Capítulo 2
Primer día de entrenamiento
Milo estaba profundamente dormido. El día anterior había sido verdaderamente cansador. Tan dormido estaba, que ni siquiera escuchó a Leenah entrar en su cabaña. Ella trató de despertarlo llamándolo, pero al no obtener respuesta alguna, comenzó a sacudirlo para despertarlo. Milo despertó de golpe y abrió los ojos para ver quién lo zarandeaba. Vio a Leenah parada frente a él con los brazos cruzados.
_ Ahh Leenah, eres tú – Ella lo miró extrañada - ¿Qué hora es?
_ Las nueve de la mañana, las vida aquí empieza temprano hombre, ya levántate y vístete, hoy te mostraré los alrededores del Santuario y después comenzaremos a entrenar. – Dijo Leenah.
_ Está bien – Milo se levantó y se fue al baño a lavarse la cara y cepillarse los dientes. Cuando volvió Leenah le dio unas ropas.
_ Estas son las ropas de entrenamiento, es lo que usamos aquí.
Milo se puso la ropa y ambos salieron de la cabaña. Cuando iban saliendo, un joven de lacios y azules cabellos se acercó a ellos.
_ ¡Leenah! Gritó el joven y se detuvo frente e ellos.
_ ¡Hola Camus! Dijo amablemente Leenah.
Su nombre era Camus, era alto, su cabello era azul grisáceo y largo, por la mitad de la espalda. Tenía ojos azul oscuro, y piel blanca.
_ ¿Dónde te habías metido ayer? Te busqué por todas partes… - Le dijo a ella.
_ Solo salí a entrenar fuera del Santuario, para probar algo nuevo… - Dijo sonriendo debajo de la máscara, luego se volteó hacia Milo – Milo, él es Camus, también es aspirante a caballero dorado como tú.
_ ¡Hola! – Dijo el joven Camus alegre – yo entreno por la armadura dorada de Acuario, ¿y tú?
_ Yo… no lo sé… - dijo Milo dudoso.
_ ¡Ah, eso! Casi se me olvida… que signo eres Milo? – Preguntó Leenah.
_ Escorpio…
_Entonces veremos si puedes entrenar por la armadura dorada de Escorpio. Oye Camus, le mostraré a Milo todo el Santuario y le enseñaré a entrenar, ¿vienes con nosotros?
_ Por supuesto…
Cuando Leenah y Camus terminaron de mostrarle todo el Santuario a Milo, se dirigieron hacia el Coliseo para entrenar.
Cuando llegaron, se pararon en la entrada al ver a dos personas entrenando ahí, un hombre alto, castaño, y otro más bajo, también con cabello color castaño claro, parecían hermanos, por el parecido entre ellos. Las dos personas terminaron de entrenar, se despidieron, el más alto se dirigió a la otra entrada del Coliseo y se fue. El más pequeño caminó hacia ellos.
_ ¡Hola! Dijo alegremente - ¿Ustedes también son aspirantes a caballeros?
_ Ehhh, si – Dijo Leenah – Me llamo Leenah, soy aspirante a la armadura plateada del Lince.
_ Yo soy Camus, aspirante a la armadura dorada de Acuario.
Milo no dijo nada, estaba desconcentrado pensando si fue buena idea venir al Santuario. Leenah se dio cuenta de ello y dijo:
_ El es Milo, es aspirante a la armadura dorada de Escorpio. Milo solo sonrió.
_ ¡Genial! Me llamo Aioria, soy aspirante a la armadura dorada de Leo, el hombre que estaba conmigo es mi hermano, él es el caballero dorado de Sagitario, es un placer conocerlos…
_ Igual – Dijo Camus – Oye Aioria, le enseñaremos a entrenar a Milo, ¿nos acompañas?
_ ¡Claro! Dijo alegremente Aioria.
Milo y Aioria se quedaron en un costado, mientras que Camus y Leenah se dirigían al centro del Coliseo.
Se pararon uno frente al otro, más o menos a unos cinco metros de distancia. Se quedaron así por unos segundos hasta que Leenah decidió atacar primero. Se acercó corriendo a Camus, saltó en el aire y aterrizó con una fuerte patada que Camus logró esquivar. Él se dio vuelta rápidamente e intentó golpear a Leenah con su puño pero ésta le agarró los brazos y le dio un fuerte puntapié en el abdomen. Milo dio un respingo al ver a Camus caer al suelo pero Aiora lo tranquilizó diciéndole:
_ No te preocupes, así es como se entrena, no se hacen daño de verdad.
Camus se levantó con una velocidad increíble y sin darle a Leenah tiempo de reaccionar, le propinó un fuerte puñetazo en el estómago, lo que la hizo caer de rodillas. Camus se acercó a ella y la levantó del suelo.
_ ¿Estás bien? Le dijo a Leenah amablemente mientras la levantaba.
_ No te agrandes, estoy bien – Dijo ella con una sonrisa pícara debajo de la máscara.
Caminaron hacia Aioria y Milo, y Leenah le dijo a Milo:
_ ¿Entendiste algo de cómo se hace?
_ Sí, creo que sí. – Respondió.
_ Ahora les toca a ustedes – Dijo Camus poniéndose los brazos en el cuello.
Milo y Aioria se posicionaron en el centro al igual que Camus y Leenah, a la misma distancia.
Aioria atacó primero. Corrió hacia Milo y le dio una fuerte patada en el estómago. Milo se recuperó e intentó golpearlo, pero no era lo suficientemente rápido, Aioria lo esquivó sin problema y le propinó un puñetazo en la barbilla que lo hizo caer al suelo. Camus miraba impaciente, mientras que Leenah no parecía inmutarse ante los fuertes golpes que Aioria le daba a Milo, estaba segura que eso pasaría, pues Milo era solo un chico de pueblo.
Aioria levantó a Milo del suelo, que tenía un brazo lastimado y le dolía el estómago. Leenah y Camus se acercaron a ellos.
_ Me parece que aún te falta mucho por aprender Milo… - Dijo Leenah riéndose.
_ No te burles de mi – respondió Milo adolorido.
_ No me burlo, ¿estás bien?
_ Creo que si…
_ ¿Por qué no vamos a La Fuente por unos vendajes? Propuso Camus.
_ A mí me parece una muy buena idea. – Dijo Leenah, examinando el brazo de Milo.
_Vamos entonces. – Añadió Aioria.
La Fuente era un lugar verdaderamente hermoso, lleno de flores y árboles, y a su alrededor, muchas habitaciones dónde alojaban a los heridos.
Camus, Milo y Aioria esperaron afuera mientras Leenah iba a buscar los vendajes. Cuando regresó, ayudaron a Milo a vendarse el brazo y se dispusieron a salir. Cuando llegaron a la entrada, se toparon con el patriarca.
Los cuatro se arrodillaron frente a él en cuanto lo vieron.
_ Santidad – Dijeron todos al mismo tiempo, y se levantaron cuando el patriarca les hizo un gesto con la mano para que se paren.
_ Buenas noches jóvenes, Milo, ¿Cómo va el primer día de entrenamiento?
_Muy bien Santidad, aún me falta mucho por aprender, pero bien.
_ Me alegro, confío en que te esforzaras mucho y entrenarás bien para conseguir la armadura.
_ Por supuesto Santidad – Dijo Milo.
_ Bueno, me retiro, que tengan buenas noches jóvenes aspirantes.
_Buenas noches Santidad – Dijeron los cuatro y cuando el patriarca se fue, se dispusieron a irse a sus cabañas. Cuando llegaron, se despidieron para irse cada uno a su respectiva cabaña.
_Buenas noches Leenah – Dijeron los tres.
_Buenas noches chicos – Respondió amable Leenah con una sonrisa debajo de su máscara, y se fue hacia el recinto de las amazonas, donde vivían todos los caballeros femeninos del Santuario.
Los tres se dividieron, cada uno hacia su cabaña.
Milo entró a la suya, y se acostó en la cama sin ni siquiera cenar, su cuerpo estaba muy cansado, pero su mente seguía activa. Tenía una gran duda: ¿Por qué Leenah usaba esa máscara plateada que tapaba su rostro? Esta pregunta no lo dejaba dormir. Se quedó un largo rato mirando el techo hasta que decidió salir a caminar.
Caminó un largo rato por el Santuario. Se sentó un rato en las gradas del Coliseo, pensativo. Seguía pensando si fue buena idea venir al Santuario.
_ Será mejor que regrese… - Pensó, y se levantó para irse a su cabaña.
Cuando llegó se acostó en su cama, pensando en muchas cosas, cuando finalmente decidió no dejar que las dudas y las preguntas lo agobiaran y trató de dormir. Al poco rato, se quedó profundamente dormido.
