Aquí está el primer capítulo de Adicción. Siempre he querido escribir una historia sobre sexo y aquí la traigo. Este capítulo es para todos los públicos pero el siguiente no tendrá nada que ver con este.

Os dejo la banda sonora de este capítulo y las gracias de antemano por leer ^^

Sexy and I know it: de LMFAO.

I wanna go: de Britney Spears.


Capítulo 1.

"¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?"

Groucho Marx

Se despertó por la mañana gracias a la luz radiante del sol que entraba por la ventana. Se estiró por toda la cama y la notó inmediatamente fría y vacía. Sonrió pasa sí al saber que el desconocido de anoche se había marchado. Bien, eso era justo lo que quería pensó recordando las escenas de la noche anterior. Ese hombre había sido bestial con ella, no había tenido miramientos y tampoco lo hubiese querido. La trató con pasión pero no con amor. La embistió con todas sus ganas y ella gritó como una perra en celo. Solo eran las 9 de la mañana y ya estaba caliente de nuevo.

Tenía solamente 20 años y aunque no estaba totalmente segura, creía ser una ninfomanía empedernida. Y ese hombre le había hecho convertirse en un animal sediento de sexo y más sexo. ¿Qué pasa contigo Isabella? Se dijo frente al espejo. Sus mejillas se sonrojaron levemente y su larga cabellera castaña calló por su espalda totalmente despeinada. Soy una leona en celo Pensó a la vez que se mordía el labio sensualmente. Se encontraba en su apartamento en plena Quinta Avenida y desnuda paseó por la casa en busca de su móvil. Cada movimiento había sido calculado para parecer lo más sexy posible. Así la educó su madre y ella lo aprendió obedientemente.

Encontró el móvil en el fondo de su carísimo bolso de Prada y llamó por su Iphone tocando simplemente la pantalla.

- La señorita Brandon al habla – La voz de su mejor amiga al otro lado sonó con efusividad.

- Alice… ¿qué me dejaste hacer anoche? – Preguntó con una sonrisa descarada al mirarse las marcas que ese hombre le había dejado en sus hermosos pechos.

- Bueno días a ti también Bella. Sinceramente solo estuvimos juntas durante los cincos primeros minutos, hasta que desapareciste con ese hombre gigante y misteriosamente guapo.

- Lo siento… ya sabes que…

- No tiene que disculparte. Lo entiendo – Alice nunca juzgaba las acciones de su amiga porque sabía que ésta tenía una mente distinta a la de las demás, y ella lo había aceptado desde el mismo momento en el que se conocieron cuatro años atrás.

- Oh Alice… Fue increíble… Si hubieras visto ese cuerpo y esa enorme y jugosa…

- ¡Está bien! ¡Ahórrate esos detalles! Ya sabes que yo no estoy tan desquiciada como tú.

- Cierto, se me olvida lo mojigata que eres – Bella aguantó la risa como bien pudo pero se destornillo en el momento que su amiga colgó súbitamente el teléfono.

Fue hasta la cocina y se hizo un café bien cargado. Necesitaba despejarse para el largo día que le quedaba por delante. Tenía que acudir a la universidad y después seguir con la búsqueda de trabajo. La herencia que le había dejado su madre tras su muerte seguía casi intacta, solo se le había restado el alquiler del lujoso apartamento que Bella había arrendado. Aunque aún no era mayor de edad, había logrado contar con parte de su herencia para sus gastos mensuales.

Una vez se terminó el café se metió en la ducha y se relajó todo lo que pudo con el agua caliente que recorría su cuerpo lentamente. Se enjabonó enterita y se hizo un reconocimiento por todo el cuerpo. Ese hombre no había marcado solo sus pechos, sino también sus nalgas con las palmas de sus manos. Con suavidad pasó las yemas de sus dedos por la zona más sensible y siseó al sentir el mínimo contacto.

- ¡Me ha azotado! ¡El muy cerdo me ha azotado! – Salió de la ducha rápidamente sin importarle dejarlo todo empapado y se observó el trasero frente al espejo. Tenía marcada la enorme mano de ese hombre en su nalga derecha y aunque ese hecho debía de afectarle de una manera lógica ella solo sonreía coqueta y se sonrojaba al recordar el placer que había sentido cuando la había cabalgo y azotado como a un animal. En ese momento se arrepentía de no haberle dicho ni siquiera su nombre.

Se secó el cuerpo y se embadurnó en crema, acariciando con sumo cuidado su trasero. Peinó su melena y dejándola toda mojada se metió en su habitación a seleccionar que se pondría ese día.

Después de debatirse sobre qué conjunto de ropa interior le sentaría mejor, optó por unas suaves braguitas de seda moradas con el sujetador a juego. E inmediatamente después se puso un vestido negro de Dolce y Gabanna ancho y fresco, que aunque no se adhería a su cuerpo como los demás que tenía en su armario, éste sí le aliviaba notablemente al no estar en completo contacto con su trasero. Se calzó sus Manolo Blahnik azul marino y se adentró de nuevo en el baño a maquillarse un poco. A los diez minutos ya estaba dentro del ascensor que bajaba al vestíbulo del edificio. Una vez abajó saludó a Joshua, el portero, y salió colocándose sus carísimas Dior para protegerse del Sol. Se paró un momento a admirar la Quinta Avenida y suspiró de alegría. Como amo esta condenada ciudad. Llamó a un taxi como solo una neoyorkina sabía hacer y le indicó que la dejase en Columbia, su universidad.

Se colocó los auriculares y se centró en la letra de Sexy and I know it de LMFAO.

"...When I walk in the spot, this is what I see.

Everybody stops and they staring ar me.

I got passion in my pants and I ain't afraid to show it...

I'm sexy and I know it.

I'm sexy and I know it..."

Bajó del taxi sin esperar el cambio y se adentró en el campus de la universidad. La mayoría de las chicas la miraban con envidia o con una descarada curiosidad, mientras que los chicos simplemente se callaban para observarla caminar con la elegancia y el erotismo que la envolvía. Para Isabella aquello era el ritual de todos los días. Le encantaba que los hombres la admirasen de aquella manera, porque de una forma u otra llenaba un pequeño vacío que había en su interior gritando por la falta de una figura masculina en su vida. Fue hasta secretaría y le pidió al chico de los archivos que le diese la carpeta con los apuntes que ella dejaba allí todos los días una vez terminaba las clases. Le dedicó una sonrisa coqueta y le dio las gracias con la voz más sugerente que tenía. Dylan, el chico de los archivos, siempre se quedaba embobado con ella y aunque no estaba permitido que se guardasen sus cosas allí, él se las escondía para que ella no tuviese que cargar con la pesada carpeta todos los días.

Isabella no podía negarlo. Tenía un don para controlar a los hombres a su antojo. El sexo, las feromonas o toda la sensualidad que emanaba de ella por todos sus poros lograba encandilar hasta al más inteligente y prepotente hombre que se le presentase.

Su madre le había educado desde pequeña en el arte del sexo y la coquetería. Y ella había aprendido todo de Renee, su madre, y de las muchas mujeres de las que estaba a cargo como la buena Madame que era.

Sí, su madre había sido una prostituta toda su vida, pero se convirtió en la más cara de todo Seattle. Dejó el negocio en cuento conoció a Charlie, su padre, pero cuando vio que esa vida no le era suficiente, lo abandonó en un pequeño y desolado pueblo llamado Forks, llevándose a su hija con ella. Se prometió así misma que Bella no tendría nunca que trabajar de la misma manera que ella, por eso Renee ahorró cada centavo para el futuro de su hija. Y ahora Isabella era toda una mujer que sabía más que ninguna otra sobre el arte del sexo y que se podía permitir disfrutar de él sin que nadie la juzgase, aunque muchas se morían de envidia y la criticaban por su altanería.

Entró a la clase de física, donde chavales desgarbados y poco agraciados se giraban a admirarla. Todos soñaban con que ella dirigiese una mera mirada hacia alguno de ellos, pero las clases siempre eran igual. Sacaba su portátil y un par de folios para después llevarse toda la hora tomando apuntes y resolviendo problemas. Isabella había descubierto en el instituto que no solo era bonita por fuera sino que también tenía un gran cerebro para las ciencias, por eso recibió una beca de estudios para una de las mejores universidades de Nueva York y contaba con una de las mejores medías de la clase. Bella aún no había decido qué quería hacer en un futuro, no quería pensar en responsabilidades, solo necesitaba vivir el momento, sentirse libre y joven por mucho tiempo. Aún le faltaban un par de años para sacarse el título de ingeniera informática pero con el ritmo que llevaba, estaba segura de que lo conseguiría en el tiempo establecido.

Tres horas después sonó el timbre que indicaba el fin de la clase. Con esa última hora de programación había acabado oficialmente su jornada estudiantil y empezaba supuestamente el fin de semana. No se sentía cansada por haber salido la noche anterior hasta tarde, sino al contrario, deseaba salir de nuevo. La fiera en la que se estaba convirtiendo tenía sed de lujuria constantemente y solo en clase lograba despejar su mente de perversiones y juegos sexuales. Necesitaba otra cosa más que hacer para no perder la cabeza de esa manera y como además necesitaba el dinero para mantener su actual vivienda, decidió buscar un trabajo en alguna empresa de lo que fuese, no le importaba, solo necesitaba tener la mente ocupada en otra cosa que no fuese solo en sexo.

Salió de clase sin mirar a nadie, ignorando todo a su alredor y pensado en la entrevista que tendría en media hora. Dejó su carpeta en secretaría y se marchó sin despedirse de Dylan. Volvió a llamar a un taxi y le indicó la dirección del edificio donde se encontraba la corporación a la que esperaba ser aceptada. Los había estado investigando y había descubierto que era una de las dos mejores empresas en avances tecnológicos de todo el estado y una de las cuatro mejores de todo el país. Sabía que no tenía experiencia laboral, que lo tenía complicado pero las becarias siempre eran bienvenidas, sobre todo si en esas empresas abundaban los hombres poderosos que babeaban con cuerpos bonitos, y ella contaba con ello y más. Se bajó del taxi a toda prisa y se quedó ensimismada al contemplar aquel hermoso y poderoso imperio. La corporación Black's Technologies contaba con numerosas sucursales por todo el país y por gran parte de Europa y Asia. Era una de las principales proveedoras de avances científicos-tecnológicos y especializados en Nanotecnología. También se rumoreaba que tenían línea directa conla CIA y el FBI, pero eran solo rumores sin pruebas concluyentes.

Bella entró en el edificio con decisión y sin miedo, pues la negativa ya la tenía así que solo podía esperar que la entrevista saliese bien.

- Hola soy Isabella Swan, venía por una entrevista en un puesto vacante de informática base.

- Buenos tardes señorita Swan, la estábamos esperando. Tiene que ir a la planta 17 y preguntar por la señorita Weber. Ella le hará la entrevista para ver si está cualificada para el puesto.

- Entendido, muchas gracias.

Se montó en el ascensor y antes de que las puertas se cerraran un joven entró a trompicones. Bella no pudo evitar reírse y el chico la miró con vergüenza.

- Lo siento, es que llego tarde – Dijo a modo de disculpa por su intromisión.

- No te preocupes, a todos nos pasa – Le regaló una simpática sonrisa y pulsó de nuevo el botón de la planta 17.

El chico la observó de arriba abajo y se quedó embobado con las cremosas piernas de Isabella. Ella lo observó divertida por la falta de consideración que estaba teniendo pero ya estaba acostumbrada a eso.

- Isabella Swan – Dijo ofreciéndole la mano en forma de saludo.

- Mike Newton, encantado – Le estrechó la mano con delicadeza y se quedó embobado con los labios escarlatas de Bella - ¿Eres nueva? – Preguntó sin apartar la vista de sus jugosos labios.

- Espero serlo – Dijo molesta porque Mike parecía estar en otro mundo. Bella lo observó detenidamente. Era un poco más alto que ella y tenía unos ojos azules profundos. Su pelo era rubio platino y después de varios segundo de silencio, Mike por fin reacción y fijo su mirada en los ojos de Isabella. Él le sonrió coquetamente y ella se removió incomoda.

- Oye te apetecería… - Antes de que terminase con esa frase las puertas del ascensor se abrieron y Bella salió huyendo. No le apetecía dar largas a un chico a esas horas de la tarde.

Vio como las puertas del ascensor se cerraban y cuando se giró para ver por donde iba chocó contra el pecho de un hombre. Él la atrapó antes de que se cayese al suelo y le dedicó una sonrisa radiante. Bella se quedó sin habla momentáneamente al sentir como los fuertes brazos de ese hombre la volvían a dejar en su posición de equilibrio.

Era un hombre musculoso y muy varonil, su piel era oscura al igual que su pelo y sus ojos, pero contaba con una blanca y preciosa sonrisa.

- Debería fijarse mejor por dónde anda ¿no cree? – Dijo con una voz grave pero en tono simpático.

- Lo siento, no le había visto – Dijo mirándolo a través de sus pestañas. Ese hombre era de los que le gustaban y su cuerpo reaccionaba solo, como si tuviera un piloto automático que dijese "Hombre atractivo a las diez en punto".

- Suerte que yo a usted sí – Su voz se volvió un poco más ronca y eso hizo que Bella se estremeciese de placer. Adoraba que le hablasen de esa forma - ¿Puedo ayudarla en algo señorita…?

- Swan, Isabella Swan – Dijo extendiéndole su mano con decisión.

- Encantado señorita Swan, tiene un nombre muy bonito – El hombre estrechó la mano para llevársela a los labios y dejarle un dulce beso. La miró con descaro y le volvió a dedicar esa hermosa sonrisa y ella casi se desmaya por el escalofrío que recorrió todo su cuerpo.

- Muchas gracias señor…

- Black, Jacob Black – Dijo soltando la mano de ella con delicadeza. Antes de que él pudiese decir algo más Bella se separó un par de pasos y con una voz monótona se despidió.

- Lo siento señor Black, tengo una entrevista de trabajo a la que no puedo llegar tarde. Ya nos veremos.

Se dio la vuelta y Jacob se quedó ahí pasmado sin entender bien el porqué ella había huido de esa forma. Volvió a sonreír para si mismo cuando vio como Bella contoneaba sus caderas yendo hasta una de las oficinas de informática.

Claro que nos veremos preciosa, por supuesto que nos veremos…

Bella vio de reojo como Jacob se marchaba y respiró hondo. Había estado coqueteando con el vicepresidente de la empresa y él también lo había estado haciendo. Por un momento se sintió orgullosa de poder despertar el deseo en hombres tan poderosos, pero inmediatamente recordó a qué había venido cuando vio a una chica de tes morena pasar por su vera.

- Disculpe, estoy buscando a la señorita Weber, ¿podría decirme dónde encontrarla?

- ¿Eres Isabella Swan? – Dijo echándole un vistazo de arriba abajo.

- Sí soy yo.

- Vaya, no me esperaba una chica así… - Volvió a recorrerla con la mirada y Bella se sintió un poco incomoda por el reconocimiento - ¡Pero qué modales tengo! Yo soy la señorita Weber, pasa a mi despacho para que comencemos la entrevista – Bella sonrió tímidamente y la acompañó adentro de su despacho.

La señorita Weber se sentó al otro de una enorme mesa de cristal con numerosas fotos de ella y el que parecía su pareja. Bella se sentó en unos de los sillones que se encontraban enfrente de ella e intentó relajarse lo máximo posible. Con los hombres sabía tratar mil veces más que con las mujeres.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? – Preguntó la señorita Weber mirándola fijamente.

- Claro, lo que quiera – Dijo sin miedo. Quería caerle bien a la mujer pero no sabía cómo empezar.

- ¿De verdad sabes algo de ordenadores? Es que no te imaginaba así – Dijo reposando la espalda en su sillón y mirándola con algo de curiosidad.

- Señorita Weber tengo aquí… - Bella ignoró la pregunta y la señorita Weber la interrumpió antes de que pudiera seguir.

- Ángela, llámame Ángela por favor – Dijo interrumpiéndola.

- Ángela, entendido. Tengo aquí mis calificaciones – Bella sacó la carpeta con todas sus notas y recomendaciones del instituto para que Ángela les echase un vistazo – Sé que no tengo experiencia laboral en temas administrativos o de secretariado, pero he vivido toda mi vida frente a un ordenador y sinceramente hay pocas cosas que no sepa hacer con él.

- Interesante… ¿sabes de qué va el puesto vacante que estás solicitando? – Dijo mirando al milímetro cada nota y cada escrito. Al principio había creído que la chica era de producción o alguna modelo de las de publicidad, pero ahora viendo el potencial que se escondía en la chica ignoró completamente su físico para centrarse en su cerebro. Bella no tenía experiencia laboral pero al parecer cumplía con todos los requisitos para el puesto e inclusive muchos más.

- Sí, trataría de la seguridad informática de la base de datos principal. Vamos, lo que viene siendo cortar cualquier contacto no permitido que provenga del exterior.

- Exacto. Veo que estás estudiando ingeniería informática y que de momento vas de maravilla. ¿Crees que tendrás problemas si te damos el trabajo?

- No, el trabajo no sería un problema.

- Bien. Debes saber una serie de condiciones antes de aceptar el puesto – Bella miraba con seriedad a Ángela y asentía con cada cosa, pero por dentro estaba eufórica porque ya casi había conseguido el puesto – Lo primero es que tu trabajo puede que se centre principalmente de noche, porque los peores ataques de hackers y demás escoria suceden sobre altas horas de la noche. Lo segundo es que todo, absolutamente todo lo que oigas, veas o recibas es confidencial, pero bueno eso viene todo especificado en el contrato. En un principio firmarás por seis meses y dependiendo de tu eficiencia se te ampliará por más tiempo. Comenzaras a trabajar en el sótano donde se encuentra nuestro equipo de defensa. Sé que suena un poco peliculero y eso, pero el mandamás así lo quiso. ¿Alguna pregunta?

- Sé que va a sonar ridículo, pero es la primera vez que voy a trabajar. ¿Tengo que vestir de alguna forma en concreto?

- Vaya, la verdad es que esperaba que me preguntases por el sueldo no por la ropa, pero bueno.

- Perdón, no quería parecer superficial ni nada por el estilo, pero a lo mejor existía algún tipo de vestimenta que debería llevar… Soy entupida, lo siento – Bella se sintió momentáneamente humillada, pero necesitaba saber esa información por si tenía que dejar a un lado su elegancia y su erotismo y pasar desapercibida lo mejor posible.

- No, no, tranquila, yo mi primer día de trabajo me maquillé tanto que por poco no mato a la chica que me entrevistó por quedarse sin aire de tanto reírse. Bueno, con respecto a tu pregunta, puedes vestir como quieras dado que nadie va a valorar tu vestimenta sino lo que seas capaz de hacer con uno o dos ordenadores la vez. Una vez aclarado esto hablemos de tu sueldo. Cobrarás al mes 5219.45 $ con impuestos y demás incluido, ¿te parece bien? – Bella abrió los ojos como platos quedándose al mismo tiempo boquiabierta – Me tomaré tu expresión como un está de puta madre. Sigamos. Tendrás un ordenador de la empresa para que trabajes con él y para tus cosas. Te aconsejo que lo uses para el trabajo porque si haces algo ilegal con él lo sabremos. Qué más… - Ángela se levantó y se sentó en el borde de la mesa justamente a su lado - ¿Tienes carnet de conducir?

- Sí, pero no tengo coche.

- Perfecto, te asignaremos uno de la empresa. Lo tendrás que tratar como si fuera oro porque si le pasa algo será descontado de tu sueldo.

- Entendido. No destrozar coches ni hacer cosas ilegales – Dijo Bella a modo de nota mental. Ángela volvió a su asiento y pulsó el botón del intercomunicador.

- Jessica tráeme el contrato para la nueva, uno de los ordenadores y las llaves de uno de los Peugeot de la empresa.

- Enseguida señorita Weber – Dijo una voz de pito a través del altavoz. A los dos minutos entró en el despacho una chica vestida impecablemente con un traje de dos piezas y con una expresión seria en la cara. Miró a Bella por encima del hombro como si su simple presencia la desagradase. Dejó todo sobre la mesa del despacho y sin pronunciar ni una palabra se dio la vuelta y se marchó.

- Ignórala, la pobre es idiota – Dijo Ángela echándole un vistazo al contrato – Bueno, esto está todo en orden, léelo y dime si tienes alguna duda – Bella lo miró detenidamente y se fijó sobretodo en la parte de confidencialidad donde quedaba claramente explicado que no podría revelar ningún tipo de información que perteneciese a la empresa ni nada que pudiera ser perjudicial para ésta. Buscó los apartado donde tenía que firmar y una vez todo estuvo completo se lo devolvió a la que creía que sería su jefa a partir de ahora – Magnifico. Toma, esta es la llave de un Peugeot 307 negro que se encuentran en el parking de la empresa. Tendrás tu propia plaza de aparcamiento así que no tendrás de qué preocuparte. Y aquí tienes tu Mac portátil que también te lo proporciona la empresa. Tu teléfono va a quedar registrado para que contactemos contigo por si hay alguna consulta o se te necesita en la central. ¿Alguna pregunta?

- No, la verdad es que todo me ha quedado muy claro.

- Pues alegra esa cara mujer ¡qué has conseguido el trabajo! – Ángela se puso en pie y Bella la imitó instantáneamente – Empiezas mañana a las 8 de la tarde. Vendrás a mi despacho y yo te guiaré hasta el sótano y conocerás a tu jefe ¿de acuerdo? – Dijo estrechándole la mano.

- De acuerdo – Dijo Bella con ilusión aunque se sintió contrariada al saber que ella no sería su jefa - ¿Tú no serás mi jefa? – Preguntó para asegurarse.

- No, yo soy de recursos humanos. Ya verás que el señor Whitlock es un buen tío y está bastante bueno a decir verdad – Bella estaba alucinando por la actitud despreocupada y confiada que había tenido Ángela con ella durante toda la reunión – Bueno vamos a ver tu coche nuevo.

Ángela llevó a Bella a los aparcamientos y le enseñó su nuevo y flamante coche. Quedó paralizada al saber que seria suyo. Ángela se despidió recordándole que fuese puntual y después Bella se sentó en su coche.

- Me ha tocado la lotería y no me había enterado – Dijo acariciando el volante. Lo puso en marchar y pegó un gritito de emoción. Su vida estaba completa y se sentía feliz. No habría nada que pudiera acabar con ella.

Puso la radio más alta de lo normal y bailó dentro del coche a la vez que cantaba a toda voz I wanna go de Britney Spears.

"...Shame on me.

To need release.

Un-un-uncontrollably.

I-I-I wanna go-o-o all the way-ay-ay taking out my freak tonight.

I-I-I wanna show-ow-ow all the dir-ir-irt I got running through my mind..."

En ese momento Jacob Black pasaba por allí en busca de su impresionante BMV y la vio reír dentro del coche. Se acercó sin que ella se diese cuenta y dio un par de golpecitos en la ventanilla. Bella se quedó paralizada al verlo sonreírle descaradamente. Se sintió avergonzada por el espectáculo que había dado y bajó el volumen de la música al mismo tiempo que lo hacía la ventanilla.

- Veo que ha conseguido el puesto señorita Swan. Eso o está robando un coche de mi empresa.

- Sí, conseguí el puesto señor Black. Siento que haya tenido que ver esto, yo soy una profesional pero estaba muy contenta porque he conseguido el trabajo por mí misma - ¿Por qué me estoy excusando ante él? Pensó Bella al ver como Jacob le sonreía más abiertamente.

- Me alegro Isabella.

- Bella, prefiero que me llamen Bella.

- Está bien Bella, nos vemos mañana – Le guiñó un ojo y se marchó hacia su coche. Bella le hizo un reconocimiento completo y llegó a la conclusión de que se lo tendría que tirar, aunque ahora que trabajaba en su empresa no creía que fuese lo más acertado.

Observó su nuevo coche con admiración y en menos que canta un gallo ya estaba toqueteando todos los botones y averiguando absolutamente cualquier secreto que tuviese el coche. Porque Isabella Swan era así. Podía ser una adicta al sexo, pero también lo era a la tecnología. Desde pequeña supo que en un futuro se vería rodeada de maquinas de ultima generación y ahora parecía que conseguiría cumplir con esa visión. Una vez encontró el manos libres lo conectó a su Iphone y llamo a su amiga Alice. La excitación de haber conseguido un nuevo trabajo y conocer a su nuevo jefe la había alterado más de lo normal y necesitaba desesperadamente salir a alguna parte. Apenas eran las 8 de la tarde y ni loca pensaba quedarse en su casa sola y amargada.

- ¡Hola! – Contestó Alice al tercer replique.

- ¿Dónde estás hermosa? – Preguntó Bella con voz seductora mientras maniobraba para salir del aparcamiento.

- En casa amor mío, ¿no te bastó con la fiesta de ayer? – Alice había reconocido en el tono de Bella lo qué quería.

- Como me conoces pequeña diablesa – Dijo Bella incorporándose a la carretera.

- ¿Dónde estás tú?

- En mi nuevo coche – Bella paró en un semáforo y observó que a su derecha había un hombre realmente guapo. Sacó el pintalabios rojo pasión y mirándose en el retrovisor se pintó los labios sensualmente, sabiendo que aquel hombre la estaba observando.

- ¡¿Qué? ¡¿Te has comprado un coche? – El grito de Alice se expandió por todo el coche. Bella apretó sus labios para extender bien el labial y mandándole un beso al hombre que estaba embobado con ella salió a toda velocidad una vez el semáforo estuvo en verde.

- Nooop – Bella sonrió pícaramente al saber que ya faltaba poco para llegar a casa de su amiga.

- Déjame pensar… ¿Te ha tocado algún sorteo?

- Mejor aún – Dijo mientras aparcaba ante el portal del edificio de Alice.

- Me rindo – Dijo medio mosqueada. Bella desconectó el teléfono del manos libres y se bajó del coche. Echó el seguro y se quedó apoyada en la puerta observando la ventana del segundo piso de Alice.

- Asómate mi querida Rapuncel y me veras junto a mi hermoso corcel – Le dijo Bella de manera teatral. Al segundo Alice subió el cristal de la ventana y sacó medio cuerpo por la ventana - ¡Me han dado el trabajo! – Gritó Bella desde abajo colgando la llamada.

- ¡¿En serio? – Gritó Alice.

- ¡Yeah! – Dijo Bella a la vez que hacia su danza de la victoria. Automáticamente Alice la imitó desde la ventana sin importarles quién las viese.

La danza de la victoria, o así lo llamaba Alice a ese pequeño baile, surgió al poco tiempo de que Bella y Alice se conociesen. Estaban en su penúltimo año de instituto y Bella se había jugado con Alice que ella sería la primera en perder la virginidad. Alice no dudó ni un segundo de que Bella fuese a ganar dado que el apetito sexual de ésta era mucho mayor que el suyo. Así que cuando una noche Bella se plató en su casa, comenzó a hacer ese bailecito mientras decía: ¿Quién es la ama? ¡Yo soy la ama! porque había logrado tirarse a Edward, el profesor de practicas de informática que estaba endemoniadamente bueno, y entonces Alice lo bautizó con ese nombre. Por eso cada vez que Bella conseguía algo que se proponía, cosa que pasaba muy a menudo, después hacían ese bailecito tan ridículo pero que para ellas significaba el triunfo y el poder de conseguir lo que quisiesen.

Bella subió corriendo lo más rápido que pudo, aunque no fue mucho porque sus tacones no ayudaban, y Alice la abrazó en cuanto la vio por el descansillo de su planta.

- ¿Quién es la ama? – Preguntó Alice.

- ¡Yo soy la ama! – Ambas se rieron a carcajadas y entraron en el apartamento de Alice.

Bella estuvo contándole como le fue la entrevista mientras Alice se arreglaba para salir. Irían a comer a un buen restaurante y después a tomar una copa a algún Pub de moda.

- Entonces ¿qué vas hacer con ese tal Jacob del que me has hablado? – Dijo Alice mientras se ponía unos preciosos aros y se retocaba el maquillaje.

- No lo sé Alice, es mi jefe, no creo que sea muy ético de mi parte tirármelo en la primera semana de trabajo.

- Yo no he dicho nada de eso, pero ya veo que tú si has pensado en ello – Alice sonrió al saber que había descubierto los planes de su amiga hacia su jefe. Se sentó en su cama junto a Bella y se abrochó las sandalias Gucci de tacón a juego con un precioso Valentino que recién estrenaba.

- Llevas razón, será mejor que solo me delimite a mi trabajo y que busqué fuera de él algún hombre que satisfaga mis necesidades – Alice la miró sin saber bien a lo que se refería – Tú ya me entiendes.

- ¿Me estás diciendo que quieres una relación? ¿Tú? ¿Isabella Swan, la chica de solo sexo?

- Hacerlo con muchos está bien, es divertido y se aprenden muchas cosas, pero no sé, me gustaría encontrar uno que me satisfaga en todos los sentidos y pueda hacer con él lo que quiera.

- O sea, que quieres una relación para follar de todas las maneras posibles ¿no?

- Exacto.

- ¿Y dónde queda el amor?

- ¿Amor? ¿Quién han hablado de amor? Yo solo quiero sexo, soy joven para pensar en el amor – Aparte que dudo mucho que pueda enamorarme. Pensó Bella al ver el horror en la cara de su amiga.

- Bella no has vuelto a tener una relación desde los 16 años. Cuando Edward… - Antes de que Alice pudiese continuar con esa frase Bella se levantó bruscamente y la interrumpió.

- No sigas por ese camino. Lo que tuve con Edward no fue una relación, no fue nada.

- Ya pero tú lo amabas…

- ¡Alice Brandon! Jamás – Se agachó para estar a la altura de su amiga y la miró con odio – Jamás de los jamases he amado a nadie y mucho menos a ese niñato, porque eso es lo que era un niñato. Te voy a pedir por favor que no me lo vuelvas a nombrar porque no puedo soportar oír su nombre.

- Sé que te hizo daño Bella, pero han pasado cuatro años de eso…

- ¿No vamos? – Dijo incorporándose. No quería hablar de él y de lo que pasó mucho tiempo atrás.

Es cierto que Isabella Swan casi amo a ese chaval que apenas le sacaba 4 años más, pero lo que ahora era una verdad absoluta es que lo odiaba con toda su alma. Él en cierto modo jugó con ella haciéndole creer que lo controlaba, que la amaba y ella era ingenua, apenas sabía nada del mundo. Edward la inició en esa obsesión que ahora controlaba su vida personal. Él la pervirtió con sus ideas y sus fantasías y ella aprendió como una buena alumna, creyendo que al final conseguiría el poder que ese hombre ejercía sobre ella, pero nada de eso ocurrió, él se marchó sin decir adiós, sin terminar lo que empezaron y ella se juró a si misma no volver hacer lo mismo, no volver a dejarse manejar por ningún hombre en lo que al sexo y los sentimientos se referían.


Esto es solo el principio chicas, solo el principio...