Declaimer: Todos los personajes de esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Yo sólo juego con ellos.
Nombre del Fic: Mi amor por ti es silencioso
Nombre de la Autora: Minako1413
Advertencia: ¡Lemon! AU / OoC
Rated: M
Pareja: Edward y Bella
Comentario de la autora: Bueno como verán no puedo con mi ingenio y publiqué otra historia. Ustedes dirán que les parecerá.
Me he esforzado por mejorar. Creo que lo he logrado.
No se preocupen seguiré con mis otras historias, sólo que están en proceso de reedición.
Quiero que queden redactadas como ésta.
Los Cullen era una típica familia. El mayor Carlisle era neurólogo. Él se caracterizaba por ser amable, pero sobre todo resaltaba su tranquilidad para tomarse las cosas. Su esposa Esme era una madre ejemplar y amorosa. Su mayor virtud: la paciencia; ya que sus hijos adoptivos de vez en cuando cometían alguna fechoría que le teñiría los pelos de verde, si pudiese. El mayor Edward era solitario, y apacible. Emmet, el grandulón de la familia, se comparaba a la actitud de un niño atrapado en un cuerpo de grande. La mayoría de las veces era infantil y entusiasta. Su novia Rosalie, era todo lo contrario a él. Ella era reservada y muy culta. La típica muñeca barbie. Otra hija de los Cullen se llamaba Alice, tenia manía de duende, imperativa como ella sola sabía hacerlo. Compartía sus gustos por la moda y las compras con la antes mencionada. Su novio llamado Jasper, tenía una personalidad seria y no expresaba emoción alguna. No delante de todos, sólo digamos que reservaba lo mejor para su enamorada.
Una estirpe muy normal, dirán. Pero faltaba el hecho de que eran vampiros. Aunque se consideran vegetarianos ya que no consumían sangre humana. Sólo animales.
Edward hace unos cuantos años se sientía aislado de su familia. Pero ¿Por qué? Por el simple hecho de que todos estaban en parejas. Menos él claro.
Pasaron varios meses, años, incluso siglos esperando aquella persona que lo cautivara. Que hiciera su mundo girar.
A causa de eso últimamente estaba de muy mal humor.
—Arriba hermanito. ¡Es hora de ir al instituto!— canturreó Alice.
—Déjame enana— dijo molesto.
— ¡Levántate! Sé que no estás durmiendo. Nosotros no podemos hacerlo—le aclaró. Como si no lo supiese.
El muchacho la mayoría de las veces sólo echaba su imaginación volar. Toda la noche había estado tocado el piano, su hobby favorito. Podrían dolerle los dedos de tanto tocar. Pero eso no era posible.
Finalmente aburrido, se había acostado sobre el sofá de su cuarto.
Resignado, se levantó y saludó a sus padres adoptivos. Los cinco chicos de apariencia adolecente se dirigieron a su escuela en la preparatoria Forks. Lugar donde residían en ese momento.
Repentinamente la más baja de estatura de la familia tuvo una visión.
Un grupo de personas conformadas por una mujer y un hombre viajaban en un auto verde. De repente un ciervo se cruza en su camino. Se escuchan ruido de llantas. El hombre trata sin éxito de controlar el vehículo, pero es en vano. Atropellan al animal y se dirigen a un barranco.
Ella se tensa de inmediato. Ver esa horrible imagen es suficiente motivo para aturdirla.
—Alice ¿Qué sucede?— le llama su hermano mayor. Ella de inmediato comparte su visión con él— ¿Están ambos…?— dejó la pregunta sin terminar. La mirada gacha de su hermana lo dice todo.
— ¿Pasó o va a pasar algo malo? — preguntó con cierto temor el hermano oso, como lo llamaban.
—Un accidente ocurrirá en unos segundos. Una pareja chocará a un ciervo y morirán— dijo esto último en un susurro.
—Al. No podemos salvar la vida de todos los humanos. Comprende— trató de hacerla entender.
Otra visión dio un vuelco al asunto.
— ¡Oh, no! — Comentó acongojada, llevándose ambas manos a su cabeza— ¡un bebé! Hay un bebé en la parte de atrás. ¡Debemos ir a rescatarlo!
— ¡Vamos! — se ofreció extrañamente la rubia. Ella cambiaba de actitud cuando el asunto era un niño.
— ¡No! Es demasiado tarde. El agua inundará el auto en cualquier momento—objetó Edward.
—Vamos chicas. Yo las acompaño—proclamó Emmet.
—Yo también voy— habló seriamente Jasper.
En segundos todos menos el mayor, partieron a velocidad vampírica guiados por Alice hacia el lugar de incidente.
Cuando el olor a sangre animal mezclado con el de humano se hizo presente. Rosalie echo a correr más rápido que los demás. Siendo así la primera en zambullirse en el agua.
Echo una mirada al coche. Solo se escuchaba un ritmo cardiaco acelerándose. Era un hecho que ambos adultos estaban muertos. Pudo ver el agua filtrándose rápidamente.
Luego sintió a sus hermanos a su lado. Mientras el más grande de tamaño se cercioraba de que los adultos estaban sin vida. La pequeña duende abrió el capo del auto. De inmediato la novia del grandote tomo al bebé con sillita y todo para no perder tiempo. Le tapo la nariz y la boca para evitar que tragase más agua. Jasper la ayudó a emerger.
Al salir todos a la superficie. Se concentraron en la salud del niño.
— ¡No respira!— gritó alarmada la primera en llegar.
De inmediato la más pequeña le realizó respiración boca a boca. Al final logró con júbilo salvarla de la muerte. El pequeño cuerpo expulsó el agua que contenían sus pulmones.
Todos estaban desbordados de emociones. Trabajo el cual se encargo de calmar Jasper, quien controlaba las los sentimientos.
— Bien ¿ahora qué haremos? — preguntó el oso hermano.
—Es sencillo. Quedárnosla— anunció la pequeña de pelo corto.
— Pero es que no podemos— objetó en vano el más infantil de los cuatro.
— ¡No podemos dejarla sola!—anunció, la chica parecida a una modelo, fulminando con la mirada a su novio.
Sin esperar siquiera alguna reacción más. Corrió con bebé en brazos hacia la casa Cullen.
El crío, necesitaba calefacción de inmediato si no querían que muriese de hipotermia.
Una vez allí la bañaron con agua tibia. Aumentando su calor de a poco. Por precaución, para que no le diera un paro cardiaco.
Estaban todos muy pendientes de la nueva invitada. Era una niña de unos aproximados uno o dos años de vida. Tenía el cabello castaño, enrulado, de piel pálida. Claro, no tanto como la de ellos. Poseía unos buenos pulmones. Eso lo había demostrado de inmediato.
Las dos chicas amantes de la moda se ofrecieron en comprar lo primordial. Ropa y comida; aunque con lo impulsivas que eran a la hora de las compras, lo más seguro es que comprarán cosas de más.
