Torpeza

Bien, estoy castigada, y ya nada puedo hacer. Suspiro y, miro a mi alrededor; frustrada. ¡Todo por mi gran boca! ¡Y por las invenciones de Ginny! Bueno, no puedo ha llegado a mi habitación, cuando me oye llorar; viene a aconsejarme.

- Bueno Hermione, no me hagas decir que te lo advertí.

- Pero, ¿Qué podía hacer yo?- Tengo que criticarle de inmediato, entre sollozos ténues- ¡No quería dejarles, burlarse de mí!

- Está bien Hermione, yo voy a ayudarte.

- ¡Oh no, no de nuevo!

- Tranquila, es una técnica que nunca falla. Sólo tienes que, bueno; insinuártele un poco. Agacharte por alguna tontería que se te caiga. Eso siempre funciona.

Yo le observé con una mirada de terror. ¿De dónde ella sacaba todas esas ideas? Ella me mira a mí, en total concentración. Creo que me va a decir algo que intuyo; y no quiero oírlo. No me digas, que lo practicas con Harry.

- He leído algunas cosas- se sonrojó, y por un momento me siento aliviada de oír eso.

Bien, no tengo más que hacer que; presentarme en el castigo. Me arreglo como siempre y preparo mis cosas. ¿Por qué siento que estaré castigada eternamente?

- Que tengas suerte- se rió Fred al verme pasar. Una lástima que sus padres fuesen a extrañarlo.

Camino rápidamente hacia las mazmorras, para que el profesor no exclame que me he retrasado intencionalmente. Suspiro, cuando estoy frente a su puerta y coloco mi mano sobre ella para llamar. Al hacerlo, sólo oigo su voz diciéndome que pase. ¿Estará tan enojado como se escucha? Pues sí, siempre es así. A veces sucede el inverso, cuando está más molesto de lo que se escucha.

Entro con cuidado, como si fuese a quebrarle algún objeto y seguir meses allí dentro. Y él me observa desde su escritorio. Su expresión es insondable, y por esa mirada; algo me indica que debo dejar de jugar como una tonta.

- Siéntese- me dice, eso hago- Ahora, le explicaré su castigo.

Genial, seguramente es ordenar algo, o leer un tedioso y gigantezco libro. Espero pacientemente, pero lo único que él hace; es mirarme. Luego, comienza a hablarme otra vez.

- Va a limpiar el despacho.

- ¿Qué?- grazno, eso no tiene sentido. Ni que hubiera hecho explotar el castillo.

- Sí, como me está oyendo Granger. Lo limpiará íntegro, y si no termina; continuará mañana.

¡Qué injusto! ¡No había hecho nada! Suspiré y asentí, preguntándome con qué iba a limpiarlo. Al menos, podía usar la magia. Me dejó sola, y yo comencé con mi tarea.

Llevava a penas unos pocos centímetros, y estaba increíblemente acalorada. Me limpié el sudor de la frente y decidí abrir un poco mi blusa. ¡Dios! ¿Dónde estaba ese frío que solía afectarnos cuando bajábamos? Sería nada más el miedo, seguramente.

Sigo entonces, limpiando, arrastrándome en el suelo; como si fuera un animal o algo parecido. Me levanto, cuando el profesor; desde otra instancia viene a verificar mi trabajo. ¡Apenas lo mira! Lo único que hace es quejarse. Bueno búsquese un guante blanco y toque todo este lugar, ¡Seguramente aquí hay una ciudad perdida! Sonríe sarcásticamente y dice que talle mejor. ¿Sabe que le tallaré! Mejor dejo de pensar.

Llevo en mis manos una pequeña botella, pero no recordaba que el suelo estaba húmedo y me caigo. ¡Dios llevo falda! Sonrojada, me siento en el suelo; cubriéndome con la falda. Ya sé que me vio, hace dos segundos que está tras de mí. ¡Rayos! ¿Habrá visto mi ropa interior! seguro que sí. Debí haberme amarrado el suéter en la cadera.

Me grita, me llama depravada; exibicionista ¡Pero igual me miró! Suspiro y me levanto para disculparme. Mientras me muevo, no supe que él estaba más cerca y chocamos. Nos hemos caído al suelo. Allí estoy sobre él, con mi cabello alborotado tocándole el rostro y mis muslos húmedos por el agua y el jabón. ¡Estoy sonrojada! Y enseguida bajo mi rostro para observar si él me mira a mí. Sólo oígo algo suave, una especie de gemido. ¿Qué pasa? Abre sus ojos, y baja la vista. Yo también lo hago, y entonces me doy cuenta.

Mi mano estaba tranquilamente, ¡Entre sus piernas! Por supuesto, la retiro violentamente. Está ansioso, tratando de regular su respiración; y juro que ese es el mejor gemido que he oído en mi vida. Me mira de pronto, tan violentamente que ¡Me asusta! Me ha empujado y caigo sentada. me mira con odio y me grita.

- ¡Castigada dos semanas!