Disclaimer
No soy propietario de los personajes nombrados en el fic, son todos creados por la gran mente de Rick Riordan.
Este fic participa en los retos "Misiones para Campistas" del foro Campamento Mestizo.
Al escuchar sus palabras, no sé qué fue lo que me molestó más… si su indiferencia al decirlas, o el que no le importe en lo más mínimo enviar al lugar más peligroso del Inframundo a su único hijo.
- ¿Puedo contar contigo, hijo? - dice. ¿HIJO? ¿Ahora si soy reconocido como su hijo?
- Sí. – digo, con un hilo de voz. Abulía, eso es lo que siento. No quiero ir, no quiero volver a bajar a ese maldito lugar. Miedo, abulía, enfado. Todo recorre por mi cuerpo en este momento, y no sé que hacer. No puedo negar la petición de un Dios, tengo que hacerlo sentir orgulloso… sin embargo, ¿a cambio de qué? ¿de mi vida? - ¿Cuánto tiempo tengo?
- Debes bajar cuanto antes, sin embargo… - me miró con lástima. Muy bien, al menos ahora ambos sabemos que voy a morir. – tienes el resto del día.
Antes de poder despedirme de él, cosa que sería una completa estupidez, pues seré juzgado cuando muera por su persona, hice un viaje sombra de vuelta al mundo mortal. Un viaje sombra, una habilidad solo para los hijos de Hades, al ser el dios de la oscuridad también. Permite que podamos desplazarnos de un lugar a otros con las sombras, pero cansa notablemente.
Llegué al primer lugar en el que pensé. El cementerio de New Orleans, un lugar al que suelo ir muy a menudo.
Caigo cansado frente a una lápida, por suerte caigo sentado. Observo la lápida con cansancio y leo lo que pone a duras penas. Bianca Di Angelo. La única persona en el mundo, o quizá en el universo que me aceptó alguna vez. Mi hermana mayor. Sin embargo, a veces pensaba y tenía que aceptarlo… ella también se cansó de mí y me abandonó. Cuando se le fue ofrecido unirse a las Cazadoras de Artemisa, un grupo de mujeres castas y fieles a Lady Artemisa que odian a los hombres. En aquel momento no lo entendía, pero hoy si. Ella se cansó de tener que cuidar a un hermano pequeño. Estuvo probablemente feliz de tener que dejar de cuidarme, y me dejó en el Campamento Mestizo solo, condenándome a una vida de soledad por el resto de la eternidad. El simple recuerdo de su sonrisa cada vez que hacía una tontería, me duele. A pesar de todo, le extraño. Extraño a Bianca con todas mis fuerzas. Y por eso, cuando veo su lápida lágrimas rebeldes se deslizan por mis mejillas.
Me coloco de pie, no es momento para llorar. Trato de dibujar una sonrisa en mis labios, algo que no logro, y susurro.
- Addio, sorella. (1)
Entonces, a pesar de estar al borde de quedarme dormido, vuelvo a intentar hacer el viaje sombra. ¿Por qué no? De igual manera moriré, así que decido ir al Campamento Mestizo. No es que les importe ahí, sin embargo, tengo el sentimiento de que debo ir a decir adiós. Al llegar, llego directo a la cabaña de Hades. Son las 4 de la tarde, el tiempo pasa diferente en el Inframundo. Me parece increíble como hace unas horas me levanté para hablar con el oráculo sobre un par de temas normales. La cabaña de Hades era un lugar cómodo, o al menos lo más cercano que había para mí a uno. Estaba pintado de negro todo, un armario de color gris y la cama era cómoda. No tenía ventanas, y tenía un espejo muy grande en la pared cercana a la puerta. Hay una foto enmarcada en una mesa de noche donde yace mi espada cuando voy a dormir. En la foto, hay un niño con piel de oliva y una sonrisa despreocupada, saludando a la cámara con dos dedos. El signo del amor y la paz, a su lado está una chica con el cabello castaño y una boina verde, y por ultimo, a la derecha está el chico de ojos verdes… Percy Jackson.
Reconocí la foto, fue tomada al llegar al Campamento por primera vez. Ese fue el último momento en el que sentí felicidad verdadera. Ahora mismo, por muy emo que suene, no sé describir cómo se siente.
Salgo de mis pensamientos cuando escucho la puerta tocar.
- ¡Aliento de muerto, sal de ahí! - grita una voz conocida.
Al abrir la puerta, alguien salta hacia mi en un abrazo que de tener una espada en mi mano, tal vez habría interpretado como un ataque. Olor a bosque, cabellera negra y vestimenta del mismo color. Sé quién me está abrazando.
- Thalia… - saludo. Mi voz aun suena dolida, así que debo intentar ocultarlo.
- ¡Eh! ¿Por qué esos animos? – me dice al separarse de mí y ver mi cara.
- No es nada… ¿Qué haces aquí?
- Oh, Artemisa nos permitió venir un par de días. Asuntos que arreglar.
Artemisa. Lo olvidaba. Thalia Grace es una hija de Zeus y Lugarteniente de Artemisa. El reemplazo de la anterior Lugarteniente de las cazadoras, esa que reclutó a mi hermana. Thalia fue convertida en un árbol a los 13 años, cortesía de Zeus ya que iba a morir por unos ciclopes. Esa es la historia de Thalia y su árbol. Por eso se llama el árbol de Thalia.
Voy a hablar cuando ella grita algo en la puerta.
- ¡SESOS DE ALGA, YA LE ENCONTRÉ!
En un minuto, encuentro a Percy Jackson subiendo las escaleras para entrar a la habitación. Él sonreía hacia mí al verme. Percy Jackson, hijo de Poseidón. Héroe del Olimpo. Él es la versión mejorada de Hércules, venció a un minotauro, cruzó el Mar de los Monstruos, bajó y volvió del inframundo dos veces, muchas cosas más. Ah, y venció a Cronos, el señor de los Titanes.
- ¡Nico! ¿Dónde te habías metido? ¡Rachel lleva horas buscándote! – dice. Ah, olvidé a Rachel… le dejé ahí, en la nada. – Rach, si está aquí, pasa.
¿Es que todo el maldito Campamento tenía que venir a mi habitación? Rachel subió y pasó a la cabaña. Dio una ojeada alrededor y sonrió.
- A este lugar le hace falta un cambio de aires, no? – dijo- Huele a muertos.
Entonces, recordó que yo estaba allí y me miró. Se estremeció. Perfecto, ella podía ver mi aura. Al ser el Oráculo, seguro iba a recibir una visión y era suficiente, ya sabría mi destino.
- Oh… no… - se paró en seco, mirándome con dolor. Oh, no. Ya lo sabía. – Nico…
- No digas nada. – dije – Por favor, Rachel.
- ¿Eh? ¿De qué habláis? – preguntó Thalia - ¿Por qué esa mirada, RED?
- Percy… - dijo Rachel, estaba impactada al parecer – por favor, ven conmigo.
Rachel agarró el brazo de Percy y lo sacó de la cabaña a regañadientes. Confié en Rachel para que no le dijera nada. Quedé solo con Thalia.
- Y… Nico… - dice ella, empezando a sonreir - ¿Te gusta Green Day? Tengo entradas para el concierto.
- ¿No tienes prohibido tener contacto con los hombres? – digo. No debo reflejar dolor, ni nada.
- Pff, no seas idiota. – me dice. – Tú eres como mi hermanito, jamás me interesaría en ese estilo en ti.
Sin embargo, logré notar cierto sonrojo en ella. ¿Por qué?
Entonces la vi a los ojos y caí en la cuenta. Ojos azules… azul eléctrico. Dolor. ¿Ella era la de las pesadillas? Imposible. Lo que me recordó a la última frase de la profecía.
"Pero al final tu mayor sufrimiento será aceptar quien es tu ser más querido..."
Tomé mi espada. No hay tiempo para esto si tengo solo el resto del día. Voy a morir pronto, no debo pensar así en Thalia. Ella es Lugarteniente de Artemisa.
- Lo lamento, Thals – dije- Tengo que irme.
- ¡Eh! – empezó a protestar.
Antes de que lo lograra, apliqué mi último viaje sombra y llegué al Campamento Júpiter. No soporté más, y apenas llegué al Altar de Plutón quedé profundamente desmayado.
Horas después, me despertó la voz de Reyna, quien susurraba con otra persona. Debía estar en la enfermería.
- No podemos decirle… - dice ella, lo más bajo posible – no en ese estado.
- Tenemos que. – reconocí de quien venía la voz. Frank Zhang. Sin embargo, no sonaba como siempre. Su voz era más fuerte, más ruda, más seca… menos sensible. – No pienso pasar un día mas sin hacer nada, Reyna.
Me coloqué de pie en la camilla.
No estoy en la enfermería, estoy en la habitación de Hazel en la cuarta cohorte. Hazel es mi media hermana romana, quien murió en 1942 por culpa de Gea. Ella fue enviada a los Campos de Alfódelos, donde hace un par de meses había sido sacada de ahí por mí. Me recuerda a Bianca, su sonrisa, su mirada. Sin embargo, hice que sufriera. Hace poco, Plutón la torturó para convencerme de ir a por su misión. Y por eso, Plutón va a sufrir.
Ahí estaban ambos, Reyna estaba vestida como siempre, de pretor. Tenía los brazos cruzados y le notaba preocupada. Luego vi a Frank. No era el mismo chico que vi la última vez. En sus ojos, podía notar que había dejado de dormir. Su aspecto decía muy fácilmente que dejó de comer y que había cambiado notablemente. Se veía más demacrado, más cansado y más fuerte.
- ¿Decirme qué? – ambos voltearon a verme – En el nombre de Plutón, solicito que me lo digan.
Me dio asco mencionar que venía en nombre del dios de la riqueza, pero debí hacerlo. Quien me respondió no fue nadie más ni nadie menos que Frank.
Su voz sonaba fuerte, pero al decir ese último nombre… dolor, lo noté.
- E-ellos… tienen a Hazel.
(1) - Adiós, hermanita. Italiano.
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