Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos en la historia original perteneciente de A.L


CAPÍTULO 01

Baltimore, estado de Maryland.

El hombre de la gorra se introdujo en el estrecho callejón con un rápido giro, a fin de despistar a cualquiera que estuviese observándole. Avanzó unos metros por el sucio y oscuro pasadizo, hasta que divisó una pequeña luz en movimiento. Se aproximó a ella, sin dejar de agarrar con su mano derecha el revólver que portaba en el bolsillo de la desgastada sudadera.

—¿Tienes algo para mí? —preguntó al hombre escondido tras un contenedor de basura y del que divisaba apenas sus sucios rasgos.

—Sólo rumores —respondió el aludido y tiró al suelo la colilla aún encendida.

—Adelante.

—La banda de Los Italianos. He oído que piensan dar un golpe sonado.

—¿De qué se trata?

—No lo sé. Están muy quisquillosos últimamente. Apenas se dejan ver, por eso pienso que debe ser algo gordo.

—¿Algún trabajo importante? ¿Trata de blancas? ¿Ajuste de cuentas?...

El hombre de la gorra sacó una cajetilla de cigarrillos y ofreció uno a su interlocutor. Este lo aceptó con ansia. —Me huelo que es algo diferente, que se aparta de sus negocios habituales.

—Vaya. Parece que nuestros amigos quieren probar fortuna en otros campos. ¿Sabes cuándo piensan actuar?

—No, pero debe de ser pronto porque han reducido al mínimo sus otras actividades.

—Bien, ponte a trabajar en ello inmediatamente. Nos vemos la semana próxima. Si te enteras de algo antes, ya sabes lo que debes hacer.

—Descuide, jefe.

El hombre de la gorra observó a su interlocutor mientras se marchaba por el otro extremo del callejón, empujando un destartalado carrito en el que se acumulaban sus numerosas y variopintas pertenencias. Su aspecto andrajoso daba a entender claramente que se trataba de un mendigo, un sin techo de los muchos que deambulaban por los barrios menos distinguidos de la ciudad. Tiró el cigarrillo casi acabado y se marchó. Su confidente le había proporcionado un buen asunto en el que pensar.

—¿Diga?

—Acepta una llamada a cobro revertido de... —se apagó la voz de la operadora y se escuchó la de un hombre que se identificó. Al fondo se oía el bullicio de una concurrida calle.

—Sí, la acepto —y se dispuso a escuchar con anhelo lo que su confidente en la zona sur de la ciudad deseaba in—formar. Imaginó que debía ser algo importante para que decidiera no esperar a su cita semanal.

—Jefe, ya me he enterado de lo que traman Los Italianos.

—Bien, larga.

—Piensan sacar una buena tajada secuestrando a la hija de un ricachón, un tal Swan. Creo que se dedica a los barcos, aunque tiene otros muchos negocios. Dicen que está forrado.

—Sé quién es —contestó la voz al otro lado del teléfono, bastante más nervioso que antes de comenzar la conversación—. ¿Para cuándo será el golpe?

—Eso ni ellos lo saben. Tienen que esperar a que la chica venga de Europa donde está estudiando.

—Averigua todo lo que puedas. Alguien más debe de estar tras esto, alguien de importancia. No me creo que se les haya ocurrido a ellos solos. No es propio de unos burdos mañosos dar un golpe tan alejado de sus métodos habituales.

—Eso pienso yo también, jefe, pero ya le dije que no quieren soltar prenda. Lo que le he contado lo escuché de pura casualidad a una de sus mujeres. Parece que el tal Swan sale mucho en las revistas últimamente.

—De acuerdo, sigue pendiente e infórmame de todo. Nos vemos según el plan acordado —colgó y se quedó pensativo. Descolgó otro teléfono y llamó.

—Mc Carty, tráigame todo lo que tengamos sobre Charlie Swan.

—¿El industrial? —preguntó la voz del aludido.

—El mismo, y rápido —colgó y repasó mentalmente lo que sabía del hombre.

Se trataba de uno de los más influyentes hombres de negocios del estado. Sus actividades se centraban en el sector naviero, aunque se extendían también a otros ámbitos de la economía. Era, según se rumoreaba, uno de los mayores patrocinadores del partido gobernante y amigo personal del propio gobernador del estado. El mismo estuvo tentado de meterse en política, pero su azarosa vida sentimental supuso un obstáculo para ello. Desde hacía unos tres años aparecía habitualmente en las revistas de cotilleo, debido al notorio escándalo que supuso su divorcio y posterior boda con una guapa modelo y aspirante a actriz casi treinta años menor que él. Sí, pensó con ironía, el capricho debió costarle una bonita cantidad y bastante de su reputación. Se airearon muchos trapos sucios, que sus influencias no pudieron acallar, y eso le costó su carrera política. Aunque ahora el caso estaba casi olvidado y últimamente sólo aparecía en algunos eventos sociales, no era de extrañar que tanto revuelo hubiese suscitado el interés por su persona o por alguien de su entorno.

—Señor, me permite unos minutos. Poseo información que puede ser importante.

—De acuerdo, Uley, pero sea breve. Tengo cita con el comisario para dentro de una hora —indicó el teniente de policía ante la perentoria demanda de su subordinado—. ¿De qué se trata?

El inspector se sentó en una silla frente al escritorio atestado de papeles.

—Uno de mis confidentes ha oído decir que traman secuestrar a la hija de Swan.

El teniente levantó la cabeza y le prestó toda su atención.

—¿Charlie Swan, el magnate?

Uley asintió, sonriendo satisfecho al advertir el interés suscitado en su superior.

—Bien, cuéntemelo todo con detalle. Seguro que al comisario le interesará el asunto —se retrepó en la silla y cruzó los brazos ante su abultado vientre, feliz de tener una gran noticia que contar en su inminente visita.

El inspector le puso al tanto de la información proporcionada por su confidente, entregándole el informe sobre el industrial que poseía la policía. En efecto, Charlie Swan se había casado en primeras nupcias con una adinerada señorita de la alta sociedad bostoniana, lo que facilitó a la entonces joven promesa de los negocios el empujón necesario para encumbrarse en el mundo de las finanzas. Con la ayuda financiera de su suegro fundó la empresa naviera que le hizo rico y, al morir éste, heredó sus prósperos negocios, aumentando así su abultada fortuna. Según los informes, fueron una pareja feliz y bien avenida hasta la muerte de su esposa, hacía unos once años. Fruto de ese matrimonio fue una hija, Bella, único descendiente hasta ahora del magnate, de veintiún años de edad. La chica siempre estuvo interna en colegios extranjeros y en la actualidad estudiaba en una universidad inglesa. Allí pasaba el año y sólo venía en vacaciones veraniegas, permaneciendo en la casa heredada de sus abuelos maternos en Cape Cod. Parecía que las relaciones entre padre e hija eran tensas, principalmente tras el divorcio de su segunda mujer y su posterior matrimonio con una joven modelo, apenas unos años mayor que la propia Bella.

—Y usted piensa que la idea no es propia de esa banda de hampones y que, de ser cierto, puede tratarse de un encargo. Pero ¿de quién y con qué finalidad? ¿Un rival financiero o político, su ex esposa...?

—Cualquiera de ellos o incluso la propia Bella para sacar un poco de dinero a papá y vengarse así de los agravios recibidos. También podría haberlo ideado una mente despejada con el único propósito de conseguir un buen montón de pasta y que utiliza como ejecutores a esos impresentables para que carguen con las culpas si algo sale mal. Sea quien sea el cerebro detrás de la trama, el caso es que la joven puede correr peligro y se debería alertar al padre.

—¿Y por qué esperar a que llegue la hija y no secuestrar al propio Swan que lo tienen más a mano? —preguntó el teniente, que consideraba más lógica la segunda opción.

Aunque el industrial poseía varias casas en distintas ciudades del país y repartía su tiempo entre ellas, solía pasar largas temporadas en aquella ciudad, donde tenía la sede principal de su industria naviera.

—Imagino que han pensado en ella para tener al padre bien cogido por las pelotas y acceda a sus peticiones en el menor tiempo posible. También pueden haber calculado que la operación con la hija resultaría más fácil al ser joven y, supuestamente, descuidada e imprudente.

El teniente asintió con la cabeza. Con su hija en manos de los secuestradores, el padre estaría dispuesto a hacer lo que le pidiesen. Reflexionó. Aunque no era seguro que el delito se fuese a cometer, era evidente que los interesados debían estar al tanto de las sospechas que se barajaban mientras continuaban investigando sobre la veracidad de la amenaza. Hablaría con el comisario y que éste indicase las medidas a adoptar. No le hacía la menor gracia tener que destinar un puñado de hombres a la vigilancia de los implicados, pero si sus superiores así se lo indicaban, debería hacerlo. Tampoco estaría mal pillar con las manos en la masa a la escurridiza banda de Los Panameños, que tantos problemas les estaba causando en los últimos meses, y mandarlos a la sombra por unos cuantos años.

—Buen trabajo, Uley. Continúe con las investigaciones e infórmeme inmediatamente de cualquier novedad que surja. Y, por favor, total discreción en este asunto, ¿entendido?

—Descuide, señor.

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Charlie Swan paseó la mirada por el amplio y casi desierto comedor del exclusivo club donde le había citado su amigo para comer, consciente de las miradas posadas en él. Su figura despertaba el interés de la gente, incluso en aquel lugar al que solían acudir personas igualmente relevantes, ya que aún no se habían acallado los ecos del escándalo suscitado por su divorcio y posterior boda con Leah. También, reconoció con una sonrisa, le gustaba creer que las miradas femeninas se posaban en él con un interés diferente. A sus casi cincuenta y cinco años aún conservaba gran parte del atractivo que causara estragos entre las mujeres. Alto y delgado, de abundante cabello, bigotes y con un rostro de agraciados rasgos, en el que el paso del tiempo apenas había dejado su huella, seguía siendo un hombre seductor. Y la mejor prueba de ello era que había logrado enamorar a una de las mujeres más bellas del país y treinta años menor que él.

Recibió la llamada de su amigo la tarde anterior, sorprendiéndole la urgencia de ésta y la negativa a revelar nada sobre el asunto que deseaba debatir con él. Sin duda, imaginó con una sonrisa de suficiencia, necesitaría una nueva aportación para los gastos de la futura campaña electoral o su participación en un nuevo proyecto empresarial.

Lo vio sentado en una aislada mesa al fondo del local, cercana a otra en la que se situaban dos miembros de su escolta personal. Se dirigió hacia él con una sonrisa y advirtió el gesto de asentimiento que dirigía a sus guardianes para que no obstaculizaran el acercamiento. Su amigo se levantó y le tendió la mano, al tiempo que asomaba a su rostro una de las pocas sonrisas que mostraba públicamente.

—Charlie, amigo. ¿Cómo te va? —saludó, palmeándole el hombro.

—Bien, gracias. ¿Y a ti, Harry? ¿Mucho trabajo con la nueva campaña? —sugirió, con el fin de ir directamente al grano.

—Cierto, el ajetreo es agotador. Llevo un mes que no duermo más de dos noches en la misma cama. No sabes lo inteligente que eres al insistir en mantenerte apartado de este mundillo —se quejó su interlocutor con pesar—. Pero no hablemos de política, por favor. Después de casi tres meses sin vernos no vamos a malgastar el tiempo de esa manera, ¿no crees?

Charlie sonrió a su amigo y se dispusieron a pedir ante la presencia del solícito camarero. Una vez que éste se hubo marchado, continuaron con la interrumpida conversación.

—Continúas con el aspecto inmejorable de siempre, bribón —reconoció el político y añadió con una pícara sonrisa—. El tener una joven y guapa esposa debe ser el mejor tónico de juventud que exista y la manera más agradable de mantenerse en forma. Tal vez me interese probarlo.

—No creo que tu mujer te deje tiempo para pensarlo siquiera. Si mal no recuerdo, nunca te has quejado de falta de atención por su parte.

—No, es cierto —y sonrió con disimulado orgullo.

—¿Cómo se encuentra Michelle? ¿Se adapta mejor a sus múltiples obligaciones oficiales?

—Ya la conoces, es una mujer fuerte y capaz de aceptar con serenidad todos los retos. Ella y Rene eran muy parecidas, ¿recuerdas?

Sí. Recordaba que, bajo la apariencia de fragilidad de su difunta esposa, se escondía una voluntad de hierro. Esa firmeza con la que consiguió sobrellevar su larga enfermedad con valentía y a aferrarse a la vida con inusitado tesón, aunque al final ésta le fuese arrebatada por la implacable guadaña. También recordaba lo amigas que habían sido las dos mujeres, la alegría ante el anhelado nacimiento de Bella, el apoyo recibido por Michelle durante la larga enfermedad de su mujer...

Apenas se veían desde la muerte de Rene. Michelle parecía guardarle rencor por no haber respetado el recuerdo de su amiga. Pero ella no podía comprender los deseos y necesidades que le impulsaron a intentar enterrar su imposible amor en los brazos de otras mujeres, de muchas mujeres. Cuando Bella era pequeña, la invitaban a pasar los veranos con su numerosa familia hasta que, tras unos años, su hija decidió no seguir disfrutando de sus vacaciones con ellos. Nunca supo los motivos de esa decisión. Ella no se lo dijo y él tampoco preguntó, tal vez porque conocía la respuesta y no le gustaba en absoluto. A partir de entonces, ocupaba los veranos en diferentes campamentos, pasando sólo algunos días con él y Sue, su ex mujer. Pero desde que se casó con Leah, su hija prefirió encerrarse en Hyannis Port, donde él iba a visitarla siempre que tenía un rato libre. Aunque éstos no fueron muchos en los últimos años debido a sus numerosas ocupaciones.

Con un supremo esfuerzo de voluntad desechó los lúgubres pensamientos que inundaban su mente. No era el momento ni el lugar para recrearse en los recuerdos y sumirse en la tristeza que éstos le ocasionaban. Dibujó en su rostro una mueca, que quiso hacer pasar por una sonrisa, y miró a su amigo. Volvió a preguntarse la causa de su inesperada y urgente llamada.

—Bien, dejemos de hablar de nuestras interesantes y satisfactorias vidas sexuales y vayamos al grano —pidió con sarcasmo—. ¿Para qué me has llamado, Harry?

Observó cómo el semblante de su amigo se tornaba repentinamente serio y se tensó, esperando algún tipo del contratiempo. Lo conocía bien y sabía que no era de su agrado transmitir noticias enojosas.

—Verás, Charlie, esta mañana he recibido una llamada del jefe de policía de Baltimore para comunicarme ciertas sospechas —calló durante unos segundos para estudiar el rostro de su amigo. Este estaba serio, esperando con tenso interés algún tipo de anuncio desagradable—. Según me explicó, les ha llegado el rumor de que una famosa banda de maleantes trama secuestrar a tu hija.

Charlie quedó momentáneamente bloqueado, temiendo no haber oído bien. Lo que menos esperaba era un anuncio de ese tipo y por ello le costó tanto procesarlo.

—¿Secuestrar a Bella? —al pronunciar las palabras su mente asimiló la magnitud del problema y su inicial desasosiego se convirtió en manifiesto terror—. ¿Qué sucede, Harry? ¿Acaso ha ocurrido ya y no te atreves a decírmelo? Hace un par de semanas que no hablo con ella y...

—No temas, he hecho averiguaciones y está bien. Parece ser que el golpe piensan darlo cuando esté aquí. No quieren problemas con la justicia inglesa.

—Pero, si saben quiénes son los delincuentes, ¿por qué la policía no los apresa? —preguntó estupefacto ante lo factible de la solución.

—No es tan sencillo, Charlie. En primer lugar sólo son rumores que corren por los bajos fondos, conversaciones oídas por confidentes o relatadas a éstos por terceros. Nada fiable al cien por cien. Por otro lado, y aunque lo supieran con certeza, no los podrían detener hasta que no tuvieran cargos en su contra. Y eso ocurriría sólo cuando cometiesen el delito.

—En otras palabras, que no piensan hacer nada hasta que secuestren a mi hija —contestó, extremadamente alterado y levantando la voz.

—No es así y lo sabes. Los tienen vigilados y alertarán de cualquier movimiento sospechoso que realicen. Es muy probable que decidan no hacer nada al advertir el acoso al que están sometidos o que, antes de intentar dar el golpe, los detengan por cualquier otra causa. Todos están fichados por la policía con numerosos antecedentes por tráfico de drogas, prostitución, robo, extorsión, etc. Es cuestión de poco tiempo que los cojan "in fraganti" y los encierren, frustrando con ello cualquier otro proyecto que tuviesen. Lo único que puede hacer la policía es no perderlos de vista y, por tu parte, extremar las precauciones durante la estancia de Bella entre nosotros —miró conmovido a su amigo. La eufórica confianza que demostrara desde su llegada se había tornado en mortificada angustia—. Te he aconsejado muchas veces que contrates protección. Debido a tu posición económica y social, eres un blanco muy apetitoso para los delincuentes y se lo pones muy fácil al insistir en no tomar medidas para protegerte. A partir de ahora, espero que recapacites y decidas contratar escolta permanente para ti y para Leah. En cuanto a Bella, debes rodearla de las mayores medidas de seguridad. Al no tratarse de un personaje público y no estar totalmente confirmado el intento de secuestro, la policía no puede proporcionarle protección. Deberás ser tú quien se encargue de ello, al menos, durante el tiempo que pase en este país o hasta que se resuelva el problema.

—Mejor aún, le ordenaré que se quede en su apartamento del campus universitario durante estas vacaciones y contrataré unos buenos guardaespaldas que la protejan allí. De esa forma les complicaremos las cosas si desean continuar con sus planes —decidió tajante el industrial. No estaba dispuesto a que su única hija corriera el menor peligro. Se trasladaría al Reino Unido para pasar unos días con ella si era necesario.

—No creo que sea lo más aconsejable, Charlie. Pienso que, si le revelas los rumores, Bella podría sentirse aterrorizada. Ya ha sufrido bastante, ¿no crees? Deja que disfrute de estos meses de relativa tranquilidad en su hogar, con gente que conoce y la aprecia. No debes prolongar su permanente exilio. Si le proporcionas una buena protección, no será necesario hacerle prescindir de lo demás.

Charlie acusó las veladas recriminaciones de su amigo. Él también se culpaba de no haberle proporcionado un hogar y, a pesar de desear tenerla a su lado, la había mantenido alejada desde que su madre murió. Su amigo no sabía que llevaba algún tiempo pensando en proponerle continuar sus estudios en una universidad estadounidense para tenerla más cerca. Incluso atesoraba la idea de casarla con algún joven y que se quedase a vivir cerca de él, proporcionándole en poco tiempo un precioso nieto. Ahora, al enterarse de que estaba amenazada, comprendía cuánto la amaba y su deseo de tenerla cerca se intensificaba. Pero, por otro lado, estaba la seguridad de su propia hija y ésa era una razón de suficiente peso como para que el sacrificio por ambas partes se prolongara unos meses más.

—Si no le cuento lo que está sucediendo, ¿cómo justifico la presencia de los escoltas? Ya la conoces y sabes que no es tonta precisamente.

—Puedes decirle que es una precaución que has decidido adoptar tras recibir algunos anónimos amenazadores, probablemente de algún bromista o un empleado resentido, que lo único que pretende es provocar temor. Aunque las amenazas son contra ti, has decidido ampliar la protección a toda tu familia, Bella y Leah incluidas, no tiene que sospechar nada extraño y se limitará a soportar la presencia de los escoltas y reducir un poco su movilidad. Yo te puedo recomendar a una persona que se ocupará de todo. Si no tienes inconveniente, me pondré en contacto con él y le pediré que vaya a verte.

Harry miró a su amigo con pesar, encogiéndosele el corazón ante el manifiesto temor y preocupación que expresaba su rostro. Parecía haber envejecido varios años en unos minutos. Por ello le recomendaría a la mejor persona que conocía para garantizar la seguridad de Bella. Un ex oficial del ejército, curtido en las fuerzas especiales y experto en la protección de personas. El hombre que le salvó la vida.

—De acuerdo, haré lo que me sugieres. Sabes que aprecio tus sabios consejos —respondió Swan con una forzada sonrisa, con la que pretendía disimular su angustia.

—No siempre los has seguido —le recordó veladamente su amigo.

Charlie asintió. Harry tenía razón, no siempre escuchó sus sabios consejos. Si lo hubiese hecho unos años atrás habría evitado el dolor que causó a su hija y que supuso un mayor distanciamiento entre ambos, algo que resultaba cada día más difícil de superar.

La relación con Sue era ya insalvable cuando conoció a Leah. El amor, por no decir simplemente deseo, que los unió en el pasado acabó tiempo atrás y por ello no se consideró culpable cuando se sintió deslumbrado por la belleza de la joven modelo. Pensó entonces que lo más honrado era confesárselo y tramitar un divorcio amistoso. Nunca imaginó que su ex mujer iba negarse y a organizar aquel tremendo escándalo cuando él insistió en romper definitivamente el matrimonio.

Fue un error ceder a los ruegos de Leah para legalizar la situación. Debieron permanecer en la clandestinidad, que tan cómoda le resultaba, y evitarse los problemas que surgieron por tan nefasta decisión. Sue lo habría permitido siempre que hubiese continuado siendo su legítima esposa, evitando de ese modo ver aireados los trapos sucios en todos los medios sensacionalistas del país. Pero estaba tan entusiasmado con aquella hermosa y seductora mujer que no pudo negarse a complacerla, principalmente cuando le reveló el deseo de tener un hijo que pudiese llevar sus apellidos honradamente.

Él deseaba con todas sus fuerzas tener otro hijo y con su ex mujer fue imposible. Ahora Leah parecía reacia a tenerlo y aplazaba continuamente el momento con cualquier excusa. Primero fueron sus aspiraciones de convertirse en actriz, para lo que gestionó su inclusión en una película que constituyó un tremendo fracaso y, después, su deseo de continuar por un año más con la carrera de modelo. Últimamente estaba ilusionada con la posibilidad de presentar un programa de televisión.

Reconocía que Leah era muy joven aún y deseaba aprovechar al máximo los años que le quedaban de arrebatadora belleza. Por ello soportaba con estoicismo el desencanto que experimentaba cada vez que ella decidía aplazar un poco más la concepción de su tan deseado hijo, incluso la falta de entusiasmo y el aparente distanciamiento que últimamente observaba en ella. Era tan hermosa y él la deseaba tanto que se veía incapaz de negarle nada, a pesar del dolor que le causaba el rechazo.

Para Bella fue un duro golpe la muerte de su madre a tan temprana edad, y esa circunstancia la convirtió en una niña retraída y solitaria con la que se vio incapaz de conectar. Cuando se casó con su segunda esposa, pensó que podría proporcionarle una nueva madre que llenara el vacío dejado por la verdadera. Pronto comprendió que sería imposible. A pesar de que en un principio pareció aceptar a Sue, con el tiempo Bella se limitó a tolerarla y él supo que nunca llegaría a admitirla en su corazón. Pero, al menos, se soportaban durante las vacaciones, cosa que no sucedía con su actual mujer. Al casarse con Leah, Bella decidió apartarse definitivamente y encerrarse en aquella casa que tantos recuerdos tristes y hermosos le evocaban a él.

Su hija ya había sufrido demasiado, juzgó con determinación. Era hora de pensar un poco más en ella y olvidar su egoísmo y sus absurdas ilusiones de recuperar un sentimiento definitivamente perdido. Aquel que compartió con Rene, su verdadero amor.

Miró a su amigo con desconsuelo. Acaso él sabía de su sufrimiento, de la profunda herida que la muerte de su querida Rene dejó en su corazón, de las locas ansias de encontrar, al menos, un pálido reflejo de su amada esposa en otras mujeres. Después de tantos años estaba convencido de que ella nunca regresaría para reconfortarle con su cariño y debía conformarse con el placer que le proporcionaba el deseo despertado por otras, algo que nunca sustituiría al verdadero y profundo amor que sintió por su primer mujer.

Suspiró profundamente y tendió la mano a su amigo, despidiéndose de él. Después, con paso cansado, abandonó el local. Quien lo estuviese observando no reconocería en él al hombre atractivo y triunfador que poco antes entrara por la puerta que ahora traspasaba.

Harry observó con pesar la marcha del industrial, su amigo. Cogió el teléfono móvil y buscó un número memorizado.

—Hola, Eleazer. ¿Sabes quién soy? —preguntó cuando una voz masculina respondió a la llamada.

—Desde luego. ¿Cómo te va, hombre importante?

—No mucho mejor que a ti, por lo que me han contado. Enhorabuena por tu nuevo nombramiento.

—Gracias. ¿Qué se te ofrece?

—Necesito que me hagas un favor. Es algo muy importante para mí.

—Dime.

—Quiero que pidas a tu sobrino Edward que se encargue personalmente, y recalco lo de personalmente, de la seguridad de una persona, concretamente de la hija de mi buen amigo Charlie Swan.

—Sabes que tras el incidente, hace cuatro años, abandonó el ejército. Ahora posee una empresa de instalación de sistemas de seguridad, que no incluye servicio de escoltas. No obstante, él podrá recomendarle los mejores para esa tarea.

—Sólo confío en Edward, Eleazer, en nadie más. Su hija puede estar amenazada por un gran peligro y precisa de la mejor protección.

—Hablaré con él, aunque no te prometo nada. Está muy cambiado desde aquello.

—Gracias. Te estaré sumamente agradecido —dijo, consciente de que su interlocutor haría todo lo posible por convencer a su sobrino de aceptar el encargo— Te voy a dar el número personal de mi amigo para que Edward lo llame y concierte la entrevista. Debe decirle que va de mi parte. Esta misma tarde te mandaré el informe que tengo sobre el caso para que lo pongas en antecedentes. También daré órdenes para que la policía le facilite toda la ayuda que precise.

—De acuerdo. ¿Cuál es el número?

Harry se lo dictó y colgó tras un saludo. Respiró algo más tranquilo sabiendo que la persona más preparada que conocía iba a encargarse de proteger a Bella.


Bueno, empezamos conociendo un poquito de esta nueva historia. Podemos entender que Edward se encargará de proteger a Bella, pero, ¿será esto tarea fácil para ambos? ¿Qué opinan?

(^_^)凸

Espero que les guste realmente esta historia, tanto como la disfrute yo.

Estoy pensando en crear un grupo en face para subir fotos, vídeos y algún que otro adelanto. Que les parece? Si les interesa avisenme asi lo creamos o no, de acuerdo?

Nos leemos el MIÉRCOLES 06! Co capítulos?

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#Andre!#