¡Buenas! Ya tengo la segunda parte, os la dejo ya, y abajo os cuento mi vida xD

La obra original la podéis encontrar aquí mismo. Se titula "Stubborn Confessions" y la autora es AzaryaTsuki :) Os dejo el enlace por si queréis leerla en inglés:

www(punto)fanfiction(punto)net/s/8941276/1/Stubborn-Confessions

También decir que algunas frases y expresiones inglesas las he tenido que editar para que tuvieran sentido en español, pero hay varias traducciones posibles de dichas frases, en fin, son casi imperceptibles.

Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas. Hay una frase que he preferido dejar en inglés, abajo dejo la traducción.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.

Re-disclaimer: La historia no me pertenece, es original de la autora inglesa AzaryaTsuki que me dio su sagrado permiso para realizar la traducción :D


Notas de la autora:

Resumen:

Aún estoy construyendo el argumento, ¡pero la segunda parte no son más que deliciosas obscenidades obscenas!

Notas:

¡Perdón si ha pasado mucho tiempo, chicas! He tenido algunos momentos difíciles, ¡pero ahora todo está bien!


Al igual que todas las otras veces que jugaron, rojo y azul se lanzaron desde un extremo al otro de la cancha de baloncesto en un juego por la dominación. Ambos querían ganar para demostrar quién era el mejor jugador. Aunque Kagami tenía cierta ventaja que normalmente no tenía. Aomine podía haberle parado de frente en un uno contra uno, pero estaba olvidando por completo la sombra que revoloteaba en su periferia. Una sonrisa triunfal se abrió camino en la cara de Kagami mientras pasaba el balón a Kuroko, la debilidad de todos y su mayor aliado.

Demasiado pequeño, demasiado tarde, el monstruo de Tõõ se dio cuenta de su error e intentó corregirlo con la velocidad que sólo él poseía. Por desgracia, incluso la velocidad de reacción de Aomine no era lo suficientemente aguda como para bloquear los tiros fantasma de Kuroko a tiempo. Si alguna vez hubo un momento en el que el alto peliazul estuvo orgulloso de perder, ese fue cuando su ex-sombra fue la que lo venció.

"Yo, Tetsu," musitó Aomine pensativo, sonriendo de la forma en la que sólo un juego maravilloso podía inspirarle. "Necesitas jugar contra mi más a menudo. ¡He estado aburrido venciendo a este idiota todo el tiempo!

"¡O-oi! ¡He ganado al menos tantas veces como tú!," exclamó Kagami, frunciendo el ceño al otro ala-pívot. "¡Y sólo me ganas siempre por una canasta, bastardo arrogante!"

"El punto es que gano, Bakagami," replicó Aomine, pegando el dedo meñique en la oreja para mostrar hasta qué punto le interesaba el tema. A pesar de que nunca lo admitiría, sólo lo hizo para cabrear al tigre.

Y un cabreo fue lo que obtuvo.

"Idiota…," gruñó el pelirrojo, apretando los puños con fuerza a los lados.

"Kagami-kun." Kuroko interrumpió la inminente explosión con una de sus súbitas apariciones, haciendo que ambos jóvenes casi saltaran fuera de su piel de manera muy efectiva. "Deberíamos irnos pronto, tengo un toque de queda y necesitas ayuda para estudiar la prueba de mañana," recordó al ya humeante súper saltador.

"Tch… ." Kagami sabía que su compañero de equipo estaba en lo cierto.

Había sido desconsiderado al aceptar el reto del imbécil de Tõõ cuando acababa de pedir la ayuda de Kuroko no hacía ni diez minutos antes. Había pasado más de una semana desde aquella incómoda cena con Aomine y Momoi y ésta había sido la primera vez que veía al jugador peliazul desde entonces. Kagami no había desperdiciado ni un segundo antes de encaminarse a la cancha de baloncesto, extrañamente ansioso después de esos días sin hablarse.

Unos ojos rojos se elevaron para mirar al maldito idiota por haberle distraído tanto tiempo, pero fue completamente abstraído por pensamientos sobre lo follable que se veía Aomine después de un partido. Desde el sudor brillando sobre sus músculos perfectamente esculpidos hasta esa sonrisa que sólo rezumaba proezas sexuales, estaban haciendo un revoltijo muy desordenado en los pensamientos del pelirrojo.

Dando la espalda abruptamente a su rival (y a su libido), Kagami se marchó y recogió sus cosas para irse. "Bien, vámonos, Kuroko."

El más bajo simplemente asintió con la cabeza y recogió sus propias cosas. Ninguna palabra más fue dicha mientras ambos caminaban la corta distancia hasta el apartamento de Kagami. En realidad, él había pedido a sus padres que le permitiesen quedarse en ese edificio en particular debido a lo cerca que estaba de la cancha de baloncesto pública.

Cuando empezó a subir las escaleras hasta su puerta, Kagami casi se cayó hacia atrás al oír gimotear la perezosa voz de Aomine a su espalda, "¿Me estás diciendo que vivías tan cerca de la cancha todo este tiempo? ¿Por qué demonios hemos estado haciendo todo el camino hasta mi casa para ducharnos?"

"¡Nunca preguntaste, imbécil! Además, ¿quién te ha dicho que podías venir con nosotros?," escupió Kagami, un poco irritado por haber sido sorprendido por el as peliazul, pero sin echarlo tampoco.

Él anduvo con fuertes pisadas el resto del camino hasta las escaleras y tiró para abrir la puerta antes incluso de sacar la llave de la cerradura. Había algo extraño en tener a Aomine en su espacio personal. Seguro, ellos follaban como conejos de una forma semi-regular, (y no había nada más personal que eso en opinión de Kagami…) pero tenerlo en su propio territorio era rotundamente extraño.

De la nada, Kagami escuchó un estómago gruñendo y suspiró con resignación, sabiendo que era el suyo propio. Una vez más, el idota peliazul había aparecido antes de que pudiera pedir su montaña habitual de hamburguesas en el Maji Burguer. Bien, ya que estaba teniendo compañía, aunque de mala gana, quizás debía ser un buen anfitrión. Ya en dirección a la cocina, como era costumbre cuando llegaba a casa, llamó por encima del hombro, "Pasad y poneos cómodos mientras hago algo de comer."

Fue mientras estaba recogiendo todos los ingredientes que necesitaría cuando sintió unos orbes fijos en él. Kagami miró alrededor de la sala y sus ojos quedaron completamente bloqueados por otros de color zafiro que tenían una pregunta instaurada en ellos, esperando para ser formulada. "¿Dónde están tus viejos?," preguntó Aomine casualmente, dejándose caer en el único mueble de la habitación y expandiéndose en él perezosamente.

Volviendo a la tarea que tenía entre manos, el pelirrojo sólo se encogió de hombros y simplemente admitió, "Vivo solo."

"Tch… bastardo con suerte," murmuró en voz baja.

Los nervios de Kagami parecían estar en desacuerdo en ese momento. Aunque él había crecido acostumbrado a sus limitados fondos y a su apartamento escasamente amueblado, tener a su rival ahí para escudriñarlo todo hizo que un rubor se encendiera a través de sus mejillas. Estaba todavía tratando de averiguar por qué no había pateado al bastardo arrogante todavía, pero no obstante, había hecho comida suficiente para ambos.

Dispersando sus libros sobre la mesa de café, Kagami empezó a estudiar mientras comía, ignorando completamente los comentarios de Aomine sobre él siendo una 'buena pequeña ama de casa'. Por desgracia, eso significaba que estaba total y absolutamente olvidando a su otro visitante. Estuvo cerca de arrojar su enorme pila de comida en su regazo cuando Kuroko apareció de la nada.

Honestamente, debería estar ya acostumbrado, esto era simplemente ridículo.

"Has olvidado multiplicar todos los factores en la tercera pregunta, Kagami-kun," apuntó su sombra con su tono aburrido habitual.

Kagami se atragantó con el último mordisco que había dado, tosiendo al final para limpiar su esófago. "De verdad necesitas dejar de hacer eso," gruñó amenazante. Sabía que había sido su culpa por olvidar que Kuroko estaba allí después de haber pedido su ayuda, así que Kagami se limitó a sacudir la cabeza y corrigió su error en el papel. Justo cuando estaba a punto de continuar, se dio cuenta de la falta de comida de Kuroko y se reprendió a sí mismo de nuevo por ser tan desconsiderado.

Sin decir palabra, Kagami cogió su propio plato y lo llevó a la cocina. Al igual que el primer día que realmente empezaron a ser amigos, el pozo sin fondo que era Kagami sacrificó parte de su propia comida por el pequeño jugador fantasma. El pelirrojo estaba haciendo todo lo posible por ignorar la mirada condescendiente de Aomine cuando trajo de vuelta los platos y puso uno en frente de Kuroko, quien le agradeció por la comida más educadamente que nunca.

Continuaron así durante un par de horas. Kagami y Kuroko haciendo sus deberes y este último corrigiendo un gran número de errores del otro.

Aomine se quejaba de vez en cuando sobre lo aburrido que estaba y Kagami le decía que sabía exactamente dónde estaba la puerta. Después, por extraño que pareciera, acabó estando en silencio otro par de minutos con una revista deportiva de la colección personal del pelirrojo.

Kagami estaba en medio de su último problema, aunque igualmente frustrante, cuando Kuroko habló acerca de que su toque de queda estaba cerca.

"¡Pero no te puedes ir todavía!." El tigre entró en pánico, saltando de su posición en el suelo para tratar de evitar que su amigo se fuera. Estaba tratando de encontrar una manera de expresar sus ideas sin tener que admitir su aprehensión a quedarse a solas con Aomine. La razón por la que estaba tan nervioso estaba más allá de su alcance, aunque una vocecilla que sonaba sospechosamente como la de Momoi, susurró la palabra 'novio' en su memoria. No, se rehusaba a referirse a ese demonio bastardo como su… esa maldita palabra se negaba a abandonarle.

"Lo siento, Kagami-kun," respondió Kuroko, sin verse ni ligeramente arrepentido. "Tienes a Aomine-kun para ayudarte. No lo parece, pero realmente es inteligente en alguna otra cosa aparte del baloncesto."

"¡Oi", ladró Aomine indignado, mirando a su antigua sombra sobre la revista que estaba leyendo.

"¡No quiero su ayuda!," espetó Kagami, sabiendo que estar a solas con el as peliazul llevaría a cualquier lugar menos a hacer su tarea, como por ejemplo, a otras partes de la anatomía de Kagami que ya se estremecían ante la sola idea después de haber estado sin tocar por poco más de una semana. Tiene que haber algo mal conmigo, pensó mientras la ansiedad y los comienzos de la excitación luchaban en su cabeza.

"Lo siento," repitió el jugador fantasma con una pequeña reverencia mientras colgaba su bolsa sobre su hombro. En cuanto se situó fuera de la puerta, Kuroko se paró y murmuró como para sí mismo, "Kagami-kun nunca permite entrar a alguien que no le agrada en su apartamento. Si Aomine-kun no está ahí para ayudar con el trabajo de Kagami- kun después de que me vaya, entonces, ¿por qué más iba a dejar que se quede?"

La garganta de Kagami se cerró por miedo y vergüenza, impidiéndole ser capaz de contestar. Tampoco es que Kuroko esperara una respuesta realmente. Envió un mensaje significativo, aunque todavía tenía esa previsible mirada sin emoción cuando miró por encima del hombro a Aomine antes de finalmente salir y cerrar la puerta detrás de él con una pequeña sonrisa en su rostro.


"¡Tetsu-kuuun~!," sonó la voz de Momoi desde la puerta de la tienda donde habían quedado en reunirse. Como en la totalidad de sus reuniones, la pelirrosa voló rápidamente hacia el chico prácticamente invisible y lo asfixió con un abrazo que era más pechos-en-la-cara que un abrazo real.

"Hola, Momoi-san. Por favor, déjame ir, no puedo respirar," dijo Kuroko inexpresivo, aunque un poco tenso debido a la falta de suministro de aire. Cuando por fin ella lo liberó, mirándolo completamente despreocupada como siempre, éste le recordó, "¿Querías hablar de algo?"

Ella fingió pensar profundamente, poniendo un dedo en los labios y balanceándose de lado a lado. Kuroko se dio cuenta de cómo el empleado de la tienda admiraba su parte trasera balanceándose y decidió que no le dejaría hacerlo más. Rápidamente se puso de pie en su trayectoria de visión, haciéndose más visible a propósito, con unos helados en la mano listos para ser comprados. "Me gustaría comprar estos, por favor."

Obviamente molesto porque su vista había sido interrumpida, el cajero llamó a los encargados de los congelados y dejó caer su mandíbula mientras la chica tetona cubría a Kuroko con un chillón, "Gracias, Tetsu-kun~!"

Salieron de la tienda antes de que Momoi soltara finalmente lo que había querido decir. "¿No has notado a Kagamin actuando de manera extraña últimamente?," preguntó con picardía, tratando de obtener algún tipo de reacción en la cara inexpresiva de Kuroko. No le dio tiempo al chico de cabello pálido para responder cuando ya continuaba con complicidad: "Lo vi el otro día en casa de Dai-chan y los dos estaban actuando muy raro."

"Kagami-kun no ha estado actuando de manera diferente en la escuela, a pesar de que parece más entusiasmado cerca del final de las prácticas de lo normal," observó Kuroko, mordisqueando pensativo su helado.

"¡Eso es exactamente lo que ha estado pasando con Dai-chan! Parece mucho más feliz cuando aparece en alguna práctica. ¡Lo seguí después de la escuela un día y lo vi agarrar a Kagamin y arrastrarlo a una cancha de baloncesto!," exclamó con entusiasmo. "Ellos juegan al baloncesto juntos cada vez que pueden y van a casa de Dai-chan durante horas y horas después de eso. Tú debes ver la forma en la que actúan juntos, Tetsu-kun. Ah, y les llevé la cena una vez, deberías haber visto su reacción al llamarlos novios… ¡Negación instantánea! ¡Y ambos se pusieron tan torpes e incómodos!" Momoi miró poniendo los ojos en blanco, empujando a Kuroko para que llegara a la misma conclusión a la que ella había llegado. "No creerás que podría haber algo más ahí aparte de un amor mutuo por el baloncesto, ¿verdad?." Su tono insinuaba completamente lo contrario.

"No es asunto nuestro, Momoi-san," reprendió Kuroko. Aunque él estaba pensando exactamente lo mismo que ella. A decir verdad, sólo podía sentirse feliz por los dos idiotas del baloncesto si en realidad estaban juntos. Kuroko decidió que tendría que observar a sus dos amigos por su propia cuenta para entender exactamente lo que estaba pasando entre ellos.


Kagami sólo podía mirar boquiabierto la puerta después de que su sombra se fuera, congelado en el sitio. ¿Había realmente insinuado lo que él creía? No, no puede ser, se dijo a sí mismo. Sólo estoy siendo paranoico.

"Por fin," retumbó un tono barítono tras él.

El sorprendido tigre sólo tuvo tiempo para girarse antes de que unos curtidos labios reclamaran los suyos en un beso feroz. Había algo excepcionalmente salvaje en el choque de sus labios, dientes y lenguas; como si Aomine estuviera tratando de recuperar el tiempo perdido. No era como si Kagami se estuviera quejando, se deleitaba con cada mordisco que el monstruoso as le entregaba y se lo devolvía con el mismo vigor o más. Cuando sintió su espalda chocar contra la puerta principal, finalmente la racionalidad le alcanzó.

Kagami agarró un pedazo de la camiseta en frente de él y retiró con firmeza la boca del otro as de la suya propia antes de que pudiera llevarlo más lejos. "¿No puedes pensar en algo que no sea tu polla durante cinco segundos?," siseó entre dientes, cerrando los ojos con fuerza para luchar contra sus propios instintos. Si miraba la lujuria que irradiaba a borbotones de Aomine, sabía que acabaría cediendo. "Tengo un examen mañana y–"

"Me he estado conteniendo de saltar sobre ti desde el Maji Burguer gracias a Tetsu," confesó Aomine con voz ronca en su oído, lo cual no debería haber sido posible si se suponía que se estaba reteniendo, ya que por lo tanto no debería haber hecho eso. Mierda, ahí se va un poco más de auto-control. "¿De verdad quieres alejarme, Taiga?." Ese maldito tono barítono estaba haciendo cosas muy graciosas en la ingle de Kagami, haciéndole extremadamente difícil pensar.

"Bastardo," murmuró Kagami, con la lujuria claramente marcada en su tono.

Entonces abrió los ojos y sintió cómo su polla hacía presión en sus pantalones cortos, justo como sabía que pasaría al ver el deseo ardiendo en esos oscuros ojos azules. ¿A quién intentaba engañar? Tener tareas significaba menos que nada cuando Aomine le miraba de aquella manera. Haciendo uso de su agarre en la camiseta, Kagami renovó su batalla oral con impaciencia. Sus lenguas bailaban y luchaban, deslizándose una contra otra con fiereza para tratar de hacer ceder al contrario.

Sintiéndose completamente impaciente, el ala-pívot de Tõõ lo dejó en empate y movió su pecaminosamente talentosa boca hasta la garganta de Kagami, raspando sus dientes contra la suave piel y arrancando un jadeo –que amenazaba con convertirse en gemido– reacio de su rival. ¡Oh, cómo ese simple sonido podía hacer que Aomine quisiera desnudarlo ahí y ahora!

"Sabes, he estado pensando últimamente," respiró Aomine en su oído ásperamente.

"No hagas eso muy a menudo," el pelirrojo no pudo evitar interrumpir con una sonrisa. "Podrías hacerte daño, Ahomine."

Unos dientes afilados mordieron su oreja por ese comentario, haciéndole sisear cuando la sensación corrió directamente hasta sus partes inferiores. "He estado pensando," repitió Aomine sin problemas, "Que te quiero dentro de mi."

Oh.

Kagami no tenía ni idea de cuánto podía afectarle esa frase por sí sola hasta que, junto con una cálida palma frotando sobre su creciente miembro bajo sus pantalones, le hizo correrse deshecho ridículamente pronto. El gemido que le fue robado desde lo más profundo de sus entrañas le habría avergonzado si no estuviera tan jodidamente cachondo. El hecho de pensar que era un mojigato antes de que ese gilipollas peliazul se abriera paso en su vida, le hizo reír internamente.

"Deduzco que te gusta la idea," ronroneó el as demonio, presionando contra el bulto con otro pequeño toque juguetón. Unas manos oscuras se deslizaron por el adictivo cuerpo atrapado contra la puerta muy lentamente, sacando hasta el más pequeño de los sonidos, llegando de nuevo a las caderas de Kagami para agarrarlas agresivamente. El pelirrojo gruñó en el más maravilloso y profundo de los tonos, enviando otra línea de fuego a través del más joven, concretamente al calor situado entre sus piernas.

"¿Estás seguro de ser capaz de ceder el control tanto tiempo?," gruñó Kagami entre dientes con los labios apretados, tratando de hablar en torno a los sonidos de placer que tenía clavados en el pecho.

"¿Quién ha dicho nada de ceder el control en absoluto?," le sonrió Aomine, con el desafío brillando peligrosamente en esas profundidades azules. Un reto que se encontró con una flameante determinación roja de la que simplemente nunca se cansaba desde que jugara por primera vez con ese estúpido súper saltador. No le dio a su tigre la oportunidad de replicar cuando le arrancó la camiseta y juntó sus labios contra un brote rosado situado en el pecho de Kagami.

Arqueó su espalda contra la puerta para tener más contacto de esa malvada lengua, la respiración de Kagami se convirtió en un jadeo rápido. Había veces en las que odiaba lo sensible que era su piel, como cuando el maldito bastardo le rozaba a través de las costillas durante un partido para hacer caer su concentración por una milésima de segundo y poder robarle el balón. Pero ésta definitivamente no era una de esas veces. Las manos de Kagami subieron para enredarse a sí mismas alrededor del corto y oscuro pelo azul, manteniendo la cabeza de Aomine exactamente donde él quería sin necesidad de expresar su aprobación verbalmente.

Aomine se acercó momentáneamente, besando al pelirrojo sin aliento antes de murmurar en su oído, "Cama. Ya."

La excitación estaba claramente nublando sus mentes cuando uno sólo podía hablar con frases de una sola palabra mientras el otro luchaba para recuperar el aliento.

Kagami le besó una vez más, atrayendo al ala-pívot peliazul por la goma de sus pantalones para chocar sus erecciones crudamente antes de liderar el camino hacia su habitación. No perdió el tiempo en quitarse los pantalones y los bóxers, arrodillándose en medio de la cama a esperar a que su idiota lo imitara. Unos ojos carmesí observaron con avidez cómo la ropa se deslizaba lentamente por la bronceada silueta de su rival, revelando deliciosamente centímetro a centímetro de piel perfectamente suave que los dedos de Kagami sólo habían picoteado, mientras su lengua ya anhelaba su gusto.

Después de ver tal reacción en el otro joven, ¿cómo podía el imparable jugador evitar no burlarse más de él?. Incluso más lentamente, Aomine se arrastró sobre la cama mirando todo minuciosamente, como un depredador acechando a su presa. Empezando por los muslos de Kagami, sus morenos dedos acariciaron y rozaron cada centímetro de esa piel ridículamente sensible, seguidos de su boca. Podía sentir cada temblor corriendo a través de su tigre y eso era lo que más le excitaba.

El ala-pívot de Tõõ estaba disfrutando a fondo internamente mientras mordisqueaba su camino a través del cuerpo de Kagami, desde las caderas hasta la clavícula; conduciéndolos a ambos cerca de la locura por la excitación, obligándose a arrancar cada gemido que el otro as retuviera antes de que la verdadera diversión empezara.

Decidiendo que la tortura había durado demasiado, Kagami tomó el asunto en sus manos. Trazó con un solo dedo la columna de Aomine, tomando nota del estremecimiento involuntario que corrió por el más joven. Sin ninguna advertencia en absoluto, el ala-pívot de Seirin agarró el culo del peliazul y le pasó las uñas a través de las firmes nalgas, presionándolos aún más juntos.

La cabeza de Aomine se disparó hacia atrás con un siseo de sorpresa, apretando duramente el agarre en los hombros de Kagami mientras su cuerpo se arqueaba hacia atrás al sentir ese placentero dolor. No esperaba eso, pero no tenía palabras para describir lo mucho que le había gustado.

Ahora, esto era exactamente lo que Aomine había echado en falta la última semana y media; la ardiente pasión que siempre le hacía experimentar el pelirrojo y que le hacía sentir una alegría inmensa por haber encontrado a su rival, su igual, su todo de nuevo. Quería deleitarse en él sin cesar, si era a través del baloncesto o del sexo, no le importaba. Aomine sólo quería a este chico, este jugador, este… tigre.

Y lo quería de una puta vez.

Con la velocidad del rayo digna de su talento, Aomine empujó al contrario sobre la cama. Montando a caballo con destreza entre sus caderas, se movió de nuevo sin dejar de frotar la erección de Kagami contra su culo de forma un poco más sugerente. Dejó escapar una risa profunda cuando su pelirrojo se quedó casi bizco al intentar no hacer ningún ruido ante la estimulación. Tener la sartén por el mango parecía despejarle la cabeza por el momento, sólo el tiempo suficiente para poder preguntar, "¿Dónde está el maldito lubricante?"

Kagami se abrió paso a través de la niebla en su cerebro hasta encontrar las suficientes células cerebrales como para incluso responder la pregunta del idiota, pero antes de que pudiera, otro movimiento de esas malditas caderas hizo que su mente volviera a quedarse en blanco de nuevo. Gruñendo desde lo más profundo de su pecho, Kagami movió la mano para señalar un punto en su mesita de noche, dando a entender que no tenía las capacidades mentales para hacer cualquier otra cosa.

El peliazul se inclinó para abrir el cajón, aliviando momentáneamente la presión en la mitad inferior del pelirrojo. Cuando vio la pequeña botella de líquido transparente agarrada en la mano de Aomine, Kagami sintió su ya acelerado pulso pegar una patada y llegar a otro nivel. Estaba a punto de coger la botella para cubrir sus propios dedos y así poder preparar al más joven, cuando una mano presionó contra su pecho para mantenerlo en su lugar.

La arrogante sonrisa de Aomine era la única pista que dio antes de hacer estallar la tapa abierta y manchar sus propios dígitos. Él había dicho que no iba a ceder el control fácilmente. Su mano desapareció detrás de él, pero Kagami pudo ver el momento exacto en el que metió un dedo dentro de sí mismo sólo con mirar su cara. Los ojos azules se apretaron con fuerza para concentrarse mientras los músculos a lo largo de sus brazos se relajaban con cada movimiento de esa perversamente experta mano.

Kagami de repente sintió cómo Aomine agarraba su mano de las sábanas y la llevaba a la tirante erección que flotaba entre ambos. Sin pensarlo dos veces, se puso a bombear lentamente, sintiendo el calor y la textura aterciopelada contra su palma con curiosidad.

Un extraño pensamiento golpeó a Kagami en ese momento; esta era la primera vez que tocaba a Aomine ahí. Cuando se iban juntos después de un partido, siempre era la misma rutina de desnudarse e ir directamente al grano con algunos besos desordenador en el medio. Aunque, para ellos besarse era más una lucha por el control que otra cosa… hasta ese confuso y tierno beso en la ducha la última vez.

"Oi," interrumpió Aomine los pensamientos del pelirrojo. El destello depredador todavía estaba en sus ojos, aunque ahora tenía una mezcla de diversión. "Es una polla. Tú también tienes una. Ahora cierra la boca antes de que le de algo más que hacer."

Los dientes blancos de ambos chocaron con un gruñido y Kagami apretó más su agarre alrededor de la dura carne, consiguiendo incrementar el gruñido de su rival. Maldito bastardo…

Unos imperceptibles golpes de la mano de Aomine después y el cálido líquido se esparció por la erección de Kagami a la par que unas bronceadas caderas se posicionaban directamente sobre ella. Ambos contuvieron la respiración por una milésima de segundo y al momento Aomine se estaba penetrando a sí mismo. Si Kagami estuviera controlando el ritmo, habría ido lentamente para dejar que el otro se acostumbrara a tener algo de ese tamaño en su interior.

Por supuesto, el peliazul no haría nada de eso. Se deslizó hacia abajo en un movimiento rápido, fluido, mordiéndose los labios ante la sensación de quemazón en su interior. Levantando sus caderas para acostumbrarse a ir más rápido Aomine intentó moverse, pero se encontró con unas fuertes manos agarrando sus costados para mantenerlo quieto.

"For fuck's sake, wait a second! " soltó Kagami en inglés sin pensar, al sentir su miembro envuelto de repente en un calor abrasador que decir que lo desorientaba era poco.

"¿Eh? ¿Qué demonios estás diciendo ahí abajo?," Aomine enarcó una ceja ante el tan poco familiar idioma. "¿Desde cuándo sabes hablar inglés?"

"Dumbass…," murmuró Kagami antes de cambiar de nuevo al japonés. Se había soltado de un tirón de las caderas del idiota, así que ya estaba fuera de su zona de peligro. "Crecí en Estados Unidos hasta mi segundo año de escuela media."

"Heh, entonces tienes que enseñarme. Me gusta el sonido de esa palabra, cómo era…," el demonio de pelo azul reflexionó, moviendo sus caderas experimentalmente ahora que el dolor había descendido hasta convertirse en un ligero escozor. "Oh, sí. Fuck."

Kagami tuvo que reprimirse de entornar los ojos. Por supuesto, Aomine querría aprenderse la palabra más vulgar que había dicho. Aunque, oírla acompañada de una dura restregada estaba haciendo cosas maravillosas en el fuego que ardía en su bajo vientre.

Aomine subía y bajaba lentamente al principio, pero la impaciencia rápidamente anuló su funcionamiento general y la velocidad aumentó. Las manos de Kagami encontraron las caderas del otro as una vez más, guiándolas a medida que cambiaban con cada empuje. Él sabía lo que Aomine estaba buscando, y sabía por el gruñido que cayó de sus labios que lo había encontrado. Un gemido propio se extendió cuando todos los músculos que lo rodeaban se contrajeron por el placer.

Encontraron un ritmo rápido, Aomine restregándose desde arriba mientras Kagami lo conducía desde abajo. Unos dedos se apretaron alrededor del descuidado miembro del ala-pívot de Tõõ, bombeándolo al tiempo de las embestidas cada vez más frenéticas, exprimiendo un gemido del más alto. Su orgasmo era jodidamente inminente, y sin embargo no podía llegar a él. Aomine ya no pensaba, desesperándose cada vez que alcanzaba ese pico de placer en ese punto.

Fue entonces cuando Kagami vio su oportunidad. Usando la fuerza de sus piernas que le habían dado la capacidad de enfrentarse de igual a igual contra la Generación de los Milagros, invirtió sus posiciones sin romper el ritmo. Un gruñido de sorpresa escapó de Aomine cuando su espalda chocó contra unas almohadas, pero Kagami no estaba dispuesto a darle tiempo para recuperar el control que acababa de perder. Golpeando en ese apretado pasaje celestial, Kagami sacudió el punto exacto con más fuerza, haciendo que Aomine jadeara su recién adquirida palabra en sincronía con cada estocada.

No mucho tiempo después de eso, acompañado por el ferviente bombeo de su virilidad, Aomine finalmente alcanzó el clímax que tanto deseaba. Más bien, lo atravesó como un millón de estrellas fugaces, con espasmos haciendo que su cuerpo entero se retorciera con cada golpe adicional a su próstata. Kagami se vino con un grito ronco no mucho después, los estrechos músculos ordeñaron su salida sin piedad. Se quedaron así durante unos momentos, recuperando sus respiraciones mientras se calmaban de la euforia del orgasmo.

Kagami se retiró lentamente, casi haciendo una mueca de dolor por la sobre-sensibilidad, y se dejó caer al lado de su jadeante rival. No necesitó mirar por encima para saber que la misma sonrisa salvaje se extendió a través de los labios del otro, como siempre ocurría tras sus intensas actividades. El as pelirrojo se negaba a admitirlo, pero en realidad había echado de menos la ferocidad de ese bastardo, tanto en la cancha como en la cama. El por qué no habían hablado durante la última semana estaba fuera de su alcance en ese momento.

La realidad se instauró en su mente justo entonces, recordando la pregunta de Kuroko al despedirse y haciéndole pensar en la realidad de la mirada que le echó a Aomine al salir. Entonces, esa puta palabra flotó a través de la parte posterior de sus párpados de nuevo, y Kagami no encontró ninguna de las negaciones instantáneas que normalmente inundaban su cerebro. En su lugar había una extraña sensación de satisfacción que sacudió lejos al momento, pero el pensamiento se quedó grabado en él.

¿Es esto de verdad sólo baloncesto y sexo?


¡Bueno! Pues este ha sido el segundo capítulo, no digáis que esta historia no tiene lemmon xD He tardado mucho, lo sé :( Exámenes, viajes, y muchas expresiones que no sabía como modificar en este capítulo, pero finalmente adaptado ;)

Seguramente tenga el Capítulo 3 para el domingo o antes, y tengo una buena noticia: la autora actualizó hace unos días, ,así que el fic continúa (Yupiiiiiii)

He preferido dejar en inglés las partes donde Kagami habla así, para que dé la impresión que tiene que dar, son frases muy sencillas, pero las dejo aquí:

For fuck's sake, wait a second! – La primera parte, "For fuck's sake" es la versión vulgar de la expresión hecha "For heaven's sake" o "For God's sake" , que significa literalmente "Por el amor de Dios", de modo que la traducción exacta sería algo como "¡Joder, por el amor de Dios, espera un segundo!"

Dumbass – Esta es fácil, xD. La traducción literal es "Tonto del culo" pero la más exacta es "Cabrón". Sin embargo, por el contexto se asemejaría más a "Idiota", "Imbécil" o "Gilipollas".

Fuck – ¿Quién no se sabe esta?. Tiene varias traducciones ya que si va con otras palabras varía, como por ejemplo "Oh, fuck!" sería "¡Mierda!". La más conocida es como verbo: follar. Pero el contexto que le da Aomine en todos sus jadeos, sería "Joder" xD

Este capítulo me ha dado un poco la lata... tenía muchas expresiones que para ponerlas con sentido en español me ha costado un pelín, así que igual hay algunas frases un poco forzadas, pero es que si las cambio quito la esencia de la forma de expresión de la autora, así que os acostumbráis xD

Eso es todo, se admiten críticas constructivas, reviews, broncas por mi maldita tardanza... lo que sea ;) ¡Nos vemos pronto!