*el super mega baile de entrada resuena y la loba se pone a bailar* Oh si! Es noche de Helsa! (Bueno acá es de noche xD)
ayyyy se que me han de querer matar mis pequeñuelos! Me he tardado muco por subir el nuevo cap! Lamento mucho eso u.u Mucho que hacer poco tiempo para escribr T.T
Sin embargo, me alegro mucho por que ha sido bienvenida la continuación de mis mini-drabbles. Muchas gracias por todo su poyo xD
Disclaimer: Ya saben que Frozen no me pertenece, todos sabemos que es de Disney (Aunque si yo lo tuviera lo convertiría inmediatamente en Helsa xD)
El nuevo esta más largo que el anterior peques. Disfrutenlo de principio a fin! Lo escribí con amor al igual que cuando hago cupcakes *esconde el cuchillo* ¡¿Quieren uno?! *Ofrece* xD
Lágrimas
El murmullo del viento contra su ventana inundaba toda la habitación. La pequeña Elsa no pudo evitar tiritar de miedo ante el violento incremento de sus poderes de hielo. Todo su frágil cuerpo se estremecía de manera vulnerable e inocente mientras gruesas lágrimas como perlas se deslizaban lentamente por sus mejillas de casi invisibles pecas.
El ser mágico que contemplaba la escena conmovió su oscuro corazón y suspiró hacia el cielo negro del espejo. Dio un lento parpadeo y de sus flameantes ojos verdes emanó su primera y verdadera lágrima. Esta rodo por su rostro y cayó hacia el suelo inerte bajo sus pies. Al tocar el suelo, el suelo rocoso se disipó mágicamente dando paso a un césped brillante y, en el centro de este, un pequeño tallo aterciopelado creció manteniendo oculto un pequeño capullo de un espléndido color azulado.
¿Por qué llora el ángel caído? Un ser sin corazón quién fue privado de su libertad y desprovisto de sus brillantes alas blancas para lucir con desprecio aquel demoníaco negro. Un monstruo desalmado, calculador y frío como el invierno, incapaz de percibir emociones, de proteger a los humanos. Desterrado y abandonado, creó su propio mundo, aislándose de todos en la profundidad de los reflejos.
Su cueva de los mil cristales, lugar preciado para Hans, provee la vista de todos y cada uno de los espejos del mundo. Aunque a él no lo pudiesen ver, el siempre contemplaba la vida de todos mediante estos. Aunque no pareciera, lo que más le agradaba ver en los cuartos a los bebés recién nacidos disfrutar de un largo y preciado sueño. Le reconfortaba ver sus tan angelicales rostros.
Aunque quisiera poder pisar de nuevo el mundo real y deleitarse con todas las maravillas que ese mundo podría darle, temía de que, los demás ángeles guardianes lo descubrieran y lo condenaran a vivir en algún lugar mucho más remotos que el mundo de los espejos y bajo estrictas órdenes y labores. Además, era invisible en el mundo real para los ojos humanos.
El cuervo ladeó la cabeza y dio una pequeña sonrisita al recordar por qué el espejo de la princesa de Arendelle le fascinaba tanto.
-flashback-
En alguna ocasión en el pasado, salió de su prisión de cristal y se adentró en el gigantesco castillo del reino de Arendelle. Fue la primera vez que lo hizo y se sintió tan ansioso y asustado a la vez cuando sintió el mundo real bajo sus pies. En el instante que cruzó el portal de mercurio y cristal, sus enormes alas de cuervo desaparecieron de la nada y sintió dos dolorosas punzadas atravesando desde la base de su cuello hasta la mitad de su espalda. El dolor absoluto hizo que su cuerpo cediera y cayera de rodillas al piso mientras sentía como el líquido caliente y vital le daba escalofríos al bajar lentamente por su columna vertebral. Arqueando su espalda y desprendiendo un alarido de dolor, el cuervo logró ponerse en pie aguantando el dolor en su espalda y el peso de sus piernas, como si cargara pesadas cadenas de hierro atadas a sus tobillos y muñecas. Con cada paso que él daba, sentía una hilera de puñales enterrarse en su carne.
Gemía de dolor y resoplaba buscando en lo más profundo de su mente, una fortaleza para no desmoronarse frente al sufrimiento y cumplir con su objetivo de conocer el mundo real, o parte de él. Todo era una ilusión, nada era real. Sabía que ese era el duro castigo de los ángeles caídos condenados a vagar por el mundo real, siendo presos y abrumados por el dolor y la angustia, lo que los enloquecía y los provocaba a causar daño como una manera de hacer sentir a los demás el pavor por el que ellos deben de pasar.
La expresión de sufrimiento estaba explícita. Sin embargo, logró arrastrar su adolorido cuerpo a través de las enormes habitaciones, interminables pasillos, salones majestuosos e incluso la majestuosa biblioteca con acabados exquisitos.
No daba crédito a todo lo que veía. El mar de libros a su alrededor era tan grande como su mundo en sí y las hileras de estanterías parecieran que fueran infinitas. El olor característico de los libros antiguos le fascinaba y para rematar, la lámpara de araña que colgaba del techo de pulido mármol rosado lanzaba ligeros destellos dorados que resplandecían en toda la habitación como pequeñas hadas jugueteando entre aquel mar de conocimiento.
Una voz irrumpió en el absoluto silencio y sobresaltó a Hans, quien corrió a esconderse detrás de algunas estanterías, cojeando de dolor. Miró de reojo de dónde provenía la voz y vió a la reina de Arendelle acompañada de una de sus sirvientas. Hizo un pequeño ademán con delicadeza y la mucama se retiró no sin antes agradecerle a la monarca. Cuando por fin se hallaba sola, o eso ella creía, caminó con finura hacia las más grandes y antiguas pilas de libros. Ojeó algunos rápidamente en busca de alguna información útil. Entró en desesperación y comenzó a azotar algunos objetos hacia todos los lados. Acto seguido, rompió en llanto.
Dejó la pila de libros desordenados de lado y encaminó su rumbo hacia las estanterías donde el cuervo se hallaba escondido. Este, asustado por que lo descubrieran, se quedó quieto mientras escuchaba los leves sollozos de la reina llenos de angustia. En lo más profundo de su corazón, una voz le pregonaba a gritos que le ayudara.
Salió de su escondite y contempló a la angustiada mujer quien rasgaba los duros lomos de los libros con sus largas uñas y pasaba con desesperación cada una de sus páginas. Miró las portadas de los libros y todas tenían algo en común: eran diversos mitos y leyendas del reino y pueblos aledaños. Hans dijo unas palabras para llamar la atención de la monarca, mas esta no le prestó mera atención, seguía con la nariz metida en los libros mientras bañaba en lágrimas cada una de sus páginas. Fue entonces que descubrió que era invisible para los ojos humanos en el mundo real.
Las puertas se abrieron de golpe y la robusta imagen del rey apareció corriendo hacia su esposa. -¡Idun! ¡Basta ya! –el rey corrió hacia su triste esposa y le tomó de las manos haciendo que ella soltara el libro de magia y criaturas que sostenía entre sus manos. –Ella no es un monstruo, amor. Solo es diferente –musitó Adgar mientras atrapaba una lágrima de la reina con su pulgar.
-No quiero que mi hija sea diferente. Quiero que sea normal como todos –la voz de la reina se quebraba aún más con cada palabra que decía. –No quiero que en el reino le teman. Quiero que encuentre amigos, a su primer amor y esos poderes se lo impedirán –trató de zafarse del agarre del rey. –Nadie quiere a un fenómeno.
El llanto de la reina contagió al rey quien la agarró con aún más fuerza. –Estas confundida, querida. Ella es hermosa y será como cualquier otro niño del reino. Confía en mí, te prometo que será como lo deseas y añoras. Puede que Elsa tenga un don que nadie posee, pero eso la hace alguien extraordinaria –El rey dio una pausa y tocó con delicadeza el vientre de la reina. –No te pongas así amor, piensa en el ángel que viene en camino.
-¡¿Y si también posee poderes como Elsa?! ¡No lo podré soportar! –las piernas de Idun cedieron y esta cayó a los brazos del rey quien asustado, la tomó en brazos y la abrazó. La reina temblaba de miedo.
Adgar lloró desconsoladamente al ver en ese estado crítico a su esposa. –Tranquila querida, todo saldrá bien –reconfortaba a la reina mientras al mismo tiempo calmaba el temor oculto en su interior.
Hans quedó sorprendido ante esta inusual escena del cual había sido testigo. Aunque quisiera ayudarlos, sabía que si soltaba sus poderes solo les ocasionaría más angustia y pesadillas. Esta fue la razón por la cual decidió abandonar la biblioteca.
Diversos pensamientos invadieron su mente. Estaba indignado ante las palabras de la reina. ¿De veras consideraban a su hija un monstruo que sería incapaz de encajar en la sociedad? El cuervo no se había dado cuenta aún pero ya no cojeaba como antes. Se había olvidado del dolor del castigo debido a las incontables dudas sobre el tema.
Un chirrido de puertas a sus espaldas lo hizo voltear. Dos sirvientes cargaban un pesado espejo de madera blanca con bellos copos de nieve gravados en el contorno. El ángel negro siguió a los sirvientes asombrado por la belleza del espejo, además predecía a donde iba a ser llevado y le daba curiosidad verlo.
Sus pies ya no le dolían. Ahora podía caminar erguido y a mayor velocidad para no perder de vista a los sirvientes y el espejo. Subió escaleras hasta la parte alta del castillo, a uno de los torreones, y un llanto de bebé inundó sus sensibles oídos acostumbrados al silencio.
El sonido cada vez se hacía más fuerte y sentía como rápidamente su corazón se aceleraba con cada paso que daba. Quedó quieto al encontrarse a las afueras de una puerta blanca con detalles en azul abierta y en su interior una pequeña cunita blanca y plateada. Se asomó tímidamente por el umbral y vió como los sirvientes acomodaban el espejo casi al pie de la cuna mientras se cubrían los oídos ante el ruidoso llanto de la niña. Uno de ellos hizo un gesto despectivo y exclamó. -¡Haz silencio, niña infernal! Hans no pudo evitar enojarse ante tal actitud hacia una pobre bebé inocente. Y esperó tranquilo a hacerlo pagar.
Por la ventana más cercana, un enjambre de abejas enfurecidas entró y atacaron en nube al el sirviente que le había dicho tal grosería a la princesa. El cuervo no pudo evitar reírse ante las caras de dolor del hombre quien corría por el lugar perseguido por las abejas y su otro compañero. Ahora tendría unas severas picaduras para toda la semana.
El llanto volvió a retumbar por la habitación. La sonrisa de malicia ahora era un rostro de preocupación. Se encaminó hacia la cuna y un sentimiento reconfortante inundó el corazón del malvado ángel caído. No tuvo palabras para la inocencia y belleza en aquella cuna.
Dos grandes y brillantes ojos cerúleos lo observaban con asombro. Apenas el pelirrojo se asomó a la cuna, la bebé había parado totalmente de llorar. En cambio, algo le producía asombro en ese ser parado en frente suyo. Hans no pudo evitar soltar una sonrisa reconfortante. Aquellos ojos lo calmaban, lo conducían a la absoluta tranquilidad, le hacían olvidar la criatura que era.
Había escuchado pronunciar el nombre de la pequeña en la boca de los reyes de Arendelle y al él decirlo, no pudo evitar repetirlo una y otra vez ante el encaje y perfección del nombre con la bebé. Ella rió al escuchar su nombre y agitó sus bracitos como si quisiera que la carguen. El cuervo no supo que hacer, sabía que si la tocaba por al menos un mísero segundo, podría causarle pesadillas aquella noche, algo que él no deseaba para nada.
Fue entonces que la pequeña Elsa comenzó a llorar al ver que no cumplían con lo que deseaba. El pelirrojo se sobresaltó ante el llanto y pensó rápidamente en qué hacer. Chasqueó sus dedos al ocurrírsele una brillante idea. Movió sus dedos por encima de la cuna y los agitó levemente como pequeñas serpientes. De estos, pequeñas estelas de escarcha comenzaron a descender poco a poco cubriendo el rubio platinado cabello de Elsa de copos de nieve brillantes como perlas. El llanto fue cambiado por las dulces carcajadas de la bebé quien se agitaba en la pequeña cuna mientras sus dulces ojitos miraban con ternura al ángel negro.
-Eres una manipuladora, pequeñuela –exclamó Hans mientras reía levemente.
Un ulular largo y ronco lo hizo detenerse de repente. Sabía que eran ellos. Si lo descubrían merodeando libremente por el mundo real, lo encerrarían.
La bebé sintió la angustia de Hans y paró su risa. Al contrario, pequeñas lágrimas amenazaban con derramarse de sus ojos.
El ángel cautivo abrió sus manos en torno al espejo y abrió de vuelta el portal a su mundo alterno no sin antes ver de nuevo a la princesa Elsa llorar desconsolada en su cuna. Un segundo ulular lo obligó a poner un pie en su mundo y no le permitió mirar atrás, pues el cristal se interpuso entre él y la pequeña cuna. Estaba de vuelta en su oscura cueva de los mil cristales.
La última imagen que tuvo la bebé Elsa del desconocido que creaba nieve de sus dedos era la de una donde un par de enormes alas negras lo envolvían y arrastraban hacia un desconocido mundo a través de su espejo.
Ya no importa, pues esa imagen quedaría en el olvido…
Hasta ahora…
Oh sí! Shocking time (el inglés esta de mi lado hoy xD)
Tarán tarán! Mucho que decir huh? Yo creo que si xD El flashback de Hans al ver a Elsa por primera vez traté de hacerlo algo acorde con los sentimientos y angustia de los padres de Elsa al descubrir lo de sus poderes. ¿Que les pareció?
Chicos lamento mucho no poder seguir comentando positivamente el cap o no pasarme a dejar reviews por ahí. Estoy pasando por un momento muy difícil con unas "amigas" y realmente me duele mucho ya que una de ellas fue la que me influenció a escribir. Solo tengo que decir que es mejor estar solo que mal acompañado.
Guest: Gracias! Me alegro que te haya gustado. Espero que este también te guste xD
Agradecimientos especiales a A Frozen Fan, SerenaSaori, Alexander Snow y a Anielha por sus consejos y reviews. No se que haría sin las personas que me apoyan por allí! Y a todos los que leyeron gracias igual!
Estoy dispuesta a escuchar consejos. De veras necesito uno *coge su mantita y llora*
Abrazos para todos :) Se me cuidan
