El primer capítulo "oficial" (puesto que un prólogo es una introducción, no un capítulo) de mi nueva historia. No me parece tan largo como los de Espio Chronicles, pero tampoco es corto. Se podría decir que he conseguido el término medio^^
Espero que os guste.
THE SILVER BLUR
CAPÍTULO 1
-(¡Argh, otra vez no!)
Silver bajaba corriendo por las calles de Megalo City. Como de costumbre, se había quedado dormido. Y como de costumbre, llegaba tarde a trabajar.
-(¡No lo voy a conseguir!)
A lo lejos se veía la parada de autobús, en la que se podía ver uno a punto de marcharse. Estaban subiéndose los últimos pasajeros. Silver trató de hacer un sprint final, pero en el último momento, un desafortunado tropiezo le hizo caer y rodar en el suelo. Sobre la fría acera, y con el cuerpo dolorido, solo podía comprobar como su transporte se alejaba.
-(Espero que el jefe este de buen humor…)
Blaze estaba intranquila. Odiaba cuando tenía que ir a una de esas ceremonias de inauguración de algo. Siempre se pasaba casi todo el rato sin hacer nada excepto aburrirse. Bueno, y aguantar la oleada de paparazzis. Su padre decía que tenía que ir para mantener la imagen de la familia real, aunque lo que le habría gustado realmente a ella habría sido estar en el laboratorio del profesor Ivo, el científico del castillo.
El profesor Ivo era el que le había enseñado de todo cuando era pequeña. Era un hombre alto, con un poco de sobrepeso, y vestía siempre con su bata de científico y unas curiosas gafas de sol, que según decía eran una herencia. Disfrutaba mucho con esas clases que daba, y era probablemente el único profesor al que Blaze prestaba atención. Ahora ya no era una niña, claro, pero aún le iba a visitar de vez en cuando para que le mostrase alguno de sus nuevos proyectos científicos, para que le contase alguna de sus interesantes historias, o simplemente para hablar un rato. Definitivamente quería estar allí antes que en este sitio. Bueno, la verdad es que cualquier sitio era mejor que aquel.
Una periodista le quiso sacar una foto, y Blaze trató de simular una sonrisa. Una vez hecha, Blaze comprobó que uno de los guardias se acercaba a ella con unas grandes tijeras. La gata las cogío mientras daba un suspiro.
-Bueno…por el bien de la familia real…-murmuró en voz baja-.
Con las tijeras en la mano, se dirigió a la cinta y, a continuación, pronunció unas palabras:
-¡Yo, la princesa Blaze, declaro oficialmente inaugurada la nueva biblioteca de Megalo City!
Y a continuación cortó la cinta, terminando la ceremonia con un gran aplauso. Todos los que habían asistido parecían estar emocionados, aunque no se podía saber si era por la biblioteca o simplemente por que ella estaba allí. En cualquier caso, se dio cuenta de que todos estaban aplaudiendo, todos menos un pequeño erizo plateado que la miraba fijamente con sus siniestros ojos, y una extraña sonrisa en su rostro.
-¡Otra vez tarde, Silver! ¡OTRA VEZ! ¡Ya te lo he dicho muchas veces, pero esta claro que no aprendes la lección!
Como Silver se imaginaba, no había conseguido llegar a tiempo. Y como siempre, el jefe le había recibido con una de sus broncas.
-Aquí, en Roger's Pizzas, tenemos un lema: "Buenos empleados, buena comida". ¿¡Pero de que sirve ese lema si no tengo a los empleados!?
Roger era el dueño de la pizzería donde trabajaba el erizo. Era un humano, un hombre alto, de 35 años (según lo que él solía decir, aunque Silver sospechaba en realidad pasaba de los 40). Tenía una nariz larga y afilada, tanto que entre los empleados de la pizzería se le conocía como "Pez Espada". También llevaba un gran mostacho, que le otorgaba cierta aura de jefe.
-Escucha, Silver…-dijo más tranquilo-yo te tengo mucho cariño, al igual que a todos los que trabajan aquí. Ya eres parte de nuestra familia. Además, este ha sido uno de los pocos sitios donde te han aceptado que trabajes. Ya sabes, por eso de tu…enfermedad.
Silver emitió un pequeño gruñido, aunque por suerte no lo escuchó su jefe. Sabía que tenía razón, y que este había sido uno de los sitios donde le habían dejado trabajar. Pero ser psicoquinético no era una enfermedad.
La Psychokinesis era algo provocado por una mutación, que desarrollaba ciertas partes del cerebro que normalmente no se usaban, permitiendo al ser la habilidad de "interactuar" con el exterior mediante ondas psíquicas. Esta habilidad, al igual que todas las demás relacionadas con el uso de fuerzas sobrenaturales, siempre se consideró un mito. Sin embargo, cuando aparecieron los primeros psicoquinéticos, la cosa cambió. Y no solo eso, si no que después empezaron a aparecer casos de Pyrokinesis, Electrokinesis, etc. Algunos consideraron esto como una evolución, la "nueva generación". Pero la gente comenzó a tener miedo, tras algunos accidentes por el mal uso de poderes, o los ataques de terroristas psíquicos. No les gustaban los que poseían las habilidades, y los marginaban y evitaban siempre que podían. Se empezó a considerar esas mutaciones como algo malo, una enfermedad, tan peligrosa como el SIDA, por ejemplo. Incluso se mandó crear un registro de todos los psíquicos, para saber en todo momento quién lo era y quién no.
Silver había empezado a notar esos poderes cuando era pequeño, cuando accidentalmente lanzó por los aires el coche de sus padres. Entonces le enviaron a un centro de psíquicos, como un hospital para los que tenían ese tipo de "problema". Pero Silver sabía que no era un problema, que era un don. Un don que, si se utilizaba bien, podía ser de gran utilidad para todos.
-Sabes que no me gustaría despedirte, hijo, asi que no me des razones para hacerlo.
-Señor Roger, lo siento mucho, de veras. Esta será la última vez. Lo prometo.
Roger dió un suspiro, miró para el techo, y volvió a mirar a Silver.
-Esta bien…pero espero que realmente sea la última.
A Silver se le iluminaron los ojos.
-¡Muchas gracias, señor Roger! ¡Le aseguro que no le decepcionaré!
El agente Prower miró por la ventana. Ya se podía distinguir el edificio de Roger's Pizzas
.
-(Una lástima.)-pensó-(Ahí hacen unas pizzas muy buenas.)
Aún no se lo podía creer. Aquel erizo que le había atendido la última vez que comió allí parecía una buena persona, un poco torpe e inocente, pero una buena persona, y convivía perfectamente con lo de ser psicoquinético. Sin embargo, lo que habían descubierto en la base hacía unas horas…
-(Esta claro que las apariencias engañan.)
Silver no daba abasto. Aquel era uno de esos días en los que no paran de llegar clientes.
Iba de un lado para otro trayendo pizzas, tomando pedidos, y cogiendo el teléfono cada vez que llamaban. Y su compañero no es que fuese de mucha ayuda. Pero le daba igual. Estaba de buen humor, puesto que conservaba el trabajo (aunque aún seguía un poco molesto por el comentario que hizo su jefe por la enfermedad). Todo volvía a seguir su curso tras el incidente de la mañana, y parecía que iba a seguir así…hasta que llegó la llamada.
-Aquí Rogers Pizza's. ¿En que podemos ayudarle?-preguntó el erizo, lleno de entusiasmo-.
-Sigue mis instrucciones, erizo-dijo la voz del otro lado-.
Se quedó un poco desconcertado por aquello. Normalmente, los clientes nunca eran tan bruscos.
-Eh…bueno, ese es mi trabajo. ¿Con que desea tomar la pizza?
-Debes huír. Ahora.
-¿Eh?-aún estaba más desconcertado- ¿De que habla?
La voz colgó. Silver se quedó un rato con la mirada perdida.
-(¿Huír? Pero que…)
Se escuchó un fuerte ruído. La gente comenzó a gritar. Por la puerta de la pizzería empezaron a entrar un montón de hombres, armados con fusiles.
-¡No se preocupen, todo esta bajo control!
-¡Vamos erizo, las manos sobre la cabeza! ¡AHORA!-dijo el que iba delante-.
Silver no entendía nada. La gente seguía chillando. Su compañero se había ido corriendo al servicio, para esconderse. Y los hombres se le acercaban cada vez más, apuntándole.
-¿No me has oído? ¡He dicho que las manos sobre la cabeza!
-N-No lo entiendo…-dijo Silver, asustado-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?
Notó un fuerte dolor en el pecho, que pronto se empezó a extender por todo el cuerpo. Cayó al suelo, detrás del mostrador. No era capaz de moverse. Trató de usar sus poderes, pero resultó completamente inútil. Entonces vió como alguien salía de la cocina.
-Por Dios, Silver. ¿Se puede saber que has…?-Roger se detuvo al ver la escena-¿Pero que demonios…? ¿¡Que ha pasado!?
Silver escuchó pasos acercándose hacia allí. No podía ver quién era, pero si pudo escuchar su voz:
-Agente Mike Prower, de la unidad anti-terrorista de GUN. No se preocupe. Tan solo hemos venido a hacer nuestro trabajo.
-(¿¡Anti-terrorista!?)-pensó Silver, aún más confuso-.
Sintió que alguien saltaba por el mostrador, y entonces le vió. Era un zorro amarillo, de estatura media, y que vestía con una gabardina y unos pantalones negros. Tenía una gran cicatriz en la cara, probablemente producida por algún corte. También llevaba un reloj en el que se veían claramente las letras G.U.N, y una especie de aparato con una antena en su mano izquierda.
El agente Prower observó al indefenso erizo en el suelo.
-Me parece que vas a venir con nosotros, amigo.
Silver usó sus poderes de nuevo, sin mucho éxito. Quería lanzar la cajan registradora contra aquel zorro, pero solo consiguió moverla un poco. Volvió a sentir esa descarga de dolor en el cuerpo.
-Esto es un aparato especial,-dijo señalando lo que tenía en la mano- que utilizamos para paralizar a los criminales y evitar que usen sus poderes psíquicos. No importa que intentes hacer.
El aparato comenzó a emitir un extraño brillo, y una pequeña chispa salió de la antena.
-Relájate. No durará mucho.
El aparato disparó y, tras otro intenso dolor, todo se volvió negro. Completamente negro.
Fin del capítulo. Espero que os haya gustado, y que me digais lo que opinais en una review^^
¡Saludos!
