Muy buenas! Aquí estoy con un nuevo episodio que espero que les guste!

Conejoluigi: mi querido lector! Muchísimas gracias por aparecer en esta nueva historia! Si, hay nuevos personajes, nuevo entorno y nueva historia! Espero mejorar en este nuevo fic y espero tus comentarios pronto! Muchos besos y abrazos!

Capítulo 2

Aeris bajó las escaleras una vez se hubo vestido. Llevaba puesto un vestido azul marino con un broche plateado en el pecho. Era uno de sus vestidos favoritos y, aquel día, quería estar elegante ya que vendría una familia a conocerlos. Seguramente se trataba de otro de los negocios de su padre, quién se dedicaba a hacer diversas investigaciones y que eran muy bien pagadas por las distintas empresas del mundo.

La muchacha se encontró a Elmyra preparando unas copas de vino para los futuros invitados, intentando dejar todo a punto y a la perfección para que, cuando éstos llegasen, se encontrasen con una casa de ensueño. Mientras tanto, Ifalna daba vueltas alrededor del salón, haciendo un listado mental de todo lo que tenía que hacer cuando llegasen los invitados: saludar con la mano al caballero y con un beso en la mejilla a la señora.

Mientras tanto, su padre estaba ajustándose la corbata. Iba también muy elegante, con una camisa azul y una corbata blanca. A través de sus gafas, se podían entrever unos profundos ojos marrones, serios, pero serenos. El espeso bigote negro tapaba sus finos labios y contrastaba con su tez, pálida.

-Buenos días, papá - dijo Aeris, dando un beso en la mejilla a su progenitor, el cual sonrió abiertamente.

-Buenos días hija. ¿Cómo lo has pasado en la verbena? - preguntó su padre.

-Bien, papá, vi los fuegos artificiales y…

Pero antes de que la joven pudiera decir algo más, sonó el timbre del hogar. Inmediatamente, sus padres ocuparon un puesto en el salón, cada uno en una posición distinta, como intentando parecer casuales. Aeris miró confundida la escena, sin saber que hacer. Entonces Ifalna hizo un gesto con la cabeza a Elmyra, quien se apresuró a abrir la puerta.

En ese momento, se adentraron en la majestuosa casa una familia compuesta por los padres y un hijo, unos años mayor que Aeris o, al menos, en apariencia. La madre llevaba un moño bajo, de intenso color negro y sus ojos eran celestes. Iba elegantemente vestida, con un vestido verde claro. Su marido también tenía los cabellos negros y los ojos azul grisáceo y llevaba camisa beige.

Pero el hijo había llamado completamente la atención de la joven Aeris. Iba también vestido de manera formal. Sus cabellos eran largos y negros, como el azabache, y un mechón caía distraído sobre su frente. Sus ojos eran de un profundo color azul. Cuando entró en el hogar y centró su vista en Aeris, le dedicó una amplia sonrisa. La joven se la devolvió, con cierta timidez.

-Profesor Gast, que placer conocerle - dijo el hombre, estrechando la mano del padre de Aeris con fuerza. El Profesor respondió al saludo con una firme sonrisa.

-Le presento a mi esposa, Ifalna - rápidamente, Ifalna se acercó al hombre y estrechó su mano y besó la mejilla de la mujer. - y esta es mi hija, Aeris.

Aeris imitó el comportamiento de su madre. Estaba acostumbrada a conocer a familias de alta sociedad debido al trabajo de su padre y se sabía el protocolo a seguir de memoria. Llegó a la altura del hijo de la familia y dubitativa, estrechó su mano. Mientras tanto, los padres de ambos intercambiaron miradas.

-Si gustan acompañarnos al comedor y tomar algo - invitó Ifalna, acompañando a los presentes hacia el comedor, donde les esperaban las copas de vino, ya servidas por Elmyra.

Una vez estuvieron allí, todos comenzaron a charlar animadamente. En ese instante, el hijo de la familia se acercó a Aeris.

-Así que se llama Aeris. - inició él, con una sonrisa en sus finos labios. La joven asintió, comedida. -Mi nombre es Zack. Veo que nuestros padres se están llevando muy bien. - dijo Zack, mirando hacia los presentes con una sonrisa. Aeris siguió su mirada y también sonrió, levemente.

-Mis padres tienen facilidad de palabra. Logran convencer a cualquier persona con lo que dicen. - comentó Aeris, algo desanimada. En ese instante, Zack la miró, algo preocupado.

-Déjeme decirle que no suena muy convencida, Aeris. - inquirió él, analizándola con la mirada.

-Oh, no es eso. Es solo que debe de ser muy difícil mantener la compostura con todo tipo de personas. Ya sabe. Llevarse bien con todo el mundo. - suspiró ella.

-Bueno. No son sólo negocios científicos de lo que hablan nuestros padres - comentó él, mirando a su alrededor. Aeris lo miró, arqueando una ceja, sin comprender a qué se refería. - ¿Sabe? Creo que intentan que nos casemos - dijo él, con cierta broma en su tono de voz.

La joven lo miró con los ojos muy abiertos. ¿Casarse ella con áquel hombre que acababa de conocer? Debía de estar burlándose de ella. Su corazón comenzó a latir rápidamente.

-Usted debe estar bromeando - insistió Aeris, confusa.

-No sé que decirle. Conozco a mis padres. Y estamos en los años cincuenta, señorita Aeris. Todavía nuestros padres deciden por nosotros en muchas cuestiones. - afirmó Zack.

-¿Cuestiones como cuáles? - preguntó ella, inocentemente, provocando una ligera risa en él.

-Pues, por ejemplo, quién es la esposa adecuada. Qué clase de familia tienes que tener. Incluso hasta como tienes que hablar. - dijo él, clavando sus ojos azules en los verdes de ella. La muchacha se sintió algo intimidada y se sonrojó.

-Pues yo no quiero casarme todavía. ¡Tengo 17 años! Creo que es pronto. - murmuró Aeris. Zack volvió a reír. Aquella joven le parecía tan inocente y bella. No era como las que había conocido en anteriores ocasiones.

-Empezarán a preparar el terreno. - comentó él.

-¿Cómo?

-Yo me entiendo - dijo Zack, riendo entre dientes. - Por cierto, ¿estudia?

-Sí, claro. Como todas las jóvenes de mi ciudad.

-Eso es bueno.

-Y…¿usted? ¿A qué se dedica? - preguntó ella, con cierta curiosidad. Lo cierto era que aquel chico llamaba su atención por momentos.

-Mi padre - comenzó él, mirando a su progenitor, quien hablaba animadamente con el padre de Aeris - es dueño de la compañía Shin - Ra. Y yo trabajo con él. O para él, según se mire. Digamos que cuando él deje la empresa, yo pasaré a ser el dueño.

-Vaya. Entonces usted tiene que ser un hombre importante - concluyó Aeris.

Sin embargo, Zack negó con la cabeza, mientras se pasaba una alargada mano por el suave cabello negro.

-Mi padre tiene todo el protagonismo y los méritos. Aeris, yo soy una simple marioneta en este mundo. Hago lo que mis padres me dicen. Nada más. - dijo él, con cierta pesadumbre.

Aeris se enterneció instantáneamente. Comprendía a la perfección al hombre que se encontraba ante sus ojos, ya que ella siempre había tenido que encajar obligatoriamente en los moldes que sus padres le imponían. Siempre había sido obediente y había hecho lo que ellos pedían y siempre trataba de cumplir sus expectativas, aunque con el paso de los años, hubiera conseguido abrir un poco la brecha que separaba la disciplina de la libertad. No obstante, Aeris sabía muy bien que esa brecha seguía bastante forjada a fuego, puesto que no podría decirle a sus padres que tenía una relación con Cloud. Para ellos, sería impensable que su única hija estuviese con alguien que no tenía una alta posición social o un renombre, sino un simple y futuro aprendiz de soldado. Nunca lo permitirían y eso era lo que a ella más le dolía. Estar a escondidas con él, no poder disfrutar de una relación libre y abierta con el chico de su vida.

-Mis padres son iguales a los suyos. - dijo Aeris, provocando que Zack la mirase repentinamente. Tras un momento de silencio, el joven habló.

-Pero supongo que lo que nos piden que hagamos es lo mejor para nosotros. Ellos ya han pasado por ésto. - dijo él, asintiendo con la cabeza en un intento de reforzar sus palabras.

"Lo mejor para nosotros…" pensó Aeris. "Lo mejor…¿para quién?".

-Vaya hija - dijo Ifalna, irrumpiendo entre los dos jóvenes - veo que ya has conocido al hijo menor de estos señores - comentó ella.

-¿Hijo menor? - preguntó Aeris, con curiosidad.

-Sí. Tengo un hermano mayor que se llama Angeal, pero ya no suele acudir a estas reuniones. Es un alma libre - dijo Zack, bromista. Aeris rió.

-Un alma libre. Tiene que ser maravilloso - comentó ella.

-El mundo no está como para ser un alma libre, querida -dijo Ifalna, poniendo una mano sobre el hombro de Aeris - es mejor ir con cuidado y con paciencia.

-Sí, mamá… - murmuró ella. Zack, mientras tanto, observaba la escena, analizando la situación.

-Señora Ifalna - intervino entonces - ¿le importa si Aeris me enseña la ciudad? Nunca he estado en Costa del Sol.

Ifalna miró a Zack, desprevenida, ya que no esperaba tal insinuación. Sin embargo, pensó que esa sería una buena oportunidad para que ambos jóvenes se conocieran más profundamente y aceptó. Además, Zack era bastante de su agrado.

-Sí. Por supuesto. Pero volved pronto. No quiero que tus padres se incomoden - dijo Ifalna, con una sonrisa.

Zack asintió, también sonriente y tanto Aeris como él salieron juntos de la lujosa casa de la familia. Ambos comenzaron a caminar.

-¿Qué quiere que le enseñe? ¿La playa? ¿La Plaza de la Estrella? - preguntó Aeris, mientras caminaban.

-La Plaza de la Estrella estaría bien. Pero no sólamente quiero que me enseñe la ciudad. También quiero que me enseñe algo más de usted.

-¿De mi? - inquirió ella, mientras se encaminaban hacia la Plaza.

-Sí. No he podido evitar fijarme en su mirada mientras su madre hablaba. - comentó él, mirándola de reojo. Esperaba no ser imprudente con sus preguntas, pero Zack era intrépido y curioso, no podía evitarlo.

-Oh… bueno. Es difícil intentar ser un alma libre en un mundo cerrado - dijo simplemente Aeris.

-¿Qué quiere decir?

-No sé… si sea apropiado contárselo, apenas nos conocemos. - comentó ella, mirando al suelo.

-Soy de confianza. Y me gustaría ser su amigo - dijo él, con una media sonrisa.

Aeris se sonrió también, algo sonrojada. Aquel chico, Zack… había resultado ser de su agrado.

-Verá… mis padres siempre me han sobreprotegido. Todos los años se celebra la Verbena de las Flores Blancas aquí y… ¡este año fue el primer año que pude ir en persona! El resto de veces…tenía que ver los fuegos artificiales a través de la ventana.

-¿Cómo dice? - rió él - Entiendo…sus padres la ven como la niña de la casa aún. Es joven, ya se les pasará.

-Lo dice como si usted fuera un anciano - replicó Aeris, risueña.

-Tengo 23 años. Me hago mayor - dijo Zack, fingiendo caminar con un bastón mientras tosía. Aeris no pudo evitar reír.

Mientras la joven le enseñaba a Zack todos los parajes de la pequeña ciudad, los jóvenes iban contándose anécdotas de sus vidas, conociéndose un poco mejor. Ambos reían con sus historias y se sentían en confianza, cómodos. Sin embargo, llegó el momento de regresar a casa.

No obstante, antes de entrar al hogar de Aeris, Zack se detuvo.

-Ojalá pudiera tener más días como el de hoy, Aeris - dijo él - Al principio, no estaba muy convencido de la idea de mis padres.

-¿La idea? - preguntó ella. Sin embargo, él sacudió la cabeza, restándole importancia.

-Tonterías mías. Espero volver a verla pronto - dijo él, acercándose a la muchacha y besando su mejilla con delicadeza.

De repente y sin poder controlarlo, Aeris se sonrojó. Aquel muchacho era muy agradable y le gustaba hablar con él.

-Yo también - dijo ella, con una dulce sonrisa.

FIN DEL CAPÍTULO