¿Conoce alguien el amor?

2.- Es un fulgor que te hace cegar.

Casey quiere continuar estando molesta con Derek. EN VERDAD QUIERE. Pero es que simplemente en esos momentos se le hace imposible cuando el muy idiota pone esa sonrisa que no denota ninguna buena intención, con la misma cara que pone cuando invita a una chica a hacer algo ilegal, pero a ella no le importará porque esa sonrisa te promete tardes de largos besos y sentir que es el fin del mundo, pero que ellos engañarán a Dios y se saldrán con la suya. Una sonrisa irresistible y mentirosa, pero a la que es imposible decir que no por más que sepas que no debes confiar en él.

Cuando le encara en el baño que por cuestiones de espacio deben compartir desde hace años, a primera hora de Navidad con esa sonrisa socarrona, sin importarle las estupideces hechas y dichas hacía menos de 24 horas, es cuando Casey se da cuenta de su poca fuerza de voluntad. Y se molesta otra vez, volviendo a su cuarto, insultando mentalmente a Derek, porque es más fácil y práctico culparlo a él de todo lo que pasaba, era una especie de terapia bastante efectiva.

Esta vez, Casey no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer. Derek iba a sufrir tanto que tendría que pedirle perdón de rodillas y ella tendría que plantearse si realmente ese idiota merecía o no su perdón, no sólo poner esa pose chula y hacer como que nada pasó, para luego sonreír así, como sólo él sabe hacerlo y proponerle cosas que Casey se negará a hacer porque cree incorrectas o porque Nora y George están cerca (y cualquiera de las dos tiene el mismo peso, o sea nada). Casey ve mal casi todo lo que Derek porque el muy idiota puede hacer de todo una travesura, una invitación al lado oscuro, que, aunque no le guste para nada admitir, sabe que ya cayó hace tiempo en el terreno pantanoso de aceptar cualquier cosa que Derek diga. En el terreno pantanoso que significa estar enamorada de Derek Venturi.

Casey puede admitir que en los meses que lleva su relación semi-secreta con Derek le ha sido fiel (sólo Dios sabrá cómo lo ha conseguido); pero le estaba prácticamente coqueteando a la amiga que Emily le había presentado a ella, usando la misma sonrisa de pillo y la mirada cargada de malas intenciones.

No va a ceder. Se acabó Derek Venturi, le haría bien empezar a pasar de él. Pero este pensamiento le dura tan sólo unas horas porque luego de la cena (en la cual le ignoró olímpicamente) Derek le acorraló en el baño mientras se lavaba los dientes y sin darle tiempo a pensar, atrapa sus labios con los propios y antes darse cuenta está contra la cerámica del baño.

El beso es demandante y le deja como una masa acuosa de deseo. Derek besa tan bien que le hace olvidar dónde están, hace que todo a su alrededor de vueltas y sólo pueda pensar en ellos, sus lenguas, sus bocas, sus dientes. Y sí, joder, qué bien se siente cuando Derek cuela una de sus manos por debajo de la camiseta gris y vieja que usa como pijama. Ella tironea del cabello de él logrando que suelte farfulladas incomprensibles que seguramente la mitad son blasfemias.

Es tenerle junto a ella así lo que hace que cualquier defecto de Derek quede de lado, que no importe nada más que ellos. Sus besos, susurros al oído y caricias lo que hace cegar de cualquiera de sus defectos. Derek deja de ser aquel adolescente insoportable, gamberro y manipulador, a solo ser la persona que le hace sentir mujer cada vez que le besa.

Derek se separa en un momento del beso para mirarle divertido.

—Que tonta eres— le dice meneando la cabeza. —Lucy no me gusta. Es fea.

Y con eso Casey se siente estúpidamente feliz; pero no puede evitar tener la obligación moral de responderle menudo insulto. Sin embargo antes de que pueda decir algo más, Derek emprende marcha afuera del baño dejándole desconcertada hasta que cuando llega al marco de la puerta le dice antes de irse:

—Te espero en mi cuarto cuando apaguen las luces y lávate mejor los dientes, que tienes un mal aliento terrible.