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SINFONÍA PARA EL DIABLO (PARTE SEGUNDA)

Por Daniel Snyder
Versión castellana de Miguel García
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Las nubes cubrían el cielo de la costa Este de Estados Unidos.
Con el alba, la mortaja de nubes se trocó de gris a violeta y a
dorado. Para cuando el sol ganó la lucha de remontar el horizonte y
la mañana empezó, las nubes eran de su acostumbrado color blanco
celestial. Un avión de pasajeros de la JAL surcaba la mañana,
rasgando la blancura con su bramido de turbinas. Su destino era
Nueva Amsterdam, que era al antiguo Nueva York lo que Tokio-3
era a Tokio en sí. A setenta kilómetros de su antecesora, estaba
enclavada donde la nueva playa del océano Atlántico se encontraba
con el río Hudson y las montañas Taconic. Vivían apenas 200 mil
personas en la ciudad; así y todo, por razones históricas, los
gobiernos de Estados Unidos y de la misma Nueva York estaban
emplazados allí, al igual que la Asamblea General de las Naciones
Unidas.

Un enviado especial de la ONU se reunió con los tres en el
aeropuerto y les condujo a una limosina alquilada. Así, Toji, Hikari
y Shinji hicieron un recorrido suntuoso por las calles de Nueva
Amsterdam. La ciudad era populosa como su predecesora, pero bien
organizada y pasmosamente baja de altura. A diferencia de Tokio-3,
Nueva Amsterdam había crecido en lo horizontal en vez de
verticalmente. Construcciones de dos y tres pisos, de cemento y
ladrillo rojo, crecían al pie de los cerros como disímiles especies de
hongos. Las construcciones dominantes eran los edificios de
gobierno. A enorme coste, la Casa Blanca original, el Congreso y
el Edificio de Justicia habían sido salvados y restaurados. Reflejando
el cambio de poder obrado en el siglo XXI, los tres edificios capitales
palidecían en tamaño ante el complejo de la Asamblea General de la
ONU. Era una reproducción idéntica de los edificios originales que
habían quedado destruidos en el Segundo Impacto. Esa mañana,
con el cielo encapotado ocultando al sol, la fachada negra del
edificio principal y las nubes blancas se combinaban para hacer que
la edificación recortada contra el cielo semejara un ojo, de mirar
inefable, de nunca pestañear.

Toji, Hikari y Shinji fueron conducidos a una oficina en el segundo
piso del edificio. Luego de solo uno o dos minutos de espera, se
presentó ante ellos un individuo flacucho, vestido con un uniforme de
NERV color café. Llevaba el pelo castaño pajizo cortado casi al rape,
con precisión exacta. Sobre el tabique de la nariz llevaba un par de
lentes. Detrás de estos, sus ojos mostraban una energía casi
maníaca.

--¡KENSUKE!

--¡Qué tal, muchachos! ¡Werucom ta Nyuu Ansatudam! --Hubo un
intercambio general de abrazos--. Hikari, caramba, estás estupenda.
Parece que llegué como una década tarde a decir eso, ¿cierto? Y
supe lo de tu libro, te felicito por tu gran trabajo. Lo van a publicar
en inglés también, así que lo voy a poder leer de las dos maneras.
Toji, yo creía que ibas a estar estudiando terapia física. Pero me
imagino que eso puede esperar, ¿verdad? Me alegra que hayas
querido salir a visitar. Shinji, me alegra muchísimo verte después de
tanto tiempo. Ya había perdido toda esperanza de volverte a ver.

--Yo también me alegro de verte, Kensuke --contestó Shinji--. Te
queda bien el uniforme de NERV. Te queda mejor que a mí.

--No te las des de irónico, Shinji, o te pego.

Con una seña, Kensuke los hizo pasar a su oficina. Al igual que la
sala de espera, estaba revestida con paneles de madera verdadera.
El escritorio, archivadores, computadora, alféizar de la ventana y
todas las demás superficies planas estaban cubiertas con figurillas de
robots de ciencia-ficción, EVAs y ángeles. Las visitas se sentaron
en sillas plegables. La habitación tenía el espacio suficiente para
albergar con holgura a cuatro personas. Kensuke se acercó a un
aparador junto a la puerta y desde un termo se sirvió té verde en
un tazón.

--¿Alguien más quiere tomar algo? --inquirió--. ¿Hikari? ¿Toji?

--Yo estoy bien.

--Para mí un té --dijo Toji. Miraba una fotografía puesta sobre el
escritorio de Kensuke. Era la foto de la clase en su último año de
colegio--. Ojalá me hubiera acordado de sonreír para la foto. Parece
que eras el único contento de toda la foto, Kensuke.

--¡Eso! --dijo él--. Y por eso la tengo. Me gusta ver cómo reacciona
la gente cuando se dan cuenta de quién es el único que está
sonriendo. Pero, bien mirada, puedo ver que Shinji tiene como una
sonrisita.

Kensuke mostró una sonrisa ladina y añadió en voz alta:

--Como la que tiene ahora.

La sonrisa se derritió en la cara de Shinji y desapareció, para ser
reemplazada por un sonrojo. Estaba mirando una foto de la EVA-01.
Algún fotógrafo había captado a la EVA de perfil justo cuando
proyectaba su Campo AT para atrapar al Décimo Ángel. La imagen
había sido ampliamente difundida. Kensuke se había agenciado una
reproducción grande y lustrosa de la imagen.

--Y, eh, ¿y qué pasó con las Evangelion, a todo esto? --le preguntó
Shinji a Kensuke--. Aunque se supone que todavía soy parte de
NERV, nunca me lo dijeron.

--¿Quieres saber? ¿Y quieres un té?

--Sí, te agradecería un té.

Kensuke le dio a Shinji un vaso de espuma plástica lleno con té y
señaló la foto.

--La 01 sigue en alguna parte debajo del Geofront, suponemos. Igual
cosa con los restos de la 00. La 02 estaba incrustada en baquelita y
enterrada cuando dinamitaron lo que quedaba del Geofront. Ahora
que la Tecnología de Dios ya no funciona, todas las unidades EVA
son montones de maquinaria y chatarra seudo orgánica. Nadie las
quiere. El gobierno japonés no tiene con qué pagar para que se
deshagan de ellas, y no hay adónde llevárselas. Así que allá van a
quedar.

"Dejen que les cuente un poquito de mi trabajo. La gente sigue
queriendo la Tecnología de Dios. Los científicos de NERV han
demostrado matemáticamente que ya no hay ciencia detrás de ella;
o sea, que no es reproducible. Lo que funciona de pe a pa una vez,
no te funciona la segunda vez, y no hay cómo saber qué clase de
modificaciones tienes que hacerle a tu experimento para que te
funcione de nuevo. Eso ya lo sabemos. Pero en el mundo hay
mucha gente idiota. Creen que... Cállate, Hikari. Como iba
diciendo, creen que porque la Tecnología de Dios funcionó como por
veinte años, puede volver a funcionar. No le podemos decir a esa
gente las razones de por qué no, porque es un montón de secretos
bien grandes y sucios. En todo caso, de nada serviría decírselo,
porque la gente cree lo que quiere creer.

"El otro problema es que nada en la naturaleza es verdaderamente
aleatorio. Hemos demostrado que el colapso de la Tecnología de Dios
ya se completó en un 99,9999 por ciento. No hay manera de saber
bien si ya se completó del todo, porque la estadística no nos da para
tanto. Pero esa sola posibilidad de una en un millón hace que la
misma clase de gente que le busca la cuadratura al círculo, o que
quiere encontrar patrones en el pi, busquen esta tecnología.

"Así que tienes gente que sueña con gobernar el mundo, invirtiendo
en la Tecnología de Dios tremendas sumas de la plata que han
ganado desde el Segundo Impacto. Hay menos de doscientas
organizaciones que en algún momento puedan siquiera reproducir los
experimentos básicos del 97 en el polo Norte. De esas, más o menos
diez van a lograr los del 99 o del 2000. Esa gente representa una
amenaza para ellos mismos y para el mundo, porque si les FUNCIONA,
si sus experimentos tienen el éxito que predicen las leyes de Akagi,
entonces su salud, y la salud de los que los rodean, está en sumo
peligro.

"Ahí es donde entra NERV. Nosotros los vigilamos, los detenemos,
encarcelamos a los de la plata y les damos nuevos empleos a los
científicos. La verdad, la orden es matarlos a todos, pero nadie
obedece eso. Somos seres humanos, no nos gusta quitar más vidas
de las necesarias.

Kensuke hizo un alto para tomar un sorbo de té. Toji hizo la
pregunta que estaba en la cabeza de todos:

--Entonces... ¿Has...? Tú entiendes..., ¿tenido que matar a alguien?

Kensuke asintió despacio con la cabeza:

--Es mi trabajo. Un mal necesario. Siempre me pregunté si sería
capaz. Pero no hablemos de eso. Planear operaciones y ver que se
lleven a cabo no es ni siquiera lo que más hago. Es casi puro trabajo
administrativo. Le ayudo a Maya a procurar que NERV tenga
suficiente libertad para hacer nuestro trabajo, que tengamos
financiamiento, que la ONU esté informada, bla bla bla. En realidad,
hago montones de informes, juntando la información que nuestros
funcionarios reúnen. Costa Rica, Arabia Saudí, Angola... Tengo que
saber de todos esos países, quién está en el poder dónde, y cuánto
peligro presentan.

--Mencionaste a Maya hace un momento --dijo Shinji--. ¿Sigue en
NERV?

--Sí --contestó Kensuke--, es más, yo estoy bajo su mando. Pero y
ella y el mayor Thorgarssen tienen que entregar un informe para esta
semana sobre... ehh... --Hojeó por un reducido conjunto de páginas
impresas presentes en su escritorio y miró la primera línea de una de
ellas-- sobre el "Estado de la Tecnología de Dios en Europa como
amenaza para la seguridad mundial". Así que se está preparando
para eso. Pero en la tarde vamos a comer con ella y ahí la vamos a ver.

Con soltura, tiró el papel a un lado:

--Sinceramente, muchachos, Maya no tiene estómago para el
aspecto que tiene que ver con la muerte en nuestro trabajo; pero
tiene experiencia, y es buena científica. Le va a ir mejor si no trata
de ser el oficial de más rango aquí, y eso lo sabemos todos. A
capitana es lo más alto que va a llegar, nada más.

--A propósito --intervino intempestivamente Hikari--, ¿Asuka está
en NERV? ¿O sabes tú dónde está?

--¿Quién, la Demonia? --dijo Kensuke. Lo pensó un momento, y
concluyó--. No, no sé. Pero sí sé con quién tienen que hablar en
Alemania para saber. Se llama Lieberman, y está a cargo de las OES
en la rama alemana. También vas a necesitar la firma de él para
visitar a tu papá, Shinji.

--¿OES? ¿Y eso qué es, Kensuke?

--"Operaciones especiales de seguridad". Se encarga de mantener a
los usuarios de la Tecnología de Dios bajo siete llaves, no perder de
vista a los ex pilotos, cosas por el estilo.

--Ah, entiendo --dijo Shinji--. En ese caso, ¿él puede saber dónde
está Rei?

Kensuke se rió.

--Te iba a preguntar algo muy parecido, Shinji. No ha habido
registros de ella desde el día en que la ONU tuvo la idea genial de
invadir Tokio-3.

Shinji se encogió:

--No... No fue culpa de la ONU, yo fui el responsable...

--Da igual. --Kensuke terminó su té y se puso en pie--. Aquí en la
ONU ya nadie anda apuntando con el dedo ni echando la culpa, si te
hace sentir mejor. ¡Y ahora salgamos de esta oficina! Me tiene
cabreado estar encerrado, y todavía no escucho las historias de
ustedes. Vamos. Maya va a comer con nosotros en la tarde, pero
hasta entonces estamos libres. ¿Les afectó el cambio horario? ¿Ya
se registraron en algún hotel?

Fueron al hotel, un edificio de cinco pisos, y dejaron el equipaje en
sus respectivas habitaciones. La entretención durante la tarde
consistió en un recorrido a la Estatua de la Libertad, en un barco con
fondo de vidrio. El tiempo estaba perfecto para verla: el sol de la
tarde había asomado de entre las nubes, y el agua estaba apacible y
diáfana. Había marea muerta, de modo que la punta de la antorcha
casi afloraba del agua. Bajo cubierta, los turistas quedaban a unos
diez metros de la corona de la Estatua. Shinji miró lo mejor que pudo
al rostro anacrónico, ennegrecido por las sombras del agua. Se le
ocurrió que una vez que el barco se fuera, el Atlántico que rodeaba a
esa cabeza quedaría en completa quietud. La mujer de bronce, allí
en el mar, no "oiría" nada, ni a nadie. Estaría completamente sola.

--¿No seremos todos la Estatua de la Libertad...? --preguntó esa
noche durante la cena.

Estaban comiendo en un bello restaurante fuera del centro de la
ciudad. Los precios eran razonables, y Kensuke les dijo que era difícil
conseguir reservaciones si no se era de la ONU o del gobierno. No
requería vestimenta formal. Las ventanas miraban a carreteras con
liviano tránsito nocturno.

--¿... Siempre con el deseo de que las esperanzas que tenemos
asomen del agua, pero nunca lográndolo? --concluyó.

Shinji dirigió la pregunta a Maya, que estaba sentada frente a él.
Se había dejado crecer el pelo desde la última vez que la había visto.
Llevaba un vestido azul y blusa blanca, y lucía aretes grandes.
Ponderando la cuestión, Maya dejó el cuchillo y tenedor en el plato,
masticando pensativamente. Cuando pudo volver a hablar, dijo:

--No creo. Las personas no son estatuas, la gente puede cambiar y
hacer cosas distintas. Toma por ejemplo a NERV. Primero, diseñamos
y construimos a la EVAs. Cuando llegaron los ángeles, pasamos de
tanta ciencia a un programa orientado hacia la defensa. Después
los ángeles se fueron, y la Tecnología de Dios ya no funcionó más.
Ahora somos una especie de organización antiterrorista. Así que
había un solo NERV, pero tres propósitos.

"La gente como tu padre, Shinji, y todos los vejetes que quieren
que sus propias naciones y sus propias tribus sean los mandamases,
ellos son las estatuas. ¿Y qué les pasó? Tu padre está preso por
crímenes contra la humanidad, y los imbéciles separatistas son el
hazmerreír de la ONU hasta que se van. Tal vez es justicia divina.
Todo aquel que no se pueda mover está condenado.

Maya devolvió la atención a su filete, pero Shinji estaba
respondiendo a lo que había dicho.

--Shigeru y Makoto murieron por culpa mía --murmuró en tono
sombrío--, ¿o sea que eso es la justicia divina?

Las otras dos personas de la mesa quedaron en silencio al golpear las
palabras de Shinji.

--Shinji... --empezó Hikari, pero Maya interrumpió.

--No, está bien. Shinji, tienes mucha razón. Debí haber tenido más
respeto por ellos y quedarme callada.

Apuró su copa de vino y arrugó la cara, obligándose a continuar la
idea:

--Fui la única de la sala de control que salió con vida, Shinji. No sé
tu padre... Pero conmigo fue únicamente la suerte lo que me salvó.
Estaba tan asustada con el tiroteo, que me escondí debajo de un
escritorio. No tuve el valor para estar de pie disparando con todos
los demás; me escondí. Y Lilith no me llevó porque no pasó por
donde me escondí. Así fue, y no hay más vueltas que darle.

--¿Podemos cambiar el tema? --dijo Kensuke--. Si a nadie le
molesta.

--No me gusta pensar --murmuró Hikari-- que la casualidad es lo
único que tiene con vida a la gente. ¿Y si el que alguien viva o
muera no tuviera significado? ¿No significaría que Dios no existe?

--Me imagino que no --dijo Toji.

--¿Y si hay un significado, y simplemente no lo entendemos?
--rebatió Shinji--. ¿No sería prueba de que sí existe Dios?

Maya negó tristemente con la cabeza:

--Es lo mismo que con la Tecnología de Dios. La Tecnología de Dios
funciona de forma completamente aleatoria, así que decimos que no
es ciencia. Dios parece trabajar aleatoriamente, así que a creer en
Dios le decimos "fe". Cuando hay un significado que sí podemos
entender, ya no es fe, es otra cosa. Ya te das cuenta de qué
significa eso... Que cualquier significado que encontremos en
nuestras vidas será una ilusión, o fe, dependiendo de cómo le digas.

Kensuke lo intentó de nuevo.

--¡Pero bueno! --preguntó enérgicamente--. ¿Qué planes tienen
entre ahora y el momento en que partan a Alemania?

Toji suspiró contemplativamente:

--No muchos. A lo mejor podemos quedarnos más cuando vengamos
de vuelta. Shinji quiere ver a su padre, y todos tenemos planeado
visitar a Asuka. Una vez que hagamos todo eso, podemos pasarla
bien.

--No hagas que visitar a Asuka suene como castigo, amor
--reconvino Hikari.

Viendo que Toji no tenía modo contundente de contestar, Kensuke
le dijo a Shinji:

--Bueno, no dejen de pasar cuando vuelvan.

--Por favor, no duden en pasar, Shinji --añadió Maya--. Lamento
que no hayamos tenido más tiempo para pasar juntos, de verdad
que sí.

--Yo también podría ser mejor de aquí en adelante, supongo --dijo
Shinji--. Ahora les voy a escribir por email, o les hablo por teléfono.
Ya tengo anotados todos sus datos. Y, en serio, gracias por
reunirse con nosotros. La estoy pasando muy bien en este viaje.

Le pareció, en retrospectiva, asombroso decir algo así.

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