¡QUE EMOCIÓN! Estoy completamente ansiosa y no hallaba la hora de subir este nuevo capítulo. Sé que el anterior no era muy llamativo para comenzar la historia, pero era necesario, ya saben.. toda historia tiene un comienzo y bla bla.
Aquí esta finalmente el capítulo dos (un día antes de lo que esperaba, si!), les digo desde ya que esta bien impactante y no porque sea mi fanfic, es mas, please! no me asesinen al termino de este cap T-T
Sin mas que decir les invito a leer y disfrutar.
Capítulo II
Astrid y Eret iban dando la vuelta, cuando algo llamó la atención de la joven.
- Me pareció ver algo moviéndose…- dijo deteniéndose en seco e instintivamente llevando su mano a su hacha, la cual llevaba en la espalda. Eret a su lado, se puso en guardia también.
Con cautela comenzaron a bajar. La niebla seguía espesa y las nubes sobre sus cabezas comenzaban a cerrarse peligrosamente.
- Astrid, creo que deberíamos volver – sugirió Eret al cabo de unos minutos. Él como buen marinero y ex cazador, sabía bien como reconocer una tormenta.
El cielo se oscureció más rápido de lo que creían los jinetes. Fuertes vientos comenzaron a azotarlos haciendo que mantenerse en vuelo fuera cada vez más difícil. Los truenos y rayos no tardaron en llegar.
- Quizá sea mejor volver – concedió Astrid finalmente al no encontrar nada sospechoso luego de su última inspección – le contaré todo a Hipo y mañana… - pero no llegó a terminar la frase ya que explosiones sorpresivas los rodearon de un momento a otro.
Los dragones se asustaron y comenzaron a volar erráticamente, no dejando a sus jinetes maniobrar, al punto que chocaron y se desestabilizaron. A su alrededor las explosiones continuaban su curso. De repente Astrid sintió una red envolviéndola fuertemente.
- ¡Eret! – llamó, pero el vikingo tenía sus propios problemas. De reojo observó al joven en la misma situación que ella. Cada vez perdían más altura producto del forcejeo con esas redes. Astrid notó que no eran las metálicas típicas de los cazadores. Es más, no estaban echa para atrapar dragones, sino más bien personas. La joven trató liberarse con su hacha, pero el espacio era estrecho. Finalmente ella y su dragón cayeron a tierra golpeándose fuertemente en el proceso.
Fuertes risotadas invadieron sus nublados pensamientos. Gritos, palabras y cantos estridentes en un extraño idioma escucho a lo lejos. No le agradó. Otro fuerte estruendo escucho cerca de ella. Eret y Rompecráneos finalmente habían caído.
Las explosiones en el cielo habían cesado, pero el ambiente se notaba aún turbio. Era un olor a humo, pero uno distinto al emanado por una simple hoguera o el de un dragón, esta sensación daba un fuerte picor en los ojos y nariz y molestaba al respirar y el olor era fuerte, como a metal y hollín mezclado.
Con la visión aún difusa, Astrid notó unas extrañas figuras acercándose a ellos. La lluvia que había comenzado a caer desde hacía unos minutos atrás no ayudaba en nada. Antes de darse cuenta, ya estaban rodeado por hombres que parecían salidos del Helheim*. Máscaras pintadas de las formas más macabras existentes, con cuernos y colmillos, pelos y plumas de colores y ojos gigantescos, y todo unido a extraños atuendos de cuero y tela oscura. La vikinga se sintió sumamente confundida y desconfiada. Buscó a Tormenta con la mirada. Ella se encontraba a su lado protectoramente. Siseaba y gruñía para intimidar a los extraños que los amenazaban y su cola alzada denotaba estar lista para atacar al más mínimo intento de peligro.
Los enmascarados los rodearon, levantando sus armas. No eran solamente espadas, hachas o mazos, como los que solían usar los vikingos. Estos hombres usaban unos extraños artefactos metálicos con una especia de mango de madera, además de espadas de distintos grosores y tamaños.
- ¿Tienes alguna idea de quiénes son? – preguntó Eret en voz baja a Astrid.
Ella negó con la cabeza. En eso un hombre de mascara blanca con una siniestra e inmensa sonrisa pintada y fijos ojos negros, dio un paso hacia adelante. Todos callaron al acto.
- Perdonen nuestra rudeza – dijo con extraño y marcado acento extranjero – nuestra intención no era asustarlos – risas contenidas siguieron a esas palabras, pero callaron e cuanto el hombre continuó su discurso – mi nombre es William Craig, más conocido como Capitán Craig- vítores y aplausos se escucharon cuando el hombre se presentó – y estos hombres son mi tripulación. Por favor, no se sientan intimidados – dijo con tranquilidad mientras que a su alrededor los gritos no cesaban.
- ¿Quiénes son y qué es lo que quieren? – preguntó Astrid haciendo uso de todo su valor. Tuvo que hablar alto, casi gritar, ya que aquellos hombres no dejaban de gritar por aquel hombre que se hacía llamar Capitán Craig.
El enmascarado alzó sus manos para acallar a sus hombres. El brillo en sus ojos oscuros, le hizo saber a Astrid que el hombre sonreía.
- Algunos nos llaman traidores, otros asesinos, otros mercenarios… pero la verdad es que nosotros somos… Piratas – dijo con completa naturalidad.
Una rápida y significativa mirada cruzaron Eret y Astrid.
Historias sobre marineros rechazados de la sociedad que surcaban mares sureños eran conocidas entre los vikingos. Los infames piratas, hombres y mujeres de la peor reputación y para nada confiables que dedicaban su vida a saquear otros barcos, llegando a juntar grandes riquezas.
¿Pero qué rayos hacían ese grupo de piratas tan al Norte, en regiones tan frías?
- ¿Qué buscan aquí? Este es territorio vikingo – esta vez Eret habló. Tenía sus dos espadas en cada mano listas para lo que fuera.
- Ustedes deben ser los famosos Jinetes de Dragón – dijo Craig ignorando por completo la pregunta del vikingo – hemos oído mucho sobre sus hazañas… - arrastró cada palabra con malicia - … y hemos venido desde muy lejos para conocerlos.
- ¿Qué buscan en esta zona? – preguntó Astrid nuevamente. Ya le estaba cansando el monólogo de ese extraño hombre y aun no se le pasaba el enojo de sus palabras anteriores.
El hombre comenzó a caminar. Pasos lentos, pero firmes. Sus ojos negros se posaron directamente en los dragones. Los miraba como mercancía valiosísima, como si fueran de oro puro. Tanto Tormenta como Rompecráneo detectaron las malas intenciones del hombre. Se tensaron nerviosos.
- Son unas piezas de incalculable valor sin duda- dijo una vez hubo completado la vuelta, nuevamente ignorando la pregunta de los vikingos – Mis amigos y yo llevamos mucho tiempo esperando conocerlos.
- Los dragones no son objetos que puedan intercambiarse, ni venderse – contesto Eret. Quizás años antes hubiese aceptado una buena suma por esos especímenes, pero ahora su visión de los dragones había cambiado completamente.
- Cierto, cierto – rio Craig – ellos son… sus amigos – risas se escucharon entre los piratas, aún por sobre la fuerte tormenta que ya había reventado sobre ellos – es más, ustedes los… domesticaron, ¿no es así? – sus ojos brillaron con malicia – a nosotros nos encantaría aprender a convivir con estas… fantásticas criaturas.
Astrid maldijo por lo bajo. Enseñar a cómo entrenar un dragón a piratas sonaba aun peor que enseñarle a un cazador. No tenía ni la más mínima idea de cómo aquellos hombres habían llegado tan al Norte… eso no era normal. Nunca antes se habían visto piratas en territorios vikingos y lo que es peor, ellos sabían sobre los dragones.
La situación estaba complicada. Estaban rodeados por tierra, pero a riesgo de ser atacados con esas bombas explosivas, no podían salir volando sin algún plan, además la montura de Astrid había terminado por romperse con la caída y con los fuertes vientos de la tormenta le iba a ser difícil afirmarse sin amarres, más aun si los bombardeaban. Definitivamente necesitaban un plan de distracción.
Miró a Eret en busca de ayuda. Por su semblante, supo que él estaba pensando en lo mismo. En un gesto rápido el vikingo indicó hacia Tormenta, y acto seguido hacia Rompecráneo. ¿Un ataque conjunto?... podría ser. Espinas para distraer y fuego para impedir el paso para después volar lo más rápido posible en dirección contraria a los barcos y rogar porque los barcos no lanzaran sus bombas explosivas. No sonaba a tan mal plan.
Con otro breve intercambio de miradas quedaron listos. Sin embargo, antes de que siquiera echaran a andar su plan un fuerte y estruendoso estallido, muy parecido a un trueno, los detuvo de inmediato.
¡BANG!
Casi al mismo tiempo Eret cayó al suelo frente a las atónitas miradas de los Astrid y los dragones. El pobre vikingo bramó de dolor. La rubia vikinga corrió a su lado. Sangre… mucha sangre salía de su vientre. Reviso con cuidado la herida. Un orificio se observaba desde el frente y salía pulcramente por su espalda a la misma altura. Nunca había visto un arma que tuviese tal precisión y fuerza, y peor aún, no dejara rastro alguno, salvo una pequeña pieza metálica de forma ligeramente redondeada.
Craig dio unos pasos más al frente. Esta vez, Astrid pudo ver destellos rojos como sangre en sus ojos. Eso la hizo temer.
- No puedo permitir que se vayan – sonrió con maldad pura – y ya que tu amigo va a morir, tú vendrás conmigo y me enseñaras todo sobre los dragones – soltó con frialdad.
Astrid trago saliva. Miro a su alrededor. Vio varios hombres tratando de inmovilizar a Tormenta y a Rompecráneo con cadenas y cuerdas. Trato ayudarles, pero fuertes brazos la aprisionaron de igual forma, obligándola a apartarse del cuerpo inconsciente de Eret.
La vikinga luchó contra sus captores, sin mucho éxito, la superaban en número. Por supuesto eso no impidió que le diera sus buenos golpes a más de alguno. Entre patadas y manotazos, aporreó a cuento pirata se le puso en frente hasta que una daga le atravesó la pierna izquierda, haciéndola gritar de dolor. Sin poder resistirse, de ambos brazos la sostuvieron para finalmente arrastrarla hacia un bote a orillas de playa. En su trayecto, logró divisar a su fiel dragona, la cual también le estaba dando problemas a sus captores. Sonrió a su pesar, más no le duró mucho esa sonrisa al notar un inusual color verdoso en las cadenas con las que apresaban a Tormenta y Rompecráneo. Eran… eran de ¿cazadores?. Astrid miró en todas direcciones buscando vestigios de cazadores, pero solo halló a esos hombres enmascarados.
Astrid maldijo por lo bajo. No quería rendirse, pero su cuerpo ya no tenía fuerzas para resistirse por más tiempo. Miro a su alrededor. Eret seguía tendido en la arena y los dragones ya habían sido encerrados. La vikinga pateo con fuerza el suelo, con impotencia. ¿Sería este el fin? Pensó con desconsuelo. En eso notó una extraña nube verdosa que comenzó a formarse a sus espaldas. Astrid sonrió, esta vez con más confianza, sabía exactamente lo que aquello significaba, por lo que se agachó, esperando el impacto. En cuanto a los piratas, ninguno se dio por advertido, hasta que una fuerte explosión los envolvió sorpresivamente.
Sin perder tiempo, Astrid terminó de noquear a los hombres que la sostenían y como pudo, salió corriendo, alejándose de ellos, aprovechando la tormenta para perderlos.
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- ¡No puedo creer que la hayan dejado ir sola! – exclamó Hipo por enésima vez. Llevaban varias horas de camino y aun les faltaba un resto. Iban a toda velocidad hacia aquellas infames islas, en donde los comerciantes habían sido saqueados y hacia donde Astrid y Eret habían ido a investigar. Por los violentos vientos, supo que pronto entrarían a una tormenta… ¡perfecto! Pensó con sarcasmo.
- ¡Yo tampoco lo entiendo! – exclamó Brutilda - ¡¿Por qué Eret?! – se quejaba. El resto la ignoró.
- Hipo … - comenzó a decir Patapez – seguro ya vienen de vuelta y los encontraremos en el camino – dijo el robusto vikingo tratando de sonar tranquilizador. Pero la verdad era que por la hora, ya tendrían que haber vuelto a Berk, así que todo hacía pensar que algo había sucedido. Eso era lo que más temía Hipo.
A un par de kilómetros más de viaje y ya de lleno dentro de la fuerte tormenta, finalmente encontraron el archipiélago de Mögul. Las nubes eran negras y uno que otro rayo se colaba de vez en cuando entre ella seguido de los característicos truenos, que en ese paraje desolado de rocas y huesos parecían tronar aún más fuerte. Ya no había ningún vestigio del sol sobre sus cabezas. La niebla se mantenía, pero no tan densa como lo esperaban. Aún así y junto a las extrañas formaciones rocosas y a los huesos de dragones muertos, hasta el ojo más ávido era engañado con su juego de siniestras sombras.
- No hagan ruido y no se separen – ordenó Hipo en tono bajo. Repentinamente fuertes explosiones resonaron entre cada uno de los acantilados. Aun con la niebla, notaron rojos destellos, evidencia de que algo estaba explotando. Eran casi como las bolas de fuego de un dragón, pero acompañadas de un sonido atronador, que incluso los aturdió por algunos segundos.
- ¡Vamos! – exclamó el líder - ¡Formación defensiva!
- Hipo, no estoy seguro de que eso haya sido un dragón – murmuró algo temeroso Patapez al jinete líder, mientras trataba de mantener el vuelo junto a Albóndiga.
- Eso sonó más bien a un eructo…un gran y fuerte eructo – comentó enfatizando sus últimas palabras Brutacio, siendo segundado por su dragón.
- Puede que al viejo Mögul aún le quede aire que botar –se carcajeó Brutilda, contagiando a su hermano, ganándose una mirada de reproche del resto
- Da igual lo que sea, ir hacia explosiones desconocidas nunca termina siendo bueno para nosotros – se quejó Patán, como presintiendo ya los problemas.
- Exacto, da igual lo que sea – repitió las palabras de Patán- lo que sé es que Astrid y Eret pueden estar ahí, en una situación complicada y debemos ayudarlos – sentenció el joven jefe, en un tono que no dio lugar a réplicas.
A los minutos, las explosiones se detuvieron. Con cautela los jinetes se acercaron, usando la niebla y las rocas como escondite.
Desde su posición Hipo los vio. Un gruñido de Chimuelo le hizo entender que él también los había visto. De repente un fuerte sonido resonó en cada rincón y de la nada Eret cayó al suelo.
Brutilda tuvo el impulso de ir a ayudarlo, pero Patán, Patapez y su gemelo la detuvieron.
Hipo apenas vio un destello salir de algo que un hombre sostenía frente a ellos. Este usaba un sombrero extravagante adornado con una pluma roja y una máscara blanca de macabra sonrisa… el hombre descrito por el comerciante.
Inmediatamente vieron al resto que los rodeaba acercarse para apresar con cadenas a los dragones y tomar a Astrid para llevarla a un bote cercano, mientras Eret de mantenía tendido en el suelo. Había que actuar rápido.
- Brutacio, Brutilda – los llamó. El jefe ya tenía un plan para actuar.
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Sin perder tiempo, Astrid terminó de noquear a los hombres que la sostenían y como pudo, salió corriendo, alejándose de ellos, aprovechando la tormenta para perderlos.
En su carrera, logró recuperar su hacha, con la que derroto a otro par de piratas que encontró en su camino, hasta que finalmente consiguió llegar al lado de Eret, aun tendido en el suelo y desangrándose peligrosamente. En cuanto a los dragones, ya se los habían llevado.
Con algo de dificultad, por el dolor en su pierna, Astrid se arrodilló sobre el cuerpo del chico, rompió parte de su falda y la uso de venda provisoria para tratar de menguar el flujo de sangre.
- ¡Disparen a toda cosa que se mueva y tráiganme a esa vikinga! – escuchó la joven a lo lejos. Era Craig. La ansiedad avanzó conforme los segundos pasaban. La distracción de los gemelos no duraría para siempre.
En eso una figura conocida para Astrid se posó frente a ella.
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- ¡La veo! – exclamó Patapez entre toda la algarabía. Hipo también la había visto y no perdió tiempo en bajar.
- ¡Astrid! – exclamó con alivio. Se bajó de un solo salto de su dragón - ¡No vuelvas a darme un susto así! – dijo estrechándola en sus brazos protectoramente. - ¿Estas bien? – preguntó de inmediato examinándola con la mirada. Notó su pierna herida, pero ella negó con la cabeza, dándole a entender que no era nada.
- Estoy bien – contestó otorgándole una sonrisa tranquilizadora al ver en los ojos de su novio aun una gran preocupación por ella. Hubiese deseado besarlo ahí mismo, no obstante había cosas más importantes por las cuales ocuparse en esos momentos.
- ¿Qué pasó con Eret y qué rayos es ESE sonido? – preguntó Patapez. Había llegado con Hipo y estaba arrodillado junto a Eret, examinando sus heridas.
- ESO – reconoció Astrid el mismo sonido del arma que hirió a Eret – es un arma, nunca la había visto antes y créeme – su semblante se ensombreció - tú tampoco quieres conocerla.
Hipo ordenó a Patapez llevarse a Eret a un lugar seguro, mientras que él y Astrid subieron a Chimuelo.
- La distracción de los gemelos y Patán no durará por siempre – dijo al tiempo que le ordenaba a su dragón emprender vuelo.
- Hipo – llamó la vikinga, quien ahora se encontraba aferrada con fuerza a la cintura del jinete - Son piratas y conocen sobre los dragones. Se llevaron a Tormenta y Rompecráneo.
El vikingo no necesitó preguntar hacia dónde. Desde la distancia y entre el humo y las explosiones alcanzó a ver unos botes llevando a los dragones hacía alguno de los barcos. Los cuales por cierto no eran para nada parecidos a los barcos típicos vikingos.
- Brutacio, Brutilda, Patán – los llamó – debemos liberar a Tormenta y Rompecráneo.
- ¡¿Y cómo se supone que llegaremos a ellos, genio?! – exclamó Patán.
- ¡¿Y cómo esta Eret?! – aprovechó de preguntar Brutilda muy preocupada.
Las explosiones eran cada vez más violentas y si se acercaban a los hombres, ellos inmediatamente habrían fuego con sus armas de corto alcance.
- ¡Distraigan a los barcos! – ordenó Hipo - Necesitamos que dejen de dispararnos a nosotros para poder acercarnos a los dragones.
- ¡Y tranquila Brutilda, está con Patapez! – contestó Astrid a la pregunta de la otra vikinga.
- ¡¿Y se supone que eso me tranquilice?! – la escucharon gritar mientras se alejaban en dirección a los barcos, junto a Patán y sus respectivos dragones. Hipo y Astrid, con Chimuelo volaron hacia el lado contrario.
Un poco más delante de ellos estaban Tormenta y Rompecráneo, uno en cada bote, resguardado por al menos seis piratas. Aquel sector estaba muy cercano a un peligroso acantilado lleno de salientes y roqueríos. Los usarían a su favor para desestabilizar los barcos y liberar así a los dragones.
Sin pensarlo dos veces, Hipo se dirigió hacia los botes y ordenó a Chimuelo disparar plasma. La idea era no darle a los botes de lleno, sino que dirigirlos hasta las rocas cercanas o directo a los hombres, de modo que se les dificultara maniobrar.
- ¿Son redes de cazadores? – preguntó Hipo casi en shock al ver el tono verdosos del metal.
- Me temo que sí – afirmó Astrid – tengo la sospecha de que esos piratas llegaron aquí gracias a los cazadores de dragones.
Finalmente Hipo logró desestabilizar aquellos botes lo suficiente para que los dragones quedaran libres justo antes de quedar destruidos por las rocas. Por supuesto, los estallidos de armas no se hicieron esperar, por lo que Astrid no pudo subir a Tormenta.
La rubia vio a lo lejos a Craig, quien a su vez, los observaba a la distancia. Ella e Hipo creyeron estar por fin librándose de esos hombres, más no contaban con que barcos aparecieran de repente en el arrecife. Estos eran de cazadores, lo que confirmaba toda sospecha de alianza secreta.
- ¡Hipo cuidado! – exclamó Astrid, más el chico adelantando los ataques dio un giro perfecto esquivando las redes. Por otro lado, las bombas de los barcos piratas seguían explotando en los cielos, mezclándose con los fuertes resplandores de los rayos.
- ¿¡Ya podemos irnos!? – preguntó Brutacio, aunque más pareció más una afirmación.
- ¡Debemos asegurarnos de hundirlos, sino tarde o temprano llegarán a Berk! – les dijo Hipo.
- ¡Te has vuelto loco! – bufó Patán llegando con ellos - ¡¿Has visto cuantos barcos son?!
- Sin mencionar que Eret necesita atención médica urgente – agregó Brutilda, sorprendiendo ligeramente a todos por su sensato comentario.
En eso nuevos ataques explosivos llegaron a ellos haciéndolos volar por los aires, separándolos en el proceso. Al no estar Astrid bien agarrada de Hipo, terminó cayendo hacia el mar lleno de rocas y salientes afiladas.
Hipo salió en picada en su dirección esquivando las bombas de los piratas y las redes de los cazadores. Chimuelo era rápido, muy rápido. Estaba a escasos centímetros de alcanzar a la vikinga, no obstante una fuerte explosión los golpeó de lleno, mandándolos lejos. Chimuelo trató con todas sus fuerzas volver a estabilizarse y aunque lo logró, ya era demasiado tarde.
- ¡HIPO! – fue lo último que el chico escucho antes de perderla entre mar y rocas frente a sus atónitos ojos.
Estático, humano y dragón se quedaron suspendidos en el aire un par de segundos, con la lluvia azotándoles fuertemente a sus espaldas, esperando que el cualquier momento una rubia cabellera apareciera de entre las aguas.
No sucedió.
En cambio otra explosión lo terminó lanzando a él y a su dragón en contra de las rocas del acantilado, azotándolos con fuerza, dejándolo al jinete inconsciente completamente, con la imagen de Astrid cayendo como último recuerdo.
AAAAHHH! No me maten! en serio, este no es el fin de esta pareja. Estarán de acuerdo conmigo que no puede haber Hiccstrid sin Hipo y Astrid, por lo cual no es el fin de ella, solo ténganme paciencia.
Ya vieron, cazadores y piratas?! WTF! no puede ser buena convinacion para nuestros vikingos favoritos, pero ya veremos que pase en los cap que sigan.
En cuanto a las curiosidades, como se habrán fijado aqui los piratas usan armas de fuego, específicamente pistolas. Ni idea si temporalmente las pistolas y los vikingos existieron en el mismo tiempo, pero para efectos del fanfic, así será. Por cierto, los vikingos en sí eran considerados piratas de aguas más frías, aunque a veces solían ir hasta mares mas cálidos y lejanos para saquear XD dato que encontré por ahí. Lo otro ¿alguien se dio cuenta de que era lo que le ofreció Bocón a Hipo en el primer cap? XD jajaja no es tecito de marihuana jajaja, solo café.
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Aprovecho de contestar a sus reviews (tratare de hacerlo capitulo a capitulo):
AurvandilStar: fuiste la primera persona que me dejo un review! no sabes lo contenta que estaba ^^ me alegra que te haya interesado. Espero puedas continuar siguiendo esta humilde historia. Gracias y Saludos!
Yahab: no puedo creerlo! cuando el vi el mensaje fue como "hey! yo conozco a esta chica!" espero este super bien y gracias por seguir la historia, me alegra que te guste la temática. Saludos.
SuperDragonRider: Hola! si, pretendo seguir hasta el final ^^ Saludos.
Vera-chaan: Si, pretendo seguirlo hasta el final, no importan cuanto me demore (tratare de no hacerlos esperar demasiado) me alegra que te llame la atención y espero te siga gustando. Saludos!
RoxFiedler: me alegra que te guste el inicio, espero puedas seguir la continuidad de la historia. Saludos!
Sombra13: no me dejaste review , pero no importa XD, gracias amigo por tu apoyo y animo. Que estes muy bien!
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Muchas gracias a todos los que agregaron el fanfic a favoritos y los que comenzaron a seguirme ^^ me alegra que haya tenido buena acogida y por supuesto tambien gracias a todos esos lectores ninjas que no dejan rastro salvo por el contador de visitas XD.
Espero estar actualizando para el proximo viernes. Un beso gigante a todos y todas! nos vemos en el proximo cap!
29/04/18
18:30 pm
