Los tres se teletransportaron a un campo abierto, lleno de flores pequeñas, un lugar indicado para meditar o descansar un poco del mundo y la vida. Cuando lo hicieron, Hiyori se separó de su cuerpo, volviendo a tener ese extraño "don" de ser mitad ayakashi.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Hiyori moviendo su "cola" de un lado para otro.

—Necesito que pongas mucha atención —avisó el dios, su shinki los miraba con semblante calmado.

—Pero ¿qué sucede, Yato?

—Yo y todos los demás dioses estamos en peligro —dijo sin más, fue directo haciendo entender que no se trataba de una broma, sino de algo serio.

—Dicen... que apareció alguien dios, humano y ayakashi —complementó el menor.

—Es una profecía que dicta que será más reconocido que cualquier dios ya que surgirá y habrá pruebas irrefutables sobre su existencia, hará grandes cambios… demasiadas cosas, las personas dejarán sus creencias anteriores y si las deidades llegan a morir, no renacerán.

Hiyori no tenía que pensar mucho para entender que, si llegaba a suceder eso, si las personas dejaban sus creencias anteriores, los dioses si llegaban a fallecer, ellos jamás renacerían. Pero...

—Yato, pero si un dios requiere de creyentes ¿dónde quedas? —preguntó Hiyori preocupada

—Mi "padre" fue quien me creó para su bien personal, puede simplemente dejarme de lado para acercarse al ser supremo y arrastrarse como gusano pidiéndole que se una a él —Yato miró el suelo con una mueca

—¡Pero yo jamás dejaré de creer en ti, Yato! —exclamó la mujer

Yato la miró asombrado, soltó una leve sonrisa y se acercó a Hiyori —Por eso te amo...

Hiyori sintió su cara arder, maldición, hacía mucho que no escuchaba a Yato decirle eso. Yato estuvo a centímetros de besarla, después de años, de catorce años, sin besar esos suaves y cálidos labios.

—Eh... chicos —les llamó la atención el rubio, estaba más que claro que estaba incómodo.

Yato suspiró algo frustrado y se alejó de Hiyori —Nos dieron la misión de encontrar al ser, y matarlo.

—¿Eh? ¿A ti a todoslos demás dioses?

—Sí, bueno... Kofuku no, causa un desastre por donde quiera que vaya, ella es de los únicos que se oponen a usar "la fuerza bruta" y prefieren hablarlo —respondió Yato —Un dios, humano y ayakashi.

"Alguien parte dios, parte humano y parte ayakashi"

Eso era algo imposible, irreal, o incluso escalofriante, pero la mente de Hiyori dio a parar en el blanco

—¿Hikari no sería...? —susurró casi inaudible

—¿Uh? —hizo Yato volteando hacia ella

—¿Qué? Y-yo, nada, no dije nada —mintió agitando las manos en forma de negación.

«Maldita sea, fui demasiado obvia... ¿Qué pensabas, Hiyori?»

«...»

—Hola, niña —le saludó

Hikari quedó helada, no sabía que decir, perdió la noción del tiempo, sabía que llevaba viéndola por mucho tiempo, pero no calculaba cuanto, ni siquiera se percató que ya habían llegado varios de sus compañeros al aula y la veían extraño. Llegó a pensar que se estaba volviendo esquizofrénica, que estaba alucinando o se estaba quedando dormida.

—¿Quieres que te cuente algo sobre ti? —finalmente habló y la oji-azul asintió no muy convencida.

—¿Qué te sucede, Hiki-chan? —le preguntó Mizuki, una vieja amiga de Hikari que tenía el cabello castaño, ojos color ámbar y obviamente usaba el mismo uniforme. Al fin salió de su trance y miró a su compañera

—Oh, nada. No me pasa nada, estoy bien, no te preocupes.

—Bien, pero si te pasa algo sabes que me lo puedes decir —dijo no muy convencida mientras caminaba hacia su pupitre.

Se escuchó una risa perteneciente a la niña con el yukata.

—Deja de mentir, mentir no es bueno, niñita.

Hikari dio un paso hacia atrás, y desvió la mirada de ella para disimular.

—Maldición... —susurró Hikari

La otra volvió a reír y cantó

—Debes empezar a correr, los dioses te quieren matar, porque si ellos te encuentran del puente tu caerás.

—¿Eh?

—Pregúntale a Iki Hiyori —dijo para después desaparecer.