Harry Potter y todo su mundo pertenecen a J.K.R. Esto lo escribo por diversión
Capítulo 1: Cita interrumpida
Elizabeth dio una vuelta ante el espejo. Pasar la tarde pateando Londres había dado sus resultados. El vestido negro, de gasa, seguía la línea de su cuerpo hasta las caderas y después caía vaporoso hasta las rodillas. Era precioso y le sentaba bien. Nigel quedaría impresionado. ¡Esta noche por fin tendrían su primera cita! Llevaba esperando ese momento casi desde que le conoció.
Si sólo consiguiera hacer algo decente con su pelo Lo había secado, peinado y moldeado, para finalmente dejarlo recogido en un moño de bailarina. Tal vez necesitaba unos reflejos rubios para aclarar su melena castaña. Se acercó un poco más al espejo y decidió retocar su maquillaje. Estaba completamente concentrada en la máscara de pestañas cuando sonó el teléfono.
-¿Diga?
-Hola Elizabeth, soy Mary.
-Hola Mary. Mira, estoy un poco apurada, he quedado dentro de un rato y ya voy justa de tiempo.
-Lo siento. Veo que tienes planes y en otro momento no te lo pediría.-al otro lado del teléfono se oyó a su madrastra tomar aliento.- Charlotte y Tom han encontrado un ave herida. Parece que está muy mal y Charlotte está muy disgustada.
-¿Qué tipo de ave?
-No estoy segura, un buho o una lechuza. Estaba en una jaula.
Por un momento, Elizabeth pensó en decir que no. Pero las mismas razones que la bhabían empujado a ser veterinaria y comenzar trabajando en un albergue de animales hicieron removerse algo en su estómago.
-Está bien, voy para allá. ¿Tenéis un botiquín?
-Muchísimas gracias, Elizabeth.
-¿Y el botiquín?
-Tenemos las cosas básicas.
Elizabeth colgó el teléfono y corrió al baño de su micro-apartamento. Sacó un neceser del armario bajo el lavabo y metió unas pinzas, vendas y todos los útiles médicos que encontró. No estaba muy convencida de lo que Mary entendería por 'básico', a lo mejor eran unas tiritas y betadine.
Cogió una sudadera de cremallera, su bolso y salió de casa. Apenas había cerrado la puerta cuando se dio cuenta.
-Mierda, ¡Nigel!.- se dijo entre dientes. Debía de estar en camino. Sacó la llaves, volvió a entrar en el piso y grabó un mensaje apresurado en el contestador. Al menos si la llamaba estaría informado.
Hola, soy Lizzie. He tenido que salir por una urgencia médica. Ejem, veterinaria. Deja tu mensaje. Nigel, si eres tú, lo siento mucho. No me odies.
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Charlotte estaba llorando en el salón cuando Elizabeth entró en la casa. Vio los restos de una jaula en un sillón y en la mesita de centro, colocada cuidadosamente sobre un montón de toallas, una lechuza blanca ensangrentada. Mary abrazaba a Charlotte. Su padre, que le había abierto la puerta, entró detrás de ella en el cuarto.
-Pobrecita, ¿qué le ha pasado?
-No lo sé. La encontramos así.-Tom se interrumpió y miró a su hija pequeña.- Charlotte la encontró así en la carretera, cuando paramos a arreglar. Estaba dentro de la jaula. La verdad, espero que puedas hacer algo por el pobre animal.
-Es una lechuza. No son aves que suelan tenerse en cautividad, se moriría de pena en una jaula tan pequeña.
Elizabeth se arrodilló ante la mesita y examinó a la lechuza por encima. Mary había dejado una buena provisión de vendas, esparadrapo y desinfectantes junto al animal. Con la cantidad de cortes, golpes y heridas que se hacía Charli, pensó, no era de extrañar semejante arsenal contra las contusiones.
-Lizzie la curará, ¿verdad mami?.- preguntó la niña entre sollozos.
Mary limpió las lágrimas de su hija y echó un vistazo a su hijastra, que había empezado a limpiar la sangre. Las dos tenían la misma mirada, los ojos castaños, grandes, curiosos y brillantes de su padre. Y en ese momento en la mayor había una mirada de preocupación.
-Lizzie hará lo que pueda.- dijo dulcemente.- Pero la lechuza está muy mal. Parece haberse dado un golpe tremendo.
-Haré lo que pueda por ella, Charli.- corroboró.- Es muy raro.-Añadió mientras palpaba con cuidado el cuerpecito del ave.- Parece haberse caído desde muy alto con jaula y todo. ¿Qué pasaría?
Ni Tom ni Mary dijeron nada. Charlotte tampoco abrió la boca, pero parecía más tranquila viendo a su hermana manipular a la lechuza. Le gustaban los animales casi tanto como a Elizabeth, una pasión que no habían heredado de su padre, que era abogado mercantil. De todas formas, sus padres sospechaban que habría una segunda veterinaria en la familia, aunque la niña tenía una propensión a las heridas y accidentes extraños que no lo hacían muy aconsejable.
-Está muy mal.- dijo la joven después de un rato.- Creo que la entablillaré ¿tenéis algo que sirva? Y me la llevaré inmediatamente al albergue. Allí podré hacer más por ella que aquí.
-¿Podemos hacer algo?- preguntó Mary.
-Busca en mi bolso mi agenda. Tengo apuntado el número del doctor Menkell, mi jefe. ¿Puedes ir llamándole? Así ganaremos tiempo. Le pediré que se reuna conmigo allí. Aún no es muy tarde para la lechuza.
-Hedwig.
-¿Qué?.- preguntó Tom.
-Se llama Hedwig, lo pone en la jaula.-aclaró Charlotte.
Elizabeth miró a su hermana con una sonrisa torcida. Le encantaba ver su compasión hacia los animales. Normalmente eso la llenaba de orgullo, pero estaba vez le dolía. Era muy difícil que la lechuza sobreviviese y Charlie sufriría mucho. Ella había llorado muchísimo la primera vez que se le murió un animal. Terminó de asegurar al ave, y acarició las niveas plumas de sus alas. Esperaba que la pobre lechuza, Hedwig, se repitió, sobreviviese.
Camino del coche recordó, por primera vez desde que salió de casa, que había dejado a Nigel plantado en la puerta de su casa por socorrer un animal. Bueno, pensó, si realmente estaba interesado en ella no se lo tomaría a mal.
Disclaimer: Los personajes y el mundo de Harry Potter no me perteneces. Esta historia sólo la escribo por diversión y no busco ningún beneficio económico de ella.
