Yo era un chico muy rebelde, con diez años me echaron del colegio Muggle en el que estudiaba y mis padrinos tuvieron que enviarme un año antes de lo previsto a Hogwarts, por lo que cuando empecé mis compañeros me llevaban un año.
Mis padrinos tuvieron que rellenar muchos papeles y que tener mucha paciencia para conseguir mi adopción, pero gracias a que yo no tenía familia directa y gracias también a la gran reputación de Albua y Minerva, al final la consiguieron y automáticamente aparecí inscrito en la lista de próximos admitidos en Hogwarts, lo que facilitó mi ingreso.
El primer día quede alucinado con el castillo, mis padrinos me habían hablado de su grandeza pero no fue hasta que lo vi que pude darme de ello. Hogwarts era enorme, con unas escaleras que se movían a su antojo, el gran comedor que alberga cinco grandes mesas, cuatro en horizontal y una en vertical presidiendo al resto de las mesas, y un techo mágico que dejaba ver un cielo a veces estrellado, otras lluvioso, dependiendo del tiempo que hiciese a las afueras de castillo.
Naturalmente yo me había leído Hogwarts una historia, y deseaba conocerlo, y ahora pory fin estaba allí, todo me parecía grandioso y durante la semana que estuve allí antes de que comenzasen las clase, me dedique a recorrer el castillo de un lado a otro e interrogaba a mis padrinos constantemente a cerca de la selección de las casas, los profesores, los exámenes, y sobre los fantasmas del castillo, hasta que se aburrían y me enviaban junto a Hagrid, el nuevo profesor de criaturas mágicas, quien había sido un antiguo alumno y de quien me hice amigo enseguida y quien se convertiría, junto con mis padrinos, en una de mis personas de confianza, el único profesor que realmente me caía bien.
La noche anterior al inicio de mis clases y por lo tanto al de la selección de las casas, yo estaba muy nervioso y apenas pude pegar ojo, así que me dedique toda la santa noche a merodear por el castillo, no fue hasta cerca de las cinco y cuarto de la noche que por fin pude dormir algo.
A las siete de la mañana mi madrina me despertó para que me diese una ducha y me arreglase antes de ir a desayunar con ella y con mi padrino a su oficina. Cuando terminamos nos dirigimos al gran comedor y me indicaron donde debía de sentarme. Ellos se dirigieron a la mesa de profesores y mi padrino se colocó de pie, delante de un gran atril con forma de águila y nos dio un discurso de bienvenida y de tranquilidad a los de primer curso. Luego del discurso empezamos con la ceremonia de selección donde nos iban llamando uno por uno y nos colocaban un sombrero antiguo y puntiagudo que después nos enviaba a una de las cuatro casas. Al llegar mi turno me levante serio y orgulloso, aunque por dentro estaba muy nervioso. Despacio me fui acercando y al colocarme el sombrero sentí como si pudiese leer mi mente y mi corazón, y esto fue lo que dijo:
- Ummm! Severus Snape Prince, aunque tu y yo sabemos que ahora tienes otros apellidos. Bien, bien, tienes muchas cosas de tus padres, el, un Slytherine de pura sepa, y ella Gryffindor de corazón. Tienes el orgullo de tu padre y la lealtad de tu madre, sí, sí, posees la inteligencia y la valentía de tu madre, Ummm! No tengo ninguna duda, quizás te lleves una pequeña decepción, pero muchacho, sin duda ese es tu lugar. Severus Snape Prince, GRYFFINDOR!
Casi me caigo de la silla cuando lo escuche, aunque por otro lado estoy seguro de que tanto mi mamá como mis padrinos estarán muy orgullosos de que pertenezca a su casa.
Me dirigí a la mesa Gryffindor donde fui recibido con aplausos. Después de mi pasaron otros, los que mas llamaron mi atención fueron:
James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Lily Evans, la pelirroja mas guapa que vi en mi vida. Los cuatro fueron a parar a mi casa.
Lucius Malfoy y Narcissa Black, Slytherine. Nymphadora Tonks, Huppelpuff.
