Primero que nada agradezco que hayan comentado. Sinceramente no lo esperé, no creí que el 'BoruIno' pudiera tener fans. Espero de todo corazón no decepcionarlos debido a que no soy muy buena desarrollando historias y pues, posiblemente me quede con la mente en blanco o termine desarrollando un final que no sea de su agrado.

Otra cosa. Un comentario 'predijo' lo que iba a poner más tarde, así es, dueña del comentario... ¡Te me adelantaste! jajaja pero bueno. Dejando la palabrería de lado, COMENCEMOS.

.

— ¿Boruto? ¿hijo, estás bien? — tocó la puerta.

— Sí. — contestó cortante acostado en su cama.

— ¿Por qué ese extraño comportamiento? — intentó abrir por décima vez, y por décima vez comprobó que la puerta seguía con seguro.

— . . . No lo sé. . . — respondió en un suspiro.

— ¿Boruto-kun? — Oh no por favor — ¿estás enojado? ¿hice algo para que reaccionaras así?

— N-No... Yo, bueno... — qué idiota se había visto ante su comportamiento. Ni siquiera él sabe lo que pasó.

— Sé que sientes que no me conoces, ¡Y lo entiendo, la última vez que te ví tenías 4 años...! Por cierto... ¡Eras tan adorable de pequeño, kyaa! — rió y el frunció el ceño mientras sus mejillas ardían.

¿Era normal sentirse bien si escuchaba eso de ella? ¡Ni siquiera soportaba a su madre decirlo!

— ¿Papá? — preguntó curioso.

— Oh, tu tonto padre ya se fue. Se rindió con tu puerta, intentó quitar el seguro con unas tijeras... pobres tijeras, quedaron como un tenedor... Dijo que después vendría para hablar.

— Tía Ino, usted... ¿cuántos años tiene? — se sentó en la cama con curiosidad ante su respuesta.

— Oh bueno. Primero, no me digas 'usted', que no estoy vieja... — la escuchó bufar, rió — segundo, ¡qué linda risa tienes! deberías reir más en vez de estar tan amargado — ahora el bufó y ella rió — y tercero, tengo 20 años, pero parezco de 16 ¿verdad? — ambos rieron.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

— Entonces Boruto, ¿no te agrado? — preguntó de pronto.

— ¡N-No! Tú me caes bien, digo, eres mi tía y... s-si me agradas — se sonrojó.

— ¿Puedo pasar?

— Sí... — se levantó para abrir la puerta, pero ella la abrió — ¿eh?

— A diferencia de tu padre, yo sí sé usar unas tijeras — le guiñó el ojo

— ¡Me alegra agradarte Boruto-kun! Tal vez no te guste mucho la idea, pero quisiera ser tú amiga — y sonrió, ¿quién demonios diría que no si ella sonríe?

— No me molesta, creo que... creo que me gusta la i- Lo brazos de Ino rodeandolo como los pecho de la rubia en su cara lograron interrumpirlo.

— ¡Estoy tan feliz! — rió. Él solo trataba de no pensar en algo pervertido con esos enormes pechos en su cara — ¡Bajemos! Traje obsequios para ti y Hima-chan — ella volteó la mirada algo sonrojada — No soy buena escogiendo regalos, así que espero que te gusten los postres — ¿Qué si no?

¿Qué habra hecho su tía? ¿algún pastel? ¿cupcakes? No puedo evitar que en su mente se formara una Ino con mandil.

— Ten — reaccionó. Ni siquiera se dió cuenta de como Ino lo jaló hasta abajo.

— Gracias — sonrió y tomó la caja mediana.

— Ábrelo — casi ordenó.

— Wow — dentro de la caja había un corazón de chocolate del tamaño de su mano, miró a Ino sorprendido, pero la mirada de la rubia le gritaba 'pruébalo' y lo hizo. La nutella, la cajeta y los pedazos de nuez comenzaron a notarse por el hueco de la mordida — ¿Acaso me quieres hacer engordar para morir por obesidad?

— Aún gordo te verías lindo — apretó sus cachetes, él gruñó — ¿Te gusta? Lo hice yo misma, se me da bien hacer postres, pero siempre termino embarrada de chocolate...

¿Le dirían pervertido si confiesa que se imaginó a su tía cubierta de chocolate y sin ropa? Definitivamente. Estúpida pubertad, estúpidas hormonas.

— ¿Ya estás bien, Boruto? — preguntó su madre. casi gritó. La encaró y agachó la cabeza.

— Sí, lamento mi comportamiento. Sé que fue extraño, lo fue incluso para mi... — movió la cabeza por todas las direcciones — ¿dónde está papá? — a él también le debía una disculpa, después de todo, no se comportó como prometió.

— Oh, él y tu abuelo fueron a beber... — comentó un poco disgustada — Solo lo permitiré por su visita, pero ya no más sake para Naruto. Está tomando un mal vicio.

— Tranquila Hinata, ahora que me quedaré aquí no te preocuparás más por eso — puso su mano en su hombro.

— ¿Qué? — inquirió incrédulo.

— ¿No te lo dijo tú padre? — suspiró cansada — Ino se quedará en la casa... Y debido al gran espacio que hay en tu cuarto lo compartirás con ella.

— ¡¿QUÉ?! — ¡¡¿Ella?!! ¡¡¿EN SU CUARTO?!!

— ¿No es grandioso Boruto-kun? ¡Podemos hacer pijamadas y dormir juntos! — Chilló alegre.

Dormir juntos... Dormir juntos... DORMIR JUNTOS... ¡DORMIR JUNTOS!

¿Era una puta broma?

« Tía Ino, por favor, que tengas un pijama normal de niña y no de una adolescente » rogó internamente.