Peeta aumentó la presión sobre la copa que sostenía, y toda la sangre de su cuerpo viajó hasta su miembro, hinchándolo.No pudo disimular la sorpresa o la oleada de lujuria que lo dejó inmóvil, por la transformación de la zafia y plana Katniss de antes, a la de ahora,elegante y con unos voluminosos pechos.
Una voluptuosa diosa.
-Incluso cubierta de sangre de un animal su belleza brillaba, pero con ese vestido... -Cato silbó suavemente.
- Y esos pechos son magníficos. ¿Dónde los escondió ayer?-Finnick ajustó el broche de su túnica y se adelantó un paso.
- ¡Párate! -Peeta le dio un codazo a Finnick y devoró toda la distancia del gran salón en seis pasos.Cuando estuvo de pie delante de su novia, casi se tragó la lengua y no pudo dejar de mirar sus senos.
Peeta, el hombre que tenía fama de ser muy elocuente, el que cautivaba con sus palabras incluso a las serpientes, estaba tan consumido por la lujuria, tan atónito y sin sentido, que no se le ocurría un solo pensamiento racional o una sola palabra coherente en su cabeza para decirle a su prometida. Solo pensaba que no quería que ningún otro hombre en el salón le mirara los pechos.
- ¿No tienes un chal?-Katniss frunció el ceño. -No lo necesito, tengo calor. Hay algo malo con mi vestido - Ella miró hacia abajo y se alisó el encaje negro que adornaba el expuesto escote. - Tal vez esto no es lo que llevan las damas de la corte del rey Cnut. Me temo que mamá ha pagado un alto precio por esta tela y ella tuvo a las mujeres de la fortaleza cosiendo sin parar para ajustar el corpiño.
Peeta no conseguía hacerse con el control de su miembro, que amenazaba con levantarse rápidamente si sus pechos no dejaban de balancearse de una vez. Era como si su miembro controlase el agua que llenaba su boca y empañase sus pensamientos.Miró hacia la seda escarlata que cubría sus pechos, con la esperanza de conseguir ver sus pezones.
¿Serían rosas?
O serían del mismo color del cacao, esa bebida dulce que él bebía cuando visitaba Jutland. Al igual que esos picos dulces, duros como perlas, que él se moría por saborear ya.
- ¡Oh! Estoy divagando. No voy a dejar que me inquietes por mi vestido. Es lo mejor que pudimos hacer y debería ser suficiente. Por favor, mi señor, ten respeto por nuestros invitados y mírame a la cara, no a mis pechos. - Pidió Katniss golpeando el suelo con el pie y estremeciéndose.
Fue ese temblor lo que finalmente le hizo reunir la fuerza necesaria para recomponer lo que su polla le había hecho a su cerebro.
-Tu tobillo todavía te duele de la lesión de anoche.Te llevaré.
Brillante Peeta, un plan digno de diez mil monedas, se reprochó él mismo con sarcasmo, ya que si la cogía en brazos sólo protegería sus pechos de sus propios ojos.
- No te atrevas a avergonzarme. - Desde el manojo de ramitas que tenía en las manos iban cayendo hojas sin parar, debido a la fuerza con que sus dedos estrangulaban el ramo.
Viéndolo,Peeta pensó que lo más seguro sería cambiar de estrategia.
- ¿Y por qué te tiene que avergonzar que un guerrero cuide de su esposa? - Peeta le dirigió esa sonrisa con la que se había ganado el acceso a las camas de princesas, condesas, baronesas, y una abundancia de criadas.
Los ojos de Katniss se estrecharon, sus fruncidos labios... ¿Por qué no había notado lo llenos y apetitosos que eran sus labios rojos cuando los había observado antes? De repente las palabras rojos y llenos le trajeron a la mente otros labios que a él también le gustaría examinar, lamer, y enterrar su nariz. ¿Katniss sabría a miel?No, el sabor de su sexo sería picante al paladar y con un perfume embriagador.
- ¿Mi señor?
Katniss se aclaró la garganta y Peeta juraría que había soltado un bufido. Vagamente se dio cuenta de que ella esperaba una respuesta. ¿Qué era lo que su prometida le había preguntado? Confundido todavía, la vio girarse e iniciar una conversación con uno de los invitados.
- El sacerdote ya ha llegado,Peeta - Informó Cato dándole un codazo en el costado.
Peeta sacudió la cabeza, pero eso no consiguió despejar el deseo que aun le enturbiaba la mente.
- Cierra ya la boca,Peeta. Y si fuera tú, ocultaría esa erección que tienes con la espada. - Le susurró Cato dándole otro golpe, esta vez en las costillas.
- Eso es Cato. Haz que recobre el sentido común mientras saludo a la novia. - Se burló Finnick volviéndose. - Lady Katniss, es maravilloso cómo ha conseguido preparar este banquete en tan poco tiempo.
Disimuladamente Peeta se ajustó la túnica y la espada, mientras se esforzaba por oír la conversación de Finnick con Katniss.
- Querida hermana, ¿puedo decirte que esta noche estás radiante? Peeta resopló cuando Finnick cogió las manos de Katniss y se las llevo a los labios, una detrás de otra.
- Nunca he visto tanta belleza, ni tanta gracia. Bajaste las escaleras como una reina. - Continuó Finnick
- Es cierto, señora. -Cato se inclinó. - No puedo decir las bonitas palabras de mis hermanos, pero te ves muy bien esta noche.
Con las mejillas encendidas,Katniss se inclinó en una reverencia hacia los dos guerreros, mostrando una sonrisa deslumbrante.
- Gracias, mis señores.
- Ahora somos hermanos,Katniss. Para ti soy Finnick.
- Y yo Cato.
- ¿Queréis dejar ya toda esa charla? - La irritación se notaba en el tono de Peeta, mientras miraba entrecerrando los ojos, a sus hermanos. Si ellos continuaban mirando de esa manera los pechos de Katniss, golpearía la cara de los dos. - ¿Dónde está el cura? Vamos a hacer los votos.
- ¿Quieres que busque a tu madre, Katniss? Estoy seguro de que deseas que esté a tu lado.
- Gracias por tu amabilidad,Cato. Creo que ella fue a darle las instrucciones de última hora a la cocinera. - Un hoyuelo apareció en su mejilla derecha cuando ella dirigió a Cato una brillante sonrisa.
Peeta ahogó un gruñido. Su novia pronto aprendería a reservar esas sonrisas para él y sólo para él.
- Hay una pequeña capilla a la derecha del salón. Haremos los votos allí. Seguidme, por favor. -Katniss se volvió haciendo que el cinturón que llevaba tintinease.
Peeta no se movió, se quedó inmóvil observando su cintura, sus caderas y sus piernas.
- ¿Mi señor? - Katniss se volvió con una ceja arqueada. - ¿Continuamos?
Los votos. Si. Una vez que ellos los dijesen,Katniss sería suya.
Él extendió un brazo y ella puso su mano encima. La multitud se apartó mientras caminaban.
Los años de negociaciones y pacificación, trabajando para conseguir un objetivo en primer lugar, y luego otro, le ayudaron ahora a. Peeta a ordenar sus pensamientos y sus acciones.
- ¿Cómo está tu tobillo?
- Ha mejorado mucho. Agradezco tus consejos. Aunque no es agradable poner paños helados, la hinchazón ha disminuido. ¿Es una práctica que aprendiste en los campos de batallas?
- No. En las tierras orientales. En Constantinopla tienen un gran conocimiento del cuerpo y su curación. - El cabello de Katniss olía a agua de rosas y avellanas, y los rizos sueltos caían por debajo de sus voluptuosas caderas. - Aprendí mucho con los escribas y los físicos en esa gran ciudad. Ellos creen en el poder del tacto para curar los malos humores ocultos, masajeando con aceites el cuerpo para disolver las hinchazones.
Volviendo la cabeza hacia él,Katniss lo miró, con el rostro rápidamente alerta y los ojos muy abiertos.
- ¿En serio? Nunca había oído hablar de eso. Tenemos muchos ancianos en el castillo que tienen dolores y están débiles.Tal vez esos masajes y el aceite podrían aliviar su dolor. Me gustaría aprender esa habilidad contigo, mi señor, si me enseñas como hacerlo.
Peeta apenas podía caminar, de tan apretado que sentía su saco. Con cada paso, sentía que su intimidad ardía quemando la fina lana de sus pantalones.Tenía la cabeza llena de imágenes de ella tendida boca abajo desnuda, y él con sus manos y su boca masajeaba su cuerpo explorando ese dulce punto detrás de sus rodillas. Cuando Katniss se detuvo,Peeta parpadeó rápidamente para despejar su mente. Enseguida percibió que estaba delante de un altar de madera debajo de un arco, y que había un sacerdote vestido con los colores de la corte del rey Cnut, dorado y un profundo carmesí.
La ceremonia se inició después de que Cato,Finnick, y la madre de Katniss, Lady Effie Everdeen, ocuparan sus lugares detrás de la novia y de él mismo. La concentración de Peeta vagaba durante los votos cristianos.
Dos de los nobles locales llamaron su atención, ya que ambos estaban vestidos como para ir a la Corte, y no recordaba haber visto allí a ninguno de ellos. El que estaba de pie era alto y delgado y había visto muchos veranos y...muchas batallas, a juzgar por las cicatrices y las arrugas formadas en la boca y en los ojos. El otro parecía más joven, tal vez unos veinte años o más, y tenía el aspecto de un hombre elegante, con el rostro agraciado, los dedos llenos de anillos y el cuerpo delgado pero musculoso.
Después de que dijeron los votos, todos volvieron al gran salón para la fiesta, y Peeta advirtió que los dos nobles competían por la atención de Lady Everdeen. Apretó los dedos de Katniss, mientras caminaban para llamar la atención de ella que miraba hacia un montón de niños que estaban bailando y jugando con las hojas del acebo.
- ¿Quiénes son esos dos que están hablando con tu madre?
- El más joven es Gale, El Heraldo,el hijo de Conde Mordred. El más alto es nuestro vecino más cercano y un aliado y amigo de mi padre, el Conde de Berna Umbría, Haymitch,El León.
Su tono era ansioso y esperanzador mientras hablaba.Por el modo de contárselo,Peeta dedujo que a Katniss no le gustaba Gale, pero aprobaba al conde. Peeta miró a ambos hombres sentados en la mesa principal con Lady Everdeen situada entre ellos,sintiendo cierta curiosidad.Asi que decidió que se enteraría de algo más sobre los dos.
