Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, es propiedad de Masami Kurumada y licenciado por Toei Animation.


De la Z a la A


-Yelmo-

Normalmente tenía el sueño muy pesado. Apoyaba la cabeza en la suave almohada, despreocupándose de su largo cabello suelto y quizás enredable en esa posición, relajaba su cuerpo y en menos de un segundo se encontraba viajando directo a la tierra de Morfeo. Tal vez se debía a que las obligaciones como divinidad drenaban sus fuerzas, y al caer la noche anhelaba su descanso; ese lapso de reposo que como todo ser humano tenía derecho a reclamar.

En el santuario, la noche no era excepción. Después de la cena general, reinaba una atmosfera tranquila y distendida, y Saori podía adivinar al dedillo cual era el momento en que sus caballeros se retiraban a descansar. Ella también lo hacía; se despedía del patriarca, de sus doncellas a quienes enviaba de regreso a sus casas, y rechazando cualquier guardia que alguno de sus amigos se le ocurriera hacer, se retiraba a sus aposentos, se mudaba el inmaculado vestido por un camisoncillo aún más simple, se dejaba caer en su colchón de plumas y se cubría con las mantas como un capullo, y antes de siquiera pensarlo se hallaba dormida.

Tenía un sueño profundo y envidiable, aunque eso no quitaba que llegada la mañana, cuando el sol en todo su esplendor derramaba sus rayos dentro de la habitación, ella ya se encontrara lista para arrancar la jornada. Alegremente se desperezaba y comenzaba con sus actividades del día. Siempre de buen humor, con una sonrisa sincera recibía a sus doncellas que llegaban a atenderla con obvia devoción. No hubo un día en que ocurriera lo contrario.

Sin embargo esa noche se despertó en mitad de la vigilia con el corazón palpitante. Se cubrió con las sabanas hasta la barbilla, y se mantuvo alerta con los ojos abiertos en la penumbra, conteniendo el aliento atenta a algún mísero ruido.

Algo extraño había interrumpido su sueño y por más que pensara no lograba recordar que era. ¿Había sido un ruido? ¿Una presencia?

Subió las rodillas sobre la cama y afianzando las mantas a su alrededor, escaneó con atención en esa oscuridad densa que tenia por delante, pero no oía nada, solo el eco entrecortado de su propio respirar. Luego de varios minutos en los que se mantuvo alerta, finalmente se convenció de que todo había sido figuración suya y lentamente volvió a acostarse. Pese a todo, buscó la posición cómoda y al cabo de unos segundos se durmió como si nada hubiera pasado.

Sin embargo el episodio no terminó ahí. Luego de ese día, la misma situación se repitió noche tras noche. Con ella despertando de golpe en medio de la oscuridad con la plena conciencia de que algo o alguien la había despertado. Pasaba varios segundos oyendo el silencio que la rodeaba y lentamente volvía a acostarse, aunque cada vez le costaba un poco más volver a conciliar el sueño. Decidió no compartir con nadie esa inquietud hasta que estuviera lo suficientemente segura de qué era.

Habían pasado algunas semanas desde su cumpleaños cuando todo comenzó, estaba entrando el otoño pese a que el calor insistía en quedarse. Las noches también eran más largas y algo frescas, propicias para dormir con gusto. Pero desde que el hecho comenzó a repetirse día tras día, ella apenas podía descansar. Luego de un tiempo casi se encontraba con los sentidos en alerta, atenta a cualquier sonido proveniente del exterior, pero nunca llegaba a tiempo para descubrir algo.

Una semana pasó luego de la extraña rutina nocturna. Octubre se aproximaba con su brisa fresca, regalando algo del tardío otoño. Esa mañana Saori tardó un poco más en levantarse, la curiosa manía que la tenía en vilo, apenas y dejaba que ella reposara como se debe. Reprimiendo un bostezo se levantó de la cama, poniéndose la bata al percibir la inusual baja temperatura, mientras arreglaba su cabello en un rodete que ciñó con sus propios mechones, caminó en derredor del cuarto ordenando la cama, cuando se llevó por delante algo que estaba echado de cualquier forma en el suelo, casi pegado a una de las esquinas de su lecho.

Soltó una pequeña exclamación entre dientes, más por el susto que por el dolor, aunque se inclinó a mirar sus pies cerciorándose de que no se hubiera hecho daño. Nada que requiriera mayor énfasis.

Ya más tranquila tomó el objeto del suelo, y sentándose por inercia en la cama, lo colocó sobre sus rodillas mientras decidía que pensar, y que hacer con él: era un yelmo, un casco de entrenamiento, apenas gastado por los años de uso, tenía un leve tinte dorado. No había duda de que era la parte superior de una armadura dorada perteneciente a alguno de sus doce caballeros… ¿O tal vez a algún caballero de bronce?

Lo miró, y lo miró con atención intentando saber a quien pertenecía. Pero su mente estaba nublada, quizás por el cansancio, o de la sorpresa de finalmente encontrar algo ajeno en su habitación, algo que sin duda tenía que ver con lo que le ocurría por las noches. Porque, por supuesto aquello no era suyo. Trataba inútilmente de recordar en la cabeza de quien había visto ese casco, pero nada. Ni su imaginación, ni su memoria ayudaban a esclarecer quien era el dueño de ese objeto.

Oyó el golpe sutil en la puerta y supo que sus doncellas habían arribado para comenzar a prepararla para sus actividades del día. Con prisa, escondió el yelmo bajo la cama, y se quedó de pie dando la orden de que entraran. Ellas así hicieron, y en menos de un santiamén se encontró vestida y arreglada para la asamblea matutina que diariamente tenía con los habitantes del santuario.

Salió con ellas para cumplir con el protocolo, y espió por su hombro la habitación que dejaba, a su cama ahora tendida, que escondía bajo esta el primer objeto que aparecía luego de que esa curiosa práctica nocturna había empezado.

Los caballeros ya estaban hincados de rodillas cuando ella entró a ese inmenso salón ornamentado. Siguiendo la norma formal todos, absolutamente todos, tenían la cabeza descubierta en sumisión y respeto a su diosa. Saori los fue repasando uno por uno, sorprendiéndose de pronto de que fueran tantos, entre dorados, plateados, de bronce y aprendices, era una pequeña gran multitud.

Suspiró rendida al ver que el panorama se repetía por doquier, así nunca sabría de quien era el casco que mantenía escondido en su habitación, todos aguardaban con su cabeza desnuda esperando que ella expusiera su parlamento diario… Se dio por vencida, y luego de saludarles respetuosamente, tomar asiento en su trono de terciopelo púrpura, siguió con la reunión planeada olvidando lentamente su rutina nocturna, y el yelmo que estaba escondido bajo su cama.

La tarde llegó luego de que todos los quehaceres divinos del día fueran completos. Saori se encontró de nueva cuenta en su habitación recordando lo que ocultaba. Se sentó en el suelo sacando el yelmo de su escondrijo y observándolo con curiosidad. Con tanta curiosidad que de un impulso acabó poniéndoselo, y obviamente le quedaba enorme, tanto que le cubría los ojos, pesaba una tonelada y le era incomodo hasta para moverse. Se lo quitó de un tirón y lo mantuvo en sus manos, viéndolo otra vez; ¿A quien pertenecía? ¿Por qué nadie había ido a reclamarlo? ¿Cómo había aparecido ese objeto extraño en su habitación?

Tendría acaso relación con lo que pasaba durante la noche… ¿Es que alguno de sus caballeros la espiaba mientras dormía?

La sola idea la hizo temblar de repulsión. Ella era un ser puro, casto… que no podía inspirar sentimientos carnales en un hombre…

Exhaló un débil grito, y de un salto tiró el casco sobre la cama abriendo la puerta para gritarle a una de sus doncellas que buscara a Shiryu con prisa y lo trajera a sus aposentos.

Se paseó arriba y abajo dentro de su alcoba esperando por el arribo de su caballero, aquel que casi actuaba como su confidente más fiel. Escuchó el golpe respetuoso en la puerta y le abrió, metiéndolo ahí adentro sin dilaciones.

El joven la miró sorprendido, era la primera vez que veía a su diosa tan extraña. Él aun portaba la armadura del dragón como lo había hecho en la mañana, aunque a veces solía usar la de su viejo maestro si la situación así lo ameritaba. Hizo la reverencia acostumbrada ante ella, presintiendo cual era el motivo por el cual la divinidad lo había hecho venir. Suspiró lentamente y empezó a decir con toda la calma posible:

- Seiya no se ha sentido bien en estos días, y por eso no fue hoy a la asamblea. Me pidió que te pidiera disculpas en su nombre… Es que tampoco vendrá a cenar aquí, ni participará de las actividades mañana, y creo que no lo hará por varios días…

Saori detuvo su marcha frenética mirando consternada a su caballero -¿Seiya no estuvo en la asamblea?

Shiryu alzó una ceja -Pues… no. No se ha sentido bien últimamente. Creo que tú también lo has notado.

Ella asintió. Era cierto, el joven pegaso de pronto se volvió retraído y solitario. Luego de su cumpleaños donde todo había vuelto relativamente a la normalidad, Seiya empezó a mostrarse reacio, molesto, con mal genio cada vez que todos se encontraban para cenar guardando aquella costumbre de antaño cuando eran adolescentes. Saori no le dio mucha importancia en ese entonces, pero pronto el joven dejó de asistir a la cena que mantenían los cinco en común, llegaba tarde a las asambleas de caballeros, y se encontraba siempre con ese humor insoportable y rebelde, que se ganaba ojeadas y cuchicheos por parte de todos. Sus camaradas intentaban contenerle, pero siendo Shiryu su mejor amigo y el más cercano, era el único que le lo podía hacer entrar en razón.

- ¿Está enfermo?- preguntó con inquietud dirigiendo sus cristalinos ojos hacia el dragón.

Shiryu se rascó la nuca con incomodidad -Digamos que si. O por lo menos esta mañana se ha levantado enfermo…

- ¿Qué tiene?

- Oh, nada de cuidado. Con reposo y algunos analgésicos se le quitará.

- Debo ir a verlo… ¿verdad?- aunque la pregunta fue más para ella misma que para él, estrujó las manos contra su pecho al preguntarle.

- No creo que sea necesario Saori- contestó rápidamente -Marin está ahora cuidando de él.

Al oír el nombre de la amazona, a quien Seiya consideraba casi como su hermana, la divinidad se tranquilizó. Sonrió casi disculpando su exabrupto, y se giró hacia el joven de largo cabello negro.

- En realidad no era por eso que te hice venir Shiryu.

- ¿A no?

Negó lentamente con la cabeza, y decidió ir directo al grano. Le dio la espalda por unos segundos antes de volverse a él con el yelmo entre sus pálidas manos.

Shiryu abrió los ojos como platos al ver ese objeto.

- Llévatelo de aquí. Investiga a quien pertenece y devuélveselo, pero quítalo de mi vista. Una vez que lo hagas no vengas a decirme quien era su dueño, no deseo saberlo.

- ¿C-cómo llegó esto hasta aquí?- prosiguió el joven con un hilo de voz, obviando las palabras de la diosa.

La divinidad se encogió de hombros lentamente. Luchando por si contarle o no. Soltando un suspiro, se decidió a hacerlo.

- Desde hace unas semanas atrás he sentido algo extraño durante las noches, como si algo -o alguien- inquietara mi sueño desvelándome. Pero nunca he logrado descifrar de que se trata…- le dio la espalda acercándose a la ventana, considerando lo que decía -Hoy cuando me desperté encontré ese yelmo en el suelo y…

Los ojos del joven dragón se abrieron aún más como si eso fuera posible. Interrumpió con alarma.

- ¿Ha intentado hacerte daño mientras duermes?

- Claro que no. Ni siquiera sé si…- se detuvo mirando fijamente a su caballero quien bajó la cabeza con bochorno -¿Crees que alguien me espía por las noches?

- No lo sé- respondió con voz apretada -Pero juro que no volverá a ocurrir.

- Shiryu…

- Entre Hyoga, Shun y yo haremos guardia frente a tu puerta para que este tipo de situaciones no se vuelva a repetir.

Saori lo miró con curiosidad. Rara vez el joven se exaltaba de esa forma. Y viéndolo con detenimiento parecía enojado, molesto.

- Acaso… ¿sabes a quien pertenece…?

- Dijiste que no querías saberlo- le interrumpió inclinándose en una reverencia profunda, y dando sutilmente por terminada la conversación -Devolveré esto a su dueño, y despreocúpate que esas visitas nocturnas se acabarán de ahora en más.

Lo observó dar media vuelta sobre sus talones, el yelmo bajo el brazo, y dirigirse hacia la puerta.

- Shiryu espera- lo detuvo, luchando consigo misma para decir lo siguiente -Mantenme informada sobre la recuperación de Seiya… si debo contactar con la fundación en Tokyo para…

- Nada de eso. Lo de Seiya se irá con los días, despreocúpate. Es decir, despreocúpate de él- la observó por sobre su hombro al murmurar aquello, clavándole sus increíbles ojos claros, y Saori sintió como un fuego atroz le incendiaba las mejillas.

- Oh si, claro.

Volvió a ejecutar una pequeña genuflexión ante ella y salió cerrando cuidadosamente la puerta tras él.

Saori se quedó allí en su recamara. Se acercó a la ventana y descubrió que el sol estaba poniéndose en las lejanas colinas de Atenas. El paisaje que se veía tenía un leve manto dorado, producto del otoño.

Esa noche cenó sola. Sus caballeros le mandaron las disculpas en un sobre lacrado, excusándose de no poder asistir. Al principio le sorprendió tanta formalidad. Pero así eran ellos. Y así tenía que ser aunque ella persistiese en pensar lo contrario. Eran sus amigos, pero también eran sus guardianes, y ella su diosa a quien tenían que proteger.

Cerró la ventana, el aire estaba volviéndose frío. Apagó las luces y se acostó en la cama haciéndose un ovillo con las mantas. Por un largo periodo de tiempo mantuvo los ojos abiertos en la oscuridad a la espera de algún sonido. Pero el tiempo pasó y nunca ocurrió nada que alertara su tonta vigilancia. Cerró los ojos rendida de cansancio.

Esa noche durmió de un tirón. No hubo nada, absolutamente nada que la despertara.

…-...-…-…-…-…-…-…-…-…

Nota:

Segunda letra completa! ( o debería decir anteúltima letra completa?)

Sé que me lloverán tomatazos por lo que puse aquí, y que algunos dirán que la armadura dorada de él (Ya sé que todos adivinaron a quien pertenecía el yelmo/casco) no tiene casco, sino una especie de 'tiara' o no sé como llamarlo u.u ¡Pero bueno, usen su imaginación e imaginen que luce un lindo casco en su cabecita! Ayudenme, no sean así T_T era para darle cierto sentido a la historia...

La próxima letra será 'Xenofobia'

Gracias por leer!

A los que no entienden este reto son Pequeñas historias de la Z a la A sobre mi shipping favorito de todos los tiempos Saori y Seiya, uno por cada letra del abcedario :D

Otra vez gracias por leer! Espero arrancar con Quince Días pronto y tenerlo listo para la semana que viene!

Saludos y abrazos

Sumi Chan