Capítulo 1: El primer ataque


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10 años más tarde...

Las coordenadas indicaban en alguna zona de Montressor, como si el fugitivo deseara engañar a los piratas para tomar la ventaja. El reptil era bastante más astuto de lo que ellos habían conjeturado en sus diminutos cerebros bárbaros. Subestimaron a uno de los pocos supervivientes de la tripulación de Nathaniel Flint, quien como buen pirata y truhan precoz, sabía escabullirse. Fácil de subestimar por su aspecto de lagarto avejentado y abarrotado por los años, pero era más artero de lo que su apariencia traicionaba. Un puñado de estúpidos bribones marinos de galaxias condescendientes no iban a tomarle la delantera, ¡por supuesto que no! Aunque, después de todo, su hora final estaba próxima a cumplirse y ya no tenía demasiadas opciones que barajaran la idea de sobrevivir, mucho menos con una herida grave con la que cargaría al estrellar su nave cerca de la posada Benbow Inn.

—¿Cuál es su ubicación, maestre? —preguntó el capitán ya un poco ansioso, visitando el castillo de popa, con una ambición mordaz de tomar a aquel reptil entre sus manos para hacerlo trisas y robar, de una vez por todas, aquel preciado objeto que los llevaría hasta el templo de las mil maravillas.

—En alguna parte de Montressor —respondió su timonel y maestre zirrelanio, Turnbunckle, mirando una pantalla holográfica frente a la estribación—, el impacto será en menos de dos minutos cerca de un lugar llamado: Benbow Inn—. Indicó leyendo las coordenadas del GPS holográfico.

—Bien, ¡arríen los botes! Saldremos de cacería —Ordenó el capitán, mientras sus engranajes chirreaban con escollo ante la alternación de rulemanes y engranajes que consiguieron liar los bártulos de sus extremidades, que dejaron de simular dedos de metal para enfilar un gran machete—. ¡Haremos una ligera visita a la posada Benbow, muchachos!

Y sin la mesura de la que un pirata nunca constriñe, descendieron como la lluvia torrencial sobre aquella vieja posada entre maldiciones y griterío, destrozando, machacando, pisando y quemando partes de la humilde casona de madera, buscando entre las mesas, aparadores y alacenas aquel preciado objeto del cual Billy Bones se había deshecho antes de que el ciborg llegara hasta él.

—Maldita lagartija —gruñó el capitán al ver sobre el suelo de madera a aquel reptil ya desfallecido, sin más que su ropa olorosa y su cofre vacío. Su contramaestre se encomendó la tarea de ordenar a los bucaneros a retener el fuego que habían iniciado, aunque sea para lograr recabar en información antes de que los oficiales llegasen a ellos. Pero fue imparable.

El capitán ordenó subir a la planta alta y así lo hicieron sus súbditos, cuan perros hambrientos, tropezándose unos con otros para aniquilar con sus garras y colmillos todo lo que se atraviese. Pero, ante sus narices, las personas que aún se habían encontrado en aquel lugar, escapaban de su furia que se teñía con las flamas de la ola de fuego que se esparcía por diestra y siniestra.

Una de las súbditas del capitán, la única humana de la tripulación, se había limitado a inspeccionar lo que más podía de las habitaciones que aún no eran arrasadas por el fuego, encontrando en una de ellas la recamara desordenada y oscura de uno de los individuos que vivieron allí. Maldecía la idea de encontrarse indefensa ante recuerdos de fuego y estruendo de balas. Intentaba eludir toda memoria pasada que involucrase las llamas. Era fuerte, sabía que sus estúpidas memorias no debían atosigarla en un momento como ese.

—Mary, ayúdame con esto —ordenó la muchacha a la mujer alienígena de piernas largas y delgadas, la cual la siguió sin rechistar. Al menos, un poco de ayuda moral era suficiente para sacarla de su letargo de amorfos recuerdos pasados.

Entre ambas dieron riña a todo mueble y objeto de valor para encontrar lo que habían arribado para buscar.

La humana observó con indiferencia los cuadros que la habitación poseía, saboteando los cajones de los armarios, arrojándolos por el suelo sin importarle en lo más nimio, hallando en ellos prendas de vestir a la talla de un muchacho. Pero, eso no le había llamado la atención hasta que, con suma fuerza, empujó el aparador para registrar tras él, encontrando allí un peluche azul que le llamó sumamente la atención. Ignoró, por un momento, el hecho por el que estaba saboteando el resguardo de un ajeno, tomando al felpudo con una expresión condescendiente en el rostro, como si algo surcara su mente. Estaba empolvado, como si hubiese estado allí abandonado por mucho tiempo. Sus recuerdos la emboscaron, el llanto de un bebé le encogió el corazón y supo que estaba de nuevo nadando en memorias, hasta que su compañera le llamó la atención.

—Oye, ¡deja de jugar! —la reprendió la alienígena de largas piernas y aspecto retorcido.

Pero, en ese momento, el suelo tembló. Debían darse prisa. Ambas se tambalearon, pero Mary logró escapar antes de tiempo dejando a la muchacha atrás. Ya saben lo que dice el dicho: Cada palo que aguante su vela. Los piratas no arriesgan su vida por nadie, no era una sorpresa.

Por otro lado, la muchacha se desplomó de bruces a un lado de la cama, mientras que frente a ella caía un holo-locket que desprendió las imágenes holográficas de un muchacho de tez morena, cabello castaño y ojos zarcos, quien debía de rondar sobre los 16 años. Debía de ser unos años más chico que ella. Las imágenes brillaron frente a la muchacha de cabello ocre.

—Hola, guapo —habló al tomar el holo-locket, mientras las imágenes holográficas iban pasando, mostrando la cara de pocos amigos del chico junto a la silueta de una esbelta y bella mujer que parecía ser su madre. En algunas de esas imágenes se la podía ver regañándolo o acomodándole el cabello a lo que el muchacho se apartaba de ella con molestia.

No evitó curvear la comisura de sus labios. El artefacto era ideal para iniciar la búsqueda del mapa.

Pronto, una madera encima de ella se derrumbó sobre la cama, evocando al fuego en la habitación, la cual abandonó con premura mirando por última vez al peluche azul que se quemaba haciéndose parte de las llamas, haciéndose parte de las partículas que alimentarían el calor y la destrucción. Guardó el holo-locket en el bolsillo de su pantalón y corrió escaleras abajo.

El silbido de su capitán alertó a la tripulación. La posada se caía en pedazos y los malditos oficiales hojalatas no tardarían en llegar. Abandonó el primer piso dirigiendo a los rezagados que quedaron junto a ella.

—¿Hallaron algo? —preguntó el capitán a sus piratas mientras arribaban al bote en el que habían llegado.

Longbourne, un notable macriki (una raza de seis extremidades, cuerpo largo y ojos en su boca), halló el registro de los comensales quienes habían sido los últimos en abonar la pitanza del día y que, por ende, dejaron la posada a altas horas del crepúsculo motressoriano.

—Ten —la humana arrojó un pequeño objeto a las manos de su capitán, a aquel notable ursid buscado y temido en casi toda la galaxia—. Servirá para rastrear sus rostros.

El capitán echó un vistazo al aparato y supo de qué se trataba al instante. Con una amplia sonrisa y con las pistas eclipsándolo en su ojo ciborg, abrió el holo-locket para saber cuál era su objetivo.

—Excelente —felicitó el capitán, tanto a Longbourne como a la humana—, que inicie la cacería de ladrones.

Y tras un grito de triunfo, emprendieron vuelta al barco para rastrear las huellas de sus actualizadas investigaciones, sin aplazarse en dar con la treta que los llevaría al viaje más esperado de sus vidas, siendo parte de la tripulación de una de las mejores capitanas de la galaxia, con un doctor en astrofísica cuántica y un grumete de lo más pendenciero y orgulloso.


N. de autora:

Yiep, I know, capítulo de introducción muy corto. Lo siento, pero no me parecía muy necesario ir a lo profundo del asunto para saber cómo dieron con el astrofísico y los Hawkins. Creo que con pocas cosas los piratas se hicieron bastante bien, ya que acabaron siendo parte de la tripulación muy rápido. Nada que el rastreo y las tretas no logren.

Ya con esto nos metemos en la historia, aunque el segundo capítulo también será de introducción y transición, veremos cierto interés entre especies. Jim notará que no es el único humano en esos planetas (déjenme decir que para que Crescentia muestre a tanta especie, no he logrado dar con ningún humano en la película xD). Ya en el tercero empezamos a desarrollar un poco más, hilaremos relaciones tanto entre los piratas (que es mi interés) como con los "buenos" de la tripulación.

Como dije, el tinte pirata es muy necesario para dar con ciertas conductas que van a sentar bastante bien con los personajes, como fumar, el ron, juegos de apuestas y esas cosas (no creo que piratas anden todo el tiempo cuidando de sus puestos xD). Aunque con Amelia de capitana, no sé si eso es muy fácil de llevar a cabo, pero parece no salir de su camarote desde que anda en el barco. Arrow sería el problemilla xD

Holo-locket: son proyectores holográficos electrónicos y cámaras que pueden grabar segmentos pequeños (alrededor de cinco segundos), y cuando se abren, reprodúcenlos en secuencia. A menudo se mantienen como sagrados.

En fin, espero que hayan disfrutado el primer capítulo. Vamos lentos pero seguros.

¡Mil gracias por leer! Todo review se agradece de antemano.

PD/ para el próximo capítulo traigo algunas ilustraciones para que vayan imaginando a la OC o tengan una idea de ella. Dejaré links de deviantart en mi perfil.