Capítulo I: Dilema.

¿Estaba muerta? No estaba segura del todo. Y si estaba viva, y no había alucinado sus últimos segundos despierta, en manos de un Nott y un Malfoy no estaba demasiado segura.

Su subconsciente quiso abrir los ojos de golpe, pero su cuerpo no parecía querer seguir las órdenes que indicaba su cerebro de manera correcta. Hermione estuvo varios segundos intentando abrir sus párpados hasta que logró separarlos completamente, y en realidad no logró ver demasiado, ya que no estaba todo borroso.

Coja, manca, herida en el estómago, y ahora ¿medio ciega? Lo tenía todo. Estuvo otra gran considerable parte de tiempo mirando un borrón que había en el techo hasta que consiguió distinguir que era: una simple mancha de humedad. Parpadeó varias veces. Ya estaba lista.

Sin embargo, al sentarse bruscamente en la cama en la que se encontraba, todo comenzó a darle vueltas, y de un segundo a otro ya estaba vomitando a un costado de la cama. El líquido recorrió su garganta de manera feroz, encogiendo su estómago, ya que ni siquiera recordaba la última vez que había comido algo.

— Joder Granger, acabas de levantarte y ya estás causando revuelo.

Hermione dejó de vomitar y se dejó caer nuevamente en la cama, agotada, respirando agitadamente. Malfoy, apuntó con su varita a la mancha en el suelo y ésta se limpió. Le dió una mirada rápida a la castaña y abrió la boca para decir algo, pero se fue sin decir nada. Hermione confundida, miró fijamente la puerta por la que se acababa de marchar el rubio. ¿Qué le pasaba? Tal vez estaba soñando. O quizás el tan famoso cielo era nada más y nada menos que un conjunto de alucinaciones diversas que se alternaban infinitamente. Sí, aquello era lo más seguro, no veía otra manera de haber estado en una misma habitación con Malfoy y no haber terminado a los insultos.

Más teniendo en cuenta que le he vomitado en la alfombra. Pensó Hermione.

Realmente no sabía que hacer, y considerando que estaba en territorio enemigo, quedarse tumbada allí para siempre no era una opción. Recordó sus heridas. Tenía la muñeca vendada, y por lo que notaba al intentar hacer círculos con el tobillo, éste también lo estaba. Levantó el camisón — que no tenía ni idea de donde había salido — que llevaba puesto y observó que la herida estaba cicatrizando, prácticamente. Palpó la zona de su cabeza que había resultado afecta y notó una costra.

Poco a poco, se destapó y fue apoyando sus pies, junto con su peso entero en el suelo. Le dolían absolutamente todas las articulaciones, como si fuera una persona anciana intentando moverse.

Estaba decidida a salir de allí y encontrar respuestas, cómo dónde estaba, que hacía allí, y lo fundamental ¿por qué la habían rescatado? No se llevaban bien y era la impura por excelencia.

Abrió la puerta, dejando un pequeño espacio entre el marco, solo para poder asomar la nariz. Se escuchaban susurros. A decir verdad, Hermione tenía miedo. Podía salir y ser simplemente atacada, ¿qué sabía ella si no estaba en un cuartel de mortífagos? Malfoy siempre la había detestado y hubiera pagado por verla muerta. Decidió jugársela, de todas formas estaba segura de que acabaría muerta tarde o temprano.

La puerta chirrió cuando la dejó de par en par. Sus pies descalzos le picaban al rozarse levemente con la suave moqueta que al parecer, cubría todos los suelos de la casa. Al final del largo y ancho pasillo había unas escaleras, de las cuales se podía ver unas sombras proyectadas desde la planta de abajo. En realidad, no era una mansión tan lujosa como se podría esperar, aunque no supiera ni tan siquiera a quién pertenecía la propiedad.

Observó que en las paredes colgaban varios retratos de distintos hombres y señoras, ataviados con ropas oscuras y caras. En el centro de todos estos retratos se encontraba una imagen un tanto extraña, le recordaba a la estatua que había instalado Voldemort en el Ministerio de Magia: un mago de cabellos blancos y túnica roja estaba de pie en una pose triunfal, encima de un elfo doméstico, otras criaturas mágicas; y lo más destacado, que era un muggle ensangrentado (se notaba que lo era porque vestía con harapos y tenía una gran M marcada en la frente).

Continuó caminando por el pasillo, y también le llamó la atención una pequeña mesita, dónde tres cráneos humanos depositaban. El de centro era negro. Sentía curiosidad, ¿qué hacía eso allí? Era incluso más tétrico que las cabezas de elfo colgadas en la casa de la familia Black. Alargó la mano para sentir la superficie del cráneo negro en sus dedos, pero de repente, este saltó de su sitio y mordió uno de sus dedos fuertemente. Los otros dos empezaron a castañear, y a susurrar: "¡Impura, impura!". Intentó soltarse con su otra mano, solo consiguiéndose un daño mayor.

— ¡Agh! —gritó. Definitivamente esa cosa le estaba cortando la circulación.

Oyó unos pasos subir rápido las escaleras, y al siguiente instante la voz de Theodore Nott llegó a sus tímpanos:

— ¡Basta ya! ¡Basta! ¡Suéltala! ¡No quiero que volváis a atacar a Granger! ¿Entendido? —ordenó, de manera imponente.

Hermione se dio la vuelta para mirarlo. Llevaba una camisa blanca, desaliñado y manchado de sangre seca (que hasta tal vez era suya), hasta le llegó a aparecer tranquilo. Dio un largo trago a su taza humeante.

— Veo que estás despierta finalmente, has dormido como un día y medio. Ya empezábamos a pensar que tenías una hemorragia interna y que no saldrías de ésta —sonrió a medias, mostrando algunos dientes de su dentadura perfecta. Tenía unos vivos ojos azules que la miraban fijamente, haciéndola sentir la autora de un crimen, como si estuviera mintiendo y él supiera toda la verdad —. Por si tienes hambre, abajo estamos preparando una sopa. No es la gran cosa pero tal vez es lo mejor para tu cuerpo ahora.

Granger se dedicó simplemente a asentir y a seguir a Theodore cuando este comenzó a bajar las escaleras, guiándola hacía abajo. La planta que había abajo era bastante extraña. Había tres pasillos: uno conducía a la cocina y a la sala principal, otro no tenía ninguna salida, y el restante llevaba a la salida principal. Un aroma a caldo llegó a las fosas de Hermione, y su estómago protestó, exigiendo comida. Escuchó la risa socarrona de Nott mientras ambos entraban a la cocina.

— Reza porque las patatas no hayan estado podridas, Theo. Vamos a coger tifus comiendo esta cosa pestilente —Malfoy estaba delante de una cocina... muggle. Revolvía con un cucharón dentro de una olla al fuego.

— No puedes contagiarte de tifus comiendo, Draco. A lo mucho si te pica una pulga, no seas llorón —respondió Theodore con simpleza, sentándose en la mesa de la cocina, balanceándose en esta.

Hermione permaneció en el umbral, no se fiaba un pelo. Hizo una lista mental de las cosas que no encajaban: Nott y Malfoy rescatándola de la muerte, Nott ordenando a unos cráneos extraños a no atacarla, Malfoy siendo —dentro de lo que cabe— amable con ella, y ahora cocinando en una cocina muggle. ¿Y ya está, esperaban que se creyera que no había gato encerrado detrás de todo esto?

— Quiero irme de aquí —exigió al cabo de un rato. Theodore volvió a mirarla de manera incesante, haciéndola enrojecer.

— ¡Vamos Granger! Créeme, cuando des un paso fuera de esta casa vas a querer volver a entrar —afirmó serio. No hubo rastro de diversión en su rostro durante unos segundos, pero nuevamente levantó las comisuras de los labios —. Anoche los Bulstrode volvieron a la casa de al lado, y los Zabini llevan desde esta mañana instalándose en su mansión, que está en frente. Hay muchos aurores rondando por aquí cerca, así que fingimos que no estamos escondidos en nuestras propias casas y ellos merodean, para encerrarnos en Azkaban.

— No quieren invadir nuestras propiedades porque no saben si están preparados para lo que hay, simplemente mira las estatuas de los Zabini o la... decoración del piso de arriba. —le explicó Malfoy. Sacó la olla del fuego y se puso a servirla en cuencos —. Así que si te sientas en la mesa te lo agradeceríamos.

Hermione dudó. Seguramente mentían, ¡además tenía razones para desconfiar!

— ¿Dónde está tu padre, Nott? —inquirió con voz rasposa. Si ellos y otras familias se ocultaban, no veía porqué el patriarca de los Nott no rondaba por la casa.

El semblante de Theodore cambió:

— Mi padre murió hace tres días, Granger.

No dijo nada más e inició su plato silenciosamente. Malfoy puso un cuenco en un sitio vacío y otro delante de él:

—Adelante —la invitó.

Hermione se sentó, sentía que estaba en un estado de trance, recopilando toda la información e intentando ordenarlas para que fueran una idea coherente en su cabeza. La sopa reconfortó a su cuerpo, terminando más rápido que Nott y Malfoy, sonrió levemente. Se sentía mucho mejor.

— ¿Qué...? —tanto Theodore como Draco la miraron al instante, preparó mentalmente su pregunta: — ¿Qué ha pasado con Harry?

Un silencio se instaló un segundo en la habitación, escuchándose como Nott tragaba sonoramente su comida. Malfoy se calló un instante antes de contestarle.

— Weasley está muerto, Granger, lo siento. Por lo que...

— Eso ya lo sé —le cortó furiosamente Hermione. Por alguna extraña razón sentía rabia. "Weasley está muerto, Granger, lo siento". Cómo si no fuera algo importante; "Rompí tu pluma, Hermione, lo siento". Tonos similares, pero sin embargo la situación era distinta —. Lo vi yo misma.

— Potter está buscándote, ha salido en distintos diarios. No saben nada de ti, están extrayendo todo tipo de conclusiones y teorías —continuó Theodore — Así que tenemos una propuesta que realizarte, Granger. Queremos que te quedes con nosotros hasta que estés completamente bien, tómalo como un regalo. Más tarde, te daremos tu varita y podrás irte si quieres, ¿qué opinas?

Hermione frunció los labios. Trampa, trampa, trampa, trampa, le gritaba su subconsciente. ¿Debía aceptar? La imagen de Ron convulsionándose se le vino a la mente.

Todo era culpa de ellos, los mortífagos, los aliados de Voldemort. ¡Y tenían la osadía de venir a preguntarle si quería permanecer con ellos! Se levantó de la silla, arrastrándola sin cuidado.

— ¡Por supuesto que no! —gritó fuertemente. Comenzó a correr escaleras arriba. Debía encontrar su varita, unos zapatos y largarse de esa casa de inmediato. Con un poco de suerte su grito habría llamado la atención de los aurores y en cualquier momento vendrían a encerrarlos y a rescatarla a ella. Ojalá. Entró alborotada a la habitación donde había dormido.

Abrió los armarios agresivamente, nada, vacíos. Con un golpe, la caja de dentro de un escritorio viejo, tembló y se abrió. Un par de papeles viejos.

— ¡Granger, para ya! — Nott y Malfoy la observaban dudosos desde el marco de la puerta.

— ¿Dónde está mi varita? —preguntó casi chillando, rebuscando en las mesitas de luz. Tiró los cajones al suelo. Sentía que le iba a dar un ataque de ansiedad, estaba totalmente desprotegida.

— ¡Cálmate!

Ignoró aquel alarido por parte de Malfoy.

No tengo porque hacerles caso, me están privando de mi libertad y de mi varita. Hermione quiso gritárselo en la casa a los dos, pero debía mantenerse en la búsqueda de su varita, su arma, su protección.

Ya había rebuscado en todos los cajones. ¿La cama? Se dirigió hacía ella y comenzó a revolver las sábanas, tal vez estaba debajo del colchón. De repente Nott la cogió por detrás y trató de reducir su movilidad.

— ¡Suéltame! —su propia voz le desgarró la garganta. Logró deshacerse del agarre por unos segundos, e hizo lo primero que se le vino a la cabeza: la lámpara de aceite de la mesita que tenían al lado podría noquear a Nott, después se desharía de Malfoy y podría huir. La agarró con fuerza y la levantó para golpear a Theodore con ella.

— ¡No! —exclamó este. Empezaron a forcejear, Nott intentaba arrebatarla de sus manos. Draco se mantenía al margen, sin saber muy bien que hacer todavía. Dio varias zancadas hasta ellos, ayudando a Theodore. El rubio le rasguñó los puntos de la frente, abriéndolos de nuevo, haciéndola aflojar su agarre a la lámpara. Theodore se la quitó y la tiró rápidamente al suelo, rompiéndose esta.

Ya estaba otra vez, la habitación empezó a girar en su cabeza. Tal vez la herida estaba sangrando.

— ¡Joder, Draco! ¡La has cagado! —gritó furioso Nott.

La volvieron a tumbar en la cama. La castaña cerró los ojos unos segundos para descansar la vista.

Cuando los volvió a abrir Theodore ya no estaba encima suya y Draco tampoco. La luz de la ventana le indicaba que comenzaba a anochecer.

— Tenemos que hacer algo con ella, Theo. Mira como se ha puesto, obviamente no confía en nosotros.

— Draco, no podemos dejarla libre, podría delatarnos y acabaríamos en Azkaban.

— ¡Tampoco podemos privarla de su libertad! ¡Si usa magia aquí dentro también puede delatarnos!

Así que si hacías magia, de alguna manera, te detectaban... Siguió escuchando la conversación.

— ¿Y qué hacemos? Nos hemos metido en un lío, Malfoy. No sé porqué tuviste la estúpida idea de salvarla, no la quiero en mi casa si va a causar problemas.

Hubo un corto silencio hasta que Draco finalizó la conversación.

— Cuando se despierte intentaré hablar con ella, y... verás que no volverá a pasar así. Dale tiempo, es todo muy reciente. No sabe nada de Potter, Longbottom o los Weasley, está asustada. Ahora si me disculpas iré a dormir, estoy cansado.

Con esto, los pasos de Malfoy se fueron distanciando, hasta finalizar en portazo.

Hermione ya no sabía ni que pensar. Aunque algo estaba claro, Nott no la quería ahí y solo tenía a Malfoy de su parte. Necesitaba un plan. Quizás si fingía una relación cordial la dejarían libre y podría buscar a Harry y volver con los Weasley. Con cientas de teorías en su cabeza, volvió a quedar dormida, preguntándose si podría confiar en Draco Malfoy y sus acciones impredecibles.

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Hola! Ojalá os esté gustando, yo estoy disfrutando un montón escribiendo, me pierdo en la historia :)

Saludos, una escritora de pacotilla más, xx.