Disclaimer de derechos: No soy Rowling (de ser así Fred, Sirius, Remus y Dobby no habrían muerto) y nada de esto me pertenece (lamentablemente)
Jasmine Potter
Jasmine Potter era una chica diferente al resto, al menos eso decian los niños Muggles que la habían conocido, ninguno de ellos sabía con exactitud que hacia en su tiempo libre, por qué siempre tenía una sonrisa contagiosa en sus labios o por qué su pelo era tan alborotado.
Ella era una bruja, lo sabía desde que tenía memoria gracias a un incidente de Magia accidental con a penas tan solo 2 años.
Para ser mas específicos, era un sangre pura.
Euphemia y Fleamont Potter podían decir que les bastaba y sobraba con su hija, la niña era un bromista que había causado demasiados estragos para tener tan solo 10 años, era inmadura y totalmente infantil.
Pero también, Jasmine era curiosa e inteligente, precoz y terca.
Era... Simplemente ella y no temía en demostrarlo al mundo
La familia Potter era pequeña pero abastecida de dinero, aún con su fortuna eran humildes y no se jactaban de su riqueza a diferencia de como harían otras familias de sangre pura.
Era una mañana soleada, Jasmine se había despertado más temprano de lo usual, después de todo, era su onceavo cumpleaños y era la edad mas importante para una bruja o mago.
Salió de su casa sin preguntar o avisar antes a sus padres, era un barrio tranquilo y habían Muggles en él, asi que realmente no existía peligro alguno y por lo tanto, la niña no veía necesario avisar a donde iba.
Se dirigió al parque con una sonrisa, era demasiado temprano así que había optado por esperar allí antes de volver a su casa y recibir su carta de Hogwarts que sabía que le aguardaba una lechuza.
Una niña Muggle menor que Jasmine (tal vez de 8 o 9 años) se asomó de uno de los toboganes que se encontraban allí.
-¿También te olvidaron tus padres?- preguntó tímidamente con su pelo rubio cubriendo parte de su cara.
Jasmine la miró y negó con la cabeza.
-No, salí porque es mi cumpleaños.- respondió con una sonrisa que inmediatamente le contagió a la niña.- ¿Por qué te olvidaron tus padres? ¿Cómo te llamas?
-Soy Lía, y me dejaron porque seguramente estan en una fiesta y olvidaron que existo.- respondió con una mueca, pero enseguida volvió su sonrisa.- ¿Es tu cumpleaños? Felicidades.
-Gracias...¿Cuánto tiempo estarás aquí? No es bueno que te quedes tanto tiempo sola, ¿Quieres ir a mi casa un rato? ¡Habrá fiesta!, y por cierto, soy Jasmine.
-Me gustaría... Pero no quiero incomodarlos
-¡Tonterías! Mi madre estará feliz de que tenga amigas que no sean cosas encantadas o animales.
Lía frunció el ceño por las palabras "cosas encantadas", decidió dejarlo pasar pensando que fue un erro suyo.
-¡Jasmine Frida Potter!- gritó la voz histérica de Euphemia a través de toda la calle.
-Mierda. Ven, Lía, te presentaré a mi madre.- murmuró Jasmine antes de tomar de la mano a la otra niña y hacerla correr a su lado.
-¿Dónde estabas?- demandó saber la mujer una vez que tuvo a su hija frente a ella.
-Le estaba haciendo compañía a Lía.- afirmó Jasmine con una sonrisa inocente y señalando a la Muggle.
Euphemia miró a la cabellera rubia percatandose por primera vez de su presencia y frunció el ceño.
-Sus padres se olvidaron de ella y dice que no volverán hasta después, ¿Puede quedarse en la casa un rato?- preguntó la azabache alegrandose por distraer del tema inicial a su madre.
-Claro, siempre que sus padres la dejen por mi no hay problema.- respondió la señora Potter dirigiendo a la pequeña rubia una sonrisa cálida olvidándose del por qué había salido en primer lugar.
Lía sonrió en respuesta y caminó junto con los dos Potter hasta llegar a su casa.
Euphemia tenía planeada una fiesta para su hija, con unos cuantos invitdos del mundo mágico y por eso mismo no pudo evitar sentirse incómoda que Jasmine trajera una Muggle, no tenía prejuicios contra ellos pero sería difícil explicar como era que los invitados aparecieran en la chimenea o el por qué la comida flotaba.
Jasmine se quedó en la sala con Lía, la cual miraba la casa con un gesto de asombro, Euphemia entró a la cocina.
De repente entró una lechuza por la ventana, aleteo un poco antes de posar en el respaldo del sofá y miró expectante a los presentes en la casa.
Jasmine corrió hacía la lechuza olvidando repentinamente a Lía, tomó la carta pero optó por no abrirla en ese momento, al menos no con una Muggle presente.
-¡Wow! ¿Eso es una lechuza? ¿Qué dice la carta?- preguntó la niña rubia con curiosidad, entonces se sonrojó.- Lo siento, es privado, ¿verdad?
-¡Ha de ser mi carta de admisión para un internado!.- respondió con alegría la azabache de lentes, no mentía, era cierto después de todo.
-Debes ser muy inteligente para entrar a un internado...
-¡Que va! Claro que no, voy a entrar porque esta en mi sangre.
Lia no lo entendió, pero decidió no decir nada más.
-¡Mamá, es mi carta de Hogwarts!- gritó Jasmine con una sonrisa plasmada en sus labios, la rubia también sonrió, no sabía que internado se llamaría Hogwarts pero se oía feliz asi que debía ser bueno, ¿no?
-¡Que bien, Jaz! Ahora ven y ayúdame a poner las cosas en la mesa.- se oyó que Euphemia gritaba desde la cocina, pero la felicidad se notaba a leguas en su voz.
Jasmine se encogió de hombros y corrió a hacer lo que le pedían, Lía le siguió para ver en que podía ayudar.
La fiesta habia sido sencilla, las felicitaciones se habian enfocado principalmente en el hecho de que la cumpleañera había sido admitida en Hogwarts, (pero eso si, realmente no le sorprendía a nadie)
Después de un rato, Lía y Jasmine habían subido al techo de la casa, era una actividad que la azabache siempre hacía cuando sus padres no le veían y que había enseñado a su nueva amiga a hacerlo.
Estaban sentadas en la orilla con las piernas colgando al aire.
-¿Así que irás a un internado?- preguntó Lía con un poco de decepción, nunca había tenido amigas en ese barrio, la única era Jasmine en ese momento y resultaba que se iría a un internado.
-Si... Lo siento, podríamos comunicarnos por cartas si quieres.- le animó la mayor con una pequeña sonrisa, era hija única, ver a esa niña le hacía tenerle un instinto de protección.
-Seria genial... ¿Será por lechuza como tu carta?
-¡Si!, ya verás que no me olvidaré de ti.- le aseguró la azabache un poco sorprendida de que la niña no hiciera tantas preguntas respecto a la situación de la lechuza u otras anomalías.
Lía asintió satisfecha.
Jasmine oyó desde abajo la voz de su madre llamándole, debía bajar en ese momento ya que no quería que la viera en el techo... Y mucho menos con Lía a quien Euphemia le había tomado cariño.
El día terminó rápido, demasiado rápido para el gusto de Jasmine, todos los invitados se habían ido y ella personalmente había acompañado a Lía a su casa junto con su madre (ninguna confiaba en los horribles Muggles que la niña tenía como padres).
La noche también había llegado antes de lo previsto, había sido un buen día...
Con ese pensamiento, Jasmine se fue a dormir. aún cuando la emoción de ir al Callejón Diagon la invadía.
