Llevo toda la tarde esperando frente a la puerta para que me dejen ver a Peeta, pero no hay manera. La última vez que Haymitch ha ido a preguntar le han dicho que Peeta no quería visitas. Ni siquiera quiere verme a mí. Haymitch nota mi desasosiego e intenta animarme un poco.

- Entiéndelo Katniss, ha pasado por mucho, es normal que quiera estar solo.

- Ya... - le digo levantándome de la silla. Supuse que cuando volviera volveríamos a retomar nuestra relación, no la relación ficticia, si no la de verdad. Ser amigos. Aunque mi corazón me haga dudar sobre si me conformaría sólo con eso.

A la hora de la cena me encuentro con Gale en el comedor. No lo he visto en todo el día, supongo que habrá estado cumpliendo órdenes de Coin, ahora que son muy amigos.

- Hola - me dice serio cuando me acomodo a su lado con la bandeja.

- Hola. - le respondo.

Muevo la cuchara lentamente por el estofado, haciendo tiempo antes de volver a dejar la comida como he hecho este mediodía.

- Tienes que comer algo - me dice mirándome fijamente.

- No tengo hambre - le respondo seca. El nudo de mi estómago no deja que mi comida pase. Sé que lo único que me he llevado a la boca hoy ha sido un trozo de pan, pero no puedo remediarlo. Prim se sienta a mi lado y me mira seria.

- Katniss, come. - No es una orden, pero sus palabras tienen eco en mi. Me acerco la cuchara unas cuantas veces mientras ella no despega sus ojos de mi. Es tan joven y a la vez tan madura, que a veces me sorprende.

Cuando me termino el estofado aparto el trozo de carne de mi, ante sus miradas acusadoras. Pero no dicen nada, supongo que el que me haya, al menos, tomado el estofado es un logro.

Por la noche no puedo pegar ojo, y me obligo a ello porque la noche anterior tampoco pude dormir nada. Veo como Prim se levanta de la cama de mamá y se mete en la mía. Me aparto un poco para dejarle espacio. Últimamente hemos estado hablando mucho por las noches, bueno, más bien ella hablaba y yo escuchaba. Es lo que se me da mejor.

- ¿Es por Peeta?. - Pregunta directa.

- Es por todo - le respondo sin nada en concreto.

- Pero lo que más te preocupa es él. - me vuelve a decir.

Suspiro.

- Tal vez.

- Esta tarde he ido a verlo. - me dice en un susurro. Abro más los ojos. Pensé que quería estar solo. Me recuerdo que Prim está de prácticas de sanadora, que no debo molestarme.

- No me has dicho nada. - le digo seria.

- No era el momento, supongo.

- Quise ir a verlo, pero me dijeron que no quería visitas. - le digo un poco molesta.

- Y es verdad, casi ni hemos hablado. He ido a llevarle un calmante y la cena.

- Ah.

- Pero te gustaría saber que me ha preguntado por ti. - me dice con una media sonrisa.

Mi corazón da un pequeño vuelco y un calorcillo empieza a extenderse por mi piel. Intento controlarme para que Prim no vea el efecto de esas palabras en mi.

- ¿Que le has dicho? - intento sonar despreocupada, pero Prim agranda más la sonrisa.

- Que estabas bien... y... - me mira seria.

- ¿Y qué? - le digo nerviosa.

- Que lo echabas de menos - me dice con ternura. ¿Qué?. Abro los ojos desmesuradamente.

-¿Por qué le has dicho eso? - me voz se ha elevado un poco y Prim me señale que baje la voz.

- Porque es verdad ¿no?.

- Si...pero no tenías que decírselo.

- Es bueno que lo sepa...está...confundido por todo. - su mirada sigue siendo de ternura - Ahora duérmete Katniss. Si no descansas ni comes vas a enfermar y así no podrás ver a Peeta. - noto un deje divertido en su voz . Me está manipulando, pero es ella, me da igual. Suspiro y le doy un beso en la frente.

- Gracias por estar siempre ahí. - le susurro.

- Soy tu hermana, es donde tengo que estar. - me sonríe y cierro los ojos.

- Por cierto...- me dice suave. Yo hago un sonido sin abrir la boca, sólo para que sepa que la escucho. - Él también te echa de menos.

Me tenso automáticamente y la miro mientras ella sonríe.

- ¿Te lo ha dicho? - le digo intentando sonar tranquila, pero por dentro mi corazón vuelve a ir rápido. Espero que no siempre tenga esta sensación, no me acostumbraría a ella. Ni siquiera sé porque me pasa.

- Lo mencionó. - su sonrisa se ensancha. Ahogo un suspiro para calmarme un poco.

- Exactamente...¿cuáles fueron sus palabras? - le digo acusadoramente.

- Oh Katniss, duérmete. - me dice cerrando los ojos.

- ¿Pretendes que me duerma?.

- Por supuesto. - me dice extrañada.

- Pues no me digas estas cosas, entonces.

Ella vuelve a abrir los ojos y me mira con una mezcla de asombro y diversión.

- Oh Katniss, eres como esas chicas del cole.

- ¿Que chicas? - le digo mirándola con el ceño fruncido.

- Las enamoradas.

- ¿Qué? - vuelvo a alzar la voz. - ¡No! ¿Qué estás hablando?. - La miro como si estuviera loca. - No estoy enamorada de nadie. -le digo seria e intentando sonar convencida. - Sabes que no hay hueco ni tiempo para eso en mi vida Prim.

Me mira con ternura.

- Bueno... - no me dice nada más, creo que mi respuesta no la ha convencido mucho. La verdad es que no sé porqué, pero a mí tampoco. Me resuena en mi cabeza toda la conversación. ¿Cómo voy a poder pensar ahora en el amor? Ni siquiera me ha importado antes. Mucho menos ahora, con todo esto. Quiero a Peeta, si. Quiero cuidarle, que esté bien, es importante para mí. Pero también quiero a Gale, a mi madre y a Prim. No hay diferencias. ¿O sí?.

Al día siguiente todo sigue igual. No he podido ver a Peeta, los sanadores no quieren que se le moleste. Ha empezado la terapia y necesita tranquilidad. Me paso el día dando vueltas de un lado a otro, intentando distraerme y no pensar en él. Me duele que no haya querido verme. Prim me dijo que me echaba de menos...¿porqué no quiere verme entonces?. Me encuentro a Gale en uno de mis paseos antes de la cena.

- ¿Dónde vas? - me dice deteniéndose a mi lado.

- Por aquí, por allá...no sé. Intento hacer algo interesante e instructivo en este distrito, pero no hay manera.

- Te estás saltando todo el horario - me dice serio.

- Si - le digo sin ninguna preocupación.

- ¿Estás así por él no? - me dice agarrándome suavemente por la muñeca.

Su contacto antes me parecía cercano, cálido, reconfortante. Ahora lo noto frío, distante. Cómo si su actitud hacía mi ya no fuera la de siempre.

Lo miro sin contestarle.

- ¿Me acompañas a cenar? - me dice suave.

Dudo un poco, pero tampoco es que tenga mucho más que hacer. Quizás con Gale pueda distraerme.

Me retiro temprano a mi dormitorio y a regañadientes. Mi madre me ha supervisado la cena en el comedor. Aun no se acuerda cuando tenía que abrirle la boca para meterle las cucharadas de comida a la fuerza. Intento dormir, pero a las dos horas estoy despierta. Empiezo a dar vueltas en la cama. Al cabo de un par de horas más me doy por vencida, no voy a poder dormirme de nuevo. Mi madre y mi hermana duermen profundamente en la cama de al lado, así que salgo de la habitación sin hacer ruido. Empiezo a vagar por los pasillos desiertos intentando no encontrarme con los guardias de seguridad. Una idea loca se me cruza por la mente cuando mis pies me llevan al pasillo dónde está Peeta. No creo que sea buena idea, me digo. Al final me abandona toda racionalidad y me encamino sigilosamente hacia su habitación. Me asomo por la pequeña ventanita de la puerta y veo que no hay nadie. La cortina está descorrida hacía un lado y puedo ver la cama de Peeta.

Abro la puerta con cuidado sintiendo como los únicos sonidos de la habitación son la respiración acompasada de Peeta, un pequeño goteo y mi corazón que late muy rápido.

Me acerco a su cama intentando no hacer ruido. Vaya. Abro los ojos asombrada por el cambio físico de Peeta. No sé lo que le han estado poniendo para que se recupere, pero es efectivo cien por cien. Su cuerpo ha empezado a coger peso, su cara se ve menos demacrada y ya casi ni hay rastro de los golpes en ella. Está tan guapo como antes. Me fijo en sus pestañas, sus párpados y su boca. Siempre había pensado que Gale era de los chicos más guapos del distrito 12, pero Peeta lo es mucho más. Son tan distintos...Se mueve un poco y yo me quedo tensa. No sé como reaccionará si me encuentra aquí. Vuelvo a fijar mi mirada en sus labios y el recuerdo de sus besos empieza a bombardearme la cabeza. Si sólo pudiera tocarlo...me fijo en su mano y acerco un poco la mía para rozarlo. Al final me detengo y ahogo un suspiro antes de retirarla.

- Te echo de menos Peeta - le digo susurrándole. Sé que no va a escucharme, pero necesito decírselo aunque sea de esta manera. - No dejaré que vuelvan a separarte de mí. - Me llevo las manos a los ojos intentando que las lágrimas no vuelvan a aflorar. Con una última mirada salgo de la habitación.

Después del desayuno Haymitch viene a buscarme. Al final otra noche perdida sin dormir. Soy consciente de las ojeras que empiezan a aparecer debajo de mis ojos.

- Peeta quiere verte - me dice. Oh. Las manos empiezan a sudarme. Tranquilízate, me digo a mi misma.

Cuando llegamos a la habitación de Peeta, quien me iba a decir que hace 5 horas que había estado aquí, el sanador me hace pasar.

- Suerte - me dice Haymitch. Le respondo con un amago de sonrisa mientras veo como el sanador y él salen de la habitación.

Me dirijo a la cama de Peeta, vuelve a tener la cortina echada de nuevo. Me asomos por ella y veo que está incorporado en la cama dibujando en un papel. Levanta la mirada cuando me acerco a su cama. Su mirada es impenetrable. No muestra ninguna emoción.

- Hola. - Vuelvo a notar el corazón latiendo deprisa. Nunca me había sentido así con él. No quiero tener este comportamiento sólo por verlo. Maldita sea.

- Hola - me responde con una pequeña sonrisa. Bueno, algo es algo, aunque es una sonrisa tensa vamos mejorando.

- Me han dicho que...que querías verme - le digo sin moverme del sitio.

- Puedes sentarte - me señala la silla. No es ni una orden ni una pregunta, pero lo hago. Cierra la libreta y la deja en la mesita que está justo al lado de la cama junto con el lápiz.

- Quería saber cómo estabas - me dice serio. Siento como se me retuerce el estómago ante nuestro trato frio. Maldita sea, ¿acaso ya no tiene sentimientos hacía mi?. Al principio me hicieron sentir incómoda. No quería que sufriera porque yo no pudiera corresponderle. No cuando había jugado con lo que él sentía. Pero...¿y ahora?, ¿podría corresponderle? Claro que no. No debo pensar en esas tonterías. Aunque supongo que eso ya no tiene sentido. Por la forma en la que se está comportando creo que sus sentimientos hacía mi han cambiado.

- ¿Katniss? - levanto la mirada y me encuentro sus ojos azules. Mierda.

- Perdona... - le digo rápido - estoy bien, si...bueno, todo lo bien que se puede estar dentro de este...ya sabes, aquí metida.

- Ya...

- ¿Y tú? - le digo. No aparta sus ojos de los míos ni yo de los suyos. Quizás no brillen tanto como antes, pero siguen siendo bonitos. Katniss céntrate.

- Bien...todo lo bien que se puede estar metido en esta cama, claro. - Le sonrío por un momento, pero me pongo tensa cuando él aparta la mirada rápidamente. ¿Y ahora qué pasa?

- ¿Cuando podrás salir de aquí?. - su mirada sigue concentrada en algún punto de la habitación.

- Los sanadores me han dicho que en un par de días.

- Me alegro. - Tengo la horrible sensación de estar hablando con alguien a quien acabo de conocer. No podría ser una conversación más incómoda. Necesito salir de aquí, las piernas me tiemblan y no quiero volver a ponerme a llorar como una tonta. No puedo dejar que me vea así. No sé qué es lo que le pasa conmigo, pero tengo que averiguarlo. Snow no va a vencer, lo destruiré, seguro.

- Será mejor que me vaya - le digo un poco seca. Peeta me mira por un momento sorprendido, pero rápidamente pone la misma expresión de antes y sólo asiente. Me levanto de la silla. Bien, por lo visto le da igual que me vaya.

Antes de salir me giro y le digo: - No sé tú, pero yo no puedo tratarte como si fueras un extraño- le digo seria y con un deje de reproche. - no después de tantas cosas por las que hemos pasado. - no me dice nada. - Ya nos vemos Peeta.

Salgo de la habitación enfadada. Haymitch y el sanador me esperan en el pasillo. Éste último me mira con mala cara.

- No se preocupe, esta muuuuy tranquilo.- Haymitch me mira alzando una ceja y me pide que lo espere un segundo.

Me quedo en el pasillo. No he querido sonar molesta con él, pero me duele que me trate de esa manera. Soy una estúpida, me digo. Ha pasado por mucho, y vas tu...y te pones a reprocharle cosas. Escucho la puerta y al momento veo como Haymitch se sienta a mi lado.

- ¿Que ha dicho el sanador? - le pregunto. Mi mirada está concentrada en mis pies.

- Se recuperará pronto. Por suerte el intento del capitolio de envenenarle sus recuerdos no surtió todo el efecto que creían...

- No estoy segura de ello.

- Créeme preciosa, si lo hubiesen hecho bien este chico habría intentado matarte justo en el momento que entraste por la puerta. - alzo la cabeza y lo miro seria.

- Me confesó que es lo primero que se le pasó por la cabeza... - le digo amargamente.

- Pero no lo hizo, pudo contenerse. Por lo que el capitolio no logró su cometido.

- Maldito Snow - me tapo la cara con las manos.

- He estado hablando con los sanadores. Peeta se recuperará pronto. Ah, y me ha dado algo para ti - me giro casi violentamente para mirarlo y veo como me tiende un trozo de papel. Lo cojo y se levanta. - Nos vemos en la cena. No te la saltes eh.

Miro nerviosa el papel en mi mano. Hay gente pasando a un lado y a otro por el pasillo, así que me encamino a un sitio más apartado para leer lo que pone.

"Lo siento Katniss. Te lo explicaré todo cuando salga de aquí y entenderás, eso creo yo, el porqué quiero mantener las distancias contigo, si no has intuido algo ya, claro.

Por cierto, no te preocupes, intentaré no volver a separarme de ti. Nos veremos cuando salga"

Leo la nota 3 veces más, analizando cada frase, como si fuera a encontrarme un mensaje en clave. Que sé que no hay, por supuesto. Miro la última frase de nuevo...es lo que le dije anoche...pero no puede ser...estaba dormido. O supuse que lo estaba. Que tonta. El muy idiota se hizo el dormido, sabía que había estado anoche allí y ni si quiera me ha dicho nada. Y ahora me da una nota...una simple nota, que ni siquiera me da él. ¿No me lo podía haber dicho en persona? Y quiere mantenerse alejado de mi... ¿Acaso piensa que va ha hacerme daño?. ¿Es eso lo que se supone que tengo que intuir?. "Nos veremos cuando salga" . Lo que si intuyo de esto es que no quiere que vaya a verlo. Bien, eso haré. No voy a ir más dando vueltas como alma en pena ni malgastando horas en su puerta.