¡Holita! ¡Lamento muchísimo haberme tardado así, no tengo perdón! ;_;
Sucede que perdí la contraseña y me volvía loca cada vez que intentaba y no abría xD, para no ahondar en detalles, el problema está solucionado. =D Ahora ando de vacaciones así que actualizaré seguido, y ya tengo varios capis de este y mis otros fics.
¡A leer!
Si es destino…
By:
Annie U.
II.
Por la fuerza.
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A las siete de la mañana, la ciudad de Tokio ya estaba despierta. Era común observar a las personas salir presurosas a sus puestos de trabajo, los escolares corrían por coger el metro correcto, y la mujeres salían a realizar las compras y las labores del día. A muchos les molestaba tener que asumir aquella molesta rutina mañanera.
A muchos, menos a Sakura Haruno. Ella era de aquellas personas a las que le gustaba madrugar, siempre se hallaba despierta a las cuatro de la mañana, repasando algunos apuntes, o terminando de redactar historias clínicas. Ajá, ella era la médico jefe del departamento de traumatología del Hospital Central de Japón. A sus cortos veintidós años podía alardear del gran éxito que había conseguido a base de esfuerzo.
Aun así, ella no era de aquellas personas. Tan sólo era una joven que disfrutaba de su trabajo, solía ser extrovertida y llena de energía, oh, y poseía una fuerza sobre natural. Sí, Ino Yamanaka —su mejor amiga— disfrutaba contarle a sus amistades, que ella solía vencer a los más fuertes de la universidad en el juego de las vencidas.
A Sakura, aquello no le causaba ninguna gracia, pero adoraba a Ino, y no la cambiaría por nada. Ella no cambiaría su vida por nada.
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La Haruno bebía el café con tranquilidad, sentada en su cómodo sillón de color negro. Se había despertado temprano como siempre, pero algo la inquietaba. No sabía qué, pero se sentía extraña. Ignoró su presentimiento, y con el pijama puesto, se asomó por los ventanales de su departamento, la vista era increíble, considerando que se hallaba en el piso diecisiete de un total de cuarenta.
—Creo que estoy demasiado estresada —pensó, ignorando su extraño malestar.
Se dirigió a su habitación y escogió el conjunto de aquel día; un juego de saco y falda color gris, una camisa verde oscuro, y tacones negros. Se alisó el cabello largo e inusualmente rosado, se aplicó rímel y sombra a sus increíbles ojos verdes y salió del lugar. En el ascensor se encontró con Satoshi Haninozuka; un reconocido arquitecto. Le coqueteaba, y fingía demencia, no estaba nada interesada en las relaciones, y menos con hombres como él, que pensaban que tener esposa era tener al lado un trofeo.
Subió al BMW negro que había adquirido a inicios de año, para dirigirse a su trabajo. Todo fue igual, atendió algunas emergencias. Aquel día salió temprano, a las seis de la tarde. Al parecer nadie notaba la inquietud que había tenido todo el día. Observó su auto en el estacionamiento, sin embargo; contra todo pronóstico, decidió caminar. No se hallaba tan lejos, cuando una mano le tapó la boca y la arrastró a un oscuro callejón. Sakura trató de jalonear y gritar, pero le fue imposible. La persona la soltó y ella impactó en el suelo, en un doloroso golpe.
—¡¿Qué mierda te pasa? —gritó, con evidente enfado. Cualquier mujer se hubiera asustado y hubiera pedido clemencia, pero ella no era cualquier mujer. Se sorprendió cuándo notó que el "imbécil" no era un hombre, sino una bella mujer de cabellos rubios atados en coletas bajas y figura imponente.
—Interesante, Sakura Haruno —pronunció la rubia—. Tsunade Senjü. Lo sabía, no me has decepcionado, tú eres la persona correcta.
—¿De qué rayos hablas? —cuestionó, enfadada, mientras trataba de limpiar del barro de su falda—. ¿Cómo sabes quien soy?
—Te he estado observando por mucho tiempo, tú eres lo que necesito.
—Escúcheme Tsunade… o como se llame, no tengo intenciones de hablar con usted, y menos al saber que me ha estado siguiendo. Si no le importa, me voy —la pelirrosa se dio media vuelta, pero la Senjü la tomó fuertemente del brazo.
—Tú vendrás conmigo, a la Era Edo, en el siglo XVI —pronunció, mirándola a los ojos.
El silenció invadió el lugar, más la sonora carcajada de Sakura acabó con el mutismo.
—¿Ir al siglo XVI? Sí, cómo no —la expresión de Haruno se ensombreció—. No juegue conmigo, le advierto que no soy una mujer que se deja acobardar.
—No juego, Sakura —habló Tsunade—. Vengo del pasado, ahora mismo estamos librando una guerra que definirá el destino del mundo que conoces ahora; necesitamos de tu ayuda. En nuestra época no existen conocimiento avanzados de medicina, y tú, eres una de las mejores traumatólogas. Necesitamos restablecer a nuestros hombres lo más rápido posible, y tú eres la indicada.
—¿En verdad está bien, acaso se ha drogado? —preguntó la pelirrosa con escepticismo—. ¿Me está diciendo que necesita de mis conocimientos médicos y que por ello debo aceptar viajar al pasado con usted? Señora, le podría recomendar un buen psiquiatra, tengo un colega que…
—¡Basta! —gritó Tsunade, visiblemente enfadada—. Lo que menos sobra es tiempo, está claro que no piensas colaborar, ni me crees verdad ¿verdad? Quizás esto aclare tus dudas.
Ante la sorpresa de la Haruno, la Senjü sacó un pequeño pergamino, mordió su dedo pulgar y escribió algunas palabras con su sangre, al instante, un inmenso brillo salió de aquel pergamino, mostrando un portal, a través del cual se podía observar perfectamente casa antiguas, grande campos, y personas con kimonos, yukatas y uniforme militar.
Sakura parpadeó asombrada. ¿Aquello era cierto? ¿Estaba viendo… un portal? No, aquello no era posible. Ella debía estar soñando, sí, seguramente aún no había despertado y…
—E-Es una broma —tartamudeó la pelirrosa—. ¡¿Qué rayos es esto?
—El portal a la era Edo, Sakura —respondió la rubia, sumamente seria—. Creo que ya has comprendido que lo que te digo es cierto, entonces, ¿nos ayudarás?
Sakura tardó en responder, apretó los puños y levantó el rostro bruscamente.
—¡Jamás! Escuche bien, todos esto debe de ser una broma de muy mal gusto, y aunque no lo fuera, ¡nunca aceptaría irme a otra época con una desconocida! Me gusta mi vida, ¿lo entiende? y no la dejaré por nada —exclamo la de ojos verdes, visiblemente alterada.
—No colaborarás, a pesar de saber que tus conocimientos son de vital importancia. ¡Es una guerra, niña! No hubiera afectado las dimensiones, de no ser porque eres necesaria —explotó Tsunade.
Jamás había pensado que llegaría el día en el que ella rogaría por alguien pero, ahora no se podía poner orgullosa, la situación era de gran riesgo. Necesitaba a Sakura Haruno.
—¡Me importa una mierda! —gritó la pelirrosa—. ¡No pienso ir a ninguna parte, no pienso renunciar a mi vida por personas de otra época!
—Muchacha egoísta… —murmuró Tsunade, si no deseas venir por voluntad propia, tendrá que ser a la fuerza. Cogió a la pelirrosa fuertemente del brazo y aprovechando su fuerza sobre humana, la arrastró al portal, ante los gritos de Sakura, que no fueron escuchados; poco después de que ambas lo cruzaran, éste se cerró sin dejar rastro.
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Abrió los ojos con pesadez, sentía que había dormido una eternidad. Intentó mover los músculos, pero no podía, se hallaba muy entumecida. Aun así, sonrió, todo había sido un estúpido sueño. Aquello era lo más loco que jamás… un momento, ¡esa no era su habitación! sin importarle el dolor, se irguió rápidamente y observó todo. Se hallaba en una gran habitación oriental de puertas de papel y madera, allí mismo había un gran ropero de madera fina, una pequeña mesa, ella estaba sobre una gran cama de sábanas blancas. Comenzó a temblar, aquello era un sueño, ¡tenía que serlo! Se levantó presurosa, ¡esa no era su ropa! llevaba una especie de bata color rosa pálido.
—Te sienta bien el Hitoe, Sakura.
—Tsunade Senjü… —murmuró, abatida. Se derrumbó en el tatami, ante la atenta mirada de rubia—. No fue un sueño, ¿qué época es esta?
—Claro que no fue un sueño. La era de Edo, ya te lo dije. Cuando llegamos acá de desmayaste, ordené a una de las criadas que te cambiara la ropa que tenías por un Hitoe, dormiste por dos horas —le explicó la rubia.
—¡C-Como pudiste traerme sin preguntarme! ¡Es ilegal que lo hayas hecho a la fuerza! —gritó, visiblemente alterada. Tsunade sonrió, era de esperarse que la orgullosa Sakura Haruno no se quedara callada.
—No es ilegal, tengo que permiso del emperador —soltó, sonriendo aún más—. Ahora estás en casa principal de los Senjü. Esta será tu habitación de ahora en adelante, en el armario encontrarás algunos kimonos, y yukatas, si prefieres estar más cómoda.
—¡No quiero nada! —soltó la Haruno, enojada—, me trajiste en contra de mi voluntad. Ni pienses que te ayudaré en tu estúpida guerra.
Tsunade soltó un suspiro, mirándola seriamente. Sabría que no sería nada fácil convencerla, esperaba su reacción, nadie aceptaría de buena gana que te arrebataran tu vida y te llevaran a un lugar totalmente desconocido.
—Hablaremos, Sakura. Sólo arréglate, te espero en el jardín principal cuando estés lista, una criada te mostrará el camino. Si decides seguir con tu postura después de hablar, te regresaré a tu época.
Sin decir más, la rubia salió de la habitación, dejando a una Sakura visiblemente confundida. A los pocos minutos, una muchacha de aspecto sencillo, de cabellos marrones cogidos en dos chonguitos entró a la habitación.
—Mi nombre es Ten Ten, Tsunade-sama me encargo que la ayudara con el kimono, Sakura-sama —se presentó la muchacha.
—El kimono es un traje muy incómodo —murmuró la Haruno—. Sólo yukata, por favor.
—Bien, si así lo desea —Ten Ten sacó del gran ropero una hermosa yukata roja con bordados de dragones dorados. Mientras le ayudaba a la pelirrosa a colocárselo, la Haruno trató de conseguir más información.
—¿Quién es Tsunade Senjü? —preguntó, tratando de fingir simple curiosidad.
—Ella es la líder de la familia Senjü, una de las familias más poderosas, Sakura-sama. Tsunade-sama ha sido vital en la victoria que tuvo el imperio en la guerra que culminó hace unos meses, le dicen la princesa de medicina —explicó Ten Ten.
—La princesa de la medicina… —murmuró la Haruno.
—Tsunade-sama tiene grandes conocimientos, gracias a ella muchos soldados no murieron y pudieron regresar con sus familias e hijos —el rostro de la joven se tornó triste—. La guerra acabó hace poco, Sakura-sama, muchos niños se quedaron huérfanos, y muchas mujeres se quedaron en la calle. No pasamos hambruna por la bondad del emperador, que puso a disposición de todos sus almacenes. Pero…
—Por favor, continúa, Ten Ten —pidió la pelirrosa. La expresión de tristeza de la muchacha la había hecho sentir mal. ¿Ella era necesaria para salvar tantas vidas?
—Muchos perecieron en la guerra, y ahora, se aproxima otra peor. Algunas naciones quieren aprovechar que nos hallamos debilitados. Tsunade-sama me confió saber sobre usted, Sakura-sama —la de cabellos marrones cogió las manos de una sorprendida pelirrosa—. Por favor, ayúdenos, yo perdí de pequeña a toda mi familia por las guerras, pero muchos lograron volver por Tsunade-sama. Se podrían evitar muchas muertes.
Sakura se hallaba completamente vestida, el yukata le quedaba de maravilla, realzando su figura. Ten Ten había dejado la habitación hace mucho. Desvió la mirada. Quizás estaba siendo demasiado egoísta… ella no sabía lo que era una guerra, pero, aquella muchacha había sufrido tanto, lo había notado en sus ojos. Pero aun así, Tsunade la había llevado sin su consentimiento. ¿Y su vida? ¿Sus amigos, su trabajo, su familia, donde quedaba todo aquello? ¿Tendría que dejarlo todo? ¿Moriría en aquella guerra, y sí no podía ayudar…? Apretó los puños, ya estaba allí, así todo pareciera un sueño, era real; había tomado una decisión.
Salió de la habitación, caminó por el gran pasillo, observando disimuladamente; era una gran mansión tradicional. Encontró a la rubia en el jardín, bebiendo… ¿sake?
—¿Decidiste, Sakura? —interrogó Tsunade, ella no era una mujer que se iba con rodeos.
—Los ayudaré… —murmuró—. Les enseñaré todo lo que sé, y cuándo me asegure que han aprendido todo lo que pueda ofrecerles… entonces regresaré a mi época.
La mujer la observó por un prologando tiempo, suspiró con cansancio y asintió, dándole a entender a la Haruno que aceptaba sus condiciones. La pelirrosa hizo un ademán de irse, pero la voz de Tsunade la detuvo.
—Espera, Sakura. Sólo unas pocas personas saben quién eres en realidad. Para los demás, serás presentada como mi sobrina.
—Entiendo —asintió la pelirrosa, la decisión era correcta, armarían un gran escándalo si supieran que ella venía del futuro… y seguramente las tildarían de locas.
—Bien, por cierto, hoy tendremos visitas en la noche. Vendrá el emperador Minato Namikaze y su círculo más estrecho. Allí comunicaremos tu decisión. Puedes salir a dar un paseo, el lugar es seguro —aconsejó la rubia.
—Quizás salga un momento, me gustaría familiarizarme… —agradeció la Haruno.
—Sakura… —habló Tsunade, cuando la pelirrosa estaba por irse—, gracias.
—De nada, espero ser de ayuda —respondió la de ojos verdes, sonriendo levemente.
Cuando la muchacha se fue, Tsunade sonrió. Esa joven era especial, tenía carácter y decisión, aquello la ayudaría mucho. Desde que había descubierto las diferentes dimensiones, la había estado observando, hace algunos años, era una muchacha muy fuerte.
—Se llevará tan bien con Sasuke —rió, imaginándose el encuentro de esos dos—. Ese mocoso prepotente…
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Oww, Sakura con el mocoso prepotente de Sasuke (?) Espero les haya gustado, de verdad.
Por cierto, les invito a pasar por mis otros fic´s, no es por nada, pero también están padres, soy taan humilde. xD Pronto les traeré nuevos proyectos, estoy tratando de escribir la conti de mis otros fics, y también estoy escribiendo un NaruHina. Aww, lo quiero bien tierno y cute! :3
Annie-chan no tiene amigos en Fanfiction! ;_; ¿me mandan un mensajito y cambiamos e-mail? Si alguien me dice como es el inbox aquí... :3
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