Capítulo II Buscando empleo

ABOGADA, pasante, 25–45 años, experiencia en ramo hipotecario, excelente presentación, 4443310641235

ALMACENISTA, hombre, 21–35 años, masculino, 13823344

EMPLEADOS DE OFICINA, masculino, 18–28 años, preparatoria, recepción mercancía, acomodo, inventarios, buen sueldo, 05123923

EMPLEADA DOMÉSTICA…

La lista crecía. Personas ofreciendo empleos en sus diferentes negocios y empresas, pero Jinx no encontraba ninguno que fuese apto para ella. En algunos, el problema era que necesitaban profesionales, y lo único en lo que Jinx era profesional, era en el arte del crimen, y recientemente se estaba entrenando en el ramo de la justicia. En otros, solicitaban hombres. Y en los demás, contrataban exclusivamente gente por encima de los dieciocho o los veintiún años; Jinx tan sólo tenía dieciséis.

Resopló con enfado, arrugó el periódico y lo lanzó sin darse cuenta a qué apuntaba. Necesitaba encontrar un trabajo, y pronto. No podía seguir viviendo como una mantenida de Kid Flash. Eso era odioso y le hacía sentirse inservible. Su nueva carrera como heroína no le dejaba nada con lo que vivir, y robar ya no era una opción.

Decidió salir a la calle y pedir empleo personalmente. Tenía que haber por lo menos en algún lugar de Central City una vacante para una chica de dieciséis años, egresada de la Academia Colmena. Claro, los dueños no tenían por qué enterarse de su egresión, Jinx podía fingir haber concluido la preparatoria, y ahí quedaría zanjado el asunto.

Con esta nueva determinación corrió al baño a lavarse la cara y arreglarse para salir, actividad en la que debía poner algo de empeño. No podía salir con su cabello rosa chicle al aire, pues los comerciantes rápidamente la distinguirían como Jinx la villana, y no como Jinx la nueva titán, así como tampoco podía lucir sus felinos ojos rosas por el mismo motivo; por eso mismo, se puso un gorro negro de estambre y unos pupilentes de un tono café ordinario. Su piel era demasiado gris como para pasar desapercibida, por lo que se tapó con guantes, suéteres, mallas, botas y bufandas, y aplicó demasiado maquillaje en crema sobre toda su cara.

Cuando hubo acabado, pensó que de verdad lucía irreconocible y sonrió con encanto. Era una maestra del disfraz. Salió del baño sintiéndose como una nueva persona y divisó a Kid Flash, quien recién entraba por la puerta del departamento.

–¡Hola, Jinxy! Lindo color de ojos, aunque prefiero el rosa. ¿Piensas salir?

–¡No me llames así! – se quejó la hechicera –. Y sí, voy a salir. ¿Qué llevas ahí? – señaló la enorme caja de cartón que Kid Flash llevaba y que buscaba acomodar en algún sitio.

–Estaba pensando esta mañana en lo aburrido que debe ser para ti estar en tu departamento y no tener nada que hacer, así que te compré esto – explicó, poniendo por fin, la caja sobre una mesa roída que estaba en la pequeña sala del hogar.

Kid Flash dejó que Jinx abriera la caja, y cuando lo hizo, la chica no pudo dejar de sorprenderse al ver un gran televisor de pantalla plana. Puso los ojos como platos, la boca en forma de O y no supo qué decir ante aquél regalo. En un abrir y cerrar de ojos, Kid Flash la conectó y la dispuso para ser usada, otorgándole a Jinx el control remoto.

–Kid Flash, no debiste haber hecho esto – dijo cuando pudo hablar, intentando no sonar regañona. Tomó la rosa que el velocista había dejado y la examinó con cuidado. Era roja, como siempre.

–¿Por qué no? ¿Prefieres conectarla tú? – se extrañó el muchacho.

–Me refiero a comprarla. Tengo muchas cosas que hacer como para aburrirme, y aparte, si la uso no podré pagar la luz cuando me llegue el estado de cuenta – murmuró sin dejar de mirar la gran pantalla plasma y sobándose la nuca.

–Oh – fue todo lo que Kid Flash pudo decir.

Jinx volteó a verlo y notó que el velocista lucía algo decepcionado. Al instante se arrepintió de sus duras palabras, pues se dio cuenta de que Kid Flash había hecho la compra de buena gana, seguramente en uno de sus tantos impulsos que le daban al día y la reacción de ella, seguramente no había sido la que él había esperado.

–En fin, pronto conseguiré empleo y pagar la luz ya no será un problema – repuso rápidamente, con una sonrisa tímida. Kid Flash sonrió de manera estúpida –. ¡No me mires así! – le reprochó dándole un golpe en el hombro – Ya me voy – anunció colgando su mochila de la espalda.

Jinx también intentó ocultar la sonrisa boba de su cara. De alguna forma, Kid Flash siempre conseguía sacar eso de ella. Su sonrisa, es decir. Jinx sabía que era tonta su manera de actuar cuando se ponía a pensar en cuántas otras jóvenes titanes habrían recibido regalos lindos procedentes del chico pelirrojo aquella semana. Sin embargo, nada pudo evitar que sonriera así para sus adentros, porque nadie nunca le había regalado algo a ella. Nadie más que Kid Flash. Todas sus posesiones ella las había conseguido, bien fuera robadas o compradas con mucho esfuerzo.

Semanas atrás, cuando Jinx encontró la rosa en el callejón, aquella noche en la que se enfrentó a Madame Rouge, decidió cambiar de bando. Kid Flash estuvo ahí para socorrerla, incluso le había ofrecido su propio departamento para que ella viviera ahí en lo que se arreglaban las cosas, pero Jinx, que era muy orgullosa, intentó hacer la mayor parte de las cosas por su propia cuenta, por lo que la ayuda que recibió de Kid Flash fue la mínima posible. No obstante, Kid Flash le enseñó que la amabilidad era algo tan real como lo decían todos los cuentos. Desde entonces, se forjó entre ellos algo así como una amistad, que se iba solidificando día con día. Había muchas cosas que Jinx detestaba de Kid Flash, como su manía por coquetear con cualquier humano del sexo opuesto, o lo perfecto que le salía cualquier cosa que se proponía, o que la llamara Jinxy, pero tenía que admitir que el chico también tenía varios puntos a su favor. Aparte, ella, con su no tan buena actitud, y su poder de mala suerte, no conseguía muchas amistades fuera de su ex equipo, por lo que tener a Kid Flash de su lado, era algo extraordinario aunque la mayor parte del tiempo intentara disimularlo.

Al andar por el pasillo que la conducía hasta el ascensor del edificio donde vivía, Kid Flash le dio alcance, "ocultando" su identidad de súper héroe tras un largo abrigo oscuro y un sombrero de pana.

–También soy un amo del disfraz, ¿no?

–No estás ocultando tu cara y te ves ridículo. Mejor quítate el traje, así ya nadie te reconocería.

Kid Flash rio ante aquél comentario.

–¿Bromeas? Tengo una identidad secreta que esconder.

–Nadie sabría que el chico tras la máscara es Kid Flash – susurró Jinx, asegurándose de que nadie más la escuchara.

–Tú lo sabrías, cariño – Jinx sólo alcanzó a refunfuñar antes de que el velocista le acariciara el mentón con su dedo índice y se despidiera –. Nos veremos después, Jinxy. Espero que encuentres trabajo.

Desapareció dejando detrás una estela de polvo y de nuevo, una sonrisa estúpida grabada en la mente de Jinx.

«Él tampoco confía en mí. Por eso no quiere que sepa quién es en realidad» pensó con amargura y siguió su trayecto.

Tomó el tren y llegó al centro de Central City. Allí, se la pasó deambulando por todas las calles que pudo, entrando y pidiendo informes en cada local donde se solicitaban nuevos empleados. La mayoría de las personas la despidieron de manera amable, diciéndole que necesitaba al menos tener dieciocho años para trabajar con ellos, o en dado caso, mostrar el consentimiento de sus padres para que ella trabajara en alguno de esos lugares. En otros puestos, le prometieron que le llamarían después y le concertarían una cita con el jefe del local o con el licenciado en recursos humanos. En una tienda de ropa, Jinx sintió que casi obtenía el puesto.

–Me pareces justo lo que buscamos, chicas jóvenes y con estilo.

–Y con todas las ganas de trabajar, señorita – añadió Jinx, sintiéndose entusiasmada.

–Eso es lo más importante – aceptó la mujer, soltando una risita boba –. Ahora, hablemos de tus horarios y tus pagos. Trabajarás todos los días, de ocho a… Oh, querida, se te está corriendo el maquillaje, ¿no tienes calor? Ven, te ayudaré a limpiarte.

La señora acercó un pañuelo a la cara de Jinx, pero la joven hechicera no quiso dejarse tocar por ella, por temor a que fuera a quitarle las mil capas de maquillaje que tenía en la cara y descubriera su piel gris. Sin embargo, al esquivar el toque, chocó atrás con unas cajas apiladas y para evitar caer tuvo que dar un giro en el aire hacia atrás. Al tocar el suelo, su espalda golpeó un estante donde habían apilados decenas de frasquitos de perfume que temblaron y saltaron al aire con la fiel promesa de estrellarse en el suelo y volar en mil pedazos. Jinx actuó rápido y los detuvo todos gracias a los rayos rosados que lanzó justo a tiempo. Los puso con cuidado en el piso y al voltear hacia su interlocutora sólo fue capaz de distinguir una expresión de pánico en la cara de la mujer que pensó que estaba por convertirse en su jefa.

–Tú… acabas de… – la mujer no podía completar con sentido sus frases.

–Lo siento mucho, señorita. Lo que usted acaba de ver fue sólo… un acto de magia. Verá, yo trabajaba en un circo y…

–Y tu piel es… ¿gris?

–Soy alérgica al sol y no puedo exponerme a él.

–Eres una…

–Señorita, por favor. Soy lo que busca para su tienda, ¿recuerda? – Jinx avanzó unos pasos hacia ella – Joven, con estilo y llena de ganas de trabajar. Por favor, todo lo que le pido es una oportunidad – imploró Jinx estirando su mano y acercándose unos pasos más.

–¡MONSTRUO! – gritó la mujer, golpeando el dorso de Jinx y corriendo hacia la entrada de la tienda – ¡Auxilio! ¡Por favor, alguien ayúdeme! ¡Esta niña ha querido engañarme!

–Señorita, por favor. No soy lo que usted dice – Jinx se sentía desesperada, porque todas las clientas y la gente que pasaba por fuera se detuvieron en lo que hacían para prestarles atención –. Esto es un malentendido.

Un hombre se acercó al escuchar todo el escándalo y sólo le prestó atención a la mujer que gritaba con terror.

–¡Tengan cuidado! ¡Es un monstruo!

–¡No, no lo soy! – se defendió Jinx y en eso sintió que alguien la tomaba fuertemente por la muñeca. Al voltearse, se dio cuenta de que era el hombre que se había acercado. Un señor cuarentón de amplios hombros, panza prominente y bigotes rubios y retorcidos.

–¡Sí, yo te reconozco! – dijo el señor al momento – Eres Jinx, la líder del H.I.V.E. FIVE – el hombre arrancó de manera brusca el gorro de la hechicera, dejando al descubierto su cabello color de rosa. Todos los presentes soltaron un grito ahogado –. Tú y tus amigos robaron mi tienda, ¡tres veces seguidas!

La gente comenzó a congregarse en torno a Jinx, y la chica vio a más de una persona sacar el teléfono celular y comunicarse con la policía.

–¡Se equivocan, todos ustedes! ¡Yo no soy más esa chica de la que hablan! ¡Esa no soy yo!

El hombre que la tenía sujetada por la muñeca la sostuvo con tanta fuerza que comenzó a hacerle daño y Jinx gritó de dolor. Por la apariencia de todos, se dio cuenta de que planeaban lincharla o hacerle algo peor, así que no pudo evitar lanzar rayos de magia rosa a todos y liberarse del agarre para salir corriendo de aquella tienda de locos. Las personas se hicieron a los lados para dejarla pasar gracias a sus rayos de mala suerte y sólo así Jinx llegó al exterior.

Afuera, la lluvia caía copiosamente y Jinx sintió el maquillaje escurrirse aún más. Pero poco le importó ese detalle. En ese momento, lo que quería era huir y esconderse hasta asegurarse de que estaba a salvo.

Corrió varias cuadras y cruzó varios parques y calles hasta que en una esquina, se sintió verdaderamente tranquila, pero no se detuvo. Hubiera querido regresar a su departamento pero éste estaba muy lejos, y Jinx se había alejado mucho de la estación del tren. Lo más seguro era no volver a esa zona dentro de muchas horas, así que pensó rápidamente y se dio cuenta de que no tenía ningún lugar al cual llegar.

Al final, rendida, se dejó caer junto a un bote de basura y se metió dentro de una caja de cartón, para compartir el techo con un perrito abandonado.

Mientras acariciaba la cabeza del perro, entre las orejas, Jinx se puso a pensar en todo lo que le había salido mal ese día, y se dijo que todo habría ido mucho mejor si no hubiera usado sus poderes. Después de todo, no había nadie en todo el mundo capaz de hacer lo que ella hacía y supuso que su cara debía de ser bien conocida de tantas veces que había salido en las noticias. Fue mala suerte el hecho de que el dueño de la tienda que habían asaltado tres veces ella y su equipo estuviera precisamente ahí.

«Mala suerte – pensó –, esa soy yo».

Usó sus rayos rosas y de repente la mujer dueña de la tienda de ropa la había acusado de ser un monstruo y como por arte de magia, aparecía el dueño de una tienda de Jump City para corroborar las palabras de la mujer. Si eso no era mala suerte, entonces Jinx no sabía qué lo era.

«Sólo quería buscar un trabajo honesto y cómo he terminado».

Quizá lo suyo no era ser empleada. Tal vez debía buscar otras alternativas. Poner un negocio o algo así.

«Aunque primero debo buscar dónde pasar la noche» se recordó a sí misma.

Si aún se considerara una villana, entraría a cualquier casa y dormiría en una suave y caliente cama. Estaba segura de que más de algún hogar se encontraba deshabitado en aquél momento. Pero no. Jinx ahora era una "súper heroína" y debía hacer las cosas como tal.

Lo único que se le ocurrió fue dirigirse hacia el crucero de avenidas más cercano y observar el mapa de la ciudad. El perro la seguía a donde fuera; por lo visto nadie lo había tratado bien últimamente y había adoptado a Jinx como su nueva dueña.

Central City era una ciudad en extremo grande. Buscó con la mirada dónde se encontraba la siguiente estación de tren y contó por lo menos 40 calles hasta la más cercana. Y la dirección de su departamento estaba al triple de lejos. La chica suspiró.

Se sintió como en un sueño durante las siguientes horas porque estaba muy cansada. De alguna manera, decidió que era más fácil llegar a la central de autobuses que a cualquier otro lugar, y así, de una manera inesperada, terminó en Jump City, la ciudad donde todo había comenzado. Asombrosamente, el perro siguió siempre a su lado.

«¿Cómo fue que te dejaron entrar al autobús?»

Sus pies, casi por inercia, la condujeron por calles que conocía tan bien como la palma de su mano y al final de cuentas, terminó sentada en el sofá del cuartel central del H.I.V.E. FIVE, que Jinx prefería llamar casa.

El perro se sentó a un lado de ella y la hechicera acurrucó la cabeza sobre el apestoso, mojado, sucio y pulguiento abdomen del animal. ¿Qué más daba? Con seguridad, ella estaba igual de sucia y mojada, y luego de tantas horas conviviendo con el perro no le extrañaría que el olor también se le hubiera pegado. Sin embargo, las pulgas no sobrevivirían nunca alimentándose en la cabeza de Jinx, así que no temía a eso. El perro pronto empezó a lamerle las manos a su nueva dueña y ella no se apartó.

Estaba a punto de amanecer y Jinx seguía despierta. Oyó ruidos en pisos superiores y justo cuando se preguntaba qué estaría pasando, un sonoro grito de emoción la sobresaltó.

–¡JINX ESTÁS AQUÍ! – Kid Flash corrió hasta ella y se inclinó sobre el sofá. Jinx se sintió tentada de hechizarlo – No te preocupes por lo que sucedió en la tarde. Vimos los videos de seguridad de la tienda y tú no fuiste culpable de nada. De lo demás ya me encargaré yo.

–Gracias, Kid Flash – respondió con voz monótona –.Te debo una.

–No me debes nada – el velocista intentó sacudirle cariñosamente el pelo rosado y entonces lo encontró húmedo –. Jinx tu pelo está mojado – se alejó unos centímetros y añadió –. Y apestas – después se percató de su nueva compañía –. ¿Quién es ese perro? ¿Y dónde te metiste? ¿Por qué no volviste a casa? ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba? – el chico se llevó sus manos en puño a la cadera – Vas a coger un resfriado por quedarte con tu ropa mojada toda la noche. Y apuesto a que no has comido nada en horas. ¿Ya viste la hora? Son casi las seis. Ve a tomar un baño, muchachita. Y de paso baña también a tu nuevo amigo. Yo prepararé el desayuno y después hablaremos.

Jinx abrió la boca para refutar pero observó la mirada severa de Kid Flash y no le quedó de otra más que obedecer de mala manera.

–Sí, mamá.

Estaba segura de que así se sentía tener madre y ser regañada por ella.

Llenó la bañera de agua caliente y bañó al perro. Después la volvió a llenar y se bañó ella misma tomándose todo el tiempo del mundo, disfrutando la voz desesperada de Kid Flash apurándola porque la comida se enfriaba.

–¿Qué es esto? – exclamó la chica una hora más tarde, cuando vio el desayuno sobre la mesa. A un lado de la bandeja, había una rosa roja.

–Fruta, yogurt, brócoli cocido, leche de soya, nueces y un omelette. Nada mejor para empezar el día – explicó con orgullo.

–Estás arruinando mi día. ¿Quién come brócoli en la mañana? Yo quería waffles.

–Los waffles te harán engordar. Ahora come.

Estaban en la barra desayunador de la cocina. Jinx notó que todo se encontraba anormalmente limpio, algo que nunca antes había visto. No con decenas de Billys corriendo y comiendo de un lado a otro, ni con Mamut peleándose con la cuchara para poder tomar el cereal o con Gizmo disparando a todo lo que se caía del plato. Tan sólo Jinx, See–More y Kyd Wykkyd sabían comer sin ensuciar tanto. Incluso el perro comía con orden. Ahora, todo estaba tranquilo y Jinx estaba segura de que Kid Flash se había tomado su tiempo para limpiarlo todo.

–Entonces… – habló el pelirrojo, luego de observarla largo rato con detenimiento –, ¿me dirás qué pasó?

No había mucho que contar en realidad. El chico había dicho que ya lo había visto todo a través de las cámaras de seguridad pero igual insistió en conocer el punto de vista de Jinx, de principio a fin. Cuando Jinx le contó que no había tenido nada de suerte al encontrar empleo, Kid Flash la animó diciéndole que aún le quedaban muchos sitios donde preguntar.

–Pero tú podrías ayudarme a conseguir dinero de manera más fácil – dijo Jinx –. Con tu súper velocidad podrías…

–No voy a robar, Jinxy.

–Pero sólo piénsalo. Si tomas un centavo de todas las tiendas que puedas recorrer en algunas horas, estoy segura de que podrías juntar suficiente dinero como para que yo sobreviva por un mes entero. Nadie se daría cuenta de que les hacen falta unos cuantos centavos. Ni siquiera contaría como robo.

–No es la manera correcta de hacerlo, Jinx. No importa, ya encontraremos algo ideal para ti. ¿Quién es él? – preguntó señalando al perro.

–Se llama… Señor Trapeador – lo había decidido en ese mismo momento luego de observarlo unos instantes. Su pelo blanco figurando ser rastas le daban esa apariencia y Jinx no encontró un nombre más ideal que aquél. Señor Trapeador agitó la cola y sacó la lengua, como si estuviera orgulloso de ya no ser un simple perro cualquiera.

–¿Señor Trapeador? – Kid Flash rio ante aquello – La próxima vez que encuentres un perro – el muchacho se inclinó sobre la mesa y frotó el mentón de Jinx con su dedo índice – déjame a mí nombrarlo, ¿sí? ¿Señorita Pelo Rosado? – Jinx apartó la mano del velocista con un golpe. Kid Flash resopló porque seguramente no estaba acostumbrado a que no le devolvieran los coqueteos – De cualquier manera, ¿por qué viniste aquí y no a tu departamento en Central City? ¿Qué no era más fácil eso?

Jinx se encogió de hombros. Ella tampoco lo sabía. Estaba convencida de que andar unas 120 cuadras era mucho más sencillo que viajar a otra ciudad. Kid Flash tenía razón, ¿por qué había vuelto ahí? Ese ya no era su hogar. Nunca lo había sido, ¿por qué volvía? Sólo le traía recuerdos de su vida pasada. De su vida criminal. Esa vida a la que había marcado con un punto final. Ahora era una súper heroína, su lugar ya no era ahí sino en Central City, cerca de Kid Flash. Lo tenía bien claro y estaba convencida de ello, entonces, ¿por qué sentía que se le retorcía el estómago cada vez que se pensaba a ella misma trabajando como súper héroe?

Miró en todas direcciones. Ese lugar, junto con la Academia H.I.V.E. había sido el único lugar donde de verdad se sintiera cómoda. Ser una villana siempre se había apegado bien a su forma de ser. Después de todo, ella era mala suerte, ¿no? La mala suerte iba del lado de los villanos y no de los súper héroes. La fiesta en la torre T y el incidente en la tienda de ropa le habían hecho ver todo con mayor claridad. Ella no pertenecía a ese lado, no era bienvenida ni aceptada. Por eso retornó al único lugar donde sabía que podía encajar, aunque supiera lo que eso implicaba.

–Kid Flash este lugar es… es… – no sabía cómo decírselo. No sabía cómo admitir que ya no quería su ayuda, que ya no quería ser miembro de los Jóvenes Titanes.

«Aunque dudo haberlo sido alguna vez».

–¿Este lugar es qué?

–Mi casa.

–No. Tu casa está a kilómetros de aquí.

–No. Ese es tan sólo el departamento que me estás ayudando a pagar.

–¿Y a dónde quieres llegar con todo esto?

–No es mi casa.

–Sí lo es. Y ésta también. Bien. Puedes tener dos casas y tantas más como quieras tener. ¿Y eso qué?

–No lo entiendes.

–Pues no me estás ayudando a entender.

–No me siento cómoda allá.

–¿Y aquí sí?

–Sí… No…

–¿Sí? ¿No? ¿A qué te refieres con eso?

–A que sí… No lo sé… ¡No lo sé! ¡Deja de hacer tantas preguntas!

Kid Flash apretó los labios y frunció el ceño. Intentó guardar silencio mientras Jinx organizaba sus ideas pero no pudo aguantar mucho.

–Sólo estoy intentando ayudarte – dijo al final, con tono serio.

–No puedes ayudarme.

–¡Sí puedo, Jinx! Pero necesito que cooperes un poquito. ¿Qué es lo que tanto te está molestando?

¿Qué le molestaba? ¿Lo que había pasado en la tarde? ¿El poco dinero que tenía? ¿Las nuevas restricciones por el hecho de cambiar de bando? ¿La culpa por haber abandonado a sus "amigos"? ¿El tener que depender de Kid Flash para prácticamente todo lo que hacía? ¿Las acusaciones de Robin? ¿Qué?

–Yo puedo ayudarte, soy un súper héroe, es lo que hago. Ayudo a la gente, es mi deber.

–¡No quiero ser una titán! – gritó, entendiéndolo por fin – No quiero ayudar a nadie. No quiero pasar mi vida al servicio de los demás porque sé que no podré hacerlo. La gente es desagradecida y cruel. Te atacan y te lastiman sólo porque no tienen otra forma de actuar y aun así exigen que los rescates siempre y los trates bien. No nací para eso. Y no quiero tener que convivir por el resto de mi vida con los titanes. Son todos unos seres que se creen perfectos porque hacen el "bien" y se sienten con el derecho de juzgarte porque creen conocerte. Los odio. Los odio a todos. No voy a ser una titán, ¡jamás!

Kid Flash y el Señor Trapeador la miraron con ojos de perro triste.

–¿Entonces planeas volver a ser una criminal?

–¡No!

–¿Entonces serás una heroína solitaria? – preguntó con emoción en la voz – Podrías unirte a la Li…

–No, tampoco – le interrumpió –. ¿Qué todo tiene que ser buenos y malos siempre? No todo es blanco o negro, también hay gris. No necesito ser una heroína o ser una villana, ¿qué no puedo ser una simple ciudadana? ¿Vivir una vida normal?

–Con tus poderes… Jinx, podrías hacer grandes cosas. Podrías ser la más grande de todas.

–No quiero serlo – insistió.

–¿No?

–No tengo por qué usar mis poderes siempre. Puedo vivir sin ellos.

–¿Renunciarías a tus poderes? – le preguntó seriamente.

Jinx tardó un momento en contestar. Al final, asintió, moviendo la cabeza de arriba abajo.

–Soy mala suerte por culpa de mis poderes. Si dejo de usarlos, podría dejar de atraer la ruina a mi vida y… a la de los demás.

–No es mala suerte. Jinx, tú no crees verdaderamente en eso. La suerte…no existe.

–Tú no sabes nada, Kid Flash.

–¿No? Entonces, ¿te molestaría explicar las cosas para mí?

Había tanto pesar en los ojos de Kid Flash, que Jinx no tardó en darse cuenta de que lo que él le decía era cierto; de verdad quería ayudarla. Kid Flash siempre era así con ella, nunca buscaba perjudicarla sino todo lo contrario. Jinx se sintió conmovida y decidió decirle todo lo que cruzaba por su cabeza.

–Soy mala suerte, eso es lo que me dijeron en la academia H.I.V.E. Y siempre lo he creído, porque sé que es verdad. Mientras yo fuera consciente de lo que mis poderes implicaban, todo salía bien. Me enseñaron a controlar y dominar mi magia. Y tan pronto como me enseñé a canalizar mis sentimientos negativos en rayos rosas, me convertí en la mejor estudiante de la academia. Por eso, ayer en la tienda no pude controlarme. Me hace falta ese impulso de enojo y venganza para poder usar mis poderes a mi modo. El miedo sólo lleva al desastre. No puedo seguir usando mis poderes y no quiero hacerlo, Kid Flash. Renuncio a ese estilo de vida. Los maestros en la academia H.I.V.E. tenían razón. Soy la hechicera de la mala suerte.

–¡Bueno, debe haber otra manera de controlar tus poderes! – exclamó de pronto Kid Flash – Ellos no son los únicos que pueden enseñarte. Debe haber más maestros en el mundo. No tienes que creerte esa idea, Jinx. Tú puedes hacer cosas mucho mejores con tus poderes que dañar gente y robar. Puedes hacer el bien, sólo tienes que creerlo. No tienes que negar esa parte de ti ni aceptar lo que tus maestros dijeron de ti. Siempre hay una alternativa, Jinx.

–¡No la hay, Flash! Mi vida entera ha girado siempre en torno a mis poderes y mira a dónde llegué a parar. Si no los uso, podrían mejorar las cosas. Lo sé. ¿Te has preguntado alguna vez cómo terminé en la academia H.I.V.E.? ¿Te has preguntado alguna vez por qué escogí ser una villana? – Jinx ni siquiera le dio tiempo para responder – Desde que nací, la mala suerte ha estado conmigo, como una vieja amiga que se niega a dejar mi lado… Mi madre tuvo complicaciones al momento de darme a luz y nadie pudo hacer algo para evitar que muriera desangrada. En la actualidad, ninguna mujer debería morir por tener un hijo, pero ella murió y fue ahí donde comenzó todo. Mis hermanos dijeron que cuando mi padre me vio por primera vez quedó horrorizado y a partir de entonces, siempre me culpó de haber sido yo quien matara a mi madre. Nunca me lo perdonó. Constantemente me decía que si yo no hubiera nacido, mi madre seguiría viva y todos serían felices. Me decía que mi nacimiento sólo trajo infortunios al hogar… y eso fue cierto.

»De bebé, cada vez que lloraba, las cosas volaban y se estrellaban contra las paredes o caían al suelo, y mucha gente salió lastimada por culpa de eso. Así que resolvieron mantenerme encerrada hasta que aprendí a controlarme. Y cada vez que lloraba con furia, ellos me… – Jinx subió la manga de su atuendo y dejó que Kid Flash viera las marcas en su muñeca, ahí donde la pulsera le daba descargas eléctricas cada vez que se portaba mal –. Mi padre, decidió que sería buena idea llamarme Jela Ige, un nombre que sólo hace referencia al sufrimiento de mamá al tenerme. Mi hermana era de la misma creencia que mi padre, pero mi hermano siempre me defendió de ellos dos, y gracias a él sobreviví en esa casa por tantos años. Cuando mi padre decidió que yo era demasiado anormal como para ir a la escuela, fue mi hermano quien lo convenció de que por lo menos contrataran a una institutriz.

»Y a la edad de once años… Todo cambió – Jinx apretó sus labios fuertemente antes de continuar –. Yo… Mi hermana se enteró de que guardaba un conejo en mi cuarto. Me dijo que no podía tener mascotas y me obligó a abandonarlo en la calle. Pero yo me negué y ella se lo llevó a mi padre. Las dos llegamos corriendo y gritando a su despacho y él trató de poner orden quitándole a mi hermana mi conejo y encerrándose de nuevo en su oficina.

Jinx se sintió incapaz de seguir más. El recuerdo de lo que había pasado a continuación aún le atormentaba y quería escoger las palabras adecuadas antes de continuar, así que se mantuvo en silencio y con la vista gacha durante varios instantes en los que Kid Flash supo esperar con paciencia.

–Esa noche, mi papá organizó un banquete en casa, sólo para nosotros cuatro. Cuando estuvimos todos en la mesa, llegó el señor Albert, el asistente de mi padre, con una gran bandeja en sus manos. La depositó con cuidado y al destaparla…

Jinx no pudo seguir más.

–Era tu conejito – entendió Kid Flash.

La hechicera asintió con la cabeza.

–Corrí al baño y vomité todo en cuanto lo vi en la bandeja. Mi padre fue tras de mí. "Lo hice por su bien Jela. En manos tuyas ese animal habría muerto lleno de sufrimiento, como tu madre. Tú no querrías eso, ¿verdad? Vamos, te aseguro que la cena de hoy estará deliciosa".

–¿Y tú…?

Jinx negó moviendo la cabeza de un lado a otro.

–Él me arrastró hasta el comedor e intentó obligarme a comer. Empezamos a pelear y forcejar. Mi hermano intentó detenernos y mi hermana empezó a llorar.

Jinx aún escuchaba la confusión que había sido ese momento. Creía escuchar los gritos, los gemidos, las súplicas…

–Las cosas empezaron a salirse de control porque yo me salí de control.

Lo recordaba: Todo brillaba de color de rosa. Su hermano le imploraba que se tranquilizara pero ella no podía. Estaba enojada y confundida. Estaba asustada, tenía tanto miedo como nunca en su vida. Pero tenía miedo de ella misma, no de su padre.

–La casa empezó a temblar y a desmoronarse.

Y el suelo se abrió y de pronto su padre sintió más miedo que ella. "¡Jela detente!", le imploraba su hermano mayor. Su padre se vio rodeado por un aura de energía rosa. Jinx respiraba entrecortadamente, su hermana se había desmayado por un impacto en la cabeza y su hermano se había alejado unos metros prudentemente.

–No podía detenerme y entonces…

Su padre la miró a los ojos, lleno de terror. Escupió al suelo y le gritó: "¡Monstruo!".

–Mi padre me dijo: "Debí haberte dejado en el circo".

Jinx ya no era la que controlaba sus poderes. Sus poderes la estaban controlando a ella y no había manera de detenerlos. "Ahora mátame, así como mataste a mi esposa, Jela Ige".

"¡JELA, NO!".

–Y lo maté, ahí mismo. Frente a mí y frente a los ojos de mi hermano... Yo asesiné a mi padre.


*Jela Ige, a mi parecer es un nombre terrible, hubiera preferido para ella un nombre más bonito o romántico, no sé... Pero encontré estos en una página de significados de nombres de dudosa fiabilidad y me convencieron jaja. De acuerdo con esto, "Jela" significa en algún dialecto del continente africano: padre sufrió durante el parto. E "Ige" quiere decir: nació en podálica. Me parecieron interesantes así que los dejé :)

Y ese fue el capítulo de hoy. Como pudieron notar, tuvo un tinte más oscuro porque la verdad nunca he imaginado la infancia de Jinx como un lecho de rosas ni un crucero del placer, por eso. Pero ojalá les haya gustado. Qué tengan un lindo día C: