Acercarnos de nuevo
Capítulo 2: Primavera
El calor me incomodaba demasiado cuando abrí los ojos aquella mañana. La lluvia se había detenido en algún punto de la noche, sin embargo el sol no brillaba fuerte en el cielo. No había dormido más de tres horas, ya que aún con la seguridad que sentía al estar Peeta a mi lado, no quise volver a sumergirme en un sueño demasiado profundo que pudiera causarme más pesadillas que prometían nuevos horrores.
"Me llamo Katniss Everdeen. Tengo casi 18 años. El Distrito 12 es mi hogar. Sobreviví a dos Juegos del Hambre y a una revolución. Mi hermana está muerta. Yo debería estar muerta. Ayer tuve un ataque de pánico. Estoy a salvo ahora" .- me repetí en la cabeza, como un mantra. Hacía tiempo que no necesitaba de esas afirmaciones hasta ayer. Di un largo suspiro y me concentré en mirar a la persona en cuyo pecho había apoyado la cabeza toda la noche y cuya respiración me había adormecido en algún punto de la madrugada. Sus rizos rubios caían de manera desordenada en su rostro. La cicatriz que tenía encima de su ceja derecha era menos notoria que la primera vez que lo había visto después de que sucedieran aquellas explosiones que la causaron. Enfoqué mi mirada en sus pestañas, más largas de lo que recordaba y tan rubias que casi se perdían. Eran el marco perfecto para sus ojos azules. Siempre me tomaba por sorpresa descubrirme pensando en Peeta de esta manera. No estaba acostumbrada a ello. Una vez que las pesadillas se esfumaban y pasaba el terror del momento, este tipo de cercanía con él me hacía sentir incómoda y culpable.
El calor que irradiaba su cuerpo era demasiado así que a pesar de haber estado tan cómoda, decidí cambiarme de posición, moviéndome hasta estar mirando hacia el techo y pateando el cobertor para librarme de él y poder sentir un poco de frescura en las piernas.
Él sintió mi cambio de posición, que dejaba casi libre su brazo. Suspiró y lentamente abrió los ojos, hasta enfocarse en mí, que ahora yacía a una distancia considerable de él.
- Hey.- me dijo, bostezando segundos después.
-Hey.- le respondí, con una semi-sonrisa incómoda.
-¿ Qué hora es?
- No lo sé…temprano. Aún no llega Sae la Grasienta a preparar el desayuno.
Cuando hizo un esfuerzo para estirarse, su rostro se torció durante unos segundos en una mueca de dolor, exhaló de una manera bastante audible.
-¿ Estás bien?.- le pregunté, observando el bulto que sus extremidades formaban debajo de las sábanas.
- Si, sólo es mi pierna que me molesta un poco…- dijo cuando movió el cobertor que lo cubría para masajear parte de su muslo, donde debería comenzar la rodilla que había perdido.
- ¿Siempre te molesta?
- Sólo cuando la tengo puesta demasiado tiempo
- ¿Por qué no te la quitaste para dormir?- le pregunté, aún mirando los movimientos circulares que hacía con su pulgar, en el espacio que debía unir su rodilla con su muslo. No podía ver exactamente que parte era, ya que la tela de su pantalón le cubría.
- No acostumbro…quitarla frente a los demás.- susurró, con un tono que enunciaba vergüenza. No supe que decirle.
- Creo que será mejor que me vaya a casa.- dijo levantándose de repente, acomodándose el cabello hacia atrás con los dedos.- Debería estar horneando ahora…Haymitch se preguntará donde está su pan de las mañanas.
-¿ Tu alimentas a Haymitch?.-quise soltar una sonrisita y al verlo,su semblante pareció relajarse.
- Pues claro, ¿sino quién?...¿O esperabas que el se encargara de comer solito?- soltó una risa.
Cuando se volteó hacia la puerta volví a hablar.
-¿ Vendrás a desayunar al rato?
- Claro, si tu quieres. Pero mientras tanto creo que debería volver a casa. No querrás que Sea la Grasienta me vea salir de tu casa cuando llegue.- la sonrisa nunca abandonó su rostro.
Sentir el calor inundar mis mejillas. Una sensación que no recordaba. Como adivinando mis pensamientos, volvió a dirigirse hacia mí.
- Katniss, no tienes que decir nada. Lo entiendo. ¿Pero podrías hacerme un favor?
- Si.- respondí automáticamente, sin pensar ni dejar de mirar las sábanas.
- Llama al Dr. Aurelius.- me regaló una última sonrisa y salió de la habitación. Unos instantes después escuché el ruido de la puerta principal al cerrarse.
Tenía sentimientos muy contradictorios respecto a Peeta y a mí durmiendo juntos en la misma cama de nuevo. Una parte de mi detestaba la idea de necesitar a alguien, mas específicamente a él, para poder pasar una noche tan soportable como nos era posible a ambos., la otra parte se sentía agradecida de que su presencia en particular sirviera para aliviar mi miedo, sino erradicarlos y si funcionaba a la inversa con él, que mejor. Si mi presencia de alguna forma servía para reconfortarlo, el pasar la noche juntos no podía ser tan malo después de todo. Ni con todo el tiempo que estuvimos separados ni su secuestro parecía haber alterado esa parte en la que ambos buscábamos confort en el otro por las noches. Los viejos hábitos se arraigan, creo.
La mañana transcurrió como de costumbre. Sae la Grasienta llegó a hacer de las suyas en mi cocina como de costumbre y cuando poco después de que hubo terminado, Peeta se nos unió, como si nada hubiera pasado la noche anterior.
La mujer me sugirió ir a cazar algo, aunque más que por querer carne fresca, creo que lo que quería era que me levantara del sofá (ya que le impedía sacudir y moverlo para limpiar debajo), donde me instalaba cada mañana después del desayuno y donde podía pasar horas sin apenas moverme. A veces veía a Buttercup jugar con su cola y lo molestaba para pasar el rato.
Decidí hacerle caso, y salí disparada hacia el bosque después de tomar la chaqueta de caza de mi padre y mi arco y flechas, que guardaba siempre en el armario más cercano a la puerta principal de la caza. Las botas ya las tenía puestas, las usaba cada mañana.
Me adentré en el bosque, ese día sintiéndome algo diferente, con más energía. Me permití caminar más lejos de lo que había caminado desde que regresé y el olor a pino y tierra que viajaba con la brisa fresca de los árboles rodeó mi cuerpo como si me diera la bienvenida, como un ser querido celebra tu regreso a casa después de no verte por mucho tiempo. Caminé durante mucho tiempo, no sé bien cuanto, disfrutando de lo que estaba a mi alrededor sin pensar demasiado de que quería hacer o en que cazaría, pero cuando le dediqué un momento a pensarlo y me decidí, dejé que mis pies se dirigieran por inercia hacia el lugar que más había evitado desde que llegué.
Cuando estuvo frente a mis ojos, sentí una combinación de nostalgia y alivio al verlo. No había cambiado en nada, seguía siendo el mismo lago que nos pertenecía a mi padre y a mí. Entré a la pequeña cabaña y encontré unas redes que había dejado ahí desde la última vez que estuve. Me desnudé hasta quedar solo en ropa interior y me metí al agua helada, a la que mi cuerpo no tardó en acostumbrarse. Puse las redes con la esperanza de pescar algo. Me dediqué a flotar un rato, cerrando los ojos al sentirme relajada. Pensé en mi padre y mi mente viajó hacia un tema que sabía que me golpearía cuando regresara a este lugar y que quizás por eso había estado evitándolo. Pero no había escape ahora. A veces, cuando venía a este lugar y estaba en una situación en la que tenía que decidir, venir me ayudaba a ponerme en perspectiva cuando me preguntaba que hubiera hecho mi padre. Y ahora más bien me preguntaba que pensaría mi padre si viera la decisión que he tomado de arrastrarme por la vida hasta que esta se extinguiera y no hacer nada para evitarlo.
Sabía con certeza que estaría decepcionado de mí. Y no era la único, Prim también lo estaría. Sé que ella no hubiera soportado verme en este estado tan deplorable, habiendo renunciado a las muchas probabilidades que el solo hecho de estar vivo ofrecía, sin intentar buscarle un sentido. Lo mínimo que podía hacer ahora que estaba atrapada aquí era buscar soluciones, intentar mejorar y poner de nuevo juntas las piezas de Katniss que quedaban. Sabía que nunca volvería a ser igual que antes, pero sabía que mi padre y Prim hubieran desaprobado que me rindiera sin hacer la lucha por salir adelante. Así que me prometí, por ellos, que al menos lo intentaría.
Después de divagar durante un rato, salí del agua para secarme con el aire mientras recolectaba bayas en arbustos cercanos. No mucho tiempo después unas aves acuáticas se posaron a unos metros de mí, buscando alimento entre unos juncos que crecían a orilla del lago, así que silenciosamente tomé mi arco y apunté a uno de ellos. El resto voló cuando mi flecha atravesó a aquella ave, matándola al instante.
Un rato después me encontraba recolectando un par de peces de las redes y empacando el ave. El ave sería suficiente para la cena, así que pensé que podría darle el pescado a Sae la Grasienta para que cocinara para su familia. Durante mi camino de vuelta, pensé en como podría decirle a la mujer que de ahora en adelante ya no iba a requerir su ayuda en casa. Decidí que este sería mi primer paso: intentar cuidar de mi misma sola, comenzando por preparar mis propios alimentos y asegurarme de comer al menos dos veces al día. Pero lo hice, de la manera más agradecida que pude. Después de todo, ella era la única persona que no me había abandonado cuando más la necesitaba. Su nieta, la que vive en su propio mundo, estaba ahí sentada en un rincón jugando con el estambre azul que le había regalado. Me acerqué a decirle que podría ir cuando quisiera a visitarme e hice una nota mental de pedir algo para ella en el próximo cargamento del capitolio. La mujer me despidió con una sonrisa satisfecha y al despedirme me dio las gracias por el pescado. Yo le respondí con un abrazo.
Cuando llegué a casa decidí que el primer paso hacia mi intento de volver a la vida debería ser llamar al doctor Aurelius.
No es que me sintiera animada o feliz. Solo decidida. La suerte no había estado de mi parte nunca, pero eso no me había detenido nunca para desafiar a las probabilidades. Y si las probabilidades de que pudiera llevar una vida normal alguna vez no estaban de mi parte, aún podría intentarlo. Ya había pasado meses intentando posponer esto y era tonto de mi parte creer que podría posponerlo por siempre debido al miedo que me daba lo que el futuro pudiera depararme. Aunque todo se viera perdido, no era parte de mi naturaleza irme sin hacer la lucha. Era una promesa hecha a mi padre y a Prim, y a todos aquellos que murieron luchando, que intentaría llevar la mejor vida posible.
Hacer esa llamada era difícil. Así que cuando estuve dentro del estudio, pasé una hora frente al teléfono pensando en que le diría. No me gustaba excusarme y si hay algo que ni dos Juegos ni una revolución me había quitado era el orgullo.
Para llamar al doctor solo tenía que marcar un número, ya que alguien (ignoraba quien específicamente) había lo había programado entre los números predeterminados, entre los cuales se encontraban los números de Haymitch, mi madre, Effie y Peeta.
Sin pensar más en ello, marqué el número y esperé cuando escuché el tono de llamada.
Me acomodé ansiosa en la silla.
Una voz masculina contestó.
Habla Katniss…Katniss Everdeen.- mi voz había sonado inesperadamente ronca.
¡Vaya, Katniss! Estaba a punto de hablarle a tu mentor Haymich para que te trahera a rastras hacia el Capitolio.- el hombre se rio. No recordaba que el doctor tuviera un tan grande sentido de humor . En realidad no recordaba haberlo visto despierto durante más de 5 minutos, lo cual no me molestaba en ese entonces.
Buena suerte al intentar contactarlo. Dudo que deje su botella a un lado para contestar el teléfono, y eso es ya ser demasiado optimista, pensar que a estas horas pueda estar despierto y de humor para atender una llamada.- respondi, sagaz.
No contestar al teléfono parece ser una costumbre en la Aldea de los vencedores. – excepto por Peeta, pensé.- ¿ Qué los tiene tan ocupados a ustedes dos ahora que todo ha acabado?
Casi lo mismo de antes. Evadiendo la vida o intentando embrutecernos con alguna sustancia para olvidarlo todo. Lo de siempre.- me sorprendí sonriendo para mí misma.
Bueno, ese no parece ser el caso hoy, de no ser así, no me hubieras llamado. Dime Katniss, ¿qué puedo hacer por ti?
Hoy fui al bosque. – hice una pausa, pensando en el poco sentido que esto tendrá para él.- No me había adentrado tanto desde que regresé.
Me habían informado que no hacías nada más que sentarte en el sofá y comer un poco de lo que la buena mujer encargada de ti preparaba. No hablabas con nadie ¿ Estoy en lo cierto?.
Si .- admití con culpabilidad.- Es decir, así fue durante los primeros…creo que fueron un par de meses. Un día ella me pidió algo de carne y salí a cazar, como por inercia, pero no me adentré demasiado en el bosque.
¿ Y qué te motivó a hacerlo diferente hoy?
No lo sé…- pero lo sabía. No quería admitirlo, pero ver a Peeta mejor me había dado un poco de esperanza.
Bueno, no tienes que contármelo todo hoy. Pero ya que es la primera vez que me buscas voluntariamente, me gustaría saber lo que sea que desees compartir conmigo. Recuerda que estoy para ayudarte, no para juzgarte. Entiendo que la recuperación de eventos tan traumáticos que presenciaste o de los que fuiste parte es algo que toma tiempo. Pongo mi conocimiento y consejo a tu disposición, para utilizarlo como una herramienta para tu recuperación.
Bueno… El bosque en general me recuerda a Gale, que era mi mejor amigo y la persona en la que más confiaba y de quien no puedo separar ahora de la muerte de Prim.
¿ Cómo está relacionado él con ese hecho?.- le respondí, negándome a darle más detalles, pero pude sentir como se me formaba un nudo en la garganta y mi voz se cortaba
Aparte de ese hecho, es poco probable que el haya estado involucrado en eso, ya que según entiendo, él estaba en batalla contigo cuando eso sucedió. Pero entiendo tu enojo hacia él. Nos adentraremos en eso otro día. No creo que estés lista para hablar de ello ahora. Enfoquémonos ahora en el motivo inmediato de tu llamada.
…no había querido ir al lago, que es un lugar que mi padre me enseño cuando era pequeña.- intenté componer mi voz, pero ahora las lágrimas que brotaban de mis ojos y las ganas de hipar al intentar contenerlas me lo impedían. Respiré unas cuantas veces hasta tranquilizarme un poco. Todo ese tiempo,el doctor esperó silencioso, paciente, desde el otro lado del auricular. Continué después de unos minutos.- No quería enfrentarme a los recuerdos…pensé en mi padre y en Prim y en cómo se sentirían ellos al verme así, sentada dejando que la vida pasara sin hacer nada…
Entiendo. ¿A qué conclusión has llegado?
A que estarían muy decepcionados de mi si me vieran ahora… ni yo misma me reconozco, ya nada me hace feliz…
Katniss, estas cosas no suceden de la noche a la mañana, ya te dije, y estoy seguro de que tu lo sabes. Pero estás mejorando. Poco a poco. La última vez que hiciste una aparición pública estuviste a punto de suicidarte. Ahora aunque has estado sola y has tenido oportunidades, no lo has vuelto a intentar, ¿o hay algo que más que debas agregar?
No… por eso… prometí…hacer el intento…de mejorar…- seguía sin poder contener el llanto del todo.- es solo que…
¿Te sientes culpable por todos los que no están vivos ahora, especialmente tu hermana?
Si, ¿cómo lo sabe?
No es difícil adivinarlo, Katniss. La gente que experimenta pérdidas como la tuya suele pensar de esa manera. Pero estoy seguro de que Prim desearía que hicieras honor a tu promesa e intentaras vivir tu vida de la mejor manera. No estás sola en esto.
Dígaselo a mi madre, que prefirió ayudar en un hospital en el Distrito 4 en vez de volver a casa.- dije con desdén.
Tienes todo el derecho a estar enojada con ella. Pero no le guardes rencor por siempre…cada uno lidia con las pérdidas de diferente manera, Katniss. Además, tienes vecinos, ¿no?
Como ya le he dicho, Haymitch está muy ocupado todo el tiempo, las visitas no son lo suyo…- intento desviarlo, pero sé que es una tontería. Sé perfectamente que se refiere a Peeta. Se ríe.
Sé que has estado desayunando con Peeta desde hace un tiempo. Él me lo dijo.- agregó casualmente.
Katniss, sé que esto que voy a decirte no te va agradar mucho, pero yo ví esos Juegos del Hambre. Tu no odias a Peeta, sino todo lo contrario.
Escuche, estoy harta de que otros me digan lo que creen que debo sent…- respondí irritada, pero él me interrumpió.
Déjame hablar. No estoy diciendo que tengas sentimientos románticos hacia él, solo digo que te importa. No estoy intentando decirte que te cases con él, Katniss, solo que ambos están por su cuenta ahora. Y sé que le ha trabajado mucho para dejar de sr un peligro para ti. No está mal el que se hagan compañía el uno al otro. Sé que te sientes culpable por lo que le pasó, pero tengo que decirte que todo lo que les sucedió no fue culpa ni tuya ni suya. Y necesito que entiendas eso y te lo grabes en la cabeza, ¿crees poder hacerlo?
No me atreví a responderle. Tiene razón. Ni el ni yo pedimos esto. No pedimos ir a los Juegos,al menos no él. Nos vimos obligados a hacerlo. Todas las circunstancias anteriores nos habían llevado a ello, a una guerra que acabó con todo lo que más queríamos: nuestras familias y amigos.
Después de un momento de silenció, el doctor suspiró.
Bueno, ¿ hay algo más que desees compartir hoy?
A partir de mañana voy a hacerme cargo de mi misma sola. Esa…es la decisión que tomé hoy.
Me parece excelente. Un paso a la vez, Katniss.
Hasta luego. Y gracias.
Llámame mínimo una vez a la semana. Y no dudes en hacerlo si surge alguna situación importante. Cuídate.
Y colgué.
Subí a mi habitación a cambiarme de ropa por una limpia, ya que los pantalones y las botas estaban llenos de tierra y lodo del lago y el bosque.
En mi closet había demasiada ropa, de la cual la mayoría me recordaba a Cinna. Elegí mejor unos shorts color kaki y una camiseta negra sencilla. Me metí a darme una ducha rápida, relajándome un poco y pensando que hacer con el ave que había cazado.
Me vestí y al salir me calcé un par de botas que tenía de repuesto , y que había sido uno de los pocos usos que le había dado el dinero que el haber ganado los Juegos me proveía. Eran del mismo tipo que las de mi padre, solo que más cómodas y a mi medida.
Bajé a la cocina, donde encontré al gatucho olisqueando la bolsa de caza que escondía a mi presa. Lo espanté de la mesa y me dispuse a sacar, desplumar y limpiar la carne. Llené una olla con agua y la puse al fuego. Busqué algunas especias y se las agregué poco antes de poner la carne. Lo moví por ratos.
Al final, resultó un estofado bastante decente. No era la mejor cocinera, pero dejaba comer. Pensé que un poco de pan mejoraría el sabor y decidí compartirlo con Peeta, en especial ahora que Sae la Grasienta no iba a estar cocinando para nosotros, algo de lo cual no estaba enterado. Era buena oportunidad de decirle. Además de que mi llamada al doctor Aurelius era algo que me daba un sentimiento de inmensa satisfacción. En un traste puse suficiente del estofado para ambos y me dirigí a su casa.
No soy experta en incursiones a propiedades ajenas pero algo se veía mal. Sus luces estaban apagadas y no había el olor a pan recién horneado y canela que siempre rodeaba la casa a cualquier hora del día. Toqué la puerta, pero nadie respondió. Me pregunté si habría salido. Pensé que era poco probable. ¿ Se habría dormido? Abrí su puerta, que al igual que la mía, no tenía seguro. Prendí la luz de la entrada, y llamé su nombre.
Me dirigí hacia la cocina, pensando en dejar el estofado con una nota o algo, explicándole que mañana podría unirse al desayuno como todos los días , pero me quedé pasmada admirando su cocina, tan diferente de la mía. Tenía ollas enormes, un montón de espátulas diferentes, charolas para muffins, saborizantes como vainilla, nueces, chispas de colores y colorantes. Su casa era igual a la mía en todo menos en esto. El olor de su cocina era delicioso, remitiéndome a la época en la que mi padre y yo pasábamos por la panadería y como me gustaban los olores que siempre despedía el lugar. Un ruido de algo rompiéndose en el segundo piso me sacó de mi ensueño.
Aún estaba oscuro, así que subí la escalera agarrándome del barandal, despacio. Una luz asomaba ténue debajo de la puerta de una de las habitaciones. Toqué despacito dos veces.
¿Peeta?.- abrí la puerta despacito, preparada para la escena que me esperaba dentro.
Peeta se encontraba en el suelo, apoyado en la pared , tapándose los oídos como si quisiera evitar escuchar algo que solo estaba en su cabeza, ya que a su alrededor, además de los sonidos que el mismo provocaba, no había ruido alguno además de los grillos. De su sien brotaba sangre.
¡Katniss! .- exclamó, abriendo mucho los ojos por el susto.- ¿ qué demonios haces aquí? LARGO! VETE! .- me gritó desde donde estaba
¿ Estás loco? ¡No pienso dejarte!.- me acerqué a él, dejando que la adrenalina del momento se encargara del miedo del daño que podría causarme. Al final no sabía que estaba viendo, y si era una de esas visiones de mi como una mutación creada por el Capitolio. El miedo de que pudiera resultar peligroso no se comparaba con los deseos de abrazarlo que me invadieron. Sólo una vez antes había tenido la oportunidad de hacer esto. Así que me senté a su lado, puse mis manos sobre las suyas, que apretaban sus sienes con tal fuerza como si desease que su cráneo se comprimiera por la fuerza.- No voy a hacerte daño, Peeta…No es real, no estás con ellos, estás en tu casa en el Distrito 12…no es real, no es real…No es real, estás a salvo en casa, no voy a permitir que te pase nada…todo acabó… lo que ves no es real…
No sé cuánto tiempo pasó, pudieron ser minutos, pudieron ser horas, pero se lo repetí tantas veces como fue necesario…yo mejor que nadie entendía su necesidad de reafirmación de la realidad…Yo igual había estado perdida y sabía que si el hubiera estado ahí, conmigo, el hubiera hecho hasta lo imposible para traerme de vuelta. Y su influencia, en estos días, lo había logrado. Había logrado despertar ese pequeño destello de esperanza que yo tenía enterrado en el fondo de mí, debajo de todo mi odio, mi miedo y mis pérdidas. Ya había perdido mucho. Me negaba a perderlo ante el Capitolio y sus experimentos inhumanos, no a él, no a mi diente de león en primavera. Nunca lo permitiría. Me dije que quería estar ahí para ayudarlo cada vez que tuviera un flashback y que nunca me cansaría de repetírselo con tal de asegurar que volviera a mí. Y poco a poco lo hizo, sus brazos se movieron dudosos hacia mi cintura y me apretó contra él, tiñendo mi camiseta de rojo. Sollozando. En ese momento, al verlo tan vulnerable desde que había regresado, supe que él tampoco estaba tan bien como imaginaba. Y que necesitaba de alguien. Igual que yo. Ambos nos necesitábamos. No había más sentido en negarlo. Solo nos tenemos el uno al otro.
Ya estás mejor…shhh…no era real…estoy aquí contigo…¿ quieres hablar de lo que pasó…?.- pregunté mientras acariciaba sus rizos rubios, intentando tranquilizarlo. Negó con la cabeza.- Peeta, estás sangrando, necesito ver tu cabeza…no me iré a ninún lado, sólo necesito curarte…
Al entender lo que quería decir, se separó de mí y pude ver de dónde provenía la sangre. La pared que estaba a su lado igual tenía la misma mancha. Deduje que se había estado golpeando la cabeza en ella. Lo obligué a sentarse en la cama mientras examinaba su herida. No era profunda, pero dejaría un chichón. Su mirada llorosa i avergonzada me siguió durante todo el momento en que palpé su cabeza buscando algún chichón u otra herida sangrante, y cuando fui al baño en busca de su botiquín, que, al igual que en mi casa, se encontraba en un cabinete debajo del lavamanos. Limpié la herida con alcohol, y le puse una gasa que pegué con un poco se cinta quirúrgica.
Parece ser que hoy cambiamos de lugar.- le dije, forzando una sonrisa, intentando mejorar su estado de ánimo, pero solo asintió sin expresión alguna.
Tu ropa…- dijo Peeta, señalando la mancha del hombro de mi camiseta
La tuya igual .- respondí haciendo lo mismo.- Ven, alza los brazos.
Hizo lo que le pedí y le quite la camiseta, buscando una limpia entre sus cajones. Saqué dos, una para él y otra para mí. Al verlo, me miró con expresión interrogante.
Bueno, ¿no esperabas que te dejara solo o que durmiera con una camiseta ensangrentada, verdad?.- le respondí alzando la ceja. El asintió en silencio de nuevo.
Cuando iba a meterse entre las cobijas le recordé que debía quitarse la prótesis. Le pedí que me permitiera hacerlo. Dudo un momento, pero después asintió y me permitió desprender el aparato del muñón que ahora era su pierna. Suspiré. No quería pensar en sentir culpable al respecto, más bien en como quería compensarle todo el sufrimiento. Estando yo tan rota como estaba, no tenía la respuesta a eso. Le recosté y me metí al baño a cambiarme la camiseta por la suya. Blanca y con olor a limpio. Olía a él.
Me miré al espejo y deshice mi trenza poco a poco, guardando la liga en una de las bolsas de mi short. Respiré hondo y salí para encontrarme con él.
No había lámpara en la mesita de noche. La busqué con la mirada y la encontré rota al otro lado de la habitación y supe que había ocasionado el ruido que me atrajo a la habitación.
Apagué la luz y nos quedamos a oscuras por completo. Me metí a la cama con él y me apoyé la cabeza sobre su pecho, abrazándome a él. Ya no se sentía incómodo. Se sentía…correcto. Estaba donde debía estar.
Peeta estaba somnoliento, no sé si por los golpes que se había dado o por el cansancio del episodio. Esta vez no resultó ser un riesgo para mí, así que algo más debió causarlo, pero no quiso decirme. Está bien. Como dijo el doctor Aurelius, estás cosas toman tiempo. Y aún nos quedaban muchas batallas por luchar, si queríamos seguir dándole una oportunidad a la vida.
Cuando te encontré.- le susurré- venía a decirte que lo hice. Llamar al doctor Aurelius, quiero decir.
¿En serio?.- dijo medio dormido, sonriendo por primera vez en todo el rato.
Si…de no haber sido por ti no lo habría hecho nunca…- le di un suave beso en la frente y me acerqué mi boca a su oído, y le susurré.- Gracias…
Debió hacerle cosquillas, porque dejó escapar una risita y poco después se durmió. No tardé en unirme a él.
Bien, no tardé tanto en actualizar. Ya decidí que este fic no será largo, solo será capítulos. Ya tengo escrito lo que sucederá en todos, así que ya solo falta rellenar huecos y acompletar. Voy a estar algo ocupada estos días, así que quizás tarde un poco más en actualizar (por eso de la tesis y la graduación de la Universidad).
Obviamente este fic contendrá bastante smut,lemon,porno, sexo o como le llamen. Me causa algo de problema imaginar la respuesta sexual de Katniss, siendo tan inocente y la veo como a una de esas personas a las que no les importa el sexo y le dedican poco tiempo a pensar en ello. Ustedes que opinan? Cómo lo harían ustedes?
Aunque ya tengo una idea muy clara de unos primeros e incómodos acercamientos, me gustaría leer otras opiniones así que agradecería mucho sus reviews al respecto!
Hasta la próxima.
