaginar.
...
Hermione giró su pluma. El resto de los Gryffindors se habían ido a la cama, así que los dos amigos habían esparcido toda la información recabada en el suelo. La muchacha contemplaba atentamente los pergaminos que se extendían ante ella, una colección de "estadísticas" proporcionadas por Dobby. El elfo incluso aceptó hacer una visita furtiva al despacho de McGonagall, de donde copió datos del archivo escolar con su diminuta caligrafía élfica. Ahora disponían de los nombres de los 411 alumnos que habían asistido a Hogwarts en otoño de 1991. Sabían en qué casa estaba cada uno, qué les habían servido de desayuno, comida y cena, a qué clases acudían y cuáles habían sido sus calificaciones. Harry se alegró al descubrir que después de todo, Snape no parecía muy entusiasmado con los resultados de Draco en Pociones, pero Hermione ni siquiera sonrió ante esa agradable noticia.
Dobby estaba acurrucado junto a ellos, aguardando ansiosamente por si necesitaban más ayuda con esa nueva y extraña ciencia.
-Esto no tiene ningún sentido-refunfuñó Hermione-¿Cómo puede alguien dejar de existir así, de repente, sin que nadie se dé cuenta? Ella desapareció, tanto de nuestros recuerdos, como de los archivos del colegio. ¿Moriría quizás? Eso podría explicar por qué no está en los registros, pero no el hecho de que nos hayamos olvidado de ella. ¿Por qué no nos enteramos de que había un estudiante menos? ¿Nadie notó algo tan inaudito, tan sin precedentes?
-No lo sé-murmuró Harry.
-Dobby piensa que no es tan inaudito, señorita-Harry y Hermione parpadearon, sorprendidos, mientras observaban al elfo.
-¿A qué te refieres?-quiso saber el chico.
Dobby buscó entre los pliegues del paño de cocina que llevaba puesto, y los ojos le brillaban misteriosamente.
-A Dobby le están gustando las estadísticas, Harry Potter, señor, así que Dobby ha querido recoger más datos para él. Cifras de la cocina, sobre las comidas, desde el principio de Hogwarts.
-¿Desde el principio?-Harry se preguntó cuánto había pasado desde entonces-¿El colegio no había sido fundado allá por la Edad Media? De hecho, aquella gruesa pila de papeles que Dobby sacó del fondo de su atavío, repleta de escritura recargada, parecía incluir meticulosa información de cientos de años atrás.
-Dobby le puede leer esto a Harry Potter, señor-sugirió el elfo, esperanzado, pero Harry negó con la cabeza.
-¿Qué tal si vas al grano, Dobby? Ya sabes, el patrón que se obtiene de las cifras.
El elfo parecía un poco decepcionado, aunque asintió, conforme.
-Bien, señoria Granger, Harry Potter, Dobby ve un patrón en las cifras que ha recolectado. El número de cenas ha sido constante durante todos los cursos, excepto cuando los alumnos enferman o son expulsados, o si fallecen como la pobre señorita Myrtle. Entonces los números cambian, señor, pero siempre hay una anotación en el archivo que dice lo que ha ocurrido.
-¿Así que siempre hay constancia de cuando alguien deja la escuela o muere?- la voz de Hermione temblaba un poco.
-Sí, señorita. Excepto en dos ocasiones.
-¿Excepto en dos ocasiones?
Dobby asintió con solemnidad.
-Así es, señorita. Una vez en septiembre de 1896, y otra en septiembre de 1991.
Los ojos de Hermione se abrieron de asombro.
-¿En septiembre de 1896? ¿Ha ocurrido con anterioridad?
-Sí, señorita. En septiembre de 1896, de repente se registró una cena menos, sin ninguna nota ni aclaración en el archivo-el elfo consultó sus papeles-Fue el 8 de septiembre, señorita. Siete días después del inicio de las clases.
Siete días... A Harry le recorrió un escalofrío, pese a que el fuego danzaba, alegre, en la chimenea de Gryffindor.
