All We Do
Por Berseker
CAPÍTULO II
¿Pero, por qué había dicho semejante tontería cuando ella le había dado una oportunidad para sincerarse?
Esa era una de las tantas preguntas que Sans se formulaba mientras sus cansados pies subían cuesta arriba por las faldas del Monte Ebott.
Las estrellas que tanto le encantaban, una vez pudo conocerlas al salir a la superficie, brillaban en un tintineo, acompañándose del sonido que producía las hojas secas al quebrarse bajo sus pies; el esqueleto podía escuchar a toda clase de insectos con nombres que no recordaba pero que en algún momento ella le había dicho.
¿Por qué todo tenía que recordarle a Frisk en ese preciso momento en el que no deseaba pensarle?
Cierto. Era parte de su mundo ahora.
Continuó caminando hasta que sus huesos le rogaron por un descanso. El viento meció las copas de los árboles y, al compás de una brisa, se pasó el antebrazo por la frente para secar un poco el sudor producido por el cansancio desde temprano.
Y pensar que desde el momento en que había invitado a esa niña a cenar no pudo dejar de pensar en otra cosa, solo que ahora se sentía molesto consigo mismo. Enojado porque ella estaba interesada en él, tal vez más que como un amigo y solamente pudo alejarla como hace un par de años atrás. Menudo idiota. Quizás debería considerar la idea de olvidar esos sentimientos por ella.
Elevó su mirada al firmamento mientras continuaba su camino y tan pronto dio un paso hacia adelante sus ojos se iluminaron celestes de la sorpresa que le provocó no encontrar suelo que le sostuviera, en su lugar hubo un vacío que le hizo caer sobre una cama de flores doradas, cubiertas por la luz del exterior.
Sans se encontraba en el Monte Ebott. Absurdo por su decisión de regresar a un lugar de donde, por mucho tiempo, deseó irse; se sentía seguro de querer olvidarse de todo lo que implicaba el nombre de Frisk, al menos por una noche. Claro que era imposible, pero en ese momento se encontraba rodeado de flores con un suave aroma con el cual sus ojos se cerraron en ese instante.
Después de cruzar palabras con la humana ambos pasaron por la entrada principal, pese a que se tratara de un bar y ella de una menor de edad. Por supuesto que ambos se sintieron incómodos pero, sobre todo, paranoicos de pensar que habían dicho y actuado de forma incorrecta, sin tener la certeza de saber si algo más le relacionaba. Tanto ella como él no eran más que amigos, no otra cosa que pudiera comprometerles de manera íntima.
Si no fuera por Papyrus y compañía no hubiera logrado sobrevivido esa tarde en el bar. Su "novio" robótico acaparó toda la atención de la jovencita, invitándola a bailar y a moverse con él sobre el escenario. Por supuesto que esa noche no hubo cena, o al menos no una donde compartieran la mesa ya que el barista había empacado una ración para ella, y otras dos más para los reyes, en cuanto se dio cuenta del espacio que apareció entre ambos.
Era una broma, ¿verdad? Incluso el fantasma le había enseñado a combinar sonidos en su teclado y la cantante le pidió que acompañara las estrofas de su nueva canción junto con el animador y su pareja.
Ese día iba a ser para ambos pero los dos no quisieron ser parte del uno del otro.
Sans no era de los que decidían quedarse estancado en problemas mentales pero esta ocasión se sentía tan herido que incluso temió que su único punto de vida pudiera extinguirse. Tenía un corazón débil pero una determinación profunda, lo había aprendido de la peor manera; eso le impulsó a abrir los ojos e incorporarse de su caída.
Con pétalos en el cuerpo el esqueleto dejó el campo mal trecho y se adentró en la ruinas escuchando la soledad y sintiendo la frialdad del lugar que fue el hogar de Toriel por mucho, mucho tiempo. En ese momento sintió pena por su amiga, más no se detuvo a contemplar su encierro hasta que llegó a la casa con ese enorme árbol marchito que adornaba en el patio. Las luces estaban encendidas, no le extrañaba ya que el núcleo seguramente seguiría funcionando. Él trabajó ahí y lo sabía de buena fuente.
Pudo haberse detenido un momento a cotillear entre las habitaciones de esa antigua casa, sentarse en el viejo sofá y quizás leer uno o dos de sus libros pero al parecer la mujer cabra se había llevado toda pertenencia importante así que lo único que tomó fue agua del grifo antes de continuar.
Una vez pisó la nieve fuera de las ruinas pudo re aparecer directo en la comodidad de su casa. Sin contar el cuarto de su hermano menor, las cosas seguían tal cual en el silencio de su propia habitación, claro, con una ligera capa de polvo encima.
Caminó hasta su cama para tomar la sabana y sacudirla, girando la cabeza por inercia para evitar un estornudo. Sus ojos se dirigieron a la ventana y nuevamente se encontró con ese paisaje desolador y solitario. Cientos de árboles adornaban la lejanía, mudos y cubiertos de nieve, algunos marchitos y otros con esperanza de seguir existiendo en ese lugar que claramente nunca fue un sitio para vivir.
Acomodó la frazada encima de la sucia colchoneta y se recostó sin cuidado, sacándose el calzado a empujones para arrojarlos a cualquier sitio. Por eso se preocuparía después, ahora no deseaba saber nada nada ni de nadie, incluso Frisk.
Solo que ella no dejó de pensar en él toda la noche hasta que el sol salió y se vio obligada a despertar para comenzar un día que por primera vez no quería.
Frisk se alistó con el mismo estilo de siempre. Un par de pescadores, botas y uno de los suéteres rayados que parecían quedarle un par de tallas arriba a la suya. Peinó su cabello con modestia y se miró al espejo un momento.
Sus pestañas eran largas y sus labios pequeños, de cejas pobladas y la nariz respingada, un rostro bastante promedio que en ese momento pareció desilusionarle en más de un sentido. Su piel no era exactamente tersa y quizás tenía un par de pecas debido a su constante exposición al sol. El compromiso que sentía de mostrarle el nuevo mundo a los monstruos era una de las cosas más importantes que tenía, pocas veces se detenía a pensar en ella porque si los demás se encontraban bien, ¿por qué no habría de estarlo entonces? Ni siquiera se preocupaba cada vez que su cabello crecía por debajo de sus hombros. Su madre lo cortaba cuando la temporada de calor se avecinaba pero, fuera de todo eso, podría describirse como una chica bastante descuidada consigo misma.
¿Ella era atractiva? Quiso responder esa pregunta cuando sus ojos cobrizos chocaron con la fotografía que hace mucho tiempo se tomó con sus nuevos amigos, una vez salieron a la superficie del mundo que también les pertenecía.
Cada uno de ellos era preciado, pero su mirada ojerosa, gracias a la falta de sueño, se quedó quieta cuando se encontró con el esqueleto de sudadera azul y pantuflas.
Apretando los labios ligeramente, decidió dejar de mirar esa fotografía, especialmente ese rostro, o mejor dicho, ese cráneo. Necesitaba preparar su mochila antes de bajar al comedor para desayunar, así que devolvió el peine a su sitio antes de vaciar su mochila para seleccionar el material que necesitaba para el día de hoy.
Su teléfono celular salió rebotando por la cama pero antes de que cayera al suelo logró atraparlo. Tomó asiento para revisar cuanta batería le restaba; el día de ayer regresó directamente hasta su cama, ni siquiera quiso platicar con sus padres sobre cómo había sido su día y por ende, olvidó conectar su teléfono al cargador.
Al parecer no tendría por qué preocuparse, resistiría hasta volver a casa, solo tenía que apagarlo hasta salir y ahorrar algo de energía, pero una imperiosa necesidad le obligó a mirar su historial de conversaciones donde encontró un par de mensajes nuevos por parte de Mettaton, Napstablook y Shyren.
La tarde de ayer había sido divertida, pocas veces podía pasar un poco de tiempo de calidad con ellos debido a que todos y cada uno se encontraban viviendo una nueva historia donde, en muchas ocasiones, ella ya no formaba parte.
¿Por qué esa clase de pensamientos aparecían en ese momento? Se debería de tratar de una pésima broma, sobretodo porque su dedo se detuvo donde el nombre del mayor de los esqueletos se encontraba. Su conversación no tenía otra actualización más allá de la invitación del día de ayer y un par de chistes mal redactados.
Frisk se detuvo dejando de pensar un segundo. Se llevó la mano a la frente, revolviendo su propio flequillo, en un superficial intento de creer que nada extraño estaba ocurriendo.
Se dio un par de palmaditas en la cara y con una sonrisa tomó el teléfono con firmeza y comenzó a redactar un mensaje.
《¿No quieres cenar hoy con papá y mamá? La casa paga. :)》
Dio click en enviar y se dejó caer en su cama deshecha, intentando alejar el arrepentimiento de su mente. Había incluido una mala broma y eso no dejaba las cosas en claro, de hecho parecía que ella se encontraba desesperada por solucionar las cosas o que parecía que ni siquiera le había interesado todo lo que sucedió ayer cuando le había dicho todo lo contrario. Al menos eso pensó.
El teléfono comenzó a vibrar con fuerza y Frisk Dreemurr se levantó como un muerto volviendo a la vida: Sin pensarlo. Cogió el móvil, desbloqueando la pantalla para mirar con desesperada necesidad lo que había llegado.
《¡HOLA, FRISK! MI HERMANO OLVIDÓ SU TELÉFONO EN LA COCINA PERO YO, EL GRAN Y RESPONSABLE PAPYRUS, ME ASEGURARÉ QUE RECIBA TU MENSAJE. NYE HEH HEH.》
Genial.
La embajadora de los monstruos se dejó caer sobre el colchón de su cama junto con un expresivo quejido que salió de sus labios. Adoraba al hermano menor del esqueleto pero definitivamente no era la respuesta que quería mirar en el buzón de su teléfono.
《Muchas gracias, oh, gran e inigualable maestro de la pasta, el incomparable Papyrus. ;) 》
Definitivamente necesitaba distraerse, sobre todo de sí misma, y continuar con la rutina antes de caer en una convergencia de sensaciones indefinidas. No podría permitir sumirse en un caos, mucho menos personal. Frisk era la embajadora de los monstruos en su mundo y todos ellos la necesitaban.
Alistó sus pertenencias y su cama antes de bajar al comedor a desayunar. Saludando a sus dos padres, tuvo que dar explicaciones de lo que hizo el día anterior para evitar que se preocuparan, más que nada para que no le hicieran dar explicaciones de lo que tampoco quería saber. Estaba segura que sus dos padres sospecharían algo y mentir no era una opción.
Por otra parte, el hermano menor del esqueleto se encontraba apresurado para terminar el almuerzo que postergó debido a los mensajes en su celular que no dejaban de sonrojarle y aumentar su ego.
Terminaba de rayar un poco de queso parmesano para el emparedado que se llevaría al trabajo. Sobre la estufa un par de salchichas se encontraban en agua hirviendo y el pan de molde le esperaba para ser cortado. Desde que había llegado al mundo de los humanos su sazón mejoró notablemente y su menú se había expandido, y todo gracias a que la humana le había regalado un par de libros con recetas de cocina provenientes de un lugar llamado Italia. Así que haciendo uso de sus habilidades, Papyrus intentaba que su hermano mayor comiera alimentos por mucho más sanos que los que siempre acostumbraba.
El día de ayer había vuelto tarde debido al ajetreo en el bar, además que Mettaton no pensaba dejarlo ir tan fácilmente. Lo suyo con él era algo probablemente inusual, incluso entre monstruos pero resultaba efectivo, por lo que terminó cediendo a sus caprichos aunque dejar a Frisk en casa era una decisión que no necesitaba ser discutida por nadie y una vez terminó el evento en el bar, el menor de los hermanos llevó a su amiga hasta la puerta de su casa en el coche que había comprado con el dinero que ganaba en la estación de policía donde laboraba con Undyne.
Apagó el fuego que calentaba la olla y posteriormente tomó la pieza de pan para rebanarla junto con el cuchillo, cortando un par para su almuerzo y otros más para su hermano mayor. Si había algo que le gustaba de la cocina era experimentar, así que generaría una suerte de pizza, emparedado y ho tdog, por supuesto, con una gran cantidad de salsa de tomate.
Después de espolvorear el queso parmesano encima de las porciones de cada uno, los acomodó en la charola para introducirla al horno, escuchó un par de pasos en el recibidor. Claramente no eran del cachorro molesto que siempre interrumpía en su casa, sino que se trataba de las sandalias chocar con fastidio contra el piso.
- ¡Sans! ¡Trae tu perezoso trasero ante tu hermano!
El mayor de los esqueletos soltó un suspiro y con las manos guardadas en los bolsillo de las bermudas, apareció en el umbral de la cocina. En ese momento, Papyrus no le vio ya que se encontraba untando con mantequilla el emparedado, antes de meterlo al horno. Por sí misma, la escena le dio bastante gracia ya que parecía sacada de una comedia que había visto por televisión.
- ¿Qué pasa, Pap? ¿Necesitas un hueso extra?
- Vaya, Sans, es muy temprano para que estés despierto. ¿O es que Grillby te pidió que entraras a trabajar más temprano?
Una de las cosas que más le gustaba de su hermano era, indiscutiblemente, su inocencia. Sonrió por inercia y sacando ambas manos de las bolsas, se encogió de hombros. No iba a mentirle, pero tampoco pensaba decirle la verdad.
- No, viejo. Entro a la misma hora.
- ¿Entonces qué haces...? Oh.
El más alto giró para verlo después de haber encendido el horno de la estufa. Quizás era inocente y muy descuidado, pero su hermano favorito era muy persistente.
- ¡Sans! ¡Tu ropa está llena de polvo! Yo, el experto limpiador de casas, ¡Papyrus!, me he asegurado de terminar con cada partícula de mugre en esta casa, así que ¿dónde dormiste?
- Ya lo has dicho, hermano. En casa.
- ¡Argh! ¡Es muy temprano para tus juegos! ¡Será mejor que te des un baño ahora mismo!
- Entiendo, viejo, ve con cuidado y saluda a Undyne de mi parte.
Movió su mano de un lado a otro, despidiéndose del más alto de los dos.
Dio media vuelta para dirigirse escaleras arriba y caminar hasta su habitación, decidido a continuar durmiendo otro poco dado que su hora de entrada en el trabajo era más tarde.
- ¡Hey, Sans! ¡Tu celular sonó desde temprano! ¡Frisk te mandó un mensaje!
Sus huesos se paralizaron en ese instante y su mirada se tornó azul por un momento. Su alma palpitó con energía, una y otra vez, continuamente. La fuerza en sus piernas se esfumó un momento, llevándose, por suerte, el fulgor de su frustración consigo. Un suspiro apareció pero decidió continuar con su camino cuesta arriba, provocando el desentendimiento del amante de la pasta, quien le miraba al pie de las escaleras.
- Gracias, hermano. Lo leeré más tarde.
- ¡Bien! ¡Dejaré tu almuerzo en la mesa!
- Recibido.
Ambos esqueletos se despidieron y Sans continuó el camino rumbo a su habitación. Había pasado una noche completa tratando de acomodar sus pensamientos y no deseaba arruinar lo logrado, si es que había algo, porque ni su mente ni mucho menos su alma podrían aceptar que Frisk fuera una humana como cualquier otra; ella era especial.
Así como que él también era importante para su vida que al no recibir respuesta en todo el día, volvió a insistir a la mañana siguiente y los días que continuaron a ese. La humana no entendía por qué razón o motivo su mejor amigo no había respondido la mayoría de los mensajes que había enviado.
Frisk apenas si podía esconder la frustración que eso trajo. No tenía derecho a exigirle nada, ¿o sí? Bien, entendía que solo eran amigos, los mejores, pero que no tenía el control sobre las cosas que debía o no que hacer. Además, Sans era mayor que ella por quién sabe cuánto y aunque no lo pareciera, era más maduro que sí misma.
A veces quería dar el asunto por terminado pero una tarde, después de participar en una reunión entre monstruos y humanos, la embajadora notó la figura del esqueleto detrás de todos los periodistas. Siendo la amiga más cercana que tenía al alcance, Alphys le comentó que ella le había pedido verlo antes del evento, ya que en el laboratorio donde se encontraba trabajando necesitaban del apoyo de un cráneo brillante.
- ¿Sans es un científico como tú, Al?
- Eh, no, b-bueno... Uhm, solo digamos que él tiene la experiencia y creí que querría ayudarme en el nuevo proyecto en el que estamos trabajando, jeje, p-pero rechazó mi oferta totalmente. Dijo que no estaba interesado.
El rostro de su amiga decayó parcialmente, ya que por suerte, la antigua Capitana de la Guardia Real apareció para saludar a ambas, dejando un beso en la frente de la de lentes. Los colores volvieron a ella mientras que a Frisk solo le llenó una sensación de vacío que por primera vez le causó un dolor en el pecho.
Sus ojos intentaron encontrar al esqueleto de enorme sonrisa en medio de todo ese mar de gente pero nadie parecido estaba ahí. Sans no esperó por ella para regalarle un saludo, ni siquiera parecían amigos ahora, mucho menos conocidos. Si no fuera por su viaje en el mundo inferior o por las pláticas donde él se cruzaba en el tema, poco o nada conocía de él.
Tuvo que despedirse de ambas, no sin antes pedirle de favor a la chica marina que les informara a sus padres que estaría con el esqueleto un rato y posteriormente iba a volver a casa. Debido a la hora, a Undyne le extrañó que decidiera salir tan tarde pero la embajadora había salido apresurada que ni tiempo le dio de darse cuenta por cual puerta había salido.
Frisk se escabulló fuera del auditorio donde la junta se celebró, evitando a entrevistadores y fotógrafos molestos. Pocas veces volvía a sentir esa pizca de adrenalina que tanto le gustaba y que llenaba su espíritu aventurero, incluso los raspones que se ganó en las rodillas le dieron una enorme satisfacción.
Salió con la intención de encontrar al esqueleto pero al verse en la calle vacía e iluminada solamente por las farolas, creyó que su intención no se trató más que de una tontería.
Frisk quiso alcanzar a Sans pero él se había ido sin una despedida ni mucho menos una sonrisa.
Sus mejillas se sintieron húmedas en ese instante y cuando las gotitas cayeron sobre su cabeza, no pudo más que correr hacia la primera estación de autobuses que encontró. El meteorólogo no avisó que hubiera probabilidad de lluvia, pero tampoco nadie le dijo que le romperían el corazón.
Sin fijarse del destino a donde se dirigía, el camión que abordó le llevó a las orillas del monte Ebott. Quiso revisar la hora en su teléfono pero este no se encontró en su lugar y el transporte en donde llegó se había esfumado por el horizonte.
Nuevamente se encontró perdida en ese lugar y al igual que hace varios años atrás, lo único que hizo fue avanzar hacia adelante y con un paso en falso, Frisk cayó por segunda ocasión al mundo donde los monstruos fueron condenados para la eternidad.
El mismo campo dorado que recibió su cuerpo tiempo atrás volvía a hacerlo ahora, salvaguardándolo de una posible muerte segura. Los pétalos de las flores que dieron su vida por ella le bañaron completamente pero un dolor agudo comenzó a lastimarla, una vez seguida de otras más.
- ¡¿Así que fuiste tú el descerebrado que ha acabado con la flores que he estado cuidando todo este tiempo?! ¡La única forma de pagar será con tu estúpida vida!
Más de cincuenta lunas llenas habían pasado desde la última vez que ambos se miraron, desde que se conocieron pero también se dijeron adiós. En esa ocasión, ella había querido salir del interior de la montaña con él, con todos los demás, pero no lo había hecho.
- ¡A-Asriel!
CONTINÚA
