Disclaimer: Todo, absolutamente todo, pertenece a Rowling.
Un millón de gracias a Doncella de Lorde por haber beteado este fic y tenerme paciencia, entre otras muchas, muchas cosas. ¡Muchísimas gracias!
Éste fanfic participa en el reto "Para cada sensación, una estación" del foro "El Escorpión Que Coleccionaba Rosas".
Capítulo Dos
"No serás capaz de odiarme. Tan sólo quería ilustrar, que quiero arriesgarme a conocerte,porque el miedo al fin cayó, al fin cedió." Incendios de Nieve, Love of Lesbian.
Nunca había encontrado las palabras exactas para definirlo. Ya sea por esa sensación extraña y nunca antes vivida de no saber con quién se encontraba, o por el misterio que impregnaba el aura de Scorpius Malfoy que hacía que quisiese acercarse y saber más de él. Saber, por ejemplo, qué podía esconder tras su piel o descubrir aquellos secretos que podía guardar tras esa máscara de frialdad y fingido orgullo que siempre se esforzaba por exponer ante los demás.
Quizá la intriga había tomado fuerza como el invierno en pleno apogeo al escuchar las advertencias de su padre aquella mañana de 1° de Septiembre en la estación de Kings Cross. Y a medida que Rose lo observaba con atención y lo convertía de una u otra forma en su objeto de estudio, esa intriga no podía más que crecer. Veía con atención sus gestos, analizaba a fondo sus palabras, evaluaba su postura, y hasta observaba su mirada. Toda su persona irradiaba misterio, de tal forma que había conseguido captar por completo su atención.
Pero nunca se habían relacionado. Apenas se conocían. Apenas sabían quién era el otro. Y sin embargo, desde un principio existía cierta rivalidad mutua. Una rivalidad que no poseía argumentos sólidos y verosímiles. Una rivalidad completamente absurda, pero que ambos habían contribuido a fortalecer con el paso de los años.
¿Que si la odiaba? Probablemente. No estaba completamente segura. Nunca lo sabría con certeza, no viniendo de una persona como él que se esforzaba por esconder perfectamente cada sentimiento o pensamiento que surcara por su mente. Era increíblemente sereno. Rose había llegado a esa conclusión luego de un tiempo de atenta observación. Nunca lo había visto reaccionar de una manera violenta o espontánea. Scorpius Malfoy parecía tomarse su tiempo para pensar cómo realizar su próximo movimiento. Era una persona muy metódica.
Sin embargo, ella se había fijado que la molestia siempre encontraba la forma de liberarse dentro de sus ojos. Los había visto reaccionar de maneras indescriptibles, reflejando intensas emociones llegando al punto de resultar violentas. Parecían como tormentas en invierno a punto de descargar su furia en algún pueblecillo cercano y tranquilo. Los había visto sucumbir a una rabia momentánea, que con alguna increíble fuerza de voluntad calmaba de inmediato. Como si alguien hubiera apagado una vela con una ráfaga de aire frío. Rápido y sencillo. Limpio.
La chica hundió las manos en sus bolsillos y la barbilla en su bufanda, en un intento por evitar que el frío que imperaba en el colegio no la afectara demasiado. Levantó la vista y entonces le vio. Caminaba en dirección contraria a ella por lo que pudo observarlo de forma adecuada. Mantenía su clásica postura serena y tranquila, imperturbable. Casi como una tenaz fortaleza de hielo incapaz de ser penetrada ni por los más fieros guerreros.
Rose no pudo quitarle la vista de encima, lo que en otras ocasiones estaba segura, él hubiese considerado de mal gusto Pero no aquella vez, Scorpius Malfoy parecía estar tan ajeno al mundo exterior que probablemente no se había dado cuenta del escrutinio que ella ejercía sobre su persona.
O tal vez sí se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor.
Cuando pasó por su lado, Malfoy le devolvió la mirada y por unos segundos, a la chica casi le pareció que quería transmitirle algo. Sin embargo, el efecto duró poco y el muchacho continuó con su recorrido nuevamente absorto en sus pensamientos.
Y probablemente todo fue producto de su imaginación. Pero Rose estaba segura que él había querido decirle algo. No obstante, ella no era ninguna adivina como para descubrir a qué se debía el misterio que se ejercía sobre la ya silueta de Scorpius Malfoy que se veía a lo lejos.
Había llegado a una conclusión: realmente necesitaba saber qué había detrás de toda esa serenidad. Porque había algo, de eso no le quedaba la menor duda. También deseaba saber cómo lograba mantener siempre tanto autocontrol. Era sin duda admirable. Pero lo que realmente se moría por saber, era qué escondía Scorpius Malfoy tras esos ojos de mercurio que parecían una tormenta a punto de estallar.
Porque quería hacerlo. Quería llegar a conocerlo de verdad.
