Aquí te traigo la segunda parte de la historia. Espero que te guste!
Resulta que me olvidé de poner una especie de introduccion en la primera parte... El problema es que al ser medio newbie crei que habría alguna parte medio especial para poner ese tipo de comentarios, y bien... me han tomado por sorpresa.
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El director lo esperaba. En su escritorio tenía varias cartas de recomendación de muchísimas universidades. Matsumoto Daisuke era un hombre de casi unos 55 años, con un carácter apacible y aficionado al ajedrez. Era un hombre con una paciencia casi inagotable, aunque se oían rumores de que una vez le clavo un cortaplumas en la mano a un hombre que intento robar a su esposa.
-Bienvenido, Minamino. Sientate- le dijo el director.
-Buenas tardes, director Matsumoto- dijo el joven, acatando las ordenes.
-Hemos recibido las respuestas de otras 7 universidades entre ellas, 3 de las mas importantes del pais.
Le alcanzaba las cartas, una por una, enseñándoles sus nombres.
-Mi querido joven, elegir una casa de estudios para completar tu carrera no sera nada fácil. Pero el hecho de que no estés respondiendo las notificaciones que envian a tu domicilio, hace que ellos se pregunten que rayos esta pasando por la cabeza del estudiante mas prestigioso de la ciudad.- le dijo, ladeando la cabeza. -Así que dime, ¿qué demonios está pasando?
Kurama suspiró. No estaba de humor para mentirle al viejo compañero de colegio de su madre. Simplemente, respondió con la verdad.
-Creo que estoy tomándome más tiempo del que pensé para meditar todas las opciones.
Matsumoto lo contempló. No aparentaba estar mintiendo, pero tampoco le estaba diciendo toda la verdad. Sabía que en el fondo había algo más. Pero, para ser sinceros, no podia meterse en el plano personal. Vaya uno a saber qué le ocurría.
Ambos continuaron hablando por un buen rato, hasta casi las 5. Hora de volver a casa.
Para ser sinceros, todo este asunto humano le habia vuelto una persona monótona. Debia ser una especie de rutina la que le habia macerado la vida. Y luego recordó que había estado viviendo por más de 500 años. 517, para ser exactos.
Lo bueno era que sabía exactamente lo que diría Hiei en esos momentos."Hn". No, no era precisamente eso. Diría: "Es hora de hacer una locura".
Ah, los viejos tiempos. Qué buenos momentos...!
-Riiiiiiiiing! Riiiiiiing! Riiiiiiiiing!- sonaba el celular del pelirrojo.
-¿Diga?
-¡Hola, Kurama!- lo voz jovial de Yusuke hizo que apartara subitamente el aparato de su oído.
-¡Ah...! Hola, Yusuke...
-¡¿Donde demonios estas? Ya estamos esperándote!
-¿Qué dices? - Miró su reloj. Eran 5:35- Pero Yusuke, debíamos encontrarnos a las 9. No son siquiera las 6.- le respondió con una amplia sonrisa.
-¿Ahh, sí?- replicó Yusuke, confundido.-¡Hey, Kuwabara, Kurama dice que vendrá a las 8!
-A las 9, Yu...-quiso decir Kurama
-¡Te lo dije, Urameshi!- gritó Kazuma Kuwabara del otro lado del teléfono.-¡Eres un necio!
El otro respondió:
-¡Eres un idiota!
-¡Ya cállate!
-¡No me mandes a callar!
-¡No me hagas golpearte!
-¡Ya, cálmense los dos!- intervino Kurama a la distancia, conciliador.
-Entonces, nos vemos a las 8!- dijo Yusuke y colgó el teléfono.
Kurama sonrió. Se puso las manos en los bolsillos mientras pensaba en los chicos. Yusuke y Kuwabara seguían peleando como de costumbre, como si fueran hermanos. "Se aprecian más de lo que parece"- pensó. Kuwabara está finalmente saliendo con Yukina, cuyo próximo cumpleaños será el jueves que viene, al igual que Hiei, evidentemente. "No olvidarse". Hablando de Hiei, comenzó a interesarse en ciertos restoranes y casas de comidas del mundo humano. Al principio creyó que trataba de hacer su trabajo en la frontera con el Ningenkai. Pero una noche lo descubrió. "Es increíble lo mucho que esta obsesionado con comer pizza". Es, en efecto, el lugar a donde irían esta noche, junto con los chicos. SI es que no los echaban por armar tanto escándalo. "Lo cual pasaba muy seguido". Koenma vendrá esta semana. "Es extraño", se dijo. "Lo he notado bastante raro ultimamente". Suponía que en cualquier momento aparecería en casa de Yusuke, y Botan en casa de Keiko, con Yukina, Atsuko...
Sumido estaba en sus pensamientos, que apenas lo sintió. Se detuvo. Giró sobre sus talones y ahí no había nada. Esperó unos segundos.
Nada.
Pero sin embargo, sentía como si lo estuvieran observando.
-Debo estar imaginándome cosas- dijo en voz alta. Siguió caminando como si nada hubiera pasado. Mentía bastante bien.
De repente, saca una semilla de su cabello, se da vuelta, la tira hacia la copa de un árbol y hace que crezca una planta gigante, todo en cuestión de segundos.
-Ahhg!- gemía una voz.
Una persona vestida con un sobretodo y una especie de máscara hecha de tela que le hizo recordar a Genkai en el Black Tournament, se hallaba allí, atrapado entre las ramas.
La planta, en realidad, era una enredadera. No tenía espinas, pero podía sujetar muy bien. Supo que se trataba de un humano desde un principio, por su fragancia, así que no quiso lastimarlo o despues habria que dar bastantes explicaciones.
El joven dio un paso en direccion al árbol y estaba dispuesto a desenmascararlo, cuando escuchó el grito de rabia de esa persona y vio cortar las ramas de su enredadera con una especie de espada de color claro, con una especie de bolita de cristal que colgaba de ella.
Medio arbol cayó al piso dado el filo de esa espada. Cortante como la que tenia Hiei.
Kurama no quiso dejarlo reaccionar, y estirando rápidamente un brazo, las enredaderas vivas fueron tras del fugitivo. Era un hombre, luchando contra las ramas de la enredadera y cortandolas con esa espada que parecia tener años. El hombre pegó un salto digno de un gimnasta olimpico, y se disponia a huir nuevamente, cuando Kurama estira su enredadera. Fueron diagonalmente hacia donde estaba el sospechoso. "Tendré que dejarlo colgado de las piernas para que no se hiera" se dijo.
Las lianas estaban a cenitímetros de sus pies, cuando subitamente una suerte de discos metálicos cortan las puntas de las plantas, dejando escapar al misterioso personaje. Se estrellaron contra la fachada de una casa en un ángulo bastante pronunciado. Venían de arriba de algun edificio. El pelirrojo se dio vuelta con cierta impaciencia, y arrojó una semilla hacia otro humano vestido de negro que estaba en una cornisa de la punta de una casa. Fracciones de segundos antes que impactara la semilla, la extraña figura negra se desvaneció, y la semilla siguió de largo. No puedo esconder su sorpresa.
Miró hacia atrás.
Lo único que encontró a su alrededor fueron pedacitos de lianas, medio arbol tirado en el medio de la calle, y una especie de estrella filosa, al mejor estilo ninja, clavada en el edifcio del otro lado de la calle. "Shirukens" murmuró el pelirrojo.
Ni rastro de ninguno de los dos humanos. Cruzó y se encontró con una extraña figura en las shirukens, que tenían algo parecido a un logo con la forma de un sol. Era extremadamente filosa. Sacó una gruesa hoja del portafolios y envolvió las estrellas. Las guardó con sumo cuidado.
-Tengo que avisarle a...
-Bip! Biiiip! - mensaje de texto.
-Es mamá- se dijo. -"Te espero para darte una sorpresa".
Bloqueó el celular y se lo puso en un bolsillo.
"La sopresa la tuve con tantos eventos extraños". Recogió su portafolio, que había dejado recostado en el piso. Suspiró.
"Lo mejor será tomar un camino diferente para ir a casa. No quisiera que se las vieran con mi familia. Y no estoy de humor para perseguirlos.".
No supo bien por qué había dicho eso, si sabía muy bien que ambas personas se encontraban ya bastante lejos de allí.
