Lα ηιñα dε mιs σנσѕ

Por Tokio Cristal


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CONOCIÉNDOSE

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Su reloj, acomodado estratégicamente encima de la mesita de luz, ya marcaba insistentemente las 08:00 de la mañana, señal de que era hora de levantarse para ir al colegio. El ambiente pronto se volvió insoportable al escuchar el constante y molesto sonido "ring" que emitía el artefacto sin piedad. ¡Dios!, ¡cómo deseaba sacarlo volando por la ventana! Pero sabía bien que no podía hacerlo, ya que comprar uno nuevo costaba plata y ella no andaba para más gastos... omitiendo el hecho de que su mesada era utilizada únicamente en videos juegos.

Suavemente sacó su brazo escondido entre las cobijas, para luego acercarlo lentamente hasta el reloj, donde aprontó su mano en forma de puño y le suministró un golpe, tirándolo hacia el suelo. Rápido como vino, se fue ese molesto ruido, y el silencio comenzó a subsistir nuevamente en esa habitación. Hasta que el inconfundible sonido de una voz femenina al otro lado de la puerta le hizo abrir los ojos instintivamente.

—¡Niña, levántate o llegaras tarde a la escuela! —advirtió Ikuko esperando la suplicada respuesta de su hija para seguir durmiendo.

—Déjame dormir dos minutos más mamá, ya me levantaré, es que tengo mucho sueño… —contestó con pereza no pudiendo levantar su cabeza de la almohada, como si fuera un imán de la heladera que no se puede despegar.

—¡Vamos hija, son más de las ocho! —suplicó oyendo un golpe seco en el suelo del cuarto de Serena.

Pronto, en menos de diez minutos, se podía ver como la silueta de una chica corría velozmente para llegar al colegio. Su excusa siempre era que se dormía y por eso nunca llegaba a tomar el bus; era algo común como respirar, dormir o comer, se había vuelto en una costumbre irremediable. Si solamente fuera mas activa que perezosa todo seria distinto en su vida; tendría puros setentas sobre cien, ¡o hasta cien sobre cien!, su madre no la amenazaría de meterla en un curso "vacacional" de estudios y de seguro la querría más que al "perfecto" de Sammy, bueno, al menos eso pensaba la mente infantil de Serena...

Su atención se vio distorsionada al ver el local donde tantas veces perdía el tiempo, el cual supuestamente debía estar disponiendo entre libros. ¿Qué le iba hacer? Ella era una chica enamorada y en ese mismo local trabajaba el hombre de sus sueños.

Hacía tiempo que quería expresarle sus sentimientos a él, porque tenía la necesidad de saber con certeza si era correspondida. Le faltaba valor. Sabía muy bien que el hombre era once años mayor que ella pero eso no la detenía, ni le importaba, porque el amor podía más que cualquier cosa. Esta tarde pasaría y le declararía sus sentimientos a Andrew y nadie, absolutamente nadie, se interpondría en su camino.

Volvió a reanudar sus pasos con una gran sonrisa en su rostro. Ya deseaba salir del colegio antes de haber entrado sólo por la simple idea de volver a verlo.

Enamorada y atontada como iba no se había fijado del gato negro que terminó pisando, el cual apenas maulló adolorido observando como la niña se alejaba de ella.

—Oh, lo que es el amor, lalalaaa…

Estaba tan inversa dentro de su imaginación, que no se había dado cuenta de cuando entró al colegio. Al haber recorrido dos pasos despertó velozmente al recordar que llegaba tarde a su primera materia del día: biología.

—¡Rayos! —maldicio, tomando velocidad por la escalera principal, corriendo velozmente en el pasillo y entrando -sin tomar en cuenta al hombre que estaba parado-, en un abrir y cerrar de ojos, en el salón ante la mirada atónita de sus compañeros.

—¡Señorita Tsukino! —rugió la directora Rin observando como su estudiante se sentaba a lado de Molly como si nunca hubiera pasado nada—. ¿Estas son horas de llegar? —cuestionó conteniendo la furia y las ganas de arrastrarla a la dirección por las orejas. Serena tan solo asintió, sorprendida de que esta vez no la mandara al pasillo.

—Bien alumnos, aprovechando que ya están todos tengo el "honor" de presentarles a su nuevo profesor suplente de biología … —señaló la puerta, pero al ver que nadie entraba, se excusó y salió para afuera.

Pronto el salón se convirtió en una selva de papelitos por allá, papelitos por acá, alumnos corriendo, chismosas chusmeando y de gente haciendo deberes que se les había olvidado hacer, para la materia que le seguía a ésta.

Serena escabulló su cabeza para atrás, donde estaba el asiento de su gran amigo y compañero Kelvin, al cual le preguntó con un hilito de voz:

—¿Qué profesor suplente?, ¿qué le sucedio al anterior? , ¿desde cuándo tenemos profesor suplente?

Molly, como metiche, la miró con cara de "ya lo suponía" y respondiéndole, dijo:

—Ay, Serena, siempre tan distraída —su amiga frunció el ceño— . Hace unos días dijeron que iban a cambiarnos de profesor por un tiempo, ¿tú dónde estás cuándo dicen las cosas?, ¿eh?

—Yo no puedo respirar, escribir y oír a la vez, no soy como Kelvin… —replicó enojada, esperando la siguiente respuesta o regaño. ¿Es que nadie entendía que ella no era perfecta? Ella era Serena Tsukino, ¡dios santo!, con sólo decir su nombre justificaba esa pregunta.

—Lo que le pasó al anterior… — comenzó a decir su amigo— fue que una chica rubia con cabeza de globo y extraño peinado … —pausó unos segundos tratando de recordar lo que habían esparcido por la clase— le hizo al salir del laboratorio …

—¿Qué le hizo? —preguntaron al unísono Serena y Molly.

—No lo sé —negó—, yo s´plo escuché hasta ahí el rumor, je, je, je… —contestó apoyando su mano sobre su cabeza y rascándosela.

—Ufff —resoplaron sus amigas ante la estupidez de Kelvin.

—No se preocupen… —una voz entrometida, desde el asiento de atrás de Molly, se unió a la conversación que mantenían los tres amigos—, de seguro ha de ser uno de esos tantos profesores que sueñan con arruinarle la vida a los adolescentes, que todavía viven con sus mamás a los cuarenta años, y tienen calvicie y problemas de salud…

—¡Qué descripción, Karen ! —exclamó Molly emocionada porque eso no fuera verdad.

—Bueno, total, no es mi problema… —poniendo cara sumamente picara mostró sus curvas como modelo a sus compañeros, arreglandose algunos mechones de su pelo castaño—, ningún hombre podría resistirse a mi belleza, simpatía y juventud. Mis notas serán las mejores…

—Sólo si es miope —Serena respondió soltando a carcajadas junto con Kelvin y Molly—, además podría ser mujerrr...

—Ríete Serena pero cuando él esté a mis pies yo seré la que ría ultimo y mucho mejor, ja, ja… —ironizó al final enfrentando el rostro de la chica con el de ella pero separándose al instante al ver quienes estaban al frente del pizarrón.

—¡Ah, sí! , entonces mira: ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, JA, JA, JAAA —Serena le respondió dejando a todos sorprendidos, ya que para esos instantes la directora había entrado junto con el profesor suplente.

Ella extrañada por el silencio que sucumbía en la clase y la tranquilidad que se presentaba en el salón viró su cabeza hacia adelante fijándose con terror como la cara de los dos individuos la miraban impactados.

—Señorita Tsukino, compórtese por favor… —recriminó Rin.

Serena rápidamente logro reconocer el rostro de aquel hombre que casi se encontraba enfrente de ella y, con un leve sonrojó en sus mejillas, bajó su mirada al suelo al ver como él la miraba. ¿Quién no la miraría ahora? Si hacía tan sólo unos segundos había echo un "espectáculo" digno de su humillación.

—¿Quién es usted? —preguntó una intrépida alumna.

Él simplemente sonrió y contemplándola contestó:

—Darien Chiba, ¿con quién tengo el gusto?

—Simplemente Karen… usted parece muy viejo para ser un nuevo alumno — contestó riendo a risotadas juntos con sus demás compañeros, empezando a agarrar confianza con ese extraño ser totalmente desconocido para ella, pero que era un deleite ante sus jóvenes ojos.

—Mucho gusto, Karen. Soy el profesor suplente de biología.

Karen cerró el pico y su rostro se retornó lleno de seriedad.

—Que bien —terminó ella, captando enseguida con quien se había metido.

—Bien, ahora que ya conocen el nombre del señor Chiba, tengo el gusto de decirles que, como dijo él, es el profesor suplente de biología… ¡y por favor silencio! — reprendió—. Compórtense en sus asientos como dios manda… —ordenó Sargento Rin, dándole buenos augurios al nuevo profesor y saliendo del salón.

Darien simplemente se apoyó sobre su escritorio cruzando ambos brazos y alzando una ceja mientras que con su mirada recorría los rostros de sus actuales alumnos.

—Hola —saludó simplemente—, como sabrán yo soy temporalmente su profesor de biología, aunque me gustaría haber sido de física. Es el primer año que trabajo con el tema y por eso mismo espero que no sea el último… —su mirada se detuvo en donde estaba Serena. No sabia porqué pero todavía no podía lograr captar en donde la había visto antes—. Que les parece si hoy simplemente nos dedicamos a conocernos.

—¿De qué manera? —se atrevió a preguntar una chica, de forma picara, esperando poner nervioso a su nuevo profesor mientras los demás alumnos comenzaban a reír por las suposiciones.

—De la que quieras … —respondió con total tranquilidad y recibiendo una oleada de "oh" en la clase—, mientras que no implique nada sexual … —corrigió recibiendo una decaído "ah"—. Bien, como ya terminaron con la payasada, me presentaré yo primero y luego ustedes —asintieron en silencio, esperando conocer especialmente la edad del hombre—. Bien, pregúntenme lo que quieran —la mayoría ya había levantado la mano—. Tú —señalo al primer postor.

—¿Cuántos años tiene ?

—Veinte mas siete.

—¿Vive con sus padres ?

—No.

—¿Está casado ?

—No …

—¿Tiene hijos? —preguntó otro.

—No...

—¿Su novia es linda ?

—¿Deseas que te la presente? —cuestionó irónico.

—¿Tiene auto? —esa fue la gota que derramó el vaso.

Serena intentaba escabullirse de su asiento pero la mirada fulminante del profesor la mataba. Ya medio que recordaba en dónde había visto esa chica, más bien: ¡cómo se iba a olvidar!

—Tengo… —dijo sonriendo de lado— hace mas o menos una semana que casi dejo de tener, pero sobrevivió a un accidente…

—¿Accidente?, ¿cuál accidente?... —preguntó Kelvin.

Serena ya había arrancado un pedacito de hoja de su cuadernola, para comenzar a escribir una notita a su amiga. Luego se la pasó confidencialmente a Molly, la cual la sostuvo y comenzó a leer horrorizada por las faltas de ortografía que encomendaba la rubia.

Molly le contestó en la parte de abajo diciéndole: "Así que es ese hombre... ¡no me habías dicho que era tan guapo!" Luego se lo pasó.

Serena frunció el ceño y comenzó a escribir unos cuantos improperios contra Darien, como pueden ser "horrible", "espantoso", "feo", y resaltando la palabra "engreído" en mayúsculas. Justo cuando iba a pasar la nota Darien se la arrebató de las manos rápidamente. Hacía rato que no podía sacar sus ojos de encima de ella y claro que no era bobo para no darse cuenta que se estaban pasando "cartitas."

—¡Oye, devuélvemela! —gruñó la rubia con cara de pocos amigos y alzando sus manos para poder rescatarla.

Estaba tan apenada de que leyera lo que había puesto, que no se había dado cuenta de la "falta" de "respeto" que estaba cometiendo ante su profesor.

—Mandando notitas en la clase, ¿eh?... — preguntó esquivándola y abriendo esa nota que tanto quería que no leyera. Luego comenzó a leerla para sus adentros con una sonrisa, para después mirar a Serena y alzar una ceja con indiferencia—. Bonita letra y excelente ortografía… —los demás compañeros comenzaran a reír, haciendo que la chica se sintiera más humillada de lo que estaba,

¡Cuánto quería llorar!

—¡Léala profesor! —gritó uno entre el alboroto.

Darien, jugando un poco con la situación, abrió la boca para hacer ademán de leerla, hasta que Serena se tiró encima de él, resbalando en el acto y terminando abrazada al cuello del chico para no caer al suelo.

—A mi si me pareces bonita… —susurró Darien inconcientemente.

Para ambos el tiempo se detuvo mágicamente y las personas que permanecían en el salón desaparecieron misteriosamente, como si seres de otro mundo los hubiera abducido sin que ellos se dieran cuenta. Lo único que existía eran sus miradas enfrentadas. Pronto un mar de sensaciones se hicieron presentes en el cuerpo de Serena, haciéndola flotar en el mundo de la inconciencia, del cual parecía no querer salir nunca. Él deseaba besarla a ella y ella deseaba besarlo a él. Él sabía que sería pecado tocar a esa chiquilla y ella sabía que sería su primera experiencia tocarlo a él. A ambos le entusiasmaba la idea pero la culpa comenzó a surgir en Darien, el cual fue el primero en reaccionar y alejarse por miedo a sus instintos.

Se acercó a la papelera que se encontraba a lado de su escritorio y tiró el papel, luego se sentó cruzando las piernas para decir en forma de broma, rompiendo ese encantamiento que reinaba en Serena:

—Lindo peinado…

El salón entero comenzó a reír junto con él, haciendo que Serena se estrellara nuevamente en la cruel realidad. Se estaban burlando de ella.

Tratando de contener las lágrimas que querían salir de sus ojos, volvió a tomar lugar en su banco temerosamente, derrochando una mirada llena de odio a Darien durante toda la pasada hora. Finalmente cuando tocó el timbre, que daba final al curso de la materia, fue la primera en retirarse, observando como unas cuantas chicas, en especial Molly y Karen, se acercaban como babosas a él. Ja, todavía no podía entender que le veían a ese hombre totalmente engreído, que sólo le interesaba lastimar los sentimientos de los demás, en especial los de ella. Con esos últimos pensamientos impuros, estuvo el resto de la mañana esperando que por fin pudiera salir del infierno de ese instituto; deseaba que terminara de una vez por todas su odioso día.

A la vuelta de su casa, el retornó se sofocaba en la tranquilidad mientras caminaba sobre la desértica vereda, poca acompañada de multitud pero colmada de silencio. Al instante, el sonoro pitido de una bocina hizo que se volteara para reconocer, y llevarse la gran sorpresa, que un auto la seguía. Haciendo ademán de no haberlo escuchado, volvió a reanudar sus pasos con total indiferencia.

Pronto el automóvil se vio siguiendo el mismo ritmo que la caminata de Serena, aprovechando eso, el conductor sacó la cabeza por la ventanilla y preguntó:

—¿Estás enojada conmigo ?

Realmente se sentía confundido y arrepentido por lo que le había echo vivir a la pobre chica rubia, alias cabeza de chorlito.

—No, es sólo tu imaginación —ironizó mirándole con rabia a los ojos.

Darien entendió al instante el mensaje.

—Emmm, ¿me odias?

Serena asintió.

—¿Mucho?

Serena súper asintió

Darien sonrió. No sabía porqué, ya que él no era de comportarse así, tan inmaduro, pero aquella chica era... ¡bah!, no lo sabía, sólo sabía que le gustaba molestarla.

—¿Pero es verdad que me quieres?...

Serena se mantuvo observándole durante unos segundos y viró su rostro apenada, mientras le negaba rotundamente con la cabeza.

—Ya veo… —susurró él interpretando algo distinto—, te gusto.

—¡¿Qué estupideces dices? —rugió alterada mientras detenía sus pasos.

Ese gritó asustó a Darien, logrando que éste frenara el auto instintivamente y que al mismo tiempo unas cuantas aves salieran de sus escondites dentro de las copas de los árboles.

—No me grites, atolondrada —gruñó todavía impactado por el susto que había experimentado—. Sólo era una inocente broma —suspiró con aires de grandeza—. Además yo no dudaría enamorarme de mi mismo, ya que soy tan guapo, simpático y dulce que no me resisto —declaró comenzando a conducir con delicadeza su recién reparado auto.

—Engreído… —Serena gruño con gran enojo y siguiéndole el paso.

—Vale, estoy bromeando niña —sonrió no comprendiendo porque no deseaba dejarla ir y porqué estaba yendo detrás de ella—. Dejémonos de aplicar mi inteligencia y que te parece si te propongo… —puso pose de pensativo, aunque no estaba pensando en nada, pero debía actuar para sacar provecho de la propuesta que iba a tirar—, llevarte hasta tu casa

—¿Qué? —preguntó trastornada—. ¡Ni loca salgo contigo hacía ningún lado!

—Histérica… —susurró esperando que no lo escuchara.

—¡Yo no soy histérica! —recalcó con voz amenazante.

—Ok, ok. Solo digamos que tienes problemas de actitud…

—¡¿Cuál problema de actitud?! —exclamó remangándose las mangas.

En estos momentos Darien agradecía estar adentro de su auto.

—Está bien, cof, cof, sólo cálmate, ¿sí? —suplicó con el ceño fruncido y aparentando tranquilidad e indiferencia.

—Bueno, tienes razón, tal vez me estoy sobrepasando un poquito —admitió ella apenada—. No afectara mis notas, ¿cierto?... —puso cara de puchero y un lagrimón bajo por su ojo izquierdo.

—"Nah, sólo unos cuantos unos sobre cien y listo — pensó maliciosamente—. Además me falta pasarle la factura de mi auto a la madre de esta chiquilla, hump, justo ahora recuerdo bien quién es. Una tal Serenity Tsokino, o era … ¿ Serena Tsukino, alias cabeza de chorlito ? ..." —seguía pensando mientras Serena se rompía el alma por saber la respuesta.

—¿Por qué no me contestas ? —lloriqueó trastornada—. Debes entender que hoy no fue mi día, snif, no quise tratarte así —con esto comenzaba a sacar todo los momentos que se había reprimido para no llorar—. ¡Sé que soy algo "tonta" , pero no me humilles, desgraciado! —gritaba a los cuatro vientos, mientras Darien detuvo el auto y se bajó para hacerla callar.

Agradecía que no hubiera nadie por esas calles en ese momento.

—¡¿Por qué?, no es justo, no lo esss!

—Oye, cálmate, Tsukino... Serena, no es para tanto … — replico él en modo de susurró, intentando agarrarla para que se calmara pero Serena se lo impidió esquivándolo.

—¡Te odiooo, brutooo, abusivooo, violador…!

Justo en esos momentos una anciana pasaba por esos desérticos lugares. Al ver esta escena creyó lo peor; un auto negro frenado en la calle, un hombre tratando de abalanzarse sobre una trastornada chica colegiala, eso solamente podría significar… ¡Un rapto!

Darien por fin había podido detener a Serena entre sus brazos. La chica simplemente se mantuvo observándolo como casi siempre lo hacía, estaba experimentando lo mismo que en el salón de clase.

—Niña, cálmate, no es el fin del mundo —susurró con un tono distinto de voz, que hasta para él mismo era irreconocible. Antes de que la tranquilidad fuera la ganadora, sintió como un bolso impactaba en su cabeza rudamente; su atención se vio dispersada por el golpe de la abuela que se encontraba insultándolo detrás de él. La abuelita se tiró sobre Darien logrando que él dejara libre a Serena por instinto.

—¡Déjela en paz, policía, policíaaa! —gritaba ella golpeándolo.

—Oiga, ¿qué le pasa señora? —preguntó tratando de ser respetuoso e intentando cubrirse de los ataques—. ¡Yo no le estoy haciendo nada a la chica! —exclamó molesto viendo como Serena se iba sin decir nada más—. ¡Oye, espera, no te vayas arregla esto! — gritaba Darien intentando correr detrás de la rubia pero siendo detenido por la abuela—. ¡Niñaaa!

Veinte minutos después; Serena caminaba con el corazón a punto de salírsele por la boca, el entusiasmo corría por sus venas como en una maratón y el nerviosismo hacía acto de presencia a pronto llegar allí.

Estaba tan colmada de alegría que no se había dado cuenta del gato negro que la seguía unas cuadras más atrás. Desde el día del accidente con "mister engreído", no había parado de perseguirla en cualquier momento, parecía chicle en la suela de su zapato del cual no se despegaba con nada al seguir sus pasos, no perdiendo ninguno en el recorrido. Serena, como era tan distraída y tan poco llevada a la realidad, sólo unas pocas veces se había dado cuenta de su presencia, las cuales resto importancia como si nunca lo hubiera visto.

Deteniéndose a la entrada del local, se mantuvo pensativa y dudosa antes de dar el primer paso para entrar pero algo le llamó la atención. ¡El auto de Darien estaba estacionado enfrente de ella!, ¿cómo podía ser?, ¿la había seguido después de haberlo dejado sólo luchando con la ancianita?, ¿sería una venganza de él para arruinarle todo? Gruñendo como una fiera entró en el local, recordando su promesa de que nada ni nadie se iban a interponer en su declaración de amor. Darien iba a pagar duro si trataba de interponerse en su camino.

Buscando con su mirada a su futuro marido entre niños y adolescentes, a pocos metros de distancia Serena pudo visualizar como una pareja muy acaramelada se mimaba entre beso y beso. Pronto sintió un frió terrible recorrerle toda la espalda acompañada por una enorme opresión en el pecho. Su cuerpo había comenzado a temblar ante lo que sus ojos mostraban. No lo podía creer, no creía que fuera realidad. Andrew tenia novia y ella muy ciega no se había dado cuenta. ¿Cómo podía haber sido tan tonta de creer que él sentía algo mas que una simple amistad por ella?, ¡era un hombre mayor! A él sólo le interesaban las mujeres maduras y no niñatas como ella, que únicamente lloraban por cualquier cosa.

Retrocediendo unos pasos más atrás, dio la vuelta velozmente para salir corriendo del local. Antes de que cumpliera su propósito se pecho sin querer contra alguien en la salida, el cual la sostuvo de no caer…

—¿Por qué lloras ahora? —preguntó el individuo subiendo el mentón de la chica para que sus rostros se enfrentaran.

—No te importa —atinó a decir separándose de él y limpiándose las lágrimas—, y por favor deja de seguirme

—¿De seguirte? Después de que me dejaste solo con una trastornada abuelita, de la cual me arreglé para que me dejara ir, no me importa lo que te suceda y menos me interesa a dónde vayas… —respondió cruzándose de brazos.

La rubia lo miró unos instantes mientras más lágrimas bajaban por sus ojos, suspiró y bajó su cabeza mirando hacia el suelo:

—Tienes razón con eso de que yo nunca voy a conseguir a nadie que me ame, esa persona especial con la que viviré el resto de mi vida porque, como dices tú, yo no le importo a nadie…

—¿Eh?, ¿qué te hice ahora? —susurró confundido. Esa chica si que era loca—. ¿Cuándo dije que nunca ibas a conseguir novio, marido o lo que sea? —preguntó olvidadizo y suponiendo que el trastorno de la chica venia de parte de él.

—a semana pasada, cuando te vi por primera vez y te insulté diciéndote egocéntrico con cabeza de globo.

—Ahhhh… sí, lo recuerdo… emmm… lo siento —admitió sorprendido por la ingenuidad e inocencia de la rubia—. Pero no te preocupes, no lo tomes tan a pecho… —dijo—, ¡tú también me atacaste! —se defendió antes de que ametrallara con otra cosa.

—No, deja, tú no tienes la culpa… —susurró rompiendo a llorar nuevamente.

Darien no la entendía y sabía que menos en el futuro entendería a las mujeres. No le había dicho nada, se había disculpado, la consoló e igual se puso a llorar, sólo le quedaba una carta bajo la manga.

—¿Quieres que te alcance hasta tu casa? —propuso nuevamente como hacía un rato atrás—. Si vas a gritarme o a llorar a gritos en la calle, hazlo ahora —la soltó, esperando que otra ancianita saliera por la vuelta de la esquina. Segundos que parecieron eternos, pasaron entre el silencio y la pequeña sorpresa que le encomendaría su nueva alumna…

—¡Darien! —suspiró abrazándolo con fuerza—. Por favor, solo quiero ir a casa, llévame te lo suplico.

¿Darien?

¿Lo había llamado por su nombre?

¿Lo estaba tuteando?

—E-está bien… —tartamudeó correspondiéndole a su abrazo. Estaba realmente impactado, ¿Qué había echo él para merecerse esto? —. "Después pasaré a visitar a Andrew" —pensó para sus adentros mirando por ultima vez el local y dirigiendo los turbios pasos de Serena al auto.

—Darien , por favor, discúlpame … —susurró sintiendo como comenzaba a marchar el automóvil.

—Si solamente fue un berrinche, nada de otro mundo… —dijo simplemente él—, ahora dime, ¿dónde vives?

—Siguiendo este camino recto, doblando a la derecha, luego seguís más de largooo, doblas a la izquierda, hay un parque, luego en ese parqu…

—Ok, ok…—replico medio mareado—. Solo avísame en los lugares que debo doblar y listo.

—Está bien —asintió.

Nuevamente el silencio volvió a presentarse entre ellos, esperando que uno de los dos se animara a romper el hielo que comenzaba a transformarse. Pronto Darien recordó las lágrimas en los ojos de Serena al salir del Video Game. Suponía que alguien le había echo algo malo, también creía, o mejor dicho temía, de que él fuera el culpable de su sufrimiento.

—Lo siento… —su voz se escuchó con total sinceridad y arrepentimiento.

—¿Qué? —preguntó Serena saliendo del trance de pensamientos en el que se encontraba encerrada.

—Perdóname por molestarte… —respondió deteniendo el automóvil.

—Y-ya te dije que no hay problem… —fue silenciada por él.

—Si lo hay… —replicó ofendido—, no tendría que comportarme así contigo, después de todo por mi edad, además soy tu profesor, debería ser más serio y distante… pero yo… es que tú …

—¿Yo qué ?

—Bueno — bajó la mirada—, me divierte molestarte, así que… yo soy así contigo y siempre lo haré por el resto del tiempo que compartamos juntos, por lo tanto no debes sentirte cohibida o dolida — advirtió con total sinceridad, aunque algo incomodado por sus palabras—. No te molestes…

—Je, je, je, claro que no me voy a molestar, JAJAJAJAJAJA… —ironizó con una pizca de humor.

—Sabes… —Serena lo miró—. ¿Qué te parece si algún día te invito a tomar un helado conmigo? Je, je. Como ene-amigos.

Serena alzó las cejas y sus mejillas se ruborizaron.

—Diría que sí pero viendo tu pinta supongo que eso también se lo debes decir a unas cuantas más… —exclamó ella algo enojada recordando el comentario anterior.

—Claro que no —se defendió—. Yo no salgo con cualquiera, así que debes sentirte alagada.

—¿Qué ? —gritó. Ya solo habían tenido un segundo de tranquilidad y en menos de lo imaginado ya se encontraban peleando—, ¡me bajo, me voy sola, eres un…GRRRRRRR !

Sabía que era su alumna y él su profesor. Lo de invitarla a tomar un helado era otra de sus tantas tomaduras de pelo hacia Serena.

—¿Ah?, ¿si? —respondió intentando mantenerse serio para no largarse a reír como estúpido—, ¡Vete, no me importa!

—Me voy, engreído, bruto, mujeriego —salió del auto echando un terrible portazo y acomodando su falda.

—¡Ah!, y algo más: no eres linda, olvida lo que dije en el salón.

—Snif…no me importa, snif … ¡Egocéntrico! —exclamó con la cara toda roja y una lágrima solitaria bajándole por la mejilla—. ¡Cómo me veo te veras, y mil veces peor! —advirtió comenzando a caminar.

—Gracias, ¡por qué realmente eres mucho más que linda!

Serena se detuvo un instante y lo miró de reojo con las mejillas encendidas. Darien sonrió de lado.

—Es broma—dijo él sonriendo burlonamente.

Los puños de Serena se crisparon y le echó la lengua. Darien no dijo nada más y encendió el auto, marchándose de ese lugar.

Hoy si lo tenia todo bien claro: ¡había sido el peor día de toda su vida! Se había dormido llegando tarde al colegio, su profesor suplente de biología terminó siendo el SER más ODIOSO de todo el planeta, le rompieron el corazón al descubrir que Andrew tenia novia y por supuesto el gato que se estaba refregando justo ahora entre sus piernas no paraba de seguirla.

—Shu, shu, vete —gruñó alzando su pie para que el felino la soltara—. Déjame en paz.

—Miauuu… —maulló con indiferencia el pequeño individuo poniéndose a un costado de ella.

—¡Ay, déjame!, ¿si? —gritó pegándole una patada. Estaba dolida, enojada y frustrada. Deseaba que de una vez por todas terminara ese día—. Ufff, ¿por qué conciencia? —resopló apenada volviendo hacia donde el gatito—. Bien, ¿qué quieres ? —preguntó como si él le fuese a contestar.

—Miauuu …

—Ash —lo agarró entre sus manos comenzando a tomar rumbo hasta su casa—, si mi mamá me llega a decir algo porque te llevé tú tienes la culpa…

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CORREGIDO 01/06/16