Estoy muy feliz por la recepción que ha tenido esta historia. Agradezco infinitamente a todas las personas que dedicaron un tiempo en leer y comentar la primera parte (anteriormente one-shot), a los que marcaron la historia como favorita y/o siguiendo, y a los que simplemente leyeron.
Me alegró mucho saber que hay lectores tiernos y románticos en el fandom, sin duda, me sorprendieron.
A petición de los lectores, les traigo la segunda parte de este fic, espero que les guste.
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Capítulo dedicado a:
ANABELLITA N., que es una romántica empedernida :D
Fiorelaa91, que siempre me motiva a escribir con tan bellos comentarios :D
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Nota del autor: Capítulo basado en capítulo 500 del anime Naruto Shippuden.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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El primer beso
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Capítulo 2.- ¿Quieres ser mi novia?
El gran día había llegado, desde muy temprano las comitivas de las aldeas vecinas comenzaban a llegar a Konoha. La boda de Naruto, sin duda, era el acontecimiento del año, y todo el mundo shinobi estaba al tanto de eso. Los invitados con mayor envergadura, a medida que llegaban, eran reunidos en las afueras del lugar donde se celebraría la boda; debían ser recibidos por el mismo Hokage, pero para variar, éste aún no había llegado.
Temari había llegado a Konoha, junto a sus hermanos; de los tres, era la que se veía más radiante. Menos mal que en el trayecto, ninguno de sus hermanos le preguntó por qué estaba tan emocionada. Obviamente, ella hubiese mentido, diciendo que era efecto de la boda. La rubia estaba muy feliz, tenía razones de sobra para sentirse así, pero cuando supo que había que esperar al Hokage, y a los representantes de las demás aldeas, se exasperó para sí. Ella no quería perder su tiempo esperando al resto de las comitivas, ¡claro que no!, ella quería llegar pronto al lugar donde se celebraría la boda de Naruto. Pensar en el porqué de su apuro, la hizo sonrojarse levemente, vaya que estaba ansiosa por verlo; habían pasado dieciséis días, y por fin, volvería a ver su shinobi favorito.
Temari no estaba dispuesta a esperar, así que les dijo a sus hermanos que daría una vuelta mientras Kakashi apareciera. Sus dichos eran una mentira, pero era la forma más fácil de salir de allí. Sus hermanos al escucharla simplemente asintieron, y siguieron conversando, dejándola en libertad de acción. La chica, ocultando su entusiasmo, rápidamente se encaminó hacia el evento.
La rubia ingresó rápidamente al lugar tan ansiado. Encontró todo muy bien arreglado y decorado, se notaba que no era cualquier boda, pero Temari no estaba ahí para apreciar la ornamentación, sino para hallar pronto al moreno. Comenzó a pasear su vista por la multitud, pero sin éxito; decidió acercarse un poco más. Volvió a recorrer con su mirada a los invitados, pero sus ojos no daban con su objetivo. Temari comenzó a observar con detenimiento; vio que a su lado había un grupo de personas muy mayores, siguió observando; vio que atrás de ese grupo, habían familias civiles, continuó con su inspección; al frente de ella, había otro grupo, pero de shinobis más adultos; y para el otro extremo, vio a los más joven, civiles y shinobis.
La kunoichi caminó en dirección a ese último grupo, y pudo encontrar al fin, lo que tanto anhelaba, a Shikamaru Nara.
Avanzó con prontitud hacia el moreno, pero algo que vio, la hizo detenerse.
—¡a quién diablos estaba mirando, ese idiota! —murmuró crispada, la rubia, con su ceño fruncido.
Luego de unos segundos, la embajadora reaccionó.
—Tranquila, Temari —se dijo mentalmente, la mujer—, no desesperes. Inhala y exhala aire, recupera la compostura, y te acercas dignamente, como si nada pasara. No puedes comportaste como una celópata. Él sólo está… está… está mirando.
La kunoichi inhaló y exhaló aire un par de veces, calmó sus emociones, y reanudó su marcha.
—¿A quién miras? —habló con seriedad, la rubia, apareciendo por detrás del estratega. La curiosidad la carcomía, era imposible no preguntar.
—No estoy mirando a nadie —respondió algo desconcertado, el pelinegro.
—No me digas —espetó, Temari, con un deje de molestia—. Ustedes siempre buscan conocer a las amigas de la novia, ¿verdad?
Shikamaru no podía creer lo que escuchaba.
—Claro que no —acotó cabreado, el moreno —, qué fastidio, vamos por allí. Shikamaru tomó la mano de Temari, y la jaló, para que ésta lo siguiera.
A la rubia se le subieron los colores al rostro, estaba muy avergonzada; y lo más triste era que no podía hacer nada, ya que Shikamaru caminaba muy decidido, no le quedaba otra que seguirlo.
La pareja tomó distancia de los invitados, hasta que de repente, el pelinegro se detuvo.
—Ni siquiera me has saludado, mujer —habló con un deje de ironía, el estratega, girando su rostro hacia ella—, y ya quieres discutir conmigo.
—Shi-Shikamaru —musitó con vergüenza, la kunoichi, completamente sonrojada —, ¿no me vas a soltar la mano?
—No, ¿por qué tendría que soltarla? —inquirió con curiosidad, el pelinegro—. ¿Te molesta que te tome la mano?
El estratega sabía lo avergonzada que se sentía Temari. Habían caminado por delante de todos los invitados, tomados de la mano, sin tener ellos, aparentemente, nada formal. Sin embargo, él no lo había hecho con el fin de incomodarla; Shikamaru sólo había aprovechado la oportunidad que ella le había brindado, con sus aparentes «celos», para alejarla de la multitud, y así poder estar un rato a solas con ella.
—No…, no me molesta —musitó, la rubia aún ruborizada, mirando el pasto —, es que… es que… no estoy acostumbrada a este tipo de contacto…, y menos delante de tanta gente.
—Pues, ve acostumbrándote —sonrió, el Nara, mirándola con expectación —, ya que ahora, que seremos novios andaremos siempre así.
Al escuchar esas palabras, el corazón de Temari se aceleró. Sonrojada levantó la vista del césped, y miró a Shikamaru a los ojos. Su mirada aguamarina se cruzó con la del moreno, quien la observaba expectante.
—¿Quieres que sea tu novia? —habló con un deje de emoción y nervios, la rubia, para luego desviar su mirada.
—Sí…, aunque creo… que éste no era el mejor lugar para pedírtelo —acotó, el pelinegro, rascándose la nuca.
La pareja se quedó en silencio unos segundos.
—Entonces, ¿quieres ser mi novia? —preguntó con un deje de ansiedad, el pelinegro, sin quitar su vista de la rubia.
—Sí… sí, quiero— respondió sonrojada, la kunoichi, sonriéndole sutilmente. Sus ojos brillaban con intensidad por la emoción.
Al escuchar la respuesta de Temari, Shikamaru sonrió de medio lado; no podía estar más feliz, ya que ella lo había aceptado.
—No te preguntaré si te puedo dar un beso—, continuó, Shikamaru, sin dejar de mirarla—, porque supongo que dirás, que éste no es un buen lugar.
—Un… un…un beso… ¡Nooo! —espetó nerviosa, Temari, negando con su cabeza, aumentado aún más su sonrojo —. No creo que sea el lugar correcto.
—Cálmate, mujer —sonrió de nuevo, el estratega, mirándola con dulzura—; después habrá tiempo para eso, ahora regresemos con los demás.
La rubia asintió, y la pareja regresó, tomada de la mano, con resto de los invitados.
Mientras avanzaba, Temari pudo sentir las miradas puestas sobre ella; se sentía incómoda, no quería ser el centro de atención, pero suponía que lo era desde el momento que Shikamaru y ella, se alejaron de la multitud. La rubia vio como Ino la observaba, sonriéndole de oreja a oreja, sin duda, estaba contenta; miró hacia el lado de reojo, y vio que Sakura también le sonreía sutilmente. Sentía vergüenza, no quería admitirlo, pero tantas miradas sobre ella, la hacía sonrojarse cada vez más. De un momento a otro, la kunoichi recordó que no había venido sola a la boda, sino con sus hermanos. Se puso nerviosa, soltando rápidamente la mano del estratega, y dando un paso al costado.
—¿Qué pasa, Temari? —preguntó extrañado, el moreno, observándola con atención.
—Había olvidado que mis hermanos estaban aquí, Shikamaru —continuó con un deje de nerviosismo, la rubia—; no pueden vernos tomados de la mano.
—Pero, ellos están al otro extremo —suspiró, el pelinegro—. No están pendientes de ti; además se ven muy entretenidos con Kakashi, el Raikage y Killer Bee.
Temari no respondió.
Shikamaru entendió el comportamiento de su novia; sabía que ésta quería evitar cualquier problema con sus hermanos. Éstos habían sido muy problemáticos en el pasado, pero en el presente, habían cambiado para bien. Sin embargo, cómo reaccionarían si vieran a su hermana de la mano con alguien, que ni siquiera era de su aldea.
—No te preocupes, Temari —prosiguió con calma, el estratega, tratando de tranquilizar a la rubia —. No creo que Gaara ni Kankuro, me quieran matar por tomar tu mano; y menos, en tan magno evento. Puede que se molesten un poco, pero no creo que pase a mayores.
La rubia analizó las palabras del pelinegro.
—En realidad, no sé cómo reaccionarían, si me vieran de la mano con alguien—musitó un poco más calmada, la kunoichi.
—Le caigo bien a Gaara, es un gran punto a mi favor—fanfarroneó, moreno sonriendo de medio lado—. Aunque con Kankuro, no sé qué pensar. Supongo que podré sobrevivir a la golpiza que me dará; siempre y cuando no me envenene con alguna de las armas que cargan sus marionetas.
—Me interesa más lo que piense Gaara —habló con seguridad, la rubia—, me da lo mismo lo que diga Kankuro. —Pero si se atreve a colocarte un dedo encima, no dudaré en aniquilarlo —su semblante cambió del cielo a tierra.
El estratega vio la sonrisa maligna de su novia, la cual lo aterraba; definitivamente la chica no se andaba con rodeos.
—Temari, no creo que sea para tanto —habló algo asustado, el Nara —, no es necesario que tú me defiendas.
—¿Seguimos con el machismo, Shikamaru? —inquirió con ironía, la kunoichi —; si así lo quieres no intervendré. Dejaré que Kankuro triture tus huesos.
El moreno quedó pasmado ante tan mordaz comentario, pero qué podía hacer, ella era así.
—Cambia esa cara, Shikamaru, sólo bromeaba —la rubia cambió su semblante y sonrió como siempre—. Puede que Kankuro sea medio arrebatado y escandaloso, pero es una buena persona. Hablaré con ambos más adelante en Suna.
La boda y la recepción transcurrió con normalidad; Shikamaru y Temari estuvieron junto a Choiji, y a otros amigos, que de vez en cuando, se acercaban a saludarlos. La pareja respondió a la pregunta « ¿son novios?» más de quinientas veces, pero al final, ya no les molestaba, era parte de mostrarse en público, como una pareja común y corriente.
Lo más extraño fue que Gaara y Kankuro, nunca se enteraron de nada, ya siempre estuvieron al otro extremo de donde estaba la pareja.
Terminada la celebración, todo volvió a la normalidad en la aldea; los invitados volvieron a sus hogares, y los que venían de otros lugares, se fueron a sus respectivos hoteles.
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—Oye, Temari, supongo que vas a cenar con nosotros—habló, Kankuro, mirándola a los ojos—, ya que en la boda con suerte vi tu sombra.
—No…, no cenaré con ustedes, voy a ir a comer con… con Shikamaru y sus compañeros de equipo—mintió algo incómoda, la kunoichi.
—Mmmm, parece que tienes una vida social muy activa en Konaha—espetó, el castaño, escudriñándola con la mirada, como si algo le quisiera sonsacar—, con razón te gusta tanto venir para acá; o quizás sea otro el motivo, el cual no nos quieres contar.
—Ve a cenar con tus amigos, Temari— interrumpió, Gaara, inexpresivo como siempre—. No te preocupes, te disculparemos con Kakashi.
La rubia agradeció la intromisión de su hermano menor, éste no hablaba mucho, pero tenía el don de hacerlo en los momentos precisos.
Temari rápidamente se fue a arreglar, y en cosa de minutos, ya estaba en la puerta despidiéndose.
—Oye Temari —gritó socarronamente, el marionestista— dale saludos a tu querido Nara de mi parte.
—Idiota —refunfuñó molesta, la mujer, cerrando la puerta con brusquedad. Mientras caminaba, aún podía escuchar las carcajadas de Kankuro, las cuales se hacían menos audibles a medida que avanzaba.
Al salir del hotel, Temari vio al estratega apoyado en la pared de la casa del frente. Ella no pudo evitar cambiar su semblante a uno de alegría. El moreno al verla, notó ese cambio en su rostro, y con la parsimonia que lo caracteriza, fue a su encuentro.
—Shikamaru, llegaste temprano—el rostro de la rubia se iluminó y un leve sonrojo volvió a aparecer en sus mejillas.
—Al parecer fue buena idea llegar anticipadamente—sonrió de medio lado, el moreno—. ¿pasó algo?, que saliste con tanta anticipación.
—Sí, puede ser…, pero vamos —acotó con fastidio, la kunoichi—, en el camino te cuento.
Caminaron una cuadra en silencio, hasta que Temari decidió romperlo.
—Gaara y Kankuro van a ir comer con Kakashi, y querían que fuera con ellos—bufó, la kunoichi, mirando al estratega —. Yo les dije que no podía, porque iría a comer contigo y tus compañeros de equipo.
—Bueno, en parte es verdad —señaló, Shikamaru, mirando los ojos aguamarina de su novia —, ya que irás conmigo a cenar.
—Creo que Kankuro sospecha algo —habló molesta, Temari, frunciendo el ceño levemente.
—¿Por qué piensas eso? —preguntó extrañado, el pelinegro—, ¿acaso te dijo algo?
—Directamente no —respondió disgustada, la rubia—, pero me dijo que te diera saludos, y lo hizo de forma irónica.
Shikamaru sonrió ante los dichos de su novia, por menos podía respirar tranquilo; Kankuro no lo mataría, si confirmara sus sospechas.
—Para mí es una buena noticia—acotó feliz, el estratega—, al parecer también le simpatizo a tu otro hermano. Por lo menos, no moriré dentro de la doncella de hierro.
La rubia sonrió ante el comentario sarcástico de su novio, él siempre la hacía sonreír.
—Al parecer, Kankuro no es ningún idiota—espetó, Temari, con un mohín en el rostro—. Últimamente, me ha sorprendido bastante.
El pelinegro rió con los dichos de la kunoichi; y sin preguntarle tomó su mano, mientras caminaban. La rubia se ruborizó de inmediato, era una reacción que no podía controlar.
—Te ves muy linda, sonrojada—musitó, Shikamaru.
—Gra-gracias —respondió, Temari, algo incómoda—, pero no lo vuelvas a repetir, porque me sonrojo aún más.
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Luego de cenar, la pareja decidió regresar al lugar donde se habían dado su primer beso.
Caminaron por las calles tomados de la mano; ya no se sentían tan incómodos, como en un principio. Desde ese primer beso, en su cita anterior, Shikamaru pudo controlar mejor sus emociones, se sentía más seguro, su cobardía había desaparecido; por menos, en esta primera etapa del noviazgo, donde todo era más bonito. Para Temari, fue diferente; los nervios y la vergüenza, en vez de disminuir, aumentaron. Una cosa era que se sintiera feliz porque Shikamaru la había besado, luego de expresarle sus sentimientos; y otra cosa muy distinta, era andar como tórtolos de la mano, a la vista y paciencia de todos. Sin embargo, ella sabía muy bien que eso era normal en una pareja, sólo tenía que aprender a controlar mejor sus emociones, y a acostumbrarse, poco a poco.
En el trayecto, se toparon con una tienda de dangos, compraron unos pinchos y luego continuaron su andar.
En sigilo, Shikamaru y Temari llegaron al mirador; estaban contentos, aunque algo inquietos; ¡cómo no estarlo!, si habían pasado casi todo el día juntos, eran oficialmente novios, pero todavía no se habían podido dar ni un sólo beso. Era extraño, pero no es que no hayan querido, sino que había mucha gente en la boda de Naruto, al igual que el restaurant, y qué decir de las calles de konoha. Ellos no tenían el perfil de pareja que se demostrara afecto en público, sus personalidades no se los permitiría; pero quizás debían aprender a soltarse un poco más, y comprender que una demostración de cariño en público, de vez en cuando, no estaba mal.
—Volvimos al punto de partida —musitó algo ansioso, el estratega, mirándola de reojo.
—Sí…, era necesario volver donde se inició todo —habló con un leve sonrojo, la kunoichi, girando su cuerpo hacia el estratega —. Aquí nos dimos nuestro primer beso…, y supongo, que ahora que somos novios, me vas a volver a besar, ¿o no?
Shikamaru la miró con expectación, no esperaba escuchar esas palabras de la rubia, pero en el fondo, se alegraba de haberlas escuchado. Esa naturalidad con la que había hablado, sin duda, lo había fascinado.
—Olvidaba que eras una chica aventada—acotó embobado, el pelinegro, con su mirada fija en los ojos de la rubia.
El moreno se acercó a Temari, acortando la poca distancia que había entre ellos, llevó sus manos al rostro de ésta, quien lo miraba con ansiedad, y lentamente acercó su boca a los labios de la rubia para atraparlos en un beso. La besó con dulzura, por fin después de tan largo día, podía saborear esos labios que tanto le apetecían. Por su parte, Temari respondió el beso con ansiedad, llevando sus manos al torso del estratega. Anhelaba ese beso desde el comienzo del día, y ahora por fin, lo podía disfrutar.
Estuvieron un largo rato besándose, hasta que el aire les comenzó a faltar. Una vez finalizado el beso, Shikamaru abrazó a Temari con ternura, apegándola a su cuerpo. Sus corazones latían acompasados, sin duda, estaban enamorados.
—No quiero que se acabe el día—musitó cansinamente, el pelinegro, abrazando a la rubia con más fuerza.
—¿Lo dices, porque tengo que regresar a Suna? —inquirió, la kunoichi, elevando su rostro para mirar al moreno.
—Sí…, me gustaría pasar más tiempo libre contigo—continuó sereno, el estratega—, que nuestra relación no se limite sólo a vernos en misiones y en reuniones.
—Es cosa de organizar nuestros trabajos, Shikamaru—prosiguió con calma, Temari —. Si nos organizamos bien, tendremos más días libres. Cuando yo tenga días libre, vendré a verte, aquí; y cuando tú tengas días libre, irás a verme a Suna. Incluso cuando tengamos misiones o reuniones en conjunto, podríamos usar los días libres que tengamos.
—Tienes razón, mujer —susurró, el moreno, cerca del oído de su novia—, comenzaré desde mañana mismo a organizar mi trabajo con Kakashi.
—Y hablando de que tienes la razón—continuó serio, el de coleta—, hoy en la boda, no la tuviste.
Temari separó su cabeza del torso de estratega, y lo miró extrañada, enarcando una ceja. No entendía de qué le hablaba.
—¿No lo recuerdas? —habló, el pelinegro, con un deje de ironía—, ¿o no te conviene recordar?
—No sé a qué te refieres, Shikamaru —acotó molesta, la mujer, frunciendo el ceño.
—Sabes muy bien de qué estoy hablando—sonrió con superioridad, el estratega—, estabas celosa, mujer, ¿cierto?
—¿Por qué tendría que estarlo? —preguntó crispada, la kunoichi, cortando por completo el abrazo del moreno.
La rubia giró sobre sus talones y le dio la espalda al estratega.
—No estaba mirando a nadie en particular —prosiguió con pereza, el pelinegro—, sólo miré a esas chicas por el bullicio que hacían.
Temari se quedó en silencio, al parecer, sus celos carecían de fundamentos.
Shikamaru sabía muy bien, que la rubia nunca reconocería que estuvo celosa. El orgullo de ésta, nunca se lo permitiría; sin embargo, era algo con lo que Shikamaru podía vivir, ya que no le molestaba ese defecto de ella, incluso, hasta podía decir que le agradaba. Él la quería así, tal cual era; y por esa razón, no estaba dispuesto a terminar mal la noche. El estratega se acercó a la rubia, para arreglar la situación; levantó su rostro con una de sus manos, y la observó con ternura.
—Disculpa, Shikamaru, me equivoqué—espetó seria, la kunoichi, desviando la mirada.
El moreno asombrado por los dichos de la rubia, simplemente la abrazó.
—Eres una problemática, Sabaku no Temari —susurró con dulzura, el estratega, estrechándola aún más a su cuerpo.
—¿Eso piensas de mí? —inquirió, la rubia, levantando su rostro para mirarlo.
—Sí…, pero eres… la problemática que amo —musitó, Shikamaru, sin dejar de mirarla. Su corazón latía desbocado.
—Shikamaru… —susurró, Temari, emocionada con la declaración—, yo… yo también te amo. Sus mejillas se ruborizaron, por la confesión.
El estratega la miró emocionado, era lo que siempre había querido oír; escuchar a Sabaku no Temari decir que lo amaba, no es algo que podía oír todos días. Estaba demasiado feliz por el hecho, la alegría no le cabía en el pecho.
Shikamaru acarició embobado el rostro de la rubia, no podía dejar de mirarlo.
—Estoy esperando mi beso—espetó de repente, la kunoichi, sacando al Nara de su ensimismamiento.
Ante ese comentario, Shikamaru no perdió su tiempo; se inclinó hasta el nivel de los labios de ella, y los atrapó en un beso. Fue un beso más intenso, sin duda, pero la situación recién vivida lo ameritaba. La rubia rodeó con sus brazos el cuello del moreno, mientras él, la abrazo por la cintura, estrechándola contra su cuerpo.
Luego de estar así varios minutos, separaron sus labios lentamente y juntaron sus frentes. Ambos sonrieron.
—Será mejor que regresemos —musitó, Shikamaru, tomando la mano de la rubia—, mañana tendrás que madrugar.
—Sí, ya debemos regresar —acotó resignada, la rubia —, pero antes quería darte las gracias.
—¿Por qué? —preguntó extrañado, el pelinegro.
—Por querer a esta problemática.
—Mujer, no tienes nada que agradecerme.
—Igual, te lo agradezco Shikamaru.
—Entonces, yo también tendré que darte las gracias, mujer
—¿y por qué? —preguntó dubitativa, la rubia.
—Por querer a este vago.
—Un vago que además es machista —ironizó, la rubia.
—Esa característica me la has querido borrar a punta de golpes —prosiguió con pereza, el moreno—. Aunque insisto que no debes defenderme.
—Faltó también agregar, llorón—sonrió malévolamente, la kunoichi, mostrándole todos sus dientes.
—Fue hace mil años, mujer —bufó, el estratega—. Siempre me recordarás eso.
—Sí, bebé llorón, siempre —musitó socarronamente, Temari.
—Tsk, qué fastidio.
FIN
¡Gracias por leer! ¿Algún reviews? Todo es bienvenido; sus comentarios me encantan.
Cuando escribí esta historia, siempre la pensé como one shot, pero después que leí sus comentarios, automáticamente eso cambio, por lo que decidí escribir el segundo capítulo. Lo terminé de escribir el domingo, pero debía corregirlo; pensé subirlo entre el lunes y martes, pero la cabeza no me dio, supongo que es efecto de la auditoría, la cual me la aplazaron para el 18 de Julio. Pero, por fin, anoche pude corregirlo, ya que hoy no fui a trabajar :D . Espero que lo hayan disfrutado.
Un abrazó a todos, qué tengan un buen fin de semana. Besos.
"No olviden mandar reviews, que siempre motivan mi alma y mi mente". Gracias.
